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TITO
por J. N. Darby
La Epístola a Tito se ocupa
del mantenimiento del orden en las iglesias de Dios.
El objetivo especial de las
Epístolas escritas a Timoteo fue el mantenimiento de la sana doctrina, aunque se habla de otras cosas en atención a las cuales
el apóstol entrega instrucciones para la conducta de Timoteo. Esto nos lo dice el apóstol mismo. En la Primera Epístola a
Timoteo vemos que Pablo había dejado a su amado hijo en la fe en Éfeso, para que cuidase que ninguna otra doctrina fuese predicada
allí; la asamblea es la "columna y apoyo de la verdad" (1 Timoteo 3:15 - Versión Moderna). En la Segunda Epístola hallamos
los medios mediante los cuales los Cristianos deben fortalecerse en la verdad, cuando la masa se ha apartado de ella.
Aquí en Tito, el apóstol dice
expresamente que le había dejado en Creta para poner orden en las cosas que aún faltaban, y para establecer ancianos en cada
ciudad. Aunque más o menos los mismos peligros se presentaban en la mente de Pablo como cuando le escribió a Timoteo, con
todo, hallamos que el apóstol entra de inmediato en su asunto, con una tranquilidad que demuestra que su mente no estaba preocupada
de la misma manera con esos peligros, y que el Espíritu podía emplearle más enteramente con el andar común de la asamblea,
de modo que esta epístola es mucho más simple en su carácter. El andar que conviene a los Cristianos, con respecto al mantenimiento
del orden en sus relaciones los unos con los otros, y los grandes principios en los cuales este andar está fundamentado, forman
el asunto del libro. El estado de la asamblea casi no se presenta ante nosotros. Verdades que fluyen más completamente de
la revelación cristiana, y que la caracterizan, tienen más lugar en esta epístola que en aquellas dirigidas a Timoteo. Por
otra parte, las profecías concernientes a la condición futura del Cristianismo, y el progreso de la decadencia que ya había
comenzado, no se repiten aquí. Al mismo tiempo que declara de una manera notable ciertas verdades con respecto al Cristianismo,
el tono de la epístola es más calmo, más común.
Capítulo 1
Versículos 1-3. Se habla aquí
particularmente de la promesa de vida así como en Timoteo. Además, esta promesa y la revelación de Dios (como el Padre) en
Cristo distinguen al Cristianismo del Judaísmo.
Pero en esta epístola los grandes
límites del Cristianismo son presentados al comienzo. La fe de los escogidos, la verdad que es según la piedad, la promesa
de vida eterna desde antes del principio de los siglos, y la manifestación de la Palabra de Dios por medio de la predicación,
son los asuntos de la introducción. El título de "Salvador" es aquí, como en Timoteo, añadido al nombre de Dios al igual que
al de Cristo.
Esta introducción no carece
de importancia. Aquello que contiene es presentado a Tito por el apóstol como caracterizando su apostolado, y como el asunto
especial de su ministerio. No era un desarrollo del Judaísmo, sino la revelación de una vida y de una promesa de vida que
subsistía (es decir, en Cristo, el objeto de los consejos divinos), antes de que el mundo fuese. Conforme a esto la fe se
hallaba, no en la confesión de los Judíos, sino en los escogidos traídos por gracia al conocimiento de la verdad. Era la fe
de los escogidos: esta es una verdad importante, y lo que caracteriza la fe en el mundo. Otros pueden, en efecto, adoptarla
como un sistema; pero la fe es en sí misma la fe de los escogidos.
Éste no era el caso entre los
Judíos. La confesión pública de su doctrina, y la confianza en las promesas de Dios, pertenecían a todo aquel que nacía Israelita.
Otros pueden pretender la fe cristiana; pero es la fe de los escogidos. Su carácter es tal que la naturaleza humana ni la
comprende, ni la concibe, sino que encuentra que le es piedra de tropiezo. Desvela una relación con Dios, la cual es inconcebible
para la naturaleza y, al mismo tiempo, presuntuosa e insoportable. Para los escogidos es el gozo de su alma, la luz de su
entendimiento, y el sustento de su corazón. La fe los sitúa en una relación con Dios que es todo lo que su corazón puede desear,
pero que depende enteramente en lo que Dios es; y esto es lo que el creyente desea. Es una relación personal con Dios mismo;
por consiguiente, es la fe de los escogidos de Dios. Por lo tanto es también para todos los Gentiles así como para los Judíos.
