INICIO / HOME | OTROS VÍNCULOS / LINKS

Edificación Cristiana en Gracia y Verdad

NEHEMÍAS (Hamilton Smith)

INTRODUCCION 

La historia del remanente del pueblo de Dios que fue libertado de la cautividad de Babilonia y traído a la ciudad y tierra de Dios es de profundo interés. La fe y celo de este remanente, sus fracasos y avivamientos, la obra que realizaron, la oposición que encontraron, y las dificultades que vencieron, hacen de su historia una rica instrucción para el pueblo de Dios. Además, ésta tiene una instrucción especial para los pocos quienes, en estos últimos días han sido libertados de la cautividad de los sistemas religiosos del hombre, en donde, ¡Ay!, la vasta mayoría del pueblo de Dios está todavía en esclavitud.

Esta historia nos es mostrada en los libros de Esdras y Nehemías, y en las profecías de Hageo, Zacarías y Malaquías. En el curso de la historia, el libro de Nehemías marca una importante etapa, porque en él tenemos registrado el último avivamiento que se realizó entre el remanente retornado. A través de toda su historia ha habido varios avivamientos, cada uno teniendo en vista algún objeto especial, porque para Dios no hay meras repeticiones.

El primer avivamiento fue bajo el liderazgo de Zorobabel, el gobernador, con quien estaba asociado Josué el sumo sacerdote. En este avivamiento el altar fue levantado y los fundamentos de la casa puestos (Esd.3).

En el segundo avivamiento, diecisiete años después, bajo el ministerio de los profetas Hageo y Zacarías, la reedificación de la casa se reasumió y fue completada (Esd.5).

El tercer avivamiento, algunos años después, bajo el sacerdote Esdras termina en el avivamiento de la ley de la casa de Dios, o en la insistencia de la santidad que conviene a la casa de Dios para siempre (Esd.7 al 10).

El cuarto y último avivamiento, catorce años después, bajo el liderazgo de Nehemías, resultó en la edificación de las murallas, el establecimiento de las puertas y la vuelta al reconocimiento de la autoridad de la Palabra de Dios.

De este modo vemos que este débil y flaco remanente, sin ninguna intervención milagrosa de Dios hacia ellos, fue sustentado en su posición en la tierra y ciudad de Dios, por estos sucesivos avivamientos por los cuales Dios obró en gracia hacia ellos. A pesar de cada intervención de Dios, es profundamente solemne notar que su tendencia fue siempre hacia abajo, a un nivel más bajo espiritualmente. Los diferentes avivamientos detuvieron este movimiento hacia abajo por un tiempo, pero la energía directa que realizó el avivamiento se debilitó y la tendencia hacia el descenso nuevamente apareció.

Es instructivo notar  los diferentes instrumentos, o vasos, que Dios en su sabiduría usa para producir estos diferentes avivamientos. El primer hombre que Dios usa es Zorobabel, el nieto de Joacín, rey de Israel, un hombre de linaje real. Entonces, sin poner a un lado a Zorobabel, Dios usa en el segundo avivamiento a Hageo y Zacarías, dos profetas. Habiendo entregado su mensaje, ellos se retiran dentro del anonimato, y el tercer avivamiento es realizado a través de la instrumentalidad de Esdras el sacerdote. Finalmente el último avivamiento es cumplido bajo el liderazgo de Nehemías, quien no era una noble, ni profeta, ni sacerdote, sino, como podemos decir uno del pueblo común prosiguiendo su llamamiento terrenal como copero de un rey.

De este modo podemos trazar la acción soberana de Dios escogiendo muy diferentes vasos para hacer a la vez muy diferentes obras en diferentes tiempos; cada uno adecuado para la obra y la obra adecuada para cada tiempo. Por parte de estos diferentes hombres de Dios vemos una espiritualidad que reconoce a cualquier siervo especial que Dios levanta, y entonces una disposición a dar lugar a otros, y para retirarse dentro de una comparativa oscuridad, cuando su propia obra especial ha sido cumplida.

Es imposible leer la historia de este remanente y notar sus avivamientos, los instrumentos usados, y la obra que ellos cumplieron, sin ver una sorprendente analogía con quienes, en estos últimos días han sido libertados de la gran Babilonia que ha venido a ser la cristiandad en el cual la iglesia ha sido cautivada. ¿No vemos nuevamente en quienes han sido libertados la historia del fracaso del hombre en responsabilidad, estorbada una y otra vez por la intervención de Dios soberanamente? y ¿No tenemos que reconocer, con tristeza y vergüenza, que la tendencia de este remanente (si lo podemos llamar así) siempre ha sido hacia abajo a un nivel más bajo espiritualmente?.

Tomando una vista general de este movimiento particular del Espíritu de Dios en estos últimos días, ¿No vemos avivamientos análogos a los días de Esdras y Nehemías? En el avivamiento de la primera parte del siglo XVIII, Dios usó, como sus instrumentos a hombres de grandes dotes espirituales e intelectuales, a hombres de gran fuerza de carácter, quienes, en cualquier esfera de la vida, habrían sido líderes de los hombres. A través de estos fue que las grandes verdades concernientes a la Iglesia fueron restauradas. Ellos fueron quienes dieron un inmenso ímpetu al estudio de la verdad profética y, por su ministerio, la bendita esperanza de la venida de Cristo, y todas las glorias relacionadas con ella, fueron restauradas a la Iglesia. También vemos a quienes cuyo ministerio fue más de un carácter sacerdotal, poniendo ante los santos su llamamiento celestial con el privilegio de acceso a Dios para su placer, y la posterior necesidad de una santa separación de las corrupciones de la cristiandad.

En tiempos más recientes Dios ha usado a siervos que no se destacan eminentemente como gobernadores, profetas, sacerdotes, sino a quienes pueden quizás ser descritos como Nehemías, como siendo del pueblo común, y en muchos casos, prosiguiendo algún oficio terrenal y sirviendo al Señor. Su obra especial, como la de Nehemías, es edificar las murallas, levantar puertas y acertar la autoridad de la Palabra de Dios. En otras palabras, tratar de mantener toda la luz y privilegios que han sido dados al pueblo de Dios a través de líderes, profetas, y sacerdotes que han venido antes.

Al leer la historia, la necesidad de y el uso de las  murallas y puertas vendrá a ser clara; y cuando sea vista, se comprenderá fácilmente el significado simbólico que estas tienen para nuestros días. Aquí sólo es necesario señalar que las murallas y las puertas son levantadas en relación con la casa de Dios. las murallas para excluir el mal y a las malas personas de la casa; las puertas para dar libre acceso a todo el pueblo que vino en integridad a la casa.

Hoy el conflicto de quienes han sido guiados fuera de los sistemas de los hombres, no es tanto la aclaración de la verdad misma, sino con relación a las murallas y las puertas por medio de las cuales la verdad es mantenida. Si la santa separación de la que las murallas son símbolo, o si  el ejercicio de una piadosa disciplina como el acceso a los privilegios de la casa de Dios que son mostrados por las puertas, no son mantenidos, la verdad que ha sido recuperada pronto se perderá. Y como en los días de Nehemías, así en nuestros días, el intento para edificar las murallas y levantar las puertas atraen conflictos. Como entonces, así es ahora, esto se encuentra con firme oposición dentro y fuera. Y como entonces, así también ahora, cada posible argumento es presionado contra el mantenimiento de las murallas y las puertas. El latitudinarismo carnal está siempre preparado para derogar  las demandas del servicio del Señor, la libertad del siervo, la ayuda de los santos en los sistemas de los hombres, la predicación del evangelio a los pecadores -cosas justas en sí mismas- pero usadas en oposición a las murallas y puertas. Por otra parte notemos, que la carne legalista es completamente capaz de usar mal las murallas y las puertas para fines sectarios.

El conflicto al cual debemos hacer frente hoy ha sido soportado por otros hombres en otros días. Y entonces la historia de sus experiencias, la oposición que ellos han enfrentado, los ejercicios por los cuales han pasado, la circunstancia de debilidad en que han laborado y peleado, los principios que los guiaron, sus triunfos y sus derrotas vienen a ser para nosotros de profundo interés con rica instrucción, advertencias y estímulos. Leyendo su historia, recordemos que “las cosas que fueron escritas antes para nuestra enseñanza fueron escritas, para que a través de la paciencia y estímulo de las Escrituras tengamos esperanza” (Ro.15:4).

