EDIFICACIÓN ESPIRITUAL CRISTIANA EN GRACIA Y VERDAD

¿A QUIÉN ESPERAMOS: A CRISTO O AL ANTICRISTO? (W. T. P. Wolston)

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¿A QUIÉN ESPERAMOS: A CRISTO O AL ANTICRISTO?

 

 

Todas las citas bíblicas se encierran entre comillas dobles ("") y  han sido tomadas de la Versión Reina-Valera Revisada en 1960 (RVR60) excepto en los lugares en que, además de las comillas dobles (""), se indican otras versiones, tales como:

 

BTX = Biblia Textual, © 1999 por Sociedad Bíblica Iberoamericana, Inc.

LBLA = La Biblia de las Américas, Copyright 1986, 1995, 1997 by The Lockman Foundation, Usada con permiso.

NTHA = Nuevo Testamento Versión Hispano-Americana (Publicado por: Sociedad Bíblica Británica y Extranjera y por la Sociedad Bíblica Americana, 1ª. Edición 1916).

VM = Versión Moderna, traducción de 1893 de H. B. Pratt, Revisión 1929 (Publicada por Ediciones Bíblicas - 1166 PERROY, Suiza).

 

 

Notas de un mensaje presentado en Edimburgo en 1913.-

 

 

"Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra. He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona." (Apocalipsis 3: 10-11).

 

 

Esta Escritura presenta, por una parte, la esperanza correcta y cercana de la iglesia, y por otra, nos da la severa advertencia del Señor en cuanto al peligro inmenso al que estamos sometidos, a saber, renunciar a esa esperanza, y perder así nuestra corona. La iglesia, como un todo, ha perdido el sentido de la pronta venida del Señor, pero no olvidemos que la venida del Señor es la verdadera esperanza de la iglesia.

 

Todo sabemos, por gracia de Dios, de qué manera ha sido recuperada esta preciosa verdad en el siglo pasado (N. del T.: siglo 19), y algunos de nosotros nos hemos estado gloriando por un tiempo – más largo o más corto – en la verdad bienaventurada de que pronto veremos a Aquel que nos ha amado con un amor más profundo y más fuerte que la muerte, y es el gozo de nuestros corazones saber que Él puede venir en cualquier momento.

 

Me he estado encontrando últimamente con la doctrina fatal – que no es nueva de ninguna manera, aunque ahora es enfatizada en los lugares más inesperados – de que la iglesia, en lugar de esperar hora a hora al Esposo celestial, tiene, en verdad, que esperar la aparición del Anticristo, y entonces pasar a través de la "gran tribulación." Hago un llamado de advertencia con respecto a este error. Los fundamentos mismos del Cristianismo están siendo socavados por todas partes, y no es de extrañar que las piedras sobresalientes estén siendo atacadas también. Las verdades fundamentales del nacimiento virginal del Señor, Su bendita Humanidad, y Su muerte y resurrección están siendo audazmente desechadas. Si ustedes no conocen estas cosas es bueno que se les de a conocer; y ahora, el arrebatamiento (o rapto) de la iglesia – la corona de todas nuestras bendiciones – está siendo atacada también.

 

Dios nos ha advertido acerca de lo que sucede ahora delante de nuestros ojos en un lenguaje muy sorprendente. "Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos; y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a mitos." (2ª. Timoteo 4: 3-4; LBLA). Vivimos en el día de los mitos, y uno de los mitos que Satanás está promulgando ahora entre los hijos de Dios es que no debemos esperar de un momento a otro la venida del Señor, sino que debemos esperar primeramente al "hombre de pecado" – "el hijo de perdición" (2ª. Tesalonicenses 2:3) – y entonces pasar por el tiempo de la terrible tribulación de la que varias Escrituras hablan tan claramente.

 

Veremos, sin embargo, que todas estas Escrituras relacionan la tribulación con un pueblo terrenal; no con la iglesia de Dios, la cual es celestial en su origen y destino.

 

Dirijo su atención al modo peculiar en que el bendito Señor habla a la iglesia Filadelfiana: "Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra." Ella será guardada de la hora de prueba, es decir, el período durante el cual la prueba afectará a los "moran sobre la tierra." Ellos experimentarán la prueba, pero no así la iglesia. Ella será guardada de dicha prueba, es decir, jamás pasará por ella. En el Libro del Apocalipsis se habla a menudo de la clase de personas cuyas esperanzas y corazones están aquí abajo en esta tierra como siendo los que moran en la tierra, o, los moradores de la tierra (Apocalipsis 6:10; 8:13; 11:10; 12:12; 13: 8 y 14; 17:8).