Esta fe de los escogidos de
Dios tiene un carácter íntimo en relación con Dios mismo. Reposa en Él, conoce los secretos de Sus consejos eternos - ese
amor que hizo que los escogidos fuesen el objeto de Sus consejos. Pero hay otro carácter conectado con esta fe, a saber, la
confesión delante de los hombres. Existe la verdad revelada mediante la cual Dios se da a conocer, y demanda la sumisión de
la mente del hombre y la adoración de su corazón. Esta verdad sitúa el alma en una verdadera relación con Dios. Es la verdad
que es según la piedad.
Por lo tanto, la confesión de
la verdad es un carácter importante del Cristianismo, y del Cristiano. Existe en el corazón la fe de los escogidos, fe personal
en Dios y en el secreto de Su amor; y existe la confesión de la verdad.
Ahora bien, aquello que formaba
la esperanza de esta fe no era la prosperidad terrenal, una posteridad numerosa, la bendición terrenal de un pueblo a quienes
Dios reconocía como Suyos. Era la vida eterna, prometida por Dios en Cristo antes de que el mundo fuese, fuera del mundo y
el gobierno divino del mundo y el desarrollo del carácter de Jehová en ese gobierno.
Era la vida eterna. Está en
conexión con la naturaleza y el carácter de Dios mismo, y, teniendo su fuente en Él, procediendo de Él, era el pensamiento
de Su gracia, y declarado ser tal en Cristo, antes de que un mundo existiese en el cual el primer hombre fue introducido en
responsabilidad (su fracaso en el cual está su historia hasta Cristo el segundo Hombre, y la cruz en la que Él llevó sus consecuencias
por nosotros, y obtuvo esa vida eterna para nosotros en su gloria plena con Él), y que fue la esfera del desarrollo del gobierno
de Dios sobre aquello que estaba sujeto a Él - una cosa muy distinta de la comunión de una vida mediante la cual uno participa
de Su naturaleza, y que es su reflejo. Esta es la esperanza del evangelio (pues nosotros no estamos hablando aquí de la asamblea),
el tesoro secreto de la fe de los escogidos, de la cual la palabra revelada nos da seguridad.
"Prometió desde antes del principio
de los siglos" es una expresión notable e importante. Uno es admitido en los pensamientos de Dios antes de la existencia de
esta escena cambiante y mezclada, la cual da testimonio de la fragilidad y del pecado de la criatura - de la paciencia de
Dios, y de Sus caminos en gracia y en gobierno. La vida eterna está conectada con la naturaleza inmutable de Dios; con consejos
que son tan permanentes como Su naturaleza, con Sus promesas, en las cuales Él no nos puede mentir, y a las cuales Él no puede
ser infiel. Nuestra parte en la vida existía antes de la fundación del mundo, no sólo en los consejos de Dios, no sólo en
la Persona del Hijo, sino en las promesas hechas al Hijo como nuestra parte en Él. Se trataba del asunto de esas comunicaciones
del Padre al Hijo, de las que nosotros éramos los objetos, siendo el Hijo el depositario de ellas.{*} Maravilloso conocimiento
que nos ha sido dado de la comunicación celestial de la cual el Hijo era el objeto, para que pudiéramos entender el interés
que Dios tiene por nosotros en Sus pensamientos, de los cuales nosotros éramos los objetos en Cristo. ¡desde antes del principio
de los siglos!
{* Comparen con Proverbios 8: 30, 31, y Lucas 2:14, y Salmo 40: 6-8, "has abierto" siendo en realidad la traducción,
"has horadado mis orejas" - es decir, preparado un cuerpo, el lugar de obediencia, o un siervo (Filipenses 2); traducido así
por la Septuaginta o LXX y aceptado en Hebreos como justa (Hebreos 10: 5-7).}
Aquello que la Palabra es se
hace también más claro para nosotros por medio de este pasaje. La Palabra es la comunicación, en el tiempo, de los pensamientos
eternos de Dios en Cristo. Ella encuentra al hombre bajo el poder del pecado, y revela la paz y la liberación, y muestra de
qué modo él puede tener parte en el resultado de los pensamientos de Dios. Pero estos pensamientos no son nada más que el
plan, el propósito eterno, de Su gracia en Cristo, para concedernos vida eterna en Cristo - una vida que existía en Dios antes
de que el mundo fuese. La Palabra es predicada, manifestada (es decir, la revelación de los pensamientos de Dios en Cristo).