Cuando nos acercamos a esta porción de la Palabra de Dios, tengamos en mente que la autobiografía de Nehemías es un registro del último avivamiento en conexión con el remanente del pueblo de Dios que retornó de la cautividad, que se realizó alrededor de ochenta años después del primer retorno; y que el objeto especial de este último avivamiento fue reedificar las murallas, levantar las puertas y reconocer la autoridad de la Palabra de Dios. 

CONTENIDO

 Las divisiones generales del libro son claras:

1.- Capítulos 1 al 3:   

El obrero y su obra especial

2.- Capítulos 4 al 7:  

La oposición a la obra y la salvaguardia contra los ataques del enemigo.

3.- Capítulos 8 al 11:

El restablecimiento de la autoridad de la Palabra de Dios.

4.- Capítulos 11 al 13:

La administración de la ciudad. 

PRIMERA DIVISION 

EL OBRERO Y SU OBRA 

Capítulo 1: La preparación del siervo, o los ejercicios secretos por los cuales él es preparado para su obra.

Capítulo 2: La preparación de su camino, o las circunstancias por la cual el camino es preparado para la ejecución de la obra.

Capítulo 3: El cumplimiento de la obra, o la edificación de las murallas y el levantamiento de las puertas. 

LA PREPARACION DEL SIERVO

(Capítulo 1) 

Capítulo 1:

         “Palabras de Nehemías hijo de Hacalías. Aconteció en el mes de Quisleu, en el año veinte, estando yo en Susa, capital del reino, que vino Hanani, uno de mis hermanos, con algunos varones de Judá, y les pregunté por los judíos que habían escapado, que habían quedado de la cautividad, y por Jerusalén. Y me dijeron: El remanente, los que quedaron de la cautividad, allí en la provincia, están en gran mal y afrenta, y el muro de Jerusalén derribado, y sus puertas quemadas a fuego.

         Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos. Y dije: Te ruego, oh Jehová, Dios de los cielos, fuerte, grande y temible, que guarda el pacto y la misericordia a los que aman y guardan sus mandamientos; esté ahora atento Tu oído y abiertos Tus ojos para oír la oración de tu siervo, que hago ahora delante de Ti día y noche, por los hijos de Israel tus siervos; y confieso los pecados de los hijos de Israel que hemos cometido contra Ti; sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado. En extremo nos hemos corrompido contra Ti, y no hemos guardado los mandamientos, estatutos y preceptos que diste a Moisés tu siervo. Acuérdate ahora de la palabra que diste a Moisés tu siervo, diciendo: Si vosotros pecareis, yo os dispersaré por los pueblos; pero si os volviereis a Mí, y guardareis mis mandamientos, y los pusiereis por obra, aunque vuestra dispersión fuere hasta el extremo de los cielos, de allí os recogeré, y os traeré al lugar que escogí para hacer habitar allí mi nombre.

         Ellos, pues, son tus siervos y tu pueblo, los cuales redimiste con tu gran poder, y con tu mano poderosa. Te ruego, oh Jehová, esté ahora atento tu oído a la oración de tu siervo, y a la oración de tus siervos, quienes desean reverenciar tu nombre; concede ahora buen éxito a tu siervo, y dale gracia delante de aquel varón. Porque yo servía de copero al rey”. 

Al comienzo del capítulo se nos describen los ejercicios secretos por los cuales Dios prepara el vaso para su obra especial. Esdras, el instrumento de un avivamiento anterior, no fue solamente un sacerdote sino un escriba -un estudiante bien versado en la Palabra de Dios. Nehemías fue más bien un hombre de asuntos prácticos, manteniendo una posición secular responsable como copero en el palacio del rey en Susa. Pero las fáciles circunstancias del palacio, la posición lucrativa que él tenía, el favor en el cual él estaba con el rey, no debilitaron su interés en el pueblo de Dios ni en la ciudad de Jerusalén.

         Él toma la oportunidad de la llegada de uno de sus hermanos, con algunos otros, que han venido de Jerusalén, para preguntar por la condición del remanente retornado y por la ciudad de Jerusalén.

         Él conoce que, a pesar de los avivamientos anteriores, el pueblo está en gran aflicción y reproche, y en cuanto a Jerusalén la muralla estaba en ruinas y las puertas quemadas con fuego. El pueblo de Dios puede realmente estar en gran mal  a causa de la persecución por su testimonio fiel; y pueden estar en afrenta por causa del Nombre de Dios. Entonces, realmente, esto es bueno, porque el Señor puede decir, “bienaventurados sois cuando os persigan por mi causa” (Mateo 5:14). Un apóstol también puede escribir, “si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados” (1ª Pedro 4:14). Pero ¡cuidado! ellos pueden estar en gran mal también a causa de su baja condición moral, y sufriendo la afrenta del mundo por la inconsistencia de su andar. Ese fue el caso en el día de Nehemías y era mostrado por el hecho que las murallas de Jerusalén estaban derribadas, y las puertas “quemadas a fuego”. Las desolaciones de Jerusalén eran el resultado y la prueba de la baja condición del pueblo.

         La muralla simboliza el mantenimiento de la separación del mal; y la puerta nos muestra el ejercicio y cuidado piadoso en la recepción y la disciplina. En cualquiera edad, la relajación en las asociaciones y en la disciplina  entre el pueblo de Dios, son indicaciones seguras de una baja condición moral.

            No puede haber prosperidad espiritual entre el pueblo de Dios si no se mantiene la separación entre ellos y el mundo, sea del mundo religioso pagano como en los días de Nehemías, el mundo corrupto del Judaísmo en el día de los discípulos, o el mundo de la Cristiandad corrupta de nuestros días.

         Tal era entonces la triste condición del remanente retornado de la cautividad. Ellos estaban en gran mal y afrenta. Pero había llegado el tiempo en el cual Dios iba a conceder un gran avivamiento, y el camino que Dios toma para realizar esto es digno de notar. Dios comienza una gran obra a través de un hombre, y ese hombre, con un corazón quebrantado y sobre sus rodillas. Porque leemos que Nehemías, “lloró, y lamentó por varios días, y ayunó, y oró ante el Dios del cielo”. Sus lágrimas eran la señal exterior de un corazón quebrantado. Sus lamentos daban testimonio de cuán verdaderamente él entró en la aflicción del pueblo de Dios. Su ayuno probó que el hierro había entrado en su alma y que las comodidades de la vida han sido olvidadas. Pero todos los ejercicios de este hombre con su corazón quebrantado encuentran una salida en la oración. Él conocía el poder de esa palabra largamente después expresada por Santiago, “si alguno está afligido haga oración”.

         En esta oración Nehemías vindica a Dios, confiesa los pecados de la nación, e intercede por el pueblo.

         Primero, Nehemías vindica el carácter y tratos de Dios. Jehová es “el Dios del cielo, el gran y terrible Dios”, y además, es el Dios fiel que “guarda el pacto y la misericordia para con los que le aman y guardan sus mandamientos”.

         Segundo, confiesa los pecados de los hijos de Israel; y haciéndolo así, se identifica con ellos - “hemos pecado contra Ti: yo y la casa de mi padre hemos pecado”. En lugar de amar a Jehová y guardar sus mandamientos, él dice, “hemos actuado muy perversamente contra Ti y no hemos guardado los mandamientos ni los estatutos ni las ordenanzas que Tú nos mandaste por tu siervo Moisés”. Ellos entonces han perdido toda demanda a la misericordia de Dios sobre el fundamento de la obediencia (v.6 y 7).

         Tercero, habiendo vindicado a Dios, y confesado los pecados del pueblo, ahora intercede por el pueblo, y con la libertad que da la fe, usa cuatro diferentes argumentos en su intercesión. El primero la fidelidad de Dios a su propia Palabra. Él ha reconocido que no han guardado los mandamientos dados de Dios por Moisés, pero había algo más dado por Moisés. Además de los preceptos de la ley, están también las promesas de la ley, y Nehemías pide a Dios que recuerde esta palabra de promesa, dada por medio de Moisés, en que Dios ha dicho que si el pueblo actuaba infielmente Dios los dispersaría; pero que si se arrepentían los volvería a reunir, y los volvería a traer al lugar que Jehová ha escogido para poner Su Nombre. Después Nehemías usa el segundo argumento; el pueblo por el cual él aboga son los siervos y el pueblo de Dios. Además, un tercer argumento es no sólo que ellos son el pueblo de Dios, sino que ellos son el pueblo de Dios por la obra redentora de Dios. Finalmente cierra su intercesión al identificarse él mismo con todos los que temen el Nombre de Dios, y aboga y pide la misericordia de Dios (v.8-10).

