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1 Tesalonicenses.
Las Epístolas de
Pablo a los Tesalonicenses
W. Kelly
1 Tesalonicenses
1.
La venida del Señor caracteriza
ambas Epístolas, las cuales son la sede principal, por decirlo así, de esa gran verdad. De fecha temprana entre los escritos
del apóstol, estas dos Epístolas indican simplicidad, frescura y vigor en los santos a quienes son dirigidas. Ellas responden
afectuosamente, desbordantemente, a sus corazones, en tonos afines, pero de tal manera como para enseñarles el camino y para
que profundicen. De ahí la manera informal de entretejer, no didácticamente sino de forma práctica, esa bendita esperanza
con cada tópico, con cada deber, con todas las fuentes o motivos de gozo o dolor, para imbuir el hombre interior y las maneras
exteriores de todos los santos día a día.
Los de Tesalónica, como
se puede leer en Hechos 17: 6, 7, habían tenido desde el principio fuertes impresiones del reino. Pero ellos necesitaban enseñanza
sobre ese amplio y fructífero tema, el cual, al igual que toda otra verdad revelada, proporciona un amplio espacio no sólo
para el error poco inteligente sino también para el error funesto. Con el tiempo ambos errores fueron forjados entre estos
santos; y así como la primera epístola reemplazó aquello que brotó de la mera ignorancia, la última corrigió lo que era inequívocamente
falso y dañino. En las dos epístolas la presencia o venida del Señor es cuidadosamente diferenciada del día del Señor, siendo
expuestos claramente sus verdaderos caracteres y explicada la debida relación de lo uno con lo otro. La necesidad de esto
es tan urgente ahora como lo era entonces; pues aunque el error era entonces tanto reciente como activo, se demuestra que
está fundamentado en una cierta preparación del corazón para ello, en vista de que hasta el día de hoy existe la misma propensión
a desviarse de manera similar, y la misma dificultad en apropiarse de la revelación de Dios. Los antiguos y modernos comentaristas
son tardos para darse cuenta de los diferentes aspectos de la verdad tal como el Espíritu los ha dado, y aunque es solamente
en nuestro día que la principal mala traducción (2 Tesalonicenses 2:2) ha sido corregida, por todos lados la verdad que debería
haber sido aclarada por la corrección parece entenderse tan poco como siempre. El curso de las cosas en la Cristiandad, del
mismo modo que en el mundo antiguo antes que asumiera esa nueva forma, indispone la mente de aquellos que están ligados con
sus intereses para recibir lo que se enseña aquí. La venida del Señor como una esperanza viva y constante aparta el corazón
de cada cosa como un objeto en la tierra: porque Él está viniendo, no sabemos cuán pronto, pero lo sabemos, para recibirnos
a Él en lo alto. Como es el Celestial, así son también los que son celestiales (1 Corintios 15:48) y como éste es el carácter
en que Cristo y el Cristiano están correlativamente, la esperanza corresponde exactamente. Es algo independiente de los acontecimientos
terrenales y no se trata de una cuestión de tiempos u ocasiones. En un momento intencionalmente no revelado, para que los
que son Suyos puedan siempre esperar verdadera e inteligentemente por Él, Él vendrá por ellos para que puedan estar con Él
en la casa de Su Padre.
El día del Señor, por otro
lado, está conectado en sí mismo con asociaciones terrenales de una clase solemne, de las cuales la profecía en el Antiguo
y el Nuevo Testamento hablan igualmente; y esto tiene también su lugar apropiado en estas epístolas. Está, en efecto, adaptado
eminentemente, tal como es la intención, para tratar con la conciencia; pues ese día tratará con el orgullo del hombre y el
poder del mundo, con la religión mundana y con la ausencia de ley en todas sus formas. Además, se trata de una prueba en un
sentido para los afectos, para ver si es que realmente amamos Su manifestación, siendo Él quien quitará el mal y establecerá
todo en orden conforme a Dios.
Pero nos volvemos a las
palabras del apóstol en su orden y en su detalle.
"PABLO, y Silvano, y Timoteo,
a la iglesia de los Tesalonicenses, que es en Dios el Padre, y en el Señor Jesu Cristo. Gracia a vosotros, y paz de Dios Padre
nuestro, y del Señor Jesu Cristo." (versículo 1 - RVR1865).
Tal es la dedicatoria,
con sus marcadas y hermosamente apropiadas peculiaridades. Por un lado, está la marcada ausencia de una posición relativa
o, de hecho, de cualquier posición oficial en el mensaje del apóstol o de la asociación de sus compañeros, quienes son presentados
amablemente del mismo modo que él mismo, sin forma. Por otro lado, se dice aquí y en la apertura de la segunda epístola, que
la asamblea Tesalonicense, está "en Dios el Padre y en el Señor Jesu Cristo", lo cual no se afirma de ninguna otra. ¿Qué puede
armonizar tan bien con santos recién nacidos, recién liberados de muchos dioses y de muchos señores del paganismo, y traídos
a la relación conciente de niños que conocen al Padre? Para nosotros, los Cristianos, "hay un solo Dios, el Padre,
de quien proceden todas las cosas y nosotros somos para El; y un Señor, Jesucristo, por quien son todas las cosas y por medio
del cual existimos nosotros." (1 Corintios 8:6 - LBLA). Pero, ¡qué expresión de ternura y de relación cercana hablar
así de la asamblea de Tesalonicenses en Dios el Padre y en el Señor Jesucristo! ¡Cuán dulce para ellos que se les hable de
esa forma como siendo incluso igualados en la comunión de tales amor y luz! Pero tal es el principio en la manifestación de
los divinos modos de la gracia. Así incluso está escrito en los consoladores modos del profeta Judío, " Como
pastor apacentará su rebaño, en su brazo recogerá los corderos, y en su seno los llevará; guiará con cuidado a las
recién paridas." (Isaías 40:11 - LBLA). Aquellos que están más necesitados reciben especial cuidado y consolación.
Para la joven asamblea
caracterizada de esta forma era suficiente decir las breves pero significativas palabras, "Gracia a vosotros y paz." Para
otros una forma más plena era conveniente, aquí no fue necesaria debido a lo que se dijo antes.
"Siempre damos gracias
a Dios por todos vosotros, haciendo mención de vosotros en nuestras oraciones; teniendo presente sin cesar delante
de nuestro Dios y Padre vuestra obra de fe, vuestro trabajo de amor y la firmeza de vuestra esperanza en nuestro Señor Jesucristo;
sabiendo, hermanos amados de Dios, su elección de vosotros, pues nuestro evangelio no vino a vosotros solamente en
palabras, sino también en poder y en el Espíritu Santo y con plena convicción; como sabéis qué clase de personas demostramos
ser entre vosotros por amor a vosotros.
Y vosotros
vinisteis a ser imitadores de nosotros y del Señor, habiendo recibido la palabra, en medio de mucha tribulación, con el gozo
del Espíritu Santo, de manera que llegasteis a ser un ejemplo para todos los creyentes en Macedonia y en Acaya.
Porque
saliendo de vosotros, la palabra del Señor ha resonado, no sólo en Macedonia
y Acaya, sino que también por todas partes vuestra fe en Dios se ha divulgado, de modo que nosotros no tenemos necesidad de
hablar nada.
Pues ellos
mismos cuentan acerca de nosotros, de la acogida que tuvimos por parte de vosotros, y de cómo os convertisteis de los ídolos
a Dios para servir al Dios vivo y verdadero, y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de entre los muertos, es
decir, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera." (versículos 2-10 - LBLA).
El gozo del corazón del
obrero se derrama en constante acción de gracias a Dios por todos ellos, y esto no es hecho vagamente sino con especial mención
en la ocasión de orar. Respondía al gozo de ellos quienes habían sido así sacados últimamente de las tinieblas a la maravillosa
luz de Dios; pero tenía el carácter profundo de elevarse a Aquel que bendice desde la bendición, ya que la bendición misma
tenía el sabor de la comunión con esa fuente de bendición. Así había obrado Pablo con Dios en Tesalónica, no meramente con
algunos de los Judíos quienes fueron persuadidos y se juntaron con él y Silas (o Silvano), sino que especialmente con un gran número de Griegos piadosos: una obra poderosa y permanente en un tiempo bastante
breve. ¿Conocemos nosotros tal acción de gracias a Dios? ¿Hacemos una mención personal similar en una ocasión similar? ¿Recordamos
nosotros incesantemente el fruto de la bendición del Espíritu en los santos? Sabemos lo que es orar por los santos en el dolor,
vergüenza, peligro, necesidad: ¿nos derramamos en gozo delante de Dios ante la obra de Su gracia en aquellos que Él ha salvado
y congregado al nombre de Jesús? ¿No han sido nuestros corazones angustiados por las circunstancias bajas y quebrantadas y
aisladas de los santos que una vez estuvieron unidos? Nosotros somos rápidos para excluir, para quitar de en medio, para retirarnos,
para evitar, y para toda forma de mostrar repulsión; pero somos lentos e impotentes en la gracia que ve y disfruta la gracia
en los demás, que gana, ayuda, da la bienvenida, y restaura. No era de este modo con el apóstol y sus compañeros. Indudablemente
se necesita gran gracia para apreciar la gracia pequeña. Es como Cristo es.
"Teniendo presente sin
cesar delante de nuestro Dios y Padre vuestra obra de fe, vuestro trabajo de amor y la firmeza de vuestra esperanza en nuestro
Señor Jesucristo." (versículo 3 - LBLA). Es un hecho que aquí entre los Tesalonicenses, especialmente cuando la primera epístola
fue escrita, había tanto poder de vida como había simplicidad con falta de conocimiento. Los tres grandes elementos espirituales,
de los que oímos a menudo en el Nuevo Testamento y notablemente en los escritos del apóstol, eran manifestados y en el vigor
ferviente del Espíritu Santo: no sólo fe, sino "la obra de fe", no sólo amor
sino el "trabajo de amor", y esperanza de nuestro Señor Jesucristo en su paciencia o paciente constancia. Y así como Cristo
es el objeto de fe el cual ejercita el corazón y lo fija sobre cosas invisibles, del mismo modo Su gracia produce amor, y
la esperanza alegra a lo largo del camino, y cuánto más cuando todo está en la luz de Dios, "delante del Dios y Padre nuestro."
(RVR1865) ("Sin cesar acordándonos de vuestra obra de fé, y trabajo de amor, y paciencia de esperanza en el Señor nuestro
Jesu Cristo, delante del Dios y Padre nuestro." versículo 3 - RVR1865). Él es Nuestro Padre, y si nosotros somos "hijitos",
le conocemos como tal (1 Juan 2:13); pero Él es Dios, y en nuestra vida, en nuestros caminos, estamos delante de Él, y le
serviríamos aceptablemente con reverencia y piadoso temor. Él, delante de quien la nueva vida en Cristo es ejercitada así
mediante motivos que tienen su manantial y poder en Cristo, es el Dios que eligió a los Tesalonicenses en Su gracia para que
fuesen Sus hijos amados por Él, como se ha dado testimonio así a las conciencias y afectos de los que Le sirven, "sabiendo,
hermanos amados de Dios, su elección de vosotros." (versículo 4 - LBLA). ¿Qué prueba práctica de nuestra elección puede
haber para los demás si no es en el poder manifiesto de la vida que tenemos en Cristo, mantenido de la única forma que puede
ser mantenido, a saber: procurando tener en todo una conciencia sin ofensa delante de Dios y delante de los hombres? Que nosotros
reunamos evidencia de ello es mera justicia propia, así como la incredulidad que desprecia el testimonio de Dios a Cristo
y a Su obra, la teología estéril de la Cristiandad apresurándose al juicio divino.