Ahora bien, estos pensamientos nos dan vida eterna en Cristo, y esto fue prometido desde antes del principio de los siglos.
Los escogidos, creyendo, lo saben, y poseen la vida misma. Ellos tienen el testimonio en sí mismos; pero la Palabra es la
revelación pública en la cual la fe esta fundamentada, y que tiene autoridad universal sobre las conciencias de los hombres,
ya sea que la reciban o no. Tal como en 2 Timoteo 1: 9, 10, ella es presentada como salvación, pero manifestada entonces.
Se observará aquí que la fe,
es fe en una verdad sostenida y conocida personalmente; una fe que solamente el escogido puede tener, que posee la verdad
tal como Dios la enseña. La expresión 'La fe' es usada también para describir el Cristianismo como un sistema en contraste
con el Judaísmo. Aquí está el secreto de Dios en contraste con una ley promulgada a un pueblo exterior. Esta promesa, que
databa desde antes de los siglos revelados, y que era soberana en su aplicación, fue especialmente encomendada al apóstol
Pablo para que la anunciara por medio de la predicación. A Pedro se le encomendó el evangelio más como el cumplimiento de
las promesas hechas a los padres, lo cual Pablo también reconoce, con los sucesos evangélicos que las confirmaban y desarrollaban
mediante el poder de Dios manifestado en la resurrección de Jesús, el testigo del poder de esta vida.
Juan presenta la vida más en
la Persona de Cristo y luego impartida a nosotros, los frutos característicos que él expone.
Versículo 4. Hallaremos que
el apóstol no tiene la misma intimidad de confianza en Tito como en Timoteo. Él no le abre su corazón del mismo modo. Tito
es un amado y fiel siervo de Dios y, también, hijo del apóstol en la fe; pero Pablo no le abre su corazón de la misma manera
- no le comunica sus ansiedades, sus lamentaciones - no desahoga su alma ante él - del modo que lo hizo con Timoteo. Al contar
todo, uno ve que es angustioso e inquietante el trabajo en que uno está involucrado - esa es la prueba de la confianza. Uno
tiene confianza con respecto al trabajo, y uno habla de ello con respecto a uno mismo, con respecto a todo, y no hay restricción,
no se mide cuán lejos uno debería hablar de uno mismo, de lo que uno siente, de todas las cosas. Esto es lo que el apóstol
hace con Timoteo, y al Espíritu Santo le ha complacido retratarlo para nosotros.
Versículo 5. Al escribir a Timoteo
la doctrina ocupó, por sobre todo, la mente del apóstol: el enemigo, mediante la enseñanza, obró y se esforzó por arruinar
la asamblea. Los obispos (ancianos, supervisores) {*} sólo aparecen como una cosa accesoria. Aquí tienen un lugar primario.
Pablo había dejado a Tito en Creta para que acabase "de poner en orden las cosas que faltaban" (vers. 5 - Versión Moderna),
y para establecer ancianos en cada ciudad, como le había mandado. Aquí no se trata del deseo que alguien pudiese tener de
llegar a ser un obispo (anciano, supervisor), ni (considerando eso) de describir el carácter apropiado a este cargo, sino
de establecerlos (o 'constituirlos' - Versión Moderna, RVR77; o 'designarlos' - LBLA); y para esta tarea Tito fue investido
con autoridad por parte del apóstol. Se le dan a conocer las calificaciones necesarias, para que pudiese decidir conforme
a la sabiduría apostólica. De modo que, por una parte, él fue investido por el apóstol con autoridad para establecerlos, y,
por otra parte, fue instruido por él respecto a las calificaciones requeridas. La autoridad y la sabiduría apostólicas concurrieron
para hacerle competente para realizar este digno e importante trabajo.
