COMENTARIOS DE LOS LIBROS DE LA SANTA BIBLIA (Antiguo y Nuevo Testamento)

NOTAS ACERCA DEL EVANGELIO DE LUCAS, Capítulos 13 al 24 (J.N.Darby - Escritos Compilados)

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Todas las citas bíblicas se encierran entre comillas dobles ("") y estas han sido tomadas de la Versión Reina-Valera Revisada en 1960 excepto en los lugares en que, además de las comillas dobles (""), se indican otras versiones, tales como:
 
LBLA (La Biblia de las Américas, Copyright 1986, 1995, 1997 by The Lockman Foundation, Usada con permiso)
Versión Reina-Valera 1909 Actualizada (Publicada por Editorial Mundo Hispano).
Versión Moderna, traducción de 1893 de H.B.Pratt, Revisión 1929 (Publicada por Ediciones Bíblicas - 1166 PERROY, Suiza)

NOTAS ACERCA DEL EVANGELIO DE LUCAS

 

Capítulos 13 - 24

 

 

J.N.DARBY

 

Collected Writings (Escritos Compilados) Vol. 24, Expository No. 3.

 

 

CAPÍTULO 13

 

         Hay dos grandes principios o asuntos en relación con el hombre en la tierra -la iglesia de Dios como tal, y el gobierno de Dios en el mundo; y éstas son muy distintas. En la iglesia se manifiestan las riquezas de Su gracia. En Sus tratos gubernamentales vemos la exhibición de Su justicia, misericordia, y bondad. Tenemos un ejemplo del poder gubernamental de Dios en cuanto a Israel en Éxodo 34: 5-7. Lo que podemos ver allí no es la gracia soberana llevando un alma a la vida eterna, sino un acto de gobierno del mismo carácter que podemos ver todos los días a nuestro alrededor. Si un hombre gasta su fortuna o arruina su salud por excesos de cualquier clase, sus hijos sufren por ello. "Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará." (Gálatas 6:7).  Vean los tratos de Dios con David, debido al asunto de Urías. "No se apartará jamás de tu casa la espada, . . . . tú lo hiciste en secreto, mas yo haré esto delante de todo Israel . . . Por cuanto con este asunto hiciste blasfemar a los enemigos de Jehová, el hijo que te ha nacido ciertamente morirá." (2 Samuel 12: 10-14). Y nosotros sabemos que este juicio por su pecado fue llevado a cabo en la historia posterior de David. Esto no es gracia, sino gobierno. Dios trata ahora de la misma manera con un santo -esto es, tanto en gracia como en justicia.

         En Lucas 13 vemos que los Judíos tenían este pensamiento de gobierno en sus mentes, lo que no era malo en sí mismo. Ellos pensaban que Dios no podría permitir que un sujeto tan culpable como Pilato pudiese vivir, quien había estado mezclando la sangre de los galileos con sus sacrificios. Pero Cristo los trae a un nuevo principio por el cual juzgar, y les dice que el juicio estaba viniendo sobre ellos si no se arrepentían. "¿Pensáis que estos galileos . . .eran más pecadores, etc.?" "Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente." (versículos 2, 3). Esto se refiere al juicio en el gobierno de este mundo, que alcanzaría a todo aquel que no se arrepintiese.

         Ellos tenían al Hijo de Dios allí, y estaban rechazándolo de forma práctica; y, ¿cuánta sangre de Judíos mezcló Tito? Cristo había dicho a los Judíos al final del capítulo 12, "Cuando vayas al magistrado con tu adversario, procura en el camino librarte de él; porque no te arrastre al juez," (Lucas 12:58 - RV1909); pero lo había dicho acerca del estado de los Judíos, que estaban bajo los tratos de Dios y no escaparían hasta que el castigo del Señor sobre ellos esté completo. Es así muy evidente que este pasaje simplemente se refiere al gobierno de Dios de Su pueblo. La conciencia natural les debía haber dicho a estos Judíos que no rechazaran al Mesías, porque Dios iba con ellos a lo largo de todo el camino a ver al magistrado, tratando con ellos en la gracia paciente, y Él les diría, 'si no se arrepienten y se reconcilian, el juicio debe caer sobre ustedes, y cuando caiga, será lo mismo con ustedes que con aquellos que ustedes piensan que son pecadores.

 

         Versículo 6. El Señor está tratando aquí con el mismo estado de cosas. La higuera es Israel, y Dios viene a buscar fruto en ellos y no encuentra ninguno. En el evangelio hay esta diferencia, a saber, que la gracia, en lugar de buscar, siembra para producir fruto. Él no encontró ningún fruto y la sentencia es por consiguiente, "córtala." Él no sólo la encontró inútil, sino que Su viña era estorbada por ella. "El nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles por causa de vosotros." (Romanos 2:24). Entonces entra la misión de Cristo. "Finalmente les envió su hijo." (Mateo 21:37). Dios había plantado una viña y la había podado, pero no había fruto. Entonces entra un nuevo jardinero, y Él dice, "Déjala todavía este año, hasta que yo cave alrededor de ella", etc. Entonces debe llevar fruto, o ser cortada. Él ha hecho lo que Él dijo, pero aún no hay fruto.

 

         Versículo 11. La mujer con una enfermedad, a quien Jesús sana en el día de reposo, saca a la luz otra cosa que estaba obrando en sus corazones, algo que se había situado en el lugar de la ley, lo que dio lugar a la hipocresía. Ellos llevarían a beber a un buey o a un asno del pesebre en el día de reposo, pero ellos no soportarían que una hija de Abraham, a quien Satanás había atado estos dieciocho años, fuese liberada en ese día. Una de las enfermedades de la mente del hombre es usar la verdad adquirida para resistir la verdad revelada. Pablo era un ejemplo de esto -"en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible" (Filipenses 3:6); aun así él "había pensado deber hacer muchas cosas contra el nombre de Jesús de Nazaret." (Hechos 26:9 - RV1909).  Así también Cristo dice de los Judío en Juan 16, "Y estas cosas os harán," etc. (Juan 16:3 - RV1909). Ellos estaban usando el nombre del único verdadero Dios, nombre que se les había dado ("Jehová nuestro dios, Jehová uno es." - Deuteronomio 6:4), para rechazar al Hijo; porque cuando Cristo vino en humillación, ellos no lo recibieron. La ortodoxia (N. del T.: 'Conformidad con doctrinas o prácticas generalmente admitidas' = Diccionario de la Real Academia Española) se usa para detener la recepción de la verdad. Cuando la verdad es el terreno donde un hombre está situado, esto le reditúa crédito; pero cuando se introduce una nueva verdad, esto pone a prueba la fe. La verdad que requiere fe para caminar es resistida por el corazón natural; y la raíz de esto es la hipocresía. El principal de la sinagoga dijo, "seis días hay en que se debe trabajar; en estos, pues, venid y sed sanados, y no en día de reposo." (vers. 14). Pero él debía haber sabido que el Señor del día de reposo estaba allí; porque esa sola palabra, "hija de Abraham", le debía haber indicado quién era Aquel que estaba presente en ese lugar. El Señor le contestó, "¡Hipócritas!" (vers. 15 - VM). ¡Solemne palabra es esta!

 

         Versículo 18. Él continúa para mostrar a qué será parecido el reino cuando el rey sea rechazado y se haya marchado. ¡Un reino sin un rey! el cual está sentado en el trono de Su Padre, hasta que Él venga a tomar Su propio trono. El reino es como una pequeña semilla echada en la tierra, que brota y llega a ser un árbol grande -justo lo que nosotros llamamos Cristiandad. Esto llena el intervalo entre Su rechazo y Su retorno. No hay poder ejercido mientras el Rey está lejos; como en el Evangelio de Marcos, la semilla brotó y los hombres no supieron cómo (Marcos 4:26, 27). Cuando la mies esté madura, Él vendrá de nuevo. Él sembró la primera vez, pero la segunda vez Él pondrá la hoz. Él está buscando fruto celestial ahora; pero cuando Él venga, Él encontrará a la Cristiandad convertida en un gran árbol con las aves del cielo anidando en sus ramas. El Faraón fue un árbol grande; Nabucodonosor un árbol aún más grande: ellos eran los elevados en posición y poderosos de la tierra, representantes del poder mundano. Incluso Israel, que había sido plantado como vid escogida, simiente verdadera toda ella (Jeremías 2:21), no estaba produciendo fruto. Por consiguiente, como se dice en Ezequiel 15:2 (LBLA), "¿en qué es mejor la madera de la vid que cualquier otra rama de árbol," si no produce fruto? Sólo es apta para ser quemada. Por lo demás es inútil si no produce fruto, sólo produce la mejor leña para alimentar un fuego.

 

         Versículo 21. Aquí el reino es comparado con la levadura, y la levadura es lo que se propaga por toda la masa, y también le da un carácter a aquello en que ella surte efecto. Es la profesión nominal de Cristianismo que se propaga dentro de un vasto sistema. Aquí no hay ninguna mención sobre el Espíritu Santo, sino sobre el efecto en el mundo. En Mateo 13, en la primera parábola, está el resultado individual, y no se habla del reino. En las primeras tres de las seis semejanzas, se presenta la apariencia pública; en las últimas tres, es descrito el carácter interior.

 

         Versículo 23. "¿Son pocos los que se salvan?" La palabra usada aquí es la misma palabra que a través de la Biblia de los LXX (N. del T.: de los Setenta o Septuaginta),  significa un remanente, o "los que iban a ser salvos." La pregunta realmente era en cuanto a si este remanente sería de pocos o muchos los que iban a ser salvados del juicio por venir; pero, siendo esta una mera pregunta vana, el Señor no la contesta, sino que les dice:

 

         Versículo 24. "Esforzaos para entrar por la puerta estrecha." (Versión Moderna). La puerta estrecha era recibir a Cristo en ese tiempo -la entrada real pero estrecha de la fe en Él y la conversión a Dios. Habrá algunos que vendrán y llamarán a la puerta cuando esta esté cerrada, a quienes Él dirá, "no sé de donde sois" (vers. 25): ustedes no cambian, esfuércense para entrar por la puerta estrecha, a través de la cual Cristo entra antes que ustedes -es decir, el rechazo. "Muchos procurarán entrar, y no podrán." (vers. 24).

         Es muy simple cuando vemos el rechazo de Cristo. Aquellos que lo rechazan en el día de Su humillación serán rechazados en el día de Su gloria; y, en vez de ser Sus compañeros en el reino, ellos serán excluidos. Los Judíos  incrédulos verán venir a los Gentiles en la gloria del reino, mientras ellos, permaneciendo en la incredulidad, serán echados fuera.

 

         Versículo 31. Los Fariseos le dicen, "Sal, y vete de aquí, porque Herodes te quiere matar." Ahora, Herodes era un Idumeo y, ¿qué derecho tenía un extraño tal para ser rey de ellos? ¿Qué tenía que ver él con las promesas a Israel? Nada. En Herodes tenemos una figura del rey obstinado. Él intentó matar a Cristo, y por consiguiente, le pertenece el carácter de rey opositor. Él no tenía fe en los propósitos de Dios o en la gloria de Cristo; y el Señor dice, "Id, y decid a aquella zorra." (vers. 32). 'Yo haré la voluntad de Mi Padre hasta que me llegue el momento de ser glorificado.' 'Yo estoy aquí mientras Mi Padre lo desee, y entonces seré hecho perfecto.' (N. del T.: el final del versículo 32 en la versión RV1960 reza: "y al tercer día termino mi obra"; el final del vers. 32, en la Versión Moderna reza: "y el tercer día soy hecho perfecto"). El poder de Dios debe ser plenamente conocido. ¡Qué desprecio divino por el rey apóstata, pero qué perfecta humana obediencia, en forma combinada! "Empero es menester que yo camine hoy, y mañana, y pasado mañana; porque no es posible que un profeta perezca fuera de Jerusalem. ¡Oh Jerusalem, Jerusalem! tú que matas a los profetas", etc. (vers. 33, 34 - VM). Después de todo, Jerusalén es el lugar culpable. Que el rey Edomita haga y diga lo que quiera, es "la ciudad santa" la que es culpable, porque estaba más cercana a Él. Mientras más cerca de Dios estoy, si le rechazo, peor es el pecado y más terrible el juicio.

         Vean en el Salmo 132 donde se lee: "Jehová ha elegido a Sion," etc., y en el Salmo 78: 65-68, la misma elección de Sión. Cristo no pone el pecado en ellos hasta que hayan rechazado a ambos, a Él y a Su Padre. Él saca a la luz un propósito de gracia en estos versículos finales. El viejo hombre está condenado y sin provecho -Israel y todos nosotros. "¿Mudará el etíope su piel, y el leopardo sus manchas?" (Jeremías 13:23). El evangelio empieza con buscar y salvar lo que estaba perdido. Aquí nosotros vemos que, aunque ellos lo han rechazado en la responsabilidad, Él no los ha rechazado en el día de Su gracia. La gracia brilla en su aún escogida Judá.

         Observen cómo se presenta aquí la persona divina del Señor. "¡Jerusalén, Jerusalén . . .! . . . ¡Cuántas veces quise juntar", etc. (vers. 34). Un profeta no podía decir esto, y Él también era un profeta, y más que un profeta: Él era Jehová, porque nadie sino Jehová podía juntar a Israel; como diciendo, 'Aquel que desparrama a Israel, lo juntará.' Israel había rechazado a Jehová bajo responsabilidad; pero Jehová los reconocería cuando Él viniese en gracia soberana. ¡Cuán bendita es la manera de obrar! Las circunstancias por las cuales Él pasó en Su camino aquí abajo sacaron a la luz quién era Él, de una forma mucho más luminosa que cualquier texto que lo demuestre, importante como ese texto sea en su lugar. Porque supón que tú creíste que hay un Dios, sin embargo, si Él viniese aquí abajo a estar a tu lado, ¿no sería esto una cosa muy diferente? Cristo fue el hombre humillado a través de todo Su camino aquí abajo, porque Él fue siempre el siervo de todos; con todo, Su gloria resplandece cuando el servicio fue llevado a cabo, y fue rechazado como inútil. "Antes que Abraham fuese, yo soy." (Juan 8:58). Vean en este capítulo de Lucas la conexión entre los versículos 33, 34, y 35 como ilustrativos de esto. "¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos . . .! . . .vuestra casa os es dejada desierta . . . en que digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor."

         La queja en los Salmos es que no hay ninguno que diga "hasta cuándo" -nadie que cuente con la fidelidad de Dios hacia Su pueblo. Vean Salmo 74: 9. Esta expresión es usada a menudo en los Salmos y en Isaías 6 (Isaías 6:11) y se refiere al castigar, no a la retribución. ¿Hasta cuándo Israel ha de tropezar y caer? (Romanos 11). En Isaías 6 el profeta, habiendo proferido estas palabras, "Engruesa el corazón de este pueblo", etc. (Isaías 6:10), citado por el Señor en Juan 12, dice entonces, "¿hasta cuándo, Señor?" (Isaías 6:11). Él espera en la fe, y cuenta con Dios, y teniendo la mente de Dios, él no puede creer que Dios los abandonará, y por consiguiente, puede preguntar, ¿"hasta cuándo" ha de continuar el castigo? A lo que el Señor responde, que cuando "sean muchos los lugares abandonados en medio de la tierra. Pero aún quedará una décima parte en ella, . . .: la simiente santa será su tronco." (Isaías 6:12-13 - LBLA). La savia aún está allí, aunque no hay hojas. Lo mismo en el Salmo 118, "Me castigó gravemente JAH, mas no me entregó a la muerte." (Salmo 118:18). De la misma forma, el Señor no dice, 'Vuestra casa os es dejada desierta y, por consiguiente, no me veréis más.' No; sino que Él dice, "no me veréis, hasta que llegue el tiempo en que digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor." (Lucas 13:35). Él puede dar, como Jehová, la respuesta en la gracia, y cuando Él de arrepentimiento a Israel, entonces Él enviará a Jesús, a quien los cielos habían recibido hasta ese día. Entretanto se introduce nuestra relación con Él. El profeta habló sólo de cosas terrenales, aunque divinas; pero de la iglesia se dice, "participantes del llamamiento celestial," (Hebreos 3:1), y "nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús." (Efesios 2:6): eso da seguridad. ¿Cómo llegué yo allí? En virtud de Cristo. Él es mi ayuda. Mi deseo es conocer esto, que soy uno con Cristo en el cielo -una porción eterna. Este lo sella el Espíritu Santo en mi alma, y me hará disfrutarlo cada vez más.

         Cuando Israel sea llevado al arrepentimiento, "la piedra que desecharon los edificadores" será la "cabeza del ángulo" (Lucas 20:17), y reconocida por ellos. Ellos dirán, "¡Dad gracias a Jehová, . . .; porque para siempre es su misericordia." (Salmo 118:29 - Versión Moderna). ¡Lamentable! ellos recibirán a otro primero; pero cuando sus corazones sean cambiados y la gracia obre, ellos usarán el lenguaje del Salmo 119 y encontrarán la expresión de la ley dentro de sus corazones; y cuando la fe es ejercida así, y sus corazones estén quebrantados, y abiertos para recibirle, entonces Él vendrá a ellos. Si no hay un profeta que diga, "¿hasta cuándo?", Jehová dará la respuesta. Él nunca cambia; y aunque Él ejecuta juicio y justicia, con todo, en Él se encuentra gracia. "Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?" (Lucas 18:8). Bueno, si no se encuentra fe, o un profeta que diga, "¿hasta cuándo?", hay Uno que guardará, en Sus tesoros, algo de lo que se pueda asir la fe, en la soberanía de Su propia gracia.

         Vemos así a Jehová en Aquel humillado, y de qué forma Él se puede elevar por sobre toda iniquidad. ¡Cuán precioso es Jesús para nosotros a causa de todas estas cosas! y nosotros somos uno con Él. Que podamos aprender de Él, y seguirle así, recordando que todo lo que se deja fuera de la senda estrecha son la carne y el mal.

 

CAPÍTULO 14

 

         Este capítulo presenta la justicia distributiva de Dios. Primero, es hacia Sus santos, la consecuencia de la conducta con Dios, y el lugar que un hombre tendrá en vista de ello. Luego, tenemos la responsabilidad relacionada con la gracia, la posición moral del alma, debido a que se le ha presentado la gracia. Despreciar la gracia de Dios llena la medida del pecado del hombre. Pero aquí está la presentación de la gracia y esto es algo diferente de la posesión de la gracia. Esto es presentado a aquellos que se negaron a venir a la Cena.

 

         Versículos 1-6. El Señor, llevando la dispensación a un final, trae constantemente ante Israel el día de reposo. La pregunta fue, ¿Podía el hombre, como hombre, hallar reposo con Dios? ¿Podía el hombre, alguna vez, entrar en el reposo de Dios? Nosotros sabemos que el hombre quebrantó directamente el reposo de Dios -no se nos dice cuán pronto: pero, quizás el mismo día en que debía haber descansado, él comió el fruto prohibido. El hombre nunca entró en el reposo de Dios; y ahora la pregunta era cómo entrar, ¿por medio de su propia obra o por medio de Cristo? Era esencial para el reposo después de la creación, tenerlo al final de los seis días de trabajo, y por consiguiente, era en el séptimo día. De igual forma después, cuando las ordenanzas legales fueron dadas, el día de reposo llegó a ser una señal del pacto. El Señor, cuando estaba aquí, constantemente insiste en el día de reposo, siendo esto una muestra de que, no habiendo sido removido el pecado, Él debe trabajar. Él no podía descansar, siendo el día de reposo una señal de que el hombre obtiene reposo después de trabajar, y la ley mostrando constantemente que el hombre rompía ese pacto. El Señor da a entender claramente a sus conciencias el pecado de ellos, mostrándoles que Él debía trabajar si querían tener reposo. "Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo." (Juan 5:17). Si el hombre hubiese guardado la ley, tenía derecho al reposo, pero él ni lo hizo ni podía guardarla. Todo aquello que era la señal del reposo de Dios, para el hombre, después de hecha la obra, fracasó; pero "queda un reposo para el pueblo de Dios." (Hebreos 4:9). El día de reposo continuó como una señal; y a través de todos los profetas, encontramos que se insistió sobre ello, pero no consiguieron reposo. Pablo, razonando en ello en Hebreos 4, dice, "los que hemos creído entramos en el reposo." (Hebreos 4:3). Pero a Canaán, el reposo nominal, ellos no entraron antiguamente, salvo los pocos fieles, y éstos no consiguieron reposo, porque si lo hubieran conseguido, no se habría hablado de otro día; y así es dicho por el Salmista, y es citado en Hebreos, "No entrarán en mi reposo." (Hebreos 4:5; Salmo 95:11). Siendo esto el día de reposo, no era ningún reposo para ellos. El día de reposo era aún la señal, pero ningún reposo real. Habiéndose acabado, por consiguiente, todo lo referente al hombre entrando en el reposo de Dios, todo debe ser ahora en un principio completamente nuevo, por medio de la fe y no por medio de las obras. Cuando el Mesías vino, Él habría sido el reposo para el pueblo, pero el hombre no lo aceptaría, como lo encontramos aquí. El hombre no podía tener el reposo de Dios por medio de la ley, y ellos no lo aceptarían por medio de la gracia, y esto demuestra que el hombre ha roto totalmente con Dios. Si he venido a Dios, yo tengo reposo, y no debo ir más allá para obtenerlo. Yo tengo mi reposo en Él; porque la gracia, no la ley, me ha dado una capacidad de gozar lo que  Dios es. Pero cuando la criatura hubo quebrantado el reposo de su Creador, no podía haber ninguna relación entre ellos. El pecado ha entrado y ha causado que Dios sea como un juez para conmigo, y no puede haber ningún vínculo de corazón entre un juez y un criminal. Si Dios me juzga como un pecador, la única palabra que yo puedo obtener de Él es, "Apartáos de mí, malditos." (Mateo 25:41). Por consiguiente, todo lo que el hombre puede decir es, "Oh Jehová, . . .no entres en juicio con tu siervo." (Salmo 143: 1-2). Hay un vínculo entre un padre y un hijo que los pone en relación; pero es una cosa nueva. Todo debe ser puesto en un nuevo fundamento, porque no hay reposo en la vieja creación.