Pero Dios ha obrado siempre
la bendición mediante la revelación de Sí mismo. "Por eso es por fe, para que esté de acuerdo con la gracia"
(Romanos 4:16 - LBLA), "porque la ley produce ira" (Romanos 4:15a - LBLA); "porque donde no hay ley, allí tampoco hay transgresión."(Romanos
4:15b - RVR1865). Pero las buenas nuevas predicadas por Pablo y aquellos que estaban con él, "nuestro evangelio" (versículo
5), es el testimonio pleno de lo que hay en Cristo para los perdidos. Esto se les había hecho ver claramente a los Tesalonicenses
en la energía del Espíritu Santo. "Pues nuestro evangelio no vino a vosotros solamente en palabras, sino también en poder
y en el Espíritu Santo y con plena convicción; como sabéis qué clase de personas demostramos ser entre vosotros por amor a
vosotros." (versículo 5 - LBLA). Esta asamblea joven pero consagrada, perseguida y no obstante feliz, era el testimonio viviente
a Dios y a Su Cristo. El evangelio había llegado, no en palabras solamente sino en poder, y como fue en el Espíritu Santo
y no en una exhibición carnal, del mismo modo fue "con plena convicción" (LBLA), o "plena certidumbre (RVR60). La Palabra
fue hablada con todo denuedo y ciertamente por hombres cuyos caminos eran su resplandeciente y genuino reflejo en amor. Esto
produjo los resultados correspondientes en aquellos que la recibieron. Porque Pablo y sus compañeros no eran como los que
parecen incapaces de apreciar la gloria de Cristo en el evangelio así como en la iglesia; que nunca se cansan de exaltar una
parte de la verdad para descrédito de otra, como si todo no se centrase en nuestro Señor: almas de vista muy corta y malévolas,
que pasan por alto los elementos más sencillos de la verdad en su vanidad, y que presionan sobre otros, de manera similar
a un ropavejero, acerca del valor de sus propias mercancías. Si todos fueran maestros, ¿dónde estarían los evangelistas? Si
no hubiese nadie que despertase las almas, dónde estarían las ovejas a ser alimentadas y apacentadas.
Los Tesalonicenses llevaron
la huella del poder que obró en sus corazones y conciencias. "Y vosotros vinisteis a ser imitadores de nosotros y del Señor,
habiendo recibido la palabra, en medio de mucha tribulación, con el gozo del Espíritu Santo, de manera que llegasteis a ser
un ejemplo para todos los creyentes en Macedonia y en Acaya." (versículos 6, 7 - LBLA). Ellos sufrían amargamente por la verdad
que llenaba sus corazones de gozo; igual que Pablo muriendo diariamente mientras vivía; igual que el Señor que murió como
ningún otro, y sin embargo vivió el ejemplo perfecto y la plenitud de gozo en Dios Su Padre con el rechazo absoluto aquí abajo.
Cuán diferente eran los
de Tesalónica de sus hermanos en Corinto quienes les siguieron en breve tiempo, quienes menospreciaban los asuntos más importantes
de la gracia práctica mientras se gloriaban en sus exhibiciones más vistosas de los dones de señales y del poder exterior.
¡Y qué diferencia en el testimonio moral! Nunca oímos de los Corintios como un modelo a seguir para alguno en Macedonia o
en Acaya. Con todo, el corazón del apóstol se conmovía en amor sobre sus últimos hijos en la fe, testarudos y rebeldes como
ellos eran, para que el don inefable de la gracia de Dios produjese el fruto apropiado, aunque tardío, en ellos también.
Tampoco esto era todo:
el mundo estaba lleno de noticias extrañas y esto más allá de toda Grecia, donde los creyentes fueron impresionados con el
celo y el poder moral de la asamblea Tesalonicense. "Porque partiendo de vosotros ha sido divulgada la palabra del Señor,
no sólo en Macedonia y Acaya, sino que también en todo lugar vuestra fe en Dios
se ha extendido, de modo que nosotros no tenemos necesidad de hablar nada." (versículo 8). Los hombres estaban hablando del
cambio y hecho singulares en ese importante centro comercial que estaba ubicado en la línea directa entre el Oeste (Occidente)
y el Este (Oriente). Que un cuerpo de personas hubieran abandonado sus dioses falsos, y fueran llenas del conocimiento del
único Dios verdadero en un gozo que ningún sufrimiento podía enfriar (tan distinto de los Judíos como de los paganos, y aún
más diferenciado en una vida totalmente absorbida por la fe, el amor, la esperanza, nunca vista así antes allí), no podía
más que sorprender a mentes tan agudas, especulativas, y comunicativas como las de los Griegos. El sonido de ello sonaba como
una trompeta tocando en todas direcciones, no sobre milagros o lenguas, sino sobre la fe de ellos hacia Dios: ciertamente
un testimonio bello, admirable, un testimonio de gracia había salido a la luz en medio de idólatras. Pues ello estaba completamente
en contraste con el legalismo duro y soberbio de los Judíos, tan decididamente como con las locuras oscuras e indecentes del
mundo Gentil. De hecho, el efecto fue tal que el apóstol declara "no tenemos necesidad de hablar nada." ¿Porqué predicar lo
que el mundo mismo, en cierta manera, predicaba? Predicar tiene como objetivo dar a conocer el Dios desconocido y Su Hijo,
para despertar a los durmientes, para ganar el oído de los indiferentes para las buenas nuevas de Dios. Aquí los labios de
los hombres estaban llenos de esta cosa verdaderamente nueva en Tesalónica; y desde su activo centro de comercio el informe
salió por todas partes acerca de una asamblea Macedonia que había renunciado a los dioses Griegos, Zeus (Júpiter, nombre romano),
Hera (Juno, nombre romano), Artemisa (Diana, nombre romano), Apolo (Febo, nombre romano), y a todo el resto, sin adoptar la
circuncisión o las instituciones de Moisés.
Tampoco había allí algo
vago o pretencioso, sino la sobriedad de la gracia y la verdad. "Pues ellos mismos cuentan acerca de nosotros, de la acogida
que tuvimos por parte de vosotros, y de cómo os convertisteis de los ídolos a Dios para servir al Dios vivo y verdadero, y
esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de entre los muertos, es decir, a Jesús, quien nos libra de la ira
venidera." (versículos 9, 10 - LBLA). Es un gran objetivo de Satanás combinar el mundo con Dios, permitir la carne mientras
se imita al Espíritu, y caer así realmente bajo sus propios engaños mientras se profesa a Cristo. El reverso de toda esta
confusión Babilónica es visto en la clase de acogida que el apóstol tuvo entre los Tesalonicenses, y la ruptura completa hecha
para sus almas, de todo lo que es opuesto a Dios conocido en luz y amor. Ellos se volvieron a Dios de sus ídolos en lugar
de cristianizarlos y burlarse de Él; ellos no sirvieron a formas o a doctrinas o a instituciones, sino a un Dios vivo y verdadero;
y ellos esperaban de los cielos a Su Hijo, no como un Juez terrible y temido, sino como su Libertador de la ira venidera,
a quien Él resucitó de entre los muertos, la garantía de la justificación de ellos y el modelo de la nueva vida por la cual
ellos vivían para Dios en la fe de Él.
1 Tesalonicenses
2.
Tal fue el efecto vívido
y poderoso de la visita del Apóstol a Tesalónica. Hubo una impresión inconfundible y profunda producida por la conversión
y el andar de los santos allí sobre los de afuera, alrededor y por todas partes. La fe de ellos salió como una proclamación
viviente de la verdad, "de modo que nosotros no tenemos necesidad de hablar nada." ¡Qué felicidad, cuando la obra es en un
poder y una frescura tales como para dejar al obrero libre para otros campos que ya están blancos para la siega! ¡Qué gloria
para el Señor, cuando los mismos paganos despertados y asombrados por el resultado en poder ante ellos no pueden hacer otra
cosa que hablar del Dios verdadero y de Su Hijo!
Ahora, el apóstol entrega
un buen boceto de su "visita", en cuanto a su carácter y significado sobre los santos, un retrato interno, así como antes
se nos habló de su efecto externo.
"Porque vosotros mismos
sabéis, hermanos, que nuestra visita a vosotros no resultó vana; pues habiendo antes padecido y sido ultrajados en Filipos,
como sabéis, tuvimos denuedo en nuestro Dios para anunciaros el evangelio de Dios en medio de gran oposición. Porque nuestra
exhortación no procedió de error ni de impureza, ni fue por engaño, sino que según fuimos aprobados por Dios para que se nos
confiase el evangelio, así hablamos; no como para agradar a los hombres, sino a Dios, que prueba nuestros corazones. Porque
nunca usamos de palabras lisonjeras, como sabéis, ni encubrimos avaricia; Dios es testigo; ni buscamos gloria de los hombres;
ni de vosotros, ni de otros, aunque podíamos seros carga como apóstoles de Cristo. Antes fuimos tiernos entre vosotros, como
la nodriza que cuida con ternura a sus propios hijos. Tan grande es nuestro afecto por vosotros, que hubiéramos querido entregaros
no sólo el evangelio de Dios, sino también nuestras propias vidas; porque habéis llegado a sernos muy queridos. Porque os
acordáis, hermanos, de nuestro trabajo y fatiga; cómo trabajando de noche y de día, para no ser gravosos a ninguno de vosotros,
os predicamos el evangelio de Dios. Vosotros sois testigos, y Dios también, de cuán santa, justa e irreprensiblemente nos
comportamos con vosotros los creyentes; así como también sabéis de qué modo, como el padre a sus hijos, exhortábamos y consolábamos
a cada uno de vosotros, y os encargábamos que anduvieseis como es digno de Dios, que os llamó a su reino y gloria." (versículos
1-12).
El apóstol podía apelar
confiadamente al estado conciente interno de los hermanos. La visita que Pablo y Silas (Silvano) habían hecho a los santos
Tesalonicenses no había sido en vano. Un propósito divino de gracia, la realidad al instar con vehemencia la verdad sobre
las conciencias, y la energía del Espíritu Santo, habían caracterizado su servicio y habían producido los resultados correspondientes.
Y no es de extrañar, pues era el amor de Cristo constriñendo al amor por las
almas que perecen, que no conocían a Dios ni el poder de Su resurrección que incluso había probado la muerte por ellos. Ciertamente
también, no fue una exhibición ostentosa ni una visita vacacional, sino un mandato tan serio a los ojos de sus visitantes,
que ningún objeto en el camino o en el sitio detuvo; "sino que, habiendo padecido antes, y habiendo sido ultrajados, como
sabéis, en Filipos, cobramos confianza en nuestro Dios, para hablaros el evangelio de Dios en medio de mucho conflicto." (versículo
2 - VM).
El trato injurioso recibido
de manos de los Gentiles en Filipos no amilanó más su fe y amor invencibles que la persecución subsiguiente provocada por
el rencor y el celo Judíos en Tesalónica. Ninguna experiencia de sufrimiento puede desviar a aquellos cuyo pensamiento es
soportar todas las cosas tanto por causa de Cristo como por causa de los escogidos, para que ellos también obtengan la salvación
que es en Cristo Jesús. (2 Timoteo 2:10). De ahí la confianza de ellos: "cobramos confianza en nuestro Dios, para hablaros
el evangelio de Dios en medio de mucho conflicto." (versículo 2 - VM). Si existía la certeza de que las buenas nuevas eran
las buenas nuevas de Dios, ellos cobraban confianza (tuvieron denuedo - RVR60) en Dios para hablar, cualesquiera que fuesen
la oposición o la violencia que les cercara. Así que, si el apóstol tenía ahora que exhortar a los santos en Tesalónica para
que ninguno se inquietase por las tribulaciones de ellos (Cáp. 3:3), no era como un teólogo aficionado, poniendo sobre los
hombros de los demás una carga que él no movería ni con su propio dedo. Desde el comienzo él fue llamado a sufrir por el nombre
de Cristo, tan claramente como a llevar ese nombre delante de Gentiles y reyes e hijos de Israel, para abrir sus ojos de modo
que se convirtieran de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios, para que pudiesen recibir, por la fe que
es en Cristo, perdón de pecados y herencia entre los que son santificados. Y en esto él obró con ardiente seriedad, a lo cual
se refiere la expresión "mucho conflicto" (versículo 2 - VM), más que a un mero problema externo por una parte, o esa lucha
por lo santos contra las asechanzas del diablo, de la que oímos en Colosenses 2:1, por otro lado. Él andaba y servía en la
verdad que enseñaba.