{* N. del T.: "Los versículos 5 y 7 aplican términos diferentes a la misma persona - anciano y obispo (o supervisor,
sobreveedor), el primero hablando de él en forma personal, el segundo hablando de su obra. Como un anciano, él es uno que
ha tenido experiencia, una calificación importante, como 1 Timoteo 3:6 insiste, "no un neófito", uno nuevo en las filas del
Cristianismo. Su obra de supervisar es la de preocuparse por el orden espiritual y el bienestar de la asamblea." (L. M. Grant)}
Vemos, asimismo, que este delegado
apostólico fue autorizado a poner en orden lo que era necesario para el bienestar de las asambleas en Creta. Habiendo sido
ya fundadas, con todo, ellas necesitaban instrucciones con respecto a muchos detalles de su andar; y se requería el cuidado
apostólico para dárselas, así como para el establecimiento de funcionarios en las asambleas. Esta tarea el apóstol había encomendado
a la fidelidad aprobada de Tito, investido con su propia autoridad, de palabra y, aquí, por escrito; de modo que rechazar
a Tito era rechazar al apóstol y consecuentemente al Señor que le había enviado. La autoridad en la asamblea de Dios es una
cosa seria - una cosa que procede de Dios mismo. Puede ser ejercida por influencia mediante el don de Dios; por funcionarios,
cuando Dios los establece por medio de instrumentos que Él ha escogido y enviado para este propósito.
Versículos 6-11. No es necesario
entrar aquí en el detalle de las calificaciones que eran necesarias para desempeñar el cargo de anciano apropiadamente. Ellas
son, en lo principal, las mismas que las mencionadas en la epístola a Timoteo. Son cualidades, no dones; cualidades - externas,
morales, y circunstanciales - que demostraban la aptitud del individuo para el cargo de cuidar solícitamente a otros. Puede,
quizás, ocasionar sorpresa que la mala conducta soez no tenga un lugar aquí; pero las asambleas eran más sencillas de lo que
la gente piensa, y las personas que las componían habían salido recién de las costumbres más deplorables, y, por lo tanto,
una buena conducta previa que inspirara el respeto de los demás era necesaria para dar peso al ejercicio del cargo de supervisión.
Era necesario, asimismo, que aquel que era investido con este cargo pudiese convencer a los que contradecían. Pues
ellos tendrían que vérselas con tales personas, especialmente entre los Judíos, quienes estaban siempre y en todas partes
activos oponiéndose a la verdad, y pervirtiendo sutilmente la mente.
Versículos 12, 13. El carácter
de los Cretenses ocasionaba otras dificultades, y requería el ejercicio de autoridad perentoria; el Judaísmo se mezclaba con
el efecto de este carácter nacional. Era necesario ser firme y actuar con autoridad, para que pudieran continuar sanos en
la fe.
Versículos 14-16. Además, él
tenía todavía que hablar acerca de ordenanzas y tradiciones, esas plagas malignas en la iglesia de Dios que provocan Su celo,
y que, al exaltar al hombre, se oponen a Su gracia. Una cosa no era pura, otra estaba prohibida por una ordenanza. Dios reclama
el corazón. Todas las cosas son puras para los puros; para aquel cuyo corazón está corrompido no le es necesario molestarse
para encontrar lo que es impuro; sino lo conveniente, para poder olvidar lo que es en su interior. La mente y la conciencia
ya están corruptas. Hablan de conocer a Dios, pero en sus obras ellos Le niegan, siendo sin provecho y réprobos en cuanto
a toda obra realmente buena.
Capítulo 2
Versículos 1-10. A Tito, que no sólo debía
designar a otros para el propósito, sino que, estando allí revestido con autoridad, él mismo debía velar sobre el orden y
el andar moral de los Cristianos, se le encomendó (tal como es el caso a través de estas tres epístolas) ver que cada uno,
conforme a su posición, anduviese en concordancia con una propiedad moral y que guarde relación - una cosa importante, y que
protege de los ataques de Satanás, y de la confusión en la asamblea. La verdadera libertad reina en la asamblea; el orden
moral la asegura; y el enemigo no encuentra mejor ocasión para deshonrar al Señor y arruinar el testimonio y arrojar a todos
en el desorden dando así ocasión al mundo para blasfemar, que el olvido de la gracia y del orden santo entre los Cristianos.
No nos engañemos: si estas cualidades no se mantienen (y ellos son bellos y preciosos), entonces la libertad (y es hermosa
y preciosa, y desconocida para el mundo, quienes ignoran lo que la gracia es), la libertad excelente de la vida cristiana,
da lugar al desorden que deshonra al Señor y arroja confusión moral en todas las cosas.