 

Ahora bien, averigüemos que es lo que se quiere decir mediante "hora de la prueba" o "angustia". Se alude frecuentemente a ella en las Escrituras del Antiguo Testamento. Jeremías 30 nos presenta el momento al cual el Señor alude (léanse los versículos 1 al 7). Es, de manera manifiesta, el pueblo terrenal de Dios – Israel – el que está en perspectiva. La expresión misma, "tiempo de angustia para Jacob" muestra esto. El versículo 3 nos dice que se trata del tiempo cuando el pueblo antiguo de Dios – Israel – es hecho volver y es reunido en su propia tierra – Palestina. Las dos tribus, Judá y Benjamín, serán limpiadas en la tierra. Eso lo aprendemos de Zacarías 13: 8-9; y de este modo, el tiempo de "angustia" en Jeremías 30 no tiene ninguna relación con la iglesia de Dios, sino con Su pueblo terrenal antiguo.

 

Acudamos ahora a Daniel 12, que debería eliminar toda duda en cuanto a este asunto.

 

"En aquel tiempo … habrá tiempo de angustia cual nunca ha sido desde que ha habido nación hasta aquel tiempo. Mas en aquel tiempo será librado tu pueblo …"  (Daniel 1:1: VM). La expresión "tu pueblo" significa los Judíos; se trata de un pueblo terrenal – los 'compatriotas' de Daniel. Yo no digo que los tales son aquellos de quienes el Señor habla como "los que moran en la tierra" en Apocalipsis 3, pero se trata claramente de una compañía terrenal, y 'la angustia de Jacob' indica quiénes pasarán por ella. Acudiendo ahora al Nuevo Testamento, pasamos a Mateo 24. Él dice que habrá "guerras y rumores de guerras." Luego, que los moradores en Palestina verán "en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel" (Mateo 24:14). Esto contempla a los Judíos reunidos nuevamente en su propia tierra, el templo reconstruido, y la idolatría establecida nuevamente en medio de ellos. ¡Qué triste perspectiva!

 

Asociada íntimamente con "la abominación desoladora", está la historia de un pueblo puramente terrenal, el cual mora en Judea. y "habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá." (Mateo 24:21). Esta tribulación es la justa respuesta de Dios, retributiva, gubernamental, a los modos de obrar de ellos, porque han matado a su Mesías, resistido al Espíritu Santo, despreciado un Salvador celestial, y además, han recaído nuevamente en la idolatría. Debido a todo esto, uno puede ver fácilmente por qué un juicio puramente terrenal cae sobre un pueblo terrenal; pero "por causa de los escogidos" esos días serán acortados. (Mateo 24:22).

 

Nuevamente, en Marcos 13: 19-20, tenemos el mismo momento al que se hacía alusión. Pero en cada caso están a la vista Jacob o Israel, Judea o Jerusalén. Yo creo que – la iglesia – habrá sido arrebatada a la gloria algún tiempo antes de que llegue ese momento. Es lamentable el esfuerzo vigoroso que debe hacerse para obtener que los santos – una compañía celestial – sean atraídos con engaño a pensar que tienen que pasar a través de esta terrible tribulación. ¿Cuál es el resultado inevitable? El ojo es quitado de Cristo y la atención de los santos se fija en escenas terrenales. En lugar de esperarle a Él, se nos dice que renunciemos a esta esperanza bienaventurada, y esperemos, por el contrario, ver al cristo del diablo, para entonces pasar a través de la gran tribulación en la tierra. Esta es sólo la manera de Satanás para apartar el corazón de Cristo que está en el cielo y, hablando de manera práctica, unirnos con el "siervo malo" en nuestra senda aquí. Esto no es de Dios – usted puede estar seguro.

 

