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CAPÍTULOS 13 al 24
CAPÍTULO 13.
Hay dos grandes principios o asuntos en relación con el hombre en la tierra
-la iglesia de Dios como tal, y el gobierno de Dios en el mundo; y éstas son muy distintas. En la iglesia se manifiestan las
riquezas de Su gracia. En Sus tratos gubernamentales vemos la exhibición de Su justicia, misericordia, y bondad. Tenemos un
ejemplo del poder gubernamental de Dios en cuanto a Israel en Éxodo 34: 5-7. Lo que podemos ver allí no es la gracia soberana
llevando un alma a la vida eterna, sino un acto de gobierno del mismo carácter que podemos ver todos los días a nuestro alrededor.
Si un hombre gasta su fortuna o arruina su salud por excesos de cualquier clase, sus hijos sufren por ello. "Todo lo que el
hombre sembrare, eso también segará." (Gálatas 6:7). Vean los tratos de Dios
con David, debido al asunto de Urías. "No se apartará jamás de tu casa la espada, . . . . tú lo hiciste en secreto, mas yo
haré esto delante de todo Israel . . . Por cuanto con este asunto hiciste blasfemar a los enemigos de Jehová, el hijo que
te ha nacido ciertamente morirá." (2 Samuel 12: 10-14). Y nosotros sabemos que este juicio por su pecado fue llevado a cabo
en la historia posterior de David. Esto no es gracia, sino gobierno. Dios trata ahora de la misma manera con un santo -esto
es, tanto en gracia como en justicia.
En Lucas 13 vemos que los Judíos tenían este pensamiento de gobierno en sus
mentes, lo que no era malo en sí mismo. Ellos pensaban que Dios no podría permitir que un sujeto tan culpable como Pilato
pudiese vivir, quien había estado mezclando la sangre de los galileos con sus sacrificios. Pero Cristo los trae a un nuevo
principio por el cual juzgar, y les dice que el juicio estaba viniendo sobre ellos si no se arrepentían. "¿Pensáis que estos
galileos . . .eran más pecadores, etc.?" "Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente." (versículos
2, 3). Esto se refiere al juicio en el gobierno de este mundo, que alcanzaría a todo aquel que no se arrepintiese.
Ellos tenían al Hijo de Dios allí, y estaban rechazándolo de forma práctica;
y, ¿cuánta sangre de Judíos mezcló Tito? Cristo había dicho a los Judíos al final del capítulo 12, "Cuando vayas al magistrado
con tu adversario, procura en el camino librarte de él; porque no te arrastre al juez," (Lucas 12:58 - RV1909); pero lo había
dicho acerca del estado de los Judíos, que estaban bajo los tratos de Dios y no escaparían hasta que el castigo del Señor
sobre ellos esté completo. Es así muy evidente que este pasaje simplemente se refiere al gobierno de Dios de Su pueblo. La
conciencia natural les debía haber dicho a estos Judíos que no rechazaran al Mesías, porque Dios iba con ellos a lo largo
de todo el camino a ver al magistrado, tratando con ellos en la gracia paciente, y Él les diría, 'si no se arrepienten y se
reconcilian, el juicio debe caer sobre ustedes, y cuando caiga, será lo mismo con ustedes que con aquellos que ustedes piensan
que son pecadores.
Versículo 6. El Señor está tratando aquí con el mismo estado de cosas. La higuera
es Israel, y Dios viene a buscar fruto en ellos y no encuentra ninguno. En el evangelio hay esta diferencia, a saber, que
la gracia, en lugar de buscar, siembra para producir fruto. Él no encontró ningún fruto y la sentencia es por consiguiente,
"córtala." Él no sólo la encontró inútil, sino que Su viña era estorbada por ella. "El nombre de Dios es blasfemado entre
los gentiles por causa de vosotros." (Romanos 2:24). Entonces entra la misión de Cristo. "Finalmente les envió su hijo." (Mateo
21:37). Dios había plantado una viña y la había podado, pero no había fruto. Entonces entra un nuevo jardinero, y Él dice,
"Déjala todavía este año, hasta que yo cave alrededor de ella", etc. Entonces debe llevar fruto, o ser cortada. Él ha hecho
lo que Él dijo, pero aún no hay fruto.
Versículo 11. La mujer con una enfermedad, a quien Jesús sana en el día de
reposo, saca a la luz otra cosa que estaba obrando en sus corazones, algo que se había situado en el lugar de la ley, lo que
dio lugar a la hipocresía. Ellos llevarían a beber a un buey o a un asno del pesebre en el día de reposo, pero ellos no soportarían
que una hija de Abraham, a quien Satanás había atado estos dieciocho años, fuese liberada en ese día. Una de las enfermedades
de la mente del hombre es usar la verdad adquirida para resistir la verdad revelada. Pablo era un ejemplo de esto -"en cuanto
a la justicia que es en la ley, irreprensible" (Filipenses 3:6); aún así él "había pensando deber hacer muchas cosas contra
el nombre de Jesús de Nazaret." (Hechos 26:9 - RV1909). Así también Cristo dice
de los Judío en Juan 16, "Y estas cosas os harán," etc. (Juan 16:3 - RV1909). Ellos estaban usando el nombre del único verdadero
Dios, nombre que se les había dado ("Jehová nuestro dios, Jehová uno es." - Deuteronomio 6:4), para rechazar al Hijo; porque
cuando Cristo vino en humillación, ellos no lo recibieron. La ortodoxia (N. del T. : 'Conformidad con doctrinas o prácticas
generalmente admitidas' = Diccionario de la Real Academia Española) se usa para detener la recepción de la verdad. Cuando
la verdad es el terreno donde un hombre está situado, esto le reditúa crédito; pero cuando se introduce una nueva verdad,
esto pone a prueba la fe. La verdad que requiere fe para caminar es resistida por el corazón natural; y la raíz de esto es
la hipocresía. El principal de la sinagoga dijo, "seis días hay en que se debe trabajar; en estos, pues, venid y sed sanados,
y no en día de reposo." (vers. 14). Pero él debía haber sabido que el Señor del día de reposo estaba allí; porque esa sola
palabra, "hija de Abraham", le debía haber indicado quién era Aquel que estaba presente en ese lugar. El Señor le contestó,
"¡Hipócritas!" (vers. 15 . VM). ¡Solemne palabra es esta!
Versículo 18. Él continúa para mostrar a qué será parecido el reino cuando
el rey sea rechazado y se haya marchado. ¡Un reino sin un rey! el cual está sentado en el trono de Su Padre, hasta que Él
venga a tomar Su propio trono. El reino es como una pequeña semilla echada en la tierra, que brota y llega a ser un árbol
grande -justo lo que nosotros llamamos Cristiandad. Esto llena el intervalo entre Su rechazo y Su retorno. No hay poder ejercido
mientras el Rey está lejos; como en el Evangelio de Marcos, la semilla brotó y los hombres no supieron cómo (Marcos 4:26,
27). Cuando la mies esté madura, Él vendrá de nuevo. Él sembró la primera vez, pero la segunda vez Él pondrá la hoz. Él está
buscando fruto celestial ahora; pero cuando Él venga, Él encontrará a la Cristiandad convertida en un gran árbol con las aves
del cielo anidando en sus ramas. El Faraón fue un árbol grande; Nabucodonosor un árbol aún más grande: ellos eran los elevados
en posición y poderosos de la tierra, representantes del poder mundano. Incluso Israel, que había sido plantado como vid escogida,
simiente verdadera toda ella (Jeremías 2:21), no estaba produciendo fruto. Por consiguiente, como se dice en Ezequiel 15:2
(LBLA), "¿en qué es mejor la madera de la vid que cualquier otra rama de árbol," si no produce fruto? Sólo es apta para ser
quemada. Por lo demás es inútil si no produce fruto, sólo produce la mejor leña para alimentar un fuego.
Versículo 21. Aquí el reino es comparado con la levadura, y la levadura es
lo que se propaga por toda la masa, y también le da un carácter a aquello en que ella surte efecto. Es la profesión nominal
de Cristianismo que se propaga dentro de un vasto sistema. Aquí no hay ninguna mención sobre el Espíritu Santo, sino sobre
el efecto en el mundo. En Mateo 13, en la primera parábola, está el resultado individual, y no se habla del reino. En las
primeras tres de las seis semejanzas, se presenta la apariencia pública; en las últimas tres, es descrito el carácter interior.
Versículo 23. "¿Son pocos los que se salvan?" La palabra usada aquí es la misma
palabra que a través de la Biblia de los LXX (N. del T.: de los Setenta o Septuaginta),
significa un remanente, o "los que iban a ser salvos." La pregunta realmente era en cuanto a si este remanente sería
de pocos o muchos los que iban a ser salvados del juicio por venir; pero, siendo esta una mera pregunta vana, el Señor no
la contesta, sino que les dice:
Versículo 24. "Esforzaos para entrar por la puerta estrecha." (Versión Moderna).
La puerta estrecha era recibir a Cristo en ese tiempo -la entrada real pero estrecha de la fe en Él y la conversión a Dios.
Habrá algunos que vendrán y llamarán a la puerta cuando esta esté cerrada, a quienes Él dirá, "no sé de donde sois" (vers.
25): ustedes no cambian, esfuércense para entrar por la puerta estrecha, a través de la cual Cristo entra antes que ustedes
-es decir, el rechazo. "Muchos procurarán entrar, y no podrán." (vers. 24).
Es muy simple cuando vemos el rechazo de Cristo. Aquellos que lo rechazan en
el día de Su humillación serán rechazados en el día de Su gloria; y, en vez de ser Sus compañeros en el reino, ellos serán
excluidos. Los Judíos incrédulos verán venir a los Gentiles en la gloria del
reino, mientras ellos, permaneciendo en la incredulidad, serán echados fuera.
Versículo 31. Los Fariseos le dicen, "Sal, y vete de aquí, porque Herodes te
quiere matar." Ahora, Herodes era un Idumeo y, ¿qué derecho tenía un extraño tal para ser rey de ellos? ¿Qué tenía que ver
él con las promesas a Israel? Nada. En Herodes tenemos una figura del rey obstinado. Él intentó matar a Cristo, y por consiguiente,
le pertenece el carácter de rey opositor. Él no tenía fe en los propósitos de Dios o en la gloria de Cristo; y el Señor dice,
"Id, y decid a aquella zorra." (vers. 32). 'Yo haré la voluntad de Mi Padre hasta que me llegue el momento de ser glorificado.'
'Yo estoy aquí mientras Mi Padre lo desee, y entonces seré hecho perfecto.' (N. del T.: el final del versículo 32 en la versión
RV1960 reza: "y al tercer día termino mi obra"; el final del vers. 32, en la Versión Moderna reza: "y el tercer día soy hecho
perfecto"). El poder de Dios debe ser plenamente conocido. ¡Qué desprecio divino por el rey apóstata, pero qué perfecta humana
obediencia, en forma combinada! "Empero es menester que yo camine hoy, y mañana, y pasado mañana; porque no es posible que
un profeta perezca fuera de Jerusalem. ¡Oh Jerusalem, Jerusalem! tú que matas a los profetas", etc. (vers. 33, 34 - V.M.).
Después de todo, Jerusalén es el lugar culpable. Que el rey Edomita haga y diga lo que quiera, es "la ciudad santa" la que
es culpable, porque estaba más cercana a Él. Mientras más cerca de Dios estoy, si le rechazo, peor es el pecado y más terrible
el juicio.
Vean en el Salmo 132 donde se lee: "Jehová ha elegido a Sion," etc., y en el
Salmo 78: 65-68, la misma elección de Sión. Cristo no pone el pecado en ellos hasta que hayan rechazado a ambos, a Él y a
Su Padre. Él saca a la luz un propósito de gracia en estos versículos finales. El viejo hombre está condenado y sin provecho
-Israel y todos nosotros. "¿Mudará el etíope su piel, y el leopardo sus manchas?" (Jeremías 13:23). El evangelio empieza con
buscar y salvar lo que estaba perdido. Aquí nosotros vemos que, aunque ellos lo han rechazado en la responsabilidad, Él no
los ha rechazado en el día de Su gracia. La gracia brilla en su aún escogida Judá.
Observen cómo se presenta aquí la persona divina del Señor. "¡Jerusalén, Jerusalén
. . .! . . . ¡Cuántas veces quise juntar", etc. (vers. 34). Un profeta no podía decir esto, y Él también era un profeta, y
más que un profeta: Él era Jehová, porque nadie sino Jehová podía juntar a Israel; como diciendo, 'Aquel que desparrama a
Israel, lo juntará.' Israel había rechazado a Jehová bajo responsabilidad; pero Jehová los reconocería cuando Él viniese en
gracia soberana. ¡Cuán bendita es la manera de obrar! Las circunstancias por las cuales Él pasó en Su camino aquí abajo sacaron
a la luz quién era Él, de una forma mucho más luminosa que cualquier texto que lo demuestre, importante como ese texto sea
en su lugar. Porque supón que tú creíste que hay un Dios, sin embargo, si Él viniese aquí abajo a estar a tu lado, ¿no sería
esto una cosa muy diferente? Cristo fue el hombre humillado a través de todo Su camino aquí abajo, porque Él fue siempre el
siervo de todos; con todo, Su gloria resplandece cuando el servicio fue llevado a cabo, y fue rechazado como inútil. "Antes
que Abraham fuese, yo soy." (Juan 8:58). Vean en este capítulo de Lucas la conexión entre los versículos 33, 34, y 35 como
ilustrativos de esto. "¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos . . .! . . .vuestra casa os es dejada desierta . . . en que
digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor."
La queja en los Salmos es que no hay ninguno que diga "hasta cuándo" -nadie
que cuente con la fidelidad de Dios hacia Su pueblo. Vean Salmo 74: 9. Esta expresión es usada a menudo en los Salmos y en
Isaías 6 (Isaías 6:11) y se refiere al castigar, no a la retribución. ¿Hasta cuándo Israel ha de tropezar y caer? (Romanos
11). En Isaías 6 el profeta, habiendo proferido estas palabras, "Engruesa el corazón de este pueblo", etc. (Isaías 6:10),
citado por el Señor en Juan 12, dice entonces, "¿hasta cuándo, Señor?" (Isaías 6:11). Él espera en la fe, y cuenta con Dios,
y teniendo la mente de Dios, él no puede creer que Dios los abandonará, y por consiguiente, puede preguntar, ¿"hasta cuándo"
ha de continuar el castigo? A lo que el Señor responde, que cuando "sean muchos los lugares abandonados en medio de la tierra.
Pero aún quedará una décima parte en ella, . . .: la simiente santa será su tronco." (Isaías 6:12-13 - LBLA). La savia aún
está allí, aunque no hay hojas. Lo mismo en el Salmo 118, "Me castigó gravemente JAH, mas no me entregó a la muerte." (Salmo
118:18). De la misma forma, el Señor no dice, 'Vuestra casa os es dejada desierta y, por consiguiente, no me veréis más.'
No; sino que Él dice, "no me veréis, hasta que llegue el tiempo en que digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor."
(Lucas 13:35). Él puede dar, como Jehová, la respuesta en la gracia, y cuando Él de arrepentimiento a Israel, entonces Él
enviará a Jesús, a quien los cielos habían recibido hasta ese día. Entretanto se introduce nuestra relación con Él. El profeta
habló sólo de cosas terrenales, aunque divinas; pero de la iglesia se dice, "participantes del llamamiento celestial," (Hebreos
3:1), y "nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús." (Efesios 2:6): eso da seguridad. ¿Cómo llegué yo allí?
En virtud de Cristo. Él es mi ayuda. Mi deseo es conocer esto, que soy uno con Cristo en el cielo -una porción eterna. Este
lo sella el Espíritu Santo en mi alma, y me hará disfrutarlo cada vez más.
Cuando Israel sea llevado al arrepentimiento, "la piedra que desecharon los
edificadores" será la "cabeza del ángulo" (Lucas 20:17), y reconocida por ellos. Ellos dirán, "¡Dad gracias a Jehová, . .
.; porque para siempre es su misericordia." (Salmo 118:29 - Versión Moderna). ¡Lamentable! ellos recibirán a otro primero;
pero cuando sus corazones sean cambiados y la gracia obre, ellos usarán el lenguaje del Salmo 119 y encontrarán la expresión
de la ley dentro de sus corazones; y cuando la fe es ejercida así, y sus corazones estén quebrantados, y abiertos para recibirle,
entonces Él vendrá a ellos. Si no hay un profeta que diga, "¿hasta cuándo?", Jehová dará la respuesta. Él nunca cambia; y
aunque Él ejecuta juicio y justicia, con todo, en Él se encuentra gracia. "Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en
la tierra?" (Lucas 18:8). Bueno, si no se encuentra fe, o un profeta que diga, "¿hasta cuándo?", hay Uno que guardará, en
Sus tesoros, algo de lo que se pueda asir la fe, en la soberanía de Su propia gracia.
Vemos así a Jehová en Aquel humillado, y de qué forma Él se puede elevar por
sobre toda iniquidad. ¡Cuán precioso es Jesús para nosotros a causa de todas estas cosas! y nosotros somos uno con Él. Que
podamos aprender de Él, y seguirle así, recordando que todo lo que se deja fuera de la senda estrecha son la carne y el mal.
CAPÍTULO 14.
Este capítulo presenta la justicia distributiva de Dios. Primero, es hacia
Sus santos, la consecuencia de la conducta con Dios, y el lugar que un hombre tendrá en vista de ello. Luego, tenemos la responsabilidad
relacionada con la gracia, la posición moral del alma, debido a que se le ha presentado la gracia. Despreciar la gracia de
Dios llena la medida del pecado del hombre. Pero aquí está la presentación de la gracia y esto es algo diferente de la posesión
de la gracia. Esto es presentado a aquellos que se negaron a venir a la Cena.
Versículos 1-6. El Señor, llevando la dispensación a un final, trae constantemente
ante Israel el día de reposo. La pregunta fue, ¿Podía el hombre, como hombre, hallar reposo con Dios? ¿Podía el hombre, alguna
vez, entrar en el reposo de Dios? Nosotros sabemos que el hombre quebrantó directamente el reposo de Dios -no se nos dice
cuán pronto: pero, quizás el mismo día en que debía haber descansado, él comió el fruto prohibido. El hombre nunca entró en
el reposo de Dios; y ahora la pregunta era cómo entrar, ¿por medio de su propia obra o por medio de Cristo? Era esencial para
el reposo después de la creación, tenerlo al final de los seis días de trabajo, y por consiguiente, era en el séptimo día.
De igual forma después, cuando las ordenanzas legales fueron dadas, el día de reposo llegó a ser una señal del pacto. El Señor,
cuando estaba aquí, constantemente insiste en el día de reposo, siendo esto una muestra de que, no habiendo sido removido
el pecado, Él debe trabajar. Él no podía descansar, siendo el día de reposo una señal de que el hombre obtiene reposo después
de trabajar, y la ley mostrando constantemente que el hombre rompía ese pacto. El Señor da a entender claramente a sus conciencias
el pecado de ellos, mostrándoles que Él debía trabajar si querían tener reposo. "Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo."
(Juan 5:17). Si el hombre hubiese guardado la ley, tenía derecho al reposo, pero él ni lo hizo ni podía guardarla. Todo aquello
que era la señal del reposo de Dios, para el hombre, después de hecha la obra, fracasó; pero "queda un reposo para el pueblo
de Dios." (Hebreos 4:9). El día de reposo continuó como una señal; y a través de todos los profetas, encontramos que se insistió
sobre ello, pero no consiguieron reposo. Pablo, razonando en ello en Hebreos 4, dice, "los que hemos creído entramos en el
reposo." (Hebreos 4:3). Pero a Canaan, el reposo nominal, ellos no entraron antiguamente, salvo los pocos fieles, y éstos
no consiguieron reposo, porque si lo hubieran conseguido, no se habría hablado de otro día; y así es dicho por el Salmista,
y es citado en Hebreos, "No entrarán en mi reposo." (Hebreos 4:5; Salmo 95:11). Siendo esto el día de reposo, no era ningún
reposo para ellos. El día de reposo era aún la señal, pero ningún reposo real. Habiéndose acabado, por consiguiente, todo
lo referente al hombre entrando en el reposo de Dios, todo debe ser ahora en un principio completamente nuevo, por medio de
la fe y no por medio de las obras. Cuando el Mesías vino, Él habría sido el reposo para el pueblo, pero el hombre no lo aceptaría,
como lo encontramos aquí. El hombre no podía tener el reposo de Dios por medio de la ley, y ellos no lo aceptarían por medio
de la gracia, y esto demuestra que el hombre ha roto totalmente con Dios. Si he venido a Dios, yo tengo reposo, y no debo
ir más allá para obtenerlo. Yo tengo mi reposo en Él; porque la gracia, no la ley, me ha dado una capacidad de gozar lo que Dios es. Pero cuando la criatura hubo quebrantado el reposo de su Creador, no podía
haber ninguna relación entre ellos. El pecado ha entrado y ha causado que Dios sea como un juez para conmigo, y no puede haber
ningún vínculo de corazón entre un juez y un criminal. Si Dios me juzga como un pecador, la única palabra que yo puedo obtener
de Él es, "Apartáos de mí, malditos." (Mateo 25:41). Por consiguiente, todo lo que el hombre puede decir es, "Oh Jehová, .
. .no entres en juicio con tu siervo." (Salmo 143: 1-2). Hay un vínculo entre un padre y un hijo que los pone en relación;
pero es una cosa nueva. Todo debe ser puesto en un nuevo fundamento, porque no hay reposo en la vieja creación.
En el capítulo 15 tenemos la gracia obrando para reposo, el Pastor que trae
la oveja de vuelta a casa, etc.; y en este capítulo tenemos un caso de miseria presentado en el hombre que tenía hidropesía
(N. del T.: Derrame o acumulación anormal de líquido seroso. Fuente: Diccionario de la Real Academia Española). Cristo dijo,
"¿Es lícito sanar en el día de reposo?" (vers. 3). Pero ellos guardaron silencio. Él les expone el caso. "¿Quién de vosotros,
si su asno o su buey cae en algún pozo, . . .? . . .Y no le podían replicar a estas cosas." (vers. 5, 6). Al presente no había
reposo, ninguna esperanza de reposo, ninguna posibilidad de reposo para el hombre como pecador, y no podía haber reposo para
Dios, porque Dios no podía reposar donde estaba el pecado. No había día de reposo para la justicia, porque el hombre no tenía
justicia. No había día de reposo para el amor, porque el amor no podía descansar donde se tenía que ejercer juicio. El amor
podría entrar y obrar, pero obrar no es reposar. El hombre ha perdido su comunión con Dios, por su pecado; y ésta es una cosa
solemne, porque él ha hecho que Dios sea un juez por medio de su pecado. Este mismo pensamiento de juicio relacionado con
Dios muestra que el hombre es pecador, porque no había ninguna asociación necesaria de juicio con Dios; pero cuando el pecado
entró, el juicio tuvo que venir a continuación, porque Dios es santo. Si se trae a la conciencia que no hay ninguna relación
entre nosotros como pecadores y Dios, aprendemos qué posición llega a ser la nuestra, una vez que tenemos fe en Su gracia.
Versículos 7-11. "Y dijo una parábola a los convidados, al observar cómo escogían
los primeros asientos." (vers. 7 - Versión Moderna). Es exactamente el lugar que a la naturaleza le agrada. El mundo que no
tiene ninguna relación con Dios se deleita exaltando el 'yo' y echándolo a Él. El 'yo' consigue para sí mismo lo que le gusta
y se olvida de Dios. El hombre siempre está presumiendo de su 'yo', promoviendo el 'yo', contra Dios. Él piensa que no lo
hace así, porque dice que sólo está usando sus facultades. Pero así hizo Adán para esconderse de Dios. ¿Acaso no usamos nuestras
facultades para complacernos a nosotros mismos, en lugar de usarlas para Dios? Mientras el amo está lejos, los siervos siguen
su propio camino y hacen su propia voluntad. Un hombre es naturalmente herido cuando es puesto en una esquina y es despreciado.
A la carne no le entusiasma ser excluida, pero esta búsqueda por lograr un lugar es buscarlo dónde Cristo no tuvo ninguno.
Por consiguiente, Él dice, "Cuando fueres convidado por alguno a bodas, . . .siéntate en el último lugar." (vers. 8-10).
El propósito de esta parábola se ve en los versículos 8-11: se refiere al corazón
del Maestro, Aquel "que te convidó a ti" (vers. 9). Si yo soy consciente de ser un pecador, y por lo tanto no mereciendo lugar
alguno, yo no tomaré ningún lugar, sino que esperaré hasta que Dios me otorgue uno. Ciertamente tendré el honor, cuando Dios
me otorgue un lugar. El punto es, ¿qué es lo que Él me otorga? Poner los ojos en Dios, y consultarle a Él, buscar el
lugar más bajo como Cristo hizo. No servirá decir, 'yo no tendré un lugar en
el mundo'; la gran cosa es el
corazón que descansa en el lugar de Dios en el mundo. Cuando los ojos están
puestos en Dios de esta forma, el 'yo' es olvidado; si no es así, yo estaré pensando en los desaires que recibo y ni la fe
ni la gracia son ejercitadas. Si yo puedo pensar que soy nada, yo debería ser perfecto. El hombre que convida a los invitados
tiene la correcta estimación de cada uno y sabe el honor que les corresponde. El lugar del evangelista, el pastor, el apóstol,
etc., todos estos lugares serán fijados por Dios. Cuando Dios me otorga un lugar, es un lugar de poder y cercanía a Él; pero cuando un hombre toma un lugar para sí mismo, es un lugar de debilidad y separación de Dios,
debido a que el objeto es el 'yo'.
Entonces, repito, debemos guardarnos de rehusar un lugar en el mundo simplemente
porque sabemos que no es lo correcto, como seguidores de Aquel que ha sido rechazado. Una simple estimación legal de lo que
es lo correcto nunca puede durar. Una cosa puede ser muy correcta; pero no hay estabilidad en dedicarse a ella, porque no
hay poder para someter a la carne al hacer simplemente lo que a uno le parece correcto. Estaba el sentido de obligación para
con la ley, pero la ley no ponía ante mi un objeto que atrajese mi corazón; no traía a Dios a mi, ni me llevaba a mí a Dios.
Eso dura mientras se siente que no somos nada y que Dios lo es todo. Muchos han empezado con mucha energía, y han tomado un
cierto lugar, correcto en sí mismo; pero si la legalidad es la fuente de ello, no habrá poder de perseverancia, porque lo
que se comienza bajo la ley, de seguro se perderá por causa de la carne. Cuando el objeto es Dios, el lugar más bajo es suficiente.
Él mismo me lleva; y sea lo que fuere, si los pensamientos y los afectos están puestos en Él, lo que al principio fue duro
se hace fácil mientras avanzo. Su amor, que me atrajo y me concedió poder al comienzo para tomar una tal posición, se vuelve
cada vez más resplandeciente cuando se conoce mejor y por más tiempo; y lo que al comienzo fue hecho temblorosamente, es más
fácil con creciente valor. La única cosa que me puede capacitar de esta forma para continuar, es tener a CRISTO como el objeto
puesto ante mí, y podré ser feliz justo en la proporción en que esto sea así.
Podrá haber una y mil cosas que me molesten si el 'yo' es importante; estas
cosas no me molestarán en absoluto si el 'yo' no está allí para ser molestado. Las concupiscencias de la carne no nos acosarán
si estamos caminando con Dios. ¡Qué obstáculos encontramos cuando no caminamos con Dios y pensamos solamente en nosotros mismos!
No hay liberación semejante a aquella de no ser uno importante ante sus propios ojos. Entonces uno puede ser verdaderamente
feliz delante de Dios.
Si miramos a Cristo, aprendemos dos principios: primero, que Él se humilló
debido al pecado del mundo que estaba a todo su alrededor; segundo, el mundo hizo todo lo que pudo para humillarle, porque
mientras más Él se rebajaba, más trataban ellos de derribarle.
Nadie se preocupa por el prójimo; así que si un hombre no se preocupa de sí
mismo, podrá estar seguro que será empujado muy al fondo. De nuevo tenemos, entonces, que nuestros corazones son tan engañosos
que es posible que estemos deseando humillarnos si es que vamos a obtener algo haciendo esto, incluso la aprobación de los
hombres. Por otra parte, si nosotros, en el sentido típico humano, simplemente buscamos imitar a Cristo en esto, no será más
que un esfuerzo legalista. "Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús." (Filipenses 2:5). Él se
humilló a sí mismo. Primero, "se anonadó á sí mismo" (Filipenses 2:7 - RV1909); es decir, Él se vació de Su gloria para hacerse
hombre. Al hacer esto, Él dejó la gloria del Padre para hacerse hombre. Este fue un gran descenso (aunque pensemos mucho de
nosotros mismos). Pero, ¿fue eso todo? No. Él se humilló hasta la muerte, incluso hasta la muerte de cruz. Es el mismo principio
que es puesto ante nosotros en este capítulo de Lucas. "El que se humilla, será enaltecido." (vers. 11). La verdadera humildad
es estar dispuesto a servir a cualquiera y a todos: y aunque a los ojos del hombre esto puede parecer bajo, en realidad es
muy alto, ya que es el fruto del amor divino obrando en nuestros corazones. Dios, operando en nuestros corazones, nos vuelve
personas desinteresadas. Lo único que merece la pena hacer en el mundo, exceptuando el gozar de Dios, es este servicio. Deberíamos
estar dispuestos a servir a nuestros enemigos. "El que se humilla, será enaltecido." Esto no es solamente ser humillado, sino
que humillarse a sí mismo, y no hacer esto delante de aquellos que nos honrarían más por ser humildes. Pablo pudo decir de
él y de otros, "nosotros como vuestros siervos por amor de Jesús." (2 Corintios 4:5). Él sintió que tenían un derecho para
servir en gracia; y en la medida que tomó su lugar en humildad, él será exaltado en el día que está por venir.
Versículos 12-14. La siguiente exposición en el capítulo prosigue a hablarnos
de quien convida. Anteriormente, se trataba del invitado; pero aquí está el principio en el cual se hacen los banquetes. "Llama
a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos; y serás bienaventurado; porque ellos no te pueden recompensar, pero te será
recompensado en la resurrección de los justos." Así Él los saca a todos ellos del mundo otra vez, al tiempo cuando ellos se
encontrarán con Dios, y hace de esto una guía actual para la acción. Ellos no deben actuar bajo el principio de obtener recompensa
aquí, sino que deben esperar el tiempo cuando han de encontrarse con el Señor, así como no es sino hasta que el Padre de familia
vuelve, cuando los siervos reciben su salario. Este no es un asunto de salvación, sino de recompensa por el servicio. "Te
será recompensado en la resurrección de los justos."
Observen cómo el Señor muestra a los JUSTOS como una clase separada. La resurrección
no es una resurrección común; no hay tal cosa en la Escritura. No hay en ella ningún pensamiento que tienda a confundir en
otro mundo lo que Dios ha separado en este mundo. La gracia ha separado al creyente, así que él está resucitado en su alma
ahora; pero él no recibe la recompensa por su servicio sino hasta "la resurrección de los justos." Un pecador es vivificado
aquí, aunque no manifestado judicialmente aquí; debido a que estamos en una dispensación de fe, y la porción está en la gloria.
No hay una resurrección 'general' parecida para los buenos y los malos; sino que está la "primera resurrección", que es Dios
separando en poder a aquellos que, en gracia, ha hecho Suyos. Fue la "resurrección
de entre los muertos" o "de los muertos" que suscitó tal asombro entre los Judíos. Los Fariseos podían enseñar la resurrección
aunque los Saduceos la negaban. Era común creer en una resurrección, como Marta dijo, "Yo sé que resucitará en la resurrección,
en el día final." (Juan 11:24 - LBLA). Pero ellos no podían comprender al poder divino entrando a la casa de Satanás, y sacando
a los justos muertos de entre el resto de los muertos. Jesús respondió a Marta, "Yo soy la resurrección y la vida" -hablando
del poder viviente que visita a un hombre cuando está en estado de muerte, y le saca de este estado. Ellos no sabían nada
del proceso de distinción de los unos para vida, y los otros para el juicio (Juan 5).
El Padre de familia mostrará Su aprobación del siervo fiel. Habrá grados de
gloria otorgados conforme al servicio efectuado. No es que yo seré salvo por lo que he hecho; sino que mi servicio será recompensado,
cualquiera que sea lo que pueda haber sido producido por el Espíritu Santo al obrar en mí respondiendo al deseo de Cristo;
porque es un servicio del cual yo no habría podido hacer un ápice sin Su poder. Es igual la respuesta de Dios conforme a Sus
consejos; como podemos ver en la respuesta a la madre de los hijos de Zebedeo, será dado "a aquellos para quienes está preparado
por mi Padre." (Mateo 20:23). El servicio de amor nunca es influenciado por la recompensa. La recompensa no es puesta delante
del alma como el motivo para hacer algo; pero cuando encontramos dificultades al caminar por la senda del servicio, entonces
la corona es puesta ante nosotros para darnos ánimo para continuar. Así, incluso Cristo, por el gozo puesto delante de Él,
"sufrió la cruz, menospreciando el oprobio." Así también Moisés, teniendo por mayores riquezas el oprobio de Cristo que los
tesoros de los egipcios, tenía la mirada puesta en la recompensa (Hebreos 11:26).
Si la fuente de nuestro servicio es la recompensa y no el amor, solamente vendría ser igual a esto, 'Toma tu paga y vete.'
Pero si se rompe con el mundo, ninguna recompensa puede ser buscada de esa fuente, lo que es una liberación tan grande como
librarse del 'yo'.
Ahora (vers. 15-24) vean cómo la gracia, cuando es introducida, es rechazada.
La Cena estaba preparada; los invitados fueron convidados, pero no vendrían. El Señor había hablado anteriormente del reino,
y aquí Él muestra lo que costaría la recepción del reino. Ahora todas las cosas están listas; pero todos ellos presentan excusas.
Ellos no le dan importancia a la Cena como para dejar sus yuntas de bueyes, sus haciendas, etc. La Cena estuvo en los pensamientos
de Dios desde el principio, e iba ser llevada a efecto cuando Él viniese a los Judíos, como su Mesías, al final del día; pero
ellos Le rechazaron -no Le querían. Esto no dice que sus pecados los excluyeron de la Cena, porque Dios estaba en Cristo reconciliando
al mundo consigo mismo, no tomando en cuenta a los hombres sus transgresiones (2 Corintios 5:19). Tampoco significa que la
hacienda, el buey o la esposa fueran el mal en sí mismos; sino que en el caso de ellos, llegaron a ser así, porque en sus
mentes estaban resueltos a menospreciar la Cena. ¿Y acaso no es lo mismo ahora? Tú dices, ¿qué hay de malo en estas cosas?
Si ellas han ocupado tu corazón, y te han hecho menospreciar a Dios, allí está lo malo. ¿Dónde estás tú en el reino de Dios?
No había ningún vínculo de corazón entre Cristo y el pueblo al que Él vino y, por lo tanto, ellos rechazaron la Cena. Esto
también es una prueba para nuestras almas a través de todo el día. No se trata de si algo es correcto o incorrecto, sino,
¿qué sabor tienen las cosas de Cristo para nuestras almas en ello? Puede ser una cosa muy pequeña. Si encontramos que la lectura
de un libro hace que la manifestación de Cristo llegue a ser menos preciosa para nosotros, nos hemos alejado de Dios, y no
podemos decir a dónde nos podría conducir el próximo paso. Satanás nos engaña a menudo en este sentido. El alma es puesta
a prueba día a día, para ver si las cosas que son reveladas por Dios en Cristo tienen suficiente poder sobre nosotros como
para comprometer el corazón; pero si otras cosas se han interpuesto cuando deseamos gozar de las cosas de Cristo, nosotros
no podremos hacerlo, y esto nos mostrará cuánto nos hemos alejado. Si cualquier cosa entra y quita la frescura de Cristo de
tu alma, ¡pon atención! porque si tus preocupaciones son el buey, etc., cuando tengas oportunidad para las cosas de Cristo,
no tendrás gusto por ellas.
En el versículo 21 el Señor se vuelve a "los pobres del rebaño" (Zacarías 11:11),
aquellos que no tienen yuntas de bueyes, y se alegran con el banquete. Los sacerdotes y los principales de los Judíos tuvieron
la primera invitación, pero, al rechazarla, el Padre de familia envía por las plazas y las calles de la ciudad, a traer los
pobres, los mancos, los cojos y los ciegos de entre el pueblo. Sin embargo la casa aún no se llena; y entonces él envía a
los lugares fuera de la ciudad, por los caminos y por los vallados, y los fuerza a entrar, para que la casa se llene. Estos
son los Gentiles. En este Evangelio los pobres del rebaño y los Gentiles son distinguidos unos de otros. Pero en Mateo, cuyos
destinatarios son los Judíos, no se hace mención de que ambas clases son distintas. "Las bodas fueron llenas de convidados"
(Mateo 22:10) incluye a los Gentiles, reunidos después que los Judíos son traídos a la bendición. Observen, entonces, la humildad
del siervo y la paciente gracia del Padre; esto continúa justo así hasta el fin. Él no puede descansar hasta que Él llene
Su casa con invitados.
¡Qué perseverancia hay de parte de Dios! y nosotros somos llamados a continuar
en el mismo espíritu. Esto cuesta mucho, continuar, ir más allá, y más allá, y más allá, a pesar de todos y de todo; y para
que hagamos esto, Él señala la presencia de poder divino en nosotros, porque la gracia de Dios es incansable. Es verdad que
hay juicio al mismo tiempo, porque se ha dicho, "ninguno de aquellos hombres que fueron convidados, gustará mi cena." (vers.
24). Pero Dios, al actuar así, nos muestra qué humildad debería haber en nosotros, con respecto al 'yo', y gracia con respecto
a todas las otras personas, y que todo debe estar fundamentado en este único hecho, que todas las relaciones del hombre con
Dios están moralmente rotas; y si tú realmente vas a tomar un camino tal como el de seguir a Cristo, debes calcular el costo.
Está muy bien contemplar una gracia tal y admirarla; pero no hay poder para perseverar en ella sin aquel amor en el corazón
como el que da el establecimiento de una nueva relación con Dios. Debe haber un vínculo en el corazón con la cosa nueva; y
Cristo debe tener tal fuerza en el corazón como para dar poder para romper con las cosas viejas.
Versículos 25-33. Multitudes fueron atraídas al escuchar hablar de una gracia
tal: así que en el versículo 26, Él les dice lo que el discipulado involucra. Aquí puede haber una alusión a Miqueas 7: 5,
6. Se debe renunciar a los amigos por Cristo. Un hombre debería dejar todo lo demás, pero la pregunta es, ¿Debo abandonar
a Dios? ¡Qué! ¿la vida también? Si -no importa. En esa vida tú estás unido con el mundo, y esto debe ser dejado también, si
de mí se trata: Cristo diría, 'tú no puedes tener dos corazones -un corazón para el mundo, y un corazón para Mí'. Yo tiemblo
cuando veo a personas que no han calculado el costo, exhibiéndose en la profesión de seguir a Cristo. La manera de obrar de
Dios es poner la barrera en el punto de partida. Si puedes saltar sobre ella, podrás continuar. La obediencia legal no permanecerá,
sino el seguir a Cristo. Si Él está en el camino, esta senda es feliz y fácil; pero es un camino entre dos vallados. Si Cristo
no está contigo, habrá nada más que problemas y dificultades.
Versículos 34, 35. "Sal" es gracia en la energía espiritual; es decir, los
santos siendo testigos en el mundo del poder del amor santo, en vez del egoísmo. La sal es el principio consagrante de la
gracia: si eso se ha perdido, ¿qué va a preservar? La sal es más bien la gracia en el aspecto de santa separación para Dios,
que en el de bondad y mansedumbre, aunque, por supuesto, estas dos características son también inseparables de la gracia.
Si la sal ha perdido su sabor, ¿con qué será sazonada? Si yo tengo carne sin sal, puedo salarla; si la sal carece de salinidad,
¿qué puedo hacer? Qué figura tenemos aquí de una iglesia no espiritual, o ¡de un santo no espiritual! Igual que la de la viña
que representaba a Israel, que no servía para nada, sino para deshonrar al Señor su dueño y ser destruida. Es verdad que la
misericordia nos puede restaurar; pero, como santos, debemos tener el olor de Cristo. (2 Corintios 2:15). Cualquier cosa que
debilite la unión con Cristo destruye el poder. Esto no lo hace el pecado grosero, el cual, por supuesto, será enfrentado
y juzgado; sino que son las pequeñas cosas de todos los días las que son propensas a ser escogidas antes que Cristo. Cuando
el mundo se infiltra, la sal ha perdido su sabor y mostramos que, a nuestros ojos, un Cristo rechazado tiene poco poder.
Que el Señor nos mantenga en el camino con Cristo, donde todo es resplandeciente
y bendito. Si el recubrimiento de este mundo ha sido echado sobre nuestra visión espiritual, escondiendo a Cristo de nosotros,
sólo Él puede removerlo.
CAPÍTULO 15
Hemos estado viendo al Señor mostrando Su propio rechazo, en gracia, seguido
por un completo nuevo orden de cosas. La iglesia, introducida posteriormente, no es una 'edad (o un siglo)' propiamente dicha,
sino un episodio celestial entre 'las edades (o siglos)'. Hay tres edades (siglos) de las que se habla en la Escritura: la
edad antes de la ley; la edad bajo la ley; y la edad del milenio. Cristo había nacido "bajo (la edad de) la ley" (Gálatas
4:4), y esa edad aún no había finalizado. Los discípulos le dijeron, "¿...qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo
(o edad)?" (Mateo 24:3). Esa era la edad (o siglo) cuando Él estaba allí, pero cuando Le rechazaron, la edad (o siglo) fue
suspendida. Así como Él puso en estrecho a Pedro para que no dijera a nadie que Él era el Cristo, diciendo, "Es necesario
que el Hijo del Hombre padezca muchas cosas, y sea desechado," etc. (Lucas 9:22). Por
lo tanto Él les dice, "no me veréis, hasta que llegue el tiempo en que digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor."
(Lucas 13:35). Nosotros, quienes formamos parte de la iglesia de Dios, y no teniendo nada que ver con la tierra, no somos
en ningún sentido una edad (o siglo), sino un pueblo celestial unido con Cristo arriba, durante la suspensión de esta edad
(o siglo), llenando la brecha entre el momento que Dios deja a los Judíos y Su regreso a ellos de nuevo. Tenemos así en Romanos
11 al olivo con algunas ramas desgajadas, y otras injertadas. Este es el árbol que tiene su raíz en la tierra y, en consecuencia,
no podría tener nada que ver directamente con la iglesia en el cielo. Algunas de las ramas fueron desgajadas, y algunas fueron
dejadas; pero esto nunca podría decirse de la iglesia, el cuerpo unido a su cabeza, a la diestra de Dios. La iglesia, desde
luego, realmente llena un cierto lugar y tiempo, pero esto es durante la suspensión de la edad (o siglo) al cual Cristo vino.
Característicamente nosotros pertenecemos a lo que está arriba y más allá de todo lo relacionado con este mundo. Es la gracia,
lo que nos ha puesto allí, y esta no es de la tierra sino del cielo.
En el capítulo 15 encontramos al Señor elevándose por sobre toda la dispensación
Judía, hasta la plena exhibición de la naturaleza misma de Dios -el amor- en el evangelio. Al final del capítulo 14, Él se
ocupa del sistema profesante en su responsabilidad. " Buena es la sal; mas si la sal se hiciere insípida," no sirve para nada.
De esta forma, Él muestra lo que es el hombre. Luego, en el capítulo 15, vienen publicanos y pecadores, y tenemos la exhibición
de lo que es Dios. Dios está tratando aquí, en gracia, con el hombre perdido. A los que Dios justificaba era a pecadores que
reconocían sus pecados y se arrepentían. "Mas la sabiduría es justificada por todos sus hijos." (Lucas 7:35). Dios es justificado en sus modos, ya sea en la condenación o la salvación de un pecador. Los publicanos
y los pecadores justificaron a Dios, al ser bautizados por Juan, mientras que los Fariseos rechazaron Su consejo contra ellos.
Lo único que se necesita para justificar a Dios es que Él mismo se muestre; y esto es lo que el Señor hace ahora. Él manifiesta
lo que Dios es en gracia, y esto es lo que hace que este capítulo sea siempre tan fresco y pleno para nuestras almas; el corazón
que ha sido despertado nunca se cansa de un capítulo así.
Luego, en el capítulo 16, Él muestra la responsabilidad de aquellos que son
tratados así. La tierra fue dada a los hijos de los hombres, y Dios buscaba frutos. Él trató primero con el hombre en cuanto
lo que debería haber sido sobre la tierra, pero hubo un completo fracaso. Ahora se presenta allí otra cosa, la gracia completa,
y toma un carácter absolutamente divino. El amor divino es su fuente, y su carácter es celestial. Al revelar el cielo, pone
al hombre en relación con él; y las personas puestas en esa posición deben ser un pueblo celestial. Y esto, ¿porqué? Porque
este mundo se ha estropeado por completo; ha caído lejos de Dios y ha llegado a ser la "provincia apartada." De ahí que sus
riquezas no tengan ningún valor, sino que son un gran obstáculo, a menos que se usen de un modo celestial; y el capítulo 16
nos muestra de qué forma deberían ser usadas. El capítulo 15 muestra al pecador llamado por gracia; lo que sigue muestra que
él, que es llamado, debe ser como un hombre celestial. Este mundo es escenario del mal, y lo que está ligado ahora a él es
la ruina y no la bienaventuranza. (Vean el rico y Lázaro.) Adán tenía un lugar en este mundo, e Israel tenía un lugar en él;
pero todo ha terminado ahora, y la gracia ha entrado, elevando del todo a quienes se sujetan a ella a otro estado de cosas.
Cristo está justificando a Dios. Al ser Su naturaleza el amor, Su gozo era manifestar gracia a los pecadores. Aquí no es el
gozo de quienes han sido traídos de vuelta, sino el propio gozo de Dios trayendo de vuelta al pecador a Él mismo. Esto da
el tono al cielo. "Hay gozo" arriba en el pobre miserable pecador traído de vuelta.
No tengo dudas de que en estas tres parábolas se dan a conocer los modos de
la Trinidad. En la primera se muestra al Hijo, como el Buen Pastor, yendo tras la oveja. En la segunda, en la mujer encendiendo
una lámpara, y buscando diligentemente hasta que encuentra la dracma tenemos la obra concienzuda del Espíritu Santo, encendiendo
un testimonio en este mundo oscuro. La tercera es la recepción del Padre al pecador que vuelve, cuando es traído de vuelta.
En esta, el hijo pródigo, encontramos la obra en el pecador; pero en las dos anteriores, están la soberanía y la actividad
de la gracia, que sale en amor a buscar lo que se había perdido, y trae de regreso al pecador sin que él tenga parte en esto.
Esta perseverante energía de amor está en el propio Pastor -al Buen Pastor le importa la oveja, y no le pone problemas en
su regreso a casa; Él la lleva en Sus hombros. Aquí es vista la gracia perfecta en la cual el Señor Jesús se ha cargado de
tal manera a sí mismo, llevando todas nuestras cargas, toda prueba y dificultad nuestra a través de todo el camino. Cristo
es, de esta manera, el Pastor y Obispo de nuestras almas. Observen, entonces, en el versículo 6, el carácter peculiar de este
gozo. "Reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido." No
podría haber un retrato más genuino, o una expresión más plena de una persona siendo feliz que este. El gozo siempre habla.
En la segunda parábola tenemos el mismo principio general. Lo concienzudo del Espíritu Santo es mostrado en el actuar de la
mujer que buscó la dracma perdida; la dracma, en sí misma, pudo haberla turbado o no. La diferencia entre las dos es que,
en la primera, el Pastor lleva toda la carga; en la segunda, se trata del mucho esfuerzo tomado para encontrar la dracma perdida,
probando que a la mujer le importaba lo suficiente como para hacer todo este esfuerzo para buscarla. Así ama Dios y actúa
hacia nosotros, para sacarnos del oscuro mundo hacia Él. ¡Qué obra es, llevar
el corazón del hombre de regreso a Dios!
'Fue grande crear un mundo de la nada' 'Fue grande redimir' [*]
[*] (N. del T: En el documento original en Inglés de J.N.Darby
se lee: 'Twas great to speak a world from nought' 'Twas greater to redeem.' Son los dos últimos versos del himno "THE
LORD OF SABBATH LET US PRAISE", letra de Samuel Wesley, Jr. (1691-1739). y música de Henry K. Oliver (1800-1885))
Si miramos al hombre, tal como es en sí mismo, él nunca podría haber regresado
a Dios. ¡Pero miren a lo que Dios es en Sí mismo, y qué o quien puede resistir Su Gracia! Con todo, es el gozo del que encuentra,
y no de la cosa encontrada. "Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja" -mi dracma- "que se había perdido." Y en el caso
del pródigo retornado, ¿quién hizo la fiesta? No la hizo el joven, sino el padre, diciendo a los de la casa, "comamos y hagamos
fiesta; porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido y es hallado." Todos se contagiaron de la alegría
del corazón del Padre, los siervos, etc., todos excepto el hermano mayor, enojado y justo ante sus propios ojos (el Fariseo,
el Judío), a quien el Padre replicó: "era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido,"
etc. Es el gozo que tiene Dios al recibir un pecador que vuelve a Él. En la parábola del hijo pródigo, en sí misma, no se
ve la plena gloria de la gracia tanto como estas tres parábolas juntas la presentan. En el caso de la oveja, es el propio
Pastor cargando con toda la carga de la oveja; en el caso de la dracma, es lo esmerado del Espíritu Santo. Antes del alejamiento
real había alejamiento moral. Cuando el joven dejó la casa de su padre, no fue más que una demostración del mal en su corazón.
Él fue tan malo cuando pidió su parte de los bienes y traspasó el umbral de su padre, como cuando comió algarrobas con los
cerdos en la provincia apartada; él fue, no hay duda, más miserable entonces, pero su corazón ya se había alejado con anterioridad.
Un hombre se puede meter en problemas más pronto que otro, pero si hemos dado la espalda a Dios, somos completamente malos.
En este sentido, no hay diferencia.
El mal moral fue exactamente igual con Eva. Ella dejó a Dios por el fruto prohibido.
Ella prácticamente pensó que el diablo era un amigo mucho mejor para ella que Dios, y tomó su palabra en vez de la de Dios.
Satanás es un mentiroso desde el principio, y el Señor probó esto en la cruz. Al Señor le costó Su vida para probar que Dios
es bueno. Cristo vino a contradecir la mentira del diablo, la cual el hombre creía, y bajo la cual yace todo el mundo. La gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo (Juan 1:17), y fueron establecidas
a toda costa por Él en la cruz. El hombre puede prescindir de Dios, y desde el principio el mundo entero ha sido una mentira
pública contra Dios. ¿Quién podía resolver esto? Miren a la creación, cómo gime bajo la esclavitud de la corrupción. Miren
la providencia -¿cómo puedo explicar la bondad de Dios cuando veo a un infante retorciéndose de dolor? ¿Cómo puedo reconciliar
las dos cosas? El hombre ruin prospera -el hombre bueno sufre. Cuando veo a Cristo en la cruz, yo veo lo que Dios es. La muerte
vino al hombre a causa del pecado. Pero Cristo toma mi pecado en Su propia persona libre de pecado, inclina Su cabeza al morir
en la cruz y, de esa forma, pone aparte esa mentira de Satanás. "De seguro que no moriréis." (Génesis 3: 4 - Versión Moderna).
Fue restablecida así, aquí abajo, la verdad de Dios en la obra y la persona del Señor Jesús, y en ninguna otra parte. En Él
yo veo santidad, verdad, y amor, sin importar a qué costo.
El hombre natural es exactamente como este hijo pródigo, él desperdicia sus
bienes en la provincia apartada, y se arruina. Un hombre que recibe 5.000 Libras Esterlinas al año y gasta 20.000 Libras Esterlinas,
parecerá muy rico por un tiempo; pero vean el resultado. Él es un hombre arruinado. En el momento que el hombre se alejó de
Dios, él se vendió a Satanás, y está gastando su alma, su corazón, lejos de Dios; incluso gasta lo que Dios le ha dado para
usarlo contra Dios, y cuando lo ha gastado todo por completo, y no tiene nada con que vivir, él comienza a estar en necesidad.
"Vino una gran hambre en aquella provincia," y todo el mundo siente eso. Cada pecador come distintas cantidades de algarrobas
para cerdos, pero todos están en la misma condición de ruina. Todo hombre ha dado la espalda a Dios, aunque no todos se han
precipitado en el mismo desenfreno de disolución, ni han caído en la misma degradación. La hambruna nunca alcanza la casa
del Padre.
El hijo pródigo se acercó a uno de los ciudadanos de aquella provincia -que
no era la provincia de su padre. "Y deseaba llenarse el estómago," etc., y "nadie le daba nada." Satanás nunca da; eso se
encuentra donde está el amor de Dios, quien no escatimó ni a Su propio Hijo. Cuando el hijo pródigo piensa en la casa de su
padre, la obra completa está moralmente hecha, aunque todavía no ha regresado allí. Él cambia, su corazón fue cambiado, y
así, todo su deseo era volver a la casa de su padre, desde donde se había alejado. Él aún no estaba en la plena libertad de
la gracia, como para tener paz y felicidad, y piensa en sí mismo, "hazme como a uno de tus jornaleros." Él es llevado a un
sentimiento de culpabilidad; y ¿cuál era esta?, ¿era el hecho de estar alimentándose con los cerdos? No, esto era el fruto
de ello; pero su culpa consistía en haber dejado la casa de su padre, alejándose de Dios. Cuando volvió en sí, él deseó volver.
Este fue realmente un deseo correcto, pero la forma que tomó en su mente, por el hecho de no conocer aún la gracia, fue una
forma legal. "Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros." Pero el padre no le da tiempo para
eso. Nosotros no leemos nada más acerca de jornaleros; ya que "cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia,
y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó." Él no podría haber sido un jornalero teniendo los brazos del padre rodeando
su cuello. Esto habría estropeado los sentimientos del padre, y, si acaso, también los del hijo.
Era el gozo de Aquel que estaba recibiendo al pecador de regreso a Él mismo;
y es el conocimiento de esto lo que da paz al alma; ninguna otra cosa lo hace. Si un hombre no conoce el amor, no conoce a
Dios, porque Dios es amor. Lo que tenemos en Cristo es la plena revelación de
Dios. "¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido,...? (Juan 14:9). Dios actúa a partir del gozo y el
deleite que tiene en Él al recibir de vuelta al pecador y, por consiguiente, Él no piensa en los harapos sino en el hijo.
Él ha regresado nuevamente. ¿Qué derecho tiene el hombre a cuestionar a Dios, cuando Él complace a Su propio corazón en la
efusión de amor hacia el pecador? Tú nunca obtendrás paz por el solo hecho de regresar, sino al conocer los pensamientos del
Padre acerca de ti. ¿Podía el hijo pródigo obtener paz mientras regresaba si el padre no hubiese salido a encontrarle? No,
a lo largo de todo el camino se habría estado cuestionando, ¿cómo me recibirá? -¿estará enfadado conmigo? ¿rehusará recibirme
en su presencia? Y si se rehúsa, ¿qué será de mí? "Y estando todavía lejos, le vió su padre; y conmoviéronsele las entrañas;
y corrió, y le echó los brazos al cuello, y le besó fervorosamente." (Lucas 15:20 - Versión Moderna). De no haber sido así,
él habría temblado incluso al golpear a la puerta.
Cuando los brazos del padre rodeaban el cuello del hijo, ¿se contaminó él a
causa de los harapos? No; y él no aceptará que su hijo introduzca harapos en la casa, sino que ordena sacar el mejor vestido.
Dios envía a Su propio Hijo desde el cielo, y viste al pecador; y, vestido de esta forma, el joven podía prestigiar la casa
de su padre. Y, seguramente, si nosotros estamos vestidos así de Cristo, prestigiaremos
a Dios; y, Él mostrará "en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo
Jesús." (Efesios 2:7).
"Comamos y hagamos fiesta." Esto no es: 'Que él coma y haga fiesta'. Reitero,
él dice: "Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos." Hubo una sola excepción en el deleite de esa casa. El hijo mayor
(la persona justa ante sus propios ojos) estaba enojado, y no iba a entrar. Al recibir de esta manera al hijo pródigo, Dios
había mostrado lo que Él era en Sí mismo, por medio de Su Hijo: y ahora Él mostraría lo que ellos eran en sí mismos. Nosotros
sabemos que los Fariseos murmuraron desde el principio, y el hijo mayor no tenía comunión con su padre: ya que si el padre
estaba contento, ¿porqué no estaba contento él también? "Se enojó, y no quería entrar." Si una persona tan vil como un publicano
entra, esto hace que mi justicia propia no sirva para nada. Verdaderamente es así; porque donde la felicidad de Dios está,
allí no puede entrar la justicia propia. Si Dios es bueno para con el pecador, ¿de qué sirve mi justicia? Él no sentía simpatía
hacia su padre. Él debía haber dicho, 'Mi padre está contento, así que yo también debo estarlo.' Debería haber habido comunión
en el gozo. "Tu hermano ha venido." Eso debería haber resonado en su corazón, pero no fue así.
Vean, entonces, la paciencia perfecta de la gracia de Dios: el padre sale y
le ruega que entre. ¿Y acaso no vemos nosotros, a través de todo el libro de los Hechos, a Dios rogando a los Judíos para
que sean reconciliados con Él, aunque habían crucificado a Su Hijo? De igual forma Pablo, en 1 Tesalonicenses 2: 15 y 16,
dice que los Judíos colmaron la medida de sus pecados impidiendo a los apóstoles hablar a los Gentiles, para que estos se
salvasen. Todo es egoísmo en el hijo mayor. "Nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos." A lo que el padre
responde, "Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas." Los oráculos de Dios, los pactos, las promesas, todas
estas cosas Dios las dio a los Judíos; pero Él no iba a renunciar a Su derecho de mostrar Su gracia a los pecadores, por causa
de la egoísta justicia propia de los Judíos, o de cualquier otro.
CAPÍTULO 16.
"Había un hombre rico que tenía un mayordomo, y éste fue acusado ante él como
disipador de sus bienes." El hombre, generalmente, es el mayordomo de Dios: y en otro sentido y de otra manera, Israel era
el mayordomo de Dios, puesto en la viña de Dios, habiéndosele confiado la ley, las promesas, los pactos, la adoración, etc.
Pero en todo, se encontró que Israel había disipado los bienes. El hombre, visto como un mayordomo, ha sido encontrado completamente
infiel. Ahora, ¿qué es lo que hay que hacer? Dios aparece, y en la soberanía de Su gracia, convierte aquello de lo cual el
hombre ha abusado en la tierra, en un medio de fruto celestial. Estando las cosas de este mundo en manos del hombre, él no
debería estar usándolas para el disfrute presente de este mundo, el cual está totalmente apartado de Dios, sino con la vista
puesta en el futuro. Nosotros no debemos buscar poseer las cosas ahora, sino, por medio del correcto uso de ellas, debemos
hacer provisión para otros tiempos. "Ganad amigos por medio de las riquezas injustas," etc. Es mejor convertir a todos en
amigos para otro día que tener dinero ahora. El hombre aquí va a la destrucción. Por lo tanto, ahora el hombre es un mayordomo
que está fuera de lugar. "Da cuenta de tu mayordomía, porque ya no podrás más ser mayordomo." Él es despedido de su mayordomía
-ha perdido su lugar, pero no ha perdido las cosas sobre las cuales él tenía la administración. Aquí hay algo mucho mejor
que la alquimia que convertiría todo en oro. Ya que esto es la gracia, incluso transformando el oro mismo, ese vil material
que esclaviza los corazones de los hombres, en un medio de mostrar amor y de adquirir riquezas para el cielo.
A Israel, Dios está diciendo, 'Tú has fallado en la mayordomía; por consiguiente,
ahora te voy a sacar.' En el capítulo 15, el hijo mayor, el Judío, no quería entrar; y aquí, en el capítulo 16, Dios está
sacando de la mayordomía a los Judíos. Todo termina con Adán; pero en la gracia tenemos derecho a usar, de un modo celestial,
aquello a lo cual no tenemos ningún derecho como hombres. "Pues si en las riquezas injustas no fuisteis fieles, ¿quién os
confiará lo verdadero?" "Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo que es vuestro?" Lo nuestro son las cosas
celestiales; las cosas terrenales son de otros; y si ustedes no usan su derecho en la gracia en consagrar en amor estos bienes
terrenales temporales, que no son los suyos propios, ¿cómo puede Dios confiarles las cosas espirituales, las cuales son "lo
que es vuestro"? Lo nuestro son las glorias de Cristo -todo lo que es de Cristo es nuestro, ya que fuimos rescatados de nuestra
vana manera de vivir, la cual recibimos de nuestros padres, "no con cosas corruptibles, como oro o plata," etc. Nosotros fuimos
comprados por precio, es verdad, no con dinero, sino "con la sangre preciosa de Cristo, etc.
(1 Pedro 1: 18, 19). Dios no nos ha dado vida eterna para que nosotros podamos adquirir dinero. "Ningún siervo puede
servir a dos señores," y si tú quieres ser rico, no puedes estar buscando servir a Dios. Podemos tener que cumplir nuestro
deber en este mundo, pero nunca es nuestro deber el servir a las riquezas injustas o desear riquezas.
Luego, Él continua mostrando que hay estas habitaciones eternas, dónde aparecerán
los grandes resultados de lo que ha sido hecho aquí. Lo viejo está desapareciendo y lo nuevo está entrando. El Judío, que
rehusó venir a la fiesta, se está desprendiendo de la ley, mientras rechaza la gracia. Vean el capítulo 14: 18, 18.
Versículo 19. "Había un hombre rico, que se vestía de púrpura," etc. Aquí el
pensamiento es Judío, y el gran principio es que todos los consejos de Dios, en cuanto a la justicia retributiva en la tierra,
ya no estaban más vigentes, y que ahora Él trata solamente en la gracia. Él aparta el velo para mostrar los resultados en
otro mundo. El hombre rico tenía sus bienes aquí -él pertenecía a la tierra,
y "su canasta y su artesa" (Deuteronomio 28: 5) le pertenecían- su tesoro estaba en la tierra, y su corazón también estaba
allí. Pero miren en el otro mundo y vean el resultado -"tormentos." Los bienes habían cambiado ahora. "Murió también el rico,
y fue sepultado. Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos..." "Había
también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas, etc . . . . y murió el mendigo."
¿Fue enterrado? Ni una palabra sobre esto, ya que él no pertenecía a la tierra. "Fue llevado por los ángeles al seno de Abraham."
Aquel que tenía "males" aquí abajo, fue llevado al mejor lugar en el cielo. Luego, presten atención al hecho de que no fueron
las aflicciones, las llagas, etc., de Lázaro lo que le hicieron justo, así como tampoco las riquezas hicieron injusto al hombre
rico. Habiendo finalizado Dios con las cosas terrenales, ningunas circunstancias
terrenales son una señal del favor presente de Dios, o viceversa: aunque, no hay duda, los tratos de Dios con Lázaro fueron
el medio de abatir su orgullo, quebrantar su voluntad, etc., preparándole así para el lugar dónde Él le iba a llevar.
Versículo 31. "Si no oyen a Moisés y a los profetas," etc. Aquí sale a la luz
esta solemne verdad, y es que ni siquiera la resurrección de Cristo les convencería; ya que si rehusaban escuchar la palabra
de Dios tal como la tenían, ellos no iban a escuchar el testimonio de Dios, aunque uno se levantase de entre los muertos;
y sabemos que ellos no lo hicieron.
Este capítulo 16 debe permitir entrar la luz de otro mundo sobre los modos
y los tratos de Dios en este. El mundo entero es insolvente delante de Dios; de modo que el hombre comercia ahora con los
bienes de otro. Cuando el hombre rechazó a Cristo, él fue apartado de su mayordomía. Esta es la posición del hombre. Nosotros
debemos, por lo tanto, disponer de todo ahora, en referencia al mundo por venir, de acuerdo a este permiso revelado en gracia
en el capítulo 16, de usar las cosas que administramos. Si nosotros estamos sirviendo a las riquezas, no obtendremos la bendición
de servir a Dios, en el sentido de los dones de Dios; ya que, en un sentido, aquí se trata de la justicia retributiva. Si
tú no eres fiel en lo ajeno, ¿quién te dará lo que es tuyo? Si no has sido fiel en las riquezas injustas, ¿quién te confiará
las verdaderas? Si estás amando el dinero, no puedes tener tu corazón lleno de Cristo.
"En lo que requiere diligencia" no debemos ser "perezosos", sino "fervientes en espíritu, sirviendo al Señor." (Romanos
12:11); y para esto Él abre los cielos para nosotros. No como le dijo a Abraham, "a la tierra que te mostraré." (Génesis 12:1).
Él nos ha mostrado el cielo, habiéndonoslo abierto en gracia. Es la revelación de la gracia lo que da poder sobre las cosas
terrenales. ¡Qué el Señor mantenga delante de nosotros un Cristo vivo, como nuestra luz para dirección y salvación, en la
cual poder caminar y confiar!
CAPÍTULO 17.
Nosotros hemos visto el gran principio de la gracia divina en contraste con
la justicia propia y la economía Judía, la cual rechazó a su Mesías, el Hijo de Dios, puesta aparte para preparar el camino
para sacar a la luz la vida y la inmortalidad por el evangelio. "Dijo Jesús a sus discípulos: Imposible es que no vengan tropiezos;
mas ¡ay de aquel por quien vienen!" (v. 1). Entramos aquí en el espíritu y la manera de servir, ahora que el mundo venidero fue introducido sobre la conducta y la fe de los discípulos en este mundo, ya que
nadie podía servir a dos amos. Dios está llevando a cabo una obra -en un pequeñito, quizás- pero es Su propia obra y se necesita
fe individual para caminar en la senda del Cristo rechazado. Entre los que profesaban seguirle a Él y a Su gloria en los principios
de la fe, habrían ¡lamentablemente! muchos escándalos. No era en ese momento, ni iba a haber aún, un reino de poder judicial
cuando el Hijo del Hombre reuniría y sacaría de Su reino todos los escándalos y a aquellos que hacen iniquidad. El poder de
Satanás es permitido, el ejercicio de la fe es requerido. Es un tiempo para poner a prueba, por medio del predominio del mal,
aquello que subsiste debido a Dios. La cruz debe ser tomada y el yo debe ser negado. Es una dura lección, pero una lección
bendita cuando es aprendida. La cruz y la gloria siempre están conectadas. La cruz deber estar sobre el hombre natural, no
meramente sobre el pecado, de tal forma que quebrante la voluntad. Cristo no tuvo voluntad, mostrando la perfección; pero
nosotros necesitamos experimentar la cruz de forma práctica, como el medio de comunión, quebrantando aquello que estorba.
Entonces, se reitera, todo el sistema del mundo es un tropiezo: no hay nada
en él que no esté calculado para llevar al corazón lejos de Dios. Tomen las simples frívolas vestimentas, las vanidades en
la calle, los halagos de los hombres, de los hermanos quizás, etc. -todo tiende a exaltar la carne. ¡Qué cosa tan diferente
es el cielo que se abre sobre un Salvador rechazado! Y esta es nuestra luz y senda a través del mundo, porque ahora los cielos
están abiertos para la fe, mientras pasamos por este mundo, fe en Él, a quien nosotros vemos en la gloria. Hay un flujo energético
activo del amor de Dios que hace avanzar a las almas. ¿Somos testigos al caminar? Ten cuidado de no ser tú un tropiezo. Tu
puedes decir, 'Una persona debe ser muy débil para sentir tal o cual cosa', pero esta es la
precisa razón por la cual uno debe preocuparse por ella. ¡El Señor nunca nos manda a entorpecer sino a ayudar al débil!
Estas cosas son los tropiezos del enemigo, y el hombre por quien vienen es, hasta cierto punto, un instrumento de Satanás.
El Señor ama a Sus pequeñitos. Mejor le sería a ese hombre que se le atase al cuello una piedra de molino y se le arrojase
al mar, que hacer tropezar a uno de ellos.
Versículo 3. Pero supón que una persona hace algo que te hace tropezar, ¿qué
entonces? "Mirad por vosotros mismos." Tu parte es perdonar. Miren por ustedes mismos, celosos y juzgándose a ustedes mismos.
"Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale." ¡Qué! ¿Y si pecare a menudo -"siete veces al
día"? Si, si "siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale." Vigílense incesantemente ustedes mismos
y cuiden que el espíritu de amor (el poder de unidad y el vínculo de la perfección, como lo sabemos por estar escrito en otra
parte) no sea roto, ni el espíritu de santidad; que la paz no sea falsa. ¡Bendito camino! ¡qué condescendencia con nuestra
debilidad y peligro al introducir la gracia, y del juicio moral de las cosas presentes, las cuales son el alimento de la carne
y el dominio del mundo! La vigilancia contra el yo y la gracia para con otros nos lleva adelante, como un bote salvavidas
por sobre toda ola que rompe.
Versículos 5-10. En una posición tal, habría necesidad de fe y energía apropiadas.
Los apóstoles (conducidos por Dios, aunque viendo, quizás, sino una pequeña parte de la dificultad y con un sentido confuso
de su nueva posición) oran para que su fe sea aumentada. El señor responde presentando la plenitud de la energía de la fe:
ya que la fe da cuenta de un poder que no está en la persona y que, de esta forma, actúa sin límite. Él aplica esto también,
aunque en términos generales, a la remoción de los obstáculos de un sistema, que podrían presentar la forma de lo que era
bueno y grande, pero sin fruto. En cada necesidad nosotros podemos recurrir a Dios. Todo consiste simplemente en dirigir nuestra
mirada a Él. Al que cree todo le es posible. Ya que es Dios llevando a cabo Su voluntad, y Él ha deseado llevarlo a cabo por
medio del hombre y honrarse a Sí mismo en el hombre, después de haber sido deshonrado por Satanás, en y por medio del hombre;
pero esto ha de ser en la fe conforme a Su voluntad, hasta que el Señor Jesús vuelva en poder y gloria. Dios está obrando,
y si ustedes son colaboradores a Su servicio, ustedes podrán creer que Él es y decir, 'Concédeme esto, y esto otro'. ¿Acaso
es poca cosa ejercer el poder de Dios? Si ustedes saben con qué se les va a oponer Satanás, ustedes se darán cuenta cuán bendito
es el hecho de invocar el poder de Dios. Tu lugar y tu obra pueden ser muy humildes -exteriormente- sin importar cuales son:
con todo, tú necesitas el poder de Dios para permanecer pequeñito. Lo que el Señor dice en los versículos 7 al 10 no es aplicable
a un siervo negligente. Si él ha descuidado su trabajo, es un perezoso. Pero yo soy un siervo inútil cuando he hecho todo
lo que se me ha ordenado hacer. ¿Se me desatiende? Esto es para ponerme a prueba. Hay
algo en mí que necesita esta prueba. Quizás necesito aprender que Dios puede hacer las cosas sin mí. Ahora que Cristo es rechazado,
Dios obra. Si Él me usa, esto es un gran honor; si Él determina que descanse y no haga nada porque mi yo se llenó de orgullo,
esto es una gran misericordia. Él está diciendo, por decirlo así, 'Que Yo sea tu satisfacción, que te sientas satisfecho con
saber que Yo te amo.' ¿Estás satisfecho con Su amor? ¿Deseas el honor del hombre o el tuyo propio? Recuerda que una vez que
hayas hecho todo lo que te he sido ordenado, es tiempo de decir, ¡siervo inútil!
Versículos 11-19. La historia que leemos a continuación, muestra que cuando
Dios introduce un nuevo poder, aquellos que habían tenido los primeros privilegios son los últimos en levantarse y reconocer
lo que es mejor. Pero hay una fe forjada por Dios en el corazón, que libera de las formas secundarias establecidas alrededor
de la voluntad de Dios en la pasada economía Judía. De esta forma, al reconocer a Dios en Jesús, esto lleva al alma más allá
de la ley de un mandamiento carnal y la asocia con Él, en quien está el poder de una vida eternal. Esto nos ocupa con Su persona
que está por sobre todo, estableciéndonos, no en una posición que deshonraría la ley ("en ninguna manera, sino que confirmamos
la ley." {Romanos 3:31} por medio de la fe), sino en la libertad con la cual la verdad -el Hijo- nos hace libres. Todos fueron
limpiados por la palabra del poder divino. Los nueve fueron a mostrarse a los sacerdotes, actuando conforme a la palabra de
Jesús y hasta donde llegaba la fe de ellos. Pero el extranjero Samaritano percibió la gloria de Dios en lo que había sucedido,
y volvió a Jesús y glorificaba a Dios a gran voz. Los demás reconocieron el poder que había venido, pero permanecieron en
sus costumbres y asociaciones religiosas. El Samaritano, menos preocupado de las instituciones externas, regresó a la fuente
del poder, no a su sombra y testimonio, cosas que la naturaleza siempre usa para esconder a Dios. Él había experimentado el
poder divino en Jesús, y en vez de meramente gozar el don, muy humildemente pero en el denuedo y el decoro de la fe, regresa
al Dador. "Se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias." Él no necesitaba ningún sacerdote. El sacerdote no limpiaba,
no podía limpiar, sino sólo discernir y determinar que un hombre estaba limpio. El mal había puesto en un mismo nivel al Judío
y al Samaritano. Ambos estaban igualmente excluidos de la comunión divina a causa de la lepra que los afligía. Pero Aquel
que limpiaba a los leprosos bajo la ley era Aquel que dio la ley, y la palabra de Jesús, a un mismo tiempo, reconocía la ley
y manifestaba a Jehová que la había dado. La gratitud de la fe fue un razonador más presto que la instrucción de la ley; ya
que la bendición proporcionada por la obra y la presencia de Jesús fue, para los nueve, el medio de mantener la diferenciación Judía, y para el décimo, la evidencia de la bondad divina. Para él, por consiguiente,
eso fue una completa liberación. Él había llegado por medio de la fe, en gracia, al manantial del cual procedía la ley misma,
y se le permitió ir en paz, sano por medio de su fe, teniendo libertad dada por Dios y con Dios, dando gracias y glorificándole
a Él, e instruido, además, acerca de cuán aceptable era esto delante de Sus ojos.
¡Cuántos motivos podrían haber sido esgrimidos para ir y no regresar a Jesús!
De qué forma podrían haber dicho los nueve Judíos: ¡Se te ordenó ir y mostrarte al sacerdote! Pero la fe se dirige directamente
al corazón de Dios, y encuentra allí toda gracia y una autorización para retirarse en la libertad de la gracia. Para aquel
que regresó a Jesús, limpiado y con agradecimientos desde el fondo de su corazón, los sacerdotes eran dejados atrás. En espíritu
y figura, el Samaritano sanado fue trasladado a otro sistema por medio de la fe -a la gracia y a la libertad del evangelio.
Es de gran bendición estar así en la fuente del poder y la bondad, y ahora Dios coloca allí solamente a los que creen. Si
antes estábamos bajo la ley, nosotros hemos muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seamos de otro -del que
resucitó de entre los muertos. (Romanos 7:4). Esta es la única manera de glorificar a Dios, por mucho que el hombre pueda
abogar por la letra. Solamente así podemos gozarnos en Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos recibido
ahora (no la ley, sino) la reconciliación. En Él, así conocido y disfrutado, tenemos todo y más de lo que los sacerdotes alguna
vez concibieron. Tenemos comunión con el Padre y el Hijo por medio de la fe en Dios plenamente revelado. Tenemos que ver con
Aquel que ahora está en el cielo, no con un templo y un sacerdote en la tierra. "Levántate, vete." Has encontrado la persona
y la gloria del Señor. Estás más allá del sacerdote y del templo, tu fe ha traspasado el velo y ha encontrado a Uno mayor
que ambos. Los demás continuaron su camino, limpiados, para estar bajo la ley. Pasmados por el Judaísmo, ellos no regresaron
a glorificar a Dios. Al punto del evangelio al cual hemos llegado, todo esto es de plena importancia. Es otra luz que alumbra
sobre la llegada del fin de la época de la ley y de esa dispensación.
En los siguientes versículos, desde el versículo 20 al 37, se planteó, de hecho,
la pregunta acerca de la venida del reino de Dios. Los Fariseos preguntaron cuándo iba a venir, y el Señor los coloca en la
clara responsabilidad de ellos. "El reino de Dios no vendrá con advertencia," o señales visibles exteriores. No se debe decir,
¡Helo aquí! o ¡Helo allí! porque ya en ese entonces estaba allí entre ellos. El Rey les estaba hablando. ¿Debían no conocerle
ellos porque Él vino en gracia? Si Él se había humillado para conocer sus sufrimientos y para morir por sus pecados, ¿era
esa una razón para no discernir Su grandeza y perfección moral manifestadas de diez mil formas? ¿Acaso Su santo amor a los
pobres y culpables no probó, de manera suficientemente clara, quien era Él? Si
el corazón del hombre no se hubiese opuesto a todo aquello que era el deleite de Dios en el reino, si su vista no hubiese
estado cegada para todo lo que era amable y de buen nombre, él se habría dado cuenta que mientras más Cristo se rebajaba,
más maravillosas eran Sus obras.
Él tenía otras cosas para decir a Sus discípulos. Él había sido desechado y
los iba a dejar. El sufrimiento les esperaba. Ahora la posición de ellos podría ser una posición de prueba, como compañeros
en Su rechazo, llegarían los días cuando ellos añorarían en vano por siquiera uno de esos días cuando habían gozado de un
bendito y dulce trato con el Hijo del Hombre. Ellos, como Judíos en su tierra, sentirían la diferencia. Luego Satanás, para
atraer y engañar en aquel día, llevará a los hombres a decir, "Helo aquí, o helo allí"; pero los discípulos conocerán su falsedad.
No había ninguna esperanza para la nación que rechazó a Cristo. El Rey había estado allí pero había sido rechazado; Él ya
no estaba ni "aquí" ni "allí. Este día, el Hijo del Hombre será "como el relámpago que al fulgurar resplandece desde un extremo
del cielo hasta el otro. Pero primero es necesario que padezca mucho, y sea desechado por esta generación", es decir, los
Judíos incrédulos.
Es evidente que, mientras el Señor toma este nombre de Hijo del Hombre para
Sus discípulos, como revelando una relación más alta y amplia que la del nombre de Mesías, (cuyo vínculo fue roto y se perdió
en el ruinoso rechazo de Él por parte de la nación), la totalidad de esta instrucción es de carácter Judío y encontrará su
apropiado cumplimiento en un remanente piadoso en los últimos días. Aquí no se habla de la parte Cristiana, porque esa es
una asociación de tipo celestial con Cristo, y nosotros tenemos sus grandes perfiles morales, a lo menos, en el capítulo 12
de Lucas. Aquí estamos en el terreno de la responsabilidad y no de la gracia celestial. Nosotros debemos separar el lugar
de la iglesia con Cristo, del gobierno del mundo por Cristo. El carácter mismo del engaño predicho confirma esta distinción.
Porque si alguno dijere al Cristiano, "aquí está el Cristo," él inmediatamente sabría que esto procede de Satanás, ya que
nosotros nos vamos a encontrar con Él, no aquí o allí en la tierra, sino en el aire; 1 Tesalonicenses 4. Pero este no es el
caso cuando tú consideras el gobierno del mundo. Allí la esperanza descansa en terreno Judío y, entonces, los testigos de
Dios deben pasar por una tribulación tal como nunca antes la hubo. Ahora, a menos que fuesen expresamente prevenidos, ellos
buscarían, naturalmente, aquí o allí al Libertador: ya que es en ese carácter que Sus pies se afirmarán sobre el Monte de
los Olivos (Zacarías 14:4), y Él vendrá a Sion (Isaías 59:20), y Él vendrá de allí (Romanos 11:26). "Jehová enviará desde
Sion la vara de tu poder; Domina en medio de tus enemigos." (Salmo 110:2). Todo esto, al mismo tiempo, se diferencia de la
esperanza Cristiana y de su deseo; ya que nosotros no deseamos que nuestros enemigos sean destruidos sino convertidos, y estamos
esperando ser arrebatados de entre ellos al cielo con el Salvador, en lugar de esperar que Él se una a nosotros y nos exalte
bajo Su reinado en la tierra.
Pero, reitero, aquí el tema no es el sitio pasado que sufrió Jerusalén, ni
el futuro juicio de los muertos. La captura de Jerusalén por parte del general romano Tito no fue como el relámpago, sino
una lucha larga, feroz, duramente librada. Tampoco estuvieron los Judíos, hasta el momento del golpe final de esa batalla,
en un estado de tranquilidad o de seguridad carnal, descansando en la continuación de las cosas tal como estaban hasta ese
momento, como en los días de Noé y de Lot. Lo repentino del juicio es el primer fracaso de ellos, la certeza es el siguiente,
la certeza que discrimina, y ninguna de estas cosas se podían decir, justamente, de los Romanos. Adentro o afuera, descansando
u obrando, hombre o mujer, no importaba, Dios quemaría la paja y preservaría el trigo: "el uno será tomado, y el otro será
dejado." Luego, hay un sello local y terrenal, que descarta que esta sea la escena del juicio del gran trono blanco. Puesto
que no hay ningún parecido entre el juicio de los muertos y el diluvio o el destino de Sodoma. Esto es el fin del siglo (N.
del T.: de la edad), no el fin del mundo, y es un juicio sobre un pueblo temporal, y más especialmente sobre la ciudad de
ellos; ya que se dice que no debían descender al interior de la casa, si estaban en la azotea; y que si estaban en el campo,
no debían volver atrás. Ninguna de estas cosas se podría decir acerca de los muertos, y tanto menos lo de la cama y el molino.
Este no será un tiempo para motivos humanos, engaños o concesiones (vers. 33). La sabiduría verdadera y salvadora será la
fidelidad al Señor y a Su testimonio. El día de la revelación del Hijo del Hombre estaba en cuestión -Su juicio de los vivos,
y especialmente de una generación que Le había rechazado y que fue causante de Su sufrimiento. Si ellos preguntaban, "¿dónde?",
la palabra solemne para la conciencia era, "Donde estuviere el cuerpo", el cadáver, caerían los prontos e inevitables juicios
de Dios.
CAPÍTULO 18.
Nosotros vimos, desde el versículo 20 hasta el final del capítulo anterior,
que el reino de Dios fue presentado, en primer lugar, en la persona de Jesús, como un asunto de fe, no de manifestación externa,
no de un "Helo aquí" o un "Helo allí" y, en segundo lugar, en forma de juicio, que liberará al remanente por medio de la ejecución
de la venganza divina en sus enemigos.
Versículos 1 al 8. Los primeros seis versículos de nuestro capítulo completan
la advertencia profética, y muestran que el recurso del justo en los últimos días será la oración. No obstante, aunque la
parábola tiene su especial aplicación a la opresión futura de los testigos de Dios quienes, en aquel entonces se encontrarán
en Jerusalén, la instrucción, como de costumbre en este evangelio, se vuelve general, de modo de satisfacer cualquiera o todo
tipo de dificultad por medio de las cuales los hombres podrían ser probados. "También les refirió Jesús una parábola sobre
la necesidad de orar siempre, y no desmayar." La fe sería puesta a prueba. Si se mirase a Dios, y no solamente a la bendición,
los hombres no desmayarían, aunque no hubiese respuesta. Ellos continuarían, siempre con los ojos puestos arriba, aunque todo
pareciera estar contra ellos. La viuda representa a aquellos que no tienen ningún recurso humano: el recurso de ellos será
la constancia en la oración. Tal será la semilla piadosa en Israel, aquí ya todo se refiere al remanente, y no a la iglesia.
Ellos suplicarán al juez para que los vengue de su adversario. La paciencia y la confianza de ellos pueden ser profundamente
probadas, pero no clamarán en vano. "Y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto. ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus
escogidos, que claman a él día y noche?" Puede que él sea lento en asumir la causa de ellos; pero una vez que Él se levante,
Él obrará con prontitud en la tierra. Mientras tanto, la paciencia debe tener su obra completa. En Jesús ella tuvo su plena
perfección. Hubo rechazo y afrenta de parte de los hombres, el abandono de los discípulos, el poder de Satanás, la copa de
la ira de Dios; pero Él pasó por todo para la gloria de Dios. En detalle, nosotros también debemos ser zarandeados, y encontrar
todas las circunstancias contra nosotros, pero Dios está por nosotros, aún más que si tuviéramos ayuda externa, un poder milagroso,
la iglesia en buen estado, etc. Incluso el gozo puede obstaculizar nuestra completa
dependencia de Dios, haciéndonos olvidar, prácticamente, que la carne no sirve para nada. Cuando ninguna de las circunstancias
te conduce a tener alguna esperanza, ¿está puesta tu esperanza en Él? La carne
puede seguir actuando por un buen tiempo, como en el caso de Saúl; pero solamente la fe puede esperar con todas las cosas
en contra de ella. Es, entonces, la vida divina dependiendo del poder divino. Así fue en forma preeminente en Cristo. "Creí;
por tanto hablé." (Salmo 116:10). Él descendió al polvo de la muerte, y ha introducido un orden de cosas totalmente nuevo.
Nosotros, teniendo el mismo espíritu de fe -también creemos, y por tanto hablamos. "Por tanto, nosotros de ahora en adelante,
no conocemos a nadie según la carne: y aunque hayamos conocido a Cristo según la carne, ahora empero no le conocemos más así.
Por tanto si alguno está en Cristo, es una nueva criatura." (2 Corintios 5: 16, 17 - VM). Cristo ha muerto, ha resucitado,
y ahora está sentado a la diestra de Dios. Teniendo esta vida, nosotros somos puestos a prueba en forma práctica para aprender
la lección de la muerte y la resurrección, donde nada mas que Dios puede sostener.
En la parábola hay dos asuntos a considerar. Si el juez injusto escucha y obra
a favor del indefenso, por el motivo que fuere, ¿no lo hará Dios? Pero esto está lejos de ser todo. Dios tiene Sus afectos,
no sólo Su carácter, sino que tiene objetos de Su deleite. "¿Y acaso Dios no defenderá la causa de sus escogidos,...?" etc.
(Lucas 18:7 - VM). Nunca sería un Dios justo, aquel que defendiera la causa del mal para presentarlo como luz, o que dejase
que el malvado quede sin castigo. Porque entonces, ¿cómo podría Él juzgar el mundo? Él escucha el clamor de los oprimidos
día y noche, y es el clamor de Sus propios escogidos. "Yo os digo que defenderá su causa presto." (Lucas 18:8 - VM). Pero,
¿estará allí la fe que espera Su intervención? Ellos clamarán a causa de la angustia y Dios escuchará. No obstante, se levanta
la interrogante, "Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?" ¿Esa fe que está fundamentada en el conocer
a Dios en una comunión de paz? ¿No será este, más bien, el clamor de los justos, en amargura de espíritu, un clamor forzado
a salir de ellos, y no el clamor del deseo?
Versículo 9. Tenemos, a continuación, las características morales y apropiadas
del reino, características que están en armonía o en discordancia con el estado de cosas introducido por la gracia. El Fariseo
y el publicano no presentan la doctrina de la expiación o de la justificación por la fe, sino la certeza de que la justicia
propia disgusta a Dios, y que la humildad causada por nuestros pecados es muy aceptable a Sus ojos. El Fariseo no pone a Dios
a un lado. Él "oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias..." Pero, a renglón seguido, él agradece a Dios por
lo que él es y no por lo que Dios es. La única esperanza del publicano estaba puesta en Dios mismo. Él era muy ignorante,
no hay duda, pero tenía el espíritu correcto para acercarse a Dios. La luz había entrado y le había mostrado que era un pecador,
y se sometió a la dolorosa convicción, y confesó la verdad acerca de su estado a Dios. Él fue dirigido hacia la misericordia
de Dios para con su alma. Él no osó apelar a la justicia, no pidió indiferencia, sino que pidió aquella misericordia que mide
el pecado y lo perdona. La revelación de la gracia aún no había entrado, aún no había sido hecha la obra de la reconciliación,
de modo que el publicano se mantuvo "lejos", pero su corazón fue tocado, y Dios era lo que él deseaba. Si en el presente un
alma es traída a darse cuenta del pecado, no necesita, y no debería, mantenerse lejos. La gracia de Dios que trae salvación
ha aparecido. No obstante, aunque él no conocía, ni podía conocer así la gracia, el publicano muestra su verdadero carácter
y el verdadero carácter de Dios. No era un conocimiento pleno, pero el conocimiento, hasta donde llegaba, era verdadero. "Os
digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que
se humilla será enaltecido." (Lucas 18:14). ¡Esta es una verdad universal! pero, ¿dónde se mostró de esta forma sino en Jesús?
Ya que si el primer hombre, al exaltarse a sí mismo, fue humillado hasta el infierno, Aquel que era Dios se despojó a Sí mismo
y se humilló a Sí mismo hasta la muerte, y muerte de cruz. "Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo," etc. (Filipenses
2: 7-9).
En un sentido, los hombres no se pueden humillar a sí mismos, puesto que ya
son pecadores, y no pueden rebajarse más; un santo puede. La verdadera humildad es el olvido del yo.
Esto es ilustrado aún más por el incidente que se presenta a continuación (versículos
15-17), donde ellos traían "niños muy pequeños" (Lucas 18:15 - LBLA) a Jesús, para que Él los tocase. Esta es la humildad
de verdadera insignificancia, así como la anterior era debida a la pecaminosidad. ¿Quién se preocuparía por seres de tan pequeña
importancia? No los discípulos, sino Jesús. El Señor se deleitaba en ellos, y ese es el espíritu del reino de Dios. Y aquí,
también, sale a la luz una máxima moral general. Si un hombre ha de entrar en ese reino, toda confianza en el yo debe ser
quebrantada, y la verdad debe ser recibida en forma simple, de la forma en que un niño pequeño escucha a su madre. De no ser
así, Dios y el hombre no están en la posición que les corresponde. Cuando Él habla, todo lo que yo tengo que hacer es escuchar.
Esta es la humildad del anonadarse, así como la otra era a causa del pecado.
A continuación, en los versículos 18 al 28 viene la pregunta acerca de qué
hacer para heredar la vida eterna, no la salvación para un perdido, sino aquello que examina el corazón hasta el fondo. El
joven tenía un carácter adorable, contemplado como una criatura. Ya que si en el mundo hay estragos del pecado, también hay
allí rastros de Dios. Este principal no vio a Dios en Cristo. Moralmente atraído, él llegó a aprender a hacer lo bueno, sin
dudar de su propia competencia. Él solamente vio en Jesús a un hombre perfectamente bueno y, por consiguiente, uno eminentemente
capacitado para aconsejarle y guiarle en el mismo camino. El pecado, por un lado, y la gracia, por el otro, eran totalmente
ignorados por él. No se conocía a sí mismo ni conocía a Dios. No hay hombre bueno. Todos se han descarriado. El hombre es
un pecador, y necesita que Dios le sea propicio: es incompetente para hacer lo bueno que satisface a Dios.
El Señor trató con el joven principal sobre la base de su propia asunción de
que podía hacer lo bueno, con el propósito de sacar a la luz lo que él era. El buen Maestro, a quién había apelado, pone a
prueba lo que su corazón es realmente. "Aún te falta una cosa: vende todo lo
que tienes . . . y ven, sígueme." ¿Dejaría él de confiar en su propia importancia? Después de todo, él amaba demasiado sus
riquezas. "Se puso muy triste, porque era muy rico." ¿Acaso tales cosas no habían sido prometidas a los Judíos como una bendición?
Cristo les muestra que son una trampa. Pero, entonces, ¡ellas hacen muy bien! No, ¿son buenas para tu corazón? No es que estas
cosas no puedan ser usadas en gracia; pero el hombre no conocía su propio corazón. El bien no está allí, ni la fuerza que
lo produce. Cada motivo que gobierna al hombre es arrancado de raíz por medio de la cruz. Pero todo lo de adentro está mal, y yo nunca puedo producir algo adecuado para Dios a partir de un material malo. Por consiguiente,
yo necesito a Dios, quien me puede dar una naturaleza nueva y santa, quien puede ser misericordioso para conmigo debido a
que Él está por sobre todo pecado. El manantial de todo bien es aquel que fluye de Dios y no del hombre. Es una imposibilidad,
en lo que respecta al hombre, que alguno pueda ser salvo. El pecado ha arruinado al hombre y a todas sus esperanzas. Si uno
mira los medios de los cuales el hombre puede sacar provecho, ellos son completamente inútiles para salvarle. Pero, "lo que
es imposible para los hombres," dijo el Salvador, "es posible para Dios." Tal es el único fundamento para el pecador.
Por otra parte (versículos 28 al 30), si Pedro está presto para hablar de cuan
consagrados son los discípulos, al dejar todo y seguir a Jesús, el Señor muestra la certeza de que cada pérdida, a causa del
reino, se transformará en mucho más en este tiempo, y en el mundo por venir.
Pero Él enlaza todo (versículos 31 al 33) con lo que vendría sobre Su propia
persona. Ellos subían a Jerusalén; pero, ¿para qué? Él, el Mesías, "será entregado a los gentiles, y será escarnecido, y afrentado,
y escupido. Y después que le hayan azotado, le matarán." Todas las esperanzas deben acabar aquí: "Y aunque hayamos conocido
a Cristo según la carne, ahora empero no le conocemos más así." (2 Corintios 5:16 - VM). Incluso Él, si va a liberar a los
perdidos, debe descender al polvo de la muerte. Cristo no tiene ninguna asociación con el hombre pecador. ¿Cómo, entonces,
puede Él liberar? Él debe morir en nuestro lugar; el no puede tomar la corrupción en unión con Él. Un Cristo vivo, podemos decir en forma reverente, no nos podía liberar, siendo este pensamiento consistente
con la naturaleza y el carácter de Dios; la redención era una necesidad. "Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere,
queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto." (Juan 12:24).
Pero era el único medio de una salvación santa; la plena maldad del hombre
salió a la luz en el rechazo y la muerte de Cristo. Él odió lo que está en Dios y a Aquel que es Dios -odió a ambos, tanto
al Hijo como al Padre. Toda interrogante acerca de la justicia humana es resuelta y negada para siempre. ¡Pero cuán lamentable!
los discípulos no entendían ninguna de estas cosas, ni Su vergüenza y muerte, ni Su resurrección. Esto era el cumplimiento
de lo que los profetas habían escrito con respecto al Hijo del Hombre. Pero ellos no sabían lo que Él decía y lo que los otros
escribieron. La muerte de Cristo manifestaría lo que el hombre era, y lo que Dios era; Su resurrección demostraría el poder
de vida que puede liberar a los muertos. Pero Él no fue comprendido.
El versículo 34 cerró esa parte de nuestro Evangelio que muestra la introducción
de una dispensación nueva y celestial. Con el versículo 35 entramos al relato histórico del último trato del Señor con los
Judíos. "Hijo del Hombre" era el carácter general del Evangelio, pero ahora, en medio de Israel, Él toma para sí aquel de
"Hijo de David". Jericó fue el primer lugar al que Israel debía hablar cuando ellos cruzaron el Jordán, y se pronunció una
maldición especial contra esta ciudad. Pero Israel no había caminado en obediencia, y el Mesías no entra como el rey en su
gloria exterior, sino como el rechazado Jesús de Nazaret, con bendición para el remanente que Le recibió en fe.
"Aconteció que acercándose Jesús a Jericó," etc. No dice 'llegó cerca', como
si necesariamente fuera Su primer acercamiento, sino una expresión general, tan aplicable a Su acercarse como a cuando Él
deja la ciudad. (Comparen con Mateo 20: 29-34 y Marcos 10: 46-52). "Un ciego estaba sentado junto al camino mendigando . .
. Entonces dio voces, diciendo: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!" Él fue reprendido por muchos, pero estaba
la perseverancia de la fe, y él clamó aún mucho más, "¡Hijo de David, ten misericordia de mí!" Aquí había
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