EDIFICACIÓN ESPIRITUAL CRISTIANA EN GRACIA Y VERDAD

IMPEDIMENTOS PARA LA COMUNIÓN (E. Dennett)

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Todas las citas bíblicas se encierran entre comillas dobles ("") y  han sido tomadas de la Versión Reina-Valera Revisada en 1960 (RVR60) excepto en los lugares en que, además de las comillas dobles (""), se indican otras versiones, tales como:

 

LBLA = La Biblia de las Américas, Copyright 1986, 1995, 1997 by The Lockman Foundation, Usada con permiso

RVR1865 = Versión Reina-Valera Revisión 1865 (Publicada por: Local Church Bible Publishers, P.O. Box 26024,  Lansing, MI 48909 USA)

RVA = Versión Reina-Valera 1909 Actualizada en 1989 (Publicada por Editorial Mundo Hispano)

VM = Versión Moderna, traducción de 1893 de H.B.Pratt, Revisión 1929 (Publicada por Ediciones Bíblicas - 1166 PERROY, Suiza)

IMPEDIMENTOS PARA LA COMUNIÓN

 

 

Cartas a un amigo

 

E. Dennett

 

            Las cartas siguientes están escritas en forma básica y sencilla. Su carácter, al igual que el terreno asumido en ellas, fue determinado por la posición del amigo a quien ellas son dirigidas. Nosotros esperamos que ellas puedan ser útiles a aquellos que recién están comenzando a investigar en el terreno y en la necesidad de separación de las posiciones religiosas erróneas.

            Quiera el Señor, en Su abundante gracia, condescender a bendecirlas guiando a algunos de los Suyos que están desconcertados en el camino que es conforme a Su propia mente y voluntad.

 

            Blackheath, Octubre 1876

 

 - CONTENIDO:

           

- Capítulo 1. Cristo, el Centro Verdadero de Reunión

                        1.- El honor de Cristo

                                   El Ministerio

                                   El «Servicio»

                        2.- La Presencia y la Dirección del Espíritu Santo

                        3.- El Sacerdocio de Todos los Creyentes

                        4.- La Falta de Disciplina

           

- Capítulo 2. El Carácter Exclusivo del Terreno de Reunión

                        1. Cristo el Centro de Reunión

                        2. El Terreno del Un Cuerpo

                        3. Libertad del Espíritu Santo

                        4. Ejercicio de Disciplina según Dios

                        5. Sometimiento a la Palabra de Dios

                           Precauciones

 

- Capítulo 3. Por qué los así llamados 'hermanos' no se pueden unir con otros Cristianos en el Servicio

                        1. Orar por todos

                        2. Patrocinando Evangelistas

                        3. Otros Movimientos y Actividades

                        4. Pero, las personas están siendo salvadas

                        5. Sociedades Religiosas

                        6. Teniendo la Mente del Señor

 

- Capítulo 4. Hasta que Él venga

                        1. La Venida del Señor

                        2. Las Tres Expectativas del Señor             

 

 

* * * * * *

 

 

         - Capítulo 1. Cristo, el Centro Verdadero de Reunión

 

         Blackheath, Agosto 1876.

 

         Mi querido hermano:

 

         La última vez que nos encontramos usted preguntó si yo podía indicarle algún folleto que explicase (1) por qué aquellos creyentes que se reúnen solamente al Nombre de Cristo no se reunirán con otros Cristianos para «adorar», y (2) por qué estos no se asocian con ellos en el servicio.

         La pregunta es muy importante y yo la responderé, porque creo que hay muchos en esta época especial que, al igual que usted, están buscando la verdad con respecto a este asunto. Yo le presentaré, de la manera que el Señor me capacite, unas pocas razones sencillas, pero conclusivas, de que actuar de otra manera sería perder de vista completamente aquello que le corresponde al Señor. Muchos hablan de nuestro Fariseísmo y cosas parecidas, pero yo espero mostrarle que en el curso de acción que adoptamos nosotros estamos actuando conforme a la voluntad revelada de Dios. Se trata sencillamente de lo que Dios querría que nosotros hiciéramos.

 

         1. El Honor de Cristo

 

         La primera razón es un debido respeto al honor de Cristo. Yo estoy seguro que usted admitirá, así como todo creyente profesará sostener, que la obediencia a Cristo como Señor es la primera responsabilidad de un Cristiano. El propio Señor lo ordena continuamente (Juan 8:31; Juan 14:15, 21-23; Juan 15: 7, 10, etc.). Usted admitirá, también, que Cristo es la Cabeza de la Iglesia (Efesios 5:23; Colosenses 1:18), y por eso Él debe controlar absolutamente a la Iglesia; es decir, a todos sus miembros individuales, individualmente o en su capacidad colectiva, como Asamblea. El apóstol Pablo dice, "Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo." (Efesios 5:24). Admitiendo esto, cuando se me pide que me reúna con otros Cristianos en sus «iglesias» o capillas, yo tengo que averiguar si sus arreglos son en sometimiento a Cristo. Si lo son, yo puedo reunirme con ellos, pero si no lo son, entonces yo tendré comunión con la desobediencia de ellos si me asocio con ellos (1 Corintios 10).

 

         El Ministerio

 

         Permítame aplicar una o dos pruebas. Tome primero el ministerio, de la manera que es practicado en las denominaciones, ya sea en la «iglesia establecida» o en los «disidentes» [1]. ¿Hay una sola Escritura que justifique la designación (de cualquier manera que ella se haga) de un hombre «para conducir la adoración de ellos»? Como usted sabe, yo he mostrado concluyentemente en mi escrito "El Paso que di" [*] que la teoría del «ministerio de un solo hombre o unipersonal» es completamente desconocido en la Palabra de Dios. Es verdad que nosotros encontramos ancianos (plural), pero nunca uno solo en una asamblea. El cargo de ellos era, primariamente, gobernar (o, conducir), aunque algunos podían poseer, también, el don de enseñanza, porque leemos acerca de los que "trabajan en predicar y enseñar." (1 Timoteo 5:17). Lo que nosotros aseveramos es que no existe una clase de hombres en las Escrituras que se corresponda, en la manera más remota, con ministros en la iglesia establecida o en los disidentes.

 

[*]http://www.verdadespreciosas.com.ar/documentos/el_paso_que_di.htm

 

[1] Por la expresión iglesia establecida el autor se refiere a la Iglesia oficial del estado, en este caso a la Iglesia de Inglaterra o Iglesia Anglicana. El nombre Disidentes es una indicación de aquellos, llamados algunas veces inconformistas, tales como los Bautistas, quienes han abandonado la iglesia nacional o establecida.

 

         Permítame que formule una sencilla pregunta: ¿Por quién son designados estos ministros? Son designados por el hombre en todos los casos; en los disidentes, por el pueblo (quienes eligen su ministro mediante el voto); en la iglesia establecida, generalmente por el patrocinador de los «beneficios» [2] y el obispo.

 

[2] Se hace referencia aquí a la ordenación de «ministros» y a la jerarquía en la Iglesia de Inglaterra, donde el Primer Ministro selecciona o designa a los obispos, autorizado por la Reina como Cabeza de la iglesia nacional.

 

Es por el hombre, sin ninguna autoridad o aprobación divina, porque ¿dónde se puede encontrar la Escritura que autoriza al pueblo, o al patrocinador y al obispo, a tomar un paso tan solemne? Pablo, un apóstol, con Bernabé, designaron ancianos (Hechos 14:23) y Pablo ordenó a Tito que lo hiciera (Tito 1:5). En ninguna parte se puede encontrar que la autoridad, ni siquiera para designar ancianos, mucho menos ministros, haya sido conferida a la asamblea local o al patrocinador de un «beneficio».

 

         Siendo este el caso, los ministros designados de este modo no obtienen su cargo de la Cabeza de la Iglesia, Cristo, sino del hombre (yo no niego que en muchos casos ellos tienen un don verdadero). Por eso es que si yo los reconozco, yo reconozco la autoridad del hombre en oposición a la autoridad de Cristo.

