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CAPÍTULO 1.
En
el evangelio de Lucas se nos presenta al Salvador en Su carácter de Hijo del Hombre, exhibiendo el poder de Jehová en la gracia
en medio de los hombres. Al principio, indudablemente, lo encontramos en relación con Israel, a quien Él había sido prometido;
pero después se sacan a relucir principios morales que se aplican al hombre, como tal, dondequiera que él esté. Y, de hecho,
lo que caracteriza el relato de Lucas acerca de nuestro Señor, y da interés especial a su Evangelio, es que nos presenta al
propio Cristo, y no Su gloria oficial como en Mateo, ni Su misión o carácter de Siervo como en Marcos, ni la peculiar revelación
de Su naturaleza divina como en Juan. Es Él mismo, tal como era, un hombre en la tierra, moviéndose día a día entre los hombres.
Versículos
1-4. Muchos habían emprendido la tarea de contar lo que se recibió históricamente entre los Cristianos, como se les había
relatado por los testigos oculares. No obstante lo bien intencionado que esto pudo ser, sin embargo era una obra emprendida
y ejecutada por hombres. Lucas tenía un conocimiento exacto e íntimo de todo desde el principio, y él encontró adecuado escribirlo
en orden a Teófilo, para que él pusiese conocer la verdad precisa acerca de las cosas en las cuales él había sido oralmente
instruido. Así Dios ha provisto para la iglesia entera por medio de la enseñanza contenida en el retrato viviente de Jesús
que le debemos a este hombre de Dios. Porque Lucas, aunque él pudo ser movido personalmente por motivos cristianos, fue, por
supuesto, no menos inspirado por el Espíritu Santo para escribir.
Versículos
5-17. La historia nos sitúa en medio de instituciones, sentimientos y expectativas judías.
Primero,
tenemos un sacerdote de Abías (una de las veinticuatro clases: 1a. Crónicas 24), con su esposa, que era de las hijas de Aaron.
"Y ambos eran justos delante de Dios, andando irreprensiblemente en todos los mandamientos y estatutos del Señor." (Lucas
1: 6 - Versión Moderna). Todo en ellos estaba de acuerdo con la ley de Dios en cuanto a la forma Judía; pero no disfrutaban
de la bendición tan seriamente deseada por todo judío; ellos no tenían hijos. No obstante, esto fue según los caminos de Dios
para cumplir Su obra de bendecir manifestando la debilidad del instrumento que Él estaba usando. Pero ahora esta continua
oración para obtener bendición ya no sería llevada a cabo nunca más; y cuando Zacarías se acerca a ofrecer el incienso, se
le aparece el ángel de Jehová. A la vista de tan glorioso ser, Zacarías se turba; pero el ángel le dice, "No temas, Zacarías;
porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elizabet te dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Juan" (Lucas 1: 13 - Versión
Moderna), que quiere decir, 'el favor de Jehová.' Y no sólo los corazones de muchos se regocijarán en él, sino que él será
grande a la vista del Señor y será lleno del Espíritu Santo. "A muchos de los hijos de Israel hará volver al Señor su Dios.
E irá delante de su faz, en el espíritu y poder de Elías . . .; aparejando así un pueblo preparado para el Señor." (Lucas
1: 16, 17 - Versión Moderna). El 'espíritu de Elías' era un celo firme y ardiente por la gloria de Jehová y por el restablecimiento,
a través del arrepentimiento, de las relaciones de Israel con Él. El corazón de Juan se aferró a este vínculo del pueblo con
Dios, y es en la fuerza moral de su llamado al arrepentimiento, en lo que Juan es comparado aquí a Elías.
Versículos
18-23. Pero la fe de Zacarías, ¡lamentablemente!, como es a menudo el caso, no era igual a la grandeza de su petición. Él
no sabe caminar en los pasos de Abraham, y pregunta de nuevo cómo puede ser tal cosa. La bondad de Dios convierte la incredulidad
de Su siervo en un castigo que fue de provecho para él, y eso sirvió, al mismo tiempo, como una prueba al pueblo de que él
había sido visitado desde lo alto. Zacarías permanece mudo hasta que la palabra de Jehová se cumpla.
Versículos
24, 25. Elizabeth, con sentimientos tan adecuados a una mujer santa, recordando lo que había sido una vergüenza para ella
en Israel (cuyos rastros sólo fueron hechos más patentes por la bendición sobrenatural ahora concedida a ella), se esconde,
aunque al mismo tiempo reconoce la bondad del Señor para con ella. Pero lo que puede ocultarnos de los ojos de los hombres
tiene gran valor delante de Dios.
Versículos
26-38. Y ahora la escena cambia, para introducir al Señor mismo en esta escena maravillosa que está desplegándose ante nuestros
ojos.
En
Nazaret, ese lugar despreciado, se encontraba una joven virgen, desconocida para el mundo, cuyo nombre era María. Ella estaba
desposada con José, que era de la casa de David; pero todo estaba tan fuera de lugar en Israel, que este descendiente del
rey era un carpintero. ¿Pero qué es esto para Dios? María era un vaso escogido; ella había hallado favor ante los ojos de
Dios.
Debemos comentar que el asunto aquí es el nacimiento del niño Jesús como habiendo nacido de María.
No es tanto Su naturaleza divina como la Palabra, que era Dios y que fue hecha carne (aunque, por supuesto, es el mismo precioso
Salvador presentado tanto aquí como en el Evangelio de Juan); sino que es Jesús como un hombre real y verdadero nacido de
una virgen. Su nombre debía ser Jesús, es decir, Jehová el Salvador. Él "será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le
dará el trono de David su padre" -aún mirándolo como Hombre nacido en el mundo. Pero Él era Dios así como era Hombre. Santo
por Su nacimiento, concebido por el poder de Dios, este Único Bendito, de quién, incluso habiendo nacido de María, se habla
de él como "el Santo Ser", sería llamado "el Hijo de Dios."
Entonces el ángel le cuenta a María acerca de la bendición que Dios había conferido a Elizabeth.
La intervención maravillosa de Dios había producido humildad en María en lugar de ensalzamiento: en lo que había pasado, ella
había visto a Dios y no a ella misma. El 'yo' estaba oculto de ella porque Dios se había acercado tanto, y ella se inclina
ante Su santa voluntad. "Hágase conmigo conforme a tu palabra." (Lucas 1: 38).
Versículos
39-45. Después, encontramos que María va a visitar a Elizabet, porque su corazón ama ver y reconocer la bondad del Señor.
Elizabet, hablando por medio del Espíritu, reconoce a María como la madre de
su Señor, y anuncia el cumplimiento de la promesa de Dios. "Bienaventurada la que creyó", etc. (Lucas 1: 45).
Versículo
46. El corazón de María está lleno de gozo, y ella prorrumpe en una canción de alabanza. Ella reconoce a Dios su Salvador
en la gracia que la ha llenado de tal gozo, aunque, al mismo tiempo, ella reconoce su absoluta pequeñez. Porque cualquiera
que pueda ser la santidad del instrumento que Dios pueda emplear, y eso realmente se encontró en María, aún así ella sólo
era grande en tanto se escondiese; porque entonces Dios lo era todo. Si hubiese creído ser alguien, ella habría perdido su
lugar; pero ella no hizo esto. Dios la guardó para que Su gracia pudiera manifestarse plenamente.
El
carácter de los pensamientos que llenan el corazón de María es un carácter Judío. Nos recuerda el cántico de Ana en 1ª. Samuel
2, que habla proféticamente de esta misma bendita intervención de Dios. Pero María vuelve a las promesas hechas a los padres,
e incluye a todo Israel.
Versículo
56. Después de permanecer tres meses con Elizabet, ella vuelve humildemente a su casa para seguir su propio camino, para que
los caminos de Dios se puedan cumplir. Nada es más hermoso en su forma, que este relato de las conversaciones de estas santas
mujeres, desconocidas para el mundo, pero quienes eran los instrumentos de la gracia de Dios para cumplir Sus planes gloriosos.
Ellas se movían en una escena dónde no cabían nada más que la piedad y la gracia. Pero Dios mismo estaba allí, no mejor conocido
por el mundo de lo que eran estas pobres mujeres, pero preparando y cumpliendo lo que los ángeles desearían mirar.
Versículos
57-59. Pero lo que sólo es conocido en secreto por la fe, será cumplido al fin delante de todos los hombres. El hijo de Zacarías
y Elizabet nace, y Zacarías, ya libre de su mudez, pronuncia la bendita profecía que tenemos en los versículos 69-80. La visitación
de Israel por Jehová de la cual él habla, abraza toda la felicidad del milenio, relacionado con la presencia de Jesús en la
tierra. Todas las promesas son Sí y Amén en Él. Todas las profecías Lo envuelven con la gloria que se comprenderá entonces.
Sabemos que, puesto que Él ha sido rechazado y mientras Él está ahora ausente, el cumplimiento de estas cosas es diferido
necesariamente hasta Su retorno.
CAPÍTULO
2.
Cuando
Dios se agrada en ocuparse del mundo, y tomar parte en lo que pasa en él, es maravilloso ver cómo Él actúa y la instrucción
que Él da. No hay ningún acuerdo, sino una oposición total entre Sus caminos y aquellos del hombre. El emperador y su decreto
no son sino instrumentos insignificantes. Augusto César actúa teniendo en cuenta sus asuntos; sin embargo él es, sin saberlo,
el medio utilizado para que se cumpla la profecía de que Jesús debía nacer en Belén. El curso entero del mundo está fuera
de la corriente de los pensamientos de Dios. Aquí, el hecho primordial para Él y para Su reino es el nacimiento de la criatura
en Belén; pero el emperador no piensa en ello en absoluto. El decreto pone al mundo en movimiento, y Dios hace que se cumplan
Sus pensamientos aquí abajo. ¡Cuán maravilloso! Toda la gente del mundo (Nota del traductor: mundo habitable de esa época
= Imperio Romano) está en movimiento para que este evento se lleve a cabo, necesario para que la profecía se cumpla, para
que el pobre carpintero, con María, desposada con él, estén en la ciudad de David, y el heredero de David nazca inmediatamente.