         De este modo habiendo vindicado a Dios, y confesado el pecado del pueblo intercede ante Dios, y recuerda a Dios su Palabra a favor del pueblo de Dios y pide Su misericordia. 

LA PREPARACION DEL CAMINO

(Capítulo 2) 

Capítulo 2:1-10:

Sucedió en el mes de Nisán, en el año veinte del rey Artajerjes, que estando ya el vino delante de él, tomé el vino y lo serví al rey. Y como yo no había estado antes triste en su presencia, me dijo el rey: ¿Por qué está triste tu rostro? Pues no estás enfermo. No es esto sino quebranto de corazón. Entonces temí en gran manera. Y dije al rey: Para siempre viva el rey. ¿Cómo no estará triste mi rostro, cuando la ciudad, casa de los sepulcros de mis padres, está desierta, y sus puertas consumidas por el fuego? Me dijo el rey: ¿Qué cosa pides? Entonces oré al Dios de los cielos, y dije al rey: Si le place al rey, y tu siervo ha hallado gracia delante de ti, envíame a Judá, a la ciudad de los sepulcros de mis padres, y la reedificaré. Entonces el rey me dijo (y la reina estaba sentada junto a él): ¿Cuánto durará tu viaje, y cuándo volverás? Y agradó al rey enviarme, después que yo le señalé tiempo. Además dije al rey: Si le place al rey, que se me den cartas para los gobernadores al otro lado del río, para que me franqueen el paso hasta que llegue a Judá; y carta para Asaf guarda del bosque del rey, para que me dé madera para enmaderar las puertas del palacio de la casa, y para el muro de la ciudad, y la casa en que yo estaré. Y me lo concedió el rey, según la benéfica mano de mi Dios sobre mí.

         Vine luego a los gobernadores del otro lado del río, y les di las cartas del rey. Y el rey envió conmigo capitanes del ejército y gente de a caballo. Pero oyéndolo Sambalat horonita y Tobías el siervo amonita, les disgustó en extremo que viniese alguno para procurar el bien de los hijos de Israel”. 

En el primer capítulo hemos visto los ejercicios secretos por los cuales el vaso es adecuado para la obra especial. Ahora veremos la buena mano de Dios al preparar el camino ante su siervo.

         Antes de recibir una respuesta a su ruego, Nehemías ha tenido que esperar por un período de cuatro meses. El pueblo de Dios no sólo debe orar, sino también velar en la oración. Dios escucha y Dios responde, pero será en Su propio tiempo y forma. A menudo la respuesta de Dios viene de una manera y en un momento, poco esperado por nosotros mismos. Nehemías estaba prosiguiendo sus deberes diarios como copero del rey cuando se le da la oportunidad de abrir su corazón ante su amo terrenal. Aprovechando la oportunidad, dice al rey que la tristeza que su rostro refleja es la expresión de la aflicción de su corazón, porque dice, “la ciudad, el lugar de los sepulcros de mis padres está desolada, y sus puertas consumidas por el fuego”. El rey, aparentemente interesado, responde, “¿qué pides?”.

         Esto manifiesta un fino rasgo en el carácter de Nehemías -su dependencia habitual de Dios. Después de cuatro meses de ejercicio ante Dios, Nehemías sabía ciertamente lo que deseaba; no obstante, antes de expresar su deseo, él nos dice que “oró al Dios del cielo”. Entonces fue que respondió al rey de la tierra, y pidió ser enviado a Jerusalén para edificar sus murallas. En respuesta el rey concede su petición, y establece un tiempo, y le da carta para los gobernadores y para los que guardaban los bosques del rey para que le ayudasen en su obra. Nehemías reconoce a la vez que el favor del rey era el resultado de la buena mano de Dios. Antes de hacer su petición Nehemías se había vuelto a Dios, y ahora que su petición le es concedida reconoce la buena mano de Dios. Podemos acordarnos de volvernos a Dios en nuestras dificultades pero olvidamos reconocer la bondad de Dios cuando estas han sido resueltas. Es bueno entrar en una dificultad en un espíritu de oración, y salir de ella en un espíritu de alabanza (v.1-8).

         A continuación leemos los detalles del viaje  de Nehemías a Jerusalén. Él es acompañado por capitanes del ejercito del rey. Se nos dice claramente que el rey envió a los capitanes, no que Nehemías los haya pedido. Nehemías estaba viajando como el copero del rey, y probablemente el rey estaba pensando más en su dignidad que en la seguridad de Nehemías. Aún así, Dios puede usar la dignidad de un rey y los requerimientos de la realeza para proveer para el bienestar de sus siervos. Es claro que las circunstancias demandaban tal protección, porque se nos dice que los enemigos del pueblo de Dios estaban grandemente enojados de que un hombre viniese a buscar el bienestar del pueblo de Dios (v.9-10).

         Es necesario tener en cuenta que a medida que las dispensaciones se acercan a su fin, hay cada vez menos una intervención pública de parte de Dios. Los seiscientos mil que emprendieron su jornada de Egipto a Canaán acompañados por la nube de día y el pilar de fuego de noche; cada etapa de esa sorprendente jornada es caracterizada por las milagrosas intervenciones de Dios. Es diferente a los días de Zorobabel, Esdras y Nehemías. Ellos, también, toman sus varias jornadas desde la tierra de cautividad a la tierra de Jehová, pero no vemos que una nube visible los proteja de día, ni un pilar de fuego ilumine su camino de noche. Ellos deben contentarse con usar medios ordinarios para viajar en ese tiempo y los recursos del país. Además, a medida que los días avanzan, las circunstancias externas se hacen más débiles. Zorobabel guía a Jerusalén a una compañía de cuarenta y dos mil personas; con Esdras sólo vemos que retornan mil ochocientos, y ahora con Nehemías él debe contentarse con viajar sólo. En su día, si alguno escapaba de la cautividad, era como un individuo solitario. Si no hay intervenciones externas y directas  de Dios, y si las circunstancias son débiles, esto viene a ser una mayor oportunidad para el ejercicio de la fe. Entonces vemos que la fe viene a ser más brillante en la medida en que el día viene a ser más oscuro. 

Capítulo 2:11-20

Llegué, pues, a Jerusalén, y después de estar allí tres días, me levanté de noche, yo y unos pocos varones conmigo, y no declaré a hombre alguno lo que Dios había puesto en mi corazón que hiciese en Jerusalén; ni había cabalgadura conmigo, excepto la única en que yo cabalgaba. Y salí de noche por la puerta del Valle hacia la fuente de Dragón y a la puerta del Muladar; y observé los muros de Jerusalén que estaban derribados, y sus puertas que estaban consumidas por fuego. Pasé luego a la puerta de la Fuente, y al estanque del Rey; pero no había lugar por donde pasase la cabalgadura en que iba. Y subí de noche por el torrente y observé el muro, y di la vuelta y entré por la puerta del Valle, y me volví. Y no sabían los oficiales a dónde yo había ido, ni qué había hecho; ni hasta entonces lo había declarado yo a los judíos y sacerdotes, ni a los nobles y oficiales, ni a los demás que hacían la obra.

         Les dije, pues: Vosotros veis el mal en que estamos, que Jerusalén está desierta, y sus puertas consumidas por el fuego; venid, y edifiquemos el muro de Jerusalén, y no estemos más en oprobio. Entonces les declaré cómo la mano de mi Dios había sido buena sobre mí, y asimismo las palabras que el rey me había dicho. Y dijeron: Levantémonos y edifiquemos. Así esforzaron sus manos para bien. Pero cuando lo oyeron Sanbalat horonita, Tobías el siervo amonita. Y Gesem el árabe, hicieron escarnio de nosotros, y nos despreciaron, diciendo: ¿Qué es esto que hacéis vosotros? ¿Os rebeláis contra el rey? Y en respuesta les dije: El Dios de los cielos, él nos prosperará, y nosotros sus siervos nos levantaremos y edificaremos, porque vosotros no tenéis parte ni derecho ni memoria en Jerusalén”. 