 

         El «Servicio»

 

         Solamente este hecho bastaría para mantenerme fuera de una iglesia o capilla, pero yo aplicaría otra prueba. Tomen el «servicio», como se lo denomina. ¿Quién lo organiza? ¿El orden, la cantidad de himnos, de lecturas Bíblicas, de oraciones, etc.? Una vez más la respuesta es: el hombre. La cosa completa, efectivamente, tiene este principio fundamental: que el hombre tiene libertad en la Iglesia de Dios para hacer lo que es correcto a sus propios ojos. Nosotros sostenemos, por el contrario, que nuestra única responsabilidad es estar en obediencia a Cristo, por lo tanto, no tenemos ninguna libertad para originar nada, sino que en todas las cosas tenemos que estar sometidos a la Palabra.

         El celo [3] por el honor de Cristo, como Cabeza de la Iglesia, me mantendrá fuera de todo, y de todo lugar, donde Su autoridad no es tenida en cuenta. Se dirá que nosotros debemos olvidarnos de nuestras pequeñas diferencias y que debemos mostrar amor los unos para con los otros. Yo respondo que NO: Yo no debo dejar pasar una sola cosa que Cristo ordene, ni debo tolerar una sola cosa que no tenga Su aprobación. Por consiguiente, al mismo tiempo que reconozco mi responsabilidad de amar a todos los hijos de Dios, yo reconozco también mi responsabilidad de obedecer a Cristo como mi Señor; y está escrito, "En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios, y guardamos sus mandamientos." (1 Juan 5:2).

 

[3] Celo es desear mantener lo que es propiamente mío; envidia es desear lo que otro tiene.

 

         2.- La Presencia y la Dirección del Espíritu Santo

 

         Ahora bien, le pido que considere que si yo me reúno con otros creyentes de cualquier denominación, yo sería parte de la negación práctica de la presencia del Espíritu Santo en la Iglesia de Dios. La característica de esta dispensación Cristiana es la presencia del Espíritu Santo en la tierra. Lo que hace a un Cristiano, conforme a las Escrituras, es que Espíritu mora en él (Romanos 8:9): la Iglesia fue constituida mediante el bautismo del Espíritu Santo (Hechos 2; 1 Corintios 12:13). La importancia de esta verdad es vista a partir del énfasis puesto en ella por nuestro bendito Señor en Juan capítulos 14 al 16. El punto hacia el cual yo llamo su atención es que, debido a la presencia del Espíritu Santo, Él reclama el derecho en la asamblea de los santos de usar a quien Él quiere (1 Corintios capítulos 12 al 14) para el ministerio o para el servicio.

         Por consiguiente, si yo doy mi conformidad al arreglo humano de un ministerio unipersonal, y participo en él mediante mi presencia [4], yo estoy actuando claramente como si yo no creyera en la presencia y dirección del Espíritu. Si yo creo en ello, entonces, mediante mi presencia, me estoy oponiendo intencionadamente a Su acción y violando así, Sus derechos soberanos. Esta sería adoptar, de hecho, una posición solemne.

 

[4] El autor se refiere a estar reunido «oficialmente» sobre las bases sobre las cuales este grupo de creyentes, o denominación, se reúne. Cuando un creyente que asume el terreno escritural de reunión está presente en local de reunión de dichos creyentes, o denominación, por obligaciones familiares o sociales, como una boda o un funeral, esto no indicaría que él/ella se reúne con las personas en esta «iglesia», o grupo, como si estuviera con ellos sobre el mismo fundamento (sectario).

 

         Yo no insinúo que los amados Cristianos que están en las denominaciones asumen intencionadamente una posición tal. Yo sé que ellos no lo hacen. El hecho es que muchos están a causa de ignorar esta verdad bienaventurada. Como demostración de ello en un sitio, citaré de una publicación de la denominación con la cual usted está relacionado. Se trata de una exposición de la dedicación del Templo por Salomón. Una de las lecciones es «la reverencia que nosotros deberíamos sentir al adorar debería ser tan profunda como si un emblema (refiriéndose a la nube que llenó la casa del Señor) de la presencia de Dios estuviera con nosotros. Ciertamente Él está igual de cerca» (Génesis 26:16). ¿Qué puede demostrar más claramente que la verdad de la presencia del Espíritu Santo es casi desconocida? Pero si lo sabemos, ¿hemos de actuar como si no lo supiéramos?

         Por tanto, es imposible para mí estar presente en un «servicio» donde esta verdad es ignorada, y donde, mediante arreglos humanos, el Espíritu de Dios no tiene ninguna libertad para actuar por medio de los miembros del cuerpo de Cristo allí presentes. De este modo, el Espíritu es apagado (1 Tesalonicenses 5: 19-20). Ciertamente usted no querrá que yo me oponga al Espíritu de Dios. Por lo tanto, el celo por Sus derechos soberanos me mantiene aparte de creyentes que estén en una posición semejante a la que he descrito.

 

         3.- El Sacerdocio de Todos los Creyentes

 

         Una de las enseñanzas más sencillas de la Escritura es que todos los creyentes son llevados a la misma posición, al mismo lugar de perfecta aceptación delante de Dios, y que todos tienen los mismos privilegios en Cristo. De este modo, Pedro puede decir a todos aquellos a quienes él escribe, "vosotros también, como piedras vivas, sois edificados en un templo espiritual, para que seáis un sacerdocio santo; a fin de ofrecer sacrificios espirituales, aceptos a Dios, por medio de Jesucristo" (1 Pedro 2:5 - VM), y otra vez, "vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa" (1 Pedro 2:9). Juan, de modo semejante, escribe, "Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre." (Apocalipsis 1: 5-6).

         En la epístola a los Hebreos tenemos la misma verdad implícita por todas partes. Cristo, como el Sacerdote, está sentado a la diestra de Dios; el velo se ha rasgado, y todos son exhortados a acercarse, "teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo." (Hebreos 10: 19-22). La consecuencia de esto es que no puede haber ahora un sacerdocio terrenal, excepto, de hecho, en el sentido de que todos los creyentes son sacerdotes. Por consiguiente, la designación de una clase especial de hombres, independientemente de cómo se les denomine, como «sacerdotes» o «ministros», es inconsistente con los privilegios de todos los creyentes y es prácticamente una negación de nuestro sacerdocio común. ¿No es una gran vergüenza, con la luz que  tenemos de las Escrituras, que nosotros hayamos aceptado pasivamente estas cosas por tanto tiempo? Porque si todos nosotros somos sacerdotes, que locura es designar a otro para que ore por todos los congregados, ¡y que haga esto independientemente del estado de su propia alma en aquel momento! Cada día del Señor, a la vez, él debe estar delante de Dios para orar la misma cantidad de oraciones que debe orar en su calidad de ministro designado de la congregación, o para leer las mismas oraciones del mismo libro.

         Mi hermano amado, mientras usted ha estado sentado o de rodillas en su banca, ¿no ha sido llenada su alma, a menudo, por el poder del Espíritu, y ha anhelado usted derramar su acción de gracias y alabanza delante de Dios? Pero a usted no se le permitiría hacer esto, porque hay uno en el púlpito cuyo cargo es orar y alabar por usted, y el efecto es como si sólo él fuera el sacerdote, y que usted no estuviera en el mismo lugar de cercanía y privilegio. ¿Puede usted estar satisfecho con un sistema semejante? El celo por los privilegios de mis pares creyentes me impide estar presente en una reunión semejante.

 

        

         4.- La Falta de Disciplina

 

         Existe otra razón que yo mencionaría. Yo estaría en peligro de convertirme en partícipe de malas obras (2 Juan 10, 11) en muchas iglesias y capillas a las que yo podría ser instado a ir para «adorar» o a presentar la Palabra. Es bien sabido que en la mayoría de ellas no existe la disciplina en absoluto. En algunos casos se tratará con las groseras inmoralidades, pero las malas doctrinas [5] raras veces son consideradas como requiriendo disciplina.

 

[5] Refiriéndose a enseñanzas que atacan la Persona o la Obra de Cristo, o contradicen verdades esenciales y básicas como las presentadas en la Palabra revelada de Dios.