         En el capítulo 15 tenemos la gracia obrando para reposo, el Pastor que trae la oveja de vuelta a casa, etc.; y en este capítulo tenemos un caso de miseria presentado en el hombre que tenía hidropesía (N. del T.: Derrame o acumulación anormal de líquido seroso. Fuente: Diccionario de la Real Academia Española). Cristo dijo, "¿Es lícito sanar en el día de reposo?" (vers. 3). Pero ellos guardaron silencio. Él les expone el caso. "¿Quién de vosotros, si su asno o su buey cae en algún pozo, . . .? . . .Y no le podían replicar a estas cosas." (vers. 5, 6). Al presente no había reposo, ninguna esperanza de reposo, ninguna posibilidad de reposo para el hombre como pecador, y no podía haber reposo para Dios, porque Dios no podía reposar donde estaba el pecado. No había día de reposo para la justicia, porque el hombre no tenía justicia. No había día de reposo para el amor, porque el amor no podía descansar donde se tenía que ejercer juicio. El amor podría entrar y obrar, pero obrar no es reposar. El hombre ha perdido su comunión con Dios, por su pecado; y ésta es una cosa solemne, porque él ha hecho que Dios sea un juez por medio de su pecado. Este mismo pensamiento de juicio relacionado con Dios muestra que el hombre es pecador, porque no había ninguna asociación necesaria de juicio con Dios; pero cuando el pecado entró, el juicio tuvo que venir a continuación, porque Dios es santo. Si se trae a la conciencia que no hay ninguna relación entre nosotros como pecadores y Dios, aprendemos qué posición llega a ser la nuestra, una vez que tenemos fe en Su gracia.

 

         Versículos 7-11. "Y dijo una parábola a los convidados, al observar cómo escogían los primeros asientos." (vers. 7 - Versión Moderna). Es exactamente el lugar que a la naturaleza le agrada. El mundo que no tiene ninguna relación con Dios se deleita exaltando el 'yo' y echándolo a Él. El 'yo' consigue para sí mismo lo que le gusta y se olvida de Dios. El hombre siempre está presumiendo de su 'yo', promoviendo el 'yo', contra Dios. Él piensa que no lo hace así, porque dice que sólo está usando sus facultades. Pero así hizo Adán para esconderse de Dios. ¿Acaso no usamos nuestras facultades para complacernos a nosotros mismos, en lugar de usarlas para Dios? Mientras el amo está lejos, los siervos siguen su propio camino y hacen su propia voluntad. Un hombre es naturalmente herido cuando es puesto en una esquina y es despreciado. A la carne no le entusiasma ser excluida, pero esta búsqueda por lograr un lugar es buscarlo dónde Cristo no tuvo ninguno. Por consiguiente, Él dice, "Cuando fueres convidado por alguno a bodas, . . .siéntate en el último lugar." (vers. 8-10).

         El propósito de esta parábola se ve en los versículos 8-11: se refiere al corazón del Maestro, Aquel "que te convidó a ti" (vers. 9). Si yo soy consciente de ser un pecador, y por lo tanto no mereciendo lugar alguno, yo no tomaré ningún lugar, sino que esperaré hasta que Dios me otorgue uno. Ciertamente tendré el honor, cuando Dios me otorgue un lugar. El punto es, ¿qué es lo que Él me otorga? Poner los ojos en Dios, y consultarle a Él, buscar el

lugar más bajo como Cristo hizo. No servirá decir, 'yo no tendré un lugar en el mundo'; la gran cosa es el corazón que descansa en el lugar de Dios en el mundo. Cuando los ojos están puestos en Dios de esta forma, el 'yo' es olvidado; si no es así, yo estaré pensando en los desaires que recibo y ni la fe ni la gracia son ejercitadas. Si yo puedo pensar que soy nada, yo debería ser perfecto. El hombre que convida a los invitados tiene la correcta estimación de cada uno y sabe el honor que les corresponde. El lugar del evangelista, el pastor, el apóstol, etc., todos estos lugares serán fijados por Dios. Cuando Dios me otorga un lugar, es un lugar de poder y cercanía  a Él; pero cuando un hombre toma un lugar para sí mismo, es un lugar de debilidad y separación de Dios, debido a que el objeto es el 'yo'.

         Entonces, repito, debemos guardarnos de rehusar un lugar en el mundo simplemente porque sabemos que no es lo correcto, como seguidores de Aquel que ha sido rechazado. Una simple estimación legal de lo que es lo correcto nunca puede durar. Una cosa puede ser muy correcta; pero no hay estabilidad en dedicarse a ella, porque no hay poder para someter a la carne al hacer simplemente lo que a uno le parece correcto. Estaba el sentido de obligación para con la ley, pero la ley no ponía ante mí un objeto que atrajese mi corazón; no traía a Dios a mí, ni me llevaba a mí a Dios. Eso dura mientras se siente que no somos nada y que Dios lo es todo. Muchos han empezado con mucha energía, y han tomado un cierto lugar, correcto en sí mismo; pero si la legalidad es la fuente de ello, no habrá poder de perseverancia, porque lo que se comienza bajo la ley, de seguro se perderá por causa de la carne. Cuando el objeto es Dios, el lugar más bajo es suficiente. Él mismo me lleva; y sea lo que fuere, si los pensamientos y los afectos están puestos en Él, lo que al principio fue duro se hace fácil mientras avanzo. Su amor, que me atrajo y me concedió poder al comienzo para tomar una tal posición, se vuelve cada vez más resplandeciente cuando se conoce mejor y por más tiempo; y lo que al comienzo fue hecho temblorosamente, es más fácil con creciente valor. La única cosa que me puede capacitar de esta forma para continuar, es tener a CRISTO como el objeto puesto ante mí, y podré ser feliz justo en la proporción en que esto sea así.

         Podrá haber una y mil cosas que me molesten si el 'yo' es importante; estas cosas no me molestarán en absoluto si el 'yo' no está allí para ser molestado. Las concupiscencias de la carne no nos acosarán si estamos caminando con Dios. ¡Qué obstáculos encontramos cuando no caminamos con Dios y pensamos solamente en nosotros mismos! No hay liberación semejante a aquella de no ser uno importante ante sus propios ojos. Entonces uno puede ser verdaderamente feliz delante de Dios.

         Si miramos a Cristo, aprendemos dos principios: primero, que Él se humilló debido al pecado del mundo que estaba a todo su alrededor; segundo, el mundo hizo todo lo que pudo para humillarle, porque mientras más Él se rebajaba, más trataban ellos de derribarle.

         Nadie se preocupa por el prójimo; así que si un hombre no se preocupa de sí mismo, podrá estar seguro que será empujado muy al fondo. De nuevo tenemos, entonces, que nuestros corazones son tan engañosos que es posible que estemos deseando humillarnos si es que vamos a obtener algo haciendo esto, incluso la aprobación de los hombres. Por otra parte, si nosotros, en el sentido típico humano, simplemente buscamos imitar a Cristo en esto, no será más que un esfuerzo legalista. "Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús." (Filipenses 2:5). Él se humilló a sí mismo. Primero, "se anonadó á sí mismo" (Filipenses 2:7 - RV1909); es decir, Él se vació de Su gloria para hacerse hombre. Al hacer esto, Él dejó la gloria del Padre para hacerse hombre. Este fue un gran descenso (aunque pensemos mucho de nosotros mismos). Pero, ¿fue eso todo? No. Él se humilló hasta la muerte, incluso hasta la muerte de cruz. Es el mismo principio que es puesto ante nosotros en este capítulo de Lucas. "El que se humilla, será enaltecido." (vers. 11). La verdadera humildad es estar dispuesto a servir a cualquiera y a todos: y aunque a los ojos del hombre esto puede parecer bajo, en realidad es muy alto, ya que es el fruto del amor divino obrando en nuestros corazones. Dios, operando en nuestros corazones, nos vuelve personas desinteresadas. Lo único que merece la pena hacer en el mundo, exceptuando el gozar de Dios, es este servicio. Deberíamos estar dispuestos a servir a nuestros enemigos. "El que se humilla, será enaltecido." Esto no es solamente ser humillado, sino que humillarse a sí mismo, y no hacer esto delante de aquellos que nos honrarían más por ser humildes. Pablo pudo decir de él y de otros, "nosotros como vuestros siervos por amor de Jesús." (2 Corintios 4:5). Él sintió que tenían un derecho para servir en gracia; y en la medida que tomó su lugar en humildad, él será enaltecido en el día que está por venir.

 

         Versículos 12-14. La siguiente exposición en el capítulo prosigue a hablarnos de quien convida. Anteriormente, se trataba del invitado; pero aquí está el principio en el cual se hacen los banquetes. "Llama a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos; y serás bienaventurado; porque ellos no te pueden recompensar, pero te será recompensado en la resurrección de los justos." Así Él los saca a todos ellos del mundo otra vez, al tiempo cuando ellos se encontrarán con Dios, y hace de esto una guía actual para la acción. Ellos no deben actuar bajo el principio de obtener recompensa aquí, sino que deben esperar el tiempo cuando han de encontrarse con el Señor, así como no es sino hasta que el Padre de familia vuelve, cuando los siervos reciben su salario. Este no es un asunto de salvación, sino de recompensa por el servicio. "Te será recompensado en la resurrección de los justos."

         Observen cómo el Señor muestra a los JUSTOS como una clase separada. La resurrección no es una resurrección común; no hay tal cosa en la Escritura. No hay en ella ningún pensamiento que tienda a confundir en otro mundo lo que Dios ha separado en este mundo. La gracia ha separado al creyente, así que él está resucitado en su alma ahora; pero él no recibe la recompensa por su servicio sino hasta "la resurrección de los justos." Un pecador es vivificado aquí, aunque no manifestado judicialmente aquí; debido a que estamos en una dispensación de fe, y la porción está en la gloria. No hay una resurrección 'general' parecida para los buenos y los malos; sino que está la "primera resurrección", que es Dios separando en poder a aquellos que, en gracia, ha hecho Suyos. Fue  la "resurrección de entre los muertos" o "de los muertos" que suscitó tal asombro entre los Judíos. Los Fariseos podían enseñar la resurrección aunque los Saduceos la negaban. Era común creer en una resurrección, como Marta dijo, "Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día final." (Juan 11:24 - LBLA). Pero ellos no podían comprender al poder divino entrando a la casa de Satanás, y sacando a los justos muertos de entre el resto de los muertos. Jesús respondió a Marta, "Yo soy la resurrección y la vida" -hablando del poder viviente que visita a un hombre cuando está en estado de muerte, y le saca de este estado. Ellos no sabían nada del proceso de distinción de los unos para vida, y los otros para el juicio (Juan 5).

         El Padre de familia mostrará Su aprobación del siervo fiel. Habrá grados de gloria otorgados conforme al servicio efectuado. No es que yo seré salvo por lo que he hecho; sino que mi servicio será recompensado, cualquiera que sea lo que pueda haber sido producido por el Espíritu Santo al obrar en mí respondiendo al deseo de Cristo; porque es un servicio del cual yo no habría podido hacer un ápice sin Su poder. Es igual la respuesta de Dios conforme a Sus consejos; como podemos ver en la respuesta a la madre de los hijos de Zebedeo, será dado "a aquellos para quienes está preparado por mi Padre." (Mateo 20:23). El servicio de amor nunca es influenciado por la recompensa. La recompensa no es puesta delante del alma como el motivo para hacer algo; pero cuando encontramos dificultades al caminar por la senda del servicio, entonces la corona es puesta ante nosotros para darnos ánimo para continuar. Así, incluso Cristo, por el gozo puesto delante de Él, "sufrió la cruz, menospreciando el oprobio." Así también Moisés, teniendo por mayores riquezas el oprobio de Cristo que los tesoros de los egipcios,  tenía la mirada puesta en la recompensa (Hebreos 11:26). Si la fuente de nuestro servicio es la recompensa y no el amor, solamente vendría ser igual a esto, 'Toma tu paga y vete.' Pero si se rompe con el mundo, ninguna recompensa puede ser buscada de esa fuente, lo que es una liberación tan grande como librarse del 'yo'.

 

         Ahora (vers. 15-24) vean cómo la gracia, cuando es introducida, es rechazada. La Cena estaba preparada; los invitados fueron convidados, pero no vendrían. El Señor había hablado anteriormente del reino, y aquí Él muestra lo que costaría la recepción del reino. Ahora todas las cosas están listas; pero todos ellos presentan excusas. Ellos no le dan importancia a la Cena como para dejar sus yuntas de bueyes, sus haciendas, etc. La Cena estuvo en los pensamientos de Dios desde el principio, e iba ser llevada a efecto cuando Él viniese a los Judíos, como su Mesías, al final del día; pero ellos Le rechazaron -no Le querían. Esto no dice que sus pecados los excluyeron de la Cena, porque Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo, no tomando en cuenta a los hombres sus transgresiones (2 Corintios 5:19). Tampoco significa que la hacienda, el buey o la esposa fueran el mal en sí mismos; sino que en el caso de ellos, llegaron a ser así, porque en sus mentes estaban resueltos a menospreciar la Cena. ¿Y acaso no es lo mismo ahora? Tú dices, ¿qué hay de malo en estas cosas? Si ellas han ocupado tu corazón, y te han hecho menospreciar a Dios, allí está lo malo. ¿Dónde estás tú en el reino de Dios? No había ningún vínculo de corazón entre Cristo y el pueblo al que Él vino y, por lo tanto, ellos rechazaron la Cena. Esto también es una prueba para nuestras almas a través de todo el día. No se trata de si algo es correcto o incorrecto, sino, ¿qué sabor tienen las cosas de Cristo para nuestras almas en ello? Puede ser una cosa muy pequeña. Si encontramos que la lectura de un libro hace que la manifestación de Cristo llegue a ser menos preciosa para nosotros, nos hemos alejado de Dios, y no podemos decir a dónde nos podría conducir el próximo paso. Satanás nos engaña a menudo en este sentido. El alma es puesta a prueba día a día, para ver si las cosas que son reveladas por Dios en Cristo tienen suficiente poder sobre nosotros como para comprometer el corazón; pero si otras cosas se han interpuesto cuando deseamos gozar de las cosas de Cristo, nosotros no podremos hacerlo, y esto nos mostrará cuánto nos hemos alejado. Si cualquier cosa entra y quita la frescura de Cristo de tu alma, ¡pon atención! porque si tus preocupaciones son el buey, etc., cuando tengas oportunidad para las cosas de Cristo, no tendrás gusto por ellas.

 

         En el versículo 21 el Señor se vuelve a "los pobres del rebaño" (Zacarías 11:11), aquellos que no tienen yuntas de bueyes, y se alegran con el banquete. Los sacerdotes y los principales de los Judíos tuvieron la primera invitación, pero, al rechazarla, el Padre de familia envía por las plazas y las calles de la ciudad, a traer los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos de entre el pueblo. Sin embargo la casa aún no se llena; y entonces él envía a los lugares fuera de la ciudad, por los caminos y por los vallados, y los fuerza a entrar, para que la casa se llene. Estos son los Gentiles. En este Evangelio los pobres del rebaño y los Gentiles son distinguidos unos de otros. Pero en Mateo, cuyos destinatarios son los Judíos, no se hace mención de que ambas clases son distintas. "Las bodas fueron llenas de convidados" (Mateo 22:10) incluye a los Gentiles, reunidos después que los Judíos son traídos a la bendición. Observen, entonces, la humildad del siervo y la paciente gracia del Padre; esto continúa justo así hasta el fin. Él no puede descansar hasta que Él llene Su casa con invitados.

         ¡Qué perseverancia hay de parte de Dios! y nosotros somos llamados a continuar en el mismo espíritu. Esto cuesta mucho, continuar, ir más allá, y más allá, y más allá, a pesar de todos y de todo; y para que hagamos esto, Él señala la presencia de poder divino en nosotros, porque la gracia de Dios es incansable. Es verdad que hay juicio al mismo tiempo, porque se ha dicho, "ninguno de aquellos hombres que fueron convidados, gustará mi cena." (vers. 24). Pero Dios, al actuar así, nos muestra qué humildad debería haber en nosotros, con respecto al 'yo', y gracia con respecto a todas las otras personas, y que todo debe estar fundamentado en este único hecho, que todas las relaciones del hombre con Dios están moralmente rotas; y si tú realmente vas a tomar un camino tal como el de seguir a Cristo, debes calcular el costo. Está muy bien contemplar una gracia tal y admirarla; pero no hay poder para perseverar en ella sin aquel amor en el corazón como el que da el establecimiento de una nueva relación con Dios. Debe haber un vínculo en el corazón con la cosa nueva; y Cristo debe tener tal fuerza en el corazón como para dar poder para romper con las cosas viejas.

 

         Versículos 25-33. Multitudes fueron atraídas al escuchar hablar de una gracia tal: así que en el versículo 26, Él les dice lo que el discipulado involucra. Aquí puede haber una alusión a Miqueas 7: 5, 6. Se debe renunciar a los amigos por Cristo. Un hombre debería dejar todo lo demás, pero la pregunta es, ¿Debo abandonar a Dios? ¡Qué! ¿la vida también? Si -no importa. En esa vida tú estás unido con el mundo, y esto debe ser dejado también, si de mí se trata: Cristo diría, 'tú no puedes tener dos corazones -un corazón para el mundo, y un corazón para Mí'. Yo tiemblo cuando veo a personas que no han calculado el costo, exhibiéndose en la profesión de seguir a Cristo. La manera de obrar de Dios es poner la barrera en el punto de partida. Si puedes saltar sobre ella, podrás continuar. La obediencia legal no permanecerá, sino el seguir a Cristo. Si Él está en el camino, esta senda es feliz y fácil; pero es un camino entre dos vallados. Si Cristo no está contigo, habrá nada más que problemas y dificultades.

 

         Versículos 34, 35. "Sal" es gracia en la energía espiritual; es decir, los santos siendo testigos en el mundo del poder del amor santo, en vez del egoísmo. La sal es el principio consagrante de la gracia: si eso se ha perdido, ¿qué va a preservar? La sal es más bien la gracia en el aspecto de santa separación para Dios, que en el de bondad y mansedumbre, aunque, por supuesto, estas dos características son también inseparables de la gracia. Si la sal ha perdido su sabor, ¿con qué será sazonada? Si yo tengo carne sin sal, puedo salarla; si la sal carece de salinidad, ¿qué puedo hacer? Qué figura tenemos aquí de una iglesia no espiritual, o ¡de un santo no espiritual! Igual que la de la viña que representaba a Israel, que no servía para nada, sino para deshonrar al Señor su dueño y ser destruida. Es verdad que la misericordia nos puede restaurar; pero, como santos, debemos tener el olor de Cristo. (2 Corintios 2:15). Cualquier cosa que debilite la unión con Cristo destruye el poder. Esto no lo hace el pecado grosero, el cual, por supuesto, será enfrentado y juzgado; sino que son las pequeñas cosas de todos los días las que son propensas a ser escogidas antes que Cristo. Cuando el mundo se infiltra, la sal ha perdido su sabor y mostramos que, a nuestros ojos, un Cristo rechazado tiene poco poder.

         Que el Señor nos mantenga en el camino con Cristo, donde todo es resplandeciente y bendito. Si el recubrimiento de este mundo ha sido echado sobre nuestra visión espiritual, escondiendo a Cristo de nosotros, sólo Él puede removerlo.

 

CAPÍTULO 15

 

         Hemos estado viendo al Señor mostrando Su propio rechazo, en gracia, seguido por un completo nuevo orden de cosas. La iglesia, introducida posteriormente, no es una 'edad (o un siglo)' propiamente dicha, sino un episodio celestial entre 'las edades (o siglos)'. Hay tres edades (siglos) de las que se habla en la Escritura: la edad antes de la ley; la edad bajo la ley; y la edad del milenio. Cristo había nacido "bajo (la edad de) la ley" (Gálatas 4:4), y esa edad aún no había finalizado. Los discípulos le dijeron, "¿...qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo (o edad)?" (Mateo 24:3). Esa era la edad (o siglo) cuando Él estaba allí, pero cuando Le rechazaron, la edad (o siglo) fue suspendida. Así como Él puso en estrecho a Pedro para que no dijera a nadie que Él era el Cristo, diciendo, "Es necesario que el Hijo del Hombre padezca muchas cosas, y sea desechado," etc. (Lucas 9:22).  Por lo tanto Él les dice, "no me veréis, hasta que llegue el tiempo en que digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor." (Lucas 13:35). Nosotros, quienes formamos parte de la iglesia de Dios, y no teniendo nada que ver con la tierra, no somos en ningún sentido una edad (o siglo), sino un pueblo celestial unido con Cristo arriba, durante la suspensión de esta edad (o siglo), llenando la brecha entre el momento que Dios deja a los Judíos y Su regreso a ellos de nuevo. Tenemos así en Romanos 11 al olivo con algunas ramas desgajadas, y otras injertadas. Este es el árbol que tiene su raíz en la tierra y, en consecuencia, no podría tener nada que ver directamente con la iglesia en el cielo. Algunas de las ramas fueron desgajadas, y algunas fueron dejadas; pero esto nunca podría decirse de la iglesia, el cuerpo unido a su cabeza, a la diestra de Dios. La iglesia, desde luego, realmente llena un cierto lugar y tiempo, pero esto es durante la suspensión de la edad (o siglo) al cual Cristo vino. Característicamente nosotros pertenecemos a lo que está arriba y más allá de todo lo relacionado con este mundo. Es la gracia, lo que nos ha puesto allí, y esta no es de la tierra sino del cielo.