Llegando a Jerusalén, Nehemías permanece tres días. Él tiene una obra grande y seria ante él, y no emprenderá ninguna acción precipitada. Él debe dar testimonio a la angustia del pueblo de Dios y a la arruinada condición de Jerusalén, él debe levantar al pueblo de Dios a la acción, y dirigirles en su obra. Pero él debe primero ser testigo de las desolaciones contra las cuales él ha de dar testimonio, de manera que él pueda hacerlo de la misma forma y en el mismo espíritu del siervo que en fecha posterior podía decir, “nosotros hablamos lo que sabemos y testificamos de lo que hemos visto”.

         De este modo sucedió que Nehemías se levantó por la noche y alguno de los hombres con él y sin comunicar a otros lo que Dios había puesto en su corazón realizar, va a la puerta del Valle, y de diferentes puntos él, “vio las murallas de Jerusalén, que estaban derribadas”, y consumidas por el fuego. Él mismo se entera de la extensión de la ruina. Él prosigue su jornada nocturna hasta que no hubo lugar por donde pasar. Habiendo hecho frente a tal desolación el corazón natural bien podía concluir  que el caso era uno sin esperanza, y que estaba más allá del poder del hombre remediarlo. Para el hombre, como tal, era realmente sin esperanza; pero Dios había puesto en el corazón de Nehemías emprender esta obra, y Dios puede capacitar a un hombre para realizar lo que Él ha puesto en su corazón hacer. El secreto del poder de Nehemías residía en la seguridad que Dios le había dado para hacer esta obra. No había necesidad de consultar con ningún hombre acerca de una obra que Dios le había dado a cumplir. Los consejos de los hombres no pueden añadir nada a Dios, pero si pueden debilitar y desalentar a Nehemías. Los hombres probablemente le habían dicho que era más sabio dejar el asunto tal cual estaba, que él sólo se angustiaría él mismo al mirar la ruina, y levantaría la perturbación en el pueblo de Dios, y oposición ante ellos, por intentar reedificar las murallas. De esta forma fue que Nehemías realizó sus jornadas en secreto para enterarse él mismo de las desolaciones de Jerusalén, y ninguno de los gobernadores, tampoco del pueblo, supieron donde había ido ni lo que había hecho (v.11-16).

         Habiendo hecho esta inspección, había  llegado el tiempo de hablar ante los ancianos. Él da testimonio a la angustia del pueblo, y a las desolaciones de Jerusalén con sus murallas derribadas y puertas quemadas, y los estimula a levantarse y a edificar las murallas para que el reproche sea quitado del pueblo de Dios (v.17).

         Además Nehemías les dice que la buena mano de Dios estaba sobre él. La mano gubernamental de Dios ha utilizado a Nabucodonosor para derribar las murallas y quemar sus puertas, pero la mano bondadosa de Dios estaba sobre Nehemías para edificar las murallas y levantar sus puertas. Habiendo escuchado hablar de la mano de Dios, los gobernadores dicen, “levantémonos y edifiquemos”. “Así ellos fortalecieron sus manos para esta nueva obra”. Nada fortalecerá nuestras manos para una nueva obra como el reconocimiento de la mano de Dios dirigiendo esa obra. Dios ha puesto en el corazón de un hombre hacer la obra, y ahora Dios fortalece sus manos para cumplirla (v.18).

         Pero, ¡lamentablemente! hay otros quienes están preparados para oponerse a la edificación de las murallas, y estos tratan a Nehemías y a sus compañeros con desprecio y burla. El líder en esta oposición no es un pagano sino un Samaritano (4:1-2), uno cuya religión era una mezcla corrupta de idolatría y de adoración a Jehová. A los ojos del mundo él sin duda sería visto, de acuerdo a su profesión, como un verdadero adorador de Jehová. Nehemías, a pesar de ello no es engañado, porque dice, “vosotros no tenéis porción, ni derecho, ni memoria en Jerusalén” (v.19).

         Como entonces, así es ahora, la más grande oposición al mantenimiento de la separación entre el mundo y el pueblo de Dios viene de los cristianos profesantes que están en alianza con los enemigos del pueblo de Dios.

         Nehemías, a pesar de las burlas y el menosprecio de los hombres no se aleja de la obra de Dios. Él se da cuenta que si los hombres del mundo se oponen, el Dios del cielo prosperará la obra (v.20).

         En nuestro día también, ¿podemos no decir, que a pesar de la ruina y desolación entre el pueblo de Dios y de toda oposición, quienes buscan edificar las murallas y levantar las puertas para el mantenimiento de la santidad de la casa de Dios, no tendrán del Dios del cielo la prosperidad? 

EL CUMPLIMIENTO DE LA OBRA

(Capítulo 3) 

Capítulo 3:

Entonces se levantó el sumo sacerdote Eliasib con sus hermanos los sacerdotes, y edificaron la puerta de las Ovejas. Ellos arreglaron y levantaron sus puertas hasta la torre de Hamea, y edificaron hasta la torre de Hananeel. Junto a ella edificaron los varones de Jericó, y luego edificó Zacur hijo de Imri.

         Los hijos de Senaa edificaron la puerta del Pescado; ellos la enmaderaron, y levantaron sus puertas, con sus cerraduras y sus cerrojos. Junto a ellos restauró Meremot hijo de Urías, hijo de Cos, y al lado de ellos restauró Mesulam hijo de Berequías, hijo de Mesezabel. Junto a ellos restauró Sadoc hijo de Baana. E inmediato a ellos restauraron los tecoítas; pero sus grandes no se prestaron para ayudar a la obra de su Señor.

         La puerta Vieja fue restaurada por Joiada hijo de Paseah y Mesulam hijo de Besodías; ellos la enmaderaron, y levantaron sus puertas, con sus cerraduras y cerrojos. Junto a ellos restauró Melatías gabaonita, y Jadón meronotita, varones de Gabaón y de Mizpa, que estaban bajo el dominio del gobernador del otro lado del río. Junto a ellos restauró Uziel hijo de Harhaía, de los plateros; junto al cual restauró también Hananías, hijo de un perfumero. Así dejaron reparada Jerusalén hasta el muro ancho.

         Junto a ellos restauró también Refaías hijo de Hur, gobernador de la mitad de la región de Jerusalén. Asimismo restauró junto a ellos, y frente a su casa, Jedaías hijo de Harumaf; y junto a él restauró Hatús hijo de Hasabnías. Malquías hijo de Harín y Hasuf hijo de Panab-moab restauraron otro tramo, y la torre de los Hornos. Junto a ellos restauró Salum hijo de Halohes, gobernador de la mitad de la región de Jerusalén, él con sus hijas.

La puerta del Valle la restauró Hanún con los moradores de Zanoa; ellos la reedificaron, y levantaron  sus puertas, con sus cerraduras y sus cerrojos, y mil codos del muro, hasta la puerta del Mudalar. Reedificó la puerta del Muladar Malquías hijo de Recab, gobernador de la provincia de Bet-haquerem; él la reedificó, y levantó sus puertas, sus cerraduras y sus cerrojos. Salum hijo de Celhoze, gobernador de la región de Mizpa, restauró la puerta de la Fuente; él la reedificó, la enmaderó y levantó sus puertas, sus cerraduras y sus cerrojos, y el muro del estanque de Siloé hacia el huerto del rey, y hasta las gradas que descienden de la ciudad de David.

Después de él restauró Nehemías hijo de Azbuc, gobernador de la mitad de la región de Bet-sur, hasta delante de los sepulcros de David, y hasta el estanque labrado, y hasta el estanque de los Valientes. Tras él restauraron los levitas; Rehum hijo de Bani, y junto a él restauró Hasabías, gobernador de la mitad de la región de Keila, por su región. Después de él restauraron sus hermanos, Bavai hijo de Henadad, gobernador de la mitad de la región de Keila. Junto a él restauró Ezer hijo de Jesúa, gobernador de Mizpa, otro tramo frente a la subida de la armería de la esquina.