Y esto es lo más llamativo, porque el censo mismo fue efectuado después de algunos años, cuando Cirenio fue gobernador de
Siria: Dios está cumpliendo Su propósito de amor. Pero el Hombre era ciego a esto. ¿Quién tomó en cuenta al pobre Judío, aunque
él podía ser de la casa y linaje de David? Las cosas que son absolutamente indiferentes para el hombre, llenan el corazón
y el ojo de Dios.
Estamos
situados todavía en un ambiente Judío. Las promesas se están cumpliendo; la criatura debe nacer en Belén. "La ciudad de David"
como tal, no significa nada para el Cristiano, salvo que muestra cumplida la profecía: para nosotros el Hijo viene del cielo.
En la tierra la criatura es el objeto de los consejos de Dios; los ángeles y todo el cielo están ocupados con Su nacimiento;
¡pero no hay lugar en el mundo para Él! Vayan donde el gran mundo registra a cada individuo, vayan al pequeño mundo de una
posada, dónde cada uno es medido por el ojo conocedor del siervo, y el lugar se otorga de acuerdo con esto desde el altillo
al primer piso; ¡pero no hay lugar para Jesús! Y el pesebre condujo, a su debido tiempo, al lugar más bajo -a la cruz.
¡Qué
lección para nosotros acerca de este mundo! ¡Qué diferencia, también, entre renunciar al mundo y que el mundo nos abandone!
Podemos hacer lo uno con relativa facilidad; pero cuando sentimos que el mundo nos desprecia como Cristo fue despreciado,
descubriremos, a menos que Él llene y satisfaga el corazón, que teníamos un valor por la estimación del mundo del que no éramos
conscientes. Cuando la obediencia es tan importante para nosotros, en nuestra medida, como el obedecer era para Cristo, avanzaremos
sin importar lo que se ponga ante nosotros, sin que el mundo nos importe: no es que seremos insensibles, sino que cuando Cristo
es el objeto, sólo estaremos ocupados con Él.
Toda
la inteligencia de las cosas de Dios viene de Su revelación, y no de los razonamientos de los hombres. Por lo tanto, el simple
va más lejos en la comprensión espiritual, que el sabio y prudente de la tierra. Dios actúa aquí de tal forma que pone toda
la apariencia de sabiduría humana a un lado. ¡Feliz quién ha captado la intención de Dios de tal forma que se identifique
con ella, y no desee ninguna otra cosa sino a Dios! Esto sucedió con los pastores. Ellos aparecen poco en el gran propósito
de este relato; pero fue a ellos, y no al prudente, que Dios se reveló. Nuestra verdadera sabiduría es a través de lo que
Dios revela. Pero nosotros nunca conseguimos las bendiciones más plenas de Dios, hasta que estamos en la posición en que la
carne es abatida y destruida -yo hablo en lo que respecta al caminar. No podemos entrar en el simple gozo y el poder de Dios,
hasta que aceptamos el lugar de humildad y humillación -hasta que el corazón se vacía de lo que es contrario a la humildad
de Cristo. Estos pastores estaban en el tranquilo cumplimiento de su humilde deber; y ése es el lugar de bendición. Quienquiera
que se mantenga en buenos términos con el mundo no está caminando con Dios; porque Dios no está caminando allí contigo. Del
pesebre a la cruz, todo en Cristo fue sencilla obediencia. ¡Cuán diferente de un Teudas (Hechos 5: 36), diciendo que era alguien!
Cristo hizo todo a la manera de Dios; y no sólo eso, sino que nosotros también debemos llegar a eso.
La
gloria del Señor brilla alrededor de los pastores, el ángel les habla, se da la señal; ¡y qué señal! "Hallaréis a un niñito
envuelto en pañales y acostado en un pesebre. Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales,
alabando a Dios" (Lucas 2: 12, 13 - Versión Moderna) - y ¿para qué? "El misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne."
(1a. Timoteo 3: 16). Se les revela la esperanza de Israel -buenas nuevas de gran gozo, la cual será para todo el pueblo. Porque
Jesús es el punto central de todos los consejos de Dios en la gracia. El propio Adán era sino una figura de Aquel que iba
a venir. Cristo estuvo siempre en la mente de Dios. Tales despliegues de gloria no son mostrados a ojos de seres mortales
todos los días; pero Dios las pone ante nosotros en Su palabra, y debemos seguir todos los días la señal dada -seguir a Jesús,
el niñito en el pesebre. Si Él ha llenado el ojo, el oído, el corazón, de qué forma deberíamos ver los efectos en la persona,
el espíritu, la conversación, el vestido, la casa, el dinero, etc.
Tal,
entonces, es la señal del cumplimiento de la promesa de parte de Dios y de Su presencia en el mundo -'un niño en un pesebre'-
lo más insignificante y lo más humilde. Pero Dios se encuentra allí, aunque estas cosas están más allá del hombre, que no
puede caminar con Dios, ni puede entender Su gloria moral. Pero la señal de Dios está dentro del alcance de la fe. Es la señal
de debilidad perfecta; ¡un pequeño infante que sólo puede llorar! Alguien así, nacido en este mundo, es Cristo el Señor. Tal
es el lugar que Dios escogió -la baja condición. La intervención de Dios se reconoce por una señal como esta. El hombre no
habría buscado eso. Las huestes celestiales alaban a Dios y dicen, "¡Gloria en las alturas a Dios, y sobre la tierra paz;
entre los hombres buena voluntad!" (Lucas 2: 14 - Versión Moderna). Nada superior
ni más asombroso (excepto la cruz) para aquellos que tienen la mente del cielo. El coro celestial ve a Dios en ello -Dios
manifestado en carne, y alaban a Dios en las alturas. Ellos se regocijan de que Sus delicias es el estar con los hijos de
los hombres. (Proverbios 8: 31 - Versión Moderna). En los tiempos antiguos Dios se había mostrado a Moisés en una llama de
fuego, sin consumir el arbusto, y aquí, aún más maravillosamente, se muestra en lo más débil sobre la tierra; ¡pensamiento
moralmente infinito, aunque despreciable delante de los ojos del mundo! ¡Cuán difícil es aceptar que la obra de Dios y de
Su Cristo siempre es en debilidad! Los gobernantes del pueblo vieron en Pedro y Juan, hombres sin letras y del vulgo. (Hechos
4: 13). La debilidad de Pablo en Corinto era la prueba de sus amigos, la burla de sus enemigos, y él más bien se gloriaba
en ella. La fortaleza del Señor se perfecciona en la debilidad. El aguijón en la carne hizo que Pablo fuese despreciado, y
él pensó que habría sido bueno si eso se hubiese ido. Pero él tenía necesidad de la lección, "Bástate mi gracia." (2a. Corintios 12: 9). Es la regla de Dios de acción, si podemos decirlo así, para escoger lo débil. Todo
debe descansar en el poder de Dios, de otra forma la obra de Dios no puede hacerse según Su mente. Uno apenas puede creer
que debe ser débil para hacer la obra de Dios: pero Cristo fue crucificado en debilidad, y la debilidad de Dios es más fuerte
que los hombres. Para la obra de Dios debemos ser débiles, que la fortaleza pueda ser de Dios; y esa obra durará cuando toda
la tierra sea removida.
Versículos
21-38. Pero además del testimonio adicional dado por la ofrenda de Su madre a las circunstancias en este mundo en el cual
nació el Señor de la gloria, podemos ver que, mientras Dios a través de todo el Evangelio está estableciendo al hombre en
su nueva posición con Él, Él no se olvidó de Su antiguo pueblo. Él nos muestra aquí que Él satisfizo cada pensamiento en cada
corazón que fue tocado por la gracia en Israel. Su corazón estaba de parte, en forma especial, hacia aquellos que se afligían
por los pecados y desolación de Su pueblo; y quienes, con ellos, esperaban la redención, clamando desde las tinieblas, "¿Hasta
cuándo, Señor?" Dios realizará en poder aquello en que el Hombre ha fracasado en la responsabilidad. ¿Debemos, por consiguiente,
estar satisfechos si el pueblo de Dios no lo glorifica? No; la fe no es dura; se afligirá, pero esperará en Dios, y el tiempo
de Dios también; para el fiel es Él quién ha prometido, quién también lo hará. Él llevará adelante Sus propios propósitos.
Versículo
25. Así estaba Simeón, "esperaba la consolación de Israel." Así Ana no se apartaba del templo, sino que servía de noche y
de día con ayunos y oraciones; así todos los que habían esperado la redención en Jerusalén. Estaban los que observaban y Ana
lo sabía y hablaba con ellos. El resto, indudablemente, estaba ocupado con la opresión Romana; pero estos pocos le esperaban
a Él, inclinándose ante Su mano en el juicio del mal, pero buscando Su liberación.
Yo
creo que en el alma de Simeón había algo más que la alegría de sostener en sus brazos al niño, el Mesías esperado; Simeón
sintió que tenía a Dios, y estaba satisfecho. Así que él dice, sin siquiera considerar la gloria, "Ahora, Señor, permite que
tu siervo se vaya en paz, conforme a tu palabra." (Lucas 2: 29 - LBLA). En Romanos 5: 11 el apóstol, después de hablar de
regocijarse en la esperanza de la gloria de Dios, dice, "y no sólo esto." ¿Qué podría ser mayor que esa esperanza? Sí, hay
más: "también nos gloriamos en Dios." Los ojos de Simeón han visto la salvación de Dios, y él ruega al Señor soberano que
lo deje partir de este mundo.