 

         En el capítulo 15 encontramos al Señor elevándose por sobre toda la dispensación Judía, hasta la plena exhibición de la naturaleza misma de Dios -el amor- en el evangelio. Al final del capítulo 14, Él se ocupa del sistema profesante en su responsabilidad. " Buena es la sal; mas si la sal se hiciere insípida," no sirve para nada. De esta forma, Él muestra lo que es el hombre. Luego, en el capítulo 15, vienen publicanos y pecadores, y tenemos la exhibición de lo que es Dios. Dios está tratando aquí, en gracia, con el hombre perdido. A los que Dios justificaba era a pecadores que reconocían sus pecados y se arrepentían. "Mas la sabiduría es justificada por todos sus hijos." (Lucas 7:35).  Dios es justificado en sus modos, ya sea en la condenación o la salvación de un pecador. Los publicanos y los pecadores justificaron a Dios, al ser bautizados por Juan, mientras que los Fariseos rechazaron Su consejo contra ellos. Lo único que se necesita para justificar a Dios es que Él mismo se muestre; y esto es lo que el Señor hace ahora. Él manifiesta lo que Dios es en gracia, y esto es lo que hace que este capítulo sea siempre tan fresco y pleno para nuestras almas; el corazón que ha sido despertado nunca se cansa de un capítulo así.

 

         Luego, en el capítulo 16, Él muestra la responsabilidad de aquellos que son tratados así. La tierra fue dada a los hijos de los hombres, y Dios buscaba frutos. Él trató primero con el hombre en cuanto lo que debería haber sido sobre la tierra, pero hubo un completo fracaso. Ahora se presenta allí otra cosa, la gracia completa, y toma un carácter absolutamente divino. El amor divino es su fuente, y su carácter es celestial. Al revelar el cielo, pone al hombre en relación con él; y las personas puestas en esa posición deben ser un pueblo celestial. Y esto, ¿por qué? Porque este mundo se ha estropeado por completo; ha caído lejos de Dios y ha llegado a ser la "provincia apartada." De ahí que sus riquezas no tengan ningún valor, sino que son un gran obstáculo, a menos que se usen de un modo celestial; y el capítulo 16 nos muestra de qué forma deberían ser usadas. El capítulo 15 muestra al pecador llamado por gracia; lo que sigue muestra que él, que es llamado, debe ser como un hombre celestial. Este mundo es escenario del mal, y lo que está ligado ahora a él es la ruina y no la bienaventuranza. (Vean el rico y Lázaro.) Adán tenía un lugar en este mundo, e Israel tenía un lugar en él; pero todo ha terminado ahora, y la gracia ha entrado, elevando del todo a quienes se sujetan a ella a otro estado de cosas. Cristo está justificando a Dios. Al ser Su naturaleza el amor, Su gozo era manifestar gracia a los pecadores. Aquí no es el gozo de quienes han sido traídos de vuelta, sino el propio gozo de Dios trayendo de vuelta al pecador a Él mismo. Esto da el tono al cielo. "Hay gozo" arriba en el pobre miserable pecador traído de vuelta.

         No tengo dudas de que en estas tres parábolas se dan a conocer los modos de la Trinidad. En la primera se muestra al Hijo, como el Buen Pastor, yendo tras la oveja. En la segunda, en la mujer encendiendo una lámpara, y buscando diligentemente hasta que encuentra la dracma tenemos la obra concienzuda del Espíritu Santo, encendiendo un testimonio en este mundo oscuro. La tercera es la recepción del Padre al pecador que vuelve, cuando es traído de vuelta. En esta, el hijo pródigo, encontramos la obra en el pecador; pero en las dos anteriores, están la soberanía y la actividad de la gracia, que sale en amor a buscar lo que se había perdido, y trae de regreso al pecador sin que él tenga parte en esto. Esta perseverante energía de amor está en el propio Pastor -al Buen Pastor le importa la oveja, y no le pone problemas en su regreso a casa; Él la lleva en Sus hombros. Aquí es vista la gracia perfecta en la cual el Señor Jesús se ha cargado de tal manera a sí mismo, llevando todas nuestras cargas, toda prueba y dificultad nuestra a través de todo el camino. Cristo es, de esta manera, el Pastor y Obispo de nuestras almas. Observen, entonces, en el versículo 6, el carácter peculiar de este gozo. "Reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido." No podría haber un retrato más genuino, o una expresión más plena de una persona siendo feliz que este. El gozo siempre habla. En la segunda parábola tenemos el mismo principio general. Lo concienzudo del Espíritu Santo es mostrado en el actuar de la mujer que buscó la dracma perdida; la dracma, en sí misma, pudo haberla turbado o no. La diferencia entre las dos es que, en la primera, el Pastor lleva toda la carga; en la segunda, se trata del mucho esfuerzo tomado para encontrar la dracma perdida, probando que a la mujer le importaba lo suficiente como para hacer todo este esfuerzo para buscarla. Así ama Dios y actúa hacia nosotros, para sacarnos del oscuro mundo hacia Él. ¡Qué obra  es, llevar el corazón del hombre de regreso a Dios!

 

         'Fue grande crear un mundo de la nada'

         'Fue más grande redimir' [*]

 

[*] (N. del T: En el documento original en Inglés de J. N. Darby se lee:

'Twas great to speak a world from nought'

'Twas greater to redeem.'

Son los dos últimos versos del himno "THE LORD OF SABBATH LET US PRAISE", letra de Samuel Wesley, Jr. (1691-1739). y música de Henry K. Oliver (1800-1885))

 

         Si consideramos al hombre, tal como es en sí mismo, él nunca podría haber regresado a Dios. ¡Pero miren a lo que Dios es en Sí mismo, y qué o quién puede resistir Su Gracia! Con todo, es el gozo del que encuentra, y no de la cosa encontrada. "Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja" -mi dracma- "que se había perdido." Y en el caso del pródigo retornado, ¿quién hizo la fiesta? No la hizo el joven, sino el padre, diciendo a los de la casa, "comamos y hagamos fiesta; porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido y es hallado." Todos se contagiaron de la alegría del corazón del Padre, los siervos, etc., todos excepto el hermano mayor, enojado y justo ante sus propios ojos (el Fariseo, el Judío), a quien el Padre replicó: "era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido," etc. Es el gozo que tiene Dios al recibir un pecador que vuelve a Él. En la parábola del hijo pródigo, en sí misma, no se ve la plena gloria de la gracia tanto como estas tres parábolas juntas la presentan. En el caso de la oveja, es el propio Pastor cargando con toda la carga de la oveja; en el caso de la dracma, es lo esmerado del Espíritu Santo. Antes del alejamiento real había alejamiento moral. Cuando el joven dejó la casa de su padre, no fue más que una demostración del mal en su corazón. Él fue tan malo cuando pidió su parte de los bienes y traspasó el umbral de su padre, como cuando comió algarrobas con los cerdos en la provincia apartada; él fue, no hay duda, más miserable entonces, pero su corazón ya se había alejado con anterioridad. Un hombre se puede meter en problemas más pronto que otro, pero si hemos dado la espalda a Dios, somos completamente malos. En este sentido, no hay diferencia.

         El mal moral fue exactamente igual con Eva. Ella dejó a Dios por el fruto prohibido. Ella prácticamente pensó que el diablo era un amigo mucho mejor para ella que Dios, y tomó su palabra en vez de la de Dios. Satanás es un mentiroso desde el principio, y el Señor probó esto en la cruz. Al Señor le costó Su vida para probar que Dios es bueno. Cristo vino a contradecir la mentira del diablo, la cual el hombre creía, y bajo la cual yace todo el mundo.  La gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo (Juan 1:17), y fueron establecidas a toda costa por Él en la cruz. El hombre puede prescindir de Dios, y desde el principio el mundo entero ha sido una mentira pública contra Dios. ¿Quién podía resolver esto? Miren a la creación, cómo gime bajo la esclavitud de la corrupción. Miren la providencia -¿cómo puedo explicar la bondad de Dios cuando veo a un infante retorciéndose de dolor? ¿Cómo puedo reconciliar las dos cosas? El hombre ruin prospera -el hombre bueno sufre. Cuando veo a Cristo en la cruz, yo veo lo que Dios es. La muerte vino al hombre a causa del pecado. Pero Cristo toma mi pecado en Su propia persona libre de pecado, inclina Su cabeza al morir en la cruz y, de esa forma, pone aparte esa mentira de Satanás. "De seguro que no moriréis." (Génesis 3: 4 - Versión Moderna). Fue restablecida así, aquí abajo, la verdad de Dios en la obra y la persona del Señor Jesús, y en ninguna otra parte. En Él yo veo santidad, verdad, y amor, sin importar a qué costo.

         El hombre natural es exactamente como este hijo pródigo, él desperdicia sus bienes en la provincia apartada, y se arruina. Un hombre que recibe 5.000 Libras Esterlinas al año y gasta 20.000 Libras Esterlinas, parecerá muy rico por un tiempo; pero vean el resultado. Él es un hombre arruinado. En el momento que el hombre se alejó de Dios, él se vendió a Satanás, y está gastando su alma, su corazón, lejos de Dios; incluso gasta lo que Dios le ha dado para usarlo contra Dios, y cuando lo ha gastado todo por completo, y no tiene nada con que vivir, él comienza a estar en necesidad. "Vino una gran hambre en aquella provincia," y todo el mundo siente eso. Cada pecador come distintas cantidades de algarrobas para cerdos, pero todos están en la misma condición de ruina. Todo hombre ha dado la espalda a Dios, aunque no todos se han precipitado en el mismo desenfreno de disolución, ni han caído en la misma degradación. La hambruna nunca alcanza la casa del Padre.

         El hijo pródigo se acercó a uno de los ciudadanos de aquella provincia -que no era la provincia de su padre. "Y deseaba llenarse el estómago," etc., y "nadie le daba nada." Satanás nunca da; eso se encuentra donde está el amor de Dios, quien no escatimó ni a Su propio Hijo. Cuando el hijo pródigo piensa en la casa de su padre, la obra completa está moralmente hecha, aunque todavía no ha regresado allí. Él cambia, su corazón fue cambiado, y así, todo su deseo era volver a la casa de su padre, desde donde se había alejado. Él aún no estaba en la plena libertad de la gracia, como para tener paz y felicidad, y piensa en sí mismo, "hazme como a uno de tus jornaleros." Él es llevado a un sentimiento de culpabilidad; y ¿cuál era esta?, ¿era el hecho de estar alimentándose con los cerdos? No, esto era el fruto de ello; pero su culpa consistía en haber dejado la casa de su padre, alejándose de Dios. Cuando volvió en sí, él deseó volver. Este fue realmente un deseo correcto, pero la forma que tomó en su mente, por el hecho de no conocer aún la gracia, fue una forma legal. "Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros." Pero el padre no le da tiempo para eso. Nosotros no leemos nada más acerca de jornaleros; ya que "cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó." Él no podría haber sido un jornalero teniendo los brazos del padre rodeando su cuello. Esto habría estropeado los sentimientos del padre, y, si acaso, también los del hijo.

         Era el gozo de Aquel que estaba recibiendo al pecador de regreso a Él mismo; y es el conocimiento de esto lo que da paz al alma; ninguna otra cosa lo hace. Si un hombre no conoce el amor, no conoce a Dios, porque Dios es amor.  Lo que tenemos en Cristo es la plena revelación de Dios. "¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido,...? (Juan 14:9). Dios actúa a partir del gozo y el deleite que tiene en Él al recibir de vuelta al pecador y, por consiguiente, Él no piensa en los harapos sino en el hijo. Él ha regresado nuevamente. ¿Qué derecho tiene el hombre a cuestionar a Dios, cuando Él complace a Su propio corazón en la efusión de amor hacia el pecador? Tú nunca obtendrás paz por el solo hecho de regresar, sino al conocer los pensamientos del Padre acerca de ti. ¿Podía el hijo pródigo obtener paz mientras regresaba si el padre no hubiese salido a encontrarle? No, a lo largo de todo el camino se habría estado cuestionando, ¿cómo me recibirá? -¿estará enfadado conmigo? ¿rehusará recibirme en su presencia? Y si se rehúsa, ¿qué será de mí? "Y estando todavía lejos, le vió su padre; y conmoviéronsele las entrañas; y corrió, y le echó los brazos al cuello, y le besó fervorosamente." (Lucas 15:20 - Versión Moderna). De no haber sido así, él habría temblado incluso al golpear a la puerta.

         Cuando los brazos del padre rodeaban el cuello del hijo, ¿se contaminó él a causa de los harapos? No; y él no aceptará que su hijo introduzca harapos en la casa, sino que ordena sacar el mejor vestido. Dios envía a Su propio Hijo desde el cielo, y viste al pecador; y, vestido de esta forma, el joven podía prestigiar la casa de su padre.  Y, seguramente, si nosotros estamos vestidos así de Cristo, prestigiaremos a Dios; y, Él mostrará "en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús." (Efesios 2:7).

         "Comamos y hagamos fiesta." Esto no es: 'Que él coma y haga fiesta'. Reitero, él dice: "Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos." Hubo una sola excepción en el deleite de esa casa. El hijo mayor (la persona justa ante sus propios ojos) estaba enojado, y no iba a entrar. Al recibir de esta manera al hijo pródigo, Dios había mostrado lo que Él era en Sí mismo, por medio de Su Hijo: y ahora Él mostraría lo que ellos eran en sí mismos. Nosotros sabemos que los Fariseos murmuraron desde el principio, y el hijo mayor no tenía comunión con su padre: ya que si el padre estaba contento, ¿por qué no estaba contento él también? "Se enojó, y no quería entrar." Si una persona tan vil como un publicano entra, esto hace que mi justicia propia no sirva para nada. Verdaderamente es así; porque donde la felicidad de Dios está, allí no puede entrar la justicia propia. Si Dios es bueno para con el pecador, ¿de qué sirve mi justicia? Él no sentía simpatía hacia su padre. Él debía haber dicho, 'Mi padre está contento, así que yo también debo estarlo.' Debería haber habido comunión en el gozo. "Tu hermano ha venido." Eso debería haber resonado en su corazón, pero no fue así.

         Vean, entonces, la paciencia perfecta de la gracia de Dios: el padre sale y le ruega que entre. ¿Y acaso no vemos nosotros, a través de todo el libro de los Hechos, a Dios rogando a los Judíos para que sean reconciliados con Él, aunque habían crucificado a Su Hijo? De igual forma Pablo, en 1 Tesalonicenses 2: 15 y 16, dice que los Judíos colmaron la medida de sus pecados impidiendo a los apóstoles hablar a los Gentiles, para que estos se salvasen. Todo es egoísmo en el hijo mayor. "Nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos." A lo que el padre responde, "Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas." Los oráculos de Dios, los pactos, las promesas, todas estas cosas Dios las dio a los Judíos; pero Él no iba a renunciar a Su derecho de mostrar Su gracia a los pecadores, por causa de la egoísta justicia propia de los Judíos, o de cualquier otro.

 

CAPÍTULO 16

 

         "Había un hombre rico que tenía un mayordomo, y éste fue acusado ante él como disipador de sus bienes." El hombre, generalmente, es el mayordomo de Dios: y en otro sentido y de otra manera, Israel era el mayordomo de Dios, puesto en la viña de Dios, habiéndosele confiado la ley, las promesas, los pactos, la adoración, etc. Pero en todo, se encontró que Israel había disipado los bienes. El hombre, visto como un mayordomo, ha sido encontrado completamente infiel. Ahora, ¿qué es lo que hay que hacer? Dios aparece, y en la soberanía de Su gracia, convierte aquello de lo cual el hombre ha abusado en la tierra, en un medio de fruto celestial. Estando las cosas de este mundo en manos del hombre, él no debería estar usándolas para el disfrute presente de este mundo, el cual está totalmente apartado de Dios, sino con la vista puesta en el futuro. Nosotros no debemos buscar poseer las cosas ahora, sino, por medio del correcto uso de ellas, debemos hacer provisión para otros tiempos. "Ganad amigos por medio de las riquezas injustas," etc. Es mejor convertir a todos en amigos para otro día que tener dinero ahora. El hombre aquí va a la destrucción. Por lo tanto, ahora el hombre es un mayordomo que está fuera de lugar. "Da cuenta de tu mayordomía, porque ya no podrás más ser mayordomo." Él es despedido de su mayordomía -ha perdido su lugar, pero no ha perdido las cosas sobre las cuales él tenía la administración. Aquí hay algo mucho mejor que la alquimia que convertiría todo en oro. Ya que esto es la gracia, incluso transformando el oro mismo, ese vil material que esclaviza los corazones de los hombres, en un medio de mostrar amor y de adquirir riquezas para el cielo.

         A Israel, Dios está diciendo, 'Tú has fallado en la mayordomía; por consiguiente, ahora te voy a sacar.' En el capítulo 15, el hijo mayor, el Judío, no quería entrar; y aquí, en el capítulo 16, Dios está sacando de la mayordomía a los Judíos. Todo termina con Adán; pero en la gracia tenemos derecho a usar, de un modo celestial, aquello a lo cual no tenemos ningún derecho como hombres. "Pues si en las riquezas injustas no fuisteis fieles, ¿quién os confiará lo verdadero?" "Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo que es vuestro?" Lo nuestro son las cosas celestiales; las cosas terrenales son de otros; y si ustedes no usan su derecho en la gracia en consagrar en amor estos bienes terrenales temporales, que no son los suyos propios, ¿cómo puede Dios confiarles las cosas espirituales, las cuales son "lo que es vuestro"? Lo nuestro son las glorias de Cristo -todo lo que es de Cristo es nuestro, ya que fuimos rescatados de nuestra vana manera de vivir, la cual recibimos de nuestros padres, "no con cosas corruptibles, como oro o plata," etc. Nosotros fuimos comprados por precio, es verdad, no con dinero, sino "con la sangre preciosa de Cristo, etc.  (1 Pedro 1: 18, 19). Dios no nos ha dado vida eterna para que nosotros podamos adquirir dinero. "Ningún siervo puede servir a dos señores," y si tú quieres ser rico, no puedes estar buscando servir a Dios. Podemos tener que cumplir nuestro deber en este mundo, pero nunca es nuestro deber el servir a las riquezas injustas o desear riquezas.

         Luego, Él continua mostrando que hay estas habitaciones eternas, dónde aparecerán los grandes resultados de lo que ha sido hecho aquí. Lo viejo está desapareciendo y lo nuevo está entrando. El Judío, que rehusó venir a la fiesta, se está desprendiendo de la ley, mientras rechaza la gracia. Vean el capítulo 14: 18, 18.

 

         Versículo 19. "Había un hombre rico, que se vestía de púrpura," etc. Aquí el pensamiento es Judío, y el gran principio es que todos los consejos de Dios, en cuanto a la justicia retributiva en la tierra, ya no estaban más vigentes, y que ahora Él trata solamente en la gracia. Él aparta el velo para mostrar los resultados en otro mundo.  El hombre rico tenía sus bienes aquí -él pertenecía a la tierra, y "su canasta y su artesa" (Deuteronomio 28: 5) le pertenecían- su tesoro estaba en la tierra, y su corazón también estaba allí. Pero miren en el otro mundo y vean el resultado -"tormentos." Los bienes habían cambiado ahora. "Murió también el rico, y fue sepultado.  Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos..." "Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas, etc . . . . y murió el mendigo." ¿Fue enterrado? Ni una palabra sobre esto, ya que él no pertenecía a la tierra. "Fue llevado por los ángeles al seno de Abraham." Aquel que tenía "males" aquí abajo, fue llevado al mejor lugar en el cielo. Luego, presten atención al hecho de que no fueron las aflicciones, las llagas, etc., de Lázaro lo que le hicieron justo, así como tampoco las riquezas hicieron injusto al hombre rico. Habiendo  finalizado Dios con las cosas terrenales, ningunas circunstancias terrenales son una señal del favor presente de Dios, o viceversa: aunque, no hay duda, los tratos de Dios con Lázaro fueron el medio de abatir su orgullo, quebrantar su voluntad, etc., preparándole así para el lugar dónde Él le iba a llevar.

 

Versículo 31. "Si no oyen a Moisés y a los profetas," etc. Aquí sale a la luz esta solemne verdad, y es que ni siquiera la resurrección de Cristo les convencería; ya que si rehusaban escuchar la palabra de Dios tal como la tenían, ellos no iban a escuchar el testimonio de Dios, aunque uno se levantase de entre los muertos; y sabemos que ellos no lo hicieron.