Después de él Baruc hijo de Zabai con todo fervor restauró otro tramo, desde la esquina hasta la puerta de la casa de Eliasib sumo sacerdote. Tras él restauró Meremot hijo de Urías hijo de Cos otro tramo, desde la entrada de la casa de Eliasib hasta el extremo de la casa de Eliasib. Después de él restauraron los sacerdotes, los varones de la llanura. Después de ellos restauraron Benjamín y Hasub, frente a su casa; y después de éstos restauró Azarías hijo de Maasías, hijo de Ananías, cerca de su casa.

Después de él restauró Binúi hijo de Henedad otro tramo, desde la casa de Azarías hasta el ángulo entrante del muro, y hasta la esquina. Palal hijo de Uzai, enfrente de la esquina y la torre alta que sale de la casa del rey, que está en el patio de la cárcel. Después de él, Pedaías hijo de Faros. Y los sirvientes del templo que habitaban en Ofel restauraron hasta enfrente de la puerta de la Aguas al oriente, y la torre que sobresalía. Después de ellos restauraron los tecoítas otro tramo, enfrente de la gran torre que sobresale, hasta el muro de Ofel.

Desde la puerta de los Caballos restauraron los sacerdotes, cada uno enfrente de su casa. Después de ellos restauró Sadoc hijo de Imer, enfrente de su casa; y después de él restauró Semaías hijo de Secanías, guarda de la puerta Oriental. Tras él, Hananías hijo de Selemías y Hanún hijo sexto de Salaf restauraron otro tramo. Después de ellos restauró Mesulam hijo de Berequías, enfrente de su cámara.

Después de él restauró Malquías hijo del platero, hasta la casa de los sirvientes del templo y de los comerciantes, enfrente de la puerta del Juicio, y hasta la sala de la esquina. Y entre la sala de la esquina y la puerta de las Ovejas, restauraron los plateros y los comerciantes”. 

El siervo ha sido preparado, su camino aclarado, ahora tenemos el registro de la obra. Esta obra especial, como hemos visto para producir un avivamiento, en medio de este remanente retornado, es para edificar las murallas de Jerusalén y levantar las puertas. Edificar las murallas y levantar las puertas tiene su respuesta en nuestros días en el mantenimiento de la santidad de la casa de Dios a través de la separación de la iniquidad y de los utensilios para usos viles ( 2 Timoteo 2:20), y el piadoso cuidado que da acceso libre a los privilegios de la casa de Dios a todos aquellos del pueblo de Dios que vienen con integridad. Tal cuidado puede realmente, a veces, envolver una acción disciplinaria de lo cual la puerta, en días del Antiguo Testamento fue a menudo su símbolo.

         Los detalles registrados en los días de Nehemías son ricos en instrucción para quienes, en nuestro día, desean responder al pensamiento de Dios para su pueblo en cuanto a la separación del mal, y el mantenimiento de la santidad.

         Es digno de notar que, desde el más grande al más pequeño, todos están unidos en esta obra particular. Sacerdotes, nobles, y el pueblo común, todos eran de un pensamiento para edificar las murallas y levantar sus puertas. Estas personas responsables en la obra pueden ocupar muy variadas posiciones sociales, algunos son “nobles”, y otros del pueblo común. Sus oficios pueden ser muy diferentes, mercaderes, artífices del bronce, etc. (v.8, 31 y 32).

         Su obra individual en el servicio del Señor puede ser diferente, algunos son sacerdotes y otros levitas. Sea cual fuere su posición social, su oficio secular, o su servicio especial para el Señor, todos tienen un mismo y sólo propósito, levantar las murallas y sus puertas, y por esta unanimidad, como uno ha dicho, “ellos confesaron su necesidad de separación de las naciones alrededor y tomaron medidas para asegurarla”.

         Para quienes hoy han sido libertados de los sistemas corruptos de los hombres en vista a mantener la verdad de la casa de Dios, esto traerá un avivamiento de bendición si, guiados por el Espíritu de Dios, y en obediencia a su Palabra, ellos se unen en la búsqueda de mantener la separación de la corrupción religiosa de la cristiandad, y toman medidas para asegurarlas por medio de las murallas y sus puertas.      Esta unidad de pensamiento y actividad para este fin son las marcas seguras de una obra del Espíritu de Dios. Y siendo tal, el Señor les muestra su especial aprobación al registrar sus nombres, familias, trabajando en una obra que interesa grandemente al honor de su Nombre y a la bendición de su pueblo.

         Pero mientras todos estos, en esta obra, tienen una mención honrosa, debemos tener en cuenta que algunos son distinguidos sobre otros en la obra. De Baruc leemos que no sólo reparó la muralla sino que lo hizo “con todo fervor” (v.20).

         Algunos son distinguidos por la cantidad de su obra. De “Hanún y los habitantes de Zanoa” leemos que no sólo levantaron “la puerta del Valle” sino que también edificaron, “mil codos del muro” (v.13). Los tecoítas no sólo repararon un trozo de la muralla siguiendo la obra de Zadoc, sino que después se nos dice que repararon “otro tramo” (v.27). Y de otros leemos que repararon “otro tramo” (v.11, 19 y 30).

         Además otros son distinguidos por la calidad de su obra, porque Dios hace diferencia entre “cantidad” y “calidad”. La cantidad de la obra cumplida por Eliasib y sus hermanos excede a la de los hijos de Asenab, porque aunque el grupo  sacerdotal edificó una puerta y aparentemente una considerable porción de la muralla, los hijos de Asenab sólo levantaron una puerta. No obstante la calidad de la obra de los hijos de Asenab excede a la del sumo sacerdote y sus hermanos, porque ellos no sólo edifican la puerta sino que colocan también sus cerrojos, y sus barras. Tales detalles no se registran de la obra del sumo sacerdote.

         Otros son distinguidos por su fidelidad personal en la obra. Ellos edifican frente a sus propias casa (v.10, 23, 28 y 29). Dios de esta forma muestra su aprobación especial de quienes son cuidadosos en mantener la separación dentro de la esfera de su propia responsabilidad.

         Más adelante una familia es distinguida por la mención de las hijas. Salum un gobernador, reparó la muralla “él con sus hijas”. Ésta fue una obra en la cual las mujeres podían justamente participar, y recibieron una mención honrosa por hacerlo (v.12).

         Pero si el Señor estampa con Su aprobación la obra de estos diferentes obreros, hay algunas pocas cosas que el Señor desaprueba, y estas son registradas para nuestra advertencia. De los nobles de los tecoítas leemos “pero sus nobles no pusieron su cerviz a la obra del Señor". (Nehemías 3:5 - Versión Moderna). La orgullosa cerviz que no se inclina, nos habla del orgullo que gobierna el corazón. Ellos evitan seguir un camino que hace nada del hombre y de su propia importancia. Siempre es así, quienes tienen una buena posición en el mundo religioso, no se preocupan de mantener las murallas de la separación.

         Entonces se nos dice con cuidadosos detalles que otros edificaron frente a la casa de Eliasib, un hombre edificando a la puerta de su casa, y otro continuando la obra desde su puerta (v.20 y 21). El sumo sacerdote era indiferente a su propia casa y no puso barras ni cerrojos para asegurar la puerta que había levantado. En lo que le concernía a él dejo su casa y su puerta expuesta al enemigo.

         Para todas estas distinciones -estas aprobaciones y desaprobaciones- hay causas y razones en las vidas de los aprobados y desaprobados, que no son aparentes en el mismo momento pero que serán manifestadas en los días futuros, ya sea ahora o después. Sea cual fuere la bondad de Dios hacia su pueblo, su gobierno toma un seguro e irrevocable curso. Siempre hay una razón detrás de las acciones de los hombres aunque causa y efecto pueden estar ampliamente separadas.

         Hay una razón para la significativa omisión de las barras y cerrojos en la puerta que levantó Eliasib, y en la cercana futura historia, esto fue  manifestado para nuestro provecho. Veremos que Eliasib el sacerdote estaba aliado con Tobías el Amonita y Sambalat el Horonita. Al no estar en orden su propia casa, él no puede edificar la muralla frente a ésta. Además habiendo preparado una gran cámara para Tobías en la casa del Señor, poco sorprende, entonces, que no haya puesto barras y cerrojos en su puerta, porque es obvio que si él provee una cámara dentro para el enemigo de afuera, él debe también dejar el camino libre para que el enemigo tenga acceso a esa cámara. De este modo sucede que Eliasib, quien debiese haber andado con Dios en paz y equidad, es causa de tropiezo y corrupción (Malaquías 2:16). Él hace una profesión de separación al edificar la puerta y la muralla, para mantenerse dentro con un pueblo separado, pero es cuidadoso de no poner barras ni cerrojos sobre su puerta, para mantener dentro al hombre corrupto y mezclado con la religión de Samaria, y dejar lugar así para el acceso de estos entre el pueblo de Dios.