"Porque nuestra exhortación
no es motivada por error, ni por inmundicia, ni es con dolo; sino que, según hemos sido aprobados de Dios, para que se nos
confiara el evangelio, así hablamos, no como los que agradan a los hombres, sino a Dios, que prueba nuestros corazones." (versículos
3, 4 - VM). Había una conciencia tan buena así como confianza (denuedo) y paciencia. Había integridad de corazón, todo lo
contrario de actuar engañosamente, en lugar de convertirse en víctima del engaño y engañar de este modo a los demás. El error
estaba tan lejos de la exhortación como lo estaba la inmundicia, ni había allí el menor intento de engañar, lo cual la palabra
"dolo" expresa; sino que la verdad fue instada con vehemencia, santa y sinceramente; y de este modo hablaron estos benditos
obreros, como convenía a aquellos que sabían que habían sido aprobados de Dios, para que se les confiara el evangelio. La
gracia forma la responsabilidad, así como la gracia disfrutada en el alma mantiene su fuerza en estado de vida. Tenían a Dios
ante ellos, Dios que prueba los corazones, no a hombres a quienes complacer "cuyo soplo de vida está en su nariz; pues, ¿en
qué ha de ser él estimado?" (Isaías 2:22 - LBLA).
Este es un principio serio
y permanente, tan verdadero e importante ahora como cuando Pablo habló así de sí mismo y de sus compañeros en el servicio
de Cristo. Uno no puede servir a dos señores. Los patrocinadores y las congregaciones no son los únicos lazos. El deseo de
influencia, el temor a la desaprobación, el partidismo, lo eclesiástico, pueden interferir la obediencia al Señor, y la justicia,
en ese caso, ciertamente sufrirá, quizás la verdad misma. De este modo trabaja Satanás en la Cristiandad para deshonra de
Cristo. El intento de servir a más de un señor es fatal; pues un hombre "o aborrecerá a uno y amará al otro, o estimará al
uno y menospreciará al otro. (Mateo 6:24). Si un obrero en la fe se considera aprobado de Dios para que se le confíe el evangelio,
él solamente pondrá más atención en sí mismo para que el ministerio no sea vituperado, pero recomendándose en todo como ministro
de Dios. (2 Corintios 6: 3, 4). Sólo que él procurará retener la libertad tanto como la responsabilidad en el Espíritu, con
la Palabra escrita como su sola regla. Un apóstol tenía la misma responsabilidad directa para con el Señor como el obrero
más pequeño en el evangelio, y, como vemos aquí, lo reconocía para sí mismo así como lo insistía a los demás. No es una cuestión
de derecho pues esa es la parte de Cristo; de nuestra parte se trata únicamente de responsabilidad. Esto mantiene Su gloria
y nuestra obediencia. Para nosotros hay, y sólo hay un Señor, Jesucristo, mediante el cual existen
todas las cosas, y también nosotros vivimos por medio de él; así como hay un solo Dios, el Padre, de quien proceden todas las cosas y nosotros somos para El. Que podamos nosotros
ser imitadores del apóstol, así como él lo fue de Cristo.
Pero existe el lazo de
las riquezas (Mammón) así como el de un señor rival de Cristo; y no podemos servir a Dios y a las riquezas (Mammón). Aquí,
también, el apóstol pudo apelar a la experiencia de los santos Tesalonicenses, "Porque nunca usamos de palabras lisonjeras,
como sabéis, ni encubrimos avaricia; Dios es testigo; ni buscamos gloria de los hombres; ni de vosotros, ni de otros, aunque
podíamos seros carga como apóstoles de Cristo." (versículos 5, 6). Aquellos con quienes Pablo y los otros estaban familiarizados
podían dar testimonio acerca de si su discurso fue de lisonjas o de palabras de verdad y sobriedad. Dios era su testigo en
caso que la avaricia se encubriese bajo cualquier pretexto. Pero existen otras formas en las cuales la corrupción de nuestra
naturaleza es propensa a complacerse y a traicionarse a así misma. De ahí que muchos hombres que no se inclinarían a la lisonja
y pueden no ser avaros, son vanos o ambiciosos. En estos aspectos, ¿cómo se condujeron Pablo y sus compañeros? Leamos esto:
"ni buscamos gloria de los hombres; ni de vosotros, ni de otros, aunque podíamos seros carga como apóstoles de Cristo." (versículo
6). El procuró la bendición de ellos en el testimonio de Cristo, no la suya sino la de ellos para la gloria de Dios; y en
lugar de exigir una justa consideración en las cosas carnales como enviado del Señor en un servicio espiritual, hubo un renunciamiento
completo en consagración a Cristo.
Él ahora se vuelve al lado
positivo del andar y de la obra de ellos. "Antes fuimos tiernos entre vosotros, como la nodriza que cuida con ternura a sus
propios hijos." (versículo 7). La figura de un padre, incluso de una madre, no logra transmitir el tierno cuidado de un amor
que tiene su manantial en Dios mismo. Los niños necesitan una nodriza, lo cual no todas las madres son; pero una nodriza que
cuida con ternura a sus propios hijos es la justa figura aquí empleada, no una asalariada para la descendencia de otro. "Asimismo
nosotros, teniéndoos un tierno afecto, tuvimos buena voluntad para comunicaros no solamente el evangelio de Dios, sino también
nuestras mismas almas, por cuanto habías llegado a sernos muy caros." (versículo 8 - VM). ¿En qué otra parte hay algo para
comparar con esto en amor desinteresado a menos que sea en la perseverante fidelidad de la gracia, la cual vela sobre los
mismos objetos en sus dificultades y peligros que tienen por objetivo su crecimiento después? "Porque recordáis, hermanos,
nuestros trabajos y fatigas, cómo, trabajando de día y de noche para no ser carga a ninguno de vosotros, os proclamamos
el evangelio de Dios." (versículo 9 - LBLA).
Pablo trabajó con sus propias
manos en Tesalónica al igual que en Corinto, de donde les escribió, para no ser carga para ninguno. Con todo, si alguien tenía
el derecho de decir, como Nehemías, "Yo estoy haciendo una gran obra y no puedo descender." (Nehemías 6:3 - LBLA), era el
apóstol, quien verdaderamente descendió en otro sentido, e hizo su gran trabajo tanto mejor, aunque nunca hubo una mente mayor
que la de él quien trabajó así manualmente día y noche durante su breve estancia entre los Tesalonicenses. "Vosotros sois
testigos, y Dios también, de cuan santa y justa e irreprensiblemente nos portamos para con vosotros que creéis." (versículo
10). Él resume su apelación a los creyentes y a Dios mismo, del modo que solamente uno podía hacerlo, quien se ejercitaba
para "tener siempre una conciencia sin ofensa ante Dios y ante los hombres." (Hechos 24:16). "Así como sabéis de qué manera
tratamos a cada uno de vosotros, al modo que un padre a sus propios hijos, exhortándoos, y alentándoos, y testificándoos,
a fin de que anduvieseis como es digno de Dios, que os ha llamado a su reino y gloria." (versículos 11, 12).
El amor se adapta a las
necesidades de aquellos a quienes se ama. Así lo hizo el apóstol cuando los santos necesitaron más que la comida de niños.
¿Y qué padre terrenal cumplió con sus relaciones para con sus hijos como Pablo para con sus amados Tesalonicenses? Cada uno
y todos eran objeto de vigilancia incesante y considerada. La exhortación, el consuelo, el testimonio, nunca dejaron de estimular,
alegrar y dirigir en los caminos que convinieran al Dios que llama a Su propio reino y gloria. Allí Él tendrá a los Suyos
con Cristo pronto y para siempre; en esa esperanza, y de manera digna de ella, Él los haría andar ahora. Tal es el objetivo
de un verdadero colaborador de Cristo; y en ninguna parte se puede encontrar un retrato más amoroso del que aparece en el
simple boceto dibujado aquí por el Apóstol.
Hasta aquí con respecto
al ministerio de Pablo y sus compañeros. Ahora él se vuelve a los medios que Dios ha usado para la bendición de los santos
mediante ese ministerio.
"Y* por esto también damos
gracias sin cesar a Dios, de que cuando recibisteis de nosotros la palabra del mensaje de Dios, la aceptasteis, no como palabras
de hombres, sino según lo es verdaderamente, la palabra de Dios, que obra también en vosotros que creéis, Porque vosotros,
hermanos, habéis venido a ser imitadores de las iglesias de Dios, que hay por Judea en Cristo Jesús; porque vosotros también
habéis padecido las mismas cosas de vuestros propios paisanos, que ellos de los judíos; los cuales no sólo dieron muerte al
Señor Jesús y a los profetas, sino que a nosotros nos han expulsado, y no agradan a Dios, y están en contra de todos los hombres;
vedándonos hablar a los gentiles, para que se salven; para ir siempre llenando la medida de sus pecados: la ira empero les
ha sobrevenido para acabar con ellos." (versículos 13 - 16 - VM).
[* La
conjunción "y", omitida en el "Textus Receptus", tiene la más alta autoridad pero no la más amplia.]
El hombre tal como es por
naturaleza vive sin Dios, guiado por las cosas que ve alrededor de él, es una presa de los deseos de la carne y de la mente.
Para tener un vínculo espiritual con Dios él necesita una revelación de parte de Él; y Dios está enviando ahora esto en las
buenas nuevas concernientes a Su Hijo, para que los hombres puedan creer y se salven. Así el alma conoce a Dios, y a Jesucristo
a quien Él envió, y esto es la vida eterna. (Juan 17:3). Por fe, él comienza a sentir y a pensar conforme a Dios; y la fe
es la recepción de un testimonio divino. Por este acto, él atestigua que Dios
es verdadero. (Juan 3:33). La Palabra de Dios mezclada con la fe coloca en asociación inmediata con Dios.
El los días apostólicos.
Pablo, como aquí, fue un instrumento para comunicar la Palabra de Dios en su predicación; y esto, por el poder divino, sin
mixtura de error. Del mismo modo es en las Escrituras, las cuales siendo inspiradas por Dios excluyen el error. Por eso, mientras
ellas son del más rico valor como medio de comunicar la verdad, ellas tienen su función especial y verdaderamente única como
siendo el modelo divinamente dado para probar cada palabra y cada obra.
No solamente, entonces,
el Apóstol había trabajado en el poder del Espíritu Santo y de una manera apropiada al comienzo y crecimiento de aquellos
que fueron el objeto de su ministerio, sino que ello no fue en vano. Hubo dulces y manifiestos frutos en la gracia de Dios.
"Por esta razón, nosotros también damos gracias a Dios sin cesar; porque cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis
de parte nuestra, la aceptasteis, no como palabra de hombres, sino como lo que es de veras, la palabra de Dios quien obra
en vosotros los que creéis." (versículo 13 - RVR1909 Actualizada 1989). Es siempre un resultado verdadero del poder de la
gracia de Dios cuando las almas en un mundo hostil reciben Su testimonio, no obstante cuán perfectamente Su Palabra satisfaga
los anhelos del corazón y presente la sangre de Cristo para purificar la conciencia de obras muertas para servir al Dios vivo.
Hay una red constante para que los hombres sean retenidos en manos de Satanás; y la verdad, al ser la Palabra de Dios, juzga
los pensamientos y las intenciones del corazón. Fue aún más angustioso cuando la verdad era tan nueva y, como nunca, opuesta a la voluntad y razonamiento humanos. Cuando muchos la profesan, el vituperio
en gran parte desaparece, aunque Dios no deja de contrarrestar las asechanzas de Satanás, quien destruiría así el poder haciendo
que la forma sea fácil y común. A los Tesalonicenses, así como de hecho a todo Gentil de entonces, la Palabra anunciada era
una cosa nueva. Pero era "de Dios", y así ellos lo demostraron. "La aceptasteis, no como palabras de hombres, sino según lo
es verdaderamente, la palabra de Dios." (versículo 13 - VM). El corazón se inclinó ante Dios, y la Palabra obró también por
el Espíritu de Dios sus propios efectos divinos en aquellos sometidos a ella por fe.