 

Tome la denominación a la cual usted pertenece. Sólo el otro día yo observé que un ministro bien conocido estaba presente en una conferencia Bíblica, donde él admitió su creencia en la doctrina de la aniquilación de los incrédulos [6]. Esto, no obstante, no afecta su estatus ni su comunión con las «iglesias» de la misma denominación.

 

[6] Doctrina que niega la realidad del infierno, el lago de fuego eterno, donde los incrédulos sufrirán la ira de Dios con espíritu, alma y cuerpo, separado de Él en las tinieblas de afuera, bajo las consecuencias de la elección de su propia voluntad en rebelión contra Dios.

 

         Podría señalar varios casos del mismo tipo, tales como, por ejemplo, donde ministros sosteniendo la doctrina que niega la eternidad son admitidos libremente para que prediquen en diferentes capillas y son miembros de las mismas asociaciones con aquellos que son, en cuanto a esto, sanos en la fe. De hecho, en el sistema denominacional, la disciplina no puede ser ejercida, porque si usted excluye a un creyente de una capilla, él encontrará fácil acceso a otra. Y, como usted sabe, se ha decidido recientemente por las cortes eclesiásticas [7] que un clérigo no puede rehusar el «sacramento» a uno que niegue la eternidad de los castigos, la personalidad de Satanás, y que incluso ponga reparos sobre varias porciones de la Palabra de Dios.

 

[7] Reunión oficial eclesiástica de líderes, bajo las leyes del país, para decidir acerca de medidas disciplinarias.

 

         ¿Debería tener yo comunión con un mal como este? Yo sí tengo comunión con este mal si me reúno [8] con quienes toleran estas cosas, aunque ello sea sólo ocasionalmente. Un poco de levadura hace fermentar toda la masa; una casa sospechosa de tener lepra tenía que ser cerrada y evitada (1 Corintios 5:6; Levítico 14: 34-53). De este modo, la separación del mal es el principio de Dios, y yo no me atrevo a apartarme de este principio bajo el falso pretexto del amor; porque Él es un Dios santo, y nosotros, por Su gracia, somos santos. De ahí la exhortación, "Sed santos, porque yo soy santo." (1 Pedro 1: 15, 16).

 

[8] Especialmente en el partimiento del pan, en las oraciones o asociándome a ellos en el servicio.

 

         La razón por la cual nosotros pasamos por alto tan a menudo nuestra responsabilidad en este respecto es que nosotros pensamos más los unos en los otros de lo que pensamos en el Señor. La gloria de Dios no ocupa el primer lugar en nuestras almas. Es aquí precisamente donde todos somos susceptibles de fallar. Estos desconcertantes asuntos, efectivamente, apenas podrían surgir si el Señor tuviera Su lugar que le corresponde con nosotros, pero una vez que mi vista se desvía de Él y se dirige a mis pares creyentes, yo me sumerjo en la incertidumbre. No es demasiado decir que la mayoría de los creyentes han caído en este error de poner a los santos antes que el Señor. Como un ejemplo de esto, en una reciente «convención» de creyentes de todas las denominaciones, un miembro principal de ella, al dar por finalizadas las sesiones, resumió los objetivos para los cuales ellos se habían reunido. El primero, dijo él, era la unión; el segundo, el amor fraternal; y el tercero, la exaltación de Cristo. Lejos esté de mí insinuar que el portavoz tuvo la intención de colocar a los santos antes que el Señor. Sin embargo, él lo hizo así, y él proporcionó así, inconscientemente, una ilustración del mal indicado.

 

         Ahora bien, querido hermano, yo le he presentado algunas de las razones que prohíben que yo me reúna con otros creyentes en sus «iglesias» o capillas. Se podría añadir más, pero las razones presentadas son suficientes para mostrarle por qué nosotros pensamos que tenemos el pensamiento del Señor para el curso de acción que adoptamos; que no es por tener un espíritu hipercrítico o Fariseísmo; que no se trata de fanatismo, sino únicamente un asunto con nosotros de lo que es debido al Señor. Nosotros nos hemos separado y permanecemos aparte de las reuniones de otros creyentes, porque estamos convencidos que es la senda en la cual el Señor querría que nosotros anduviésemos. Es un andar fuera de todo lo ideado por los hombres; en una palabra, fuera del campamento con el Señor (Hebreos 13) [9]. Por consiguiente, actuar de otra manera nos convertiría en infieles a nuestras convicciones, nos daría una mala conciencia, y causaría que perdiéramos la comunión con nuestro bendito Señor.

 

         Encomendando el asunto para que usted lo considere en oración, le saludo,

 

         Afectuosamente en Cristo,

 

         Edward Dennett

 

[9] Excelentes comentarios y explicaciones están disponibles para elaborar este punto. El contexto inmediato del pasaje se refiere al Judaísmo. Sin embargo, a manera de aplicación, nosotros podemos considerar los sistemas religiosos hechos por el hombre, donde el Señor se encuentra prácticamente "fuera", por lo que respecta a la responsabilidad del hombre. Lo que el Señor hace en Su gracia soberana, se debe dejar que Él lo decida. Este presente estudio trata de la responsabilidad de los Cristianos de actuar conforme a la enseñanza del Nuevo Testamento con respecto al centro de reunión (Mateo 18:20).

 

        

         - Capítulo 2. El Carácter Exclusivo del Terreno de Reunión

 

         Blackheath, Agosto 1876

 

         Mi querido hermano:

 

         Yo debo indicar, a continuación, sobre qué terreno el Señor querría que Su pueblo se reuniese en asamblea, puesto que ya le he demostrado el por qué nosotros no podemos reunirnos con otros creyentes. Usted me podría decir con razón: «Usted me ha dados fuertes razones acerca del por qué yo no debería ir a una iglesia o capilla denominacional, y, por lo tanto, yo pienso que usted debería ir un paso más allá e indicarme adónde ir.» Adelantándome a esto, me propongo señalar algunas marcas mediante las cuales la asamblea de Dios puede ser conocida a nivel local.

 

         1. Cristo el Centro de Reunión

 

         El primer elemento esencial es que sólo Cristo debe ser el centro de reunión. El Señor mismo nos enseña esto cuando Él dice, "Porque donde están dos o tres congregados en (a o hacia, gr. ες) mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos." (Mateo 18:20). Debo señalar que el Señor no dice que Él está en medio de toda reunión de Su pueblo profesante. Él está solamente en medio de aquellos reunidos ¡a (o hacia) Su nombre! No a Su nombre y, además, hacia algo más, algo como alguna verdad, alguna doctrina o alguna forma de gobierno eclesiástico, sino sólo a Su nombre, ¡fuera y aparte de todo sistema y arreglo humanos, reunidos alrededor y a (o hacia) la Persona de un Señor resucitado y glorificado! No fue posible reunirse de esta manera hasta después de la muerte, resurrección y ascensión de Cristo, puesto que es el Espíritu Santo quien reúne y Él reúne solamente a (o hacia) un Cristo resucitado.

         Pero usted dirá, «Ciertamente todos los creyentes, independientemente del nombre, se reúnen de este modo», puesto que yo me he encontrado repetidamente con esta misma afirmación. Sería fácil refutarla, pero yo prefiero aplicar una prueba. Pida usted a un «clérigo» fiel que vaya a una capilla de los disidentes, y él declinará la petición. De manera similar, pida a un celoso disidente [10] que vaya a la «iglesia», y el rehusará inmediatamente.

 

[10] En cuanto a las expresiones clérigo y disidente, por favor tenga en mente lo que se ha dicho anteriormente acerca de la Iglesia Establecida o de Inglaterra (Anglicana) y las sectas o «iglesias» disidentes. La misma observación puede ser aplicada a otras formas de organizaciones eclesiásticas, aun cuando haya «correlación o inter-comunión» como ocurre frecuentemente actualmente.

 

En ambos casos ellos tienen objeciones de conciencia hacia el curso de acción propuesto. Esto no podría ser si ambos estuviesen reunidos solamente al nombre de Cristo, ya que ambos profesan amar aquel nombre, y ¿cómo podrían ellos rehusar ir allí donde Su nombre fuese el único centro de la reunión?