Vemos
a menudo algo así en los santos moribundos, quienes se gozan profundamente en el amor del Señor para con los Suyos, y en la
proximidad de Su venida por ellos. ¿Por qué?, uno podría decir, ¿qué es Su cercana venida para aquellos que están muriendo
y partiendo a Él? Simplemente este: mientras más cerca estemos de Dios, más preciosa es toda la verdad de Dios, y todo lo
que está cerca de Su corazón. Así en los versículos 30-32 Simeón se regocija cuando él contempla la magnitud de la liberación
divina. Era para revelación a los Gentiles, quienes hasta ahora habían estado escondidos en las tinieblas de la idolatría
y la impiedad, así como para la gloria de Israel. Pero su alma está satisfecha reconociendo a Cristo, y anticipando el efecto
de Su presencia en el mundo entero: él tiene todo en Él, y desea partir. Si un hombre camina con Dios y ha terminado el curso
de su vida, él sabe que su obra está hecha y está consciente que está llegando el tiempo del Señor. Él tiene un compañerismo
y una comunión con el Señor, con quien ha caminado. Si simplemente es llevado a un lecho de enfermedad, entonces él no está
listo para partir; no es que él tenga temor, sino que Dios está enseñándole algo más. Pero cuando el tiempo de Dios llega,
todo es alegría y buena disposición para partir. Él se siente como Simeón, "Ahora, Señor, permite que tu siervo se vaya en
paz." (Lucas 2: 29 - LBLA).
Pero,
además, cuando Simeón bendijo a José y María, el Espíritu le concede descubrir los resultados más inmediatos de la presencia
del niño en Israel. Él será la piedra de toque de muchos corazones, una ocasión para caída así como para levantamiento de
muchos; Él será una señal que será contradicha, un Mesías rechazado; y el corazón de María iba a ser traspasado, no obstante
el gozo de aquel momento o la gloria futura.
Israel
estaba, de hecho, en una baja condición, pero no lo sabía; Israel debe saberlo, y los Cristianos también; porque Cristo tuvo
que descender a la tumba y resucitar. Los pensamientos del corazón deben ser revelados, cualquiera que sea el atuendo exterior.
Pero entonces, Él es también quien saca a la luz los pensamientos de Dios. Si Él es el Cristo, la gloria del pueblo de Dios,
Él es también el que abatirá la carne, y enfrentará y humillará al hombre en su orgullo; Él es Aquel que te hará saber si
Su rechazo es más precioso que todo lo demás.
Versículo
39. Cuando todo se hizo conforme a la ley, ellos volvieron a Galilea, a Nazaret. Jesús no sería el Cristo que necesitamos,
si Él hubiera aceptado alguna gloria de Jerusalén. Su lugar está entre los pobres del rebaño -su lugar a través de todo Israel.
Versículo
40. "Y el niño crecía, y se iba fortaleciendo en espíritu, llenándose de sabiduría: y la gracia de Dios era sobre él." (Versión
Moderna). Lucas nos entrega más de la realidad de Su niñez que los otros Evangelios. Él no fue hecho un hombre plenamente
formado como Adán.
¡Si
uno sólo lee el relato sin el comentario, cuán indeciblemente precioso lo siente el alma! Cuando vemos quién era, vemos en
Él a la naturaleza humana llenada con Dios, por así decirlo. No es una distinción oficial, pero el corazón se siente cercano
a Dios. La bienaventuranza del encanto intrínseco del niño llena el corazón. Es también profundamente instructivo el incidente
registrado en relación con la pascua, cuando Él tenía doce años. Su verdadero carácter se da a conocer, aunque Él aún no iba
a actuar conforme a este. Él vino para ser un Nazareno -para ocuparse de los negocios de Su Padre. Esto se declara aquí claramente
antes de que Él entre en Su ministerio público, para que se pudiese ver que está relacionado con Su persona, y no para depender
meramente en Su ministerio. Él era el Pastor del rebaño en espíritu y carácter. Le pertenecía a Él. Él era el Hijo del Padre,
aunque esperando el tiempo de Dios para mostrarlo.
Versículo
51. No obstante, "descendió con ellos, y volvió a Nazaret, y estaba sujeto a ellos." ¡Qué majestad en toda Su vida! El hecho
de ser Dios afianzaba Su perfección como un niño y hombre aquí abajo. Él siempre tuvo la bendita conciencia de Su relación
con Su Padre -un hijo obediente, pero consciente también de una gloria desvinculada en sí misma con la sujeción a la familia
humana. Él perteneció a María e incluso a José; pero en otro sentido, Él no era de ellos. Su filiación divina también fue
conocida por Él, así como Su obediencia a Sus padres fue oportuna y absolutamente correcta.
Versículo
52. "Y Jesús avanzaba en sabiduría y en estatura, y en favor para con Dios y los hombres." (Versión Moderna). Al desarrollarse
su inteligencia humana, Él, aunque siempre perfecto, llegó a ser en una manera completa -el hombre perfecto. La hermosa planta
creció y se desplegó ante Dios y el hombre.
CAPÍTULO
3.
Los
dos capítulos precedentes han entregado el carácter general; han mostrado la manifestación de los pensamientos de Dios al
hombre. Conforme a esto, encontramos que este Evangelio, en su conjunto, está particularmente ocupado con lo que no es Judío.
No obstante, la parte judía se da al principio con considerable detalle, ya que Israel, debido a su incredulidad e inutilidad
moral, será puesto a un lado para dejar paso a las nuevas relaciones, fundadas en lo que Dios revela ser para el hombre en
Jesús, el verdadero y único mediador. Pero si el capítulo 1 revela la fidelidad de Dios a las promesas hechas a Abraham, a
Su pacto y a Su juramento, el capítulo 2 nos pone en presencia del gobierno real del mundo, del pueblo y de la tierra del
Señor bajo la cuarta bestia, el imperio Romano. ¿Qué confusión hay que el pecado no pueda crear? Los Judíos están sujetos
a los Gentiles; José y María, de la casa real de David, suben para ser censados. No obstante, los propósitos de Dios brillan
mucho más luminosos que las tinieblas que los rodeaban: Él "estaba en Cristo, reconciliando consigo mismo al mundo." (2a.
Corintios 5: 19 - Versión Moderna). Israel, sin embargo, sería sometido a una nueva prueba moral por medio de Su presentación
de Él. ¡Ay! pronto se dejó ver que, si ellos no habían guardado la ley, ellos odiaron la gracia. "He aquí que este niño es
puesto para caída y levantamiento de muchos en Israel," (Lucas 2: 34 - Versión Moderna), "y para señal que será contradicha."
(Lucas 2: 34 - VRV60).
En
el capítulo 3 tenemos el ministerio de Dios llegando por medio de un profeta así como en los tiempos antiguos llegó por medio
de Samuel. "Vino palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto" (Lucas 3: 2). No es sin objeto que el Espíritu
menciona el año decimoquinto de Tiberio César, etc. Toda la tierra estaba aparentemente en paz bajo su pagano gobernante;
la palabra de Dios encontró su esfera adecuada en el desierto. La ley y los profetas fueron hasta Juan: ¿y dónde iba a estar
él en un estado tal de cosas sino en el desierto? ¿Podía él admitirlo moralmente? Dios no tendría a Su mensajero en Jerusalén.
La
profecía es el medio soberano con que Dios puede comunicarse con Su pueblo cuando ellos están arruinados y lejos de Él. Juan
comprende esto, y predica el bautismo de arrepentimiento para remisión de pecados. Y tal fue el lugar asignado, muchos siglos
antes, por medio de Isaías el profeta. Era vano para Israel alegar sus privilegios y derechos.
Todo
estaba mal, y el Juez estaba en la puerta. La obra de Juan no era conducir de vuelta al pueblo a la ley: él estaba preparando
el camino del Señor. En esto él se diferencia de los profetas así como de la ley, o más bien él fue más lejos; porque había
llegado el tiempo de Dios para dar un paso adelante. Los profetas conducían de vuelta a Horeb: Juan no dice una palabra de
esto, aunque su padre era un sacerdote, y él mismo, por supuesto, era un descendiente de Aarón.
Él
no intenta establecer de nuevo lo que estaba terminado; él anuncia el reino. Él no puede introducir la iglesia, ni siquiera
las buenas nuevas de la gracia de Dios (ambas esperaban el cumplimiento de la obra de redención), sino que él deja la ley,
y muestra que el propósito de Dios es el reino.
La
cita de Isaías deja a un lado a Israel -no meramente a los Gentiles sino a Israel- como a hierba, hierba seca, sin que le
quede ni una brizna verde. Con todo, la palabra del Señor permanece para siempre, y esto cuando toda esperanza para el hombre
había desaparecido. Puede que Israel haya fracasado, pero la palabra del Señor estará firme. Es más, puesto que era el Señor
el que estaba viniendo, cada valle debía rellenarse, etc. No sólo los Judíos, sino toda carne, deben ver la liberación de
Dios. Si el pecado sumerge todo en ruina indiscriminada y un juicio común, Dios puede encontrarse con el hombre así arruinado,
pero Su gloria no se encerrará en los estrechos límites de Israel.
Versículos
7-14. Pero, para ser bendecido, el Hombre debe arrepentirse. Dios acepta realidades, y no meras personas que aparentan; Él
debía tener frutos que respondiesen a corazones que sentían y juzgaban su condición moral, y qué por consiguiente se volvían
de ellos mismos a Dios. Las ordenanzas, las reivindicaciones formales, etc., que deberían haber sido medios de bendición,
no serían ningún refugio contra ira venidera; ni Dios les permitiría impedir Su creación de verdaderos hijos de la promesa,
si esta generación nuevamente resultase en nada mas que Ismael. El juicio debe empezar por
la casa de Dios.
De
hecho, como sabemos, Juan fue decapitado, y el Señor fue crucificado, y el reino, presentado en Él, y por Él, fue rechazado
por Israel. Con el tiempo será establecido visiblemente y en poder.{*} Mientras tanto, la iglesia es establecida, porque
el reino no es establecido en esta forma manifiesta. Y aquellos que ahora toman su lugar con el Señor, participan de Su rechazo.
Ellos son miembros de Su cuerpo, la iglesia. Ellos participarán de Su gloria, pero será una gloria celestial, y no terrenal.