 

         Este capítulo 16 debe permitir entrar la luz de otro mundo sobre los modos y los tratos de Dios en este. El mundo entero es insolvente delante de Dios; de modo que el hombre comercia ahora con los bienes de otro. Cuando el hombre rechazó a Cristo, él fue apartado de su mayordomía. Esta es la posición del hombre. Nosotros debemos, por lo tanto, disponer de todo ahora, en referencia al mundo por venir, de acuerdo a este permiso revelado en gracia en el capítulo 16, de usar las cosas que administramos. Si nosotros estamos sirviendo a las riquezas, no obtendremos la bendición de servir a Dios, en el sentido de los dones de Dios; ya que, en un sentido, aquí se trata de la justicia retributiva. Si tú no eres fiel en lo ajeno, ¿quién te dará lo que es tuyo? Si no has sido fiel en las riquezas injustas, ¿quién te confiará las verdaderas? Si estás amando el dinero, no puedes tener tu corazón lleno de Cristo.  "En lo que requiere diligencia" no debemos ser "perezosos", sino "fervientes en espíritu, sirviendo al Señor." (Romanos 12:11); y para esto Él abre los cielos para nosotros. No como le dijo a Abraham, "a la tierra que te mostraré." (Génesis 12:1). Él nos ha mostrado el cielo, habiéndonoslo abierto en gracia. Es la revelación de la gracia lo que da poder sobre las cosas terrenales. ¡Qué el Señor mantenga delante de nosotros un Cristo vivo, como nuestra luz para dirección y salvación, en la cual poder caminar y confiar!

 

CAPÍTULO 17

 

         Nosotros hemos visto el gran principio de la gracia divina en contraste con la justicia propia y la economía Judía, la cual rechazó a su Mesías, el Hijo de Dios, puesta aparte para preparar el camino para sacar a la luz la vida y la inmortalidad por el evangelio. "Dijo Jesús a sus discípulos: Imposible es que no vengan tropiezos; mas ¡ay de aquel por quien vienen!" (v. 1). Entramos aquí en el espíritu y la manera de servir, ahora que el mundo venidero  fue introducido sobre la conducta y la fe de los discípulos en este mundo, ya que nadie podía servir a dos amos. Dios está llevando a cabo una obra -en un pequeñito, quizás- pero es Su propia obra y se necesita fe individual para caminar en la senda del Cristo rechazado. Entre los que profesaban seguirle a Él y a Su gloria en los principios de la fe, habría ¡lamentablemente! muchos escándalos. No era en ese momento, ni iba a haber aún, un reino de poder judicial cuando el Hijo del Hombre reuniría y sacaría de Su reino todos los escándalos y a aquellos que hacen iniquidad. El poder de Satanás es permitido, el ejercicio de la fe es requerido. Es un tiempo para poner a prueba, por medio del predominio del mal, aquello que subsiste debido a Dios. La cruz debe ser tomada y el yo debe ser negado. Es una dura lección, pero una lección bendita cuando es aprendida. La cruz y la gloria siempre están conectadas. La cruz deber estar sobre el hombre natural, no meramente sobre el pecado, de tal forma que quebrante la voluntad. Cristo no tuvo voluntad, mostrando la perfección; pero nosotros necesitamos experimentar la cruz de forma práctica, como el medio de comunión, quebrantando aquello que estorba.

         Entonces, se reitera, todo el sistema del mundo es un tropiezo: no hay nada en él que no esté calculado para llevar al corazón lejos de Dios. Tomen las simples frívolas vestimentas, las vanidades en la calle, los halagos de los hombres, de los hermanos quizás, etc. -todo tiende a exaltar la carne. ¡Qué cosa tan diferente es el cielo que se abre sobre un Salvador rechazado! Y esta es nuestra luz y senda a través del mundo, porque ahora los cielos están abiertos para la fe, mientras pasamos por este mundo, fe en Él, a quien nosotros vemos en la gloria. Hay un flujo energético activo del amor de Dios que hace avanzar a las almas. ¿Somos testigos al caminar? Ten cuidado de no ser tú un tropiezo. Tu puedes decir, 'Una persona debe ser muy débil para sentir tal o cual cosa', pero esta es la  precisa razón por la cual uno debe preocuparse por ella. ¡El Señor nunca nos manda a entorpecer sino a ayudar al débil! Estas cosas son los tropiezos del enemigo, y el hombre por quien vienen es, hasta cierto punto, un instrumento de Satanás. El Señor ama a Sus pequeñitos. Mejor le sería a ese hombre que se le atase al cuello una piedra de molino y se le arrojase al mar, que hacer tropezar a uno de ellos.

 

         Versículo 3. Pero supón que una persona hace algo que te hace tropezar, ¿qué entonces? "Mirad por vosotros mismos." Tu parte es perdonar. Miren por ustedes mismos, celosos y juzgándose a ustedes mismos. "Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale." ¡Qué! ¿Y si pecare a menudo -"siete veces al día"? Si, si "siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale." Vigílense incesantemente ustedes mismos y cuiden que el espíritu de amor (el poder de unidad y el vínculo de la perfección, como lo sabemos por estar escrito en otra parte) no sea roto, ni el espíritu de santidad; que la paz no sea falsa. ¡Bendito camino! ¡qué condescendencia con nuestra debilidad y peligro al introducir la gracia, y del juicio moral de las cosas presentes, las cuales son el alimento de la carne y el dominio del mundo! La vigilancia contra el yo y la gracia para con otros nos lleva adelante, como un bote salvavidas por sobre toda ola que rompe.

 

         Versículos 5-10. En una posición tal, habría necesidad de fe y energía apropiadas. Los apóstoles (conducidos por Dios, aunque viendo, quizás, sino una pequeña parte de la dificultad y con un sentido confuso de su nueva posición) oran para que su fe sea aumentada. El señor responde presentando la plenitud de la energía de la fe: ya que la fe da cuenta de un poder que no está en la persona y que, de esta forma, actúa sin límite. Él aplica esto también, aunque en términos generales, a la remoción de los obstáculos de un sistema, que podrían presentar la forma de lo que era bueno y grande, pero sin fruto. En cada necesidad nosotros podemos recurrir a Dios. Todo consiste simplemente en dirigir nuestra mirada a Él. Al que cree todo le es posible. Ya que es Dios llevando a cabo Su voluntad, y Él ha deseado llevarlo a cabo por medio del hombre y honrarse a Sí mismo en el hombre, después de haber sido deshonrado por Satanás, en y por medio del hombre; pero esto ha de ser en la fe conforme a Su voluntad, hasta que el Señor Jesús vuelva en poder y gloria. Dios está obrando, y si ustedes son colaboradores a Su servicio, ustedes podrán creer que Él es y decir, 'Concédeme esto, y esto otro'. ¿Acaso es poca cosa ejercer el poder de Dios? Si ustedes saben con qué se les va a oponer Satanás, ustedes se darán cuenta cuán bendito es el hecho de invocar el poder de Dios. Tu lugar y tu obra pueden ser muy humildes -exteriormente- sin importar cuales son: con todo, tú necesitas el poder de Dios para permanecer pequeñito. Lo que el Señor dice en los versículos 7 al 10 no es aplicable a un siervo negligente. Si él ha descuidado su trabajo, es un perezoso. Pero yo soy un siervo inútil cuando he hecho todo lo que se me ha ordenado hacer. ¿Se me desatiende? Esto es para ponerme a prueba.  Hay algo en mí que necesita esta prueba. Quizás necesito aprender que Dios puede hacer las cosas sin mí. Ahora que Cristo es rechazado, Dios obra. Si Él me usa, esto es un gran honor; si Él determina que descanse y no haga nada porque mi yo se llenó de orgullo, esto es una gran misericordia. Él está diciendo, por decirlo así, 'Que Yo sea tu satisfacción, que te sientas satisfecho con saber que Yo te amo.' ¿Estás satisfecho con Su amor? ¿Deseas el honor del hombre o el tuyo propio? Recuerda que una vez que hayas hecho todo lo que te he sido ordenado, es tiempo de decir, ¡siervo inútil!

 

         Versículos 11-19. La historia que leemos a continuación, muestra que cuando Dios introduce un nuevo poder, aquellos que habían tenido los primeros privilegios son los últimos en levantarse y reconocer lo que es mejor. Pero hay una fe forjada por Dios en el corazón, que libera de las formas secundarias establecidas alrededor de la voluntad de Dios en la pasada economía Judía. De esta forma, al reconocer a Dios en Jesús, esto lleva al alma más allá de la ley de un mandamiento carnal y la asocia con Él, en quien está el poder de una vida eternal. Esto nos ocupa con Su persona que está por sobre todo, estableciéndonos, no en una posición que deshonraría la ley ("en ninguna manera, sino que confirmamos la ley." {Romanos 3:31} por medio de la fe), sino en la libertad con la cual la verdad -el Hijo- nos hace libres. Todos fueron limpiados por la palabra del poder divino. Los nueve fueron a mostrarse a los sacerdotes, actuando conforme a la palabra de Jesús y hasta donde llegaba la fe de ellos. Pero el extranjero Samaritano percibió la gloria de Dios en lo que había sucedido, y volvió a Jesús y glorificaba a Dios a gran voz. Los demás reconocieron el poder que había venido, pero permanecieron en sus costumbres y asociaciones religiosas. El Samaritano, menos preocupado de las instituciones externas, regresó a la fuente del poder, no a su sombra y testimonio, cosas que la naturaleza siempre usa para esconder a Dios. Él había experimentado el poder divino en Jesús, y en vez de meramente gozar el don, muy humildemente pero en el denuedo y el decoro de la fe, regresa al Dador. "Se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias." Él no necesitaba ningún sacerdote. El sacerdote no limpiaba, no podía limpiar, sino sólo discernir y determinar que un hombre estaba limpio. El mal había puesto en un mismo nivel al Judío y al Samaritano. Ambos estaban igualmente excluidos de la comunión divina a causa de la lepra que los afligía. Pero Aquel que limpiaba a los leprosos bajo la ley era Aquel que dio la ley, y la palabra de Jesús, a un mismo tiempo, reconocía la ley y manifestaba a Jehová que la había dado. La gratitud de la fe fue un razonador más presto que la instrucción de la ley; ya que la bendición proporcionada por la obra y la presencia de Jesús fue, para los nueve, el medio de mantener la diferenciación  Judía, y para el décimo, la evidencia de la bondad divina. Para él, por consiguiente, eso fue una completa liberación. Él había llegado por medio de la fe, en gracia, al manantial del cual procedía la ley misma, y se le permitió ir en paz, sano por medio de su fe, teniendo libertad dada por Dios y con Dios, dando gracias y glorificándole a Él, e instruido, además, acerca de cuán aceptable era esto delante de Sus ojos.

         ¡Cuántos motivos podrían haber sido esgrimidos para ir y no regresar a Jesús! De qué forma podrían haber dicho los nueve Judíos: ¡Se te ordenó ir y mostrarte al sacerdote! Pero la fe se dirige directamente al corazón de Dios, y encuentra allí toda gracia y una autorización para retirarse en la libertad de la gracia. Para aquel que regresó a Jesús, limpiado y con agradecimientos desde el fondo de su corazón, los sacerdotes eran dejados atrás. En espíritu y figura, el Samaritano sanado fue trasladado a otro sistema por medio de la fe -a la gracia y a la libertad del evangelio. Es de gran bendición estar así en la fuente del poder y la bondad, y ahora Dios coloca allí solamente a los que creen. Si antes estábamos bajo la ley, nosotros hemos muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seamos de otro -del que resucitó de entre los muertos. (Romanos 7:4). Esta es la única manera de glorificar a Dios, por mucho que el hombre pueda abogar por la letra. Solamente así podemos gozarnos en Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos recibido ahora (no la ley, sino) la reconciliación. En Él, así conocido y disfrutado, tenemos todo y más de lo que los sacerdotes alguna vez concibieron. Tenemos comunión con el Padre y el Hijo por medio de la fe en Dios plenamente revelado. Tenemos que ver con Aquel que ahora está en el cielo, no con un templo y un sacerdote en la tierra. "Levántate, vete." Has encontrado la persona y la gloria del Señor. Estás más allá del sacerdote y del templo, tu fe ha traspasado el velo y ha encontrado a Uno mayor que ambos. Los demás continuaron su camino, limpiados, para estar bajo la ley. Pasmados por el Judaísmo, ellos no regresaron a glorificar a Dios. Al punto del evangelio al cual hemos llegado, todo esto es de plena importancia. Es otra luz que alumbra sobre la llegada del fin de la época de la  ley y de esa dispensación.

 

         En los siguientes versículos, desde el versículo 20 al 37, se planteó, de hecho, la pregunta acerca de la venida del reino de Dios. Los Fariseos preguntaron cuándo iba a venir, y el Señor los coloca en la clara responsabilidad de ellos. "El reino de Dios no vendrá con advertencia," o señales visibles exteriores. No se debe decir, ¡Helo aquí! o ¡Helo allí! porque ya en ese entonces estaba allí entre ellos. El Rey les estaba hablando. ¿Debían no conocerle ellos porque Él vino en gracia? Si Él se había humillado para conocer sus sufrimientos y para morir por sus pecados, ¿era esa una razón para no discernir Su grandeza y perfección moral manifestadas de diez mil formas? ¿Acaso Su santo amor a los pobres y culpables no probó, de manera suficientemente clara, quien era Él?  Si el corazón del hombre no se hubiese opuesto a todo aquello que era el deleite de Dios en el reino, si su vista no hubiese estado cegada para todo lo que era amable y de buen nombre, él se habría dado cuenta que mientras más Cristo se rebajaba, más maravillosas eran Sus obras.

         Él tenía otras cosas para decir a Sus discípulos. Él había sido desechado y los iba a dejar. El sufrimiento les esperaba. Ahora la posición de ellos podría ser una posición de prueba, como compañeros en Su rechazo, llegarían los días cuando ellos añorarían en vano por siquiera uno de esos días cuando habían gozado de un bendito y dulce trato con el Hijo del Hombre. Ellos, como Judíos en su tierra, sentirían la diferencia. Luego Satanás, para atraer y engañar en aquel día, llevará a los hombres a decir, "Helo aquí, o helo allí"; pero los discípulos conocerán su falsedad. No había ninguna esperanza para la nación que rechazó a Cristo. El Rey había estado allí pero había sido rechazado; Él ya no estaba ni "aquí" ni "allí. Este día, el Hijo del Hombre será "como el relámpago que al fulgurar resplandece desde un extremo del cielo hasta el otro. Pero primero es necesario que padezca mucho, y sea desechado por esta generación", es decir, los Judías incrédulos.

         Es evidente que, mientras el Señor toma este nombre de Hijo del Hombre para Sus discípulos, como revelando una relación más alta y amplia que la del nombre de Mesías, (cuyo vínculo fue roto y se perdió en el ruinoso rechazo de Él por parte de la nación), la totalidad de esta instrucción es de carácter Judío y encontrará su apropiado cumplimiento en un remanente piadoso en los últimos días. Aquí no se habla de la parte Cristiana, porque esa es una asociación de tipo celestial con Cristo, y nosotros tenemos sus grandes perfiles morales, a lo menos, en el capítulo 12 de Lucas. Aquí estamos en el terreno de la responsabilidad y no de la gracia celestial. Nosotros debemos separar el lugar de la iglesia con Cristo, del gobierno del mundo por Cristo. El carácter mismo del engaño predicho confirma esta distinción. Porque si alguno dijere al Cristiano, "aquí está el Cristo," él inmediatamente sabría que esto procede de Satanás, ya que nosotros nos vamos a encontrar con Él, no aquí o allí en la tierra, sino en el aire; 1 Tesalonicenses 4. Pero este no es el caso cuando tú consideras el gobierno del mundo. Allí la esperanza descansa en terreno Judío y, entonces, los testigos de Dios deben pasar por una tribulación tal como nunca antes la hubo. Ahora, a menos que fuesen expresamente prevenidos, ellos buscarían, naturalmente, aquí o allí al Libertador: ya que es en ese carácter que Sus pies se afirmarán sobre el Monte de los Olivos (Zacarías 14:4), y Él vendrá a Sion (Isaías 59:20), y Él vendrá de allí (Romanos 11:26). "Jehová enviará desde Sion la vara de tu poder; Domina en medio de tus enemigos." (Salmo 110:2). Todo esto, al mismo tiempo, se diferencia de la esperanza Cristiana y de su deseo; ya que nosotros no deseamos que nuestros enemigos sean destruidos sino convertidos, y estamos esperando ser arrebatados de entre ellos al cielo con el Salvador, en lugar de esperar que Él se una a nosotros y nos exalte bajo Su reinado en la tierra.

Pero, reitero, aquí el tema no es el sitio pasado que sufrió Jerusalén, ni el futuro juicio de los muertos. La captura de Jerusalén por parte del general romano Tito no fue como el relámpago, sino una lucha larga, feroz, duramente librada. Tampoco estuvieron los Judíos, hasta el momento del golpe final de esa batalla, en un estado de tranquilidad o de seguridad carnal, descansando en la continuación de las cosas tal como estaban hasta ese momento, como en los días de Noé y de Lot. Lo repentino del juicio es el primer fracaso de ellos, la certeza es el siguiente, la certeza que discrimina, y ninguna de estas cosas se podían decir, justamente, de los Romanos. Adentro o afuera, descansando u obrando, hombre o mujer, no importaba, Dios quemaría la paja y preservaría el trigo: "el uno será tomado, y el otro será dejado." Luego, hay un sello local y terrenal, que descarta que esta sea la escena del juicio del gran trono blanco. Puesto que no hay ningún parecido entre el juicio de los muertos y el diluvio o el destino de Sodoma. Esto es el fin del siglo (N. del T.: de la edad), no el fin del mundo, y es un juicio sobre un pueblo temporal, y más especialmente sobre la ciudad de ellos; ya que se dice que no debían descender al interior de la casa, si estaban en la azotea; y que si estaban en el campo, no debían volver atrás. Ninguna de estas cosas se podría decir acerca de los muertos, y tanto menos lo de la cama y el molino. Este no será un tiempo para motivos humanos, engaños o concesiones (vers. 33). La sabiduría verdadera y salvadora será la fidelidad al Señor y a Su testimonio. El día de la revelación del Hijo del Hombre estaba en cuestión -Su juicio de los vivos, y especialmente de una generación que Le había rechazado y que fue causante de Su sufrimiento. Si ellos preguntaban, "¿dónde?", la palabra solemne para la conciencia era, "Donde estuviere el cuerpo", el cadáver, caerían los prontos e inevitables juicios de Dios.

 

CAPÍTULO 18

 

         Nosotros vimos, desde el versículo 20 hasta el final del capítulo anterior, que el reino de Dios fue presentado, en primer lugar, en la persona de Jesús, como un asunto de fe, no de manifestación externa, no de un "Helo aquí" o un "Helo allí" y, en segundo lugar, en forma de juicio, que liberará al remanente por medio de la ejecución de la venganza divina en sus enemigos.

 

         Versículos 1 al 8. Los primeros seis versículos de nuestro capítulo completan la advertencia profética, y muestran que el recurso del justo en los últimos días será la oración. No obstante, aunque la parábola tiene su especial aplicación a la opresión futura de los testigos de Dios quienes, en aquel entonces se encontrarán en Jerusalén, la instrucción, como de costumbre en este evangelio, se vuelve general, de modo de satisfacer cualquiera o todo tipo de dificultad por medio de las cuales los hombres podrían ser probados. "También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar." La fe sería puesta a prueba. Si se mirase a Dios, y no solamente a la bendición, los hombres no desmayarían, aunque no hubiese respuesta. Ellos continuarían, siempre con los ojos puestos arriba, aunque todo pareciera estar contra ellos. La viuda representa a aquellos que no tienen ningún recurso humano: el recurso de ellos será la constancia en la oración. Tal será la semilla piadosa en Israel, aquí ya todo se refiere al remanente, y no a la iglesia. Ellos suplicarán al juez para que los vengue de su adversario. La paciencia y la confianza de ellos pueden ser profundamente probadas, pero no clamarán en vano. "Y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto. ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche?" Puede que él sea lento en asumir la causa de ellos; pero una vez que Él se levante, Él obrará con prontitud en la tierra. Mientras tanto, la paciencia debe tener su obra completa. En Jesús ella tuvo su plena perfección. Hubo rechazo y afrenta de parte de los hombres, el abandono de los discípulos, el poder de Satanás, la copa de la ira de Dios; pero Él pasó por todo para la gloria de Dios. En detalle, nosotros también debemos ser zarandeados, y encontrar todas las circunstancias contra nosotros, pero Dios está por nosotros, aún más que si tuviéramos ayuda externa, un poder milagroso, la iglesia en buen estado, etc. Incluso el gozo puede obstaculizar nuestra completa  dependencia de Dios, haciéndonos olvidar, prácticamente, que la carne no sirve para nada. Cuando ninguna de las circunstancias te conduce a tener alguna esperanza, ¿está puesta tu esperanza en Él?  La carne puede seguir actuando por un buen tiempo, como en el caso de Saúl; pero solamente la fe puede esperar con todas las cosas en contra de ella. Es, entonces, la vida divina dependiendo del poder divino. Así fue en forma preeminente en Cristo. "Creí; por tanto hablé." (Salmo 116:10). Él descendió al polvo de la muerte, y ha introducido un orden de cosas totalmente nuevo. Nosotros, teniendo el mismo espíritu de fe -también creemos, y por tanto hablamos. "Por tanto, nosotros de ahora en adelante, no conocemos a nadie según la carne: y aunque hayamos conocido a Cristo según la carne, ahora empero no le conocemos más así. Por tanto si alguno está en Cristo, es una nueva criatura." (2 Corintios 5: 16, 17 - VM). Cristo ha muerto, ha resucitado, y ahora está sentado a la diestra de Dios. Teniendo esta vida, nosotros somos puestos a prueba en forma práctica para aprender la lección de la muerte y la resurrección, donde nada más que Dios puede sostener.