 

         El hecho es que el disidente añade al nombre de Cristo ciertas ideas (sacadas, como él piensa, de las Escrituras) acerca de la organización y el gobierno de la iglesia, y el clérigo, de manera similar, ha rodeado el nombre de Cristo con sus tradiciones. Yo le admito que ambos están dispuestos, generalmente, a recibir a todos los Cristianos (esto no es verdad universalmente hablando, puesto que la «iglesia» más grande en su propia denominación hace de los bautismos por inmersión una condición de membresía), pero es sobre su propio fundamento que ellos están dispuestos a recibirlos. Así, si usted va a la «iglesia», usted debe, necesariamente, estar de acuerdo en todos los planes y modos de obrar de ellos; y así también si usted va una capilla.

         Usted verá, por tanto, que no es verdad que los Cristianos denominacionales se reúnen solamente al nombre de Cristo. Si ellos lo hicieran, ellos repudiarían todos los nombres humanos, glorificando solamente el nombre de Cristo. De hecho, una denominación no llama a todos los creyentes, sino solamente a aquellos que tienen doctrinas y puntos de vista similares. De tal modo, ellos confiesan, de forma práctica, que el centro de ellos no es solamente Cristo.

         Permita que le advierta fervientemente que ninguna reunión puede ser conforme al pensamiento de Dios si el nombre de Cristo no es el único centro de atracción. Bien podría el Espíritu de Dios exhortarnos a través de Su siervo, "Salgamos, pues, a él, fuera del campamento, llevando su vituperio." (Hebreos 13:13). Estas organizaciones religiosas enormemente ocupadas alrededor nuestro forman, verdaderamente, el campamento, y de ahí que solamente sea fuera de todas estas que es posible reunirse al nombre de Cristo. No se dé por satisfecho hasta que usted haya encontrado una reunión tal, porque encontrándola, usted puede entrar en el disfrute de toda la indecible bendición que se resume en las palabras "allí estoy yo" (no, «allí estaré yo») "en medio de ellos." (Mateo 18:20).

         2. El Terreno del Un Cuerpo

 

         Un segundo elemento esencial es que la reunión debe de ser sobre el terreno de la Iglesia - sobre el terreno del cuerpo de Cristo - y de ahí que será alrededor de la mesa del Señor. Explicaré esto más plenamente. Ya hemos visto que Cristo es la Cabeza de la Iglesia; y puesto que Él es la Cabeza, los creyentes durante esta dispensación son miembros de Su cuerpo. "Porque por un mismo Espíritu todos nosotros fuimos bautizados, para ser constituídos en un solo cuerpo." (1 Corintios 12:13 - VM); y por consiguiente, se dice que nosotros somos "miembros de su cuerpo, participantes de su carne y de sus huesos." (Efesios 5:30 - VM). Nosotros estamos, por tanto, unidos por el Espíritu a Cristo en el cielo, porque "el que se une al Señor, un espíritu es con él." (1 Corintios 6:17). Como una consecuencia de esto, nosotros somos también "miembros los unos de los otros." (Romanos 12:5). Existe el vínculo más cercano posible - un vínculo vital - por una parte, entre Cristo y Su pueblo, y por la otra, entre todos los creyentes. Esta es la unidad que el Espíritu ha formado, la unidad del cuerpo de Cristo (1 Corintios 12: 12-13). Se nos exhorta a ser diligentes en guardar "la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz." (Efesios 4:3).

         Siendo esto así, el terreno de la reunión de los santos debería expresar esta verdad, reconociendo de tal manera (si podemos hablar así) la unidad del cuerpo. Es decir, debemos reunirnos como miembros del cuerpo de Cristo, y no como Anglicanos, Wesleyanos, Presbiterianos, Independientes, o Bautistas [11], sino únicamente como siendo miembros del cuerpo de Cristo. Cualquier terreno de reunión, por tanto, que sea más amplio, o más estrecho que este, es una negación de la verdad del cuerpo y, de esta manera, no puede ser el terreno de Dios. La aplicación de este principio destruye todo el sistema denominacional de una sola vez; y debería hacerlo, porque el fundamento sobre el cual se basan las denominaciones es completamente contrario a las Escrituras.

 

[11] Otros nombres y otras asociaciones sectarias pueden ser añadidas a esta lista, dependiendo de la situación local o regional en que el lector pueda encontrarse.

 

         Una consecuencia adicional a estar reunidos como miembros del cuerpo de Cristo es que ello será alrededor de la mesa del Señor. El apóstol enseña esta verdad cuando dice, "el pan que rompemos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo? Porque siendo muchos, somos un solo pan, y un solo cuerpo; porque todos participamos de aquel mismo pan." (1 Corintios 10: 16-17 - RVR1865). El pan sobre la mesa en medio de los santos reunidos es, de este modo, el símbolo de la unicidad del cuerpo de Cristo; y, puesto que todos participan de él, es el símbolo adicional de común membresía de aquel cuerpo.

         ¡Cuán maravilloso en su sencillez! De ahí que en la iglesia temprana los discípulos se reunían siempre en el primer día de la semana para partir el pan. (Hechos 20:7; 1 Corintios 11:20). Ellos se reunían para este propósito (compare también con Hechos 2:42). El objeto de que ellos se reunieran, no era para asistir a un «servicio», a escuchar sermones, sino para partir el pan, y para proclamar así "la muerte del Señor, hasta que él venga." (1 Corintios 11:26 - VM).

         Busque, querido hermano, estos rasgos de la Asamblea de Dios en su propio vecindario. ¿Dónde los encontrará usted en los múltiples «lugares de adoración» alrededor? ¿Es mucho decir que su búsqueda será en vano? ¡Ello es una triste señal del fracaso de la iglesia y de la absoluta confusión de este día malo!

 

         3. Libertad del Espíritu Santo

 

         Otra característica es la libertad para que el Espíritu Santo ministre por medio de aquel que Él quiere. Yo he hablado ya de esto en mi primera carta, y por tanto no necesito agregar mucho aquí. Puedo recordarle que esto brota también de la verdad del cuerpo de Cristo. Lea cuidadosamente 1 Corintios 12:14 donde se expone esto. Usted verá allí que "el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos", y que "a uno se le da palabra de sabiduría por medio del Espíritu; pero a otro, palabra de conocimiento", etc.; que "El ojo no puede decir a la mano: "No tengo necesidad de ti"; ni tampoco la cabeza a los pies: "No tengo necesidad de vosotros." (1 Corintios 12: 8-21: RVA). De esta manera, el apóstol dice, "Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación." (1 Corintios 14: 26-33). Aquí está el reconocimiento de que cada don distinto viene de la Cabeza de la Iglesia, y que debe haber espacio para que el Espíritu lo use en la Asamblea. Si este espacio no existe, el reunirse (congregarse, iglesia, servicio) no es conforme a Dios.

         El mal de no permitir ningún ejercicio de un don aparte del «ministro» ha mantenido a las personas en un estado de ignorancia de la verdad, a través de la incapacidad del ministro elegido por ellos, cuando en la congregación hay, a menudo, algunos con más conocimiento y más don. Allí está él, día tras día del Señor, repitiendo los elementos doctrinales más básicos, y estos son distorsionados por el modo en que son presentados. Además, es casi imposible removerle del cargo al cual ha sido asignado. Pero usted mismo ha conocido esta clase de casos, por tanto, no me explayaré al respecto. Lo que sí haré es preguntarle, ¿acaso este mal no debería convencerle de que un arreglo semejante no puede ser conforme a la mente del Señor?

 

         4. Ejercicio de Disciplina según Dios

 

         Debe haber, también, el ejercicio de disciplina según Dios conforme a la Palabra. Satanás engaña frecuentemente a las almas actualmente, mediante la presentación de la falsificación de la verdad. Por esta razón es necesario que estemos en guardia. Es muy posible, de este modo, que usted pudiera encontrar, aparentemente, las tres marcas anteriores donde hay ausencia de este cuarto punto. Por tanto, asegúrese de buscar también esto, de lo contrario usted puede fracasar en su búsqueda.