En otro sentido, nosotros estamos ahora en el reino. Para la fe, el cielo gobierna ahora, y nosotros lo reconocemos, y lo
conocemos; pero Satanás es en realidad el príncipe y dios de este mundo; de ahí que aquellos que son hechos reyes para Dios
(porque esa es nuestra verdadera posición - Apocalipsis 1: 6) son llamados a sufrir. Por consiguiente, Pablo fue a todas partes
predicando el reino de Dios, así como a Cristo y la iglesia. Tenemos aquello por medio de lo cual reinaremos con Cristo; pero
ni siquiera ésa es nuestra mejor porción. Ser uno con Cristo -su cuerpo y esposa- es de una mayor bendición. Si tu mente sólo
descansa en la persona de Cristo, no hay dificultad en ver que cuando Él es quitado, todo debe cesar por lo que respecta a
la tierra. Él es el centro de todo; y cuando fue rechazado, algo de lo cual la profecía hablaba, lo que parecía estar a punto
de cumplirse, es interrumpido. Acto seguido, Cristo asciende, y toma una gloria sobre los cielos, y ahora los santos encuentran
allí su lugar con Él. Comparen con Salmos 2 y 8.
{*
Observen que Mateo sólo usa la expresión, el "reino de los cielos". Es a menudo, en un sentido general, susceptible de
ser intercambiada con el "reino de Dios", como vemos comparándolo con Lucas.
No obstante, las dos frases no siempre pueden reemplazar la una a la otra, y Mateo usa "reino de Dios" en unos pocos pasajes
dónde el "reino de los cielos" no podría usarse (Mateo. 6: 33; 12: 28; 21: 43). Así, "el reino de Dios" estaba allí cuando
Cristo, el Rey, estaba allí; "el reino de los cielos" empezó con Cristo yendo al cielo. Con el tiempo, cuando Satanás deje
de gobernar, será el "reino de los cielos" (y, por supuesto, "de Dios" también), no en misterio, sino en manifestación. "El
reino de Dios" tiene también una fuerza moral que la expresión el "reino de los cielos" no tiene; y de esta manera es usado
frecuentemente por Pablo, y era peculiarmente adecuado al propósito del Espíritu en Lucas.}
Entonces,
el propio Juan el Bautista se dirige a los Judíos, demandando arrepentimiento, y rectitud como su fruto; les muestra que,
si ellos estaban exteriormente más cercanos a Dios como Judíos, ellos debían esperar juicio muy pronto. Si el Señor estaba
viniendo, Él debía tener lo que era digno del Señor. Incluso entonces, el hacha estaba puesta a la raíz de los árboles; si
no había ningún buen fruto en los árboles, cada uno debía ser cortado y quemado. ¿Cuál es la alternativa: arrepentimiento
o ira? El Señor no permitiría ningún pretexto de descendencia de Abraham, si sus caminos contradecían los de Abraham; Él desea
tener justicia. Es el Señor que simplemente está cerca, y Él debe tener un pueblo adecuado para Él, o Él levantaría de las
mismas piedras a un pueblo preparado para Él.
Evidentemente
la palabra de Juan no es una voz de misericordia hacia para el pobre pecador. Dios es presentado en forma de juicio, no de
misericordia soberana. Él no dice, "Venid a mí." Juan no podía decirlo, porque él no era Cristo, y nadie sino Él podía decir,
"Venid a mí." Juan vino en justicia.
En
los versículos 10-14 se da un testimonio moral, y se da en detalle. Juan trata con la iniquidad práctica de cada clase de
personas. Así, incluso, cuando se plantea la pregunta acerca del Cristo (versículo 15-18), "viene uno más poderoso que yo",
dice él. Él piensa especialmente acerca de Su poder -Su poder, tanto moral como exteriormente. "Él os bautizará con el Espíritu
Santo y fuego." (Lucas 3: 16 - Versión Moderna). Es el poder del Espíritu Santo y Su juicio consumidor. Él no podía hablar
de la gracia del evangelio que nosotros conocemos ahora.
Él
proclama a Uno que estaba viniendo tras él, no una salvación presente a los que le oían. Cualquier cosa que no soportara el
fuego iba a ser quemada. Porque Su aventador "está en su mano, para limpiar perfectamente su era, y recoger el trigo en su
granero; mas quemará la paja en fuego inextinguible." (Lucas 3: 17 - Versión Moderna) (Comparen con Isaías 21: 10, etc.).
La era de Dios {Nota del traductor: ERA = Espacio de tierra limpia y
firme, algunas veces empedrado, donde se trillan las mieses- Diccionario de la Real Academia Española}, era Israel; allí Él estaba obteniendo Su trigo, si es que se
iba a encontrar algo de trigo. Pero Su aventador está en Su mano; Él va actuar con prontitud (Romanos 9: 28). Tito {Nota
del Traductor: El hijo del emperador Vespasiano y General del ejército que marchó a sofocar la revuelta en la provincia de
Judea}, puso finalmente a un lado la era de Dios en la tierra; El pecado de Israel lo había perdido moralmente cuando
ellos rechazaron a Cristo, pero en la destrucción de Jerusalén se terminó completamente el trato con Israel por ahora.
Versículos
19, etc. - De paso, debe ponerse atención al método de instrucción de Lucas. Él muestra que Juan había predicado y exhortado
la verdad moral, y entonces concluye con él, poniéndolo, como estaba, fuera de la escena, para introducir a Cristo. No fue
que históricamente Juan fue encarcelado en ese momento por Herodes el tetrarca; esto tuvo lugar mucho después. Pero es una
muestra del modo de Lucas, quien vuelve al Señor tomando Su lugar entre el remanente de Israel. Porque el Señor no se identifica
con la nación; pero, en cuanto hay un pobre remanente, Él se identifica con este remanente.
Esta
historia abre con el versículo 21, y ¡cuán maravillosa y llena de gracia! "Y
aconteció que cuando fué bautizado todo el pueblo, y siendo Jesús también bautizado, y estando orando, abrióse el cielo, y
descendió sobre él el Espíritu Santo en forma corporal, como paloma; y hubo una voz, procedente del cielo, que decía: Tú eres
mi Hijo amado; en ti hallo mi complacencia." (Lucas 3: 21, 22 - Versión Moderna). Uno puede haber mirado y escuchado de forma
lúgubre, cuando uno lee acerca de Juan el Bautista y su testimonio. Podríamos habernos preguntado, mientras la lista de hombres
agonizantes pasaba ante nosotros, ¿Qué es el hombre? Pero ahora mi ojo descansa en Jesús: Yo encuentro que el Señor del cielo
es un hombre. Todo va a empezar de nuevo. ¿Pregunto yo de nuevo: Qué es el hombre? Enseguida Cristo sale. ¿Me miro a mí mismo?
¿a todo lo que me rodea? ¿Qué es lo que yo veo? Suficiente para romper mi corazón, si es que hay un corazón a ser roto. Lo
único que evita que las personas sean absolutamente quebrantadas es que ellas no tienen un corazón para sentir las cosas como
son.
¡Pero
aquí hay un descanso! ¡Yo tengo ahora a un hombre que satisfizo a Dios -este hombre bendito en la tierra en la presencia de
Dios, contemplando a Dios, y un objeto para Dios! No a un Mesías limpiando Su era, sino Aquel en quien todos los pensamientos
y propósitos de Dios están contenidos- no el hombre quebrantado por la polilla, sino a Jesús el Hijo del Hombre, no meramente
descendiendo de Abraham y David, sino que remontándose hasta ser "hijo de Adán, hijo de Dios"- el segundo Hombre, el postrer
Adán, el Espíritu vivificante. Qué alivio; porque, ¿qué es el hombre? ¡Qué es uno mismo, cuando el pecado del corazón es conocido
-renunciando a Dios por una manzana desde el principio hasta ahora! Pero ahora un hombre, un hombre bendito, aparece, "y orando."
(Lucas 3:21). No se nos dice esto en otra parte, y ¿por qué aquí? Porque Lucas presenta al hombre en su perfección -el hombre
dependiente; porque la dependencia es la esencia de un hombre perfecto. Verdaderamente vemos a Dios resplandeciendo en todas
partes, pero incluso en Jesús el hombre dependiente, en el lugar y condición de perfección como hombre. La raíz del pecado
en nosotros es la voluntad propia, la independencia. ¡Aquí mi corazón tiene descanso! Un hombre dependiente en medio del dolor,
pero perfectamente con Dios en todo. Vean también el relato de Lucas acerca de la transfiguración: en la humillación o en
la gloria, no hay ninguna diferencia en cuanto a esto; el perfecto es siempre aquel que depende.
Y
cuando ese corazón bendito expresó así su dependencia, ¿obtuvo Él alguna respuesta? "El cielo se abrió." ¿Se abre así el cielo
sobre mí? De hecho está abierto para mí, sin duda alguna, pero yo oro porque está abierto; el cielo se abrió porque Él oró.
Yo vengo y miro arriba porque los cielos se abrieron sobre Él.
Es,
de hecho, un precioso cuadro de la gracia, y podemos atrevernos a decir que el Padre amó mirar -mirar hacia abajo, en medio
de todo el pecado, a Su Hijo amado. Nada sino lo que era divino podía despertar así el corazón de Dios; y sin embargo, era
el hombre humildemente perfecto. Él no toma el lugar de Su gloria eterna, como el Creador, el Hijo de Dios. Él se inclina
y es bautizado (Salmo 16). Él dice, "en ti he confiado." (Salmo 16: 1). Él dice a Jehová, "Tú eres el Señor: Mi bien á ti
no aprovecha." (Salmo 16:2 - RV 1909); Él dice al remanente piadoso en Israel, "a los santos que están en la tierra, y a los
excelentes, en quienes tengo toda mi complacencia." (Salmo 16:3 - Versión Moderna). Él no necesitaba ningún arrepentimiento,
sin embargo Él es bautizado con ellos; así como cuando, más adelante, Él saca fuera Sus ovejas, Él va delante de ellas (Juan
10: 4). Él se identifica en gracia con Israel, incluso con aquellos que tenían un limpio corazón. ¡Y el Espíritu Santo desciende
como una paloma sobre Él -símbolo apropiado de ese hombre sin mancha! -lugar apropiado de habitación para el Espíritu en el
diluvio de este mundo! Y cuán dulce es, también, que se nos señale a Jesús como el objeto de Dios. Yo conozco lo que el Padre
siente por Él. Yo soy hecho Su íntimo, y soy admitido para oírle expresar Su afecto por Su Hijo, ver los reformados vínculos
entre Dios y el hombre. El cielo se abre, no para algo que esté arriba, sino sobre un hombre en la tierra.
Así
yo obtengo descanso, y mi corazón encuentra comunión con Dios en Su Hijo amado. Es sólo el creyente quien disfruta esto, pero
el vínculo está allí. Y si yo tengo en y sobre mí aquello que aflige el alma, tengo en Él aquello que es gozo inagotable y
consuelo.
La
genealogía se ajusta exactamente al pensamiento de que Dios está mostrando gracia en el hombre y al hombre. El origen de Jesús,
el amado Hijo de Dios, se traza hasta Adán y hasta Dios. Jesús es Hijo del Hombre; Él es heredero en este sentido. Él recoge
la herencia que Dios le dio al hombre. ¡Oh, qué verdad! ¿Hacia dónde se puede dirigir nuestro corazón para encontrar descanso,
si no tuviera a Jesús para descansar en Él? Con Él, no importa que el cielo y la tierra se volteen al revés, y no obstante
yo tengo descanso. ¡Qué bienaventuranza para el corazón es tener el objeto con el que el propio Dios está ocupado! ¡Qué nuestros
corazones puedan también ocuparse cada vez más de Él!
CAPÍTULO
4.
Vimos
al Señor tomando Su lugar de siervo con lo que era excelente en Israel, e inmediatamente los cielos se abrieron, y Él fue reconocido por el Padre como Su Hijo amado. Sus deleites estaban con los hijos de hombres,
y se traza Su origen no solamente hasta Abraham, raíz y depositario de las promesas Judías, sino hasta Adán y el propio Dios.
Independientemente
de Su gloria divina apropiada como Hijo del Padre, Jesús debe ser llamado el Hijo del Altísimo, el Hijo de Dios. Como hombre
en la tierra, Él fue sellado con el Espíritu Santo. Él tomó forma de siervo, y fue hecho semejante a los hombres. Su perfección
completa era cumplir ahora, como un siervo, la voluntad de Aquel que lo envió; porque un siervo que hace su propia voluntad
es un mal siervo. Las características de esta posición eran: dependencia, espera, y obediencia, y ellas se encuentran en Él
hasta lo sumo. Por lo tanto, como leemos en los Salmos, "Pacientemente esperé a Jehová." (Salmo 40: 1). Él no pediría poder,
sino que espera en Dios. "¿O acaso piensas tú que no puedo orar a mi Padre, y él, ahora mismo, pondría a mi servicio más de
doce legiones de ángeles?" (Mateo 26: 53 - Versión Moderna). Puesto completamente a prueba, Él no haría nada más que la voluntad
de Su Padre. Él debía aprender la obediencia (Hebreos 5: 8). Habiendo tomado el lugar, Él pasaría totalmente por la prueba,
no en una acción, sino experimentando la fuerza de esa expresión, aprendiendo la obediencia, sin un consuelo aquí, rodeado
de enemigos, cercado por toros de Basán, rodeado de perros. Él tenía que aprender la obediencia dónde la obediencia siempre
era sufrimiento, incluso hasta la entrega de la vida. Cada paso que daba era humillación hasta que llegó el fin en la cruz,
dónde soportó la ira de Dios por amor a nosotros. No cabe ninguna duda que Él encontró, en Su rechazo, campos blancos para
la siega, y así nosotros, en nuestra medida, al caminar en el mismo camino. Pero la cruz siempre estaba ante Él, -todo lo
que podría detener a un hombre. No obstante Él continuó, esperando pacientemente, y no pidiendo liberaciones. Así Él presentó
el perfecto Dios al hombre, y el hombre perfecto a Dios.
Versículo
1. En este capítulo Él comienza públicamente el camino de padecimiento a causa de la obediencia. Y lo primero que hay que
observar es que, estando lleno del Espíritu Santo, Él es llevado por Él al desierto, dónde es tentado por el diablo.
Hay
dos maneras en que el enemigo tiene poder; primero por las seducciones, y en segundo lugar por el terror. En la primera él
obra en nosotros a través de las concupiscencias de la carne, presentando lo que está calculado para atraer, y de esta forma
él nos gobierna de forma natural. En la otra, él tiene el poder de la muerte. De esta forma, siendo Judas un hombre codicioso
y sin la fe que purifica el corazón, Satanás le sugirió la ocasión y lo atrapa. Él no tiene derecho a dominar a los hombres,
pero él adquiere el dominio a través de las concupiscencias de la carne. Otra manera es a través del temor a la muerte. Con
ambas él atacó al Señor, pero no encontró nada en Él.
Aquí,
entonces, tenemos al diablo enfrentando al hombre en el poder del Espíritu de Dios -al hombre tentado, no en el paraíso, sino
en el desierto. Jesús no dice, 'Yo soy Dios, y tú eres Satanás; vete.' Eso no habría glorificado a Dios, ni nos habría ayudado.
Pero como el Señor fue llevado al desierto, no por la concupiscencia (¡qué Dios prohíba incluso el pensamiento!) sino por
el Espíritu Santo, así en Su gracia bendita Él se coloca en el lugar dónde el hombre estaba. Él no tiene ayuda de nadie, ni
siquiera de Juan el Bautista. Más bien estaban dadas todas las condiciones para tropezar, de haber sido posible; Él pasa a
través de todo eso como hombre. Él debe ser tentado, y debe superar aquello donde el hombre no sólo había fallado, sino que
yacía bajo el poder de la maldad.
Versículos
2, 3. No había nada malo en el hambre: no era ningún pecado. Él podría haber ordenado que las piedras se convirtiesen en pan,
pero al hacer esto, excepto por hacer caso a la palabra de Su Padre, habría estado haciendo Su propia voluntad, y entonces
Él no habría sido el hombre perfecto. Satanás intenta introducir en Su corazón un deseo que no estaba en la palabra de Dios;
él tuvo éxito al insinuar una concupiscencia en el corazón de Adán; él fracasa con Jesús, aunque Él estuvo durante cuarenta
días expuesto a su presencia y poder. ¡Jesús tuvo que conocer por la experiencia lo que era tener al diablo obrando ante Él,
sin un solo apoyo, sin un amigo, en solitaria tristeza (salvo, de hecho, por
las bestias salvajes)! Así Él midió el poder de Satanás. El hombre fuerte estaba allí, exhibiendo todas sus armas, pero fue
superado por Aquel que era más fuerte que él: Jesús ata al hombre fuerte. Él estuvo abstraído de la condición humana durante
cuarenta días, no como Moisés solo para estar con Dios, sino como Aquel que siempre estaba con Dios, para ser expuesto a Satanás.
Ningún otro hombre necesita abstraerse para ser tentado, él sólo tiene que estar de acuerdo con los hombres. En este caso,
esta separación extraordinaria era para estar con el diablo. Para estar con Dios, Él no necesitaba nada fuera de Su camino
diario, porque era Su lugar natural; pero para estar con Satanás, Él lo necesitó. Otros eran extraños para Dios, y se sentían
como en casa con Satanás. Él, en las cosas más adversas, es un extraño para Satanás, y mora en el seno del Padre (Juan 1:
18).
Pero
Él se despojó a sí mismo como Dios, para hacerse un siervo como hombre, y allí Él espera en dependencia a la palabra de Aquel
a quien Él servía. El Padre viviente lo había enviado, y Él vivió por el Padre. Él era como hombre bajo Su autoridad, y Su
comida era hacer Su voluntad. "Por la palabra de tus labios yo me he guardado de las sendas de los violentos." (Salmo 17:
4)
Versículo
4. Lo que Él siempre usa es la palabra escrita, ¡y Satanás queda sin poder! ¡Qué importancia asombrosa da Jesús a las escrituras!
Dios actúa ahora por la palabra, y Satanás es resistido moralmente de esta manera. Un hombre no puede ser tocado por Satanás
mientras la palabra es usada en forma sencilla y en obediencia.
"El
que es engendrado de Dios se guarda, y el maligno no le toca." (1a. Juan 5: 18 - Versión Moderna). Él no despidió a Satanás
como un ejercicio de autoridad divina, sino que se demostró que el enemigo es incapaz de confrontar la obediencia a la palabra
de Dios. Si él no puede sacar del camino de obediencia, él no tiene poder.
¿Hay
algo más simple? Cada hijo de Dios tiene el Espíritu Santo que actúa por la palabra para guardarlo.
Jesús
no razona con Satanás. Un solo texto impone silencio cuando es usado en el poder del Espíritu. Todo el secreto de la fortaleza
en un conflicto es usar la palabra de Dios de la manera correcta. Uno puede decir, yo no soy como este Hombre perfecto: podía
ser así con Cristo, pero ¿cómo puedo yo esperar el mismo resultado? Es verdad, nosotros somos ignorantes, y la carne está
en nosotros; pero Dios siempre está detrás, y Él es fiel, y no dejará que seamos tentados más de lo que podamos resistir (1a.
Corintios 10: 13). La tentación puede ser simplemente para probar nuestra obediencia, como en el caso de Abraham, no una trampa
para que nos extraviemos. Satanás presenta lo que no tiene ninguna apariencia de mal. El mal sería hacer nuestra propia voluntad.
Ahora esto resuelve cada dificultad que surge -no se trata de, ¿qué tiene de malo en hacer esto o lo otro?- sino, ¿por qué
estoy haciéndolo? ¿Es para Dios o para mí? ¡Qué entonces! ¿es que tengo que estar para siempre bajo esta restricción? ¡Ah!
allí se presenta el secreto de nuestra naturaleza; no nos gusta la restricción en hacer lo que Dios aprobará. ¡Es la restricción
de hacer la voluntad de Dios! Nosotros queremos hacer nuestra propia voluntad. Actuar meramente por lo que uno debe hacer
corresponde a la ley, y no a la guía del Espíritu. La palabra de Dios era el motivo de Cristo, y tal es la guía de Cristo.
No es poner una cerca al viejo hombre, sino que la defensa contra Satanás es el nuevo hombre viviendo por la palabra.
Versículos
3-13. La primera tentación es una apelación a la necesidad del cuerpo. La segunda en Lucas (no en Mateo), es el incentivo
de la gloria del mundo. La tercera en nuestro Evangelio es la tentación religiosa a través de la palabra de Dios, y moralmente,
por consiguiente, es la más dura de todas para uno que valora esa palabra. Y ésta es la razón por qué Lucas se aparta del
orden real de los eventos, para agruparlos moralmente, como también es el hábito de este evangelista en otras partes. Así
tenemos al tentador atacando al Señor Jesús, primero, acerca de la vida del hombre; segundo, acerca del poder dado al hombre;
y tercero, acerca de las promesas hechas al propio Cristo.
El
Señor podría haber discutido con el diablo, pero Él ni siquiera le dice que el dominio del mundo luego sería Suyo. Él se mantiene
firme en aquello que resuelve todo, y es un ejemplo perfecto para nosotros. Él se afirma en la palabra de Dios, y la adoración
a Dios. Él espera en Su palabra, Él le adora, Él sólo le sirve a Él. ¡Cuán simple y cuán bendito! Era el vínculo inmediato
con Dios de un corazón obediente. El asunto era acerca de la relación con Dios. Así en el pasado, Eleazar recibe bendición,
pero antes de que él empiece a disfrutarla, él da gracias. Él primero tuvo la palabra, luego la bendición -y, ¿qué sigue inmediatamente? Él inclina su cabeza y adora. Dios es el primer pensamiento de
su corazón. Y de esta forma, aún más plenamente aquí con el Señor. La última y más sutil tentación estaba fundada en las promesas
al Mesías (versículos 9-11). ¿Si tú eres el Hijo de Dios, por qué no haces la prueba? Pero, ¿por qué iba Él a probar si Él
SABÍA que Dios estaba a favor de Él? ¿Por qué Él debía ser como el presuntuoso Israel de antaño, quién subiría la colina en
desobediencia, para demostrar si el Señor estaba entre ellos? Ni siquiera cuando Lázaro estaba enfermo Él se inquietaría,
hasta que fuese la voluntad del Padre, aunque toda la naturaleza se hubiese movido: y Él conocía bien el dolor de esa casa
que era Su refugio; porque "amaba Jesús a Marta, a su hermana y a Lázaro." (Juan 11: 5).
El
Señor no escuchó. Ustedes dicen, ¿quién lo habría hecho? Pero ustedes escuchan a Satanás, todos los días de sus vidas cuando
buscan algo, aunque sea muy poco, del mundo. ¿Pero no había una promesa? Indudablemente la había; no obstante, ¿por qué debía
Él lanzarse abajo para ver si Dios sería tan bueno como Su palabra? ¿No sabía Él que Dios estaba con Él? Y así con nosotros:
que sólo la palabra esté con nosotros, no importa lo que pueda estar ante nosotros. Nunca debemos plantear una interrogante
acerca de si Dios está con nosotros. Si Él no envía, no nos movamos, pero nunca nos permitamos cuestionar Su presencia. Si
estamos en el camino sencillo de Su voluntad, el Espíritu Santo actuará en nosotros para guiar, y no meramente en nosotros
para corregir.
Así
entonces, en el orden que sigue Lucas, el cual, como hemos visto, no es histórico, sino moral, tenemos los ejercicios progresivos
de un hombre. Primero, los deseos naturales; en segundo lugar, los deseos mundanos;{*} y por último, las tentaciones
espirituales. El Señor Jesús fue tentado aquí, no en Edén, sino en el gran sistema dónde
nosotros estamos. Él se situó, por la voluntad y sabiduría de Dios, en el lugar de nuestra dificultad en el mundo,
dónde el hombre está. Él ha pasado por todas las dificultades en las que un santo está. ¿Quién quiere Su ayuda? No un pecador,
porque él necesita salvación: sino un santo necesita ayuda y compasión en su camino. Nosotros tenemos que guardar prácticamente
nuestro primer estado, como renovados. Satanás no puede tocar el nuevo hombre, pero él intenta atraernos para que nos salgamos
del camino de piedad. Nosotros queremos el socorro para caminar obedientes dónde Cristo caminó.
{*Al
decir Satanás en Lucas 4: 6 ("toda esta potestad", etc.) era falso en cuanto al derecho, pero verdadero de hecho, por medio
de las pasiones de los hombres. En cuanto quieren manifestarse, él da el poder; pero Dios, después de todo, está por sobre
él, y gobierna en providencia.}
Versículo
14. "Y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea;. . .Y enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado por todos".
Su obediencia se muestra en todas las cosas. No tocado por Satanás, Él continúa en poder que no puede ser impedido: así como
nosotros lo haremos, en cierta medida, si, como Él, pasamos a través de la tentación, para no ser tocados por Satanás.
Versículo
16. "Vino a Nazaret, donde se había criado" -el lugar inferior, despreciado, pero justo el lugar dónde se encuentra el poder
espiritual. ¿No fue siempre así? ¿Cuándo se encontró [el poder] aliado a las grandes cosas de este mundo?
Versículo
18. "El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres," etc. Era la característica
de la gracia venir para tales personas. El gran oficio de Cristo era predicar, es decir, presentar a Dios. El Espíritu Santo
da la palabra correcta en el momento correcto, y de la manera correcta. "Hoy se ha cumplido esta Escritura en vuestros oídos,"
versículo 21 (VRV 1909). El Señor no razona; Él dice, 'Aquí está'. La manera
de obrar de Dios es presentar lo que nosotros necesitamos. Ustedes quieren salvación, pues allí está; ustedes quieren misericordia,
y allí está. Sólo Dios puede venir así, por la gracia, al lugar de un pecador. Ellos se maravillaron, porque Sus palabras
eran palabras preciosas, pero pronto ellos preguntan, "¿No es éste el hijo de José?" ¿Estaba Él avergonzado de ser el carpintero?
La gracia desciende a la necesidad más baja. Pero el hombre aprovechará la ocasión para despreciar la gracia, porque está
vestida de humillación: él puede ver a Dios, pero renuncia a mirar la humillación, y así muestra el odio de su corazón. La
gracia de Dios es despreciada y Su soberanía es odiada. Dios no despreció a Nazaret, pero el hombre desprecia a Jesús porque
Él salió de Nazaret. Incluso el sincero Natanael pregunta, "¿De Nazaret puede salir algo de bueno?" (Juan 1: 46). ¡Cuán poca
apreciación de los caminos de la gracia hay incluso en el piadoso! Cristo entra en la miseria de hombre, y lo encuentra donde
él está.
¿Podía
hacerlo un ángel? No: el ángel se queda en su posición apropiada, levando a cabo los mandatos del Señor, y escuchando a la
voz de Su palabra. Un ángel no debe descender hacia mí en mis pecados: sólo Dios lo puede hacer en Su gracia. ¡Y el hombre
despreció la humildad a la que Lo trajo la gracia -miserable hombre!
Pero
Israel siempre resistió a la gracia, y, sin embargo, esto estuvo siempre en el camino del deleite de Dios. Vean a la viuda
de Sarepta en Sidón, y a Naamán el sirio leproso. La gracia sobrepasa los límites de Israel (versículos 25-27). Ellos podrían
enfurecerse, pero la gracia traspasa sus límites. Ellos se levantaron para despeñar a Aquel que había negado sus privilegios,
pero Él pasó por medio de ellos (versículo 30) para reanudar la obra de la gracia
en otra parte (versículos 31, 32). Esto no conmueve a Jesús; lo prueba y rompe Su corazón, pero no lo conmueve. El reproche
del hombre le hace volverse a Dios. Su consuelo en Su rechazo es la voluntad de Su Padre: "Así, Padre." (Mateo 11: 26 - RVR
1909). Era la perfección en la escena de la gracia, como antes en la escena de
la tentación.
Estaba,
también, la manifestación de poder, y no meramente la promesa. Estaba el cumplimiento de la promesa para la liberación del
hombre tanto en poder así como en gracia: y esto permanece verdadero para nosotros, quienes lo conocemos como un hombre resucitado,
y a la diestra de Dios. La mera promesa no da un centro para los afectos: Cristo mismo es ese centro -Cristo, a quien señalaba
la promesa. Él despierta los sentimientos y pensamientos divinos en nosotros, los cuales no encuentran ninguna respuesta o
satisfacción de nada en este mundo. Es el carácter especial de Cristo: cuando Él se presenta, hay paz y gracia perfectas;
y en comunión con Él, el alma puede alabar y regocijarse en lo que Él es.
Esta
gracia se adapta a todas las dificultades, para hacer que el hombre esté en paz con Dios. Los propios demonios supieron quién
era Él; sólo el hombre estaba embotado y ciego. El demonio mantenía cautivo al hombre, pero una sola palabra de Jesús dejó
libre al cautivo. Él estaba allí, no meramente como una promesa, sino como el poder en cumplimiento, el poder viviente del
Señor entre los hombres, el poder de Dios en el hombre venciendo a Satanás.
Así
estuvo Jesús en la sinagoga de Capernaum, tratando con el espíritu inmundo (versículos 33-37). Y es lo mismo cuando Él sale
y entra en la casa de Simón. La enfermedad desaparece, lo débil es fortalecido. Él atiende a la suegra de Simón, mientras
ella yacía con una gran fiebre, "y levantándose ella al instante, les servía" (versículos 38, 39). ¿Qué puede resistirse a
este poder liberador en la persona del Señor Jesús? "Al ponerse el sol, todos los que tenían enfermos de diversas enfermedades
los traían a él; y él, poniendo las manos sobre cada uno de ellos, los sanaba. También salían demonios de muchos." Él anduvo
haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo. Por consiguiente cuando los hombres lo detienen para que no
se vaya de ellos, Él declara Su misión de predicar también en otra parte. Él es siempre Aquel que obedece.