         ¡Esto es de lamentar! Entre quienes han sido libertados del sistema de los hombres en estos últimos días, no han faltado líderes, quienes han hecho una hermosa profesión de mantener las murallas y las puertas, y a causa de sus lazos con el mundo religioso, han sido obligados a dejar sus puertas sin seguro. Ellos pueden argumentar amor y amplitud de corazón, y el deseo de evitar el sectarismo, pero el resultado de su curso, si se permite seguirlo sin estorbo, guía a un nuevo debilitamiento del pueblo de Dios por enlazarlos gradualmente con las corrupciones religiosas de la cristiandad. 

SEGUNDA DIVISION 

LA OPOSICION A LA OBRA 

Capítulo 4: El león rugiente; o la oposición exterior del enemigo.

Capítulo 5: La corrupción de la carne; o la obra estorbada por una baja condición moral del pueblo.

Capítulo 6: Los ardides de Satanás; o la obra estorbada por las prácticas corruptas del enemigo.

Capítulo 7: La administración de la ciudad; o la salvaguardia contra el enemigo. 

EL LEON RUGIENTE

(Capítulo 4) 

Capítulo 4:

Cuando oyó Sanbalat que nosotros edificábamos el muro, se enojó y se enfureció en gran manera, e hizo escarnio de los judíos. Y habló delante de sus hermanos y del ejército de Samaria, y dijo: ¿Qué hacen estos débiles judíos? ¿Se les permitirá volver a ofrecer sus sacrificios? ¿Acabarán en un día? ¿Resucitarán de los montones del polvo las piedras que fueron quemadas? Y estaba junto a él Tobías amonita, el cual dijo: Lo que ellos edifican del muro de piedra, si subiere una zorra lo derribará.

         Oye, oh Dios nuestro, que somos objeto de su menosprecio, y vuelve el baldón de ellos sobre su cabeza, y entrégalos por despojo en la tierra de su cautiverio. No cubras su iniquidad, ni su pecado sea borrado delante de Ti, porque se alzaron contra los que edificaban.

Edificamos, pues, el muro, y toda la muralla fue terminada hasta la mitad de su altura, porque el pueblo tuvo ánimo para trabajar.

Pero aconteció que oyendo Sanbalat y Tobías, y los árabes, los amonitas y los de Asdod, que los muros de Jerusalén eran reparados, porque ya los portillos comenzaban a ser cerrados, se encolerizaron mucho; y conspiraron todos a una para venir a atacar a Jerusalén y hacerle daño. Entonces oramos a nuestro Dios, y por causa de ellos pusimos guarda contra ellos de día y de noche. Y dijo Judá: Las fuerzas de los acarreadores se han debilitado, y el escombro es mucho, y no podemos edificar el muro.

Y nuestros enemigos dijeron: No sepan, ni vean, hasta que entremos en medio de ellos y los matemos, y hagamos cesar la obra. Pero sucedió que cuando venían los judíos que habitaban entre ellos, nos decían hasta diez veces: De todos los lugares de donde volviereis, ellos caerán sobre vosotros.

Entonces por las partes bajas del lugar, detrás del muro, y en los sitios abiertos, puse al pueblo por familias, con sus espadas, con sus lanzas y con sus arcos. Después miré, y me levanté y dije a los nobles y a los oficiales, y al resto del pueblo: No temáis delante de ellos; acordaos del Señor, grande y temible, y pelead por vuestros hermanos, por vuestros hijos y por vuestras hijas, por vuestras mujeres y por vuestras casas. Y cuando oyeron nuestros enemigos que lo habíamos entendido, y que Dios había desbaratado el consejo de ellos, nos volvimos todos al muro, cada uno a su tarea. Desde aquel día la mitad de mis siervos trabajaba en la obra, y la otra mitad tenía lanzas, escudos, arcos y corazas; y detrás de ellos estaban los jefes de toda la casa de Judá. Los que edificaron en el muro, los que acarreaban, y los que cargaban, con una mano trabajaban en la obra, y con la otra tenían la espada. Porque los que edificaban, cada uno tenía su espada ceñida a sus lomos, y así edificaban; y el que tocaba la trompeta estaba junto a mí.

Y dije a los nobles, y a los oficiales y al resto del pueblo: La obra es grande y extensa, y nosotros estamos apartados en el muro, lejos unos de otros. En el lugar donde oyereis el sonido de la trompeta, reuníos allí con nosotros; nuestro Dios peleará por nosotros.

Nosotros, pues, trabajábamos en la obra; y la mitad de ellos tenían lanzas desde la subida del alba hasta que salían las estrellas. También dije entonces al pueblo: Cada uno con su criado permanezca dentro de Jerusalén, y de noche sirvan de centinela y de día en la obra. Y ni yo ni mis hermanos, ni mis jóvenes, ni la gente de guardia que me seguía, nos quitamos nuestro vestido; cada uno se desnudaba solamente para bañarse”. 

Cada avivamiento entre el remanente retornado levanta la oposición de una forma u otra.

         Zorobabel levanta el altar y coloca los fundamentos del templo, e inmediatamente los adversarios, bajo el liderazgo de Rehum, levantan la oposición (Esdras 4).

         El segundo avivamiento o despertar, bajo Hageo y Zacarías, encuentra la oposición de Tatnai y sus compañeros (Esdras 5:3).

         El tercer avivamiento bajo Esdras encuentra entre sus oponentes a Jonatán y Jahazías (Esdras 10:15).

         Finalmente el último avivamiento bajo Nehemías encuentra la oposición de Sambalat y Tobías, y otros asociados con ellos. Esta oposición es presentada en más grande detalle que las anteriores y está lleno de instrucciones para quienes, en estos últimos días, están buscando andar en separación de las corrupciones de la cristiandad. Como en el pasado, así hoy cada intento de los hombres que temen a Dios para mantener la separación del mal entre el pueblo de Dios levanta variadas formas de oposición. Satanás sabe muy bien que si él puede derribar la separación entre el pueblo de Dios y el mundo, cada verdad será debilitada y las más profundas verdades del cristianismo se perderán completamente. Considerando que el mantenimiento de las murallas de separación unida a una justa condición espiritual, significarán la preservación de cada verdad recuperada en avivamientos pasados.

         Viniendo ahora a considerar la oposición a este último avivamiento bajo Nehemías, se hallará que este toma diferentes formas, la primera es una abierta oposición en la cual el enemigo es visto como león rugiente (1ª Pedro 5: 8). Esta forma de oposición está principalmente ante nosotros en el capítulo 4, junto con las especiales dificultades que esto crea.

         Se recordará que la llegada de Nehemías a Jerusalén ha enojado al enemigo (2:10). Entonces la decisión de edificar la muralla produjo su menosprecio (2:19). Ahora que la buena obra está en movimiento, el enemigo muestra su rabia e indignación (4:1), lo que guía a la adopción de violentas medidas, porque ellos conspiran “para venir y pelear contra Jerusalén”. Al principio, los oponentes buscan cubrir sus reales sentimientos de rabia por medio de un menosprecio a un pueblo débil; ellos dicen que una zorra derribará lo que edifican. Si esto representó el verdadero estado del caso, habría sido innecesario que ellos se molestasen acerca de esto. Ellos podrían dejar muy bien el asunto entregado a una zorra.

         Mirando solamente sobre las circunstancias exteriores, el enemigo, con alguna verdad, habla de este pequeño remanente como “débil”, y preguntan muy bien, "¿Se les permitirá?" sacrificar, terminar y “resucitar las piedras” pero en tales cuestiones ellos dejan fuera a Dios y su gracia, y hablan locamente de una zorra.

         El curso que Nehemías toma para enfrentar este ataque es simple e instructivo. Enfrentado por la rabia de Sambalat, “sus hermanos, y el ejercito de Samaria”, él rehusa ser atraído a levantar algún argumento contra ellos; él no sugiere ningún compromiso con ellos; tampoco se opone a ellos, sino que se vuelve a Dios.