         La disciplina ha de ser ejercida en dos direcciones: sobre inmoralidades, especificadas en 1 Corintios 5, y sobre aquellos que sostienen falsas doctrinas (Gálatas 3 y 6, 2 Juan 9-11; Apocalipsis 2 y 3). Muchos concuerdan (aunque ellos pueden descuidarlo en la práctica) que los que andan en el mal deberían ser apartados de la mesa del Señor, pero existe gran oposición a la aplicación de la disciplina a la doctrina. Mucho se dice acerca  la «libertad de conciencia», pero yo niego que nosotros tengamos alguna libertad de conciencia contra la Palabra de Dios, a la cual nosotros debemos inclinarnos implícitamente. "!A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido." (Isaías 8:20). El pretexto es plausible, pero uno puede detectar inmediatamente en ello el artilugio de Satanás. Si él puede socavar los fundamentos de la clara verdad, ello es como si él hubiese conquistado mediante abierta oposición.

         Un creyente profesante que niega el valor de la sangre de Cristo está tan ciertamente perdido como uno que es abiertamente incrédulo. Recordar esto le ayudará a entender la dificultad que ha enfrentado la realización de la disciplina por doctrina. Llega realmente a esto en algunos casos: la recepción de los enemigos de Cristo a la, así llamada, comunión. Usted no puede encontrar la asamblea de Dios donde no hay disciplina por doctrina, porque la santidad conviene siempre a la casa de Dios.

 

         5. Sometimiento a la Palabra de Dios

 

         En la asamblea de Dios todo estará ordenado en sometimiento a la Palabra. Las Escrituras deben ser supremas porque ellas son la expresión de la voluntad de Dios. De ahí que nada pueda ser tolerado que se oponga a Su Palabra o que no reciba la aprobación de Su Palabra.

         No se nos abandona a nuestro propio juicio e imaginación, sino que se ha hecho provisión en las epístolas para los más pequeños detalles de la asamblea. Por tanto, no es menos desobediencia actuar sin la autoridad de la Palabra, de lo que es actuar en oposición a ella. Es extremadamente importante tener esto en mente, porque si usted examina el asunto de cerca, encontrará que no existe una denominación de Cristianos que no haya ordenado varias cosas como ellos mismos han considerado mejor.

         Para ilustrar lo que quiero dar a entender, yo puedo mencionar una conversación que tuve el año pasado con un antiguo compañero estudiante. Yo dije, «¿Tienes tú la autoridad de la Escritura para esto y aquello y lo otro, especificando una variedad de cosas en sus arreglos eclesiásticos?» «No», él respondió francamente, «nosotros no tenemos, pero», añadió él, «yo afirmo que nosotros tenemos la libertad de adoptar los planes y métodos que nuestra experiencia demuestra que son los mejores.» Y, desvestido de todo disfraz, este es el terreno común tomado.

         Yo afirmo que todas las cosas ordenadas en la asamblea, cada acto y procedimiento, todas las actividades de los santos - oraciones, alabanza y ministerio - deben ser regulados por, y deben tener la aprobación directa de, la Escritura. La Cabeza dirige todo, y esa Cabeza es Cristo; Él ha registrado Su voluntad para nosotros en la Palabra escrita. Por eso, Él nos ha colocado en el lugar, no de inventar y arreglar, sino de obediencia.

         Dondequiera que usted encuentre que las marcas mencionadas están en combinación, usted encontrará el lugar donde Dios querría que Sus santos se congregasen, porque ellas son las macas de Su asamblea. Es cierto que usted puede hallar mucha debilidad e imperfección en los santos reunidos de este modo [12], y estas dos cosas han caracterizado siempre a la Iglesia desde la muerte de Esteban, y la caracterizarán hasta que el Señor venga a buscar a los Suyos.

 

[12] De qué manera nos humilla hoy en día, cuando vemos que la condición de la profesión Cristiana es mucho peor que en el siglo pasado. Sobre todo, cuán triste es ver que los descendientes de aquellos que confesaron y practicaron estos principios Escriturales que el Sr. Dennett defiende en este folleto, se han dividido por acciones carnales. Algunos grupos de los 'hermanos' han seguido incluso a falsos maestros y se han convertido en sectas. No obstante, los fracasos en la historia de los así llamados 'hermanos' no anulan los principios divinos que los primeros 'hermanos' defendieron, y a los cuales ellos regresaron. Las mismas verdades aún son válidas en nuestro día, justo antes de la venida del Señor a buscar a los Suyos. (Nota del Editor del folleto en Inglés).

 

         Precauciones

 

         Sin embargo, yo añadiría, por esta misma razón, una precaución. Se dice a veces que los santos en un lugar semejante son tan fervientes y activos que ciertamente será conforme a la voluntad de Dios que yo me una a ellos; o que hay tantas almas convertidas bajo la predicación del Sr. X, que no puede ser la voluntad de Dios que yo esté separado de un siervo tan honrado por el Señor.

         Dos observaciones se pueden hacer acerca de esto:

- Primero, que argumentar de este modo es reemplazar los pensamientos de Dios por los nuestros, es seguir nuestros propios razonamientos en lugar de la Palabra escrita.

- En segundo lugar, escasamente existe una forma de Cristianismo, no obstante cuán corrupta ella esté, que no se pueda apoyar de esta manera.

         Si yo veo a clérigos ritualistas fervientes y devotos (y gracias a Dios que ellos existen), ¿debo sacar yo la conclusión de que Dios querría que yo me asociara a ellos? Una vez más, cuando Dios en Su gracia y misericordias soberanas - en tierna compasión hacia las almas - utiliza poderosamente Su Palabra predicada para la conversión de pecadores, sea en el Catolicismo, en la iglesia de Inglaterra (Anglicana), o en los disidentes, ¿debo yo inferir por ello que estos sistemas son según Su propio corazón? Nada podría ser más engañoso; y sin embargo, estos razonamientos ilusorios y engañosos entrampan almas por todas partes.

         ¿Debo yo temer que usted será engañado de esta forma, querido hermano? No, yo estoy convencido que el Señor ha comenzado a mostrarle la verdad; y que habiendo comenzado la obra, Él ciertamente la continuará hasta completarla. Pero yo le insto a seguir adelante e incluso le recuerdo su responsabilidad, y estoy seguro que una vez que usted se encuentre en el único lugar donde Dios querría que Sus santos estuviesen, no sólo abundarán su gratitud y gozo delante de Dios, sino que usted se maravillará también de que por tantos años sus ojos estuvieran cerrados contra una verdad revelada tan claramente en las Escrituras.

         Que sólo el Señor pueda conducirle, de modo que ninguna sutileza del enemigo, ningún señuelo que él está tan dispuesto a presentar a corazones ejercitados, puedan desviarle. Si su oración es, "Endereza delante de mí tu camino" (Salmo 5:8), usted pronto descubrirá que "Luz resplandece en las tinieblas para el que es recto." (Salmo 112:4 - LBLA).

 

         Afectuosamente en Cristo,

 

         Edward Dennett

 

 

         - Capítulo 3. Por qué los así llamados 'hermanos' no se pueden unir con otros Cristianos en el Servicio

 

         Blackheath, Agosto 1876.

 

         Mi querido hermano,

 

         Responderé ahora su pregunta acerca de por qué los así llamados 'hermanos' no se pueden unir con otros Cristianos en el servicio. Muchos están formulando continuamente la misma pregunta; y recientemente [13], durante el trabajo evangelístico de los Sres. Moody y Sankey, se pensó que era extraño, sino una prueba de que nosotros estamos fuera de los actuales pensamientos de Dios, que nosotros no participásemos activamente en el movimiento. Algunos argumentan, de hecho, que aun suponiendo que nosotros tenemos la mente de Dios en cuanto a Su Iglesia, no existe razón suficiente (tal como le parece a ellos) para que nosotros no tengamos comunión con los demás en el servicio, cuando ningún principio eclesiástico está implicado. Tal es su propia dificultad, y yo trataré de enfrentarla conforme el Señor me capacite.