Pero consideremos otra Escritura – Apocalipsis 7: 9-17. Lea, por favor, cuidadosamente esta porción. Note que los veinticuatro ancianos aquí son inteligentes. Los veinticuatro ancianos son figuras de los santos celestiales, que están en la más dulce asociación con Cristo en gloria. Encontramos en los capítulos 5 y 6 del mismo libro, la posición de estos veinticuatro ancianos. Ellos representan el doble curso del sacerdocio – dos veces doce – lo que es simbólico de los santos del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento, quienes son igualmente partícipes del llamamiento celestial y comparten bendiciones con Cristo. Deberíamos tener comprensión en cuanto a los modos de obrar y a los propósitos de Dios. Él espera que seamos inteligentes. En el capítulo cinco encontramos planteada la siguiente pregunta, '¿Quién es digno de desatar los siete sellos?' (Apocalipsis 5: 1-2), y la respuesta llega en el versículo 5. Allí, uno de los ancianos da un paso adelante y dice a Juan, "No llores; mira, el León de la tribu de Judá, la Raíz de David, ha vencido para abrir el libro." No debemos confundir los veinticuatro ancianos con los 144.000 sellados de Israel, o con la gran multitud del capítulo 7. Cada compañía es distinta. En cuanto a los 144.000 sellados, ¿qué es eso? Gracia mesurada. La gracia fiel de Dios para con Israel es absoluta: es perfecta: Se cumplen todas Sus promesas a Abraham, Isaac, y Jacob, y la simiente de ellos es bendecida; pero después de todo, se trata de lo que puedo llamar gracia mesurada. Pero la "gran multitud, la cual nadie podía contar" (Apocalipsis 7:9) habla de gracia sin medida e inconmensurable. Su grandeza misma es un refrigerio. Lo que se ve aquí es la gracia de Dios fluyendo, a la larga, a las naciones Gentiles. Multitudes incontables, a las que no se les hizo promesa alguna son bendecidas, y gozarán de la bendición milenial bajo el dominio del Señor. Ellas son la compañía terrenal que saldrá "de la gran tribulación." (Apocalipsis 7:14).

 

Noten, una vez más, que es uno de los veinticuatro ancianos – uno de los santos celestiales – quien pregunta, "Estos que están vestidos de ropas blancas, ¿quiénes son, y de dónde han venido?" y Juan dijo, "Señor mío, tú lo sabes." (Apocalipsis 7:14 – BTX). Los ancianos comprenden quienes son los que componen las compañías terrenales. Manifiestamente no la iglesia, la cual es representada por los ancianos. Además, esta debe ser una escena terrenal, ya que el templo está allí (Apocalipsis 7:15), mientras que en Apocalipsis 21, donde la iglesia es vista en la gloria, no hay "templo." (Apocalipsis 21:22).

 

Pero aunque la compañía y la escena en Apocalipsis 7 son terrenales, es bienaventurado ver la posición que ellos ocupan. Sirviendo a Dios como lo harán, en Su templo, ellos tienen un lugar sacerdotal y funciones sacerdotales. Alaban a Dios. Observen, estas personas son sacerdotes. Están relacionadas con el templo y ello no puede ser celestial. Es una revelación maravillosa de lo que será el futuro de la tierra. La iglesia no está en consideración, sino que en medio de un libro de juicio vemos de qué manera Israel y los Gentiles obtienen bendición en la tierra cuando el Señor regresa. "Porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes de aguas de vida; y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos." (Apocalipsis 7:17). Es una gran cosa percatarse de que Dios tiene bendiciones admirables para otros aparte de la iglesia. Esto les ayudará si ustedes ven que Apocalipsis 7 no tiene relación con nosotros en absoluto, y que no estamos incluidos en esta Escritura. Nuestra porción, la porción de la iglesia, es el cielo, no la tierra.

 

Acudan al capítulo 21, y ustedes mismos lo podrán ver allí, y agradecerán a Dios por el lugar maravilloso que tienen. No olviden, no hay templo ALLÍ. ¿Por qué? Porque todo es templo. La idea de un templo es un santuario peculiar en el cual ciertas personas favorecidas pueden entrar y adorar allí. Pero la ciudad celestial, la Nueva Jerusalén, la esposa, la esposa del Cordero, es todo templo. Allí Dios y el Cordero son plenamente dados a conocer y disfrutados.

 

Hay solamente una Escritura más a la que me referiría. Se trata de Apocalipsis 12. El "Hijo varón" en este pasaje es Cristo, pero cuestiono grandemente si significa solamente Cristo. Creo que la expresión abarca más que el propio bendito Señor, porque Cristo comparte todas las cosas con Su esposa amada, y sobre el terreno de esto, llego a conocer que el Hijo varón es Cristo y la iglesia. La mujer – Israel – dio a luz "un hijo varón, que regirá con vara de hierro a todas las naciones; y su hijo fue arrebatado para Dios y para su trono." (Apocalipsis 12:5). Pues bien, regir las naciones con vara de hierro es la promesa hecha al vencedor, en Tiatira (véase Apocalipsis 2: 26-27). Es decir, el Señor asocia a Sus santos con Él mismo en el día cuando Él toma Su poder y regirá y reinará. Cuando Él haga eso, querido prójimo creyente, usted y yo estaremos con Él, y por consiguiente, llego a conocer que el arrebatamiento del "hijo varón" incluye a la iglesia. El Señor mismo ya ha subido. Su esposa – Su iglesia, la cual es una con Él – espera ser arrebatada a Él. Esto debe suceder antes de que Él pueda reinar sobre los reinos de este mundo (Apocalipsis 11:15). El diablo no es arrojado a la tierra hasta que la iglesia haya ascendido, conociendo que este tiempo es corto. "La gran tribulación" comenzará, entonces – repito, después que la iglesia haya ascendido.