         El enemigo deja fuera a Dios, Nehemías introduce a Dios. Él reconoce que el pueblo está siendo menospreciado y afrentado (v.4). Cuando en Babilonia él conoció la afrenta del pueblo, cuan diferentes eran las circunstancias: entonces estaban en afrenta a causa de la ruina de la muralla, ahora en afrenta por edificar la muralla. En el caso anterior, la afrenta era para su vergüenza, ahora lo es para su honor.

         Además, habiendo reconocido la aflicción del pueblo, Nehemías procede a exhibir ante Dios el pecado de sus oponentes, y pide que ellos sean entregados “como presa en la tierra de cautividad”. En este día de gracia pedir por juicio sobre quienes se nos oponen no es nuestra parte, aún así cuan constantemente vemos esto, en el gobierno de Dios, que quienes se oponen al mantenimiento de las murallas de separación caen en la desesperanzadora cautividad del mundo religioso.

         Mientras Nehemías estuvo plenamente consciente de la oposición del enemigo y la  enfrentó en secreto por el poder de la oración, en la obra pública siguió adelante “porque el pueblo tuvo ánimo para trabajar”. No fue simplemente que Nehemías y unos pocos sinceros líderes tenían en sus mentes y corazones trabajar, sino “el pueblo”. Su corazón estaba en la obra de mantener lo que era debido a Dios por medio de las murallas y puertas. Esta unidad de pensamiento y energía, da una segura evidencia de una obra del Espíritu Santo.

         La perseverancia unánime del pueblo de Dios levanta la unida oposición del enemigo (v.7 y 8). Hasta aquí la oposición ha venido sólo de individuos, pero ahora, Arabes, Amonitas, Asdoditas, se unen con Sambalat y Tobías “para pelear contra Jerusalén”. Personas con muy diferentes intereses y opiniones, pueden unir sus manos para oponerse al movimiento que es de Dios. Y este movimiento unido lleva a la oposición a tomar violentas medidas. Comenzando con burlas, ésta se desarrolla hasta llegar a la rabia y termina en métodos violentos. Una y otra vez esto se ha verificado en la historia del pueblo de Dios. Quienes terminan tomando violentas medidas generalmente comienzan por hablar despreciativamente de sus hermanos. Reitero, el espíritu en el cual el pueblo actúa prueba que el movimiento es de Dios, así como el espíritu de oposición prueba que es una obra del enemigo. Porque detrás de este ataque hay “ira y conspiración”. La “ira del hombre no obra la justicia de Dios” (Santiago 1:20) y el Espíritu de Dios no será parte de ardides humanos. De este modo es que el verdadero carácter de la oposición puede ser a menudo detectado por sus métodos carnales.

         El pueblo de Dios debe recordar que las armas de Dios no son carnales. El remanente en el día de Nehemías realiza esto, porque ellos enfrentan este ataque unido del enemigo, uniéndose en ruego a Dios. “Oramos a nuestro Dios” (v.9). Ellos enfrentan el poder del enemigo por el aún más grande poder de la oración. Cuando los hombres se vuelven contra ellos en rabia, ellos se vuelven a Dios en oración. Pero si ellos miran hacia Dios también “ponen vigías contra el enemigo”. Y esto tiene una enseñanza para nosotros, ¿No nos ha dicho el Señor “velad y orad”?. Así también el apóstol en la exhortación de la epístola une las palabras “velando y orando” (Efesios 6:18). Además el apóstol ha enlazado “perseverancia” con velar y orar y esto también es mostrado por este débil remanente porque si ellos velan, lo hacen de día y de noche.

         De este modo, por medio de la oración y velando con toda perseverancia, el enemigo es frustrado en su primer ataque, pero, como resultado del ataque, el pueblo de Dios es acosado en una triple forma.

         Primero, por corrupción desde dentro (v.10). Tenemos a quienes toman un lugar de guía entre el pueblo de Dios y que desean detener la edificación de la muralla. De este modo leemos que Judá dijo, “la fuerza de los acarreadores se ha debilitado, y el escombro es mucho, y no podemos edificar el muro”. La historia posterior manifestará que los nobles de Judá están en constante comunicación con el enemigo. Por el momento esta mala asociación con el enemigo no es divulgada, y las razones que ellos dan para detener la obra no tiene conexión con esto. Los hechos que presentan pueden ser verdaderos pero la conclusión basada sobre los hechos es completamente falsa. No es cuestión de la debilidad de quienes llevan las cargas, y es también claro que hay muchos escombros, pero concluir que es imposible edificar por ello la muralla, es falso. Aún así en nuestros días estos hechos han sido abogados y tienen una similar conclusión. Están también quienes dicen “el pueblo de Dios es débil, la corrupción de la cristiandad grande, el mal universal, de manera que es imposible mantener una estricta separación conforme a la Palabra de Dios. Debemos aceptar las cosas tal como son y hacer lo que mejor podamos”. Ésta es la voz de Judá en nuestros días. Y como en el día de Nehemías, quienes usan este lenguaje a menudo se encuentran en intima asociación con los oponentes a la verdad.

         En segundo lugar, el remanente acosado por el temor de un súbito e inesperado ataque del enemigo (v.11). Los adversarios dicen “que ellos no sepan, ni vean hasta que estemos en medio de ellos”. Este es un esfuerzo deliberado para obtener un lugar entre el pueblo de Dios para “matarlos y hacer cesar la obra”. Otra vez no faltan en nuestros días quienes se introducen encubiertamente para minar el principio de la separación que se trata de mantener.

         En tercer lugar, está el intento de acosar a estos en la obra por la constante repetición de inquietantes rumores: “...nos decían hasta diez veces: De todos los lugares de donde volviereis, ellos caerán sobre vosotros (v.12). Están quienes moran o están a favor del enemigo, y parecen estar muy bien enterados con todos sus hechos, y por los reportes que llevan de tiempo en tiempo, tienden a distraer a los edificadores. Estos no son enemigos, sino judíos quienes llevan estos reportes. Posiblemente ellos no tienen intenciones de oponerse, tal vez piensan que están ayudando al dar estas advertencias, no obstante ellos están haciendo la obra del enemigo.

         Aquí entonces tenemos un pequeño remanente del pueblo de Dios esforzándose por mantener fuera el mal, y enfrentados por la abierta oposición del enemigo, y acosados por los corruptos argumentos de hombres en asociación con éste, por el conocimiento de ataques inesperados y por la constante repetición de rumores inquietantes.

         El resto del capítulo nos enseña cómo estas diferentes dificultades fueron enfrentadas por Nehemías. Primero, él arma al pueblo para el conflicto y los pone en los lugares expuestos (v.13). Estos eran “lugares bajos”, es decir, donde la muralla tenía poca altura, y “lugares altos” en las murallas que estaban peculiarmente abiertas al ataque. El diablo no se preocupa de cómo obtener un lugar entre el pueblo de Dios, sea por bajo andar o altas pretensiones. ¿No podemos decir que la muralla estaba baja en la asamblea de Corinto donde el enemigo había entrado por medio de la lascivia? En Colosas dónde la asamblea estaba en peligro de permitir la carne religiosa por altas pretensiones, ¿No podemos decir que allí estaban en peligro en los lugares altos?.

         Para enfrentar tales formas de mal necesitamos ponernos toda la armadura de Dios. Pero en el día de Nehemías la confianza del pueblo no estaba solamente en sus armas de defensa. La palabra era “recordar al Señor que es grande y terrible” (v.14), de este modo ellos fueron libertados de todo temor. En semejante espíritu el apóstol antecede a su exhortación en cuanto a la armadura por decir “hermanos sed fuertes en el Señor y en el poder de su fuerza”.

         Además al defenderse ellos mismos estaban peleando por sus hermanos y por quienes debían venir después (v.14). En todos nuestros conflictos contra el mal y por el mantenimiento de la verdad, haremos bien en mantener ante nosotros estas tres cosas.

Recordar al Señor -todo lo que Él es y todo lo que le es debido a Él.

Recordar a nuestros hermanos -que al mantener la verdad, a menudo en un conflicto local, estamos peleando por todos nuestros hermanos.

