EDIFICACIÓN ESPIRITUAL CRISTIANA EN GRACIA Y VERDAD

OBSERVACIONES PRÁCTICAS ACERCA DE LA ORACIÓN (E. J. Thomas)

INICIO / AUTORES y SECCIONES
J. G. BELLETT
J. N. DARBY
EDWARD DENNETT
W. W. FEREDAY
F. W. GRANT
L. M. GRANT
F. B. HOLE
WILLIAM KELLY
C. H. MACKINTOSH
F. G. PATTERSON
G. V. WIGRAM
W. T. P. WOLSTON
Escritos de otros Autores: A.E.BOUTER, E.N.CROSS, A.C. GAEBELEIN, F.WALLACE, N. NOEL...
ENLACES/LINKS

MOBI

EPUB

Todas las citas bíblicas se encierran entre comillas dobles ("") y  han sido tomadas de la Versión Reina-Valera Revisada en 1960 (RVR60) excepto en los lugares en que, además de las comillas dobles (""), se indican otras versiones, tales como:

 

LBLA = La Biblia de las Américas, Copyright 1986, 1995, 1997 by The Lockman Foundation, Usada con permiso

RVA = Versión Reina-Valera 1909 Actualizada en 1989 (Publicada por Editorial Mundo Hispano; conocida también como Santa Biblia "Vida Abundante")

VM = Versión Moderna, traducción de 1893 de H.B.Pratt, Revisión 1929 (Publicada por Ediciones Bíblicas - 1166 PERROY, Suiza)

OBSERVACIONES PRÁCTICAS ACERCA DE LA ORACIÓN

 

 

1.- LA EXPRESIÓN DE DEPENDENCIA

 

¡Cuán bendito es el tema de la oración! Y si investigar la escritura puede ayudar al santo probado y vapuleado a un mejor entendimiento de sus principios, y cómo utilizarla más plenamente en medio de las dificultades diarias, ¡cuán bienvenido resulta un resultado tal! Busquemos, entonces, entrar a observar algunas de las enseñanzas de la escritura acerca de este tema.

 

         Primero:- la oración es el lenguaje de petición dirigido a Dios. Es importante distinguir entre oración y adoración, aunque ambas pueden encontrarse juntas al dirigirse el creyente a Dios. En la adoración, nosotros damos algo a Dios -nuestra acción de gracias, alabanza, o devoción. "Ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre." (Hebreos 13:15). La alabanza, entonces, es un sacrificio, pero la oración es una petición. La frase común 'ofreciendo una oración' es, por lo tanto, un error. Nosotros podemos ofrecer adoración, alabanza, devoción, acción de gracias. La oración, no obstante, no es un sacrificio para Dios, sino que es pedirle alguna cosa de Él.

 

         En segundo lugar:- la oración es la expresión de dependencia. La dependencia es la actitud apropiada que la criatura debe tener hacia el Creador. Dios solo es suficiente para Sí mismo. Toda criatura, lo sepa o no, es realmente dependiente; y la oración, en su principio fundamental, es la expresión de esta dependencia. Reconocer esto, es vivir en la verdad; negarlo -vivir la vida sin oración- es caminar en tinieblas. El hombre, al haberse rebelado, ha perdido el sentido de dependencia en el Creador. Ha dejado que sus amarras se suelten, se ha alejado de la conexión moral con el bendito Centro del universo, y, vagando en pecado y tinieblas, piensa que la cosa más excelente y grandiosa es ser independiente. Esto, el mismísimo principio de su vida, es una falsedad; él "hace mentira." (Apocalipsis 22:15 y 21:27).

 

         Por lo tanto, fue hacia una nueva característica en la vida de Saulo de Tarso, a la que el Señor dirigió la atención de Ananías, cuando, enviándole a Saulo, Él dijo, "Levántate, y ve . . .y busca . . . a uno llamado Saulo, de Tarso; porque he aquí, él ora." (Hechos 9:11). Aquí hay una cosa extraordinaria. El día anterior él estaba respirando amenazas y muerte; ahora él está de rodillas. El hombre, en este caso, había vuelto en sí; la criatura fue humillada delante de, y reconciliada con, su Creador. Así, la oración es una de los instintos más tempranos y verdaderos de la vida divina en el hombre; y en vista de esto se puede decir que el primer respiro del alma hacia Dios es el comienzo de una comunión eterna. Ha comenzado una corriente que fluirá, y fluirá para siempre -como el agua que Cristo da al alma, la cual es en ella una fuente que salta para vida eterna. No es que esta comunión y esta comunicación siempre va a tener el carácter de una oración -esa es la forma que toma a partir de la naturaleza de la escena donde esta ocurre- un mundo de pecado y de necesidades. En la escena futura, el lenguaje de dependencia no será el de pedir, ya que la satisfacción habrá tomado el lugar de la necesidad, y todo vaso será llenado. Como se canta a menudo:

 

<<La esperanza será cambiada en alegre gozo,

la fe en vista, y la oración en alabanza>> {*}

 

{*N. del T.: del Himno "Jesus, I My Cross Have Taken" por Henry Francis Lyte, 1793-1847 del Himnario "Little Flock 1881 Edition — Section 8" - disponible en Inglés en el sitio web de: STEM — Sound Teaching on Electronic Media: http://www.stempublishing.com/}

 

Pero en el tiempo presente, y en el lugar donde nosotros estamos, la dependencia, realmente sentida, se expresa en oración. Ser dependiente de uno que es caprichoso, o malintencionado, eso es miseria; pero ser dependiente de Dios, cuya naturaleza es amor, y cuyo poder es ilimitado -¡esto es felicidad!

 

 

2.- EL SEÑOR JESÚS, UN HOMBRE DE ORACIÓN.

 

         El bendito Hijo de Dios, cuando se hizo hombre, aunque Él mismo no una criatura, tomó tan plenamente el lugar de dependencia del hombre, que nosotros encontramos que Él oraba habitualmente. <<Las frías montañas y el aire de medianoche fueron testigos del fervor de Sus oraciones.>> Las oraciones de Jesús son hermosas indicaciones de la realidad de Su condición de hombre -Él se arrodilla y ora. Preeminente en todas las cosas, Él es un ejemplo en esto. Él entró en Su ministerio con oración (Lucas 3:21 - "Aconteció que cuando todo el pueblo se bautizaba, también Jesús fue bautizado; y orando, el cielo se abrió."). ¿Y no podríamos decir nosotros, como una regla o precepto de la vida Cristiana, <<Lo que se empieza con oración terminará en alabanza>>? Fue cuando oró así en Su bautismo que los cielos se abrieron a Jesús. Antes de elegir a los apóstoles Él pasó la noche orando a Dios (Lucas 6:12, 13 - "En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios. Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles.") Nuevamente, en Lucas 9:18 ("Y aconteció que estando él solo orando, estaban con él los discípulos;" - RVA)- Encontramos que Él "oraba aparte". Fue "entre tanto que oraba" en el monte de la Transfiguración que la apariencia de su rostro se hizo otra, y Él recibió de Dios Padre honra y gloria. Él no subió al monte para ser glorificado; Él subió "a orar", y fue glorificado. El objetivo era orar, el resultado fue la gloria (Lucas 9:28, y siguientes).

         Los principales ejemplos registrados de las oraciones del Señor parecen ser:

 

(1) En Su bautismo (Lucas 3:21 - "Aconteció que cuando todo el pueblo se bautizaba, también Jesús fue bautizado; y orando, el cielo se abrió."

 

(2) En la primera gran divulgación de Su fama (Marcos 1:35 - "Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba. "; Lucas 5: 15, 16 - "Pero su fama se extendía más y más; y se reunía mucha gente para oírle, y para que les sanase de sus enfermedades. Mas él se apartaba a lugares desiertos, y oraba.")

 

(3) Antes de escoger los apóstoles (Lucas 6:12 - "En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios.")

 

(4) Después de alimentar a los cinco mil (Mateo 14:23 - "Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo."; Marcos 6:46 - "Y después que los hubo despedido, se fue al monte a orar.")

 

(5) En la virtual crisis de Su testimonio, cuando Él prohíbe que Le anuncien como Mesías, y predice Su muerte (Lucas 9:18-22 - "Y aconteció que estando él solo orando, estaban con él los discípulos; y les preguntó diciendo: ¿Quién dicen las gentes que soy? Y ellos respondieron, y dijeron: Juan el Bautista; y otros, Elías; y otros, que algún profeta de los antiguos ha resucitado. Y les dijo: ¿Y vosotros, quién decís que soy? Entonces respondiendo Simón Pedro, dijo: El Cristo de Dios. Mas él, conminándolos, mandó que á nadie dijesen esto; Diciendo: Es necesario que el Hijo del hombre padezca muchas cosas, y sea desechado de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y que sea muerto, y resucite al tercer día." - RVA)

 

(6) En la transfiguración (Lucas 9:28 - "Aconteció como ocho días después de estas palabras, que tomó a Pedro, a Juan y a Jacobo, y subió al monte a orar.")

 

(7) Un una ocasión no mencionada (Lucas 11:1 - "Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos.")

 

(8) En la resurrección de Lázaro (Juan 11:41 - "Entonces quitaron la piedra de donde había sido puesto el muerto. Y Jesús, alzando los ojos a lo alto, dijo: Padre, gracias te doy por haberme oído.")

 

(9) Al considerar Su muerte (Juan 12:27 - "¡Ahora está turbada mi alma! ¿y qué diré? ¡Padre, sálvame de esta hora! mas por esto mismo vine a esta hora." - Versión Moderna).

 

(10) Su maravillosa oración al Padre (Juan 17, todo el capítulo).

 

(11) La intercesión por Pedro (Lucas 22:32 - "Mas yo he rogado por ti que tu fe no falte: y tú, una vez vuelto, confirma á tus hermanos.")

 

(12) Getsemaní (leer Mateo 26: 36-44; Marcos 14; Lucas 22).

 

(13) Intercesión por Sus homicidas (Lucas 23:34 - "Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes.")

 

(14) En la muerte, encomendando Su espíritu al Padre (Lucas 23:46 - "Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró.")

 

         Nosotros vemos, entonces, que cuando, en la madurez de su condición de hombre, habiendo pasado pacientemente treinta años en privacidad, Él está por fin a punto de entrar en la trascendental tarea de Su vida, Él hace esto con oración. "Y aconteció que cuando fue bautizado todo el pueblo, y siendo Jesús también bautizado, y estando orando, abrióse el cielo, y descendió sobre él el Espíritu Santo en forma corporal, como paloma; y hubo una voz, procedente del cielo, que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti hallo mi complacencia." (Lucas 3:21, 22 - Versión Moderna).

 

         Después de esto, Él es sometido a la tentación -el Espíritu, que recién había descendido sobre Él, le lleva al desierto, para ser tentado por el diablo. Saliendo victorioso, Él ahora, bajo el testimonio del Bautista, llega a ser el centro de reunión, llamando a los hombres a seguirle (Lucas 5: 11, 27; Juan 1:43), y ejerciendo autoridad al dar un nombre a uno de ellos (Juan 1:42 - "Y le trajo a Jesús. Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas (que quiere decir, Pedro)"). Así Él inicia formalmente Su obra y testimonio. Hasta ahora, no obstante, la obra está solamente en Sus propias manos; se abre la campaña, pero es solamente en su primera etapa. El campo está listo para ser segado. Ahora tiene lugar un suceso importante. Hay una noche de oración. "Y sucedió en aquellos días que fue a la montaña a orar; y pasó toda la noche en oración a Dios." (Lucas 6:12 - Versión Moderna). El resultado de este ejercicio está a la vista. Cuando es de día, Él reúne a Sus discípulos y escogió a doce de entre ellos para ser apóstoles. Él ya es Centro de reunión, ahora se vuelve Fuente de misión. La obra se amplia, y Él emplea a otros bajo Su autoridad para llevar el testimonio a través del país. Así, en el registro de la vida del Señor, grandes ocasiones son señaladas o realizadas, por una oración especial. No sólo, sin embargo, el Señor oró especialmente ante crisis especiales, sino que Él lo hacía como práctica. Él iba, distintivamente y a propósito, a orar. Así, "Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo." (Mateo 14:23). "Aconteció que mientras Jesús oraba aparte . . ." "Aconteció como ocho días después de estas palabras, . . . subió al monte a orar." (Lucas 9: 18, 28). "Y saliendo, se fue, como solía, al monte de los Olivos . . . y puesto de rodillas oró." (Lucas 22: 39, 41). ¿No podríamos nosotros ser suavemente inducidos por tan dulce ejemplo? Él no tenía dónde recostar Su cabeza -pero para Él la soledad del monte hacía las veces de paredes de una habitación cerrada; y así, ¿no es verdad con respecto a la oración, que <<Dónde hay voluntad, hay  camino>>?

 

Nunca se escribió acerca del Señor como orando con Sus discípulos. Él les enseñó a orar. Él oró acerca de ellos, oró por ellos, no con ellos.[*] Ya que Su propia posición era única. Nuestras oraciones son hechas sobre la base de lo que Cristo es para nosotros. Él se podía acercar a Dios, como capacitado en Su propia persona y dignidad; nosotros, sólo lo podemos hacer en Su nombre. Esto explica un versículo que de otra forma podría parecer una contradicción. "Y aconteció que estando él solo orando, estaban con él los discípulos." (Lucas 9:18 - RVA). Los discípulos estaban allí, pero Él estaba "solo orando". Y en el Getsemaní Él les dijo a los discípulos que orasen; "Y él se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró." (Lucas 22: 40, 41). Esto es importante, como todo lo que afecta nuestros pensamientos acerca de Cristo. Los Cristianos hablan algunas veces del Señor como <<Nuestro Hermano Mayor>>, la Escritura nunca lo hace.

 

[*] Ver Lucas 3:21; 5:16; 6:12; 9:29; 11:1; 22:40, 41.

 

"Vosotros me llamáis Maestro, y Señor;" Él dice, "y decís bien, porque lo soy." Uno, incluso, ha oído dirigirse a Él en oración como <<Querido Señor>> -una familiaridad la cual, ciertamente, no es exactamente reverente. Nosotros no podemos exagerar la gracia de Cristo para con nosotros, pero ha sido muy bien dicho que: <<La dignidad personal de Cristo nunca se pierde en la intensidad y ternura de su amor. Verdaderos santos de entre los Moravos (N. del T.: Cristianos de Moravia, región que ocupa la parte este de la República Checa) han llamado a Jesús <<Hermano>>, y otros han tomado prestados sus himnos, o dicha expresión. La Palabra nunca dice esto, sino que dice que Él no se avergüenza de llamarnos hermanos (Hebreos 2:11), pero es una cosa totalmente diferente que nosotros le llamemos así a Él.>> [*]

 

[*] John Nelson Darby, Synopsis de los Libros de la Biblia, Vol. 3, página 558, segunda edición.

 

 

3.- LAS ORACIONES DE LOS SANTOS

 

         I. La Reunión de Oración.- Cristiano, tu quizás piensas que tus oraciones son poca cosa. Dios no lo piensa así. Cornelio era un hombre piadoso y practicaba la oración. Él "oraba a Dios siempre"; pero, mientras continuaba orando en paciencia, probablemente pensó muy poco que un día un ángel sería enviado a decirle, "Tus oraciones y tus limosnas han subido para memoria delante de Dios." (Hechos 10: 2-4). Pero si tú deseas saber la estimación que Dios tiene de las oraciones de Su pueblo, lee Apocalipsis 5:8, "los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos." Eso es lo que ellas son. Copas de oros las contienen; ellas son como la fragancia del incienso delante del trono de Dios. ¡Piensa en una reunión de oración! Si se pudiera hacer visible el ejercicio de los santos tú verías los perfumes ascendiendo a la presencia de Dios. La habitación y los alrededores pueden ser insignificantes, pero si los corazones están llenos de Cristo, ni la catedral de San Pedro en Roma, con toda su grandiosidad, puede presentar algo tan fino. Esas humillaciones de alma en oración; esas palabras dirigidas en fe a Dios; los trabajos en corazones labrados interiormente por el Espíritu mismo, aunque invisibles, son de gran importancia: ellos están llenos con consecuencias que alcanzan hasta la eternidad. Tal es la oración real. ¿Quién que pudiese estar presente podría abstraerse de una escena tal, y perder el privilegio de tomar parte en sus actividades?

 

         Es posible que algunos, y eso incluso entre Cristianos instruidos, no tengan un sentido del todo correcto del nivel o categoría de la reunión de oración, considerándola más bien como inferior en rango. Muchos que se sentirían condenados en su conciencia al ausentarse de la Cena del Señor consideran opcional la asistencia a la reunión de oración. Pero ellos no han notado que la promesa de estar con los dos o tres congregados hacia Su Nombre está, en la escritura, específicamente unida a la oración. A menudo mientras se cita esa promesa, su conexión con la oración y la reunión de oración es casi pasada por alto. Pero el versículo 20 del capítulo 18 de  Mateo, es realmente el principio que convalida lo expresado en los versículos 18 y 19. De este modo:-

 

"De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo." (versículo 18).

 

"Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos." (versículo 19).

 

"Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos." (versículo 20).

 

Sobre esto observemos que:

 

(1) La promesa acerca de ponerse de acuerdo en oración está unida por la conjunción "Porque", con la presencia de Cristo en medio de los dos o tres. Esto, por consiguiente, no está relacionado, como a menudo se supone, a un acuerdo de dos Cristianos aislados para orar acerca de un tema mutuo cuando están separados el uno del otro. La aplicación común realmente desvía la escritura de su objetivo específico, que es mostrar el honor especial y la eficacia que están ligadas a la oración unida. Se aplica a dos o tres congregados hacia el nombre de Cristo, y si ellos, aunque fuesen solamente dos, están en un real acuerdo espiritual en el cual se acercan al Padre, su oración es exitosa (versículo 19).

 

(2) El Señor, por lo tanto, está en medio de la reunión de oración, así como lo está en el partimiento del pan. ¡Un hecho importante! Posiblemente mi lector no ha considerado la reunión de oración bajo esta perspectiva. Muchos la consideran meramente como un medio de consuelo y comunión espirituales, una de las muchas formas de obtener provecho para nuestras almas; y por consiguiente hacen depender su asistencia o inasistencia conforme a su disposición. ¡Pero el Señor está allí! En caso de que el Príncipe de Gales anunciase su asistencia a una reunión en Londres, ¡qué actividad sería mostrada, qué esfuerzo para estar presente! El tema o asunto, adquiriría, por sí mismo, una nueva importancia. Personas que no se habrían complicado por asistir, se las encontraría ahora bastante entusiastas, y ven una importancia en el tema que ellos nunca antes habían visto. Pero, ¿qué es un príncipe o rey para el Rey de reyes y Señor de señores que está presente con los reunidos hacia Su Nombre?

 

(3) Entonces, estando presente el Señor, la reunión de oración adquiere un rango igual al de una reunión de asamblea de primer orden, solamente segunda en importancia después de la Cena del Señor. Así está colocada, en el registro divino de lo que caracterizaba a la primera compañía de la iglesia. "Y continuaban perseverando todos en la enseñanza de los apóstoles, y en la comunión unos con otros, en el partir el pan, y en las oraciones." (Hechos 2:42). En un sermón, una predicación del evangelio, etc., el Señor puede estar con Su siervo que habla Su palabra, y todos los presentes pueden compartir la bendición; pero Él no está con la compañía, incluso si ella consiste de santos, en el exacto sentido en el que Él está con una asamblea de solamente dos o tres reunidos hacia Su Nombre.

 

(4) Esta presencia del Señor tanto en la reunión de oración como en otras reuniones, es un asunto que muchos tienen poco claro. Algunos la confunden con la presencia del Espíritu Santo -pero eso es una cosa diferente. Es verdad que el Espíritu Santo mora en la asamblea, así como en el cuerpo de cada creyente individual. (Juan 14:16; Efesios 2:22; 1 Corintios 6: 19, 20; Efesios 1: 13, 14). Él hace esto de forma permanente. Pero lo que se declara en Mateo 18:20, no es un morar permanente. Es una presencia sujeta a condiciones, a saber, que dos o tres estén allí, y que ellos estén reunidos hacia Su Nombre. Además, es la presencia del Señor mismo que está garantizada. <<Pero>>, se dirá, <<Jesús está en el cielo.>> Si, corporalmente Él está allí -¡bendito sea Su Nombre!- pero divinamente Él está aquí con nosotros. Él es el Único que podía decir incluso en Sus días sobre la tierra, "el Hijo del Hombre, que está en el cielo." (Juan 3:13). Y si Él estaba divinamente en el cielo mientras que corporalmente estaba en la tierra; así ahora Él está divinamente con los dos o tres en la tierra, aunque corporalmente está en el cielo.

 

(5) La presencia del Señor en medio, hace surgir los afectos específicos que los santos tienen por Él. Ya que así como hay distintas personas en la Deidad, así la nueva naturaleza en nosotros tiene sentimientos y afectos apropiados para cada una de ellas. Cuando pensamos en el Padre, nosotros pensamos en el amor infinito, espontáneo, en el cual Él dio al Hijo por nosotros. Pensamos en el Aquel Único que ha enviado el Espíritu de Su Hijo dentro de nuestros corazones, que clama, ¡Abba, Padre! quien, Él mismo nos amó porque nosotros hemos amado a Jesús, y hemos creído que Él salió de Dios. Y cuando pensamos en Cristo estando en medio nuestro, pensamos en esa Persona en la Deidad que se hizo carne; quién nos amó hasta darse a Sí mismo por nosotros, quién nos amó hasta la muerte. El Espíritu Santo presente con nosotros efectivamente nos da la aprehensión espiritual de todo esto. Él trae ante nuestras almas las cosas de Cristo (Juan 16: 13-15 - "Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber."), pero la Persona en medio nuestro es el Aquel Único que murió por nosotros. Él, aunque está esperando en el trono del Padre, con todo, anhela tanto a aquellos que Él compró son Su sangre que dónde, en cualquier barrio o esquina del globo terráqueo, dos o tres están reunidos hacia Su Nombre, allí está Él en medio de ellos. ¿Estaría el Cristiano dispuesto a estar ausente cuando el Señor está presente? En este tema, ¿no hemos pecado nosotros a través de falta de pensamiento, o por no aprender lo que realmente es la reunión de oración?

 

II. La oración individual.- La oración individual no es menos importante que la oración unida. Ella ocupa un lugar sobresaliente en los hechos divinos en el mundo. Abraham oró por las ciudades de la llanura -un hermoso modelo de súplica reverencial aunque sincera con Dios. "Y se apartaron de allí los varones, y fueron hacia Sodoma; pero Abraham estaba aún delante de Jehová. Y se acercó Abraham y dijo: ¿Destruirás también al justo con el impío? Quizá haya cincuenta justos dentro de la ciudad: ¿destruirás también y no perdonarás al lugar por amor a los cincuenta justos que estén dentro de él? Lejos de ti el hacer tal, que hagas morir al justo con el impío, y que sea el justo tratado como el impío; nunca tal hagas. El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?" (Génesis 18: 22-25). Como una consecuencia de su intercesión él obtiene la promesa de que la ciudad sería perdonada si solamente se hallaban en ella diez justos, y aunque no se encontró esa cantidad, Jehová accede a la súplica que hace Su siervo a favor de los justos que podrían hallarse allí, y así se provee para la seguridad de Lot incluso antes de que al juicio se le permita descender sobre la ciudad. De nuevo, se le anuncia al rey de Gerar, como un favor divino, que Abraham iba a orar por él (Génesis 20:7). Verdaderamente esta oración intercesora es una pieza importante en la maquinaria de los procedimientos de Dios.

 

Daniel estaba calificado para la oración intercesora por medio de la pureza de sus propios caminos. Él es uno de tres hombres, Noé, Daniel y Job, a quienes el propio Jehová seleccionó como eminentes en justicia. (Ezequiel 14:14 - "si estuviesen en medio de ella estos tres varones, Noé, Daniel y Job, ellos por su justicia librarían únicamente sus propias vidas, dice Jehová el Señor."). El testimonio de sus enemigos fue, "No hallaremos contra este Daniel ocasión alguna para acusarle, si no la hallamos contra él en relación con la ley de su Dios." (Daniel 6: 4,5); y, en una tierra extranjera, entre enemigos y lazos, su costumbre era orar. "Se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de su Dios." (Daniel 6:10). ¡Cuán preciosos son los ejercicios de un alma tal! Ninguna nube en su propia relación con Dios -él es libre para interceder por el estado del pueblo de Dios- y en esto vemos un tipo del gran Intercesor. De ahí que tengamos la oración y la confesión de Daniel 9: "Y volví mi rostro a Dios el Señor, buscándole en oración y ruego, en ayuno, cilicio y ceniza. Y oré a Jehová mi Dios e hice confesión diciendo: . . ." (versículos 3, 4).

 

Es interesante ver que Daniel fue escuchado tan pronto como se puso a orar, aunque su oración no fue respondida hasta después de algún tiempo. "Daniel, no temas; porque desde el primer día que dispusiste tu corazón a entender y a humillarte en la presencia de tu Dios, fueron oídas tus palabras; y a causa de tus palabras yo he venido." (Daniel 10:12).

Así testifica otro: "Con mi voz clamé a Jehová, Y él me respondió desde su monte santo." (Salmos 3:4). De nuevo, "Busqué a Jehová, y él me oyó, Y me libró de todos mis temores." (Salmos 34:4). Creyente compañero, ¡nuestro privilegio es el mismo! Tal es "la confianza que tenemos para con él, que si pedimos algo conforme a su voluntad, él nos oye." (1 Juan 5:14 - Versión Moderna). Esto implica   quebrantamiento de nuestras propias voluntades, espiritualidad; sin lo cual nuestros pensamientos y sentimientos no se mueven conforme a Su voluntad. Hubo Uno que pudo decir, sin limitación, "Padre, . . . siempre me oyes. . ." (Juan 11: 41, 42).

 

Pero la oración de Daniel, en el capítulo noveno de su libro, y la oración de Abraham, aunque individuales, eran públicas en cierto sentido. Es decir, no eran acerca de la historia privada, o de necesidades personales, ni de Daniel, ni de Abraham.  La materia del tema de ellos era pública. La oración de Daniel hacía referencia al estado caído de Israel como pueblo de Dios, y a los intereses de Dios como estando inseparablemente conectados con ellos. De igual manera la oración de Abraham no tenía relación con las propias necesidades de Abraham. Él estaba a salvo de los juicios que estaban por caer sobre el impío, pero él suplica fervientemente por los justos que estaban entremezclados con ellos y en peligro de compartir su juicio. De igual forma, también, en cuanto a las oraciones de Pablo en Efesios, capítulos 1 y 3. Estas eran oraciones individuales, pero el alcance y objetivo de ellas era la gloria de Dios y los intereses de Cristo en la iglesia. Esta es una clase elevada de oración; es decir, dónde un siervo del Señor es abstraído de las necesidades privadas o personales, y está fervientemente preocupado acerca de los intereses de Cristo en Su pueblo. Verdaderamente, las oraciones de Pablo por los santos en Efesios 1 y 3 eran una reproducción, en su medida, y hasta ahora en cuanto a la iglesia, de la oración y deseos del propio Señor en Juan 17.

 

Pero hay otro campo y clase de oración igualmente divina en aprobación, pero la cual, aunque no tan sublime en alcance, es más tierna; tiene que ver con preocupaciones más pequeñas y humanas, o cotidianas. Ya que el creyente tiene el privilegio de tener comunión con Dios acerca de su completa vida privada y asuntos personales.  Así: "¿No se venden cinco pajarillos por dos cuartos? Con todo, ni uno de ellos está olvidado delante de Dios. Pues aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados." (Lucas 12: 6, 7). "Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús." (Filipenses 4: 6, 7). "Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros." (1 Pedro 5:7).

 

Ahora bien, muchos cristianos tienen el sentimiento de que es escasamente legítimo esperar que Dios se digne interesarse en los pequeños e insignificantes asuntos de nuestra vida. Como en el caso de algunos grandes dignatarios entre los hombres, ellos sienten como si no pudiesen tener el atrevimiento de molestarle a Él con sus preocupaciones personales. El pensamiento puede no ser muy evidente, y ellos vacilarían en expresarlo. Pero este persiste suficientemente en la mente como para crear vacilación y duda al orar. Por lo tanto, es importante ver que nosotros tenemos en estas escrituras una abundante garantía para con respecto a la completa vida interior de un Cristiano, como bajo la perspectiva de nuestro Dios y Padre. ¿Hay alguna cosa tan pequeña como para no traerla a Él en oración? ¿Es muy exclusivamente personal, demasiado exclusivamente propia, como para que Él la considere? ¿Qué expresión más fuerte podía emplear el Señor para disuadirnos de la idea, de la que nuestros cabellos mismos de nuestra cabeza están contados? ¿Tenemos nosotros la sensación de que algunas cosas podemos traerlas a Dios, pero que algunas cosas no? La escritura dice, "en todo, mediante oración y súplica." (Filipenses 4:6 - LBLA). ¿Tenemos nosotros una petición, en cuanto a la cual no tenemos una fuerte confianza de que es conforme a Su mente? Bueno, por lo menos podemos darla a conocer a Dios, y cuando nosotros la dejamos con Él, el resultado para nuestras almas será "paz" -habiendo depositado la petición sumisamente delante de Él, Su paz guardará nuestros corazones y nuestros pensamientos en Cristo Jesús, y entonces podemos estar contentos, ya sea que tengamos nuestra petición o no.

 

Puede ser que estemos en circunstancias a las cuales nos han traído nuestras propias malas acciones, y que tengamos, con justa razón, temor de las consecuencias. Incluso eso podemos llevar a Dios, si hemos confesado sinceramente nuestro pecado; y debemos echar sobre Él toda la ansiedad de ello, todo el cuidado -"Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros." (1 Pedro 5:7). El caso de Jacob y Esaú es una ilustración de cómo Dios puede, y podrá, hacer que un evento pavoroso se transforme en bendición, cuando nosotros, en quebrantamiento, esperamos en Él. Jacob había agraviado profundamente a Esaú, y ahora, después de años de separación, tenía que enfrentarse a él; los hermanos están a punto de encontrarse (Génesis 32). La conciencia de Jacob, naturalmente, le hace temer el resentimiento de Esaú, el cual, él averigua, viene a encontrarse con él con cuatrocientos hombres. Pero él pone esto delante de Dios en oración (versículo 11), ¡con el maravilloso resultado de que el hombre cuya venganza temió, "corrió a su encuentro y le abrazó, y se echó sobre su cuello, y le besó; y lloraron."!

 

De esta forma Dios es el refugio del alma en todo tiempo. La oración que resulta de un recto caminar es bendecida; pero incluso cuando están brotando los frutos de nuestras malas acciones, con todo, si nosotros somos del Señor, y hemos juzgado verdaderamente el mal en nuestros caminos, podemos con seguridad dejar, en paz, todas las consecuencias a Él.

La oración individual, secreta y la comunión con Dios, constituyen el fundamento de toda piedad. Ni la reunión de oración, ni el servicio del Señor, son un substituto de ellas. Ellas son la protección del alma; no está lejos una caída, allí dónde ellas faltan.

 

 

4.- EL ESPÍRITU SANTO EN RELACIÓN CON LA ORACIÓN

 

Aunque Cristo es el Único hacia cuyo Nombre los santos están reunidos en la reunión de oración, es igualmente necesario reconocer la función o el ministerio del Espíritu Santo en la oración; y eso, ya sea en público o en privado. Consideren la magnitud del hecho de que el Espíritu Santo descendió en Pentecostés, y, morando con nosotros para siempre, ¡está hoy aquí! (Juan 14:16 - "Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre.") Él mora en la iglesia la cual es edificada para ser Su morada; Él mora en el creyente individual (1 Corintios 6: 19, 20 - "¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios."; Efesios 2:22 - "en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.") Un hecho tal no puede sino tener resultados inmensos. Luego encontramos que este Espíritu que mora en nuestro interior, es nuestro Instructor y Guía en la oración, y toda verdadera oración es en el Espíritu. "orando en el Espíritu Santo." (Judas 20). "Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu." (Efesios 6:18). "De igual manera el Espíritu también ayuda nuestra flaqueza: porque no sabemos orar como se debe; pero el Espíritu mismo hace intercesión por nosotros, con gemidos que no pueden explicarse con palabras. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál sea la mente del Espíritu; pues él intercede por los santos conforme a la voluntad de Dios." (Romanos 8: 26,27 - Versión Moderna).

 

         Cuando Cristo estuvo con Sus discípulos Él les enseñó a orar; Juan había enseñado en forma similar a sus discípulos. Pero ahora todo eso ha cambiado. Era conveniente para los discípulos que Cristo se marchase para que el Espíritu Santo viniese; y Él, estando allí, asume la obra de formar nuestras mentes y corazones en oración. En realidad, no sabemos qué hemos de pedir como conviene, pero -al morar en nosotros- el Espíritu mismo intercede. Las palabras "por nosotros" en Romanos 8:26, no están en los mejores manuscritos, y, como muchas adiciones bienintencionadas que encontramos en las Escrituras, estropean su perfección. Intercede por nosotros insertado en este versículo, más bien da la idea de que el bendito Espíritu y los santos son dos partes distintas, y que Él, de forma externa a nosotros, intercede por nosotros. Que este no es el sentido, queda claro a partir de las siguientes palabras -"Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos." (Romanos 8:27). Así, entonces, Dios que escudriña los corazones, ve allí los deseos y oraciones del Espíritu, forjadas interiormente; y la intercesión que el Espíritu hace allí, para y en nombre de los santos, es conforme a Dios. La estructura de esta escritura (Romanos 8: 26, 27) es notable. En lo que respecta a nosotros, el Espíritu está tan identificado con nosotros, que Dios, al escudriñar los corazones, encuentra allí la mente del Espíritu; y es con esto con lo que Él en Su gracia se ocupa, no las obras de la carne. Pero en lo que respecta a Dios -cualquiera que sea la condescendencia del Espíritu para con nosotros- el Espíritu se establece en todo Su propio poder y dignidad como una Persona de la Deidad, para interceder por los santos. ¡Qué solemnidad, qué divino valor, visten a las oraciones de los santos, cuando la forma en las que ellas llegan delante del Dios es aquella de intercesión hecha por el propio Espíritu! De nuestra parte, esta puede alcanzar a un gemido inarticulado; para con Dios, esta se eleva a la altura de la propia intercesión del Espíritu.

 

         La aceptación de esto en nuestras oraciones es muy estimulante. Aquí encontramos al Espíritu Santo morando en nosotros, identificándose Él mismo, en gracia, en tierna compasión con nuestra debilidad, con nuestras flaquezas. La iglesia que Cristo ha comprado con Su propia sangre, es tan preciosa que el bendito Espíritu tuvo que venir y morar allí y cuidarla. Estando aquí, Él es nuestro Paracleto (N. del T.: ayudador, abogado); es decir, el Encargado de nuestros asuntos. Él se opone a la carne en nosotros (Gálatas 5:17 - "Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis."), nos ayuda en nuestras flaquezas, condesciende a nuestra ignorancia, y penetra en nuestros sufrimientos con gemidos que no pueden explicarse con palabras (Romanos 8:26 - Versión Moderna). Nosotros no pensamos lo suficiente en la compasión del Espíritu de Dios para con nosotros. Él es ese "otro Consolador" quien, dijo el Señor, iba a reemplazarle a Él en la tierra. Jesús tomó nuestras flaquezas, y el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; Jesús se conmovió en la tumba de Lázaro, y el Espíritu intercede por los santos con gemidos que no pueden explicarse con palabras. Cuán grande debe ser el interés del Espíritu Santo en nosotros cuando Él puede venir y morar en nosotros, sin discontinuar Su estadía, aunque, desgraciadamente, ¡nuestros modos a menudo Le contristan! (Efesios 4:30 - "Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.").

 

         Una vez captada, esta verdad de la función que el Espíritu Santo asume en gracia en el tema de la oración, elimina fácilmente algunos errores populares:

 

         1.- Orar al Espíritu Santo. Si el Espíritu Santo está en nosotros, y Él mismo es el poder e inductor de nuestras oraciones, entonces es obvio que dirigir nuestras oraciones a Él es una incongruencia; es "por medio de Él" que nosotros tenemos entrada al Padre (Efesios 2:18). Ya que en cuanto a dirigirnos al Espíritu Santo, la escritura no nos da ni la enseñanza ni el precepto. Por lo tanto, himnos tales como el que comienza por: <<Ven, Espíritu Santo, Paloma celestial>>, por piadosas que sean sus intenciones, no están enmarcados en una aprehensión inteligente de la doctrina Cristiana. Cuando nos dirigimos a Dios en forma indefinida, por supuesto que las tres Personas de la Trinidad están incluidas, pero cuando nosotros oramos a las Personas en forma distintiva, solamente puede ser al Padre, o al Señor Jesucristo.

 

         2.- Formas de orar. Razonando de igual forma, las formas de orar son bastante inconsistentes con el ministerio del Espíritu Santo en la iglesia. Si Él mismo está con nosotros como inductor de nuestras oraciones, ¡cuán indigno es limitarlo a Él a ciertas formas de palabras! Supongan que el genio musical más grande del mundo viniese a vivir conmigo de tal forma que yo pudiese disfrutar sus composiciones, y yo, en lugar de escucharle, sacase una insignificante cajita musical, la cual solamente podría entretenerme con su limitada cantidad de melodías, ¿no estaría yo insultando a mi amable huésped? Admitiendo que nosotros no sabemos orar como se debe, el remedio no es que hombres sabios preparen fórmulas de oración para nosotros. Nuestro recurso es el Espíritu Santo quien nos ayuda en nuestras flaquezas, condesciende a nuestra debilidad, y hace intercesión por nosotros, con gemidos que no pueden explicarse con palabras. Cuando ese Espíritu Poderoso condesciende a emprender su función de gracia, ¡qué deshonor es para Él, qué falta de fe, sustituir Su dirección viva por una forma muerta!

 

         3.- Usando la Oración del Señor. Pero algunos piensan, <<De cualquier forma que yo pueda desconfiar de mis propias oraciones, e incluso de las que aparecen en el Libro de Oración, el cual, aunque preparado por hombres buenos, no es inspirado; con todo, en "La Oración del Señor" (Mateo 6: 9-13) que él mismo estableció -¿seguramente estamos en terreno seguro usando esa?>> Este espíritu de reverencia para con el Señor Jesús es ciertamente correcto, pero la opinión expresada es ajena al  tremendo cambio de situación, a consecuencia de la venida del Espíritu Santo, quien, habiendo descendido sobre Cristo en Su bautismo, descendió sobre la iglesia en Pentecostés, y aún está aquí. Al dar la oración de Mateo 6, el Señor estaba llevando a cabo el ministerio de 'Paracleto' (N. del T.: ayudador, abogado), el cual ahora es llevado a cabo por el Espíritu Santo. Esa oración era absolutamente perfecta para la época y circunstancias para las que fue prescrita. Esto no es igualmente aplicable a otra época y circunstancias distintas. Uno o dos puntos serán suficientes para establecer esto:

 

(1) El propio Señor declaró que, en conexión con la venida del Espíritu Santo, habría un cambio con respecto a este tema mismo de la oración. En Juan 16, Él está hablando de un día futuro, "cuando venga el Espíritu de verdad" (versículo 13), y en los versículos 23 al 26, trata con el tema de la oración en "aquel día." Él dice. "En aquel día no me preguntaréis nada. De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará.  Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido. . . . En aquel día pediréis en mi nombre." (Juan 16: 24, 26). Ahora, aquí nosotros vemos que el propio Señor estaba conduciendo a los discípulos más allá de "La Oración del Señor" -ya que en esta última Su nombre no es mencionado, y Él les dice que, en la era venidera, la oración debía ser en Su nombre.

 

(2) Otra indicación de la incongruencia de aplicar "La Oración del Señor" al tiempo presente es que su aspiración era por la venida del reino, "Venga tu reino." Esta era una apropiada esperanza Judía, adecuada para los discípulos Judíos para quienes fue ordenada la oración; pero la iglesia tiene una esperanza más temprana y resplandeciente, incluso ver y estar con el Señor mismo antes que venga el  reino (1 Tesalonicenses 4: 16-18 - "Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.")

 

         Efectivamente el Señor enseñó a los discípulos a orar, e hizo esto perfectamente. Pero Él había ahora dejado el oficio de Paracleto (N. del T.: ayudador, abogado) en la tierra al Espíritu Santo, a cuya dirección, por lo tanto, nosotros estamos encomendados. Busquemos estar "orando en el Espíritu Santo" (Judas 20) -sabiendo que el Espíritu entra, con la más plena, minuciosa compasión, en todas nuestras flaquezas, todas nuestras circunstancias; y nos dará deseos, sentimientos, y expresiones apropiadas para cada experiencia, ya sea feliz o triste, a través de las que el alma puede pasar. "La Oración del Señor" pertenece a un período pasado, antes que el Espíritu hubiese sido dado. Ahora tenemos el Espíritu Santo mismo, para inducir nuestras oraciones.

 

         La forma en que algunos Cristianos repiten "La Oración del Señor" en todas ocasiones, y algunas veces varias veces seguidas -cinco veces en una mañana en la Iglesia de Inglaterra, cuando el Servicio de Letanía y Comunión es usado- realmente parece superstición, como si hubiese algún hechizo en la mera repetición de las palabras.

 

 

5.- OPOSICIÓN Y CONFLICTO ESPIRITUALES

 

         El registro acerca de Daniel proyecta luz sobre los obstáculos, no tanto a la oración, sino como a la respuesta a la oración. ¡Cuántos devotos suplicantes están perplejos al no recibir aquello por lo que ellos oran! Bueno, nosotros encontramos que, aunque la respuesta a la oración de Daniel fue demorada, la demora no se debió a que él no había sido escuchado -"Daniel, no temas; porque desde el primer día que dispusiste tu corazón a entender y a humillarte en la presencia de tu Dios, fueron oídas tus palabras; y a causa de tus palabras yo he venido. Mas el príncipe del reino de Persia se me opuso durante veintiún días; pero he aquí Miguel, uno de los principales príncipes, vino para ayudarme. . ." (Daniel 10: 12, 13).

 

         Así, entonces, hubo impedimentos espirituales, no a la oración de Daniel, no a que se le oyese y se le concediese, sino a que la respuesta llegase a él. Aquí hay buen estímulo. Ya que nosotros somos propensos a suponer que nuestro aliento para orar se perdió si no recibimos una respuesta de inmediato. Pero el ejercicio de corazón en la oración nunca es sin fruto, aunque el resultado pueda demorar por largo tiempo. "Tus oraciones y tus limosnas han subido para memoria delante de Dios", se le dijo a Cornelio; y nosotros no sabemos por cuanto tiempo él esperó antes de que le fuera enviado Pedro con la respuesta; podrían haber sido años (Hechos 10). Como en el caso de Daniel, así en el de Cornelio, y así en el nuestro, hay un tiempo así como un modo de respuesta, que reposa en la sabiduría y la gracia de Dios. ¡Pero la obra de la incredulidad es tan sutil que los santos a menudo oran y oran fervientemente, pero no obstante, la última cosa que parece que ellos esperan es que Dios conceda sus peticiones! El viejo Zacarías había orado para poder tener un hijo; así parece de lo que leemos en Lucas 1:13 ("Pero el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan."). Él tuvo fe para orar, pero no para creer que Dios concedería su oración; ya que cuando el ángel Gabriel le dice que su oración es escuchada y que su esposa le daría a luz un hijo, en vez de regocijarse y adorar, él pregunta, "¿En qué conoceré esto?" Pero nuestro Dios es abundante en gracia; por esta incredulidad, Él castiga a Zacarías con mudez por una temporada, sin embargo, no retira la conformidad a su petición. La oración es una gran realidad, y nosotros no sabemos qué operaciones que no vemos están teniendo lugar acerca de súplicas que suponemos que no han sido tomadas en cuenta o que no han sido escuchadas; pero estemos seguros que si nosotros pedimos cualquier cosa conforme a Su voluntad, Él nos escucha. El caso de Zacarías es un ejemplo de lo que quizás ocurre a menudo -que los santos no están en su fe y esperanza a la altura de sus propias oraciones.

 

         Pero en el relato de la oración de Daniel (Daniel 10), ¡qué cortina es levantada ante cosas invisibles! Muchos suponen que todo lo que está sobre este mundo es bueno. Pero la escritura nos permite conocer que hay principados, potestades, y huestes espirituales de maldad en las regiones celestes, con las cuales, ciertamente, nosotros estamos en conflicto (Efesios 6:12). ¿Parece extraño que espíritus malignos estuviesen allí? La explicación es que ha habido pecado entre las criaturas espirituales así como en el hombre, y eso, de hecho, antes de que el hombre existiera. Ya que encontramos que habiendo sido recién introducido en la escena de la creación, él es confrontado por un enemigo insidioso ya existente -la serpiente antigua, el diablo. Sin embargo, el hombre, el ser material, no obstante haber pecado, no ha sido echado aún de la tierra, la cual es el hogar de su naturaleza; él aún es tolerado aquí, aunque en rebeldía contra Dios, y aunque él se ha levantado contra, y ha crucificado, al Hijo de Dios. Ahora el cielo es la habitación de los seres espirituales, así como la tierra lo es de los materiales; y los espíritus que han pecado aún no han sido echados del cielo, así como el hombre no lo ha sido de la tierra.{*} Así que hay seres opuestos en la esfera angélica. Uno de ellos se opuso durante veintiún días al mensajero celestial enviado a Daniel. Se nombra al que estorbaba -el príncipe del reino de Persia- mientras que Miguel, uno de los principales príncipes, es "el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo." (Daniel 12:1). Pero llegará el tiempo cuando habrá una guerra declarada en el cielo, cuyo resultado será la expulsión de Satanás de aquel lugar con sus ángeles, incluso no recibiendo entonces su condenación final, la cual es el lago de fuego, sino siendo arrojados a la tierra (Mateo 25:41; Apocalipsis 12). Fue este evento el que el Señor anticipó, y vio en visión profética, cuando Él dijo a Sus discípulos, "Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo." (Lucas 10:18). Los Setenta habían regresado de su misión con gozo, diciendo, "Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre." (Lucas 10:17); y esta expulsión de demonios de su alojamiento en la humanidad no fue sino una muestra del máximo despojo que tendrá lugar cuando Satanás y sus ángeles sean echados del cielo (Apocalipsis 12: 7-9).

 

{*} Es decir, hablando generalmente. Hay una clase de seres espirituales quienes, habiendo pecado en una forma especial de maldad, no están sueltos, sino que están en confinamiento, reservados para el juicio del gran día (Judas 6).

 

         Mientras tanto, Satanás y sus huestes, no aún en confinamiento, alborotando todavía los lugares celestiales (él es el príncipe de la potestad del aire, Efesios 2:2), están buscando incesantemente frustrar los propósitos de Dios. El hombre, rechazando todo testimonio divino, es un juguete en manos de Satanás. El creyente, no obstante, es liberado de la potestad de las tinieblas (Colosenses 1:13 - "el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo."), ya no está más bajo la autoridad de Satanás, como una vez lo estuvo; sino estando, por el contrario, asociado con Cristo, él llega a ser el objeto del antagonismo de Satanás. Los ojos del Cristiano son abiertos al asombroso hecho de que en la escena de este mundo hay una guerra contra Dios en curso; y que él está llamado a tomar parte en esta, a tomar partido. "Porque no tenemos nuestra lucha contra carne y sangre, sino contra los principados, contra las potestades, contra los gobernantes de las tinieblas de este mundo, contra las huestes espirituales de iniquidad en las regiones celestiales." (Efesios 6:12 - Versión Moderna).

 

         En esta guerra, la oración es un arma inequívoca, una parte de la armadura de Dios enumerada en Efesios 6, "orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos; y por mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio." (versículos 18 y 19). Epafras da una ilustración de la oración como siendo un modo de conflicto espiritual. El Nuevo Testamento Interlineal Griego-Español (por Francisco Lacueva - Copyright 1984 Editorial CLIE) dice, "Os saluda Epafras, . . . siempre luchando en pro de vosotros en las oraciones. . ." (Colosenses 4:12). La palabra "luchando" (en el original griego) es la misma palabra usada en Juan 18:36, donde es traducida como "pelearían"  -"mis servidores pelearían." La oración, la última pieza mencionada en la armadura, es la expresión activa del principio esencial del conflicto, a saber, la dependencia. El hombre no tiene fuerza contra Satanás, y, por naturaleza, es su esclavo servicial; y el recurso del Cristiano es asir una fuerza que es divina, la cual solamente puede enfrentar el poder de Satanás. De ahí que el tema completo de la armadura, y del conflicto del creyente, es introducido estableciendo el principio fundamental, "fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza." (Efesios 6:10). El hombre debe volver a Dios, y a la condición de dependencia de la criatura, o permanecer siendo el esclavo de Satanás. El santo debe entregarse genuinamente al Señor, consciente de su debilidad y dependencia, si ha de ser vencedor en la batalla.

 

 

6.- IMPEDIMENTOS Y AYUDAS

 

Pero aparte de la oposición a la respuesta a la oración, hay impedimentos a la oración en sí.

 

1.- Por ejemplo, hay casos en que una persona puede estar enferma de muerte y, sin embargo, en los que no se podría orar por su recuperación. El apóstol Juan dice, "Si alguno viere a su hermano cometer pecado que no sea de muerte, pedirá, y Dios le dará vida; esto es para los que cometen pecado que no sea de muerte. Hay pecado de muerte, por el cual yo no digo que se pida. Toda injusticia es pecado; pero hay pecado no de muerte." (1 Juan 3: 16, 17). Sobre esto, la primera cosa que muchos preguntarán será: ¿Qué es ese tremendo pecado por el cual no se puede orar? Bueno, en el texto no se define. El mismo hecho puede ser mil veces más culpable en una persona que en otra; y  bajo un cierto tipo de circunstancias más que en circunstancias de un carácter diferente. Ananías y Safira dijeron una mentira; pero ellos lo hicieron frente a tal presencia viva del Espíritu Santo, tal luz y poder y gracia, que su mentira llegó a ser un "pecado de muerte": esta adquirió una enormidad peculiar a partir de las circunstancias especiales en que el pecado fue cometido. De modo que la Escritura no define lo que puede o puede no ser un "pecado de muerte."

 

         Hay, sin embargo, un principio esencial que requiere ser visto, para el entendimiento de este y varios otros pasajes similares en la Escritura. Ese principio es, que el Señor está juzgando ahora en medio de Sus santos; y en la prosecución de ese juicio inflige castigo -una forma principal del cual es la enfermedad, e incluso la muerte. La Escritura proporciona una clara ilustración de esto en el caso de los Corintios. No solamente había vicio moral y pecado repugnantes entre ellos, sino que estaban profanando la Cena del Señor, tratándola como una fiesta mundana; y algunos incluso se emborrachaban al participar en ella. El apóstol, acerca de esto, les dice que los que estaban haciendo eso estaban comiendo y bebiendo juicio para sí mismos, añadiendo, "Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen. . . . mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo." (1 Corintios 11: 30, 32). Esto muestra que la enfermedad entre el pueblo de Dios ocupa un lugar especial. Ella puede ser a causa de pecado, y se le confiere así una significación peculiar. La profunda importancia moral de la enfermedad en la iglesia es, y esto es de temer, tomada muy poco en cuenta, y aún menos se piensa en ella. Así, la enfermedad le ocurre a un Cristiano, y de inmediato se asume como un simple evento natural; o, un cristiano muere -cortado en la mitad de su vida, en la plenitud de su obra, la cual es dejada sin terminar a su alrededor. Ahora, es una reflexión muy solemne que ambos eventos pueden ser la mano directa del Señor en juicio. No obstante, si los cristianos no son espirituales, ellos no contemplan de forma espiritual tales acontecimientos. Tales eventos estaban ocurriendo todos los días en Corinto, y su significado espiritual fue, probablemente, muy desapercibido, ya que los santos estaban lejos de ser espirituales, tal como Pablo dice, "De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales." (1 Corintios 3:1). Pero cuando Dios se está moviendo de esa manera en juicio solemne, 'orar para que esas almas puedan vivir, sería falta de comunión.' Uno guiado por el Espíritu seguramente estaría con Dios en la necesaria, si bien solemne, afirmación de Su santidad entre Su pueblo. El lenguaje de Juan, no obstante, no es absoluto; él no prohíbe totalmente la oración, sino que -aunque significativamente- dice, "por el cual yo no digo que se pida."

 

         La Epístola de Santiago también trata la enfermedad como estando conectada con el pecado; pero, en casos en los que hay fe para pedir por ello, dice, "la oración de fe salvará al enfermo." "¿Está alguno enfermo entre vosotros? mande llamar a los ancianos de la iglesia, y oren ellos sobre él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor; y la oración de fe sanará al enfermo, y el Señor le levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados." (Santiago 5: 14, 15 - Versión Moderna). El ungimiento con aceite es aquí, por supuesto, de carácter Judío, de forma consistente con el alcance general de la Epístola, la cual no es dirigida a la iglesia, sino a las doce tribus de Israel (Santiago 1:1).

 

         Entonces estas tres escrituras (1 Juan 5, 1 Corintios 11, Santiago 5), enseñan de forma distintiva que la enfermedad entre cristianos puede ser una imposición debida al pecado. Si esto fuese más reconocido habría más ejercicio de alma en cuanto al propósito de los tratos de Dios para con nosotros, y el resultado sería una creciente bendición.

 

         Habría que aclarar un punto antes de dejar el texto en Juan 5. Cuando el apóstol dice, "Hay pecado de muerte", la muerte a la cual se refiere no es la eterna separación de Dios, sino la muerte temporal del cuerpo, la cual inflige el Señor a los Suyos como castigo. Esto queda claro de lo que está escrito en 1 Corintios 11:32, donde Pablo dice, "cuando somos juzgados, castigados somos por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo." El pueblo de Dios es juzgado ahora; el mundo será juzgado más adelante. Contrasten el caso de Ananías y Safira ya referido, con el de Simón en el capítulo ocho de los Hechos. En ambos casos los involucrados pecaron, y pecaron profundamente. Ananías y Safira fueron juzgados con la muerte. Pero Simón percibió que estaba "en hiel de amargura y en prisión de maldad"; esto es, realmente un hombre no transformado, sosteniéndose en su creencia nominal y su bautismo. Él es dejado para ser juzgado con el mundo; mientras que en el caso de Ananías y su mujer, tremendo como fue su juicio, no fue sino un juicio temporal, y no hay razón para inferir que sus espíritus no serán salvos en el día del Señor Jesús (1 Corintios 5:5 - "el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús.")

 

         No hay que suponer, sin embargo, que la enfermedad o, en efecto, otras aflicciones, son siempre castigos. El pámpano que lleva fruto es limpiado para que pueda llevar más fruto (Juan 15). Y en el caso de Job, la gran equivocación de los amigos de Job fue suponer que, debido a sus terribles aflicciones, él debió haber cometido algunos pecados graves. Dios permitió que Job fuese afligido con males dolorosos y humillantes para su bendición final, y Él lo hace así con muchos santos en el presente. Él puede enviar enfermedad, pérdida de seres queridos, contratiempos, para quebrantar la carne, para alejarnos del mundo, para producir el quebrantamiento de nuestras voluntades, y producir espiritualidad, o para advertir al creyente dónde está la falta de cuidado al caminar, o un incipiente alejamiento del Señor.

 

2.- Las oraciones del esposo y esposa pueden ser estorbadas, como se enseña en 1 Pedro 3:7, que debería leerse así, "Vosotros maridos, semejantemente, habitad con ellas según ciencia, dando honor á la mujer como á vaso más frágil, y como á herederas juntamente de la gracia de la vida; para que vuestras oraciones no sean impedidas." (RVA). Si el esposo no honra a la esposa como a una coheredera de la vida eterna, la comunión en la oración es impedida y el efecto de la oración unida se pierde.

 

3.- Santiago da varios impedimentos morales para la oración. En primer lugar, hay "doble ánimo"; no hay un real fervor piadoso o una claridad en el propósito. "No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor." (Santiago 1: 5-8). En segundo lugar, pedir mal. "Pedís y no recibís, porque pedís con mala intención, para gastar en vuestros placeres." (Santiago 4:3 - Versión Moderna). La palabra "placeres" que aparece en la Versión Moderna y en La Biblia de las Américas, es correcta. No es "deleites", sino "placeres" -y estos, no necesariamente malos placeres. Lo que se contempla aquí es la satisfacción propia, el mero deseo de la mente natural; no siendo considerados en absoluto, ni la gloria de Dios, ni nuestro propio provecho espiritual; y el pueblo de Dios (ver los versículos subsiguientes), viviendo en amistad con el mundo, lo cual es, espiritualmente hablando, adulterio.

         La relación, no obstante, de la condición moral de los suplicantes con la oración exitosa, puede ser apropiadamente contemplada más adelante cuando consideremos las "Promesas para la oración."

 

         Ayudas para la oración.- En conexión con la oposición y los impedimentos, tomemos nota de una gran y substancial ayuda para la oración, a saber, la acción de gracias -"en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer vuestras peticiones delante de Dios" (Filipenses 4:6 - LBLA). "Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias" (Colosenses 4:2). Probablemente la ventaja de la acción de gracias como una ayuda para el alma no es vista plenamente. !Cuán a menudo, cuando el pozo de la oración parece estar seco, la acción de gracias hará que el arroyo fluya! El recuerdo de misericordias y bendiciones recibidas, refresca el alma; genera la conciencia de que estamos en comunión con un Dios dador; e imparte un nuevo coraje para acercarse a Él con nuestras peticiones. ¡Cuántas respuestas son recibidas para oraciones pasadas, que no son reconocidas como respuestas, debido a que, en el entretanto, las propias oraciones que fueron hechas, son olvidadas! Así se pierde para el alma la oportunidad de alabar y dar gracias; una pérdida de un ejercicio feliz y provechoso: pero además, es un fracaso en lo que se hace hacia Dios. ¿Es algo apropiado recibir un regalo y no dar gracias? Entre hombre y hombre esto constituye una falta de modales; y al leer el caso de los diez leprosos (Lucas 17: 11-19) vemos que es cierto que Dios presta atención a una falta tal. Sólo uno de los diez que habían sido limpiados volvió a dar gracias y, ¡cuán conmovedor es el comentario del Señor! "¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están? ¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero?" Dios espera nuestra gratitud, y esta no sólo en el corazón, sino en la expresión positiva de ella; una expresión también, no meramente en una forma general, sino concreta en cuanto a casos concretos. "Suave y hermosa es la alabanza." (Salmo 147:1). Un alma agradecida es un alma feliz. Nosotros nunca podemos entrar en circunstancias dónde no tengamos motivos para dar gracias, y la acción de gracias conduce, de forma natural, a la oración.

 

         Otra ayuda y estímulo para la oración es la lectura privada -leer la palabra de Dios misma, y el valioso ministerio escrito que en el presente día Él ha proporcionado a Sus hijos tan abundantemente como para que esté al alcance de todos. Una lectura tal, en el espíritu apropiado, genera oración. Ella despierta el sentido de necesidad, alienta la confianza hacia Dios, al conducirnos a orar, recibiendo bendición como consecuencia. En la palabra, Dios nos habla; en la oración, nosotros le hablamos a Él -en ambas juntas, el círculo de comunión con Dios queda completado. Ninguna podrá estar sin la otra. El cristiano que ora sin leer la palabra tiende a convertirse en un místico. Aquel que lee mucho sin la correspondiente medida de oración, logrará que su cabeza se llene de conocimiento estéril, pero su alma se marchitará.

 

 

7.- PROMESAS PARA LA ORACIÓN

 

Las promesas para la oración, de las cuales las siguientes son algunas de las más prominentes, son, en general, dependientes de condiciones específicas:-

 

(1) "Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis." (Mateo 21:22)

 

(2) "Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho." (Juan 15:7).

 

(3) "Amados, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios; y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas

que son agradables delante de él." (1 Juan 3: 21, 22).

 

(4) "Si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho." (1 Juan 5: 14, 15).

 

(5) "Si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos." (Mateo 18: 19, 20).

 

(6) "¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados." (Santiago 5: 14, 15).

 

(7) "De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará." (Juan 14: 12, 13, 14; 15:16; 16:23).

        

1.- "Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis." (Mateo 21:22)

La condición unida a la primera de las precedentes promesas es creer. Se dirá que creer, o la fe, es necesaria para toda oración. Aunque esto es verdad, la Escritura reconoce una fe específica acerca de una cosa específica. Así, uno de los sujetos del milagro tenía fe para ser sanado (Hechos 14:9 - "Este oyó hablar a Pablo, el cual, fijando en él sus ojos, y viendo que tenía fe para ser sanado. . ."); y está expresamente enseñado en 1 Corintios 12:9, que hay un don específico de fe que algunos tenían, y algunos no tenían -un don al que se alude en el capítulo 13 donde Pablo corrige la tendencia a gloriarse en los dones. "Y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy." (1 Corintios 13:2). Es quizás a este carácter especial de la fe que el Señor se refiere cuando Él dice, "Todo cuanto pidiereis en la oración, creed que lo recibisteis ya; y lo tendréis." (Marcos 11:24 - Versión Moderna). Lo que se quiere significar aquí es la fe genuina, divinamente otorgada, no la fe mística o fantasiosa. Probablemente muchos han experimentado sobre esta promesa, sólo para ser decepcionados. Se dice que Mahoma, mandó audazmente a una montaña que viniese a él, y cuando su locura quedó de manifiesto a todos, trató de evadir la humillación diciendo, <<Si la montaña no viene a Mahoma, Mahoma irá a la montaña>>. Pero las promesas de Dios, y el poder de Su Espíritu, no son concedidos para ser sujetos a curiosos experimentos, o como medios de favorecer fines privados.

 

         Además, la aplicación de algunas de las promesas en el Evangelio era principalmente para los apóstoles, por más que el principio de ellas puedan extenderse al más humilde de los discípulos. Tomen, por ejemplo, la promesa que estamos considerando. Esta, así como el pasaje paralelo en Marcos 11, está puesta en relación con el incidente de la higuera estéril. La higuera era un tipo de Israel, a quién el Señor había venido buscando fruto, pero no encontrando ninguno. Él declaró que jamás iba a brotar fruto de ella. Ese es un retrato de Israel según la carne, produciendo solamente las hojas de la profesión religiosa. Cualquier producción de fruto debe proceder del Único que está vivo -"procedente de mí es hallado tu fruto." (Oseas 14:8 - Versión Moderna). En conexión con esto, el Señor dice, "De cierto os digo, que si tuviereis fe, y no dudareis, no sólo haréis esto de la higuera, sino que si a este monte dijereis: Quítate y échate en el mar, será hecho. Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis." (Mateo 21: 21, 22). Entonces, como la higuera simbolizaba a Israel en el carácter de llevador de fruto, así el "monte" aquí representa a Israel como sistema político, y conforme a la fe de los apóstoles, Israel ha sido echado en el mar de las naciones, y está políticamente perdido. Con todo, la promesa en toda su plenitud está allí, para que la fe actúe sobre la base de ella. Es una gran promesa, y su único límite es la realidad de la fe que la usa. Si Dios da la fe, Él ciertamente dará aquello hacia lo cual la fe se extiende.

        

2.- "Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho." (Juan 15:7).

 

La siguiente promesa, Juan 15:7, es igualmente grande, y probablemente también está destinada principalmente a los apóstoles -aunque el principio general puede ser aplicable a todos. Pero la limitación es una de tipo moral. Incluso los apóstoles, a quién se les confió la imponente obra de inaugurar la Cristiandad, no podían ejercitar su gran poder como un mero poder -es decir, separado del principio y propósito moral. Pablo, por ejemplo, con todo su poderoso poder para sanar, dice, "a Trófimo dejé en Mileto enfermo." (1 Timoteo 4:20). Dios tenía Su propio propósito en la aflicción de Trófimo, un propósito que podría haber sido estropeado por la interposición no requerida de un milagro. Y de parte de Pablo, sus poderes de milagros no se le habían dado para ser usados al azar, o a su propia voluntad, sino en el servicio de su Maestro. Así también con la iglesia en Corinto. A ellos no les faltaba ningún don espiritual; tenían milagros y dones de sanidad; con todo, bajo la mano castigadora de Dios -con la que no se debe interferir- muchos estaban enfermos y muchos murieron (1 Corintios 1:7; 11: 30-32; 12:28). Es, en realidad, el mismo principio de aquel ya mencionado bajó el subtítulo de "Impedimentos. . .",  que puede, en algunos casos, restringir las oraciones para la recuperación del enfermo. Una persona no espiritual influenciada por una compasión ciega podría orar para su recuperación, mientras que uno que está más en el secreto de la comunión con Dios, discerniría que una petición tal no será conforme a la mente del Espíritu. Así también, el gran poder de la oración en nuestro texto, "pedid todo lo que queréis, y os será hecho", es guardado por las condiciones morales, "Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros", condiciones que no sólo envuelven piedad, sino espiritualidad. Si las palabras de Cristo moran en uno, ellas forman el corazón y la mente. Ellas sugieren los motivos, gobiernan la conciencia, y en esta feliz condición del alma, sus peticiones fluyen de forma natural en la línea de Su mente revelada. Sus instintos son correctos, sus deseos son conforme a Su voluntad, conforme a Sus "palabras".

 

         3.- "Si nuestro corazón nos reprende, mayor que nuestro corazón es Dios, y él sabe todas las cosas. Amados, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios; y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él." (1 Juan 3: 20-22).

 

Aquí hay condiciones de gran importancia -una conducta práctica que agrada a Dios, y un corazón que no reprende- una buena conciencia. Estas son imperiosas para relacionarse con un Dios santo. Deidades falsas, imaginarias, pueden aceptar un compromiso, tal como una penitencia o presentes. Dios debe tener el mal juzgado en aquellos que se acercan a Él. Es lo mismo con la oración que con la adoración; no puede haber ninguna de las dos cuando hay contaminación. "La santidad conviene a tu casa", es un principio permanente (Salmos 93:5). Y otra vez, "Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, El Señor no me habría escuchado." (Salmos 66:18). Pero cuán bendecido es el hecho de que Dios ha suministrado para todas las exigencias de Su pueblo en una escena contaminada; y de ahí que esté ordenado que, "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad." (1 Juan 1:9). Cuando hay una forma tan sencilla de descargo, ¿por qué habría de caminar alguien con una conciencia agobiada? Hacemos una confesión recta y honesta, y no solamente somos perdonados, sino limpiados. Como Eliú dice del alma que ha sido llevada al juicio moral de sí misma, "Orará a Dios, y éste le amará, Y verá su faz con júbilo . . . Su carne será más tierna que la del niño, Volverá a los días de su juventud. " (Job 33: 26 y 25). La importancia de esta buena conciencia en conexión con la oración es mostrada por el hecho de que la Escritura la une con la solicitud de oraciones de otros -"Orad por nosotros; pues confiamos en que tenemos buena conciencia, deseando conducirnos bien en todo." (Hebreos 13:18). "La oración de los rectos es", verdaderamente, "su deleite." (Proverbios 15:8 - Versión Moderna); y es la oración "del justo" (en Santiago 5:16) de la que se dice que tiene mucho poder.

 

         Nuestro texto, no obstante, aunque es equivalente a una promesa, no es exactamente así en la forma. Es más bien una declaración positiva de que, dadas ciertas condiciones, nosotros recibimos cualquiera cosa que pedimos, y las condiciones muestran muy claramente que el éxito en la oración depende de una vida piadosa, de un corazón que no nos reprende como estado interior, y de obediencia ("guardamos sus mandamientos" - 1 Juan 3:22) como una manifestación externa y prueba de ese  estado.

 

         Pero en los versículos precedentes, hay interesantes puntos a ser notados -"Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad. Y en esto conocemos que somos de la verdad, y aseguraremos nuestros corazones delante de él." (1 Juan 3: 18, 19). En primer lugar, "que somos de la verdad" en el versículo 19, no significa 'sabiendo que somos Cristianos' -significado que se ha tomado como siendo el sentido de la frase; ya que las personas a las que va dirigida, se les escribe porque ellos eran Cristianos; porque ellos conocían al Padre; porque sus pecados fueron perdonados por Su nombre (1 Juan 2: 12, 13). Pero, siendo exhortados a no amar "de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad", el apóstol agrega, "Y en esto conocemos que somos de la verdad." Es decir, de que realmente estamos caminando en la verdad; de que estamos poseídos por ella, de que somos "de la verdad." Amar de hecho y amar en la verdad, nos da esta conciencia y seguridad de corazón delante de Dios. Nosotros no podemos gozar de ella de otra forma. Si hay asuntos entre nosotros y Dios, es inútil ignorarlos. Mayor que nuestro corazón es Dios, y él sabe todas las cosas. Si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios; y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él. No es un asunto de ser, o no ser, hijos de Dios; es un asunto de hijos estando en relaciones de feliz confianza con su Padre. Si yo debo a un hombre una suma de dinero que debería haber pagado, tendría reserva de encontrarme con él, pero si no hay nada entre nosotros, y creo en su generosidad, yo puedo ir a él confiadamente con una petición. ¡Qué condición hermosa y feliz para el alma es estar así con Dios! Este pasaje es de uno de peso para la conciencia del creyente, pero mucho se ha perdido de vista su uso a causa de la mala aplicación recién mencionada. La prueba no es en cuanto a si somos hijos de Dios o no. Es una prueba para que los santos se dediquen a su real condición de alma. ¿Estamos nosotros de esta manera delante de nuestro Dios -que con un corazón que no nos reprende, estamos en comunión con Él, y, de hecho, recibiendo habitualmente Sus respuestas a nuestras oraciones?

 

         En segundo lugar, el apóstol dice, "no amemos de palabra ni de lengua." Esto parece ser una  tautología (N del T.: Repetición de un mismo pensamiento expresado de distintas maneras). El término griego "logos", traducido aquí como "palabra", es de una significación mucho más amplia que nuestra traducción "palabra". En Español "no amemos de palabra ni de lengua" ciertamente es una repetición. Pero la palabra "logos" significa, en Griego, no meramente la palabra por medio de la cual el pensamiento es expresado, sino el pensamiento mismo. Así que el énfasis de lo que el apóstol dice es, que nosotros no debemos amar en teoría (o pensamiento), tampoco con el simple lenguaje ("de lengua"), sino que de hecho y en verdad.

 

         Porque hay un estado pietista*, que en ninguna forma es algo raro, el cual se goza con las emociones y los pensamientos, la verdad intelectual produce deleite, pero sin fruto. El amor, como una teoría, es considerado muy hermoso -pero no es practicado. El corazón se engaña a sí mismo. Esto es amar meramente en pensamiento. El texto en consideración es lo opuesto a 1 Corintios 13. Allí, Pablo trata de las obras sin amor; aquí es, por decirlo así, amor sin obras, es decir, mero sentimentalismo. Pero nuestro pasaje quebranta ambos errores: no sólo condena el amor sin hechos, sino también a los hechos sin amor. El amor requiere hechos, pero los hechos deben ser a partir del amor; es decir, no en teoría, no al hablar, sino en hechos y en verdad. Nuestro Dios es amor, y solamente eso Le satisfará en Sus hijos -el amor "de hecho y en verdad." ¡Cuán penetrante es la palabra de Dios, exponiendo cada modo en que el corazón se engañaría a sí mismo o engañaría a otros! Es más cortante que toda espada de dos filos; discerniendo los pensamientos y las intenciones del corazón. Muchos, al leer estos versículos, han supuesto que el lenguaje era una mera repetición; el hecho de que no es así, sólo muestra la sabiduría que subyace en toda palabra de la inspiración.

 

(*Pietismo: Movimiento religioso protestante iniciado en Alemania en el siglo XVII, principalmente por Philipp Jakob Spener, como reacción evangélica contra el intelectualismo y el formalismo dominantes en las Iglesias luterana y calvinista.}

 

         4.- "Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho." (1 Juan 5: 14, 15).

 

         Nosotros ya hemos visto que el poder formativo en el corazón, de las palabras de Cristo morando allí, y un corazón justo confiando en Dios y que no nos reprende, son las condiciones de una oración exitosa. En los presentes versículos, todo esto es asumido. Se da por supuesto que estamos pidiendo conforme a Su voluntad, y lo que tenemos aquí es que, pidiendo así, Dios siempre nos oye.  <<Él no es como el hombre, a menudo tan ocupado que no puede oír, o tan despreocupado que no oirá.>>* Es una cosa preciosa y maravillosa para la criatura, para el hombre, a pesar de la caída, ser restaurado de tal forma a la armonía moral con Dios como para poder, bajo la guía del Espíritu, pedir conforme a Su voluntad omnisciente. Nosotros no leemos que los ángeles tienen este privilegio. Ellos, en efecto, ejecutan "su palabra, obedeciendo a la voz de su precepto" (Salmo 103:20), pero la intimidad con Dios que la oración proporciona es, aparentemente, conferida sólo al hombre. Sin duda que este otorgamiento es una prueba del deseo de Dios de que el hombre pueda gozar de comunión con Él. ¿valoramos nosotros este privilegio como debiéramos?

 

{* John Nelson Darby, Sinopsis de los Libros de la Biblia, volumen 5, sobre 1 Juan 5.}

 

         Pero nuestros espíritus no siempre están en este nivel, y ya hemos visto que Romanos 8: 26-28 reconoce esta situación. Qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos; pero el Espíritu ayuda nuestra flaqueza. Y Aquél que escudriña nuestros corazones sabe ocuparse de todo lo que es de Su propio Espíritu en aquellos corazones. En cuanto al resultado, "sabemos" que todas las cosas ayudan a bien a los que aman a Dios. Y esto da paz, ya sea que nuestras peticiones sean respondidas o no. Así que no debemos restringir la oración debido a que no estamos en un alto nivel de comunión. Al contrario, es nuestro privilegio -en todo- que nuestras peticiones sean conocidas delante de Dios (Filipenses 4:6). Un instructivo ejemplo de esto es la oración de Pablo acerca del aguijón en la carne (2 Corintios 12: 8, 9 - "respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo."). Él rogó tres veces al Señor para que lo sacase. Pero su oración no fue hecha en la inteligencia de la mente de Dios, quien tenía una cosa mejor preparada para Pablo, la cual Pablo habría perdido si se hubiese otorgado su petición. El creyente puede, en realidad, como un castigo, recibir aquello por lo cual clama en insumisión, pero el resultado no será felicidad, como leemos, "Y él les dio lo que pidieron; Mas envió mortandad sobre ellos." (Salmo 106:15). Presentar nuestras peticiones con sumisión es, no obstante, siempre nuestro privilegio. El ejemplo de Pablo muestra esto. Él suplicó al Señor por su deseo no solo una, sino tres veces. Como resultado, tal sumisión fue elaborada en su alma que, en última instancia, él se complació en las mismas flaquezas por las cuales él había implorado que le fueran quitadas. Un corazón descontento y no sometido puede reprochar a Dios por no responder sus oraciones; pero en la retrospectiva de la eternidad, cuánta causa para alabar se podría descubrir en las peticiones que nuestro Dios de gracia rehúsa conceder.

 

         Lejos de restringir la oración, nosotros necesitamos realmente más franqueza con Dios. La Escritura autoriza esto ampliamente, y es ilustrado por el caso del buen Ananías (Hechos 9: 10-17). El Señor lo envía a recibir a Saulo de Tarso después de su conversión. Pero Ananías tiene una dificultad en su mente, y con hermosa sencillez y reverencia, él la expone delante del Señor, "Entonces Ananías respondió: Señor, he oído de muchos acerca de este hombre, cuántos males ha hecho a tus santos en Jerusalén; y aun aquí tiene autoridad de los principales sacerdotes para prender a todos los que invocan tu nombre. El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel. . . . Fue entonces Ananías. . ." Se observará que el Señor, no desaprueba en lo más mínimo a Ananías; y el incidente registrado de esta forma seguramente nos estimula a decir al Señor, con intimidad reverencial, acerca de todas nuestras dificultades. Verdaderamente este episodio, y el de Pablo en 2 Corintios 12, al que previamente nos referimos, son notablemente similares como precedentes para la libertad, aunque reverente, de comunión; y sobre todo de perfecta sumisión. Los dos ejemplos son extraordinariamente parecidos en tono y en espíritu.

 

         En Filipenses nosotros somos autorizados a traer todas nuestras peticiones delante de Dios. "Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús." (Filipenses 4: 6, 7). Pero, es de notar aquí que la promesa no es, como en 1 Juan 3:22, que nosotros recibimos cualquiera cosa que pedimos. Sino que, habiendo presentado nuestras peticiones con sumisión delante de Él, el efecto inmediato es Su paz guardando nuestros corazones y nuestros pensamientos. En cuanto a las peticiones, si Él no las concede, es debido a que Él tiene algo mejor para nosotros. Sus hijos no debieran desear lo que es contrario a Su voluntad. Pero hay un ejemplo más alto que Pablo -lo tenemos con Cristo en Getsemaní. No en efecto, como tan a menudo lo es en nuestro propio caso, de oración por debajo del nivel más elevado -porque incluso en esa hora oscura Su comunión era perfecta- sino aquí, como Hombre, él derrama los incomparables ejercicios de Si corazón delante de Dios, mencionando algo que Él desearía tan solo si hubiese sido compatible con la voluntad divina. Difundiendo en oración la agonía de Su alma, Él exclama, "Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú." (Mateo 26:39). Aquí está la perfección -igualmente en Su comunión como un Hombre con el Padre acerca de la horrenda expectativa delante de Él, y también, a pesar de la expectativa, en la absoluta entrega de Él mismo a la voluntad del Padre, al propósito del Padre. ¡Sí!, necesitamos más franqueza y confianza en nuestra comunión con Dios. "Oh pueblos; Derramad delante de él vuestro corazón; Dios es nuestro refugio." (Salmo 62:8).

 

         5.- "Si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos." (Mateo 18: 19, 20).

 

         La promesa en Mateo 18:19 es peculiar -es para la oración unida. La esencia de esta promesa yace en la asegurada presencia del propio Señor con sólo dos reunidos en Su nombre. El Padre promete acceder a lo acordado en oración por una reunión tal. Pero nosotros ya hemos contemplado esto en páginas previas. Las promesas en Juan 14 y 16, son para oraciones en el nombre de Cristo, y pueden ser realizadas por el individuo en la privacidad de su habitación. La promesa aquí, no obstante, es para la concurrencia que ora de incluso solamente dos congregados en Su nombre.

 

         6.- "¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados." (Santiago 5: 14, 15).

 

         La oración en Santiago presenta características muy interesantes. En primer lugar, está el estímulo a orar que el Espíritu Santo dirige a nuestros corazones recordándonos que Elías, quien obró tan maravillosamente, era un hombre con debilidades como las nuestras; como para decir, <<Allí hay un ejemplo para ti; !mira las posibilidades que hay para ti!>>

 

En segundo lugar, Santiago, por medio del Espíritu Santo, hace una relación positiva de hechos en la historia de Elías, que nosotros no habríamos conocido de otra manera. Los Libros Históricos nos entregan los hechos externos de Elías; Santiago revela el proceso que los produjo. Elías nos es presentado por primera vez en 1 Reyes 17:1, donde se abre el gran drama de sus hazañas con la simple declaración de que él "dijo a Acab", "Vive Jehová Dios de Israel, en cuya presencia estoy, que no habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra." Esta es la primera mención de Elías. Nada se dice de él salvo que era un tisbita de Galaad. La historia no nos dice quién era él; o cómo llegó a suceder que esta persona sin una autoridad oficial -sin locus standi*- se introdujese ante la presencia del rey, e hiciese un anuncio tan terrible. Pero hay un gran principio subyacente. Este es que, cuando la representación oficial de Dios es falsa, el Espíritu de Dios levantará un testigo externo. Esto es siempre así. "Cuando viniere el adversario, cual avenida de aguas, el Espíritu de Jehová alzará bandera contra él." (Isaías 59:19 - Versión Moderna). Y no hay nada en lo cual la soberanía de Dios se muestra más que en los instrumentos que Él escoge. Cuando se apostata del gobierno civil, y ochocientos profetas falsos vociferan en el país, Él actuará por medio de quien Él desee. Ahora Santiago revela el secreto de la sorpresiva acción de Elías. Ese secreto era la comunión con Dios. "Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses. Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto." (Santiago 5: 17, 18).

 

{*N. del T.: -Es un término judicial que significa: Derecho de acceso del particular ante órganos jurisdiccionales.}

 

         De esta forma, el Antiguo Testamento nos entrega la magnífica acción pública y Santiago nos entrega la oración sobre la cual se basó esa acción. Este trato secreto de Dios con Sus siervos es Su modo constante. David mata al león y al oso, experimentando el poder de Dios donde nadie le ve, antes de empuñar el arma de la fe delante de los ejércitos de Israel. Moisés, un hombre erudito, tuvo que pasar, con toda esa cantidad de conocimiento, cuarenta años cuidando un rebaño en el desierto, antes de ser usado para enfrentar a Faraón y liberar a Israel. Y los procedimientos de Elías, que se leen como   hechos intrépidos de un héroe, son mostrados como siendo el producto de la oración; y cuando después su comunión decae en su nivel, se descubre que él es un hombre con pasiones semejantes a las nuestras, ya que el profeta que pudo confrontar intrépidamente la majestad del rey, huye para salvar su vida ante la amenaza de la esposa del rey. Esto muestra que nosotros podemos actuar para Dios únicamente cuando estamos sostenidos por Él. "Separados de mí nada podéis hacer." (Juan 15:5).

 

         En tercer lugar: El ejemplo de Elías es dado por Santiago tanto como una ilustración así como  una prueba de un principio general, a saber, que "La oración eficaz del justo puede mucho." (Santiago 5:16). Pero se admite que esta traducción es insatisfactoria. Que una oración que es "eficaz" pueda mucho, es un truismo. Si es "eficaz" quiere decir que es completamente útil, y es una incongruencia decir que "puede mucho" cuando ya se admitió que es perfectamente útil. La traducción al Inglés del Sr. Darby nos entrega, "La súplica ferviente (u, operante) de un hombre justo tiene mucho poder" (lit. [The] fervent supplication of the righteous [man] has much power.), lo cual es más cercano al original que la Versión Autorizada o la Versión Revisada (N. del T.: se refiere a versiones de la Biblia en idioma Inglés.) Probablemente los puntos esenciales de la Escritura son:

 

(a) Que el suplicante es un hombre justo;

 

(b) que su oración es enérgica; no una oración carente de energía, apática, hecha en forma indolente, sino la oración de uno que la toma en serio -como Pablo habló de él mismo una vez como estando  "orando de noche y de día con gran insistencia," etc. (1 Tesalonicenses 3:10); o, como Jacob en otra ocasión, "No te soltaré hasta que me hayas bendecido." (Génesis 32:26 - Versión Moderna).

 

(c) Que la oración de este carácter tiene verdaderamente "mucho poder". Esta es la moraleja que el apóstol Santiago quiere enfatizar.

 

         En cuarto lugar: La oración en conexión con la enfermedad. Ha surgido y ha provocado mucho ruido entre nosotros un sistema que toma el nombre de "Sanación por fe." Este sistema, basado ostensiblemente en Santiago 5, es nada menos que una pretensión de poderes milagrosos. Los escritos públicos sobre el tema incluyen grave falsa doctrina, que no será examinada aquí.

         Pero una breve indicación de la significación real de la escritura en cuestión quizás puede ser de provecho. El pasaje es como sigue: -"¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados. Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho." (Santiago 5: 14-16).

 

         Ahora, tenemos al comienzo de estos versículos una nota determinante que restringe la aplicación del pasaje más allá de un cierto límite; la aplicación es expresamente a los enfermos "entre vosotros", es decir, la asamblea del pueblo de Dios. Esta escritura, por consiguiente, no proporciona ninguna garantía para un sistema popular de curaciones semi-milagrosas administradas para todo el mundo. La enfermedad entre el pueblo de Dios está en un terreno especial. Algunas veces es a causa del pecado, como hemos visto; y este pasaje en Santiago reconoce que la enfermedad acerca de la cual los ancianos fueron llamados podría ser de esa clase, ya que dice, "si hubiere cometido pecados, le serán perdonados." No que esto sea siempre así; pero de ser así, sus pecados le serán perdonados.

 

         Reitero, lejos de ser un proclamado sistema público de sanación, este era esencialmente privado. El enfermo debía llamar a los ancianos de la iglesia, y ellos debían orar por él.

 

         Además, podía o no podía ser que el propio paciente tuviese fe para ser sanado. Los sanadores de fe requieren obligatoriamente tal fe; La Escritura no lo hace. La oración de la cual se habla en Santiago es la oración de los ancianos, y con referencia a esto, se dice, "la oración de fe salvará al enfermo." Se puede suponer fácilmente que el propio enfermo se uniría a la oración, y esto, con mayor o menor seguridad de fe -pero era "la oración de fe" la que traía eficacia.

 

         Finalmente, nada puede estar más fuera del alcance del pasaje en Santiago que la noción popular de la sanación por fe. El caso contemplado en Santiago es claramente uno de una naturaleza muy seria, en el que la muerte es inminente; y así también en 1 Juan 5. La idea de que la escritura sea usada como un substituto de las medicinas que Dios ha proporcionado en la naturaleza no sólo no tiene garantía, sino que es contrario al principio escritural y apostólico de usar remedios para las dolencias (ver ambos 2 Reyes 20 y 1 Timoteo 5:23). Esto es medicina alternativa teológica.

 

         7.- "De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará." (Juan 14: 12, 13, 14; 15:16; 16:23).

 

         La oración en el nombre de Cristo es un tema tan extenso que se tratará de ella en un capítulo aparte -y a continuación.

 

 

8.- LA ORACIÓN EN EL NOMBRE DE CRISTO

 

         "En aquel día no me preguntaréis nada. De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido. . . En aquel día pediréis en mi nombre; y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os ama, porque vosotros me habéis amado, y habéis creído que yo salí de Dios." (Juan 16: 23-27).

 

¿Ha notado el lector alguna vez de qué forma un conocimiento literal de la Escritura puede algunas veces obstaculizar su entendimiento espiritual? Quizás esto es así con la expresión, "en mi nombre" -tan familiar como frase, y con todo, tan ligeramente comprendido su poder. El hecho es que la oración en el nombre del Señor Jesús es una de las prerrogativas especiales de la presente época de la gracia. El Señor indica esto por Su declaración, "Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre," y demarca así nuestra posición en cuanto a la oración, de la del pueblo de Dios en el pasado. Ya sea Abraham en Génesis 18, o Salomón, en la dedicación del templo, Daniel en Babilonia, o Ezequías (2 Reyes 19:15) -cada uno se dirigió a Dios apropiadamente conforme al carácter, o a la relación, en la que Él fue  conocido. Pero, en ese entonces, la revelación de la naturaleza divina era sólo parcial. Jesús, sin embargo, reveló al Padre -aunque hasta la venida del Espíritu Santo, la comprensión de los discípulos de esa revelación, como lo de mucho de lo que Él enseñó, era oscura. En el capítulo 16 de Juan, no obstante, el Señor está por marcharse. Él ya les había enseñado a orar a Dios como Padre de ellos, pero nombrándole solamente por medio de una descripción, como "Padre nuestro que estás en los cielos"; entonces, Él anuncia una cosa nueva, basada en Su ascensión. Ellos se acercarían al Padre en Su nombre; es decir, no ahora a Uno distante descrito como "en los cielos" (ya que Él aún no les había mostrado claramente acerca del Padre, Juan 16:25 - "Estas cosas os he hablado en alegorías; la hora viene cuando ya no os hablaré por alegorías, sino que claramente os anunciaré acerca del Padre."), sino a Uno plenamente conocido como EL PADRE: incluso como Juan declara, "Os escribo a vosotros, hijitos, porque habéis conocido al Padre." (1 Juan 2:13).

 

         Orar en Su nombre envuelve estos puntos:-

 

         (1) Nuestro derecho de acceso al Padre mismo.

 

         (2) Que acercándonos así al Padre entramos en toda la potencia, todo el valor, del nombre del Señor Jesús.

 

         (3) Que el Espíritu Santo ha venido, y nos da, no sólo la conciencia de nuestra posición como hijos con el Padre (Gálatas 4:6), sino capacidad espiritual para usar este nuevo privilegio -"tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre." (Efesios 2:18).

 

         Esto, se verá, es una cosa más profunda que adornar verbalmente el final de una oración con una repetición del nombre del Señor como un formulismo. ¡Deliciosa, amable forma, en la cual el Señor lo presenta! "No os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os ama." Él, por decirlo así, nos presenta al Padre; y eso, en la manera discreta de uno que nos pondría a descansar en la atmósfera del amor del Padre. ¡Que nos percatemos más del inmenso poder de nuestra posición con el Padre, y del valor del nombre de Jesús en el cual nos acercamos! Todo esto, se observará, depende del vasto cambio implicado en las palabras, "porque yo voy al Padre." (Juan 14:12). El hombre, en Su persona, entraría en una posición en la que el hombre no había estado nunca antes; y Él trabaja para dar a entender a sus mentes cuál sería su significación para ellos.

 

         Hasta ahora, en cuanto al privilegio y el poder de Su nombre dado a nosotros para nuestras oraciones. Este es el lado positivo; pero también hay uno negativo. Está lo que Su nombre excluye, así como lo que incluye. "Todo cuanto pidiéreis" es la promesa, pero eso está definido y limitado por "en mi nombre." Como otro ha dicho: <<"Todo cuanto pidiéreis": Si esta frase se hubiese dejado sola no habría límites, y el Señor habría abierto, de esta forma, la puerta a todos los deseos de la voluntad no quebrantada entre Su pueblo. Pero Él añade, "en mi nombre." Este es Su límite -la barrera que Él establece.>>

 

         Sin embargo, no solamente no entendemos, y no usamos, nuestro privilegio de oración en el nombre de Cristo, sino que algunos, al tratar de explicar el asunto, no sólo lo han mistificado, sino que han caído en error, y lo siguiente lo atestigua:-<<Llegando ahora a lo que se encuentra en Juan 16, en cuanto a la oración en el nombre del Señor Jesucristo, o en el nombre del Hijo (como en el capítulo 14), se debería observar en primer lugar, que nuestro acceso a nuestro Dios y Padre es siempre y solamente a través de Cristo. Como Pablo escribe, "porque por medio de él los unos y los otros (Judíos y Gentiles)  tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre." No podemos entrar en ningún otra forma. Pero entrando así "por medio de él" delante de Dios, nos enfrentamos de inmediato a la pregunta, ¿Qué es orar en Su nombre? Esto no podría ser usar Su nombre como una súplica, o implorando ser escuchado por Su causa, debido a que el Señor dice, sin ninguna limitación en absoluto, "todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará." Entendemos, entonces, que orar en Su nombre es presentarse delante del Padre a nombre de Él, y como estar allí está garantizado por Él, así estamos allí con todas las demandas del Hijo al corazón del Padre, y elevados en el poder del Espíritu Santo para pronunciar y orar, en comunión con Su propio corazón, por todo lo que Él Mismo desea que se cumpla para la gloria del Padre y Su propio gozo. Entonces, orar en Su nombre es interceder por Sus propios intereses, Sus propios deseos, objetivos y fines. Si esto es así, este carácter de oración no tiene ninguna referencia a nuestras necesidades o circunstancias personales; en realidad, no podría tenerla. Y que no se olvide que hay un círculo en el cual nosotros no tenemos necesidades, ya que estamos perdidos, absorbidos en los consejos del Padre para la gloria de Su amado Hijo. Al mismo tiempo, tenemos plena libertad para venir en todo tiempo, por medio de nuestro bendito Señor, y contar todo lo que agobia nuestro corazón (Filipenses 4: 6, 7); sólo que esto no es orar "en el nombre del Señor Jesucristo">>*

 

{* De un tratado titulado "En Mi Nombre" escrito por P.J.L., Loizeaux Brothers, Nueva York}

 

         Existen la verdad o el error, y en un tema tal no debería haber ninguna duda. De acuerdo a este escritor, el Cristiano tiene el nombre de Cristo para solamente algunas de sus oraciones; para el resto, ese Nombre bendito no está disponible. Esto tiene una importancia práctica, porque si es aceptado, va a obstaculizar al creyente en el santo ejercicio de la oración, y a restringir grandemente el poder, así como la libertad y el gozo de su comunión con Dios. Si hubiese una distinción tal, se esperaría que la Escritura la expresase con claridad inequívoca; pero en la Escritura, esto podrá ser buscado en vano. Por supuesto que uno no puede probar lo negativo: el deber de probarlo descansa en aquellos que formulan una nueva doctrina. No obstante, no se cita ninguna Escritura positiva, como seguramente hubiese sido, de haber habido una que se pudiese citar.

 

         Ya ha sido mostrado que la oración en el nombre del Señor Jesucristo es un rasgo característico del Cristianismo. El Señor da a comprender esto cuando, refiriéndose a la venida del Espíritu Santo, Él dice, "En aquel día no me preguntaréis nada. De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido." (Juan 16: 23, 24).

 

Él había instruido previamente a sus discípulos, "Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.  Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?" (Mateo 7: 7-11).

        

Pero esto, se observará, está basado en el carácter benevolente de Dios, no mostrando cómo la divina beneficencia podía ser extendida a hombres malvados, sin comprometer la justicia divina. Eso no se muestra, porque la sola obra sobre cuya base Dios podía ser paciente con los hombres aún no se había llevado a cabo, y mucho menos podía bendecirlos, perdonar sus pecados, o responder sus oraciones. La gracia de Dios para con el hombre estaba hasta ese momento administrada en el terreno del anticipado sacrificio de Cristo (Romanos 3:25). Pero nosotros estamos en el período al cual Cristo se refiere como "aquel día" (Juan 14:20; 16:23). En aquel entonces esto significaba el futuro; pero ahora la gran obra de redención ha sido hecha, y la posición ha quedado clara. Cristo es la propiciación por los pecados que han sido pasados por alto en la paciencia de Dios, así como la base de toda bendición de Dios hacia pecadores en todo tiempo. Esto ya no es más misterioso, sino abierto y manifestado. Los atributos de Dios son reconciliados en la cruz; es declarada Su justicia al otorgar bendición; y una secuencia de esto es que la oración es ahora en el nombre de Cristo. No podía ser así antes, ya que el Señor estaba en humillación: Él se había despojado a Sí mismo, y no tenía dónde recostar Su cabeza. Observen, entonces, que el nombre que se nos ha dado es aquel de Jesús glorificado a la diestra del Padre; no es el nombre de Jesús como despreciado en la tierra, sino como aclamado en el cielo. ¡Y qué nombre de poder es este! Toda rodilla en los cielos y en la tierra se doblará en el nombre de Jesús -las infernales también (Filipenses 2:10). Y en ese nombre -tan glorioso, tan amado- nosotros tenemos el privilegio de acercarnos al Padre.

 

         Luego, en el versículo 12 de Juan 14, el Señor habla de un cierto resultado de Su ida al Padre. "Mayores que estas hará, por cuanto yo voy al Padre." (Versión Moderna). El versículo siguiente está unido a este por la conjunción "Y". "Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré." Se verá, entonces, que la oración en Su nombre es una consecuencia de la posición que Él estaba por tomar a la diestra de Dios. Es un amplio privilegio dispensacional. Lejos de estar confinado a sólo algunas de nuestras oraciones, Su nombre, de acuerdo a lo mostrado en las Escrituras, vale para todo. Por lo menos, nosotros encontramos que cuando el Señor anunció el nuevo privilegio, Él no le agregó ninguna restricción tal como la expuesta por el artículo publicado en la revista "The Christian Friend" (El Amigo Cristiano); y no sólo hay allí una conspicua ausencia de la limitación, sino que las palabras del Señor en el anuncio, son realmente inconsistentes con ella. Así, Él dice, "Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido." (Juan 16:24).

 

         Esto coincide con el privilegio irrestricto concedido; pero, ¡qué mal coincidiría esto con una declaración referida solamente a algunas de las oraciones de los creyentes, que no alcanzaba para sus necesidades o circunstancias personales; que estas estaban fuera de los intereses de Cristo; que los creyentes podrían ir a Dios acerca de ellos, pero no en el nombre de Cristo! ¿Cómo se correspondería esto con la instrucción, "pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido."? (Juan 16:24). Una declaración tan escalofriante apagaría todo lo semejante a la plenitud de gozo y la consecuencia de una interpretación tan estrecha como la que se busca imponer sería el lamento en vez del gozo. Hasta ahora, ninguna escritura positiva para esta doctrina ha sido mostrada, y el estilo y el comportamiento de nuestro Señor, al hablar del tema, son inconsistentes con la noción misma. El artículo dice:- <<  Entendemos, entonces, que orar en Su nombre es presentarse delante del Padre a nombre de Él, y como estar allí está garantizado por Él, así estamos allí con todas las demandas del Hijo al corazón del Padre, y elevados en el poder del Espíritu Santo para pronunciar y orar, en comunión con Su propio corazón, por todo lo que Él Mismo desea que se cumpla para la gloria del Padre y Su propio gozo. Entonces, orar en Su nombre es interceder por Sus propios intereses, Sus propios deseos, objetivos y fines. Si esto es así, este carácter de oración no tiene ninguna referencia a nuestras necesidades o circunstancias personales; en realidad, no podría tenerla. >>

 

         Pero esto es una mera afirmación - simplemente es lo que el escritor "entiende", tal como él dice. Esa, no obstante, no es una enseñanza Cristiana. "Si alguno habla, sea como los oráculos de Dios." (1 Pedro 4:11 - Versión Moderna). Nosotros no tenemos maestros inspirados ahora, así que la enseñanza, para que sea provechosa, debe demostrar estar basada en aquello que es inspirado -la Escritura. Lo que un hombre simplemente "entiende" no puede edificar, debido a que él puede estar en lo cierto o él  puede estar equivocado; y al aceptar lo que él dice, yo puedo estar permitiendo que mi mente asimile como una verdad aquello que es realmente un error. La enseñanza debe ser cierta si ha de edificar el alma -debe tener la certeza de la Escritura como su fundamento.

 

         Sin embargo, se ha postulado que la oración en el nombre de Cristo es solamente acerca de una cierta clase de asuntos que son definidos como los "intereses propios de Cristo, Sus propios deseos, objetivos y fines." Pero, ¿dónde está la autoridad para decir que los "intereses, deseos, objetivos y fines" de Cristo no pueden incluir las "necesidades o circunstancias personales" de Sus santos? Esto, reitero, es pura suposición, una demarcación de temas de oración que es bastante arbitraria y artificial. ¿No es, también, una presentación incorrecta del corazón de Cristo hacia Su pueblo, decir que los intereses de ellos no están dentro del círculo de Sus intereses?  La Escritura nos dice que Él se compadece de nuestras debilidades (Hebreos 4:15). Incluso de Israel se dice que, "En toda angustia de ellos él fue angustiado" (Isaías 63:9), y "el que os toca, toca a la niña de su ojo." (Zacarías 2:8). ¿No se le dijo Él a Saulo de Tarso, "¿por qué me persigues??" El pastor en la parábola puso la oveja sobre sus hombros, y la llevó de vuelta a casa, una figura del cuidado de Cristo sobre el creyente individual a través de todo el camino (Lucas 15).

 

         "El seno del Pastor lleva a cada oveja

          por sobre roca, desolación y desierto;

          Yo soy el objeto de ese amor,

          y soy llevado como un niño"

 

¿Cómo, entonces, es posible que las necesidades o circunstancias personales de los santos puedan ser extrañas a los intereses de Cristo? Decir que las circunstancias de los santos están fuera del círculo de Sus intereses, perturba la muy amada concepción del carácter de aquel Único.

 

         Ahora bien, de acuerdo con la Escritura, lo que determina la concesión de las peticiones, bajo la promesa de la que estamos hablando, no son los asuntos de las oraciones, sino el que sean presentadas en el nombre de Cristo -es decir, verdaderamente en el nombre de Cristo. De esta manera, una oración acerca del trabajo de evangelización (el cual ciertamente es un "interés propio" de Cristo) puede estar fuera de consonancia con la mente del Espíritu, descaminada de la dirección del Espíritu en cuanto a lugar, tiempo, u otros asuntos, y por consiguiente no verdaderamente en el nombre de Cristo; mientras que, por otra parte, una oración acerca de la familia, o negocio, u otras "necesidades o circunstancias personales", puede estar plenamente bajo la dirección del Espíritu, y verdaderamente presentada al Padre en el Nombre de Cristo. El verdadero asunto, entonces, no es el tema de la oración, sino que tenga el pensamiento del Espíritu acerca de ello: es decir, si lo que yo estoy pidiendo es aquello que puedo pedir en NOMBRE DE CRISTO. El asunto puede ser el más pequeño o el mayor, pero si uno es guiado por el Espíritu a hacer la petición en el nombre de Cristo, la oración así presentada será aceptada. Puede estar relacionada con cualquier asunto -enfermedad, pobreza, fracaso personal, asuntos de negocios, dificultades con hombres irrazonables, en efecto, todo lo que afecta la senda del santo aquí abajo, así como también el estado de las asambleas, el evangelio, o las misiones en el extranjero -ya que la palabra es "en todo, mediante oración y súplica" "sean dadas a conocer vuestras peticiones delante de Dios." (Filipenses 4:6 - LBLA). ¡Qué privación sería no tener el nombre de Cristo en el cual ir a Dios acerca de todas estas cosas!

 

         Pero, el artículo dice, "esto no es orar "en el nombre del Señor Jesucristo". Entonces, ¿en nombre de quién es? ¿No ha establecido Su obra expiatoria el fundamento para responder toda oración que es conforme a la voluntad de Dios? Acerca de nuestras necesidades y circunstancias, por consiguiente, nosotros vamos a Dios en el nombre de Cristo, porque Él mismo, en Su obra, ha provisto para el otorgamiento de nuestras peticiones; y la definición del autor que estamos considerando que dice, "todo lo que Él Mismo desea que se cumpla para la gloria del Padre y Su propio gozo" incluye todo asunto adecuado de las oraciones de Su pueblo, incluso si son acerca de necesidades y circunstancias personales.

 

         Mirando equitativamente todo el asunto, obviamente el punto dificultoso es la absolutidad de la promesa a la oración en el nombre de Cristo, siendo otorgadas todas tales oraciones. Y, naturalmente, surge la pregunta, ¿Qué hay de la gran cantidad de peticiones presentadas en ese nombre que nunca son otorgadas? La respuesta es que esas peticiones, aunque hechas ostensiblemente en el nombre de Cristo, puede que no lo hayan sido verdaderamente así; habiendo pronunciado el nombre de Cristo como una fórmula en oraciones no interiormente hilvanadas en el corazón por el Espíritu y, por lo tanto, no realmente en el nombre de Cristo, ya que la mera repetición de la forma de las palabras no es orar realmente en el nombre del Señor Jesús. Parece que no hay otra conclusión que se pueda sacar. Si la palabra de Dios nos dice que la oración en el nombre del Señor Jesús es concedida, y las oraciones que hemos hechos no nos son concedidas, entonces ellas no pueden haber sido verdaderamente en Su nombre. La publicación "El Amigo e Instructor Cristiano" se ha esforzado en resolver la dificultad por medio de una teoría de que la oración en el nombre de Cristo sólo puede ser acerca de una cierta clase de asuntos, y procede a definir estas, pero la definición es tan errada que hace que "las necesidades y circunstancias personales" del pueblo de Cristo ¡estén fuera del círculo de los intereses propios de Cristo!

 

         Pero la oración en el nombre de Cristo no es el único caso con respecto al cual la promesa es ilimitada. Las siguientes promesas son tan absolutas e ilimitadas como la que está en consideración, a saber:-

 

"Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos." (Mateo 18:19).

 

"Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis." (Mateo 21:22).

 

"Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho." (Juan 15:7).

 

"Amados, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios; y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él." (1 Juan 3: 21, 22).

 

"Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho." (1 Juan 5: 14, 15).

 

         Ahora bien, si la absolutidad de las promesas requiere que los asuntos sean reducidos en un caso, entonces lo requiere así en todos. Pero ni siquiera en uno de estos casos hay un límite tal impuesto por el Señor o Sus apóstoles. La palabra es, "cualquiera cosa que pidieren"; "todo lo que pidiereis";" pedid todo lo que queréis"; y así sucesivamente. Si hubiese existido la intención de indicar la sugerida limitación de asuntos, aquí sería ciertamente el lugar dónde se esperaría encontrarla; pero la Escritura guarda silencio sobre el punto; y no sólo eso, sino que el lenguaje que el Espíritu de Dios emplea es específicamente amplio y exhaustivo. Es imposible suponer que todas esas promesas, así como aquellas en el nombre de Cristo, hubiesen sido dejadas desprotegidas por medio de las restricciones en cuestión, suponiendo que esas restricciones existiesen. Por consiguiente, limitar la promesa, en todos o en cualquiera de estos casos, a una cierta clase de asunto, debe ser rechazado como una explicación equivocada, y -sin importar cuán bien intencionada- como una invención humana, y un comentario engañoso sobre la Escritura.

 

         Ahora bien, es absolutamente verdadero de que hay una clase de oración que está por sobre el nivel de las necesidades y circunstancias personales. Ejemplos de estos son: la magnífica oración de la iglesia en Hechos 4: 24-30; las dos oraciones del apóstol Pablo en Efesios (la primera en el capítulo 1: 16-23, y la segunda en el capítulo 3: 14-21). Pero, decir que no tenemos el nombre de Cristo para orar acerca de necesidades y circunstancias personales, así como para las más exaltadas descripciones de oración como las que nos acabamos de referir, es pura imaginación, y esto no se encontrará en la Escritura. TODA VERDADERA ORACIÓN ES AHORA EN EL NOMBRE DEL SEÑOR JESUCRISTO (Juan 16: 23, 24). Sin duda hay una gran cantidad de oración aparente en el nombre de Cristo, que no es genuinamente así, y estas no son convertidas en verdaderas oraciones por el hecho de añadir al final, como una fórmula de palabras, "en el nombre del Señor Jesucristo." La Escritura admite que, "no sabemos orar como se debe", pero "el que escudriña los corazones sabe cual sea la mente del Espíritu, pues él intercede por los santos conforme a la voluntad de Dios." (Romanos 8: 26, 27 - Versión Moderna). El gran requisito para la oración, por lo tanto, es tener la mente del Espíritu acerca del asunto en consideración, y esto sólo puede ser adquirido estando moralmente cerca del Señor, permaneciendo en Él en forma práctica. "Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho." (Juan 15:7). De ahí que la humildad, la desconfianza en uno mismo, la sumisión a la voluntad divina, son estados del espíritu en que se puede hacer una verdadera oración; pero cualquier cosa que el Padre reconozca como en el nombre del Señor Jesucristo será indudablemente concedida. DE CUALQUIER MODO, NO HAY NINGÚN OTRO NOMBRE EN EL CUAL ORAR.

 

         "En mi nombre" tiene una fuerza exclusiva con referencia a la oración, como se ha declarado previamente (al comienzo de la sección 8). Pero esta limitación es de una naturaleza totalmente diferente de la que hemos estado hablando. Esta limita la oración en el nombre de Cristo a toda verdadera oración -a toda oración que es conforme a Dios, cualquiera sea el asunto. La otra limitación que aparece en el artículo arriba consignado y que hemos analizado, confina la oración en el nombre de Cristo a una cierta clase de asuntos.

 

         Queda uno o dos puntos para ser observados. El artículo dice:- << Entendemos, entonces, que orar en Su nombre es presentarse delante del Padre a nombre de Él . . . para orar . . . por todo lo que Él Mismo desea que se cumpla. . . Entonces, orar en Su nombre es interceder por Sus propios intereses, Sus propios deseos, objetivos y fines.>>

 

         Esta es una completa tergiversación de la verdad. Nosotros no nos presentamos ante el Padre a nombre de Cristo, sino con Su nombre a nuestro favor. ¡Cristo no necesita que nadie interceda por Él! Nosotros necesitamos Su intercesión, porque Él vive para siempre para interceder por nosotros (Romanos 8; Hebreos 7). ¡A qué desconcierto del orden y la aptitud divinos conduce esta enseñanza, porque hace que los santos sean intercesores por Cristo, mientras que Cristo es el Intercesor por ellos!

 

         De nuevo, el artículo dice:- << Llegando ahora a lo que se encuentra en Juan 16, en cuanto a la oración en el nombre del Señor Jesucristo, o en el nombre del Hijo (como en el capítulo 14), se debería observar,>> etc., etc. Luego, supongan un Cristiano leyendo esto no teniendo su Biblia a mano. ¿Qué va a pensar él? Quizás se dirá a sí mismo, <<Orar en el nombre del Señor Jesucristo, o en el nombre del Hijo. ¿Qué significa eso? ¡Yo no sabía que había una distinción tal!>> Bueno, cuando él mire en su Biblia encontrará que la distinción es de la misma clase de la que nosotros ya hemos considerado, a saber, sin base Escritural -puramente imaginaria. Aquí están dos escrituras en cuestión, y probablemente van a hacer reflexionar  a cualquiera para descubrir la distinción referida. "Todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido." (Juan 16: 23, 24). "Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré." (Juan 14: 13, 14). Así se verá que en Juan 16 se declara como "en mi nombre"; y la oración en Juan 14 es igualmente "en mi nombre." En el capítulo 14 el propósito es revelado -"para que el Padre sea glorificado en el Hijo." Pero la oración en Juan 14 no es más en el nombre del Hijo de la que leemos en Juan 16. Y la oración en Juan 16 es igualmente en el nombre del Hijo como lo es Juan 14. Solamente queda agregar que las palabras "en mi nombre", en el original Griego, son exactamente las mismas en cada caso.

 

         Es todo lo que se puede decir en cuanto a la exactitud escritural de esta enseñanza.

 

         Entonces, ¿es todo esto una mera disputa acerca de palabras? Si hubiese sido así, estas líneas no habrían sido escritas. Pero un error en las cosas de Dios nunca es inocuo. Un hombre puede creer lo que le plazca acerca de un punto de la ciencia física, y esto no tendrá ningún mal efecto. Pero el error moral o espiritual no puede ser recibido y absorbido por la mente sin producir daño. En este caso hay un intento, probablemente del todo inconsciente, de dejar a los hijos de Dios sin un precioso estímulo para la oración, y sin poder espiritual al hacer oración.

 

         Aparte, no obstante, del error positivo, enseñanzas de este tipo son injuriosas, a partir del estado de duda y perplejidad que estas crean. ¿Cuántos de los que lean el artículo en el "Amigo Cristiano" entenderán lo que realmente se quiere decir? Pero, ¿cuántos saldrán de su lectura cuidadosa, con una idea confusa de que hay algo de muy difícil comprensión acerca de la oración, de lo cual ellos nunca habían escuchado antes y que ahora no entienden? Ellos habían creído siempre que el nombre del Señor les fue dado para sus oraciones. Pero se les dice que eso no es así. Que eso se aplica solamente a la mitad de sus oraciones, quizás sólo a un cuarto, quizás a aún menos. Ellos deben estar en "un círculo en el cual" ellos no tienen "necesidades", y están "perdidos, absorbidos en los consejos del Padre", ¡antes de que ellos puedan orar en el nombre del Señor Jesús! De todos modos, la cuestión es tan desconcertante en cuanto a para cuál de sus oraciones ese nombre es válido, y para cuales no, que se pierden de forma práctica el poder y el efecto de la promesa. Las distinciones que el Espíritu Santo hace en la Escritura son profundamente importantes -incluso las más pequeñas. Las distinciones de la mente humana, insertadas subrepticiamente en las cosas de Dios, son confusas y perjudiciales.

         "HASTA AHORA NADA HABÉIS PEDIDO EN MI NOMBRE; PEDID, Y RECIBIRÉIS, PARA QUE VUESTRO GOZO SEA CUMPLIDO." (Juan 16:24).

 

 

9.- ¿DEBERÍA LA ORACIÓN SER DIRIGIDA A CRISTO?

 

         Algunos se sorprenderían ante alguna duda sobre este punto; ya que los instintos del alma que ha nacido de nuevo, la conducen frecuentemente en oración al Señor Jesús, así como al Padre. Con todo, la pregunta ha sido suscitada, y puede ser útil, por consiguiente, referirse a escrituras que toquen el tema.

 

         Lo que ha dado surgimiento a la duda (N. del T.: entre los creyentes de habla Inglesa), es el siguiente versículo, a saber, "En aquel día no me preguntaréis* nada. De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis* al Padre en mi nombre, os lo dará." (Juan 16:23).

 

{* N. del T.: para las palabras "preguntaréis" y "pidiereis" la Versión Inglesa del Rey Jaime-KJV usa una misma palabra "ASK": "And in that day ye shall ask me nothing. Verily, verily, I say unto you, Whatsoever ye shall ask the Father in my name, he will give [it] you." Lo que se traduciría literalmente al Español: "En aquel día no me pediréis nada. De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará." }

 

Tomado tal cual está, esto parecería ser conclusivo de que la oración no debería ser dirigida al Señor. Pero la traducción es desorientadora; ya que dos palabras de diferente fuerza en el original aquí se traducen por la única palabra pedir (ask). La palabra traducida "ask" en la primera frase del versículo es "erotao" en Griego; que en la última frase es "aiteo" en Griego. Así, "en aquel día no me pediréis (erotao) nada. De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis (aiteo) al Padre en mi nombre, os lo dará."

 

         La primera palabra "erotao" originalmente sólo significaba preguntar, y en el Griego clásico es usada solamente en ese sentido; pero en el Griego Helenístico (N. del T.: o Koiné), o Griego del Nuevo Testamento, ella tiene el mismo doble significado que la palabra Inglesa "ask", a saber, tanto para preguntar como para hacer una petición, tal como vemos en los ejemplos: "He asked the way to Richmond; he asked water" (Lo que traducido es: "Él preguntó el camino a la ciudad de Richmond; él pidió agua.").

 

         La segunda palabra, "aiteo", significa solamente pedir algo. Pero, teniendo "erotao" dos significados, se suscita la pregunta, ¿en cuál de esos significados debe ser tomada, en el versículo que estamos considerando? y esto parece estar indicado por el contexto, ya que el Señor recién había estado respondiendo las preguntas de los discípulos; como se dice en el versículo 19, "Jesús conoció que querían preguntarle." (En inglés: "Now Jesus knew that they were desirous to ask him.") Aquí, la palabra traducida al Inglés "ask" es "erotao". Entonces Él responde sus preguntas y en el versículo 23 agrega, "en aquel día no me pediréis (erotao) nada." (Traducción literal del Inglés). Y ahora, pasando a tratar de la oración, Él deja la palabra de doble significado, y emplea una que sólo significa hacer una petición (aiteo), "De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis (aiteo) al Padre en mi nombre, os lo dará." Así que cuando el Señor dijo, "en aquel día no me pediréis (erotao) nada", Él no estaba prohibiendo que orarán a Él, sino que estaba informándoles que en un día pronto a llegar ellos no estarían más interrogándole a Él. Él, en realidad, no iba a estar aquí para ser preguntado; Él estaría a la diestra del Padre, y el Espíritu Santo estaría aquí para guiarles a toda la verdad. Por consiguiente, se puede decir con confianza que este versículo no da ninguna aprobación a la opinión de que la oración no puede ser hecha al Señor Jesús.

 

         Sin embargo, esta escritura no solamente no proporciona ninguna objeción contra orar al Señor Jesús, sino que tenemos en otra parte en la escritura la más alta autorización positiva para ello, a saber, Esteban, y el apóstol Pablo.

 

         "Y apedreaban a Esteban, mientras él invocaba y decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu. Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió." (Hechos 7: 59, 60).

 

Y el apóstol Pablo nos dice, "Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí." (2 Corintios 12: 7, 8). Aparte de esto hay oraciones que Pablo pronuncia en el curso de sus epístolas; y ellas son dirigidas tanto al Padre como al Señor Jesucristo. Así, "Mas el mismo Dios y Padre nuestro, y nuestro Señor Jesucristo, dirija nuestro camino a vosotros. Y el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros y para con todos." (1 Tesalonicenses 3: 11, 12). Nuevamente, "Y el mismo Jesucristo Señor nuestro, y Dios nuestro Padre, el cual nos amó y nos dio consolación eterna y buena esperanza por gracia, conforte vuestros corazones, y os confirme en toda buena palabra y obra." (2 Tesalonicenses 2: 16, 17). Una vez más, "Y el Señor encamine vuestros corazones al amor de Dios, y a la paciencia de Cristo." (2 Tesalonicenses 3:5).

 

         Para concluir: Juan 16:23 no prohíbe la oración dirigida a Cristo; y hay una amplia autorización para ello en los ejemplos que la Escritura registra para nuestra instrucción.

 

E. J. Thomas

 

Traducido del Inglés por: B.R.C.O. - Enero/Marzo 1005.-

Título original en Inglés: "PRACTICAL REMARKS ON PRAYER"

Publicado originalmente en Inglés en la revista: "THE BIBLE TREASURY" editada por William Kelly,

Nro.  165 de Septiembre 1909; Nro. 166 de Octubre 1909; Nro. 167 de Noviembre 1909; Nro. 168 de Diciembre 1909; Nro. 170 de Febrero 1910; Nro. 171 de Marzo 1910; Nro. 172 de Abril 1910; Nro. 173 de Mayo 1910; Nro. 174 de Junio 1910 y Nro. 175 de Julio de 1910.-

Versión Inglesa
Versión Inglesa