 

[13] Recuerden, por favor, que el autor está escribiendo en 1876. No obstante, las mismas preguntas surgen actualmente con respecto a Billy Graham y Luís Palau, por ejemplo, sin hablar de otros asuntos tales como la asociación con la Iglesia Católica Romana y los así llamados Movimientos Carismáticos, o vínculos don organizaciones para-eclesiásticas y religiosas. (Nota del Editor del folleto en Inglés).

 

         1- Orar por todos

 

         Nosotros podemos orar, y oramos, por muchos siervos del Señor con quienes no podemos tener comunión. Yo recuerdo una vez, mientras estaba en el extranjero, que un evangelista estaba predicando el evangelio en la misma casa donde algunos que estaban en comunión se estaban hospedando, y, aunque ellos no podían asistir a sus reuniones, ellos se reunían para orar por él cada vez que él predicaba. Y este es mi caso en este mismo momento. Yo estoy escribiendo estas líneas en Alemania. En esta ciudad, un Cristiano Inglés bien conocido está predicando el evangelio, y yo, muy sincera y fervorosamente, oro para que Dios pueda utilizarle para Su gloria en la conversión de almas. Pero existen muchas razones por las que yo no podría asistir a sus reuniones. Igualmente, cuando los Sres. Moody y Sankey estuvieron en Londres, los santos en Blackheath oraron siempre continuamente por ellos.

         Usted verá, de este modo, que no es por indiferencia a sus labores que nosotros nos mantenemos aparte. De hecho, es una prueba dolorosa estar obligado a estar separados de muchos cuyo celo y devoción nosotros admiramos, una prueba que no podría ser soportada si a nosotros no se nos hubiese enseñado la preciosa lección de que la gloria de Cristo es la única cosa que se ha de tener en consideración, que Él solo debe ser nuestro objeto. Estoy seguro que para usted, no obstante lo querido que es Su pueblo, Él mismo es más amado que los demás.

 

         2. Patrocinando Evangelistas

 

         Permítame tomar, en primer lugar, el caso de los evangelistas, porque estos presentan la mayor dificultad a muchas mentes. Nada puede ser más claro, a partir de las Escrituras, que el servicio del evangelista es individual. Él recibe su don de Cristo ascendido al cielo, y a Él solo como Señor es responsable por su ejercicio (Efesios 4: 8-11). Es importante tener claridad sobre este punto, ya que hay mucha confusión acerca de él.

         Yo leí, la semana pasada, un discurso pronunciado por uno de sus propios «ministros», y él declaraba que la obra principal de la iglesia era salvar almas. Yo respondo que no es así, que esa no es la obra de la iglesia, en absoluto. Ello es la obra de Dios a través de la predicación del evangelio; y Él ha encomendado la predicación del evangelio no a la iglesia, sino a los evangelistas: - a todos aquellos que con cualquier medida del don puedan predicar el evangelio.

 

La predicación del evangelio es, por tanto, un servicio enteramente individual [14].

 

[14] Los santos locales se pueden identificar con el evangelista (cuando anda apropiadamente) y su obra, no sólo mediante oraciones, sino también mediante patrocinio material y de otras formas. No obstante, el evangelista espera en el Señor para su guía y sustento, pero aprecia, obviamente, la comunión de sus compañeros Cristianos.

 

         Hay aún otro punto. El evangelista es también un miembro del cuerpo de Cristo, y tiene su lugar como tal (hablo ahora de la condición normal de cosas) en la asamblea de Dios. Aunque su servicio es individual, y a nadie se le puede permitir interponerse entre él y su responsabilidad propia para con el Señor, con todo, él sale, o debería salir, al servicio desde su lugar en la asamblea. Como consecuencia de esto, si el Señor lo usa en la conversión de almas, él conducirá a quienes hayan sido salvados a través de su predicación a que regresen con él al lugar de ellos en la asamblea. Ya que tan pronto como ellos han creído, ellos son sellados mediante el don de la presencia interior del Espíritu y son miembros del cuerpo de Cristo, y tienen su lugar como tales a la mesa del Señor. Ciertamente la obra del evangelista no está terminada hasta que aquellos que han sido convertidos mediante su trabajo son guiados al verdadero lugar que les corresponde como creyentes.

         Nosotros tenemos la más plena comunión con todos los evangelistas que laboran de este modo. Si no la tuviéramos, nosotros no tendríamos comunión con Dios en este respecto, porque, laborando conforme a Su propia mente, ellos pueden contar con Su presencia y pueden descansar en la confianza de que Su nombre será glorificado, sea que los hombres reciban o rechacen el mensaje de ellos.

         ¿Trabaja la mayoría de evangelistas de esta manera? Tomen, una vez más, el reciente movimiento evangelístico en Inglaterra y Escocia. ¿Cuál fue su punto de partida? El acuerdo acerca de no decir nada en cuanto a las diferencias «eclesiásticas» y de ¡respaldar a todas las sectas que se unieron su apoyo! El método de operación fue el siguiente: antes de que los dos evangelistas fueran a algún lugar, tenía que haber un acuerdo entre los ministros de todas las denominaciones. Clérigos «evangélicos», disidentes de todos los matices, y Wesleyanos, se encontraron lado a lado, formando un comité en apoyo del movimiento. Los evangelistas, por su parte, no tendrían nada que decir de una iglesia o capilla en particular; ellos enviarían a sus convertidos a todas por igual. Así se hizo. Si Dios en Su gracia convertía a un pecador, él era enviado de regreso a la iglesia o capilla a la que él había asistido previamente. Los nombres fueron debidamente catalogados y enviados a sus respectivos ministros.

         ¿Puede alguien pretender, por un minuto, que esto fue conforme al pensamiento de Dios? Si el hombre de iglesia establecida piensa que disentir es un cisma, ¿puede él recomendar conscientemente a un alma tan pronto ella se convierte a entrar en un cisma, o a unirse al movimiento que él recomienda? ¿Puede el disidente, quien sostiene que la iglesia del estado (o establecida) es una abominación, unirse conscientemente a enviar de regreso a un nuevo creyente a aquel sistema? Y sin embargo, ambos lo hicieron; manteniendo una tregua, por un corto tiempo, en cuanto a sus diferencias. "El que es fiel en lo muy poco, es fiel también en lo mucho" (Lucas 16:10 - LBLA), es un principio divino que permanece siempre, pero quienquiera que actúe sobre él debe apartase, a menudo, de sus pares creyentes.

 

         3. Otros Movimientos y Actividades

 

         Yo he mencionado sólo un movimiento, pero las mismas características impregnan la mayoría de nuestros modernos procedimientos religioso. Lo mismo ocurrió con el movimiento «la vida superior». [15] Muchas sociedades se fundamentan sobre el mismo acuerdo tácito o declarado: ignorar a la Iglesia de Dios; y muchos obreros individuales, aquellos cuyos nombres atraen la mayor parte de la atención pública, asumen el mismo terreno. Permítame, entonces, querido hermano, que le pregunte, con toda franqueza, ¿si piensa usted que permanecer en silencio en cuanto al asunto de Su iglesia puede agradar a Dios? ¿Puede la verdadera Cabeza de la Iglesia mirar con complacencia cualquier arreglo humano, podría Él permanecer en silencio acerca de arreglos que afectan en forma práctica la unidad de Su cuerpo? No puede haber ninguna duda en cuanto a la respuesta. Allí está nuestra amplia justificación para rehusar la asociación con quienes actúan de esa forma.

 

[15] Este movimiento puso un énfasis extremo sobre la vida espiritual interior y la contemplación, pero subestimó la necesidad del estudio objetivo de la Palabra. Fue una forma de dualismo, vinculado con influencias paganas y el misticismo, según cuyas filosofías el cuerpo y las cosas materiales eran de un estado «inferior», mientras que los asuntos espirituales y religiosos eran de un orden «superior».