CAPÍTULO
5.
Es
interesante conocer el poder progresivo de la palabra de Dios. El Señor estaba predicando, como se relata al final del capítulo
4, y haciendo esto, así como en los milagros que Él hizo, Él estaba manifestando el poder de la bondad. Así, realizando milagros,
tenían que cumplirse dos propósitos -se da la confirmación del testimonio, y la liberación
presente del poder de Satanás. Pero Su gran ocupación era predicar el reino de Dios. Él establecerá pronto el reino en poder,
pero Su gran objeto era entonces (y es) poner al corazón en contacto con Dios; y la palabra hace esto más que los milagros.
Versículo
1. En cierta medida, incluso los no convertidos, son conscientes de la presencia de Dios. Adán lo era, cuando intentó esconderse.
Cuando el evangelio es predicado con poder, las multitudes son reunidas por el mensaje, conmovidas, quizás, por algo nuevo,
pero sin fruto. Así fue con la predicación y los milagros del Señor. Sabemos que los motivos de ellos eran a menudo egoístas,
sin embargo Él continuó de todos modos. Venido para bendición del hombre, Él asociaría a otros con Él en esta obra de gracia;
pero Él los llama de tal manera que no deja ninguna gloria al hombre. Él "vió dos barcas que estaban a la orilla del lago;
mas los pescadores habían salido de ellas, y estaban lavando sus redes. Y entró en una de las barcas, que era de Simón, y
pidióle que la desviase de tierra un poco: y él se sentó, y enseñaba desde la barca a las gentes. Y cuando cesó de hablar,
dijo a Simón: Hazte a lo profundo, y echad vuestras redes para pescar" (Lucas 5:2-4 . Versión Moderna). La palabra tenía autoridad
en la conciencia. Pedro y Andrés habían visto a Jesús antes, pero no se habían quedado con Él todavía; no había habido poder
suficiente en la fe de ellos para unirlos a Cristo. Hay muchos ahora, como siempre, quienes reconocen la autoridad de la palabra,
y sin embargo no están unidos por su poder a Su persona -muchos que están absorbidos por sus afanes de cada día, y la palabra
no ha asido sus almas para hacerles caminar completamente con Cristo. Una cosa es simplemente oír Su palabra cuando se les
habla; otra cosa muy diferente es cuando la palabra los alcanza, y se vuelve el manantial y motivo de todos sus actos. Así,
aquí, estos hombres habían estado poco tiempo con Jesús, le habían oído hablar, y le reconocieron como el Mesías; así que,
ahora también, vemos obediencia a Su palabra cuando ella llega a ellos. Ellos se hacen a lo profundo, bogan mar adentro confiando
en Su palabra, y en Su palabra ellos echan sus redes.
El
milagro que el Señor obró fue uno de todas maneras adecuado para actuar en aquellos involucrados. Su propia ineficacia fue
reconocida. "Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado" (Lucas 5:5). El hombre no podía hacer nada
en un caso tal: si Jesús podía, era porque todo estaba a Su disposición. "En tu palabra echaré la red" (v. 5).
Versículos
6-8. "Y habiendo hecho esto, encerraron una tan grande multitud de peces, que las redes se rompían. E hicieron señas a los
compañeros . . .Y llegándose ellos, llenaron ambas barcas, de manera que se iban anegando" (Versión Moderna). Ni siquiera
había fortaleza en ellos para recibir esto. "Viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí,
Señor, porque soy hombre pecador". Si la palabra de Jesús no hubiese alcanzado el corazón de Pedro, él lo habría obedecido
meramente como un medio de ayuda temporal; pero él lo reconoce como Señor, oyendo mucho más en las palabras pronunciadas.
Su conciencia fue alcanzada. El propio Señor es revelado, y eso muestra al propio Pedro. Cuando el ojo de Dios está conscientemente
sobre nosotros, vemos en nosotros lo que Él vio. Éste era el caso de Pedro. Él, una vez conducido a la presencia de Dios,
siente que ha estado engañándose a sí mismo.
La
gracia comienza aquí, pero no tenemos todavía el motivo. Así Pablo estuvo ciego por
tres días, y su alma tan agitada que no podía comer ni beber. Aquí Pedro cae de rodillas ante Jesús. Así sucede con
nosotros: cuando realmente somos conducidos a Su presencia, allí se descubre nuestro estado pecaminoso. Pueden ser varios
los medios usados para conducirnos allí -circunstancias de la vida, situaciones providenciales (en el caso de Lutero, una
tormenta). Pero cuando estamos allí, está la revelación del propio Cristo, y dondequiera que Él esté, Él toma Su lugar que
le corresponde en el alma. No sólo es que entonces un hombre tiene la salvación, sino que nunca más puede estar satisfecho
sin que Dios tenga Su lugar apropiado ante él.
Pedro
no huye del Señor, escondiéndose como Adán: es atraído a Él. Al mismo tiempo está allí un hombre juzgado, declarado culpable,
y hombre pecador en su propia conciencia, la cual toma la parte de Cristo contra sí misma. Él dice, "Apártate de mí", pero
lo dice postrado de rodillas ante Jesús. Esto podría parecer como una contradicción. Era realmente amor al Señor y cuidado
por Su honor, porque Su palabra había llegado a ser la revelación de Cristo para él. Su corazón no tiene paz perfecta, pero
Cristo la posee. La gracia atrae hacia Cristo, pero está, además, el sentido de ineptitud hasta que Su obra es conocida en
todas sus consecuencias dadoras de paz. Dios ve los pensamientos y los intentos del corazón, y estamos hechos para verlos
tal como Él los ve. La rectitud es fijada en la conciencia; Dios y el hombre son unidos. No era que Pedro podía estar contento
en cualquier otra parte y no de rodillas ante Jesús, pero él sentía a cada momento cuán incapaz era para estar en compañía
tal.
Pero
el Señor trata en perfecta gracia. Él no abandona a Simón Pedro. Él conocía todo su pecado antes de que Él entrara en la nave,
y le dice, "No temas; desde ahora serás pescador de hombres." (Lucas 5: 10). Jesús entró en la barca para mostrar a Pedro
que no tenía nada que temer. Verdaderamente "el amor perfecto echa fuera el temor" (1 Juan 4:18 - Versión Moderna). El temor
atormenta hasta que la gracia es totalmente revelada; y eso era ahora, con tanta autoridad como la de esa palabra obradora
de milagros, "Hechad vuestras redes para pescar" (Lucas 5:4). Era la palabra de Cristo a su corazón. Si él confió en ella
con respecto al pez, ¿por qué no confiar en ella para sus temores? Pedro había dicho, "Apártate", pero en lugar de eso, Cristo
había venido ya, sabiendo todos que él era mejor que Pedro. Él vino como un Salvador; no, más que eso, Él da a entender a
Pedro que Él iba a hacer de él un instrumento para reunir a otros. Todo aquel que tiene el amor de Dios derramado en su corazón
llega él mismo a ser un instrumento de gracia viviente: no la fuente, sino que el río fluye a través de él, para que las personas
puedan venir y beber. Destinatarios de la gracia, nosotros estamos asociados con Cristo en la actividad del amor. Aquí no
es mencionado el don exterior, sino que, como miembros de Su cuerpo, hay comunión de vida con la Cabeza en el testimonio de
Su gracia y poder.
Vemos
en estos discípulos el efecto de todo. Ellos están ahora absortos con Cristo. Ellos no sólo cuentan con Él para salvación,
sino que no piensan en nada más para la vida, hablando ahora en forma general y aparte de cualquier fracaso particular. "Dejándolo
todo, le siguieron." (Lucas 5: 11). Cristo llega a ser la vida de ellos. Es una línea totalmente nueva -no meramente la obediencia
a una mandamiento expreso, con la reserva de pensar y decir, quizás, 'no hay daño en esto o lo otro.' Cristo no se agradó
a sí mismo. Su razón para la acción era la voluntad de Su Padre, y no la ausencia de una prohibición. Y nosotros somos santificados
"para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo" (1a. Pedro 1: 2). "Dejándolo todo", y ellos iban donde Cristo iba.
Ellos están asociados con su Señor en Su amor a las almas, y en el camino de vida. Ésta es libertad. ¡Que podamos nosotros,
teniendo Cristo nuestra vida, tenerlo a Él como nuestro único motivo! ¡Separados de todo para Él y sin embargo, canales para
toda bendición y gracia que nosotros mismos hemos gustado en Él! Hay poder para
atraer fuera de cada corrupción alrededor, y recoger el alma en los pensamientos y caminos de Dios, por la revelación del
propio Cristo.
Versículo
12. Cristo era la manifestación en la tierra del poder y el carácter de Dios -de la gracia. De esto, el caso del leproso,
a continuación, es un testimonio notable; porque la lepra era un mal que nadie sino Dios podía quitar. Pero Dios estaba allí
en gracia. La lepra representaba el pecado en el aspecto de inmundicia. Un hombre lleno de ella, al ver a Jesús, "se postró
con el rostro en tierra y le rogó diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme." (Lucas 5: 12). Está el reconocimiento del
poder divino en Jesús, pero él no tiene plena confianza en Su gracia. Él parece descorazonado por la miseria; y casi en la
desesperación dice, "si quieres", etc. Pero Aquel único que tenía en la tierra el título para decirlo, dice, "Quiero." Era
únicamente Dios -no en el cielo, sino habiendo descendido a la tierra como hombre y entre los hombres. Cristo estaba allí,
quién podía tocar al leproso y a la lepra sin ser tocado por ello. Se necesitaba el poder divino, indudablemente, y los propios
sacerdotes no pudieron sino dar fe de los resultados de su intervención, pero había amor divino y perfecto en Su toque, aunque
era el toque de un hombre, un hombre que aceptaba las ordenanzas de Dios, como uno que había nacido bajo la ley. Así esto
fue "ocasión para dar testimonio." (Lucas 21:13). Porque el leproso debía ir al sacerdote, ¿y qué podía pensar él? ¡Vaya!,
¿quién ha estado aquí? Tiene que haber sido Jehová quien sanó al hombre.