         En la parábola hay dos asuntos a considerar. Si el juez injusto escucha y obra a favor del indefenso, por el motivo que fuere, ¿no lo hará Dios? Pero esto está lejos de ser todo. Dios tiene Sus afectos, no sólo Su carácter, sino que tiene objetos de Su deleite. "¿Y acaso Dios no defenderá la causa de sus escogidos,...?" etc. (Lucas 18:7 - VM). Nunca sería un Dios justo, aquel que defendiera la causa del mal para presentarlo como luz, o que dejase que el malvado quede sin castigo. Porque entonces, ¿cómo podría Él juzgar el mundo? Él escucha el clamor de los oprimidos día y noche, y es el clamor de Sus propios escogidos. "Yo os digo que defenderá su causa presto." (Lucas 18:8 - VM). Pero, ¿estará allí la fe que espera Su intervención? Ellos clamarán a causa de la angustia y Dios escuchará. No obstante, se levanta la interrogante, "Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?" ¿Esa fe que está fundamentada en el conocer a Dios en una comunión de paz? ¿No será este, más bien, el clamor de los justos, en amargura de espíritu, un clamor forzado a salir de ellos, y no el clamor del deseo?

 

         Versículo 9. Tenemos, a continuación, las características morales y apropiadas del reino, características que están en armonía o en discordancia con el estado de cosas introducido por la gracia. El Fariseo y el publicano no presentan la doctrina de la expiación o de la justificación por la fe, sino la certeza de que la justicia propia disgusta a Dios, y que la humildad causada por nuestros pecados es muy aceptable a Sus ojos. El Fariseo no pone a Dios a un lado. Él "oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias..." Pero, a renglón seguido, él agradece a Dios por lo que él es y no por lo que Dios es. La única esperanza del publicano estaba puesta en Dios mismo. Él era muy ignorante, no hay duda, pero tenía el espíritu correcto para acercarse a Dios. La luz había entrado y le había mostrado que era un pecador, y se sometió a la dolorosa convicción, y confesó la verdad acerca de su estado a Dios. Él fue dirigido hacia la misericordia de Dios para con su alma. Él no osó apelar a la justicia, no pidió indiferencia, sino que pidió aquella misericordia que mide el pecado y lo perdona. La revelación de la gracia aún no había entrado, aún no había sido hecha la obra de la reconciliación, de modo que el publicano se mantuvo "lejos", pero su corazón fue tocado, y Dios era lo que él deseaba. Si en el presente un alma es traída a darse cuenta del pecado, no necesita, y no debería, mantenerse lejos. La gracia de Dios que trae salvación ha aparecido. No obstante, aunque él no conocía, ni podía conocer así la gracia, el publicano muestra su verdadero carácter y el verdadero carácter de Dios. No era un conocimiento pleno, pero el conocimiento, hasta donde llegaba, era verdadero. "Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido." (Lucas 18:14). ¡Esta es una verdad universal! pero, ¿dónde se mostró de esta forma sino en Jesús? Ya que si el primer hombre, al exaltarse a sí mismo, fue humillado hasta el infierno, Aquel que era Dios se despojó a Sí mismo y se humilló a Sí mismo hasta la muerte, y muerte de cruz. "Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo," etc. (Filipenses 2: 7-9).

         En un sentido, los hombres no se pueden humillar a sí mismos, puesto que ya son pecadores, y no pueden rebajarse más; un santo puede. La verdadera humildad es el olvido del yo.

        

         Esto es ilustrado aún más por el incidente que se presenta a continuación (versículos 15-17), donde ellos traían "niños muy pequeños" (Lucas 18:15 - LBLA) a Jesús, para que Él los tocase. Esta es la humildad de verdadera insignificancia, así como la anterior era debida a la pecaminosidad. ¿Quién se preocuparía por seres de tan pequeña importancia? No los discípulos, sino Jesús. El Señor se deleitaba en ellos, y ese es el espíritu del reino de Dios. Y aquí, también, sale a la luz una máxima moral general. Si un hombre ha de entrar en ese reino, toda confianza en el yo debe ser quebrantada, y la verdad debe ser recibida en forma simple, de la forma en que un niño pequeño escucha a su madre. De no ser así, Dios y el hombre no están en la posición que les corresponde. Cuando Él habla, todo lo que yo tengo que hacer es escuchar. Esta es la humildad del anonadarse, así como la otra era a causa del pecado.

 

         A continuación, en los versículos 18 al 28 viene la pregunta acerca de qué hacer para heredar la vida eterna, no la salvación para un perdido, sino aquello que examina el corazón hasta el fondo. El joven tenía un carácter adorable, contemplado como una criatura. Ya que si en el mundo hay estragos del pecado, también hay allí rastros de Dios. Este principal no vio a Dios en Cristo. Moralmente atraído, él llegó a aprender a hacer lo bueno, sin dudar de su propia competencia. Él solamente vio en Jesús a un hombre perfectamente bueno y, por consiguiente, uno eminentemente capacitado para aconsejarle y guiarle en el mismo camino. El pecado, por un lado, y la gracia, por el otro, eran totalmente ignorados por él. No se conocía a sí mismo ni conocía a Dios. No hay hombre bueno. Todos se han descarriado. El hombre es un pecador, y necesita que Dios le sea propicio: es incompetente para hacer lo bueno que satisface a Dios.

         El Señor trató con el joven principal sobre la base de su propia asunción de que podía hacer lo bueno, con el propósito de sacar a la luz lo que él era. El buen Maestro, a quién había apelado, pone a prueba lo que su corazón es realmente.  "Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes . . . y ven, sígueme." ¿Dejaría él de confiar en su propia importancia? Después de todo, él amaba demasiado sus riquezas. "Se puso muy triste, porque era muy rico." ¿Acaso tales cosas no habían sido prometidas a los Judíos como una bendición? Cristo les muestra que son una trampa. Pero, entonces, ¡ellas hacen muy bien! No, ¿son buenas para tu corazón? No es que estas cosas no puedan ser usadas en gracia; pero el hombre no conocía su propio corazón. El bien no está allí, ni la fuerza que lo produzca. Cada motivo que gobierna al hombre es arrancado de raíz por medio de la cruz. Pero todo lo de adentro  está mal, y yo nunca puedo producir algo adecuado para Dios a partir de un material malo. Por consiguiente, yo necesito a Dios, quien me puede dar una naturaleza nueva y santa, quien puede ser misericordioso para conmigo debido a que Él está por sobre todo pecado. El manantial de todo bien es aquel que fluye de Dios y no del hombre. Es una imposibilidad, en lo que respecta al hombre, que alguno pueda ser salvo. El pecado ha arruinado al hombre y a todas sus esperanzas. Si uno mira los medios de los cuales el hombre puede sacar provecho, ellos son completamente inútiles para salvarle. Pero, "lo que es imposible para los hombres," dijo el Salvador, "es posible para Dios." Tal es el único fundamento para el pecador.

 

         Por otra parte (versículos 28 al 30), si Pedro está presto para hablar de cuan consagrados son los discípulos, al dejar todo y seguir a Jesús, el Señor muestra la certeza de que cada pérdida, a causa del reino, se transformará en mucho más en este tiempo, y en el mundo por venir.

 

         Pero Él enlaza todo (versículos 31 al 33) con lo que vendría sobre Su propia persona. Ellos subían a Jerusalén; pero, ¿para qué? Él, el Mesías, "será entregado a los gentiles, y será escarnecido, y afrentado, y escupido. Y después que le hayan azotado, le matarán." Todas las esperanzas deben acabar aquí: "Y aunque hayamos conocido a Cristo según la carne, ahora empero no le conocemos más así." (2 Corintios 5:16 - VM). Incluso Él, si va a liberar a los perdidos, debe descender al polvo de la muerte. Cristo no tiene ninguna asociación con el hombre pecador. ¿Cómo, entonces, puede Él liberar? Él debe morir en nuestro lugar; él no puede tomar la corrupción en unión con Él.  Un Cristo vivo, podemos decir en forma reverente, no nos podía liberar, siendo este pensamiento consistente con la naturaleza y el carácter de Dios; la redención era una necesidad. "Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto." (Juan 12:24).

         Pero era el único medio de una salvación santa; la plena maldad del hombre salió a la luz en el rechazo y la muerte de Cristo. Él odió lo que está en Dios y a Aquel que es Dios -odió a ambos, tanto al Hijo como al Padre. Toda interrogante acerca de la justicia humana es resuelta y negada para siempre. ¡Pero cuán lamentable! los discípulos no entendían ninguna de estas cosas, ni Su vergüenza y muerte, ni Su resurrección. Esto era el cumplimiento de lo que los profetas habían escrito con respecto al Hijo del Hombre. Pero ellos no sabían lo que Él decía y lo que los otros escribieron. La muerte de Cristo manifestaría lo que el hombre era, y lo que Dios era; Su resurrección demostraría el poder de vida que puede liberar a los muertos. Pero Él no fue comprendido.

 

         El versículo 34 cerró esa parte de nuestro Evangelio que muestra la introducción de una dispensación nueva y celestial. Con el versículo 35 entramos al relato histórico del último trato del Señor con los Judíos. "Hijo del Hombre" era el carácter general del Evangelio, pero ahora, en medio de Israel, Él toma para sí aquel de "Hijo de David". Jericó fue el primer lugar al que Israel debía hablar cuando ellos cruzaron el Jordán, y se pronunció una maldición especial contra esta ciudad. Pero Israel no había caminado en obediencia, y el Mesías no entra como el rey en su gloria exterior, sino como el rechazado Jesús de Nazaret, con bendición para el remanente que Le recibió en fe.

         "Aconteció que acercándose Jesús a Jericó," etc. No dice 'llegó cerca', como si necesariamente fuera Su primer acercamiento, sino una expresión general, tan aplicable a Su acercarse como a cuando Él deja la ciudad. (Comparen con Mateo 20: 29-34 y Marcos 10: 46-52). "Un ciego estaba sentado junto al camino mendigando . . . Entonces dio voces, diciendo: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!" Él fue reprendido por muchos, pero estaba la perseverancia de la fe, y él clamó aún mucho más, "¡Hijo de David, ten misericordia de mí!" Aquí había una muestra del poder del Nombre que Israel rechazó. Los ojos del ciego fueron abiertos, como lo serán los del remanente en el futuro.

 

CAPÍTULO 19

 

         A continuación, tenemos el relato de Zaqueo (cap. 19: 1-10), ya que el Espíritu de Dios no restringió a Lucas al mero orden cronológico; y bajo el punto de vista moral, esto era la continuación apropiada a la sanación del ciego.  Encontrada solamente en este Evangelio, esta es una ilustración asombrosa de la gracia que recibe a un hombre, sin importar cuan bajo es, y frente a los prejuicios Judíos. Puesto que un publicano, un rico jefe de los publicanos, era precisamente un objeto de aborrecimiento para aquellos que le consideraban como la expresión del dominio Gentil. Todo estaba equivocado por el pecado, e Israel no se humilló. Con todo, era una triste posición para un Israelita, no obstante lo honesto y concienzudo que Zaqueo pudiese ser en ella. Pero era el día de la gracia, y él  "procuraba ver quién era Jesús." Había dificultades, impedimentos en él y alrededor; pero la fe persevera a pesar de la oposición. Así como el ciego se adhirió a su objeto, igualmente el rico publicano se impuso ver a Jesús. Esto marca la forma de obrar del Espíritu de Dios -la aprehensión del valor del objeto. Lo deseamos y queremos más de él; conocemos lo suficiente para desear más. Es un apetito producido por el Espíritu Santo. Es una cosa terrible si nosotros, como Cristianos, no ansiamos, no estamos hambrientos y sedientos buscando un mayor gozo en Dios; ya que donde no hay lo anterior, han entrado en el alma la falta de vida y la apatía.

         Jesús llegó al lugar, y le vio y le dijo, "Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa. Entonces él descendió aprisa, y le recibió gozoso." Él aún no conocía plenamente a Jesús, pero su deseo había sido cumplido, y estaba gozoso. No era ni la ley ni la gloria, sino un Mesías oculto que había venido en plena gracia. Había evidencia abundante de lo que Él era, pero Él descendió en gracia donde ellos estaban. Sin importar lo que la gente pensaba. Encontrar a Jesús era todo. Zaqueo tenía la respuesta a la necesidad que la gracia divina había creado. Al principio, la gracia no da el conocimiento de la obra de Cristo; puede haber un pequeño entendimiento o ninguno en absoluto del hecho de que nosotros somos "hechos justicia de Dios en él." (2 Corintios 5:21). De ahí que el primer gozo mengua a menudo; porque, cuando la conciencia es acusada, yo deseo estar consciente de esa justicia. El primer gozo es, constantemente, aquel de descubrir que poseemos la sentida necesidad del alma por Cristo; pero el asunto completo en cuanto a la justicia puede que aún haya de ser enfrentado en la conciencia, aunque, desde luego, cada creyente, al poseer a Cristo, posee realmente la justicia divina. Sin embargo, así como hay mucho que aprender, también hay gozo. Nuevos intereses son despertados, surgen nuevos deseos, se obtiene una nueva percepción de lo bueno y lo malo. Cuando hay un sentido profundo de  lo que se ha de perder y lo que se ha de salvar, el mundo (el hombre) es un asunto insignificante. Pero cuando la presión sobre la conciencia es removida, muy a menudo la naturaleza vuelve a tomar su lugar, y Cristo no es el todo ni todo lo que el santo desea.

         El corazón de Zaqueo es abierto. Hay confianza, la cual se demuestra. Puede que nunca haya habido tanto esfuerzo honesto para satisfacer la conciencia en su falsa posición; pero, después de todo, ¡qué lugar era ese! Los hombres murmuraron. El Señor pasa todo por alto. La autodefensa no era necesaria. El Señor no acusó, y no habla de otra cosa sino de la salvación que había venido ese día a la casa. Zaqueo era un hijo de Abraham, y el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido. ¿Qué podía objetar un Fariseo?  Se había efectuado una obra en la conciencia de Zaqueo, pero el Hijo del Hombre vino y la palabra era salvación. Él la trae. Él dio aquello en lo que Zaqueo había pensado poco. Él vino a satisfacer la necesidad que Él había creado. El vino a buscar, es decir, a producir el deseo; y a salvar, es decir, a satisfacer la necesidad.

 

         El Señor estaba ahora cerca de Jerusalén y entonces Él añadió una parábola para corregir el pensamiento de que el reino de Dios iba a aparecer inmediatamente; ya que Jerusalén es la ciudad del gran Rey, y el asunto de Su rechazo concluiría allí. Él muestra, por el contrario, que Él se iba -se iba a un país lejano, al cielo, donde Él iba a recibir el reino y volver. No había llegado el tiempo de establecer el reino en la tierra. En el entretanto, lo que tenían que hacer Sus siervos era negociar con el dinero que Él les había entregado. Una vez vuelto, habiendo recibido el reino, Él les asigna lugares conforme a la fidelidad de ellos; ya que en el escrito de Lucas es un asunto de la responsabilidad del hombre; en la parábola correspondiente en Mateo, el tema principal es la soberanía de Dios. En Mateo aparecen diferencias en los dones, en Lucas aparecen diferencias en las recompensas. En Lucas, cada siervo recibe del Señor una mina; en Mateo, todos los que obtuvieron ganancia al negociar entran igualmente al gozo de su Señor. Aquí, todo el énfasis se pone en negociar. "Negociad entre tanto que vengo." Nuestra posición es servir a un Salvador rechazado hasta que Él venga otra vez. Nosotros no debemos compartir aún en la gloria del reino. Cuando Él vuelva, todo será dispuesto imparcialmente, y habrá aquello que responde a la autoridad sobre diez ciudades y sobre cinco. La justicia de Dios es la misma, tanto para nosotros como para Pablo; pero puesto que hay un servicio muy diferente, y diferentes medidas de fidelidad, de igual forma habrá diferencia de recompensa. Sin duda, esta es la gracia que obra y, con todo, aquí hay recompensa al servicio fiel. El secreto de todo servicio es la debida apreciación de la gracia del Maestro. Si uno Le teme como un "hombre severo", hay infidelidad también, incluso en los propios principios de uno mismo.

 

         El versículo 26 es un principio universal. Cuando por medio de la gracia está la comprensión en nuestras almas de la verdad que nos es presentada, nosotros somos parte de aquellos 'que tienen'. Pero si una verdad viene ante un hombre, y él habla acerca de ella sin que se mezcle con fe en su corazón, "aun lo que tiene se le quitará."  La verdad, si revela a Cristo, hace que me humille y trata con el mal en mi interior. Entonces esto no es solamente Cristo como un objeto fuera de mí, sino que es un Cristo vivo en mi alma. El conocimiento, que no tiene poder sobre la conciencia, solamente envanece. Si no se actúa conforme a la verdad, esto trae problemas a la conciencia. Pero, ¡cuán a menudo uno ve una conciencia, habiendo perdido la luz, muy cómoda en un estándar inferior al anterior, gozándose por haberse librado del problema, aunque la luz de la verdad se haya perdido junto con él! El alma se ha hundido debajo de aquello que había ejercitado la conciencia y, de esta forma, todo el estándar, todo el principio y toda la vida son rebajados, y las oportunidades para ganar a Cristo se pierden para siempre.

         Reteniendo la verdad -Cristo- yo le tengo a Él como si fuese una parte de mí mismo, y aprendo a odiar el mal y a deleitarme en el bien; para que yo consiga más, hasta crecer en Cristo, a la medida de la estatura de Su plenitud.  Los deberes comunes no nos apartan de Él: desde estos deberes, el corazón regresa con renovado deleite a su propio centro. Lo que estropea nuestro gozo es el corazón aferrándose a la vanidad; es cualquier cosa que exalte el 'yo' y rebaje a Cristo -incluso un pensamiento ocioso, si permitimos que entre en el corazón. En cuanto a los conciudadanos, los Judíos sobre los cuales Él tenía derechos como rey, la voluntad de ellos estaba en contra de Él, no sólo odiándole mientras Él estaba allí entre ellos, sino, por sobre todo, enviando tras Él una embajada, diciendo: "No queremos que éste reine sobre nosotros." Una venganza sin perdón debe tomar su curso sobre ellos en Su presencia.

 

         Versículo 28. Jesús entra a Jerusalén como Mesías. Sus derechos como Señor de todo, debían ser afirmados y se debía actuar sobre la base de ellos.

 

         Versículos 29-36. Él se presenta a Sí mismo a Israel por última vez, en la humildad de la gracia, que tenía una importancia mucho mayor que el reino. Esto hace surgir el más marcado contraste entre los discípulos y los Fariseos. "La multitud de los discípulos, gozándose, comenzó a alabar a Dios a grandes voces", diciendo: "¡Bendito  el rey que viene en el nombre del Señor; paz en el cielo, y gloria en las alturas!. Entonces algunos de los fariseos de entre la multitud le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos", pero aprendieron de Sus labios que si estos se callaban, las piedras mismas clamarían. Debe haber un testimonio de Su gloria; versículos 37-40.

         Cuando Jesús nació, los ángeles lo anunciaron a los pobres del rebaño, y las huestes celestiales alabaron a Dios, diciendo, "¡Gloria en las alturas a Dios, y sobre la tierra paz; entre los hombres buena voluntad!" (Lucas 2:14 - VM). Tal será el resultado y los ángeles lo anticipan, sin referirse a los obstáculos o a los medios. Pero Cristo fue rechazado aquí abajo; y los discípulos dicen ahora: "paz en el cielo, y gloria en las alturas." Cuando se plantea el tema del poder, para establecer el reino, entonces vemos que habrá guerra (Apocalipsis 12). De hecho, no puede haber paz en el cielo hasta que Satanás y sus huestes sean expulsados. Entonces será establecido el Rey en poder, cuando los obstáculos sean sacados fuera del camino. El Salmo 118 celebra esto, Su misericordia que es para siempre, a pesar de todos los pecados del pueblo. Este es el cántico del día postrero. Si Dios envía paz a la tierra en la persona de Su Hijo, es en vano, no en cuanto al logro, sino en cuanto al efecto presente. Mientras tanto, para la fe, hay paz en el cielo, y cuando esto es afirmado en poder contra los espíritus malos en los lugares celestiales, ciertamente habrá bendición. ¡Oh, qué tiempo será aquel! ¡Qué alivio para la obra de la gracia de Dios! Puesto que ahora siempre es trabajar y velar. ¿Qué? ¿Siempre? Sí, siempre; y eso no es el reposo. Pero entonces lo será, tan seguro como Dios toma Su gran poder y reina. "En aquel tiempo responderé, dice Jehová, yo responderé a los cielos," etc. (Oseas 2). Habrá una cadena irrompible de bendición, y eso también en la tierra. Esto no será, 'un edificio, y otra morada', sino bendición fluyendo desde lo alto y rodeando al más bajo y al menos importante. Hasta entonces, tal como ahora, la palabra es sufrir en la gracia, no poder victorioso. Nunca temas la persecución: esta hará que tu rostro resplandezca como el rostro de un ángel. Pero Dios no podía callar si Su propio Hijo fuese expulsado. Él podía dejar que Él sufriera, pero no sin un testimonio. Si no había otros que lo hicieran, las piedras clamarían. Y, de igual manera, si nosotros somos fieles y estamos cerca de Cristo, esto se volverá un testimonio.