A menudo, al percibir que la debilidad del
hombre brinda la ocasión al desorden donde reina la libertad cristiana, en lugar de buscar el verdadero remedio, los hombres
han destruido la libertad; ellos destierran el poder y la operación del Espíritu - pues donde está el Espíritu, hay libertad
en todo sentido - el gozo de las nuevas relaciones en las cuales todos son uno. Pero, mientras separa cada vínculo por causa
del Señor cuando es necesario, el Espíritu reconoce cada relación que Dios ha formado; incluso cuando nosotros la rompemos
- así como la muerte lo hace - a través de la exigencia del llamamiento de Cristo, que es superior a todas ellas. Pero mientras
estemos en ellas (el llamamiento de Cristo aparte), hemos de actuar de manera apropiada a la relación. La edad y la juventud,
marido y esposa, hijo y padre, esclavo y amo, todos tienen que mantener sus propias propiedades esenciales para mantener el
orden el uno hacia el otro, y un comportamiento en concordancia con la posición en que estamos.
La "sana doctrina" tiene en cuenta todo esto,
y, en sus advertencias y exhortaciones, mantiene todas estas propiedades. Esta es la enseñanza que el apóstol da aquí a Tito,
con respecto a los ancianos, las ancianas, las mujeres jóvenes (en relación a sus maridos, sus hijos, y su vida entera, que
debería ser doméstica y modesta); a los jóvenes, para quienes Tito debía ser siempre un modelo; a los esclavos, con sus amos;
y luego, los deberes de todos hacia los magistrados, y, en realidad, hacia todos los hombres. Pero, antes de ocuparse de este
último punto, él establece los grandes principios que son el fundamento de la conducta de los santos entre ellos en este mundo.
Su conducta hacia los magistrados y el mundo tiene un motivo diferente.
La conducta de los Cristianos en la asamblea,
como tales, tiene como su base y motivo las doctrinas especiales del Cristianismo. Nosotros encontramos estas doctrinas y
motivos en el capítulo 2: 11-15, porción que habla de esa conducta.
El motivo particular para el carácter del
andar de ellos, con respecto al mundo, lo encontramos en el versículo tercero y los versículos siguientes del capítulo 3.
Versículos 11-15. Estos versículos contienen
un resumen notable del Cristianismo, no exactamente de sus dogmas, sino como una realidad práctica para los hombres. La gracia
se ha manifestado. Se ha manifestado, no limitada a un pueblo particular, sino a todos los hombres; no se ha manifestado cargada
con promesas y bendiciones temporales sino trayendo salvación. Viene de Dios a los hombres con salvación. No espera justicia
del hombre, trae salvación a los que la necesitan. Preciosa y sencilla verdad, que nos hace conocer a Dios, que nos coloca
en nuestro lugar, pero conforme a la gracia que ha sobrepasado toda barrera para dirigirse, en la bondad soberana de Dios,
¡a todo hombre en la tierra!
Habiendo traído esta salvación, ella nos
instruye perfectamente en cuanto a nuestro andar en este mundo; y eso, en relación a nosotros mismos, y a los demás hombres,
y a Dios. Renunciando a toda impiedad, y a todos los deseos que encuentran su gratificación en este mundo, hemos de poner
freno a la voluntad de la carne en todo aspecto y vivir sobriamente; tenemos que reconocer las demandas de los demás y vivir
justamente; debemos reconocer los derechos de Dios sobre nuestros corazones y ejercer la piedad.
Pero nuestro futuro también está iluminado
por la gracia. Ella nos enseña a aguardar la esperanza bienaventurada, y la manifestación de la gloria de nuestro gran Dios
y Salvador Jesucristo.
La gracia se ha manifestado. Ella nos enseña
de qué manera andar aquí abajo, y a esperar la manifestación de la gloria en la Persona de Jesucristo. Y nuestra esperanza
está bien fundamentada. Cristo es justamente precioso para nosotros. Podemos tener confianza plena de corazón al pensar en
Su manifestación en gloria, así como el motivo más poderoso para una vida consagrada a Su gloria. Él se dio a sí mismo por
nosotros, para redimirnos de toda iniquidad, y para purificar para sí un pueblo en Su derecho propio, y que fuese celoso -
conforme a Su voluntad y a Su naturaleza - de buenas obras.
El Cristianismo es esto. Ha provisto para
todo, el pesado, el presente, y el futuro, conforme a Dios. Nos libra de este mundo, haciéndonos un pueblo apartado para Cristo
mismo, conforme al amor en el cual Él se dio a sí mismo por nosotros. Se trata de una purificación, pero una purificación
que nos consagra a Cristo. Nosotros pertenecemos a Él como Su peculiar porción, Su posesión en este mundo; animados con el
amor que está en Él, para hacer el bien a los demás y testificar de Su gracia. Este es un precioso testimonio de lo que el
Cristianismo es, en su realidad práctica, como la obra de la gracia de Dios.
Capítulo 3
Versículos 1, 2. Con respecto a la conducta
del Cristiano hacia el mundo, la gracia ha desterrado la violencia, y el espíritu de rebelión y resistencia que agita el corazón
de aquellos que no creen, y que tiene su fuente en la voluntad propia que lucha por mantener sus propios derechos en relación
a los demás.
El Cristiano tiene su porción, su herencia,
en otra parte; él está reposado y sumiso aquí y preparado para hacer el bien. Incluso cuando los demás son violentos e injustos
hacia él, él lo soporta recordando que antes no era diferente en cuanto a él mismo: una difícil lección, pues la violencia
y la injusticia agita el corazón; pero el pensamiento de que es pecado, y de que nosotros también fuimos anteriormente sus
esclavos, produce paciencia y piedad. La gracia sola ha hecho la diferencia, y conforme a esa gracia nosotros hemos de actuar
hacia los demás.
Versículo 3. El apóstol entrega un penoso
resumen de las características del hombre según la carne - lo que nosotros éramos en otro tiempo. El pecado era insensatez
- era rebeldía; el pecador estaba extraviado - era esclavo de concupiscencias, lleno de malicia y envidia, aborrecible, y
aborreciendo a los demás. Tal es el hombre caracterizado por el pecado. Pero la bondad de Dios, de un Dios Salvador, Su buena
voluntad y Su amor hacia los hombres (¡dulce y precioso carácter de Dios!) {*} se ha manifestado. El carácter que Él ha asumido
es el de Salvador, un nombre especial dado a Él en estas tres epístolas, para que llevemos su impronta en nuestro andar, para
que impregne nuestro espíritu. Nuestro andar en el mundo y nuestra conducta hacia los demás dependen de los principios de
nuestra relación con Dios. Lo que nos ha hecho diferentes de los demás no es algún mérito en nosotros mismos, alguna superioridad
personal: algunas veces somos, incluso, como ellos. Es el amor tierno y la gracia del Dios de misericordia. Él ha sido tierno
y misericordioso con nosotros: hemos conocido lo que esto es, y somos así con los demás. Es verdad que al limpiarnos y renovarnos
esta misericordia ha obrado por un principio y en una esfera de vida que son completamente nuevos, de modo que nosotros no
podemos andar con el mundo como hacíamos antes; pero nosotros actuamos hacia los demás que están aún en el lodo de este mundo,
del modo que Dios ha actuado hacia nosotros para sacarnos de él, para que podamos disfrutar de aquellas cosas que, conforme
al mismo principio de gracia, deseamos que otros también disfruten. La conciencia de lo que éramos en otro tiempo, y del modo
en que Dios actuó hacia nosotros, se combinan para gobernar nuestra conducta hacia los demás.
{* En Griego, φιλανθρωπία, filandsropía, se trata de la palabra filantropía, que es utilizada aquí al hablar
de Dios; y que además tiene una fuerza mayor que la palabra Inglesa, porque filía es un afecto especial por alguna cosa, una amistad.}
Versículos 4-6. Ahora bien, cuando
la bondad de un Dios Salvador se manifestó, no fue algo vago e incierto, Él nos ha salvado, no por obras de justicia que hubiéramos
hecho, sino conforme a Su misericordia lavándonos y regenerándonos. Este es el doble carácter de la obra en nosotros, los
mismos dos puntos que encontramos en Juan 3 en el discurso del Señor a Nicodemo; excepto que aquí se añade aquello que tiene
ahora su lugar debido a la obra de Cristo, a saber, que el Espíritu Santo es derramado también en nosotros abundantemente
para ser la fuerza de esa nueva vida de la cual Él es la fuente. El hombre es lavado, limpiado. Es lavado de sus antiguas
costumbres, pensamientos, deseos, en el sentido práctico. El hombre era moralmente malo y corrupto en su vida interior y exterior.
Dios nos ha salvado purificándonos; Él no podía hacerlo de otro modo. Para estar en relación con Él debe haber pureza práctica.
Pero esta purificación era minuciosa.
No se trataba del exterior del vaso. Era la purificación por medio de la regeneración; identificada, sin duda, con la comunicación
de una nueva vida, que es la fuente de nuevos pensamientos, en conexión con la nueva creación de Dios, y capaz de disfrutar
de Su presencia y en la luz de Su rostro, pero que en sí misma es un pasaje desde el estado en que estábamos a uno completamente
nuevo, desde la carne por medio de la muerte al estado de un Cristo resucitado.
Pero había un poder que actuaba en
esta vida nueva y que la acompaña en el Cristiano. No se trata meramente de un cambio subjetivo, como dicen. Hay un Agente
divino activo que imparte algo nuevo, de lo cual Él mismo es la fuente - el Espíritu Santo. Es Dios actuando en la criatura
(pues es por el Espíritu que Dios actúa siempre en forma inmediata en la criatura); y es en el carácter del Espíritu Santo
que Él actúa en esta obra de renovación. Se trata de una nueva fuente de pensamientos en relación con Dios; no sólo una capacidad
vital, sino una energía que produce aquello que es nuevo en nosotros.
Ha habido una pregunta, ¿Cuándo sucede
esta "renovación por el Espíritu Santo" (RVR77)? ¿Es al comienzo, o es después de la regeneración {*} de la cual habla el
apóstol? Yo creo que el apóstol habla de ello conforme al carácter de la obra; y añade, "derramó en nosotros" (lo que caracteriza
la gracia de este período presente) para mostrar que hay una verdad adicional, a saber, que el Espíritu Santo, como 'derramado
en nosotros', continúa para mantener mediante Su poder el disfrute de la relación a la que Él nos ha traído. El hombre es
limpiado en conexión con el nuevo orden de cosas; pero el Espíritu Santo es una fuente de una vida enteramente nueva, pensamientos
completamente nuevos; no sólo de una nueva forma moral de existencia, sino de la comunicación de todo aquello en lo cual esta
nueva forma de existencia se desarrolla. No podemos separar la naturaleza de los objetos con respecto a los cuales la naturaleza
se desarrolla, y que forma la esfera de su existencia y que la caracteriza.
{* La palabra Griega utilizada aquí (παλιγγενεσία,
palingenesía) no significa 'nacer de nuevo'. Se utiliza, además de este pasaje,
solamente al final de Mateo 19 para el milenio (Mateo 19:28). La renovación por el Espíritu Santo (RVR77) es una cosa distinta
de la regeneración. Esto último es un cambio de un estado de cosas a otro.}
Es el Espíritu Santo quien da los pensamientos,
quien crea y forma todo el ser moral del hombre nuevo. El pensamiento y lo que piensa no pueden separarse, moralmente, cuando
el corazón se ocupa de ello. El Espíritu Santo es la fuente de todo en el hombre salvado: el es salvo, en última instancia,
porque así son las cosas con él.
El Espíritu Santo no sólo da una nueva
naturaleza; Él la da en conexión con un orden enteramente nuevo de cosas (una "nueva criatura"), y nos llena, en cuanto a
nuestros pensamientos, con las cosas que están en esta nueva creación. Esta es la razón por la que, aunque somos colocados
en ella de una vez y para siempre, esta obra - en cuanto a la operación del Espíritu Santo - continúa; porque Él nos comunica
siempre más y más de las cosas de este mundo nuevo al que Él nos ha traído. Él toma de las cosas de Cristo y nos las hace
saber; y todo lo que tiene el Padre es de Cristo (Juan 16:15). Yo creo que la "renovación por el Espíritu Santo" (RVR77) comprende
todo esto; pues Él (el Espíritu Santo) dice, "el cual derramó en nosotros abundantemente." Así que no se trata sólo de que
nacemos de Él, sino que Él obra en nosotros, comunicándonos todo lo que es nuestro en Cristo.
Versículo 7. El Espíritu Santo es derramado
en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que, habiendo sido justificados por la gracia de este Salvador,
nosotros fuésemos constituidos herederos según la esperanza de vida eterna. Yo creo que lo que antecede a "para que" del versículo
7, es "por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo" (final del versículo 5); y que la frase,
"el cual derramó abundantemente en nosotros por Jesucristo nuestro Señor", es un paréntesis accesorio introducido para mostrar
que tenemos la plenitud del disfrute de estas cosas mediante el poder del Espíritu Santo.
Así que Él nos ha salvado por esta
renovación para que pudiésemos ser constituidos herederos según la esperanza de vida eterna. No es nada externo, terrenal,
o corpóreo. La gracia nos ha dado vida eterna. Para esto, hemos sido justificados por la gracia de Cristo. Por eso hay energía,
poder, esperanza, a través del rico don del Espíritu Santo. Para que participemos de ello hemos sido justificados por Su gracia,
y nuestra herencia está en el gozo incorruptible de la vida eterna.
Dios nos ha salvado, no por obras -
no por medio de {*} nada de lo que somos, sino por Su misericordia. Pero entonces, Él ha actuado hacia nosotros conforme a
las riquezas de Su gracia, conforme a los pensamientos de Su corazón.
{* Aquí, como en todas partes en la Escritura, la responsabilidad del hombre y la gracia salvadora
de Dios, mediante la cual el propósito es llevado asimismo a cabo, están claramente diferenciadas.}
Versículo 8. El apóstol desea que Tito
se ocupe de estas cosas - de aquello que nos lleva con acción de gracias a la relación práctica con Dios mismo y nos hace
sentir que nuestra porción está, nuestra porción eterna, delante de Él. Esto actúa sobre la conciencia, nos llena de amor
y buenas obras, nos hace respetar todas las relaciones de las cuales Dios es el centro. Nosotros estamos en relación con Dios
conforme a Sus derechos; estamos delante de Dios, quien ocasiona que todo lo que Él tiene establecido sea respetado por la
conciencia.
Versículo 9. Tito tenía que evitar
las cuestiones insensatas y las disputas sobre la ley, junto con todo lo que destruiría la sencillez de nuestra relación con
Dios conforme a la revelación inmediata de Él y de Su voluntad en Jesucristo. Sigue siendo el Judaísmo Gnóstico erigiéndose
contra la sencillez del evangelio; es la ley y la justicia humana, y aquello que, mediante seres intermediarios, destruye
la sencillez y el carácter inmediato de nuestra relación con el Dios de gracia.
Versículos 10, 11. Cuando un hombre
procurase establecer sus propias opiniones, y mediante ello formar grupos en la asamblea, después de haberle amonestado una
vez y una segunda vez, él tal tenía que ser desechado; su fe se había pervertido. Él peca, siendo condenado por su propia
conducta. Él no está satisfecho con la asamblea de Dios, con la verdad de Dios: él quiere hacer una verdad propia. ¿Por qué
razón es él un Cristiano, si el Cristianismo, como Dios los ha dado, no le es suficiente? Al hacer un grupo para sus propias
opiniones, él se condena a sí mismo.
Versículos 12-14. Tenemos, al final
de la epístola, un pequeño vislumbre de la actividad cristiana que el amor de Dios produce, los sufrimientos aceptados para
que la grey pueda disfrutar toda la ayuda con la cual Dios provee para la asamblea. Pablo deseaba que Tito viniese a él: pero
los Cretenses necesitaban sus servicios; y el apóstol establece la llegada de Artemas o Tíquico (este último bien conocido
por los servicios que había prestado a Pablo) como condición para la partida de Tito desde el campo en que estaba trabajando.
Hallamos, también, que Zenas, un intérprete de la ley, y Apolos, quien había mostrado también su celo activo en Éfeso y Corinto,
fueron dispuestos para ocuparse en Creta en la obra del Señor.
Observen, también, que tenemos dos
clases de obreros: los que estaban en conexión personal con el apóstol como colaboradores, quienes le acompañaban, y a quienes
él enviaba a otra parte para continuar la obra que él había comenzado, cuando ya no podía continuarla él mismo; y aquellos
que trabajaban libremente e independientemente de él. Pero no había celos de esta doble actividad. Él no descuidaba los rebaños
que le eran queridos; se alegraba de que algunos que eran sanos en la fe regasen las plantas que él mismo había plantado.
Anima a Tito a mostrarles afecto, y a suministrarles cualquier cosa que necesitaran en su viaje. Este pensamiento le sugiere
el consejo que sigue; a saber, que sería bueno que los Cristianos aprendiesen cómo hacer buenas obras para suplir las necesidades
de los demás, así como las de ellos mismos.
El apóstol finaliza su epístola con
las salutaciones que el amor cristiano produce siempre; pero, como vimos al principio, no hay la misma expansión de corazón
que hallamos en las comunicaciones de Pablo a Timoteo. La gracia es la misma en todas partes; pero hay afectos y relaciones
especiales en la asamblea de Dios.
J. N. Darby (1800
- 1882)
Traducido por: B.R.C.O. - Julio 2006
Título original en inglés:
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