Versículo
16. ¿Y qué viene a continuación? Jesús "se apartaba a lugares desiertos, y oraba." (Lucas 5: 16). Aunque el poder ejercido
sea siempre tan grande, y manifiestamente divino, Él es el hombre dependiente; y esto es justamente donde nosotros fallamos.
Versículo
18. Aquí tenemos otra cosa -no el poder de Satanás, como en el capítulo 4, ni la inmundicia del pecado, tipificada por la
lepra- sino la culpa del pecado. Ellos trajeron al hombre, porque sentían la necesidad; y había perseverancia de fe, de que
no iba a ser pospuesta hasta otro día. Y Jesús trae perdón de pecados, así como limpieza de la contaminación. Esto es lo que
aparece en el caso del hombre paralítico. El primero y gran punto es que Jesús declara perdonados sus pecados. La autoridad
para perdonar había llegado en la Persona del Hijo del Hombre en la tierra, no obstante lo que los escribas y Fariseos podrían
pensar. Era Dios, Jehová el Señor, pero, al mismo tiempo, el Hijo del Hombre, teniendo poder para perdonar pecados en la tierra,
y usándolo. Es de esta manera que Israel será perdonado después (compare con Salmo 103: 3); y de acuerdo con esto, el Señor
da aquí la prueba de esa autoridad para perdonar sanando la enfermedad del paralítico. "Para que sepáis", etc. (versículo
24). El hombre debía saber en su relación con Dios, que su culpa había desaparecido. Por medio de la gracia infinita, nosotros tenemos derecho incluso a más que esto; porque tenemos la justicia del Hombre aceptado
en la presencia de Dios. Nosotros somos hechos justicia de Dios en Él. Este hombre paralítico era un ejemplo de lo que será,
en el día futuro, la porción de Israel. Jesús estaba perdonando iniquidades y curando enfermedades. Él había mostrado el poder
para hacer lo uno; ahora Él mostraría que podía hacer también lo otro. Es el deleite de Dios hacer todo esto. Puede que tú
no creas que tienes una bendición tal, pero es nuestra en Cristo. El Hombre perfecto ha venido con el perfecto derecho en
Su Persona. Dios obró allí, pero también era como un hombre lleno con el Espíritu Santo. El creyente camina y es también una
prueba, no tanto para él como para otros, de que Dios está allí. El hombre no ha de decir, '¿me pregunto si puedo caminar?';
si tiene fe, él se levantará y lo hará.
Dos
cosas están aquí presentes. Primero, la superabundante gracia bendita mostrada en que el Señor ha venido, el poder de Dios
dentro de la esfera de la miseria humana, la que, extrema como puede ser, no hace más que hacer evidente el poder. Si, como
hombre, yo miro alrededor, yo estoy perdido. Yo no puedo desentrañar la historia del mundo -las abominaciones cometidas en
el nombre de Cristo, rechazado Él mismo por Su pueblo Israel, y crucificado por
esos Gentiles a quienes Dios había confiado el gobierno del mundo, el Mahometismo, el paganismo; ¡qué tipo de Dios tienes,
dice el corazón que razona, cuando el mundo es algo tal! Pero aquí tengo al Señor que ha descendido en medio de toda la miseria,
la enfermedad, el pecado; y mi corazón es apartado del placer y del dolor hacia Él. Cuán bello es ver el corazón después de
que el corazón es traído cerca de este Ser Único, el único centro verdadero, quien pronto se levantará como cabeza de la nueva
creación, siendo Él mismo el objeto que saca fuera los sentimientos y afectos de los que sólo Él es digno; Él quién por Su
excelencia, da excelencia, y quien por Sus pensamientos llenos de gracia hacia nosotros, produce y hace brotar afables pensamientos
en nosotros. Luego, nuestros corazones permanecen fijos sólo en la medida en que tengamos un objeto -establecido según Dios,
cuando tenemos al propio Cristo ante nosotros. ¿Cómo puedo amar si no tengo nada que amar? Un hombre es lo que él siente,
y le gusta y piensa. Si mi alma vive y se alimenta de aquello que es más excelente -de Cristo, el pan de Dios-, Cristo, en
un sentido práctico, es formado en el corazón. En Él, el hombre Cristo Jesús, Dios ha tenido todo Su deleite, y también la
demostración de ello.
Noten,
además, que en los relatos que hemos visto, el poder divino en la persona de Jesús, el Hijo del Hombre, se ejerce en medio
de Israel. Primero, en el capítulo 4: 31-41, su triunfo sobre el poder del enemigo en enfermedades y en posesiones demoníacas,
y el testimonio del reino, cuando todos tales efectos de la obra de Satanás deban desaparecer. Esto último abre el camino
para la más positiva y más profunda bendición de las almas, siendo puestas en relación con Dios. De ahí que desde el capítulo
5: 1-26 (el llamamiento de Pedro, la limpieza del leproso, y el perdón del paralítico), es un asunto del estado del alma (cualesquiera
que pudieran ser las concomitancias exteriores), de la autoridad de la palabra del corazón, de la fe, y de la gloria personal
de Cristo.
Aún
así era gracia obrando hacia Israel; gracia, si uno puede hablar así, en el gobierno. Dios había dicho a Israel que Él no
haría caer sobre ellos las plagas de Egipto, excepto por su pecado. Ellos eran un pueblo elegido y redimido exteriormente,
pero estaban bajo el gobierno de Dios; y por lo tanto vino el castigo, del cual la lepra y la parálisis eran ejemplos peculiares.
Jesús muestra que Él es "Jehová tu sanador" (Éxodo 15:26), en medio de Israel, aunque Él estaba pasando en medio de ellos
hacia una más amplia demostración de poder y misericordia. Él podía haber sanado a cada uno, leproso o paralítico; Él podía
haber quitado todas las enfermedades, ¡lamentablemente! traídas ahora sobre los Israelitas; pero en estos casos es donde ellos
vienen a Él en busca de sanación, es decir, Él obra en respuesta a la fe. Él estaba allí, mostrando al sanar, el poder divino
y la gracia.
Versículo
27, etc. Pero esta gracia, siendo de Dios y soberana, no podía estar limitada por circunstancias humanas. Dondequiera que
una necesidad aparecía ante Él, ¿podía Él negar Su poder o Su amor? Ahora, vean cómo eso se relaciona con lo que sigue. Había
plena liberación para todos los que confiaron de entre el pueblo de Israel, pero Él no podía, y no limitaría Su gracia. La
ley limitaba, pero cuando Él, el Dios que la dio, vino, todo aquel que lo necesita es bienvenido; Su casa es una casa de oración
para todas las naciones. De ahí que Él llame a un publicano, de hecho un judío, pero detestado por los Israelitas, y en cierto
sentido con razón, cuando es visto como señal de su servidumbre nacional. Un publicano era uno que obtenía ganancias por medio
de sus amos Gentiles, sacaba dinero de Israel, y, por consiguiente, naturalmente se lo consideraba con horror. Pero Jesús
llama a uno llamado Leví, sentado al banco de los tributos públicos -¡lo llama para ser un apóstol! La gracia debe actuar
según sus propios derechos. Si Dios ha sido bueno contigo y conmigo, ¿obstaculiza esto Su misericordia y amor hacia otros?
La gracia crea el instrumento por medio del cual quiere actuar; y aún fluirá más allá del publicano, incluso hasta el más
distante Gentil. Es verdad, Israel tenía las promesas, el Gentil, estrictamente hablando, no tenía ninguna; pero por esa misma
razón era más puramente gracia; y la gracia actuaría hacia los Gentiles. El Señor mismo, Dios, estaba allí, e Israel no podía
ser el centro, ni el templo podía serlo tampoco, cuando Él estaba allí, el Señor despreciado por ambos. Él es la puerta, el
nuevo centro y el punto decisivo de bendición; no una mera rama de la vieja vid, sino Él mismo, la verdadera vid. Como judío,
Él estaba sujeto a ordenanzas, pero como el Señor, Él está por sobre ellas, y Él sale más allá de todas las antiguas restricciones.
"Y
Leví le hizo gran banquete en su casa; y había mucha compañía de publicanos y de otros que estaban a la mesa con ellos. Y
los escribas y los fariseos murmuraban. . ." (Lucas 5: 29-30). Era una escena
terrible y un golpe para tales personas. Pero Jesús responde, "Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los
enfermos.
No
he venido a llamar a justos sino a pecadores al arrepentimiento." (Lucas 5: 31-32). Ellos malinterpretaron al Señor totalmente:
Él vino a mostrar de qué forma la gracia podía tratar con aquellos que no tenían ninguna justicia.
Versículo
33, etc. Él está saliendo ahora, por decirlo así, fuera de lo antiguo. Él es fiel a Israel, pero terminando con ese orden
de cosas. ¡Cómo podían ellos ayunar cuando poseían la presencia del divino esposo de Israel, el Mesías! Ya llegaría el tiempo
cuando la cruz debía ser tomada; pero cuando el Esposo está allí, ayunar estaba fuera de lugar y estación.
Versículos
36-39. Más aún, el vestido viejo no puede ser remendado con tela nueva. Jesús no haría ninguna cosa tal como añadir el Cristianismo
al Judaísmo. La carne y la ley van juntas, pero gracia y ley, la justicia de Dios y la del hombre, nunca se mezclarán. Tampoco
se puede echar el vino nuevo -el poder del Espíritu- en las viejas ordenanzas legales sin sufrir pérdida en todos lados. A
un hombre acostumbrado a las formas, al arreglo humano, a la religión de los padres, etc., no le agrada nunca el nuevo principio
y poder del reino; él dice, 'Lo viejo es bueno.' Así es la naturaleza; la gracia es ofensiva para ella. Ni tampoco el hombre
mejora en las cosas divinas. Él puede degradarse y puede renunciar a lo que su corazón nunca saboreó. Y esto continúa rápidamente
hoy.
CAPÍTULO
6.
Aquí
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