 

         Después (versículos 41 al 44) tenemos, no la maldición de la higuera, sino el espíritu de gracia en el llanto del Señor sobre la ciudad. Los consejos de Dios ciertamente se cumplirán, pero deberíamos conocer también Su real ternura mostrada en la persona de Jesús. Esas lágrimas no eran en vano, independientemente de las apariencias. Era el tiempo de la visitación de Jerusalén, pero la ella no lo sabía. Nosotros deberíamos, como teniendo la mente de Cristo, saber cuándo y cómo interceder espiritualmente. Nosotros somos carta de Cristo, en la cual el mundo debería poder leer lo que Dios es. Cristo manifestó a Dios perfectamente. Pero, ¿qué es lo que Él encontró en el pueblo? Vean los versículos 45, 46. Dios declara a Su casa como casa de oración: los hombres -los Judíos- la habían hecho cueva de ladrones. Fue una estimación moral terrible, pero este es el verdadero modo de juzgar; es decir, teniendo la Palabra de Dios, para tomar los hechos tal como son. Nosotros somos ignorantes y moralmente incapaces de juzgar sin la Palabra de Dios. Dejemos que la mirada se fije sobre Cristo y que nuestro juicio sobre las cosas que nos rodean sea formado por la Palabra de Dios.

 

CAPÍTULO 20

 

         La primera interrogante planteada por los escribas fue en cuanto a la autoridad de Cristo y su fuente. Jesús los interroga acerca del bautismo de Juan: "¿era del cielo, o de los hombres?". Ellos razonaron sin conciencia. Reconocieron la incompetencia de ellos más que reconocer Su calidad de Mesías. El sencillo hijo de Dios recibe la palabra con la misma seguridad con que Cristo la entrega. La confianza en la palabra de Dios es el único terreno seguro. ¿Cómo puedes tú estar seguro? Porque Dios lo ha dicho. Si lo que habla Dios requiere una prueba, significa que yo debo tener algo más seguro y veraz que Dios. ¿Es esto la iglesia? ¡Cuán lamentable! ¡Cuán lamentable! . . . Si Dios no puede hablar de una forma que reclama autoridad, sin otro que acredite lo que Él dice, entonces no existe la tal llamada fe.

 

         La parábola de los labradores (versículos 9-18) da cuenta de los tratos del Señor con Israel, a quienes la viña fue primero dejada, y, luego del rechazo del "heredero", la viña es dada a otros. Y esto no era todo. La piedra desechada viene a ser la cabeza del ángulo. Todo el que caía sobre aquella piedra debía ser quebrantado; más sobre quien ella caía, el resultado sería de completa destrucción. Lo primero es ilustrado por los pecados pasados de Jerusalén; para lo segundo, nosotros debemos esperar la ejecución del juicio cuando el Señor aparezca.

 

         Versículo 19. La pregunta acerca del tributo a César fue muy sutil. Ellos usaron el efecto de su propia maldad para tentar al Señor. En teoría, los Judíos no debían haber estado sometidos a los Gentiles, y, es más, el Mesías había venido, el Libertador de Israel. Si Él dijera, 'Obedezcan a los Gentiles', ¿dónde estaba su poder liberador? Si Él dijera, 'Rebélense', ellos habrían tenido una excusa para entregarle a Pilato. A causa del pecado de Israel, Dios ha quebrantado la piedra principal de las naciones, y ha dado poder a los Gentiles. El Judío ha sido rebelde bajo la sentencia, y siempre anhelando liberación de su servidumbre. Pero el Señor respondió con sabiduría divina. Él los  coloca exactamente en el lugar donde su pecado los había colocado: las cosas que pertenecen a César han de ser dadas a César, y las de Dios a Dios.

 

         Después de zanjar el asunto en cuanto a este mundo entre Dios y el pueblo, Él después se encuentra con los Saduceos o con la dificultad escéptica en cuanto al otro mundo; versículos 27 al 48. El Señor muestra el lugar de los santos resucitados en completo contraste con el mundo. La idea de una resurrección general es puesta aparte. Si todos resucitan juntos, hay incertidumbre, un juicio común, etc.; pero si los santos resucitan por ser ellos mismos hijos de Dios, dejando al resto de los muertos para una resurrección diferente y distinta -una resurrección de juicio- todo es cambiado. Ningún pasaje de la escritura habla de ambos resucitando juntos. La resurrección es aquello que, por sobre todo, hace una distinción, y esto, para siempre. Esto es el gran testimonio a la diferencia entre el bien y el mal. El santo resucitará debido a que el Espíritu de Cristo mora en él -la aplicación a su cuerpo de aquel poder de vida en Cristo que ya ha vivificado su alma. Es una resurrección de entre los muertos, tal como fue la de Cristo. De esta forma aquí, "los que fueren tenidos por dignos de alcanzar aquel siglo," porque esto es así, "y la resurrección de entre los muertos." "Son iguales a los ángeles, y son hijos de Dios." Lucas agrega otro punto característico omitido en otra parte; "pues para él todos viven." Este es el bendito sentido presente de estar vivos  para Dios de aquellos que han muerto y esperan la resurrección de entre los muertos.

 

         Luego, en los versículos 41 al 44, el Señor hace Su pregunta, ¿Cómo es que el Hijo de David es Señor de David?

         Esto es justo lo que los Judíos no podían entender. Era algo de lo cual dependía el cambio en todo el sistema moral.  Él había tomado el lugar del Único santo dependiente, un peregrino como otros, y en el camino había bebido del torrente. Él seguía adelante en mansedumbre y paz, pero viviendo por los refrigerios que venían de Dios Su Padre. Habiéndose despojado a Sí mismo, humillado a Sí mismo, Él está ahora exaltado por Dios. Este gran principio universal, "el que se humilla será enaltecido" y aquel "que se enaltece, será humillado", está plenamente ejemplificado en los dos Adanes. El primer Adán, la naturaleza humana, se exaltaría a sí mismo para ser "como Dios", hasta que en su plena madurez el Anticristo se exaltará a sí mismo por sobre todo lo que se llame Dios, o sea objeto de culto (2 Tesalonicenses 2: 3, 4).

         Satanás tentó al hombre al principio para hacerle como Dios, y al final Dios les enviará un poder engañoso para que crean la mentira. Satanás, no pudiendo exaltarse a sí mismo en el cielo, tratará de hacerlo a través de la simiente del hombre; pero al final será humillado; Isaías 14: 12-15. En el postrer Adán, tenemos a Aquel que era Dios humillándose a Sí mismo, rebajándose, haciéndose obediente hasta la muerte, incluso la más vil, y luego vemos a aquel Único humillado regresando al lugar de poder a la diestra de Dios, pero como hombre así como Dios. Dios le exaltó hasta lo sumo, para que en el hombre de Jesús se doble toda rodilla. (Filipenses 2: 9-11). Habiendo sido obediente hasta el final, en humillación, Él es enaltecido para ser Señor de David. Esto Le sacó de la línea de promesas Judías aunque como Hijo de David, desde luego, Él las tuviera.

         Los Judíos no entendían las Escrituras, y las cumplieron a causa de no entenderlas. Los modos de Dios habían continuado a través de todo, manifestando Su gracia y paciencia para con los hombres. Él colocó al hombre en la tierra, y luego envió la ley, los profetas, etc., hasta que el hombre llega al final al rechazar todo. Dios probó al hombre y entonces introduce el hombre nuevo, quien es la realización de todos Sus benditos consejos -el segundo Hombre. Entonces Él lleva al postrer Adán como el hombre celestial a un lugar celestial y todo ahora no depende de la responsabilidad del hombre sino de la estabilidad de Dios. La vida, la justicia y la gloria descienden del cielo. ¿Acaso lo que se necesita es vida? Dios da la vida de Cristo resucitado. ¿Se necesita justicia? La que Dios da es una justicia divina. ¿Se necesita un reino? Es el reino de los cielos. Todo fluye y se derrama no simplemente desde Dios en gracia, sino desde el lugar que el hombre tiene en la gloria, desde los consejos de Dios acerca del hombre celestial en la gloria. Él primero Le llevó arriba, y desde ese lugar fluyen y se derraman las bendiciones. El hombre Cristo Jesús ha cumplido plenamente todas las responsabilidades del hombre. Esta es la razón de la plenitud de la bendición del evangelio, y también del reino que ha de venir. El evangelio es el poder de Dios, y el reino debe ser establecido arriba en el cielo. El rey se marchó a un país lejano; y cuando Él vuelva, será para introducir el reino de los cielos. Todos los consejos de Dios tienen ahora su centro y asiento en el cielo. Así, de manera más amplia, el momento decisivo en todos los planes y consejos de Dios es Jesús siendo establecido a la diestra de Dios. Todo el carácter, la estabilidad, y la perfección de nuestra bendición tienen su fuente en Jesús enaltecido. El carácter de todo ello es celestial; la estabilidad consiste en lo que Dios ha hecho; y la justicia que me hace apto para esto es la justicia de Dios.

         El Espíritu de Dios, el Espíritu Santo, ha descendido para dar testimonio de Él, sobre quien descansa la paz del alma, incluso sobre la cumplida justicia de Él quien es llevado arriba a la gloria. Su tarea es obrar en el interior y  hacernos manifestar aquí abajo lo que Dios es. Todo esto lo tenemos nosotros como resultado de que Cristo, en vez de cumplir las promesas como Hijo de David, las introduce como Señor de David.

         Presten atención a la bendición moral de este principio general: "el que se humilla será enaltecido." Cristo se humilló a Sí mismo -no fue humillado, ya que esto es otra cosa. "El que se humilla será enaltecido." Eso es lo que nosotros hemos de hacer -tomar el lugar más bajo. No podemos hacer esto sino hasta que somos Cristianos; pero es nuestra gloria tomar el lugar más bajo, y escucharle a Él decir, "Sube más arriba." Él nos dejó ejemplo, para que sigamos Sus pisadas. (1 Pedro 2:21). El Señor Jesús ha sido rechazado como Hijo de David; Él aparecerá como Señor de David.

 

         Ahora, mientras Él está escondido así, nosotros vemos el lugar de la iglesia. Nosotros y nuestra "vida está escondida con Cristo en Dios" (Colosenses 3:3), y tenemos nuestra porción por medio de la fe, como estando unidos a Él, mientras Él no está visible. El Espíritu Santo, habiendo descendido, nos da un lugar como estando asociados con Él en toda la bendición de la casa del Padre, y en toda la gloria que Él tiene, la que será exhibida pronto.

 

         La posición de Eva era de unión con Adán en el dominio sobre todas las cosas; Génesis 1: 26-28; 5:2. Nosotros nunca encontramos a la iglesia exhibiendo la gloria de Cristo, sólo como por gracia, la esposa y compañera de Cristo, como parte de la herencia. Incluso vistos individualmente, nosotros somos "coherederos con Cristo" (Romanos 8:17). Es de la máxima importancia para los santos del presente aprehender la distinguida posición que tenemos, como siendo uno con Cristo, el Hombre celestial.

 

CAPÍTULO 21

 

         En el final del capítulo 20 y el principio del capítulo 21 tenemos un contraste muy instructivo, aunque doloroso, entre la hipocresía egoísta de los escribas, a quienes Él condena ante el pueblo, y el verdadero fiel amor de la viuda, a quién Él escoge para honrarla. Observen, también, que el Señor sabe cómo separar la intención de un alma sincera del sistema que la rodea, juzgando el estado completo de aquello con lo cual el individuo está asociado. Observen, además, la diferencia que hay entre dar el propio sustento y dar lo que a uno le sobra. Es fácil hacer un cumplido a Dios con presentes y de esta manera estar, en realidad, satisfaciendo el yo; pero ella, que da su sustento, se da a sí misma en fidelidad a Dios, y demuestra su dependencia en Dios. De esta manera, "las dos blancas" de ella, que era todo lo que tenía, expresaron perfectamente todo esto: puesto que allí había necesidad y muchas otras dificultades, mientras que el aplauso de los hombres y el orgullo del dador no hallaron aquí lugar. Para el esplendor Judío la acción tenía poco valor; pero el Señor vio, y dio testimonio de la pobre viuda, al bendecirla por lo que hizo.

 

         Versículo 5 y siguientes. El relato que el Señor entrega en este Evangelio de los dolores de Jerusalén es también, como lo precedente, mucho más coincidente con el simple hecho del juicio sobre la nación y el cambio de dispensación.  Se diferencia mucho de Mateo 24, capítulo que se refiere por completo a lo que va a suceder al final (Nota del Traductor: durante la tribulación y luego del arrebatamiento de la Iglesia); mientras que nuestro Evangelio trata, más que los primeros dos, del tiempo de entonces y de la puesta a un lado de Jerusalén. De ahí que Lucas exponga claramente el sitio y la destrucción de la ciudad por Tito, y los tiempos de los Gentiles. Obsérvese también que la pregunta en el versículo 7 sólo comprende la destrucción predicha. Consecuentemente, en lo que sigue, tenemos el juicio de las naciones tomado como un todo, desde su destrucción de entonces hasta que los tiempos de los Gentiles (con cuya economía se ocupa mucho este Evangelio) se cumplan. Se levantará nación contra nación, y seguirán señales del cielo y dolores en la tierra. Y antes de todas estas cosas los discípulos serían objeto de  hostilidad, pero esto les sería ocasión para dar testimonio en vez de destruir el de ellos. Ellos debían seguir adelante testificando, mientras la infeliz ciudad fiel donde ellos estaban completaba su iniquidad. El Señor iba a permitir la prueba, pero ni un cabello de sus cabezas se iba a perder. Pero esto marcaría el final de la ciudad en esa época. La señal dada aquí no es, de ninguna manera, "la abominación desoladora", sino un hecho histórico - "Jerusalén rodeada de ejércitos." Su desolación ahora se acercaba. Ellos debían, entonces, huir, no debían regresar. Estos eran días de retribución (no se dice que eran días de tribulación sin precedentes, como en Mateo, que se refiere solamente a lo que sucederá en el día postrero, al final de la tribulación). Todo lo que estaba escrito se iba a cumplir. Hubo gran calamidad en la tierra, e ira sobre este pueblo. La matanza en primer lugar y después la cautividad, forjaron su cruel obra de devastación, y Jerusalén permanece hasta este momento*, como la jactancia y la presa de los amos Gentiles, y así debe ser hasta que los tiempos de ellos finalicen.

 

{*} (Nota del traductor: No olvidemos que este comentario fue escrito durante el siglo 19 y que en 1947 las Naciones Unidas planearon transformar a Jerusalén en una ciudad internacional. Al declararse la Independencia del Estado de Israel en 1948, los judíos y árabes lucharon por ella y finalmente fue dividida en 1949. En 1950 Jerusalén occidental fue declarada capital de Israel. La parte oriental fue anexada en 1967 y 1980 ambas partes, unificadas, son la capital del Estado.)

 

         En estos versículos anteriores (8 al 19) el Señor se explaya acerca de los peligros, deberes y pruebas de los discípulos antes del saqueo de Tito. Especialmente ellos debían tener cuidado de un falso libertador, y del clamor acerca de que el tiempo (es decir, de liberación) estaba cerca. Tampoco debían ellos aterrorizarse por guerras y sediciones, así como no dejarse seducir por medio de atrayentes promesas. "Es necesario que estas cosas acontezcan primero; pero el fin no será inmediatamente." Por lo demás, esto no era sólo confusión y ayes y señales de cambios que se avecinaban y maldad exterior. Antes de todo esto, ellos iban a estar en aflicción y sufrir  persecución por causa del nombre de Cristo.

 

         Luego, en los versículos 20 al 24, aparece el juicio concreto de la ciudad y del pueblo, prácticamente ya juzgados  por rechazarle a Él. En principio, esto se extiende hasta nuestros días. Pero no todo está cumplido aún. Ya que en el versículo 25 comienza la descripción del Señor de la escena final -un juicio, no meramente sobre los Judíos, sino  también sobre los Gentiles; ya que las potencias de los cielos, la fuente de autoridad, serán conmovidas, tal como se lee en Hageo 2 y Hebreos 12. No se dice que esto va a suceder inmediatamente después del sitio de Tito; sino que, al contrario, se deja un espacio de tiempo para el largo curso de la holladura de Jerusalén por parte de los Gentiles, hasta que los tiempos de ellos se cumplan. Es en Mateo donde nosotros debemos buscar la gran tribulación de los últimos días, puesto que este evangelista se ocupa con detenimiento con las consecuencias del rechazo del Mesías, especialmente para Israel. Por lo tanto, se dice allí: "E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días," es decir, de la breve crisis del "tiempo de angustia para Jacob" (Jeremías 30:7) aún por suceder.  Aquí en este evangelio, no obstante, después de la mención de los tiempos de los gentiles (versículo 24), se dice que, "Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas; desfalleciendo los hombres..." etc. Los hombres se asombraban debido a que ellos no veían el fin, y temblaron cuando fueron arrastrados a alguna terrible conclusión desconocida para ellos. Puesto que los principios estaban obrando, sin saber ellos de qué manera, arrastrándolos lo quisieran ellos o no.

 

         La venida del Hijo del Hombre reveló toda la escena a los discípulos. Pero queda claro, a partir de las circunstancias y especialmente a partir del carácter de la redención de la que se habla (versículo 28), que esto no es un asunto que tenga que ver con los Cristianos*, sino de discípulos que están en la tierra y de una liberación terrenal por medio del juicio aquí abajo. El Señor en Su misericordia transforma el terror del hombre en una señal de liberación para el remanente de aquel día.

 

{*} (Nota del traductor: la Iglesia ya habrá sido arrebatada cuando se produzca lo indicado en Lucas 21: 25-28).

 

         Los versículos 31 y 32 son interesantes en cuanto a este punto de vista, debido a que ellos suministran una notable evidencia de que, en primer lugar, (1.-) el reino de Dios no significa el evangelio de Su gracia; y, en segundo lugar, (2.-) las palabras "esta generación" no pueden referirse al espacio de tiempo comprendido desde la profecía hasta la destrucción de Jerusalén:

         1. Ya que cuando ellos vean que estas cosas comienzan a suceder, (y Él había hablado de la angustia final y universal para toda la tierra habitada, y no meramente de lo que ha acontecido a los Judíos), ellos deben concluir que está cerca el reino de Dios. Ahora, incluso si solamente fueran los Romanos removiendo su lugar y su nación, y aún más si esto incluye a la angustia del día final, es innegable que el evangelio ha abarcado un período más lejano y extenso que el primer período. De hecho, la manifestación de su influencia más bien disminuía antes de aquel  tiempo, como podemos ver en las epístolas posteriores. Pero las cosas vistas aquí eran señales, como el brotar de los árboles, y el reino de Dios será, evidentemente, cuando el Rey venga, cuando el Señor Dios Todopoderoso tome Su gran poder y reine. Es verdad que hubo un juicio parcial semejante cuando cayó Jerusalén, pero los versículos 25 al 28 no deberían dejar ninguna duda de un juicio más amplio subsiguiente, con señales que introducen, no las angustias de los Judíos, sino al Hijo del Hombre viniendo en Su reino.

         2. Por una razón similar, la expresión "esta generación", no se aplica a una simple vida (Salmo 90:10), sino que es vista  moralmente, como en Deuteronomio 32, Salmo 12, y muchas otras escrituras. Aquí está expresamente colocada al final, no solamente después de la caída de Jerusalén, sino que después de la totalmente distintiva escena de la venida de Cristo en poder y gloria. La expresión en el versículo 33 es muy solemne. Estaban implicados intereses más profundos que un cambio casual en cuanto a Jerusalén. El tiempo estaba envuelto en una oscuridad deliberada, pero nada era más seguro que los hechos predichos.

 

         El Señor ha proporcionado lo que era necesario para Sus discípulos de entonces, pero también lo ha proporcionado en la palabra escrita para tiempos similares por venir. Con todo, aunque el principio es siempre verdadero, el versículo 34 claramente es aplicable a un día por venir en la tierra. El privilegio es escapar de los juicios, y estar de pie delante del Hijo del Hombre. Esto, reitero, es terrenal, no es el rapto al cielo. Los grandes principios morales, desde luego, permanecen verdaderos para todos; sobre todo, efectivamente, para aquellos quienes, por medio de una vocación superior, los pueden disfrutar de una manera más excelente.

 

         Versículos 37, 38. El Señor, no obstante, volvió a dar testimonio, caminando y obrando de día; pero Su lugar de reposo estaba allí, desde donde Él partió (Lucas 22: 39-54), y donde Sus pies se afirmarán en aquel día (Zacarías 14:4). Paciente en el servicio, Él enseñaba diariamente y tempranamente en el templo; por la noche, Él fue  separado de la ciudad juzgada. Ahora Su tiempo había llegado.