Estamos ayudando a mantener la verdad para quienes puedan seguirnos -nuestros hijos e hijas.

Así sucedió en los días de Nehemías y de este modo Dios desbarató el consejo de los oponentes. Estimulados de este modo, la obra prosiguió como leemos, “nos volvimos todos al muro cada uno a su tarea” (v.15). Cada uno tenía su obra señalada, algunos trabajaban en edificar, otros en conflicto contra el enemigo; algunos “edificaban sobre la muralla”, otros “llevaban cargas” y, había quienes tocaban las trompetas para advertir del peligro. Cada uno tenía su obra señalada pero todo contribuía a un sólo fin -edificar las murallas y levantar sus puertas. 

LA CORRUPCION DE LA CARNE

(Capítulo 5) 

Capítulo 5:

Entonces hubo gran clamor del pueblo y de sus mujeres contra sus hermanos judíos. Había quien decía: Nosotros, nuestros hijos y nuestras hijas, somos muchos; por tanto, hemos pedido prestado grano para comer y vivir. Y había quienes decías: Hemos empeñado nuestras tierras, nuestras viñas y nuestras casas, para comprar grano, a causa del hambre. Y había quienes decían: Hemos tomado prestado dinero para el tributo del rey, sobre nuestras tierras y viñas. Ahora bien, nuestra carne es como la carne de nuestros hermanos, nuestros hijos como sus hijos; y he aquí que nosotros dimos nuestros hijos y nuestras hijas a servidumbre, y algunas de nuestras hijas lo están ya, y no tenemos posibilidad de rescatarlas, porque nuestras tierras y nuestras viñas son de otros.

         Y me enojé en gran manera cuando oí su clamor y estas palabras. Entonces lo medité, y reprendí a los nobles y a los oficiales, y les dije: ¿Exigís interés cada uno a vuestros hermanos? Y convoqué contra ellos una gran asamblea, y les dije: Nosotros según nuestras posibilidades rescatamos a nuestros hermanos judíos que habían sido vendidos a las naciones; ¿y vosotros vendéis aun a vuestros hermanos, y serán vendidos a nosotros? Y callaron, pues no tuvieron qué responder. Y dije: No es bueno lo que hacéis. ¿No andaréis en el temor de nuestro Dios, para no ser oprobio de las naciones enemigas nuestras? También yo y mis hermanos y mis criados les hemos prestado dinero y grano; quitémosles ahora este gravamen. Os ruego que les devolváis hoy sus tierras, sus viñas, sus olivares y sus casas, y la centésima parte del dinero, del grano, del vino y del aceite, que demandáis de ellos como interés. Y dijeron: Lo devolveremos, y nada les demandaremos; haremos así como tú dices. Entonces convoqué a los sacerdotes, y les hice jurar que harían conforme a esto. Además sacudí mi vestido, y dije: Así sacuda Dios de su casa y de su trabajo a todo hombre que no cumpliere esto, y así sea sacudido y vacío. Y respondió toda la congregación: ¡Amén! y alabaron a Jehová. Y el pueblo hizo conforme a esto.

         También desde el día que me mandó el rey que fuese gobernador de ellos en la tierra de Judá, desde el año veinte del rey Artajerjes hasta el año treinta y dos, doce años, ni yo ni mis hermanos comimos el pan del gobernador. Pero los primeros gobernadores que fueron antes de mí abrumaron al pueblo, y tomaron de ellos por el pan y por el vino más de cuarenta siclos de plata, y aun sus criados se enseñoreaban del pueblo; pero yo no hice así, a causa del temor de Dios. También en la obra de este muro restauré mi parte, y no compramos heredad; y todos mis criados juntos estaban allí en la obra. Además, ciento cincuenta judíos y oficiales, y los que venían de las naciones que había alrededor de nosotros, estaban a mi mesa. Y lo que se preparaba para cada día era un buey y seis ovejas escogidas; también eran preparadas para mí aves, y cada diez días vino en toda abundancia; y con todo esto nunca requerí el pan del gobernador, porque la servidumbre de este pueblo era grave. Acuérdate de mí para bien, Dios mío, y de todo lo que hice por este pueblo”. 

Este capítulo forma un importante paréntesis en la edificación de la muralla. En el capítulo 6 la obra es continuada y los ardides del enemigo son frustrados.

         En este capítulo, la historia es detenida por un rato para enfrentar otras formas de estorbo a la obra -la baja condición moral del mismo pueblo. La consideración de esto nos advierte que es posible para un individuo, o una compañía de santos, estar celosamente contendiendo por la separación de las corruptas asociaciones religiosas y falsas doctrinas, y al mismo tiempo ser descuidados en cuando a su propio estado.

         Labor y conflicto caracterizan al capítulo 4, pero para ser un vaso apto para el uso del Maestro, y ser capaces de resistir los ataques del enemigo, debe haber un mantenimiento de la justicia. Así es en 2ª Timoteo, mientras somos exhortados a “apartarnos de iniquidad”, y “limpiarnos de los vasos de deshonor”, somos inmediatamente advertidos de “huir de las pasiones juveniles y seguir la justicia”. Habiendo escapado de las corrupciones de la cristiandad es posible caer en las corrupciones de la carne. Nunca estamos en más gran peligro de actuar en la carne, que cuando hemos actuado fielmente para el Señor. Como uno verdaderamente a dicho, “podemos ser llevados a una relajación moral a través de nuestra satisfacción con nuestra separación eclesiástica”. Cuán conveniente entonces es la exhortación a “huir de las pasiones juveniles y seguir la justicia” inmediatamente después de los llamados a separarnos de la iniquidad y de los vasos de deshonor.

         Ésta es la profunda y seria lección de Nehemías 5. Los versículos 1 al 5 exponen la corrupción de la carne que existió entre quienes estaban edificando la muralla. Los judíos ricos se estaban aprovechando de la necesidad de sus hermanos más pobres para enriquecerse. Las necesidades diarias de la vida, las circunstancias adversas que se levantaban de una sequía, y la incidencia de los impuestos en vez de producir la simpatía de los judíos ricos, vino a ser la oportunidad de ministrar a las codicias de la carne.

         No fue una cuestión de los oficios ordinarios de la vida; sino de las necesidades y de las pruebas de los pobres, (producidas por circunstancias especiales), que eran usadas para el engrandecimiento de los ricos.

         La raíz de la turbación estaba en el hecho de que ellos se veían como formando clases distintas de ricos y pobres, y olvidaban que aunque ricos y pobres ellos eran “hermanos”.

         Nehemías enfrenta este mal reprendiendo a los nobles y trayendo el asunto ante “una gran asamblea”. Él muestra que actuar de este modo hacia sus hermanos era inconsistente con la redención de la cautividad en que todos ellos han tenido parte. Esto mostraba una falta de santo temor a Dios y, con relación a los paganos, esto los ponía en  condiciones de ser reprochados (v.6-9).

         La reprensión de Nehemías nos recuerda que en todas nuestras conductas con uno o con otro, debiésemos actuar como hermanos, en el temor de Dios, de manera que en nada demos ocasión para los reproches del mundo. Las reprensiones de Nehemías encuentran su contraparte en la exhortación de Pablo cuando dice a Tito que la gracia nos enseña “a vivir sobria, justa, y piadosamente en este mundo malo” (Tito 2: 12). De este modo, debiésemos actuar para restringir el yo y en consideración con nuestros hermanos (porque éste es el significado literal de la palabra sobriamente), justamente hacia estos fuera, y piadosamente hacia Dios.

         Además el apóstol nos exhorta a llevar “los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo” (Gálatas 4:2). La ley de Cristo es que debemos amarnos unos a otros, y este espíritu de santo amor es necesario, si debemos llevar las cargas de los otros. Fallar en esto es poner clase contra clase.

         Bajo las reprensiones de Nehemías, los nobles, gobernadores, y sacerdotes, corrigen este mal, y toda la congregación “alabó al Señor” (v.9-13). Además Nehemías no tan sólo reprendió y exhorto a otros, sino que en su modo de vida fue también un modelo para ellos. Él consideró al pueblo (v.14-18); anduvo en el temor de Dios (v.15); y mostró hospitalidad a los paganos, para remover toda ocasión para reproches (v.17). 

LOS ARDIDES DEL DIABLO

(Capítulo 6) 

Capítulo 6: