Apocalipsis 1: 5-8
de: "Memorials of the Ministry of G. V. Wigram. Vol. 1."
[Notes on Scripture; Lectures and Letters. Second Edition, Broom 1881 (First Edition 1880)]
TERCERA PARTE. MINISTERIO MÁS TEMPRANO,
CONTINUACIÓN
"y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que
nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén. He aquí que viene con las nubes,
y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén. Yo soy
el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso." - Apocalipsis
1: 5-8
Hay una observación que me agradaría hacer acerca de esta porción de la escritura, la cual se recomendará
a sí misma a la mente del simple lector - y es que ella entra en la forma de un paréntesis. Si se me permite
la expresión, ella entra en forma de intrusión. Ella es una expresión del sentimiento del corazón de aquel a
quien vino el mensaje - una expresión de la adoración de su corazón. Es una cosa común en la Escritura, encontrar el curso
de los pensamientos de la persona que habla, interrumpido por algún estallido de alabanza que no podía ser reprimido. Ustedes
tienen una cosa similar en Romanos 11:33: "!Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! !Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!", cuando el apóstol
siente que el asunto es demasiado grande para que su corazón lo contenga, o para que su capacidad lo explique.
Si alguno conoce a Dios, o a Jesucristo a quién Él ha enviado, estará de acuerdo en cuanto a que el corazón
de un santo nunca se encuentra en la presencia de Dios, o del Señor Jesús, sin adoración. Con un pobre pecador que no conoce
la gracia, se trata de algo más aparte de adoración. Un santo encuentra algo hermoso delante de él, y "de la abundancia
del corazón, habla la boca." (Mateo 12:34).
Este libro (Apocalipsis) no es como el evangelio de Juan, aunque está escrito por la misma persona. El
evangelio de Juan entrega, de un modo peculiar, la historia del Señor Jesús como Hijo de Dios, y de los santos como hijos
de Dios. Pero en el Apocalipsis, relacionado con el trono, los títulos no son los que guían a expresar un Abba, Padre: los
santos aquí son "reyes y sacerdotes."
"Gracia y paz a vosotros, del que es y que era y que ha de venir, y de los siete espíritus
que están delante de su trono." (Apocalipsis 1:4). Incluso el Espíritu es visto en otro carácter. Reitero, el Señor
Jesús no es visto como el Salvador, sino como el "soberano de los reyes de la tierra." El apóstol Juan se da cuenta
directamente ante quien él está, y la adoración debe surgir. Había afectos en el corazón del apóstol, y la persona del Señor
Jesucristo es presentada directamente a su alma, <<Oh>>, él dice, <<¡Él es quién nos ha amado, y nos ha
lavado de nuestros pecados en Su propia sangre!>>
Yo haría un comentario sobre esta porción, el cual está dando vueltas en mi mente. Yo miraría el cuadro
en su totalidad. El apóstol tenía tan grabado en su corazón el sentido de tal plenitud relacionada con las obras y los cargos
del bendito Señor, que él siente que debe devolver a Dios. Una de las cosas más notables en la redención, es que nos permite
vivir para Dios, de quien y para quien son todas las cosas. Nadie puede decir, <<Yo sirvo a Dios>>,
si no conoce que la redención está cumplida, y la salvación finalizada. Si ustedes no conocen la salvación como estando completada,
nunca podrán encontrarse en la presencia de Dios, sino que algún horrible pecado comenzará a ser recordado, y les dará el
deseo de salir. El santo puede decir, <<Yo estoy aquí, y Dios espera oírme.>> No hay nada en la presencia de Dios
que lo amedrente. Él sabe que los ojos de Dios y el oído de Dios le están esperando. Si ustedes no han sido lavados, no pueden
pensar en entrar a la presencia de Dios sin temor.
Producir adoración es la cosa más elevada que el amor de Dios hace en nosotros. No es lo que Él nos hace
ser para los demás. Él puede tomar la Iglesia, y hacerla la habitación de Dios por medio del Espíritu, pero eso no es hacer
de la Iglesia algo para Dios, para Cristo. Ahora bien, cuando nosotros entramos en adoración -que es lo que nosotros obtenemos-
todo es de Dios, de Cristo. Dios hará que Su pueblo esté en Su presencia para que expresen su deleite en lo que Dios los ha
hecho para Su hijo. Dios buscaba tales adoradores para que le adorasen. Dios en el cielo estaba deseando escuchar las alabanzas
de Juan que estaba desterrado en Patmos.
"Y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria," etc. (Apocalipsis 1:6).
No como el incensario de bronce -este era un incensario insensible; pero la alabanza sube desde nosotros con
cálidos afectos, y conocemos la posición que Dios tiene para con nosotros. "El Padre tales adoradores busca que le adoren."
(Juan 4:23). Él es el receptor, y nosotros los dadores de adoración. Esto no
es simplemente la bienaventuranza de un hombre capacitado para alabar; sino que en este retrato tenemos a la Persona que es
adorada, y a aquel que adora.
Yo le preguntaría a aquellos que no son Cristianos, <<¿Han tenido, alguna vez, pensamientos acerca
del Señor Jesucristo como Aquel Único que desea tener sus alabanzas?>> No creo que la naturaleza se ocupe con este pensamiento
-con la gentileza del Señor Jesús en su posición, esperando oír alabanza libre, espontánea.
Para nosotros, quienes somos Cristianos, hay muchos dulces pensamientos en este pequeño cántico de adoración.
En primer lugar, observen la manera en que el apóstol se señala a sí mismo. Cuando Martín Lutero una vez fue presionado en
cuanto a la justificación por fe, vino a su mente Génesis 4 como respuesta, "Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda."
La persona de Abel fue aceptada, y, por lo tanto, esto fue simplemente por gracia. Había sólo un lugar para que la paloma
de Noé descansara -el arca, y para nosotros hay solamente un lugar para descansar -la persona del bendito Señor. Este cántico
no comienza con, "A él sea la gloria y el imperio," etc., sino que señala a la persona del bendito Señor como su objeto. En
la gloria seremos capaces de expresar lo que no podemos ahora. Allí Él está delante de nosotros, y allí nuestras almas encuentran
perfecto reposo.
Después de esto, él continua en un hermoso orden divino: "Al que nos amó." ¿Quién amó? El Señor
Jesús. "Y nos lavó"; y detrás de eso, para una mente inteligente, entra una inmensidad. Él nos amó. Esto es algo muy
diferente que decir, <<Sí, en Él hay amor.>> Él nos amó. Había en Él este afecto real -un amor personal; esa es
la razón por la que sale la alabanza. La Iglesia sabe que es amada por Cristo. Nosotros podemos volvernos al Hombre en la
gloria, y decir, <<Él nos amó.>> ¿Cómo voy a saber que Él nos amó, y no le alabo? Así conseguimos hermosa consistencia
en la continuidad de la alabanza, "nos lavó de nuestros pecados con su sangre." Teníamos pecados, y Él nos lavó de
nuestros pecados en Su propia sangre.
De lo único que se habla en relación con estas personas, es de sus pecados. Si ustedes
se encuentran en la presencia de Dios, conscientes de lo que el Señor Jesús ha
hecho, ustedes saben que Él ha quitado de en medio sus pecados. Es dulce ver este punto. El pobre pecador tiene pecados, y
ellos son enfrentados por la sangre del Cordero. El remedio para el pecado es señalado, y hemos conocido el uso de esta sangre
por nosotros mismos. Aquel que a provisto la sangre, ha aplicado la sangre. Muy divinamente
perfecto - el remedio es suficiente para la necesidad.
Vean aquella palabra, "nos lavó", relacionada con el Señor Jesús mismo. Muchos no tienen reposo
en sus corazones porque piensan que ellos mismos deben hacer algo. La respuesta es, Cristo primero y Cristo último. Él
lavó. Ningún corazón es puesto en libertad para alabar, si no ve que el Señor Jesús es Aquel Único que lavó. Cristo comenzó
la obra, y Cristo continuó con la obra. Esa palabra "pecados" encuentra todo en mi conciencia, ya que nada podría escapar
a su vista. ¿Suponen ustedes que en cualquiera de aquellos que el Señor Jesús ha lavado, Él ha dejado algún pecado? Allí estaba
el amor del bendito Señor, y entonces viene, "nos lavó de nuestros pecados."
Él era el Cordero, y la sangre fue presentada por Él como Sacerdote. Si ustedes se ocupan de los detalles
del cargo, relacionados con el derramamiento y la presentación de la sangre, encontrarán que se muestran muchos de Sus cargos.
Hay algo muy bendito cuando ustedes piensan en la sangre del Señor Jesús como
relacionada con la conciencia. Era el Espíritu hablando a Juan, los pensamientos de Dios acerca de la sangre; y cuando la
mente viene a contemplar la cosa, la paz es encontrada por medio de la sangre del Cordero. Esto sin controversia.
Hay gran belleza si vemos el orden del cántico. La expresión, "Nos lavó de nuestros pecados", entra siempre
como satisfaciendo la necesidad de un alma en la presencia de Dios. Pero él no se detiene allí: él continúa a ampliar y preparar
la bendición, y muestra lo que es. "Y nos hizo reyes y sacerdotes"; no hijos con el Padre -eso es algo que somos, pero esto
no es presentado aquí. Cristo puede ser presentado en cualquier carácter, y el ojo de la fe dice, <<Ese es Aquel que
me lavó.>> Esta es seguramente la expresión del maravilloso amor de Dios en cuanto a la Iglesia. Ninguna medida en la
mente humana puede comprender alguna vez el amor divino. Él estaba formando algo
para Su Hijo -dando gloria a Su Hijo; y al desear dar gloria a Su Hijo, Él "Nos hizo reyes y sacerdotes." ¿Cuál es la cosa
que ocupa siempre la mente del bendito Señor? La gloria de Dios. Si hay un reino y un templo que han de ser abiertos, Él debe
traer a la Iglesia allí. (Juan 17:24.) ¿Qué clase de amor debe ser el Suyo, que en la presencia de Dios Él debe
tener a Su Iglesia allí? Es la conciencia de ese amor que hace que el corazón se vuelva y rinda en devolución, "a él sea gloria
e imperio por los siglos de los siglos. Amén."
Nosotros faltamos al no examinarnos a nosotros mismos acerca de este asunto de la alabanza y la adoración.
Si sus corazones no están llenos de alabanza y adoración, no hay "olor de Cristo." (2
Corintios 2:15). Les ruego que vean si ustedes están o no están guardando su lugar apropiado como adoradores. ¿Saben
ustedes lo que es esta alabanza?: "Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes
para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén."
G. V. Wigram.
Traducido por: B.R.C.O. - 27.05.2005.-