 

CAPÍTULO 22

 

         ¡De qué manera se mostró que los designios de la carne son enemistad contra Dios en el rechazo de Cristo! La maldad fue resumida y sacada a la luz en todos -en el pueblo, en los sacerdotes, en los gobernantes. En cuanto a un amigo, él resulta ser un traidor; en cuanto a los discípulos, ellos, o huyeron cuando el peligro se acercó, o Le negaron cuando estaban cerca. Los jefes religiosos que deberían haber reconocido al Mesías, lo llevaron ante el poder infiel del mundo. Aquel que estaba en posición de emitir un juicio se lavó sus manos, reconociendo la inocencia de Cristo, pero lo entrega a la voluntad y la ira del hombre. Así fue llevada la maldad del hombre a una posición de completa yuxtaposición, a una posición paralela, con aquello que era perfecto, y esto se demostró al darle muerte a Él. No sirve de nada buscar el bien en el hombre. No es que no haya rasgos afables naturales, sino que Dios no tiene ningún lugar en absoluto si el hombre es puesto a prueba.

 

         Junto con esto está el retrato de la perfecta paciencia del Señor a través de todo. No sólo el hombre sino Satanás estaban allí en la tentación. Era la potestad de las tinieblas, así como la hora del hombre (Lucas 22:53). Y el Señor Jesús pasa a través de esta escenificación de la maldad del hombre y del poder de Satanás; Su corazón se derretía  como cera, pero el efecto era siempre la manifestación de la perfección. Un ángel Le fortalece (Lucas 22:43); ya que Él era realmente era un hombre, pero un hombre perfecto, soportando todo lo que podría probarle, y no sacando nada de Su interior sino gracia perfecta y obediencia perfecta. Siempre que haya dolor, Su amor supera el sufrimiento para ayudar y consolar a otros.

 

         Versículos 3-6. Es un pensamiento solemne considerar que mientras más cerca se esté de Jesús, si no hay vida espiritual, más un hombre se opone a Dios y llega a ser un más seguro y triste instrumento del enemigo. Si la verdad ha sido presentada y no ha sido recibida, en ninguna parte Satanás tiene más poder que en esta circunstancia.* La avaricia fue el medio usado; pero aunque ellos conspiraran para traicionarle y crucificarle a escondidas del pueblo, esto no pudo ser; fueron obligados a cumplir esto conforme a los propósitos de Dios.

 

{*Esta es una muestra de la forma de escribir de Lucas en cuanto la cronología de los eventos. La entrada de Satanás en Judas fue aquello que era moralmente necesario presentar aquí; no tanto los detalles cronológicos.  En estricto rigor, el diablo puso el pensamiento en el corazón de Judas entonces, y entró en él después que hubo recibido el pan mojado (ver Juan 13: 2-27).}

 

         Entonces la luz de detrás de la escena (versículos 8-13) se abre paso. Es el Señor; y sin importar lo que Él sufre, o lo que está delante de Él, con todo, encontramos su conocimiento y poder divinos. ¡Hay un aposento!  ¡Qué dignidad más tranquila y pacífica! No es ningún esfuerzo, nada que exhiba un carácter. Todo se rinde ante la autoridad no reconocida de este Salvador rechazado -todo menos aquello a lo cual había sido más manifestado, el corazón no renovado del hombre. Para el padre de familia desconocido, al parecer para todos menos para Uno, es suficiente escuchar, "El Maestro te dice."

 

         Versículos 14, 15. ¡Cuán bendito es ver tales perfectos afectos humanos combinados con Su divino conocimiento de todas las cosas! "Con deseo he deseado comer con vosotros esta pascua, antes que padezca" (Lucas 22:15 - Versión Moderna) -como uno que se está alejando de su familia y deseando primero una reunión de despedida.  Cuando vemos la gloria divina en la persona de Cristo, nosotros encontramos los afectos humanos resplandeciendo. (Comparen con Mateo 17: 27.) Es esto lo que le da a Él un poder y un encanto que ningún otro objeto tiene: de tal forma que Dios puede deleitarse en el hombre y el hombre puede deleitarse en Dios. El Señor rompe todo vínculo con la cosa antigua (v. 16). Esto no es que se esté estableciendo el reino aquí, sino que se está estableciendo al hombre con Dios cuando la antigua unión fue imposible. Él estaba tomando un nuevo lugar donde la carne y la sangre no podían entrar. Su muerte y resurrección introducen una nueva relación con Dios.

 

         El Señor hace una distinción aquí entre el cordero pascual y el vino, y entre los dos anteriores y la institución de Su cena. Él entró del modo más pleno en todos los sentimientos de Israel -el Israel de Dios, en los intereses del pueblo como tal, hasta que Su rechazo los coloque en otro terreno, y el favor divino pase a otra escena por medio de la resurrección, llegando a ser Él mismo, el Substituto, el verdadero Cordero Pascual. Sus discípulos ocupaban el rango principal en cuanto a esta comunión, así como tenemos a Husai, el amigo del rey (2 Samuel capítulos 15 y 16). Con ellos Él deseó el último testimonio de despedida y amor. Pero mientras expresaba de esta manera Sus afectos para con ellos, Él asume manifiestamente (versículo 18) al carácter Nazareo, que siempre fue Suyo moralmente, pero que ahora lo es externamente y dolorosamente: "Porque os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga." Él posterga Su gozo con ellos como en el goce en común del reino, hasta entonces.

 

         Luego (versículos 19, 20), Él instituye el memorial de Su mejor redención, de Su amor lleno de abnegación sacrificial. Si Él se separara ahora para Dios en Su gozo, esto no era falta de amor para con Sus discípulos, sino la más plena demostración del mismo. Esto debía hacerse "en memoria" de Él. Nosotros Le recordamos sufriendo, muerto, ausente; Le conocemos como un Salvador vivo presente. El nuevo pacto es establecido en Su sangre. Nosotros no podemos, en todo el gozo de la comunión con Cristo arriba, olvidar qué es lo que nos llevó a esto. Por un lado, es un cuerpo partido y sangre derramada; por el otro, es Él y toda la perfección de amor al morir por nosotros. Nosotros estamos unidos a Él como un Cristo resucitado, pero Él nos llama a recordarle como un Cristo muerto. La bienaventuranza de esto último reside en la obra que hizo Él solo, en virtud de la cual yo soy  puesto en unión con Él, nuevamente vivo para siempre. En cuanto a la parte que el hombre tuvo en esto (versículos 21-23), fue traición y maldad.

 

         El Señor, entonces, expresa claramente su llamamiento a caminar en Su propia humildad y no como el mundo. La grandeza terrenal era reconocida entre los Judíos, pero ahora estaba condenada, como todo su sistema, al igual que los rudimentos del mundo. Toda otra grandeza, aunque fuera bajo la forma de ser benefactores, era  mundana. Él fue uno que servía. La gracia de Su corazón los corrige sin un reproche. Él les hace saber que independientemente del lugar de preeminencia que ellos buscasen, Él tomó uno bajo. Él podría haber dicho, 'Nada quebrantará este egoísmo horroroso'; sin embargo Él dice, "Vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis pruebas." Y Él es el mismo ahora. Lo que nosotros deberíamos buscar es tener sobre nosotros la mayor cantidad de la carga de la iglesia que podamos tener. Al sufrir de esta forma con Él, Su corazón sigue con nosotros.

 

         Versículo 31. Pedro era lo suficientemente osado en la carne para entrar en tentación. Pero es imposible para el hombre mantenerse firme donde esto es un asunto del mal y del bien. Él es un pecador y no puede pasar por esa prueba. Si Dios juzga, la carne queda en nada. Está la debilidad de la naturaleza humana, pero, además, el derecho y el poder de Satanás sobre el hombre, quien había sacado a la luz su propia condición en la presencia de Dios, y quedó sometido a la muerte como resultado del juicio de Dios. Yo puedo haber aprendido en gracia que la carne de esta forma es improductiva, pero esto debe ser aprendido por medio de la interacción con el enemigo, si es que no con Dios. Para Simón, el Señor rogó que su fe no faltase; toda su confianza en sí mismo debía perecer. Tampoco él desconfió de Cristo como Judas que no tenía fe. ¿Qué es lo que le permitió después confirmar a sus hermanos? Él descubrió que hay perfecta gracia en Cristo aun cuando él hizo lo peor.

 

         Los versículos 35-38 muestran un completo cambio de circunstancias. Él, previamente, los había protegido y les había proporcionado todo, como Mesías que dispone de todo aquí. Ahora esto se había terminado, puesto que el  Justo estaba siendo rechazado más y más. Él había venido, capaz de destruir el poder de Satanás, pero era el Señor, y el hombre no Le aceptaría; es la condición en la que el mundo está. ¡Él debe ser contado con los inicuos!  ¿Qué vínculo podía haber allí entre Dios y el hombre? La humanidad es una cosa condenada, porque rechazó a  Cristo. Ustedes pueden encontrar una conciencia escrupulosa en cuanto a poner el dinero en el arca de las ofrendas, pero ninguna conciencia en cuanto a traicionar y crucificarle a Él. Pero la fe se deleita en un Cristo rechazado, crucificado. Se requieren fe y gracia para reconocer al Cristo que el hombre desprecia. Pero los discípulos aún reposaron en la fuerza del hombre, no en el Mesías crucificado en debilidad, y dijeron, "Aquí hay dos espadas." Al decir, "Basta", el Señor alude a las palabras de ellos, y da a entender que ellos no entraron en Sus pensamientos. Él no quiso decir más.

 

         Versículos 39-46. Es preciso que seamos zarandeados para ejercitarnos y juzgar la carne. Cristo, desde luego, no necesitó esto, sino que afrontó todo en comunión con Su Padre. Para Él era una senda de obediencia, una bendita oportunidad de hacer la voluntad de Dios; para Pedro fue el poder de Satanás. Cristo no habló de la maldad de los sacerdotes, de la voluntad del pueblo o de la injusticia de Pilato, sino que habló de la copa que Su Padre Le dio. Hubo una interacción positiva con Dios acerca de la prueba, antes de que llegara la hora. Y así tiene que ser siempre. Es tarde si nos ponemos la armadura cuando deberíamos estar en la batalla. Un hombre viviendo con Dios, cuando entra en la prueba, pasa por ella, en su medida, de la forma que Cristo lo hizo. Él permanece firme en el día malo, debido a que él ha estado con Dios cuando no había día malo. En la cruz no fue un asunto de comunión; en el jardín, Cristo está en comunión con el Padre, en cuanto al poder de Satanás, el cual estaba por caer sobre Él. Él sintió todo, pero no sucumbió bajo nada. Así, en vez de entrar en tentación, Él estuvo en el más alto ejercicio de espiritualidad, llevando a cabo la voluntad de Dios en las más difíciles circunstancias, y en la más perfecta sumisión donde esto costó todo. Nuestro Padre nunca nos puede meter en el pecado, pero Él puede meternos en tentación (Mateo 6:13), esto es, en posición de ser zarandeados, donde la carne es expuesta, cuando esto es necesario, debido a que han entrado la dureza, o la ligereza, o la falta de atención a Sus pacientes advertencias. Este es el último, y a menudo necesario, recurso de auto-conocimiento y disciplina. Aunque es una gran gracia que Él deba tomar tales sufrimientos, aun viendo nuestra debilidad, y lo terrible del conflicto con el enemigo, bien llega a ser para nosotros una invitación a orar para no ser echados en el horno de fuego. En tales ocasiones, una mala conciencia conduce a la desesperación. La carne, en su descuido sin discernimiento, enfrenta la prueba en inseguridad u oposición carnal, y cae. Si, por otra parte, viene la prueba, aprendemos nuestra posición delante de Dios -velar, oración, súplica, derramando todo delante de Él en una confianza infantil, pero en un deseo sumiso de que Su voluntad sea hecha.

 

         El Señor fue completamente un hombre en esto, porque un ángel aparece y ministra, fortaleciéndole; ya que el conflicto en Su alma era grande; pero esto Le impulsó, en la realización de la prueba, a orar más intensamente.  El efecto de esto es ver más claramente el poder del mal y el sufrimiento; y eso de forma que actuó en el cuerpo mismo. Él mismo estaba en agonía, pero siempre dice "Padre." Él está y habla, en Sus relaciones, como Hijo; no aún como la víctima ante Dios, sino como el que sufre en espíritu, sintiendo toda la profundidad de las aguas por las que Él está pasando, pero clamando a causa de ellas a Su Padre. Satanás trató de detener a Cristo con la dificultad, cuando no pudo engañarle con el placer. Pero él pasó a través de todo con Su Padre. En la cruz fue otra cosa -allí fue el poder de Dios contra el pecado.

 

         Versículos 47-53. Es de bendición ver dos cosas reunidas -paciencia para con los hombres, y, con todo, poder para detener todo. Habiendo estado en agonía con Dios, Él está tranquilo ante el hombre. Cuando la oreja del siervo fue cortada, Él extiende Su mano para sanar. ¡Qué retrato del hombre, qué retrato de Dios, si miramos a Cristo aquí!

 

         Versículos 54-62. Cuando nosotros temblamos ante los hombres, es cuando no hemos estado con Dios. Pedro se quebranta, demostrando la falsedad de la carne. En la forma que Jesús estaba sufriendo, no había nada que desactivase la perfecta y sencilla acción de la gracia en cada momento que se la requería. Cuando el gallo cantó, Él se volvió y miró a Pedro, quien recordó Su palabra, salió fuera y lloró amargamente.

 

         Versículos 63-71. El Señor pasó la noche, no ante Sus jueces, quienes se tomaron su descanso hasta la mañana siguiente, antes de que ellos juzgaran al Señor de gloria, sino con los hombres que ellos habían empleado, y fue objeto de toda injuria e insulto. Luego, cuando esto satisfizo la conveniencia de los gobernantes Judíos, ellos Le llevaron al concilio; pero el Señor sabía que no era tiempo de testimonio, y los abandonó a su debilidad. La presentación del Mesías a los Judíos había finalizado; a partir de esto, el Hijo del Hombre se iba a sentar a la diestra de Dios. Todo estaba resuelto con Dios -ellos podían continuar. Ellos sacan la conclusión correcta, y Él no oculta nada. Él era el Hijo de Dios. Ellos deben ser culpables, no de error, sino de condenarle porque Él era el Hijo de Dios y lo reconoció.

 

CAPÍTULO 23

 

         Versículos 1-25. La iniquidad religiosa ahora solamente tenía que engañar al mundo para que terminase la maldad en la cual ella misma tenía el papel principal. El poder civil debe ceder ante el mal premeditado del apóstata pueblo de Dios. Esta es la historia del mundo, y de los dos, estando siempre el lado religioso más cercano a Satanás. Los principales sacerdotes manifestaron su enemistad por medio de su acusación, la cual fue calculada para excitar el celo del gobernador; acusando a Cristo de lo que era enteramente falso en cuanto a César, pero sobre la sutil base de lo que ellos sabían (al reconocer Su verdad) que Él no podía negar. La culpabilidad de los Judíos fue completa, así como también la de los Gentiles, ya que Poncio Pilato declaró que Él era inocente, y deseaba soltarle. Siendo él mismo una persona bastante cruel, al gobernador Romano le disgustaba la crueldad en otros, pero él no iba a ir tan lejos como para salvar a Cristo de la malicia de Sus enemigos: hacer esto habría tenido un costo; esto traicionaba su interés, y Pilato cedió. La única cosa que es fuerte en el mundo es la enemistad contra Cristo.

 

         Pero quedaba otra forma de mal a ser introducida, a saber, Herodes, el rey apóstata del apóstata Israel; y todos son amigos rechazando a Cristo, sin importar lo celoso y separados que estuviesen. ¡Cuán terrible es la unión entre las cuatro bestias y el pueblo externo de Dios! Pero si los Gentiles fracasaron vergonzosamente en proteger al justo y, por lo tanto, cayó en un juicio vilmente injusto, la actividad de una voluntad maligna estaba con los Judíos. Tres veces se dio la oportunidad que se manifestase una voz que se ablandara; pero mientras la indiferencia del gobernador era tan clara como la insolencia decepcionada de Herodes, a cada momento el clamor del pueblo aumentaba enardeciéndose pidiendo la muerte del Mesías. Pilato, por lo tanto, soltó al culpable Barrabás, por quien habían pedido, para apaciguar a los Judíos, y entregó a Jesús a la voluntad de ellos.

 

         Versículos 26-31. Este fue un momento terrible y lleno de violencia. Poco importaba a quien se enfrentaban, si ellos sólo podían obligarles a ayudar en su iniquidad. Había llegado la hora de ellos, y todos cayeron en la misma vorágine de rechazo e insulto a Cristo, exceptuando el hecho de que los Judíos actuaron con más conocimiento.  Las formas de privilegio se transformaron en sufrimientos y precursores del terror; ellos deben ser afligidos, ya que todo era falso ahora. Los sentimientos naturales, conmovidos por circunstancias que los afectaban, como vemos en las hijas llorosas de Jerusalén, no cambiaban esto. Ellos no entendían ni la cruz de Cristo, ni la ruina que les esperaba. Uno puede ser afectado con la comparación, como si uno fuese superior a Cristo, y caer bajo el juicio resultante de Su rechazo y muerte. Ninguna de las humillaciones de Jesús le sacaron del lugar de perfecta capacidad para enfrentar todo las otras que viniesen de Dios. ¡Desgraciadamente! el juicio no solamente estaba viniendo sobre Pilato y Herodes, ni sobre los principales sacerdotes, sino sobre las mujeres que se lamentaban por Él, inconscientes de su propio estado, que era estar bajo condenación. No servirán ni la conciencia natural, ni la religiosidad natural, ni los sentimientos naturales -salvo la gloria de Dios en Jesús. Y si Él, la vid viviente y verdadera, quien verdaderamente llevó fruto para Dios, fue tratado de esa manera, ¿cuál debía a ser la porción de las ramas sin fruto e inútiles, ya que ellos eran de esa clase de ramas? ¿Dónde aparecerán el impío y el pecador? El hombre rechaza el árbol verde, y Dios rechaza el árbol seco. La vida estaba allí en la persona de Jesús, y ellos no la recibieron, y, por lo tanto, son dejados; no puede ser tenida ahora, sino por un Cristo muerto y resucitado.

 

         Versículos 32-43. Tenemos la acción de poner a un lado todo lo que ellos buscaban aquí en liberación presente, ya que Cristo debe morir. Pero si debemos ver también cuán bajo puede el hombre caer moralmente, nosotros aprendemos, al mismo tiempo, que Cristo en Su gracia puede rebajarse aún más. "Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo." (Juan 12:24). Por consiguiente, siempre que ustedes vean un intento (y es un intento de la religión del hombre) de asociar a un Cristo vivo, antes de la muerte y resurrección, con pecadores vivos, estén seguros que allí hay error. Esto une el pecado con el Señor del cielo, y niega que la paga del pecado es  muerte (Romanos 6:23). Si Cristo se hubiese salvado a Sí mismo, tal como los gobernantes, con el pueblo, decían burlándose, Él no nos habría salvado a nosotros. Él debe pasar por la muerte, y tomar una posición más elevada, incluso al resucitar, y Él nos lleva allí. La encarnación, por sí misma, no puede traer vida y redención a aquellos que están muertos en sus delitos y pecados. Tenemos que ser colocados más allá de todo en la vida de resurrección en Cristo.

 

         De esta forma, entonces, a pesar de la gracia de Jesús mostrada en la intercesión, Judíos y Gentiles participaron unidos burlándose del crucificado; con todo, Dios había preparado, incluso aquí, la consolación de Su misericordia para con Jesús, para un pobre pecador. Pero no hay angustia, ni vergüenza, ni sufrimiento que haga que el corazón en su bajeza deje de burlarse de Jesús; ¡un ladrón colgado Le desprecia! Hay un instinto, por decirlo así, en todo corazón no renovado, contra Jesús, el cual no fue dominado ni siquiera por aquel poder de amor en el que Él iba descendiendo a la más profunda humillación, para sufrir la ira por causa del pecado. Y no digas, oh lector, que tú eres ni siquiera una pizca mejor que este infeliz hombre. "No hay justo, ni aun uno; No hay quien entienda, No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles." (Romanos 3: 10-12).  En dos palabras, no hay diferencia. Tú eres tan malo, a los ojos de Dios, como el impenitente ladrón maldiciente. Vean ahora los frutos de la gracia en el otro. La gracia obra en un hombre que estaba en una posición tan baja como aquel que, no obstante su propia agonía de muerte y desgracia, se deleitaba en ultrajar al Señor de gloria; en realidad los dos lo hicieron (Marcos 15:32). Pero ¿qué hay más bendito y cierto que la salvación de este ladrón, ahora que él se inclina ante el nombre de Jesús? Él va al Paraíso en compañía del Señor que él ha reconocido.

 

         A menudo se dice frívolamente, que hubo uno que se salvó de esta forma, para que ninguno se desespere, pero sólo uno, para que ninguno presuma. La verdad es que esta es la única forma por medio de la cual cualquier pobre pecador puede ser salvo. No hay sino una y la misma salvación para todos. Es evidente que a él no le quedaba tiempo para hacer nada, si esa hubiese sido la forma de ser salvo; pero todo está hecho para él. Ese mismo día sus rodillas debían ser rotas. ¡Pero de qué manera podía él entrar al Paraíso! Cristo obró su liberación por medio de Su muerte, y su vista fue abierta en fe para ver lo que Cristo estaba haciendo.

 

         Tampoco implicaba esto que la obra de Cristo fue hecha solamente para él -el terreno en que su alma reposó para salvación. Hubo una poderosa obra moral efectuada en él por medio de la revelación de Cristo a su alma por el Espíritu que lo convenció de su completa pecaminosidad. "¿Ni aun temes tú a Dios...?", es su reprensión a su maldiciente compañero, "...estando en la misma condenación? Nosotros, a la verdad, justamente..." No todo era gozo. La conciencia tenía su lugar. Hay un verdadero sentido del bien y el mal; porque él ha entrado en espíritu a la presencia de Dios, y esto, haciéndole olvidar las circunstancias, lo eleva a la calidad de pregonero de justicia. Y si él reconoce la justicia de su propio castigo en una honesta confesión del pecado, ¡qué maravilloso testimonio él rinde a Cristo! "Mas éste ningún mal hizo." Esto fue exactamente como si hubiese conocido a Cristo toda su vida. Él tuvo una percepción divina de Su carácter; y lo mismo sucede con el Cristiano ahora. ¿Tienes tú un celo tal acerca de la impecabilidad y la gloria de Cristo, que no puedes evitar reclamar cuando escuchas que Él es menospreciado? El ladrón creyó que Él era el Señor, el Hijo de Dios, y que así podía responder con seguridad debido a lo que Él había sido como hombre. Siendo tan completamente hombre como cualquier otro, la santa obediencia de Cristo era divina. "Mas éste ningún mal hizo." ¡Qué respuesta es esta en el corazón renovado para deleite de los que han sido libertados del pecado! Sus ojos dan una mirada, por decirlo así, sobre la vida entera de Cristo; él podía responder de Cristo en cualquier parte, porque él había aprendido a conocerse a sí mismo.

 

         Entonces él dice, volviéndose a Jesús, "Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino." Tan pronto como él pudo deshacerse de lo que era triste, cuando hubo finalizado de dar testimonio al otro ladrón, su corazón se vuelve instintivamente a Cristo. ¡Qué concentrado estaba él! ¿Estaba él pensando en su dolor? ¿o en la multitud alrededor de la cruz? Como siempre es el caso donde la presencia de Dios es realizada, él estaba absorto. En el límite de la impotencia, en cuanto a la apariencia externa, él escucha la voz del Pastor, y Le reconoce como Salvador y Rey. Él quiere que Cristo piense en él. El juicio de los hombres fue que Cristo era un malhechor (Juan 18:30). Las mujeres llorosas no vieron quién era Él. Pero ninguna degradación de las circunstancias pudo esconder la gloria de la Persona que colgaba a su lado. Él reconoció a Jesús como el Señor, y sabe que ciertamente Su reino vendrá. El otro malhechor sólo pensó, si acaso pensaba en absoluto, en liberación inmediata; pero este otro vio los sufrimientos de Cristo, y la gloria que seguiría. Su mente estaba fija, no en ser librado del dolor corporal, sino en el reconocimiento amoroso de Cristo en la gloria. Él no mira a la tierra, ni a la naturaleza, sino a otro reino, donde la muerte no podía llegar. No había una nube, ni una duda, sino la pacífica firme seguridad de que el Señor vendría en Su reino.

 

         Y el Señor le dio más de lo que su fe pedía. Hubo una respuesta de paz presente. No era solamente acerca del reino en el futuro, sino "De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso." Como si Él dijera, 'Tendrás el reino cuando venga, pero Yo te estoy dando ahora la salvación del alma; vas a estar asociado conmigo de inmediato en una forma mucho mejor y que es más que el reino, por muy bendito y verdadero que este sea.' Porque, en efecto, la obra fue cumplida en la cruz, obra que podía transportar un alma al Paraíso. Si el Señor ha  tomado el lugar del pecador, el pecador tiene derecho, por gracia, a tomar el lugar del Salvador. El pobre ladrón podría saber muy poco acerca de la obra de Cristo y su efecto, pero el Espíritu Santo había fijado su corazón en la persona de Cristo. Las palabras del Señor (versículo 43) implican la expiación, en virtud de la cual nosotros somos aptos para ser Sus compañeros en la presencia de Dios. La obra de Cristo es tan perfecta ahora para nosotros, como lo fue entonces para él; esta obra fue tan cumplida para nosotros que es como si ya fuésemos arrebatados al Paraíso. ¡Cuán distinto es esto de algo similar a la idea del progreso del alma para estar apta para el cielo! ¡Y cuán maravilloso es que un alma tal sea un consuelo para el Salvador! Él había entrado en la condenación; si, y la ira estaba en extremo sobre Él. Y ahora el ladrón convertido era un testigo brillante de la gracia perfecta y de la eterna salvación por medio de Su sangre.

 

         Versículos 44-49. Finalizó la escena que dejó entrar la luz más allá, a través de los portales de un corazón ahora limpio por la fe, y las tinieblas adecuadas a la hora tomaron ahora su curso apropiado -parecería que especialmente sobre Israel; "Y el sol se oscureció, y el velo del templo se rasgó por la mitad." De esta manera el camino al lugar santísimo fue manifestado por el hecho que tuvo lugar en estas tinieblas, y Dios en la gracia del sacrificio de Cristo, resplandeció sobre el mundo. Mientras que para uno eran las tinieblas del juicio, la luz se abrió paso y se abrió el acceso al lugar dentro del velo. Todo se había cumplido, y el Señor, no en voz vacilante sino a gran voz, clamó, "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu." Esta no fue una bendición Judía, (ya que, "El que vive, el que vive, éste te dará alabanza." - Isaías 38:19), sino que fue mucho más elevada; esto era filiación, la muerte vencida, y la ocasión de presentar meramente el espíritu, seguro, feliz, confiado, a pesar de la muerte, al cuidado y la presencia del Padre. Este es un principio inmenso y, salvo la resurrección, de la importancia más alta posible. La muerte en las manos de Jesús -¡qué hecho! El centurión, estando en su hora de servicio, golpeado por lo menos en su conciencia natural, glorificó a Dios y reconoció a un hombre justo en la cruz. Las masas estaban turbadas y se marcharon, no augurando nada bueno. Aquellos que Le conocían, y las mujeres que le habían seguido desde Galilea, estaban más íntimamente interesados, pero se mantuvieron lejos en temor.

 

         Versículos 50-56. Pero la providencia y la operación de Dios, el Juez justo, tomó medidas para el cuerpo del Santo. Si los testigos más prominentes fueron puestos aparte, otros que eran débiles en la fe son encontrados activos y fieles en el puesto de dolor, confesión, y apego al Señor. ¡Cuán a menudo las dificultades que asustan a unos esfuerzan a otros! Así fue con José de Arimatea, puesto que Jesús iba a estar con los ricos en su muerte (Isaías 53:9). Las mujeres también, en afecto verdadero pero ignorante, hacen un preparativo inútil, esperando el justo período de tiempo Judío, a un Señor que había pasado más allá de la fe de ellas. La resurrección debía introducir pronto el alba de un mañana brillante: porque el honor de la tumba, así como las intenciones de las mujeres de Galilea, era de un carácter Judío, y todo esto ahora había terminado en muerte.

 

CAPÍTULO 24

 

         Lo que ahora ocupa a nuestro evangelista es el Hombre Resucitado estando otra vez con Sus discípulos, y el testimonio al mundo fundamentado en la resurrección -esta nueva verdad y poder por sobre todos los principios de la vida natural. La puerta de la cruz se cierra para todo lo que el hombre es en la carne, y la cosa nueva es introducida en este Cristo resucitado. La resurrección es una condición enteramente nueva; pero incluso los Judíos no podían tener "las misericordias fieles de David (Hechos 13:34; Isaías 55:3) sin ella. El hombre, sin ley y bajo la ley, ha estado bajo la sentencia de muerte pronunciada sobre él. Él se puede enorgullecer de sus poderes naturales, pero está sin Dios. Ha rechazado al Único que vino a él, a un hombre en perfecta gracia divina, y al hacerlo así, ha mostrado plenamente lo que él es. Por lo tanto el Señor dice, "Ahora es el juicio de este mundo." (Juan 12:31).

 

         Aparece un terreno completamente nuevo, y esto es presentado aquí en Cristo mismo. Nuestros cuerpos son todavía los mismos, pero la vida, el carácter, el motivo, los medios, el fin, todo esto es totalmente nuevo en el Cristiano.  "Las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas." (2 Corintios 5:17). Las mujeres, preocupadas con sus propios pensamientos y afectos, vienen con sus especias aromáticas para ungir el cuerpo muerto de Jesús, mientras Él ya estaba viviendo en el perfume de Su obra y sacrificio ante Dios, habiendo efectuado todo aquello que colocaba el hombre de nuevo ante Dios el Padre, el postrer Adán en aceptación viviente. Entonces ellas, al principio, fueron lanzadas en una dificultad imprevista, ya que no encontraron el cuerpo del Señor. Tampoco sabían que Él había resucitado. Ellas no entendían que no quedaba ni juicio, ni pecado restantes. Puede haber un amor real y grande por Jesús sin entender esto. Pero pronto fue hecha la pregunta que implicó la respuesta a todo. "¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?" Estas mujeres, fieles aunque ignorantes, no fueron olvidadas por el Señor; y Él, cuyas maneras son de gracia, ha conservado su recuerdo y su temprana búsqueda del Señor, llevando desde allí el mensaje a los propios apóstoles, pero para ellos las palabras les parecían locura. El corazón de Pedro, quebrantado y contrito, fue el más afectado por lo que escuchó, y corrió al sepulcro, y habiendo visto los lienzos de lino solos, se fue a casa maravillándose. ¡Ciertamente este era un secreto maravilloso, desconcertante y elevándose sobre todo pensamiento humano! (versículos 1-12).

 

         Las declaraciones de Lucas acerca de circunstancias son siempre generales. En Juan nosotros tenemos más detalles, sobre todo desarrollando el afecto de María Magdalena hacia Su persona, pero mostrando también cuán poco ella sabía aún del poder de Dios en la resurrección.

 

         Versículos 13-27. No se necesita hablar de lo conmovedor de esta entrevista con el Señor en el camino a Emaús. ¡De que forma el Señor descubre todos los pensamientos de ellos! Pero Él es está aquí totalmente como un hombre, y al presentar la verdad ellos hablan de ella de una manera Judía. ¡De qué forma natural sus pensamientos siempre se encerraban en el mismo círculo! Él era un profeta, y ellos esperaban que Él pudiese redimir a Israel. El hecho de la resurrección ocupaba la atención de ellos, pero esto no tenía ningún vínculo con los consejos de Dios. Ellos estaban sorprendidos y, como otros antes que ellos, se encerraron allí. Cristo toma del todo otro terreno, aunque fue solamente en forma de inteligencia y no aún el poder del Espíritu Santo. "¡Oh insensatos," Él dice, "y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho!" Él expone estas cosas, y les abre el entendimiento; ya que aunque contemplado completamente como hombre, Él obra divinamente y espiritualmente en sus mentes. "¿No era necesario...?" dijo Él -¿no era esto el consejo de Dios claramente revelado en Su palabra? Sobre lo que Él insiste es la mente de Dios en las escrituras relativas al Cristo. Este fue un paso inmenso; esto los sacó de su egotismo y del carácter egoísta del Judaísmo. El pensamiento de ellos era acerca de la redención de Israel por medio del poder. Ellos no tenían ni idea de una vida nueva y celestial, aunque, desde luego, ellos la tuvieran. Incluso en cuanto al Cristo, la muerte debía entrar si Dios iba a ser reivindicado y el hombre bendecido, y Moisés y todos los profetas lo habían enseñado así. "¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria?"-no dice 'que estableciera Su reino aquí abajo', sino "que entrara en su gloria."

 

         Versículos 28-35. Entonces tenemos un relato muy gráfico de la escena en Emaús. "Él hizo como que iba más lejos." ¿Por qué debía entrometerse siendo Él un "forastero" a ojos de ellos? "Mas ellos le obligaron a quedarse, diciendo: Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y el día ya ha declinado. Entró, pues, a quedarse con ellos.  Y aconteció que estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y lo bendijo, lo partió, y les dio. Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron; mas él se desapareció de su vista."

         Esto no fue celebrar la Cena del Señor con ellos; con todo, fue el tomar esa parte de ella -el acto de partir el pan- que era la señal de Su muerte. Él no estaba meramente como el Pan vivo que descendió del cielo, sino como Él dijo: "El pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo" (Juan 6:51) no dice 'la cual tomaré', sino "la cual yo daré." Él tomó realmente la carne ("Y aquel Verbo fue hecho carne" - Juan 1:14), con el propósito de darla, desde luego; pero fue Su muerte lo que llegó a ser la vida del mundo. Para el Judío o el Gentil no había otra forma. La condición del hombre era tal que solamente se le podía dar vida en relación con la cruz. Todo lo que estaba en el hombre, como hijo de Adán, estaba bajo sentencia de muerte y juicio. Cristo, por medio de la gracia, entró al lugar del hombre -vino adonde yo estoy, para que yo pudiese estar en iguales términos con Él, en cuanto se refiere a la aceptación con Dios; Su cuerpo partido me muestra que tengo aquello que me trae a Dios. Un pecador muerto puede encontrar vida y favor divinos solamente en un Cristo muerto. Así lo enseñó el Señor en Juan 6. Para tener vida hay que comer Su carne y beber Su sangre.

         Ya no era más un asunto de Su presencia corporal meramente como encarnada. La redención era absolutamente necesaria y la fe en ella. Debemos alimentarnos de Cristo no sólo como un Mesías viviente, ni solamente como Uno que está vivo de nuevo para siempre en la resurrección; sino, además de eso, como Aquel que murió, habiendo sido partido Su cuerpo y derramada Su sangre en expiación. Así era conocido el Señor por los discípulos en Emaús, aunque esto no fuera la Cena del Señor. Sus corazones habían sido abiertos por aquello que los estimulaba a relacionar la verdad de Dios con los hechos de la incredulidad humana y el rechazo de Cristo, y convertir así la causa de su desesperación en gozo y paz al ver los consejos de Dios en ello. Pero Su revelación real fue por la circunstancia conmovedora de la asociación personal en el partimiento del pan. Fue Él mismo quien partió el pan. No podía haber ningún error. Él se fue en un instante -"se desapareció de su vista." Pero se logró Su objetivo. Ellos tenían vida por medio de Su muerte.

         Y Él resucitó. El cuerpo era un cuerpo espiritual, y tenía carne y huesos, cosas que un espíritu no tiene. Él no solamente les había mostrado el hecho, sino la necesidad de ello. ¿Por qué Él no dijo 'resucitó', sino "resucitase de los muertos"' (Juan 20:9) Porque toda la sentencia debe ser dictada sobre el primer Adán. Todo lo que yo tengo ahora es en el postrer Adán: no solamente se me ha dado vida, sino que vida juntamente con Cristo,  habiéndoseme perdonado todos los pecados. (Colosenses 2:13). Cristo, por Su muerte, los quita de en medio para todo aquel que cree, y para el tal, todo lo que pertenecía al primer Adán se ha acabado para siempre. Esto es poder sobre el principio del pecado, el cual, de hecho, aún está en el interior. Y de ahí que el apóstol invite a los creyentes a considerarse muertos al pecado (Romanos 6). En el poder del Espíritu Santo, que me da la conciencia de la nueva vida en Cristo, yo debo hacer morir mis miembros aquí abajo, "Haced morir pues vuestros miembros que están sobre la tierra..." (Colosenses 3:5 - Versión Moderna), puesto que tengo que aplicar la muerte de Cristo a mi vieja naturaleza. El principio monacal (N. del T.: Perteneciente o relativo a los monjes o a las monjas) trata de matar el pecado para obtener vida, pero el apóstol muestra que nosotros debemos tener vida por medio de la fe en Cristo para tratar el pecado como una cosa muerta. Vean Romanos capítulos 6, 7 y 8.

         La restricción de la vista de los discípulos tuvo importancia. El hecho de haber reconocido a Jesús en el estado en que estaban, habría sido haber satisfecho sus pensamientos. El Señor, por otra parte, comprometiendo sus corazones por medio de todo lo que Dios dijo acerca de Él, les suministró inteligencia para entender la escritura; y entonces, en el acto de íntima amistad, que recordó la gran verdad de Su muerte, trajo a la mente Su gran liberación. "Porque por fe andamos, no por vista." (2 Corintios 5:7). Llenados por el acontecimiento que los abstrajo, que comenzaba un nuevo mundo, ellos se apresuraron en volver a Jerusalén, donde los doce y los otros estaban ocupados. "El Señor," dijeron los últimos, "ha resucitado verdaderamente, y ha aparecido a Simón." (Lucas 24:34 - Versión Moderna). Los dos entonces contaron el relato de su maravillosa jornada, y del aún más maravilloso reconocimiento de Jesús al partir el pan. El Señor estaba demostrando que debía haber testigos independientes.

 

         Versículos 36-53. Así estuvieron preparados sus corazones. Aún ante el hecho de esta cosa nueva, "el principio, el primogénito de entre los muertos" (Colosenses 1:18), estaba aquello que los propios corazones terrenales podían asociar mal.  El Señor mismo se presenta como el mismísimo hombre, hasta el final y de todas las formas. En Su interlocución con los dos, había sido exactamente lo mismo; todo era humano, aunque lo que el hombre nunca  fue, y lo que nadie sino Dios podía ser, fue mostrado en y a través de ello. Aquí también se presentan Sus manos, Sus pies, Sus heridas anteriores. Él toma del pescado y de un panal de miel, y come delante de ellos. Dos sentimientos dominantes se posesionaron de los discípulos -gozo de verle a Él de nuevo, y asombro.  El Señor presenta la verdad de la resurrección, no como una doctrina, sino en una realidad viva, restaurando así sus almas y haciendo que ellos Le conozcan más familiarmente, verdaderamente resucitado, pero con todo, adecuadamente y verdaderamente hombre. "Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos. Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras."

         Esto mostraba la posición ante Dios en justificación de vida y libertad. Pero se necesitaba otra cosa ante los hombres - poder. Esta no es una cuestión de estar ante Dios, donde el Cristiano está tal como Cristo está, "aceptos en el Amado." (Efesios 1:6). Pero el testimonio del Cristiano aquí abajo, ya sea predicando o en cualquier otra cosa, necesita que se le dé poder. Este poder fue prometido a los discípulos, pero incluso ellos deben esperarlo todavía. Nosotros no debemos confundir el servicio de cualquier clase con la posición. El poder del Espíritu es el requisito para vivir ante el hombre -poder necesario, además del nuevo nacimiento, y distinto del entendimiento espiritual. Esto último se necesita para darnos la aprehensión de nuestra posición en Cristo; y cuando Él abre  nuestro entendimiento para comprender las Escrituras, esto no produce jactancia. Es una revelación de Él mismo y conduce a la comunión con Él. Con todo, la otra necesidad todavía permanece. Incluso este conocimiento no es necesariamente poder. El testimonio y el propósito de Dios en la palabra tienen que ser cumplidos.

         Esta gran verdad de un Cristo sufriente y resucitado se extiende a los Gentiles. En Mateo se trata de Su asociación con el remanente Judío. Consecuentemente Él se encuentra con ellos en Galilea, al igual que antes, después de Su resurrección; y de allí fluye la comisión de ir y hacer discípulos de entre todos los Gentiles. Pero todo esto se omite en Lucas. Jerusalén, Emaús, y Betania, sobre todo, son prominentes; desde allí Él asciende al cielo, donde Él se tiene que ver con pobres pecadores. El testimonio iba a comenzar expresamente en Jerusalén: las riquezas de Su gracia deben ser mostradas primero donde estaba la culpa más profunda. La cruz rompió este vínculo con los Judíos como Mesías Judío, pero abrió la puerta del arrepentimiento y la remisión de pecados, al Judío primeramente y también al Gentil. "Y vosotros sois testigos." Entonces entró la necesidad de poder. "He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto." Esta señal de la mayor importancia de la exaltación de Cristo sólo podía ser obtenida por el hombre por medio de la recepción de Jesús en el cielo cuando la redención fuera efectuada. El Espíritu Santo siempre había actuado, al crear, en providencia, en revelación, en regeneración, y en toda cosa buena, pero Él nunca antes había sido dado. Esperó la gloria de Jesús: para esto el Espíritu Santo podía volverse un siervo en el hombre; para ello, este fue el consejo divino y la perfección del amor.

         Mientras tanto, antes de ser dotados, ellos volvieron con gran gozo a la ciudad que su Señor había dejado. Sus corazones fueron llenados con la influencia del gran hecho de que su Maestro fue glorificado, aunque esto todavía estaba asociado con pensamientos Judíos. Y estos dos elementos se reproducen en los Hechos de los Apóstoles, particularmente en la parte más temprana.

 

J. N. Darby

 

Traducido del Inglés por: B.R.C.O.- Febrero 2005.-

Título original en inglés:
NOTES ON THE GOSPEL OF LUKE, by J.N.Darby 
Collected Writings Vol. 24, Expository No. 3
Traducido con permiso
Publicado por:
www.STEMPublishing.com
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