 

Qué precioso, y qué importante también, es, en vista de todo esto, asirse de la palabra del Señor a Filadelfia – "te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir … para probar a los que moran sobre la tierra." La expresión "moran sobre la tierra", significa, evidentemente, una clase de personas cuyos corazones y pensamientos y mentes y objetos enteros, estarán aquí en la tierra. Morar en el cielo debería ser, ciertamente, la característica de los santos en el momento actual, y estoy persuadido que, en lo principal, sus corazones están en el cielo, queridos santos pares, porque su tesoro está allí. "Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón." (Lucas 12:34). Las nuestras son esperanzas y aspiraciones celestiales, gracias a Dios, y estamos esperando el momento cuando el Señor nos llevará allí. Si yo tengo que esperar que se manifieste el anticristo, y se establezca la "tribulación", entonces no puedo estar esperando que venga el Señor en cualquier momento. Pero algunos pueden decir: «Esa es sólo una Escritura.» ¿Acaso una no es suficiente? Una Escritura me dice, en la autoridad del propio Señor, que la iglesia no pasará a través de la tribulación. Esa única palabra del propio bendito Señor en gloria es más que suficiente para mí. Espero que lo sea para usted.

 

Ahora bien, presten atención a Su siguiente intimación. "He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona." (Apocalipsis 3:11). Hermanos amados, perder la esperanza de la iglesia es fatal. A un siervo de Dios le oí decir una vez: «Si usted corta la copa de un árbol detendrá su crecimiento, y si usted renuncia a la esperanza de la iglesia – la venida inminente del Señor, el regreso del bendito Señor y Salvador en cualquier momento – usted llegará a ser mundano, e incurrirá en muerte espiritual.» Un verdadero testimonio de que Dios, en Su gracia, nos guarda de perder nuestra corona. Retén lo que tienes. No renuncien a ello; y, más que eso, que ello pueda ser un poder vivo en nuestras almas, para que podamos ser "como hombres que aguardan a su señor." (Lucas 12:36 – VM).

 

Cuán dulce es oírle decir tres veces en la página final de la Escritura, "Vengo pronto (o en breve)" (Apocalipsis 22: 7, 12, 20). En el versículo 7, Él añade, "Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro." Si ustedes ven el mundo condenado al juicio, se mantendrán alejados de él. En el versículo 12 Él añade, "mi galardón viene conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra." (Apocalipsis 22:12 – NTHA). Este galardón por cantidades pequeñas de servicio que Él dará en aquel entonces, debería estimularnos ahora para servirle hasta que Él venga.

 

Por último, Él mismo se presenta como Aquel que viene – "la estrella resplandeciente de la mañana." (Apocalipsis 22:16). Tan pronto como Él se presenta a Sí mismo de esta manera, el Espíritu y la Esposa responderán con afecto. "El Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven", y entonces, mientras tanto, mientras Le espera, tanto el Espíritu como la Esposa dicen al mundo sediento alrededor, "el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente." (Apocalipsis 22:17).

 

Creo que mientras más fervientemente esperamos la venida del Señor, más fervientes y enérgicos seremos en nuestro servicio, y estaremos más deseosos de ganar corazones para Él. Desearemos proclamar el encantador mensaje de Su amor, y qué gozo es ver que el agua de la vida es bebida. Con esta invitación evangélica finaliza el testimonio de amor, mientras Sus últimas palabras son, "Ciertamente vengo en breve." Pero hay una voz en la tierra que responde, es la voz de la Esposa que Le ama, y dice, "Amén; sí, ven, Señor Jesús." El Libro de Dios finaliza con ese clamor de afecto de la Esposa en la tierra al Esposo en el cielo para que venga. Hermanos, Él viene, y muy pronto. Que todos nosotros Le esperemos realmente día a día.

 

W. T. P. Wolston

 

Traducido del Inglés por B.R.C.O.: Mayo 2012.-

Título original en inglés:
"CHRIST OR ANTICHRIST: FOR WHOM DO WE WAIT", by W. T. P. Wolston

Versión Inglesa
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