 

         El caso es todavía más fuerte. No sólo yo acuso de indiferencia a aquellos de los cuales he hablado, sino de hostilidad - de abierta oposición al terreno verdadero sobre el que Dios querría que Sus santos se reunieran. Esta es una posición muy grave de asumir; porque si hay solamente un terreno en la tierra (como la Escritura enseña) sobre el cual los creyentes han de reunirse, es una cosa solemne, por cierto, ser hostil a él, es decir, querer respaldar todos los terrenos de sectarismo, pero no el terreno verdadero de la Iglesia. Por lo tanto, nosotros no podríamos, sin ser desleales a la verdad, estrechar las manos con quienes se oponen a reunirse sólo sobre aquel terreno.

         Hay aún otro aspecto del caso. Al mismo tiempo que nosotros somos condenados por nuestros pares creyentes por estar solos, aquellos que nos condenan no desean nuestra comunión a menos que nosotros nos comprometamos a cosas que ellos no tienen derecho de exigir, y a las que nosotros no nos podríamos comprometer sin ser infieles al Señor. Hace algún tiempo atrás, se me pidió que predicara el evangelio en un edificio no denominacional. Antes de que yo pudiera responder, se añadió a la pregunta, «Obviamente usted no mencionará ninguna de sus particularidades.» ¿Podría uno, por el hecho de asistir a un lugar en particular, estar de acuerdo de antemano de guardarse cualquier cosa que el Señor ponga en su corazón para que él hable? No, ello regresa al punto ya considerado en la última carta. ¿Es al Señor o a mi prójimo creyente a quien yo tengo que tener ante mí? El apóstol dice, "si todavía agradara a los hombres (si hago de esto mi objetivo), no sería siervo de Cristo." (Gálatas 1:10).

         Me agradaría ir más allá en este asunto. Tal como hemos visto anteriormente, nuestro lugar está "fuera del campamento" (Hebreos 13:13), y por tanto, es un lugar de separación. Estos siervos de los cuales hemos estado hablando, ¿están dentro o fuera del campamento? Ellos no están fuera, porque ellos aprueban tácitamente, o se unen abiertamente, con todos los sistemas sectarios que el hombre ha organizado y erigido, estos mismos sistemas que forman, en su totalidad, el campamento. Si yo, entonces, por la gracia de Dios, he sido conducido fuera del campamento a Cristo, ¿debo yo regresar a él o asociarme con quienes están en él, en aras de la comunión? O bien yo debo perder la comunión con Cristo [16] o evitar la comunión con aquellos que están es esta posición. Siendo este el caso, usted verá la necesidad de que nosotros continuemos en separación; que efectivamente, la fidelidad a Cristo y la lealtad al testimonio que Él nos ha encomendado, nos prohíben tomar cualquier otra senda.

 

[16] Con respecto a la luz que el Señor me ha dado, yo perdería el gozo de la comunión con Él, debido a mi desobediencia. Esto no significa que los creyentes que están en el campamento, no tendrían absolutamente ninguna comunión con el Señor. Ellos ignoran el verdadero carácter que el campamento tiene a los ojos de Dios, pero pueden gozar de comunión con Él, conforme a la luz que ellos tienen.

 

         4. Pero las personas están siendo salvadas

 

         Usted argumentará quizás, «Pero considere cuántas personas están siendo salvadas; y si las personas están siendo salvadas, un objetivo semejante requiere, ciertamente, nuestra cooperación activa.» Hay dos respuestas a esta cuestión.

- Primero, es triste notar cuán continuamente el hombre  y su bendición excluyen o subordinan el pensamiento de Dios y Su gloria. Es verdad que las almas están siendo salvadas mediante el ministerio de la Palabra, y nosotros estamos muy agradecidos de que Dios, en Su tierna misericordia, las esté reuniendo así, en tales cantidades, antes de la venida del Señor. Pero, ¿hemos de descansar en esto? ¿No ha de tener Él, por cuya gracia se recibe la bendición, ninguna gloria de parte de aquellos que han predicado la Palabra, de parte de quienes están siendo salvados? Ni por un minuto yo deseo insinuar que los predicadores y los convertidos olvidarán la fuente de la bendición, sino que lo que yo quiero decir es esto: ¿No se debe afirmar la reclamación de Dios sobre los salvados? ¿No se les debe recordar que, siendo salvos, ellos son salvos no meramente para su propia bendición, sino para la gloria de Dios y que Dios será glorificado mediante el hecho de que ellos entren en la senda de separación y tomen el lugar de obediencia y testimonio? El deseo del corazón de Dios para ellos no se cumple hasta que ellos hayan salido a Cristo fuera del campamento, llevando su vituperio.

         Parece casi cruel decir a una persona recién convertida, en respuesta a su pregunta, «¿Cuál es mi próximo paso?», que nosotros debamos remitirle a su propio estudio de las Escrituras. Yo pregunté recientemente a uno que recién había sido convertido, «¿Está usted a la mesa del Señor?» Su respuesta fue, «Hay tantas mesas, yo no sé cuál es la del Señor.» Esta es sólo una muestra de los muchos creyentes que andan «errantes como ovejas que no tienen pastor». Por lo tanto, que los evangelistas tomen su posición sobre la Palabra de Dios, estando preparados a toda costa, aun a expensas de la cooperación de muchos hermanos amados, y de popularidad también, que tengan la gloria de Dios ante ellos como la primera cosa en sus labores. Que ellos la coloquen, también, delante de aquellos que son salvados mediante su ministerio. Mientras este no sea el caso, yo no puedo estar en asociación con ellos.

- En segundo lugar, si yo voy a cooperar con todos quienes son usados en la conversión de los no salvados, me tendré que asociar con Católicos, ritualistas y cada otra sección de la Cristiandad [17]. La falacia radica en suponer que Dios avala la posición y los modos de obrar de todo aquel que es usado. Muchos son engañados de este modo. Yo leí una carta de un ministro dirigida a un creyente que había sido conducido fuera del campamento, en la que él tomaba este mismo terreno. Él decía que era una cosa muy solemne oponerse a un ministerio que Dios había reconocido tan manifiestamente mediante la bendición que Él había otorgado a través de él. Pero la pregunta es esta (y ciertamente un maestro de la Palabra debería haberla recordado): ¿Está sancionado por las Escrituras este ministerio particular? Si lo está, nosotros estamos obligados a recibirlo, pero si no lo está, nosotros estamos obligados a rechazarlo igualmente. De igual forma con uno que es usado en la conversión de almas. Al mismo tiempo que yo bendigo a Dios por la muestra de Su gracia, yo tengo solamente que preguntar para mi propia guía, ¿Son los modos de obrar y la posición del obrero conforme a la Palabra de Dios?

 

[17] Este es el problema real hoy en día, por lo demás, con predicadores de buena fe como Billy Graham y una multitud de otros (Nota del Editor del folleto en Inglés)

 

Si ellos lo son, yo puedo unir manos sinceramente con él; si no lo son, yo no me puedo asociar con él en su falsa posición, en su desobediencia. Porque se trata de desobediencia, aunque él pueda no estar consciente de ello.

 

         5. Sociedades Religiosas

 

         Si yo me veo obligado a estar separado de muchos obreros devotos, cuánto más de las «sociedades religiosas» que se extienden a través de todo el mundo, con su elaborada maquinaria para la recolección de fondos y sus diversas actividades, uno de los síntomas más tristes de la corrupción de este día malo. Yo estoy íntimamente familiarizado con sus modos de acción a causa de mi posición anterior, y de haber servido en muchos comités. Pero no deseo quitar el velo que oculta tanto de lo que es extraño a la mente de Cristo, y será suficiente decir que ningún Cristiano instruido podría estar relacionado con ellas.

         Tome usted ciertas copias de los periódicos «religiosos» o revistas patrocinadas por la iglesia, y usted hallará anuncios de bazares, mucho de los cuales son hechos más atractivos mediante la actuación de bandas militares o de otro tipo, y sorteos. Avisos de sermones pronunciados por hombres notables, con posteriores colectas; reuniones arregladas de tal manera que atraigan mediante la reputación de los oradores, la más grande cantidad de personas. Todas estas cosas son hechas, de forma profesada, en el nombre de Cristo [18].

 

[18] Yo no estoy capacitado para juzgar, ni se me permite hacerlo, los motivos de aquellos que hacen estas cosas. El punto es si yo me puedo asociar con estas cosas, ya que ellas están en conflicto con la luz que el Señor, en Su gracia, me ha dado.

 

         ¡Oh, mi hermano, mencionar estas cosas es revelar el carácter de ellas, así como mostrar la condición irremediablemente corrupta en la cual la iglesia profesante ha caído!

¿Se puede maravillar usted, entonces, de que nosotros estemos aparte o que instemos continuamente la necesidad de separación de todas estas cosas que son tan completamente opuestas al pensamiento del Señor?

         Yo sé que la senda del creyente, y especialmente del siervo, es cada vez más difícil en este día malo. Pero hemos sido advertidos de antemano, y nuestro recurso ha sido provisto. "También debes saber esto:", dice el apóstol al escribir a Timoteo, "que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos." (2 Timoteo 3:1); y si usted examinará el capítulo completo, encontrará principalmente tres cosas:

- Primero, las características de los "tiempos peligrosos" (vv. 2-9);

- en segundo lugar, que la persecución debe ser la porción del piadoso (vv. 10-12); y finalmente,

- en tercer lugar, que la Palabra de Dios es nuestro único recurso (vv. 14-17).

Yo recomiendo que usted estudie este capítulo con ferviente oración, con la esperanza de que el Señor pueda usarlo para desenmarañarle a usted de todo lo que es contrario a Su voluntad y le de confianza en Él para tomar valientemente el lugar de separación.

 

         6. Teniendo la Mente del Señor

 

         Puedo añadir, como conclusión, que la cosa esencial en el servicio es tener la mente del Señor con respecto a aquello en lo cual estamos inmersos. Es imposible, por lo tanto, establecer reglas absolutas que harán frente a cada caso, pero si yo estoy en comunión con Aquel que se digna enviarme, la senda será llana, independientemente de lo difícil que pueda ser andar en ella. Sin embargo, para estar en comunión yo debo ser tanto obediente como dependiente. Nuestro Señor lo dijo así a Sus discípulos (y a nosotros también, ciertamente), "Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho." (Juan 15:7). La orden es significativa: primeramente, permanecer en Él, es decir, vivir dependiente constantemente de Él, y luego que Sus palabras permanezcan en nosotros, controlándonos y gobernándonos completamente; sí, formando a Cristo mismo en nosotros; es decir, el estado del alma en primer lugar, y luego el andar, la vida, la actividad, formados por la Palabra. Comencemos con Cristo, y luego no hay mucha dificultad en conocer lo que es adecuado a Él en nuestra senda y servicio. Puedo pedirle, entonces, querido hermano, que aparte la mirada de sus propios pensamientos, de su propio servicio, y de los pensamientos y rostros de sus pares creyentes, y deje que su mirada sea dirigida únicamente a Cristo, mientras usted clama, "Señor, ¿qué quieres que yo haga?" Porque, "si pues tu ojo fuere sencillo, también todo tu cuerpo será resplandeciente." (Lucas 11:34 - RVR1865).

 

         Afectuosamente en Cristo,

 

         Edward Dennett

 

 

         - Capítulo 4. Hasta que Él venga

 

         Blackheath, Agosto 1876.

 

         Mi querido hermano:

 

         En estas pocas líneas me gustaría dejarle, si es posible, en la presencia de Aquel quien sólo puede hacer que la verdad sea un poder viviente en su alma. El peligro de que nosotros dejemos deslizar la verdad es muy grande, de consolarnos a nosotros mismos pensando que los demás siguen adelante alegremente. Por tanto, nosotros propendemos a decir, «¿Por qué deberíamos turbarnos con todo este ejercicio de alma?» Pondré sólo dos cosas delante de usted en respuesta a esta pregunta.

 

         1. La Venida del Señor

 

         La primera cosa es la venida del Señor. ¿Está usted, querido hermano, viviendo en la expectativa diaria del regreso de Cristo? ¿Qué nos ha dicho Él en Su último mensaje a Su Iglesia? "El que da testimonio de estas cosas dice: "¡Sí, vengo pronto!" ¡Amén! ¡Ven, Señor Jesús!" (Apocalipsis 22:20 - RVA). Tres veces en este capítulo Él hace el anuncio (vv. 7, 12, 20). ¡Qué perspectiva bienaventurada nos es desplegada de este modo! ¿Quién descendió a la muerte para nuestra redención y enfrentó toda la ira de Dios que nos correspondía a nosotros como pecadores? Su amor fue tan vasto y tan intenso que las muchas aguas (esas ondas y olas de ira que pasaron sobre Su alma) no pudieron apagarlo, y los ríos no pudieron ahogarlo. Se nos permitirá ver a este mismo Hombre, aunque Sus dolores han terminado ahora y Él está glorificado a la diestra de Dios. Nosotros le veremos tal como Él es, porque en ese entonces nosotros seremos semejantes a Él (1 Juan 3:2). ¡Qué perspectiva! ¡Cómo nos llena con gozo inefable anticiparla, al mismo tiempo que apartamos la vista de todo lo demás y pensamos en aquel momento cuando Él vendrá a tomarnos a Él mismo, para que donde Él está también nosotros podamos estar (Juan 14:1)! Bien podríamos nosotros anticipar ese momento, efectivamente, porque aquel momento será la fruición de Su propio gozo, así como la consumación de nuestras bendiciones.

 

         2. Las Tres Expectativas del Señor

 

         Hay una pregunta que brota de esto, y esta es la segunda cosa que deseo poner ante usted. Durante el breve tiempo, el intervalo de espera hasta que Él venga, ¿qué espera el Señor de nosotros aquí? Este capítulo (Apocalipsis 22) nos da la respuesta. Nosotros hemos indicado el triple anuncio de Su pronta venida, y consideremos ahora sus diferentes conexiones. La primera es, "!He aquí, vengo pronto! Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro." (Apocalipsis 22:7). Él nos enseña así, que es la obediencia lo que Él aprecia en los Suyos mientras esperar Su venida, y esta obediencia, como sabemos leyendo Juan 14, es la demostración de nuestro amor.

         ¿Quién, entonces, con una palabra como esta, procurará excusarse de obedecer? ¿Acaso todo verdadero creyente no dirá, «¡Qué privilegio me ha otorgado el Señor, de declarar mi amor por Él, a quien los hombres rechazaron, guardando Su palabra!» ¡Con qué deleite reposan Sus ojos sobre aquellos que entre pruebas y aun peligros, hacen de esto el único objetivo de sus vidas!

         Luego, Él habla nuevamente, y dice, "He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra." (Apocalipsis 22:12). Se nos enseña aquí que Él busca fidelidad en Sus siervos; y, además, que Él los recompensará de acuerdo con esto (compare con Lucas 19: 19-26). Una vez más, y por la última vez, Él habla, "El que da testimonio de estas cosas dice: "¡Sí, vengo pronto!"" La respuesta de Juan es, "¡Amén! ¡Ven, Señor Jesús!" (Apocalipsis 22:20 - RVA) - una respuesta que debiera emanar espontáneamente del corazón de cada santo. Se nos enseña así, que durante el breve tiempo que nosotros esperamos, nuestros afectos son muy preciosos para Él

         Estas son, entonces, las tres cosas que Él busca ahora de nosotros: obediencia, fidelidad y afecto. A la luz de esta verdad, la perspectiva de la venida del Señor y lo que Él valora en Sus santos mientras ellos están esperando Su regreso, yo le pido, querido hermano, que considere y decida los asuntos que yo he tenido el privilegio de poner ante usted en estas cartas.

 

         Encomendándole una vez más a la guía y bendición del Señor, le saludo,

 

         Afectuosamente en Cristo,

 

         Edward Dennett

 

Traducido por: B.R.C.O. - Agosto 2009.-

Título original en inglés: 
 HINDRANCES TO FELLOWSHIP, by Edward Dennett 
Traducido con permiso 
Publicado por:
www.STEMPublishing.com
Les@STEMPublishing.com

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