La mujer Judía fue fiel
a los instintos de humanidad y a las tradiciones de su raza, cuando ella vio al Mesías echar fuera demonios y le oyó advirtiendo
de un poder peor del enemigo a los que aún buscaban una señal del cielo; de entre la multitud levantó la voz y le dijo: "Bienaventurado
el vientre que te trajo, y los senos que mamaste." (Lucas 11). El evangelio da por claro y cierto que no se trata de una cuestión
de una relación según la carne, sino de la autoridad y la bendición de la Palabra divina, y abierta así al Gentil como al
Judío. Creerlo es la obediencia de la fe. Es estar en asociación viva con Dios, lo que no puede ser de otra manera.
La Palabra esgrimida por
el Espíritu y recibida como procedente de Dios separa así para Él, y se trata exactamente de lo que se denomina "santificación
del Espíritu" en 1 Pedro 1:2; no en el sentido práctico (lo cual sigue en 1 Pedro 1: 15, 16, así como en otra parte), sino,
en principio y absolutamente, esa separación para Dios desde el principio que constituye a un santo (ver 1 Corintios 6:11
- "Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre
del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios."). De ahí que ello anteceda al conocimiento del perdón o a la posesión
de la paz con Dios; como Pedro dice, "en (o, por) la santificación del Espíritu,
para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo." (1 Pedro 1:2). Aquí nada más que el prejuicio habría impedido a
los creyentes ver que la obediencia no es meramente la obediencia a la fe, sino la obediencia práctica. Ahora bien, no se
puede decir, en el sentido usual, que la santificación sea por motivo de, o "para obedecer", viendo que ella consiste muy
ampliamente de obediencia, y no puede existir sin ella; sino que la santificación del Espíritu de la que se habla aquí es
a o adentro (G1519 εἰς)* de la obediencia, y tal como
Cristo está en contraste con un mero Israelita. Es también para "ser rociados con la sangre de Jesucristo", pues la vida nueva
o la naturaleza divina en el santo desea obedecer a Dios incluso antes que conozca la eficacia de Su sangre en una conciencia
limpia; y de ahí el orden perfecto de las palabras en la frase.
[* N.
del T.: Strong,: G1519 εἰς eis; prep. prim.; a o adentro
(indicando el punto alcanzado o al que se ha entrado), de lugar, tiempo, o (fig.) propósito (resultado, etc.); también
en frases adv.:-perecer, siempre, entrar, alcanzar. A menudo usado en composición con el mismo sentido general, pero solo
con verbos (etc.) que expresan movimiento (lit. o fig.).]
La falta de ver esto ha
confundido grandemente a los comentaristas, e incluso ha conducido, a una falsificación positiva, como en la Versión Latina
de Beza (Beza's Latin Version) y la Versión Inglesa de Ginebra (Geneva English Version), las cuales traducen la cláusula,
"hacia (ἐν)
la santificación del Espíritu mediante (εἰς) la obediencia y el rociamiento
de la sangre de Jesucristo"! Esto es sacrificar, no meramente la gramática, sino la Palabra de Dios a un sistema defectuoso
de teología, que solamente reconoce la santificación que es consiguiente a la justificación, y que ignora la separación primaria
de la persona para Dios por el Espíritu, lo cual es verdad de cada santo desde su conversión, cuando él no puede reposar aún
por la fe en la sangre de Cristo. Erasmo, aunque indeciso, está más cerca de la verdad que la Vulgata, seguido por la Rhemish*,
traducción que no entrega ningún sentido en absoluto. El Arzobispo Leighton es uno de los pocos que dice que la santificación
aquí no significa santidad inherente, gradual o práctica, sino esa obra del Espíritu que desde el principio hasta el final
separa de la naturaleza y del mundo para Dios (comparar con 2 Tesalonicenses 2:13 - "Pero estamos en la obligación de dar
gracias a Dios, respecto de vosotros, hermanos, amados del Señor, por haberos escogido Dios, desde el principio, para salvación,
en santificación del Espíritu y en creencia de la verdad." - Versión Moderna).
[* N. del T. : "RHEMISH TESTAMENT" = La versión Inglesa del Nuevo Testamento utilizado por los Católicos
Romanos. Traducción al Inglés de la Vulgata Latina, publicada en la ciudad francesa de Rheims en 1582. Traducción llevada
a cabo por el "English College" de esa ciudad. La versión total de esta Biblia también es conocida como Versión Rheims y Douay.]
La misma causa espiritual
produjo efectos afines. No todos son Israelitas, ni tampoco son Cretenses, y la carne en todos, si no es juzgada, representa
una ocasión preparada para el enemigo quien presenta asechanzas apropiadas para engañar a cada uno. Pero el Espíritu Santo
forma por la imagen de Cristo, presentado en la Palabra de Dios, que no sólo es eficaz para engendrar almas para Dios, sino
para aclarar, corregir, instruir, reprender, y de todos modos para disciplinar, así como para alegrar, al creyente. De esto
el Apóstol recuerda a los Tesalonicenses, "Porque vosotros, hermanos, vinisteis a ser imitadores de las iglesias de Dios en
Cristo Jesús que están en Judea." La diferencia de raza, el contraste en cuanto a hábitos previos de religión, no pueden impedir
el poder de la gracia y la verdad. Los Tesalonicenses siguieron en la misma senda de sufrimiento y paciencia que las asambleas
Judías en Cristo Jesús. Allí la llama de la persecución ardió fieramente contra las compañías de creyentes que llevaban el
nombre de Aquel a quien ellos habían crucificado. No fue de otra manera para los santos Tesalonicenses de parte de sus propios
compatriotas.
No existe odio semejante
a aquel exacerbado por diferencia en la religión, y especialmente donde la pretensión es exclusiva y divina. El evangelio
brindó la ocasión para esto en su forma más concentrada; pues primera tenía que abrirse camino donde Dios había dado realmente
privilegios peculiares, los cuales era bastante correcto mantener en todo su valor mientras Él reconoció al pueblo a quienes
Él había los había dado. Pero el pueblo Judío los había despreciado y abandonado, matando a los profetas que enfatizaban la
infidelidad y apostasía de ellos sobre sus conciencias, mientras ellos coronaban su culpabilidad cuando formas exteriores
parecían ordenadas, pero la incredulidad y enemistad reales hacia Dios fueron mostradas abiertamente, por el rechazo y la
muerte ignominiosos de su propio Mesías. Pero el mal es insaciable, e incluso la cruz sólo estimuló el rencor de ellos contra
los testigos de la gracia divina. Ellos "nos expulsaron."
Pues los poseedores de
la ley se irritan hasta la locura por la predicación de la gracia, la cual hace que cualquiera de los privilegios terrenales
sea poco, e insiste acerca de la ruina de los Judíos tanto como la de los Gentiles. De ahí el perpetuo odio que sienten los
Judíos hacia el evangelio. Era suficientemente malo oír un testimonio muy por encima y más profundo que la ley, pues Cristo
es mayor que Moisés; y la diferencia es realmente inmensurable. Pero proclamar sus bendiciones incomparables en Cristo de
manera de borrar toda distinción, y traer al creyente, Judío o Gentil por igual, a un nuevo lugar de relación celestial y
de favor eterno, es intolerable. Esto, entonces, fue necesariamente el trato final de Dios en lo que respecta a la responsabilidad
de Israel. Toda esperanza para la nación en la tierra fue enterrada en la tumba de Cristo. Ellos tuvieron una última exhortación
del Espíritu Santo en el evangelio al testificar de Cristo exaltado al cielo; pero ellos rechazaron el mensaje tanto o mucho
más que la Persona, sobre todo cuando vieron a otros, sí, a los Gentiles, entrando en el bien que ellos mismos habían rechazado
con desdén.
Así ellos "no agradan a
Dios sino que son contrarios a todos los hombres, impidiéndonos hablar a los gentiles para que se salven, con el resultado
de que siempre llenan la medida de sus pecados. Pero la ira ha venido sobre ellos hasta el extremo." (versículos 15, 16 -
LBLA). Puede ser que esto aún no haya sido ejecutado, pero es inminente, y una parte no pequeña llegó a ser la porción de
ellos después que el apóstol durmió en el Señor. Con todo, esto permanece sobre el Judío, pero aún no se agota; y si el Judío
volviese a su tierra*, a reconstruir la ciudad y el santuario, y a tomar posesión lo más posible de su antigua herencia, no
sería más que un engaño mortal y una trampa satánica, trayendo sobre ellos primeramente el Anticristo, luego el problema de
parte de los Asirios, y finalmente el mismo Señor en venganza sin tregua, por mucho que la misericordia pueda a la larga regocijarse
contra el juicio. No obstante, como el apóstol no levanta el velo del futuro, (como en Romanos 11) desde las perspectivas
de ellos, sino que regresa a las nuevas relaciones de gracia, que es su gozo común y el de los santos Tesalonicenses, nosotros
seguimos también aquí la línea del Espíritu Santo.
[* N. del T.: El lector debe recordar que este sermón fue expuesto
en el siglo 19, mucho antes de la creación del Estado de Israel a fines de los años 1940.]
"Mas nosotros, hermanos,
separados de vosotros por breve tiempo (lit., por una hora) - físicamente, mas
no con el corazón - ansiábamos con ardiente deseo ver vuestro rostro. Por eso* quisimos ir a vosotros - yo mismo, Pablo, lo
intenté una y otra vez - pero Satanás nos lo impidió. Pues ¿cuál es nuestra esperanza, nuestro gozo, la corona de la que nos
sentiremos orgullosos, ante nuestro Señor Jesús** en su Venida, sino vosotros? Sí, vosotros sois nuestra gloria y nuestro
gozo." (versículos 17-20 - BJ).
[* La
lectura correcta es διότι,
no διό del Textus Receptus, aunque el sentido difiere poco.]
[** "Cristo" está añadido en el Textus Receptus pero no aparece en los mejores Manuscritos y Versiones.]
Indudablemente,
si el Cristianismo da la más profunda importancia al individuo con Dios, la asamblea concede el más grande alcance a los afectos
de los miembros de Cristo como Su "un cuerpo". Y Satanás estorba de todas las formas posibles el feliz intercambio de lo que
es tan dulce y santo, la mente y el amor del cielo disfrutado entre los santos en la tierra. La presencia de cada uno de nosotros,
sobre todo de uno como Pablo, ¡qué diferencia hace! No obstante, el apóstol había estado presentando aquello que tenía que
corregir cualquiera importancia indebida dada a la presencia corporal. ¿No había estado él mostrando la suma importancia de
la Palabra de Dios, y cuán efectiva ella es en manos de la gracia? La ausencia, por consiguiente, no es fatal de ninguna manera
para el gozo y la bendición de los santos. La espera no hace más que ejercitar la fe, y debería aumentar el deseo ansioso,
el cual, después de todo, era más fuerte en Pablo que en sus hijos Tesalonicenses; y ¡cuánto más en Él cuya paciente espera
es tan perfecta como Su amor por nosotros! De este modo él une los corazones de ellos con el suyo (¡y que esto pueda ser verdad
de nosotros también!) en el gozo de la presencia de Cristo en Su venida. Entonces será el verdadero reposo del trabajo, entonces
el disfrute de los frutos sin impureza o peligro. ¡Que podamos hallarnos nosotros habitualmente mirando así hacia adelante
desde los obstáculos presentes a esa bendita y eterna escena!
1 Tesalonicenses 3.
La gracia
obra por las coyunturas y ligamentos en el cuerpo, el cual está constituido por nuestro Señor Jesús para este fin. Si Pablo
no pudo visitar a los Tesalonicenses, el envió a Timoteo. El amor no busca lo suyo propio, y puede hallar recursos conforme
a Cristo, cualesquiera que sean los obstáculos que Satanás pone en el camino.
"Por
lo cual, como no pudimos soportarlo más, nos pareció bien quedarnos solos en Atenas, y enviamos a Timoteo, nuestro hermano
y colaborador* de Dios en el evangelio de Cristo, para afirmaros y animaros en vuestra fe; para que nadie sea turbado en medio
de estas tribulaciones; porque vosotros mismos sabéis que hemos sido puestos para esto. Porque cuando aún estábamos con vosotros,
os predecíamos que habríamos de sufrir tribulaciones. Y así ha acontecido, como bien lo sabéis. Por esta razón, como yo tampoco
pude soportarlo más, le envié para informarme de vuestra fe, no sea que os haya tentado el tentador y que nuestro gran esfuerzo
haya sido en vano. Pero ahora Timoteo ha vuelto de vosotros a nosotros y nos ha dado buenas noticias de vuestra fe y de vuestro
amor, y de que siempre tenéis buenos recuerdos de nosotros, deseando vernos, tal como nosotros también a vosotros. Por eso
hemos sido animados por vosotros, hermanos, por medio de vuestra fe, en toda nuestra necesidad y aflicción. Porque ahora vivimos,
si efectivamente estáis firmes en el Señor. Por lo cual, ¿qué acción de gracias podremos dar a Dios con respecto a vosotros
en recompensa por todo el gozo con que nos regocijamos por causa vuestra delante de nuestro Dios? De día y de noche imploramos
con mucha instancia, a fin de veros personalmente y completar lo que falta de vuestra fe. ¡Que el mismo Dios y Padre nuestro,
con nuestro Señor Jesús, nos abra camino hacia vosotros! El Señor os multiplique y os haga abundar en amor unos para con otros
y para con todos, tal como nosotros para con vosotros; a fin de confirmar vuestros corazones irreprensibles en santidad delante
de Dios nuestro Padre, en la venida de nuestro Señor Jesús con todos sus santos. (versículos 1-13; RVA).
[* Probablemente las varias formas de los Manuscritos aquí se deben a correctores que deseando suavizar lo que a ellos
no les gustó o no entendieron, omiten τὸν
συνεργὸν
ἡμῶν, B omite τοῦ Θεοῦ.
La copia Clermont parece haber preservado al texto verdadero tal como está dado arriba, aunque algunos erróneamente aquí como
en otras partes, lo traducen "compañero de trabajo con Dios." Comparen con 1 Corintios 3:9; 2 Corintios 6:1. "Bajo Dios" (Versión
Inglesa de J. N. Darby) puede ser una paráfrasis, pero parece en nuestro idioma necesario para guardar de un error contra
el cual el conocimiento verdadero de Dios y de Su Palabra deberían haber preservado las almas. El genitivo Griego admite relaciones
mucho más amplias que el Inglés. Se trata de una cuestión de requisito contextual.]
Para el apóstol que estaba
de visita en Atenas no fue una prueba pequeña privarse de la compañía de su verdadero y amado hijo en la fe. Pero su afectuosa
preocupación por los Tesalonicenses no podía ser satisfecha de otro modo. El sabía que ellos no eran más que niños espirituales,
y que estaban expuestos a enemigos, Judíos y Gentiles, tan sutiles como determinados e inescrupulosos. Él mismo estaba a punto
de encarar a Satanás en una plaza fuerte de su influencia religiosa y especulación filosófica, donde el nombre de Jesús nunca
había sido proclamado aún, aún menos tenía él la comunión de hermanos en Cristo con quienes orar y consultar. Una tormenta
de furia popular, soliviantada por instigación Judía entre la tuba Gentil, prorrumpió contra Jasón (el anfitrión de Pablo)
y otros hermanos en Tesalónica, lo que condujo al abandono apresurado de Pablo y Silas esa noche después de una estancia de
sólo pocas semanas. La misma influencia Judía había soliviantado las multitudes en Berea, adonde ellos se habían repuesto
del viaje, y donde encontraron una recepción aún más dispuesta de la Palabra, y con notable cuidado de traer lo que era predicado
a la prueba de las Escrituras. Silas y Timoteo se quedaron allí, mientras Pablo una vez más se marchó de prisa a Atenas. Pero
el corazón del apóstol no pudo reposar en cuanto a los Tesalonicenses, recién convertidos como ellos eran, y expuestos al
peligro, al sufrimiento, y a los lazos. "Y enviamos a Timoteo, nuestro hermano y colaborador de Dios en el evangelio de Cristo, para afirmaros y animaros en vuestra
fe; para que nadie sea turbado en medio de estas tribulaciones; porque vosotros mismos sabéis que hemos sido puestos para
esto. Porque cuando aún estábamos con vosotros, os predecíamos que habríamos de sufrir tribulaciones. Y así ha acontecido,
como bien lo sabéis." (versículos 2-4; LBLA). El Espíritu Santo por medio del apóstol, como el Señor Jesús previamente, había
dado una advertencia plena de los problemas especiales y constantes que esperan al santo atravesando el mundo - paz más allá
del pensamiento del hombre, paz en Cristo, pero tribulación en el mundo. La fe sola puede gozar lo uno y soportar lo otro.
Tal es la experiencia que se da a entender, ninguna otra la expectativa, de los Cristianos mientras esperan a Cristo. Incluso
los más recién convertidos deben aprender así, porque la verdadera enemistad del mundo y de su príncipe no perdona a ninguno,
y por ello el apóstol preparó a los conversos en Tesalónica para que esperasen angustia. Tampoco era que esto iba a ser demasiado
pronto en absoluto. Ellos ya tenían la razón más seria para conocer la verdad y la sabiduría de sus advertencias, pero tuvieron
el testimonio de amor en la visita de Timoteo para su establecimiento y consuelo referente a su fe. Sólo la gracia podía llamar
a una senda tal; sólo la gracia puede sostener en esa senda, pero la gracia no falla. No obstante, el Señor obra por medios,
como por el envío de Pablo, por la ida y consuelo de los santos de Timoteo, y por el gozo de ellos en la consolación, cualquiera
que pudiera ser la presión de la aflicción. La carne se cansaría, murmuraría, dudaría, y volvería la espalda a la verdad que
trajo consigo tanto dolor. La fe ve a Cristo, da gracias a Dios, persevera a toda costa, y crece mediante el ejercicio, mientras
los vínculos de amor se fortalecen en todos lados.
"Por lo cual también yo,
no pudiendo soportar más, envié para informarme de vuestra fe, no sea que os hubiese tentado el tentador, y que nuestro trabajo
resultase en vano. Pero cuando Timoteo volvió de vosotros a nosotros, y nos dio buenas noticias de vuestra fe y amor, y que
siempre nos recordáis con cariño, deseando vernos, como también nosotros a vosotros, por ello, hermanos, en medio de toda
nuestra necesidad y aflicción fuimos consolados de vosotros por medio de vuestra fe; porque ahora vivimos, si vosotros estáis
firmes en el Señor." (versículos 5-8). La Segunda Epístola proporcionará amplia evidencia de que el apóstol podría haber hecho
bien en temer que el tentador se hubiese aprovechado de las circunstancias para deshonrar al Señor en aquellos que llevaban
Su nombre en Tesalónica. Por ahora, sin embargo, la obra se mantenía en el vigor y la frescura en que comenzó, y Timoteo tuvo
tan buenas noticias para traer de regreso como para alegrar el corazón ferviente y afectuoso de aquel que le había enviado,
y cambió su ansiedad por acción de gracias que se elevó por sobre su propia necesidad y aflicción. La fe de ellos resplandecía,
el amor de ellos ardía, ellos siempre tenían buenos recuerdos del extranjero con quien estaban en deuda al haber escuchado
del Dios vivo y verdadero, y de Su Hijo el Libertador resucitado de entre los muertos quien está viniendo de los cielos. Ellos
anhelaban ver nuevamente al mensajero a quien ellos reconocían como trayéndoles inequívocamente la Palabra de Dios, sin importar
las variadas tormentas de prueba que había traído sobre ellos de parte del hombre, las pruebas mismas que prueban la sinceridad
y verdad de ellos, pues ¿no se les había dicho antes que así iba a ser? Se trató de fortaleza así como de gozo para el obrero,
como él expresa enérgicamente, "porque ahora vivimos, si vosotros estáis firmes en el Señor."
El gozo del apóstol, así
como fue de amor divino, del mismo modo fue santo: ningún vano celo proselitista, sino deleite en la presencia de Dios acerca
de lo que era el fruto de Su gracia para gloria de Jesús; deleite acerca de la fe y amor guardados resplandecientes y firmes,
en noveles confesantes de Cristo dejados solos, a pesar de la hostilidad de Judíos y Griegos. "Por lo cual, ¿qué acción de
gracias podremos dar a Dios por vosotros, por todo el gozo con que nos gozamos a causa de vosotros delante de nuestro Dios,
orando de noche y de día con gran insistencia, para que veamos vuestro rostro, y completemos lo que falte a vuestra fe?" (versículos
9, 10). Si el amor de ellos era el de Jonatán, el de él era ciertamente más que el amor de David. Es el amor de la naturaleza
divina en el poder de ese Espíritu, que encuentra su gozo siempre creciente en la bendición de los demás, y especialmente
de aquellos que ya han sido bendecidos, para que lo que falte pueda ser perfeccionado en ministerio personal.
" Ahora,
pues, que el mismo Dios y Padre nuestro, y Jesús nuestro Señor, dirijan nuestro camino a vosotros; y que el Señor os
haga crecer y abundar en amor unos para con otros, y para con todos, como también nosotros lo hacemos para con vosotros;
a fin de que El afirme vuestros corazones irreprensibles en santidad delante de nuestro Dios y Padre, en la venida de nuestro
Señor Jesús con todos sus santos." (versículos 11-13; LBLA).
Tal fue la oración dictada
por el afecto del apóstol cuando el Espíritu Santo trajo la necesidad de ellos ante él en la presencia de Dios. Y el camino
del apóstol fue dirigido a los Tesalonicenses, pero no antes de que otra epístola dirigida a ellos siguiera a la presente,
y de que intervinieran años de trabajo en otra parte. Lo que él busca entretanto para ellos no es menos importante para nosotros
y para todos los santos - el crecimiento y abundancia de amor en nosotros, unos para con otros, y para con todos, para que
nuestros corazones sean afirmados irreprensibles en santidad. Este es el camino de Dios tan ciertamente como no es el del
hombre; pues él insiste en la santidad para poder amar, mientras que, verdaderamente, el amor debe obrar para santidad. Es
un principio verdadero a través de todo el evangelio; porque fue el amor de Dios que nos encontró y nos bendijo en gracia
soberana cuando nosotros éramos enemigos, impotentes e impíos, en la muerte de Cristo por nosotros, y este fue el motivo más
poderoso que obró en nosotros para santidad. Así es aquí entre los santos, quienes son exhortados a amarse mutuamente, así
como a amar a todos, para que sus corazones puedan ser afirmados irreprensibles en santidad; así como Cristo, en amor por
la iglesia, primeramente se entregó a Sí mismo, y luego la lava con la Palabra, a fin de presentársela a Sí mismo, una iglesia
gloriosa, sin mancha ni arruga ni cosa semejante.
Pero hay otra consideración
de gran peso e interés en esta breve oración. No sólo él une en una unidad sorprendente a nuestro Dios y Padre con nuestro
Señor Jesús en su ferviente oración por la bendición de los santos por medio de una renovada visita, sino que él desea que
el Señor pueda afirmar sus corazones irreprensibles en santidad "delante de nuestro Dios y Padre, en la venida de nuestro
Señor Jesús con todos sus santos." (versículo 13 - LBLA) - no meramente ahora delante de Dios, para que esto sea real, sino
en la venida del Señor con todos los que son Suyos, sin una pausa en el pensamiento hasta ese día cuando el fracaso o la infidelidad
de cada uno aparecerá más allá de toda controversia. Pues como es una cuestión de responsabilidad, aquí no se habla simplemente
de Su venida, sino de Su venida con
todos Sus santos, es decir, Su día cuando ellos aparecerán con Él en gloria, y Él vendrá para ser glorificado en Sus santos
y para ser admirado en todos los que creyeron. ¡De qué manera esto trae la luz de ese día a la hora presente! Incluso si uno
no anda ahora, por causa del Señor, con todos los santos, no es que el corazón esté alejado, sino que ello anticipa esa escena
gloriosa en la que ellos vendrán con Él, los objetos de nuestro amor debido a que todos ellos son Suyos.
1 Tesalonicenses 4.
El conocimiento
de Cristo es inseparable de la fe; sin embargo es, preeminentemente, una vida de santidad y amor, y no un mero credo, así
como la mente humana tiende a hacerlo. Hemos visto de qué manera ello obró en los modos prácticos de los que predicaron el
evangelio por primera vez a los Tesalonicenses, en bondad desinteresada y exponiéndose al sufrimiento (1 Tesalonicenses caps.
1, 2), así como en un profundo sentimiento después por los recién convertidos, llamados tan pronto a soportar lo arduo de
la aflicción. El apóstol oró para que abundase en ellos el amor para santidad (1 Tesalonicenses cáp. 3). Él procede ahora
a apelar a ellos mismos: -
" Por lo demás, hermanos, os rogamos y exhortamos en el Señor Jesús que conforme aprendisteis de
nosotros acerca de cómo os conviene andar y agradar a Dios, tal como estáis andando*, así sigáis progresando cada vez más.
Ya sabéis cuáles son las instrucciones que os dimos de parte del Señor Jesús. Porque ésta es la voluntad de Dios**, vuestra
santificación: que os apartéis de inmoralidad sexual (otra trad.: fornicación);
que cada uno de vosotros sepa controlar su propio cuerpo en santificación y honor, no con bajas pasiones, como los gentiles
que no conocen a Dios; y que en este asunto nadie atropelle ni engañe a su hermano; porque el Señor es el que toma venganza
en todas estas cosas, como ya os hemos dicho y advertido. Porque Dios no nos ha llamado a la impureza, sino a la santificación.
Por lo tanto, el que rechaza esto no rechaza a hombre, sino a Dios quien os da*** su Espíritu Santo." (versículos
1-8; RVA).
[* El Textus Receptus omite esta importante cláusula, tan alentadora para aquellos a quienes se habla. La autoridad
para incluir esta cláusula es abrumadora.]
[** Algunas copias insertan τό, otras omiten τοῦ, contrariando a los mejores textos.]
[*** También traducido "que también nos dio su Espíritu Santo." Incluso el Deán Alford piensa que δόντα fue cambiado a διδόντα, o una temprana ignorancia puede haberlo hecho sin intención.]
Es una cosa inmensa para
aquellos que una vez fueron meros hombres en la tierra, apartados de Dios y en espíritu el uno del otro por el pecado, unidos
sólo cuando estamos unidos para objetivos de voluntad o gloria humana, ahora como Sus hijos con un propósito de corazón, andar
de manera de agradar a Dios. No obstante, esto es el Cristianismo visto en forma práctica; y no tiene valor si no es práctico.
Es verdad que hay en la luz y la verdad que Cristo ha revelado por el Espíritu Santo, el más rico material y el más pleno
campo de acción para la mente y el corazón renovados. Pero en 'el misterio' no hay ninguna anchura ni longitud, ninguna profundidad
ni altura, que no influya en el estado de los afectos o del carácter del andar y del obrar; y ningún error deshonra más a
Dios o daña más al hombre que la teoría divorciada de la práctica. La Escritura las ata juntas indisolublemente, advirtiéndonos
solemnemente contra aquellos que las separarían, como hombres malos, los enemigos seguros de Dios y del hombre. ¡No! la verdad
no es simplemente para informar sino para santificar, y lo que hemos recibido de aquellos a quienes se les dio divinamente
que comunicasen es "cómo os conviene andar y agradar a Dios." (versículo 1 - RVA). En esa senda el creyente más novel anda
desde el comienzo, esclavo o libre, Griego o Escita, sabio o no sabio; de esa senda nadie puede deslizarse salvo en el pecado
y la vergüenza. No es, no obstante, una mera instrucción definida, como en una ley o en una ordenanza. Como se trata de una
vida, la vida de Cristo, hay ejercicio y crecimiento mediante el conocimiento de Dios. Del estado del alma depende el discernimiento
de la voluntad de Dios en Su Palabra, la cual es pasada por alto donde la ligereza caracteriza la condición interna, o la
voluntad está activa y sin juzgar. "Si, pues, tu ojo fuere sencillo, todo tu cuerpo estará lleno de luz." (Mateo 6:22 - VM).
Solamente entonces hay certeza, espiritualmente hablando; y un sentido más profundo de la Palabra en la inteligencia surte
como efecto una obediencia más plena. Uno conoce mejor la mente de Dios, y el corazón se cuida de agradarle a Él. Nosotros
abundamos más y más.
Esta no era ninguna solicitud
nueva del apóstol. Ellos sabían qué instrucciones él les había impuesto de parte del Señor Jesús (versículo 2). ¿Acaso no
están involucrados Su voluntad, Su honor, en un andar que agrada a Dios? En la tierra Él podía decir, "yo hago siempre lo
que la agrada." (Juan 8:29); en el cielo Él se ocupa ahora de aquellos que están siguiendo en la misma senda aquí abajo. Nosotros
podemos fallar; pero, ¿es ése nuestro objetivo? Él no deja de ayudarnos mediante Su Palabra, así como Él también lo haría
mediante Su gracia si le mirásemos a Él y nos apoyásemos en Él. ¿Escuchamos nosotros Su voz?
El apóstol fue perentorio
especialmente sobre una cosa, la pureza personal de los que llevaban el nombre de Jesús; y cuánto más a causa de que los Griegos
fracasaban completamente en ello. Sus costumbres y su literatura, sus estadistas y sus filósofos, todos ayudaban al mal; su
misma religión conducía a agravar la contaminación consagrando aquello a lo cual la naturaleza depravada está inclinada. Unos
pocos pueden tener alguna noción adecuada de los horrores morales del mundo pagano, o de la insensibilidad del hombre, generalmente,
a las contaminaciones tan vergonzosas que Cristo cambió todo para los que creen en Él, dejando un ejemplo para que ellos siguieran
Sus pisadas. "Porque ésta es la voluntad de Dios, vuestra
santificación: que os apartéis de inmoralidad sexual (otra trad.: fornicación);
que cada uno de vosotros sepa controlar su propio cuerpo en santificación y honor, no con bajas pasiones, como los gentiles
que no conocen a Dios; y que en este asunto nadie atropelle ni engañe a su hermano; porque el Señor es el que toma venganza
en todas estas cosas, como ya os hemos dicho y advertido." (versículos 3-6; RVA). La santidad, por supuesto, va más allá de
la libertad de la sensualidad. Con todo, tener claridad con respecto a lo que era aprobado en todas partes en la vida corriente
no era poca cosa. Tampoco el apóstol se satisface con el deber negativo de la abstinencia, sino que llama a "que cada uno
de vosotros sepa controlar su propio cuerpo en santificación y honor" (versículo 4), en lugar de dejarlo ir a la deriva libremente
en el pecado y la vergüenza, "no con bajas pasiones, como los gentiles que no conocen a Dios." (versículo 5). Hechos 15 es
una prueba positiva sobre el testimonio de la Escritura de aquella época, dolorosamente
confirmado por los hallazgos arqueológicos de Pompeya y Herculano, de la degradación moral que penetró incluso la porción
más civilizada del mundo pagano. Cuando Dios es deshonrado, el hombre es reprobado; y Dios, perdonando y rescatando de la
ira venidera por medio de la muerte y resurrección de Cristo, da también una nueva vida en Cristo sobre la cual el Espíritu
Santo actúa por medio de la Palabra para que produzca frutos de justicia por medio de Él para la gloria de Dios.
De ahí la
exhortación ulterior, "y que nadie peque y defraude a su hermano en este asunto, porque el Señor es el vengador
en todas estas cosas, como también antes os lo dijimos y advertimos solemnemente." (versículo 6 - LBLA). No existe un terreno
real para presentar un tópico nuevo aquí, confundiendo junto con Calvino y otros la expresión Griega τῳ πρ., con τοῖς πρ., y aún menos suponer junto con Koppe que τῳ enclítico = τινι, se traduce "algún", como nuestra Versión Autorizada Inglesa
(KJV1769 o "Authorized Version"). Es la forma delicada en que el apóstol se refiere a la misma inmundicia, especialmente en
circunstancias de personas casadas donde los derechos de un hermano fuesen infringidos. Esto requería y recibe una atención
especial. Debido a que la hermandad de Cristianos les introducía en una relación libre y feliz, podía haber allí un peligro
peculiar en estas mismas circunstancias, para que Satanás tentase donde la carne no era mantenida, por la fe, en el lugar
de muerte, para que solamente el amor pudiese actuar en santos modos con Cristo delante de sus ojos. Quizás no existe otro
peligro más seriamente recalcado. Son los modos por los cuales la ira viene sobre los hijos de desobediencia, y todas las
palabras que hagan liviano el mal son vanas: el Señor venga todas estas cosas, y Dios juzgará al culpable. No es la verdadera
gracia de Dios la que prescinde de las más fuertes y repetidas advertencias; pues no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino
a santificación. Es claro que no hay ninguna bifurcación en el significado del texto hacia los tratos comerciales, o hacia
la deshonestidad en los asuntos de todos los días. La impureza en las relaciones sociales de los santos es el mal aún tenido
en consideración: y la conclusión es: "Por lo tanto, el que rechaza esto no rechaza a hombre, sino a Dios quien os da su Espíritu
Santo." (versículo 8 - RVA). De esta manera la gracia, llamando a un deber moral, se eleva enteramente por sobre la mera acción
de hacer pesar tales motivos, cuando actúa sobre los hombres. No se trata de que la delicada consideración del hombre es omitida:
el apóstol comienza con el desprecio del hombre en el asunto, pero él introduce inmediatamente también el inmenso y, sin embargo,
solemne privilegio del Cristiano, el don de Dios del Espíritu Santo. ¿Cómo le afectaría a Él la impureza, a Quien mora en
los santos, y hace que el cuerpo sea en templo de Dios?
A continuación sigue un
llamado a abundar en amor fraternal, en el cual el apóstol pasa suavemente a las convenciones conectadas del trabajo diario
estimulado por la preocupación por los demás. "Pero con respecto al amor fraternal, no tenéis necesidad de que os escriba,
porque vosotros mismos habéis sido enseñados de Dios que os améis los unos a los otros. De hecho, lo estáis haciendo con todos
los hermanos por toda Macedonia; pero os exhortamos, hermanos, a que sigáis progresando aun más. Tened por aspiración vivir
en tranquilidad, ocuparos en vuestros propios asuntos y trabajar con vuestras propias manos, como os hemos mandado; a fin
de que os conduzcáis honestamente para con los de afuera y que no tengáis necesidad de nada." (versículos 9-12; RVA). La posesión
de Cristo liga maravillosamente a los corazones, y así como el afecto de los unos hacia los otros es un instinto espiritual,
del mismo modo todo lo que es enseñado por Cristo profundiza inteligentemente en ello. La relación puede poner a prueba su
realidad algunas veces, pero como un todo lo desarrolla activamente, y aún más al compartir la misma hostilidad del mundo.
Aquí, también, el apóstol señala que ello debería abundar más y más, y junto con ello la aspiración diligente de vivir en
tranquilidad y ocuparse de sus propios asuntos, lo cual el amor fraternal ciertamente promovería: exactamente lo contrario
de esa disposición a entremeterse en los asuntos de los demás que fluye de la asunción de una superioridad en el conocimiento
o en la espiritualidad o en la fidelidad. Además, el los llama a trabajar con sus propias manos, "como os hemos mandado" (y
¿quien podía hacerlo con una gracia tan bondadosa?), para que ellos pudiesen conducirse honradamente para con los de afuera
y que no tuvieran necesidad de nada [o de nadie]. No hay un pensamiento tal como para estimular al necesitado a atraer la
generosidad de los demás. Que sea la ambición de los que aman, y que guardarían el amor de los demás, no escatimar sus esfuerzos
y evitar abusar de la ayuda de alguno, como para cortar completamente toda sospecha de los de afuera. El amor fraternal sería
cuestionado si no se prestara atención a lo que conviene; éste florece y abunda donde hay también renunciamiento.
Habiendo exhortado así
a los santos a la pureza personal, y habiendo conectado el amor divino con el tranquilo cumplimiento del deber diario, tan
a menudo propenso a ser descuidado en base a la demanda misma y a la vana pretensión de maneras más elevadas, el apóstol dirige
ahora su atención a la angustia y sorpresa excesivas de ellos ante la muerte de algunos de ellos. Tan llenos estaban ellos
con la expectativa de la presencia del Señor, que no habían concebido la posibilidad de que algún santo durmiera en el Señor
de este modo. Ellos solamente esperaban Su venida, y sacaron conclusiones que, no siendo del Señor, los expusieron, tal como
todo razonamiento lo hace, al peligro. La necesidad, entonces, fue mantener la verdad, al mismo tiempo que había que protegerlos
de una conducta impropia semejante; pero la gracia dispensó una luz nueva y más plena para ellos y para nosotros.
"Tampoco queremos, hermanos,
que ignoréis acerca de los que duermen*, para que no os entristezcáis como los demás que no tienen esperanza. Porque si creemos
que Jesús murió y resucitó, de la misma manera Dios traerá por medio de Jesús, y con él, a los que han dormido. Pues os decimos
esto por palabra del Señor: Nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, de ninguna manera precederemos
a los que ya durmieron. Porque el Señor mismo descenderá del cielo con aclamación, con voz de arcángel y con trompeta de Dios;
y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros, los que vivimos y habremos quedado, seremos arrebatados juntamente
con ellos en las nubes, para el encuentro con el Señor en el aire; y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos
los unos a los otros con estas palabras." (versículos 13-18; RVA).
[* Los
Manuscritos más antiguos tienen κοιμωμένων, la clase
de aquellos que duermen, carácter, y no tiempo, como en σωζόμενοι, ἁγιαζόμενοι, etc. Más tarde, pero copias más numerosas apoyan κεκοιμημένων lo
cual es exactamente correcto en 1 Corintios 15:20, pero que no se requiere aquí.]
Los Tesalonicenses sabían,
como una certeza establecida, de la venida del Señor y el reino. Ellos Le estaban esperando, al Hijo de Dios, desde el cielo
como una esperanza constante, la esperanza más cercana de sus corazones. Ellos nunca habían tomado en consideración que Él
podía demorarse conforme a la voluntad de Dios que reuniría almas nuevas a la comunión de Su amor, mientras deja que el mundo
madure en iniquidad y ausencia de ley, ya sea en soberbia incredulidad o en vacía profesión, hasta que la apostasía venga
y el hombre de pecado sea revelado. A ellos les faltaba enseñanza en cuanto a todo esto, habiendo disfrutado las enseñanzas
del apóstol sólo por una corta temporada, y no habiendo sido escrita aún ninguna epístola. Esta es la primera carta que Pablo
escribió; y mientras promueve el gozo y el crecimiento de la fe, de nada escribe él como una ayuda más necesaria para suplir
una carencia, la cual, si no era suplida por revelación divina, dejaba a las mentes ocupadas abiertas al enemigo, a través
de las especulaciones que él pronto sugeriría, para arruinar subrepticiamente la verdad ya conocida, o la confianza en Dios
de sus almas.
La tristeza de ellos era
excesiva como la del resto de los hombres, Judíos, o más bien paganos, que no tienen esperanza. ¿Porqué tal dolor extravagante
sobre los que, si fueron llamados desde aquí, conocieron el amor de Dios y la salvación en el Señor Jesús? ¿Es la vida eterna
una cosa vana? ¿Es la remisión de pecados, o la posesión del Espíritu Santo? Ciertamente sólo puede ser ignorancia de parte
de ellos, y no que cualquiera llamado por Dios a Su reino y gloria (para no hablar de la iglesia, el cuerpo de Cristo) podía
anular muriendo, como ellos imaginaban, su bienaventuranza cuando el Señor Jesús venga. Y así fue que por falta de conocer
mejor, ellos se entregaron a pensamientos que los habían sumergido en una tristeza deshonrosa para Cristo.
Incluso aquí, sin embargo,
es notable que el apóstol no devele el estado de los espíritus separados, como vemos que se hace en Lucas 23:43, Hechos 7:59,
2 Corintios 5:8, y Filipenses 1:23. Él enfrenta plenamente el error de que la muerte de alguna forma destruye o disminuye
la esperanza bendita del Cristiano. El no dejaría que los santos siguieran ignorantes con respecto de quienes se podía decir
muy verdaderamente que dormían; si ellos duermen, esto hace más evidente que tienen la porción de Aquel que murió y resucitó,
tal como ciertamente creemos; pues ellos resucitarán si, en el entretanto, mueren. ¿Y es una resurrección semejante una perdida?
"Así también traerá Dios con Jesús", tal como se describe aquí hermosamente, "a los que durmieron en él." (versículo 14).
Ellos fueron puestos a dormir por Jesús; y, lejos de olvidar o incluso postergar su gozo y bienaventuranza de ellos, Dios
los traerá con Jesús en ese día.
¿Pero cómo va a ser esto,
puesto que ellos duermen en la muerte, y Él viene desde el cielo en poder y gloria? Acerca de esto sigue a continuación una
comunicación muy esclarecedora y nueva, "en palabra del Señor", que despeja la dificultad desplegando el orden de los sucesos,
y así la forma por la cual los santos que duermen van a venir con Jesús. Los creyentes Tesalonicenses habían imaginado que
los que partieron se perderían la dichosa reunión, o al menos, que irían detrás de los que quedaran vivos. Pero ello no es
así. "Por lo cual os decimos esto por la palabra del Señor: que nosotros los que estemos vivos y que permanezcamos
hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Pues el Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando,
con voz de arcángel y con la trompeta de Dios, y los muertos en Cristo se levantarán primero. Entonces nosotros, los que estemos
vivos y que permanezcamos, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes al encuentro del Señor en el aire,
y así estaremos con el Señor siempre. Por tanto, confortaos unos a otros con estas palabras." (versículos 15-18; LBLA). Tal
es la maravillosa indicación en este impresionante episodio que nos lleva parentéticamente a las palabras introductorias que
les aseguraron a ellos que el Señor vendría, y los santos, incluyendo a los que duermen, junto con Él. Aquí aprendemos de
qué manera esto puede ser: Él primeramente desciende por ellos, y después los trae
con Él.
Pero hay detalles. Él mismo
descenderá del cielo con "voz de mando." La palabra empleada, siendo peculiar en el Nuevo Testamento a este pasaje, no puede
más que tener una fuerza especial. Fuera de la Escritura es utilizada para una llamada de un general a sus soldados, de un
almirante a sus marinos, o, algunas veces, más generalmente como una exclamación para incitar o animar.
Parece una expresión muy
apropiada como transmitiendo una palabra de mando a aquellos que están en una relación cercana. No hay ninguna insinuación
de un grito para que el mundo, para que los hombres en general, oigan. Aquí es para que los Suyos se reúnan con Él en lo alto.
"Con voz de arcángel", presenta a la más alta de las criaturas celestiales regocijarse por atender al Señor en esa ocasión
trascendental. Si los ángeles ministran ahora a los santos, así como sabemos también que lo hicieron a Él, cuan conveniente
es oír acerca de la "voz de arcángel" ¡cuando ellos se reúnen así alrededor de Él! Tampoco la "trompeta de Dios" permanece
silente en un momento tal, cuando todo lo que es del hombre mortal en los Suyos será absorbido por la vida en la presencia
de Cristo.
Como corresponde, "los
muertos en Cristo resucitarán primero." No es una cuestión del primer hombre sino del Segundo; y todos los que son de esa
familia que hayan dormido "resucitarán primero." Así de infundada era la desesperante
angustia de los de Tesalónica. Hasta ahora ellos preceden a los santos vivos, al
ser los primeros en experimentar el poder de vida en el Hijo de Dios. La verdad es, sin embargo, que la diferencia en el tiempo
es apenas perceptible; pues "Entonces nosotros, los que estemos vivos y que permanezcamos, seremos arrebatados juntamente
con ellos en las nubes al encuentro del Señor en el aire." (versículo 17) El traslado de todos los santos transformados es
simultáneo. El dolor de aquellos que dudaban de la plena bienaventuranza de los que duermen entretanto fue realmente ignorancia
e incredulidad; pues incluso si ellos no podían anticipar la nueva revelación del Señor, ellos tenían que, debido al conocimiento
divinamente dado de Su amor y Su redención, haber contado con Su gracia hacia los santos muertos no menos que hacia los vivos.
Ellos podrían haber buscado la necesitada luz en cuanto a los detalles de los levantados y dados por el Señor para impartirla.
Nosotros podemos, no obstante, concebir prontamente cuán de prisa obró injuriosamente en ellos como en nosotros. Pero qué
misericordia inefable que la gracia satisfizo la necesidad para corregir el error entonces, ¡y para prevenirlo después! Así
es habitualmente especialmente en las Epístolas, al igual que en toda la Escritura.
Es importante observar que 'la resurrección general' es tan extraña a esta parte de la Palabra de Dios como
a toda otra parte. Sólo se habla de los fieles muertos, de los fieles vivos. No se trata de que no habrá una resurrección
de los injustos así como de los justos. Pero no existe tal cosa en la Escritura como una resurrección de todos los hombres
juntos. De todas las cosas, la resurrección separa muy distintivamente. Hasta entonces podrá haber más o menos mezcla del
malo con el bueno, aunque ello es una deshonra para el Señor y un agravio para Su pueblo. Pero las apariencias engañan, y
la separación absoluta no se encuentra, y Dios usa la prueba producida por ello para bendición de aquellos cuyo ojo es sencillo.
Pero en Su venida, la separación será completa, en Su aparición ella será manifiesta. De ahí que, la resurrección de los santos
que duermen es llamada una resurrección de los muertos, o de entre los muertos; lo que no podía decirse de la resurrección
de los inicuos, pues después que ellos resuciten no quedarán más para ser resucitados. De esta manera, ambas clases son resucitadas
separadamente. Daniel 12 habla de una resurrección de Israel, Mateo 25 habla del juicio del Señor de las naciones: ninguno
de estos pasajes se refiere a los, literalmente, muertos.
Pero la consecuencia moral
del error es tan positivamente mala así como la verdad santifica. Pues la acción de una resurrección general se conecta con
un juicio general, y así se introduce la imprecisión en el espíritu del creyente, quien pierde por esto la verdad de la salvación
como una cosa presente, y la conciencia de la posesión de vida eterna en Cristo, en contraste con ir a juicio. Comparen Hebreos
9: 27, 28, y Juan 5:24. Uno de los esfuerzos principales del enemigo es anular esta solemne diferencia: él sacudiría, si pudiera,
el disfrute del creyente de la gracia de Dios en Cristo; adormecería al incrédulo en una calma fatal, indiferente igualmente
a sus pecados y al Salvador. La primera resurrección de los santos, separada a los menos por mil años (Apocalipsis 20) de
la del resto de los muertos, los inicuos que se levantan para el juicio y el lago de fuego, es la refutación más fuerte posible
de la confusión que prevalece, una apelación inmensamente seria a la conciencia del incrédulo, un muy esperanzador consuelo
para aquellos que consienten en sufrir con Cristo en el entretanto.
Además, es incuestionable que la muerte no es de manera alguna la esperanza del creyente, sino la venida
de Cristo, cuando todo esfuerzo y todo rastro de muerte serán borrados de los muertos fallecidos, así como de los Cristianos
vivos, que tienen la mortalidad, al igual que los demás, obrando en ellos. Entonces lo mortal será absorbido por la vida;
pues Él viene a recibirles a Él mismo, Aquel que es la resurrección y la vida. Así el creyente en Él, aunque esté muerto,
vivirá; y el creyente en Él que está vivo no morirá jamás. La muerte no es el Esposo, sino meramente una sierva (pues todas
las cosas son nuestras) para introducirnos, ausentes del cuerpo, a estar presentes con el Señor. Pero aquí no se trata del
mero individuo yendo a Él después de la muerte, sino de Su venida, el Conquistador de la muerte, por todos nosotros, ya sea
que estemos durmiendo o despiertos, para que podamos ser transformados a Su imagen gloriosa incluso en el cuerpo.
Pero hay otro privilegio,
y en sí mismo mucho más precioso, señalado aquí. "Así estaremos siempre con el Señor." Esto último es el gozo
más profundo del estado separado cuando un santo parte: estar entonces con Cristo. Fue así incluso con el ladrón moribundo
pero creyente: Cristo le aseguró que estaría ese día con Él en el Paraíso. Solamente que un estado tal no era más que intermedio
e imperfecto, no obstante lo bendito que pudiese ser. Pues no se trataba del cuerpo glorificado; tampoco se trataba de todos
los santos reunidos. En Su venida todo será completo y perfecto para la familia celestial, "y así estaremos siempre con el
Señor." ¿Qué puede faltar, o qué puede ser añadido, a tales palabras de gozo infinito y eterno? "Por tanto, alentaos los unos
a los otros con estas palabras." (versículo 18). Sobre este párrafo, el Espíritu Santo no dice nada más. Aquello que es perfecto
habrá venido entonces.
1 Tesalonicenses 5.
Desde
el aspecto especial de la venida del Señor que completa Su gracia para los que Le esperan, mediante el traslado de ellos a
Su presencia en el aire, el apóstol se vuelve ahora al hecho más general de "aquel día" (versículo 4), cuando él trata con
el mundo conforme al testimonio concurrente del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento. La reunión de los santos con Él,
los que duermen o los que viven, transformados a la imagen de Su gloria, es una revelación nueva, y es presentada aquí como
tal. No así la aparición o día del Señor, el cual había formado la esencia de muchas profecías, y, yo creo que podemos decir,
de todos los profetas desde que el tiempo comenzó. Pues se trata de una época y, de hecho, un período de ninguna manera secundario
en importancia manifiesta comparado con otro, afectando a toda criatura en el cielo y en la tierra, y exhibiendo la inmensa
transformación que Dios llevará a cabo entonces en honor de Su Hijo conforme a Su Palabra desde el principio.
"Mas
respecto de los tiempos y las sazones, hermanos, no tenéis necesidad de que se os escriba nada. Porque vosotros mismos sabéis
perfectamente que, como ladrón en la noche, así viene el día del Señor. Cuando los hombres estén diciendo: ¡Paz y seguridad!
entonces mismo vendrá sobre ellos repentina destrucción, como dolores de parto sobre la que está encinta; y no podrán escaparse.
Vosotros empero, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día a vosotros os sorprenda como ladrón; porque todos vosotros
sois hijos de la luz e hijos del día; nosotros no somos de la noche, ni de las tinieblas. No durmamos, pues, como los demás,
sino velemos y seamos sobrios. Porque los que duermen, duermen de noche, y los que se embriagan, de noche se embriagan: mas
en cuanto a nosotros que somos del día (lit. "a nosotros siendo de día"), seamos
sobrios, vistiéndonos la coraza de fe y amor, y por yelmo, la esperanza de salvación: porque Dios no nos ha destinado para
la ira, sino para alcanzar la salvación, por medio de nuestro Señor Jesucristo; el cual murió por nosotros, para que, ora
que, en aquel día, estemos velando o durmiendo, vivamos juntamente con él. Por lo cual exhortaos los unos a los otros, y edificaos
los unos a los otros, así como también lo hacéis." (versículos 1-11; VM).
Se debe
observar que no hay ninguna mención, ninguna mezcla, de "los tiempos y las sazones" (o, "los tiempos y las épocas" - LBLA),
con la presencia del Señor para reunir a los Suyos con Él en lo alto. Esta, nuestra esperanza, está totalmente aparte de los
períodos definidos de los cuales trata la profecía. Aquí, cuando "el día del Señor" está en consideración, ellos se mencionan
especialmente; pues aquel día es el acontecimiento más trascendental incluido dentro de su alcance. No es improbable deducir
de la lectura de 2 Tesalonicenses 2:5, que el apóstol ya les había enseñado oralmente acerca de ello, así como él ciertamente
hizo de circunstancias antecedentes. Pero no es necesario asumir que él les había enseñado tanto como se pudiese saber, ni
siquiera que él alguna vez, por escrito y oralmente, hubiese entrado en detalle acerca del día del Señor. Realmente no había
necesidad para ello, debido a que no hay otro tema que el Antiguo Testamento trate más amplia y minuciosamente que este. Ya
era, por consiguiente, un asunto de conocimiento común y familiar entre los santos. Con todo, la exactitud del conocimiento
de ellos sólo es mencionada aquí en lo que se refiere a la cierta y súbita e improvisa llegada del día del Señor. No había
necesidad de escribir nada ahora, pues ellos conocían perfectamente que el día de Jehová viene así como ladrón en la noche.
El apóstol puede no haber entrado en detalles; pero esta verdad grande y solemne formaba parte de su conciente convicción
interior (versículo 1, 2). Ellos sabían perfectamente, no como algunos dicen extrañamente que el tiempo de esto es incierto,
sino que su venida es cierta, y no menos terrible que inesperada.
Con
esto se contrasta la fatal seguridad ilusoria de los hombres alrededor de ellos, del mundo. "Cuando estén diciendo: Paz y seguridad, entonces la destrucción vendrá sobre ellos repentinamente, como dolores
de parto a una mujer que está encinta, y no escaparán." (versículo 3 - LBLA). En 2 Pedro 3 es más bien semejante incredulidad
burladora tal como se halla entre los filósofos, quienes señalan la estabilidad sustancial de todas las cosas visibles en
medio del cambio y desarrollo superficiales. Aquí se trata más bien de la exención tranquila interna y externa del peligro,
a través de la confianza en el estado social y político de la humanidad; sin embargo, no sin inquietas incertidumbres que
delatan el real desasosiego y el temor subyacente de aquellos que no conocen a Dios y a Su Cristo. Así como fue con los hombres
cuando el diluvio vino y barrió con todos aquellos que despreciaron la advertencia de Dios por medio de Noé; así como fue
cuando, después de una advertencia más débil y aún más breve en los días de Lot,
el merecido juicio cayó sobre las ciudades contaminadas de la llanura; así será en el día cuando el Hijo del Hombre sea revelado.
Destrucción repentina, efectivamente, se cierne sobre aquellos que confían en ellos mismos y en sus pensamientos, rechazando
el testimonio de Dios. Este es el juicio de los vivos; y, se ha de observar, no está acompañado de ningún vestigio de un juicio
de los muertos, ni siquiera de que la tierra va a ser quemada, no obstante ambas cosas han de seguir a su propio y debido
tiempo. Se trata del fin del siglo (fin de la edad), pero no del mundo materialmente hablando. Como un lazo vendrá sobre todos
los que habitan sobre la faz de toda la tierra. Y ellos no escaparán de ninguna manera, no más que la mujer encinta cuando
llega su hora y el dolor de parto le sobreviene. Es una ignorancia no espiritual, por no decir una locura, aplicar esto a
la destrucción de Jerusalén o a la muerte, como algunos han hecho y lo hacen. Se trata del día del Señor que ha de venir sobre
el mundo.
El apóstol,
sin embargo, declara inmediata y cuidadosamente cuán diferente es la porción de los fieles. "Pero vosotros, hermanos, no estáis
en tinieblas, como para que aquel día os sorprenda como un ladrón. Todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día. No somos
hijos de la noche ni de las tinieblas." (versículos 4, 5 - RVA). Él no teme que el hecho de que supiesen de qué manera la
gracia los había diferenciado del resto de la humanidad pudiese poner en peligro a los creyentes recién convertidos en Tesalónica,
o a cualquiera otros, ya que su propósito aquí, como en otra parte, es recalcar esta diferenciación sobre ellos indeleblemente.
Él dice, en primer lugar, que ellos no estaban en tinieblas, como para que el día los sorprendiera como un ladrón; en segundo
lugar, que todos ellos eran hijos de luz e hijos del día. No solamente ellos eran diferentes del mundo que está en tinieblas
y los que son del mundo son los objetos del juicio del Señor, sino que eran partícipes positivos de la naturaleza y bienaventuranza
divinas. De hecho, tal cosa es peculiar de ser hijos de Dios generalmente, ya que él añade, "No somos hijos de la noche ni
de las tinieblas." Nosotros somos de Dios, Quien es luz, y en Quien no hay ningunas tinieblas.
Pero
el privilegio conocido y disfrutado por el creyente es el factor más importante y el incentivo mismo de la responsabilidad;
y por ello el apóstol procede a exhortar. "Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios." (versículo
6). Si somos hijos de Dios, ello es un profundo manantial de gozo en Cristo y de acción de gracias a nuestro Padre, pero ¡cuán
instantáneo e inalienable es el llamado a andar de acuerdo a la relación! Así aquí, si se trata de hijos de luz y del día,
dormir - la indiferencia a la voluntad del Señor - no nos conviene, sino la vigilancia y la sobriedad, como aquellos que obtienen
su vida de Él, Quien es la única luz verdadera, e introducirá el día, tan libre de agitación como de descuidado sosiego. Los
justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre.
Luego
sigue un breve pero vívido retrato del mundo adormecido y del Cristiano despierto. "Mas en cuanto a nosotros que somos del
día (lit., "siendo de día"), seamos sobrios, vistiéndonos la coraza de fe y amor,
y por yelmo, la esperanza de salvación." (versículos 7, 8 - VM). El dormir es propio de la noche, y también lo es el exceso:
los hombres hacen naturalmente en la oscuridad lo que ellos no les gustaría hacer en la luz. Se trata de la práctica común
e innegable de los hombres que es traída, de este modo, ante la mente. ¿A qué es exhortado el Cristiano? No es exactamente,
como en la "Authorised Version" Inglesa según la Vúlgata, etc., "Pero nosotros, que
somos del día" (RVR60), lo cual requeriría la contracción de la preposición de
y del artículo el, sino que literalmente: 'que nosotros, siendo de día, seamos sobrios, habiéndonos puestos la coraza de la fe y el amor, y la esperanza de salvación por
yelmo.'* Así el creyente es llamado a estar armado como vigilante y sobrio. Pero las armas aquí, pues se le hablaba directamente
sólo a Cristianos recién convertidos, no son ofensivas, sino solamente defensivas: las tres características de su vida aquí
abajo, fe, amor, y esperanza. Nosotros hemos visto cómo son utilizadas en el capítulo 1 de esta Epístola; aquí, estas características
reaparecen en el último capítulo. De hecho ellas no pueden estar ausentes si habláramos de los principios motivadores de Cristo,
ya sea en la verdad o en la práctica; y de ahí que ellos son más o menos prominentes en todos los escritos apostólicos.
[* Podría
ser útil hacer notar aquí que la razón para la estructura anarthrous* de la fraseología no es la que el Obispo Ellicott asignó
siguiendo la "Winer's Greek New Testament Grammar" (Gramática del Nuevo Testamento Griego de Winer), a saber, de que, igualmente,
en los términos conocidos ellos hacen caso omiso del artículo. Ahora bien, puede haber casos donde, con una palabra conectada,
la frase es virtualmente un nombre propiamente dicho, el cual es suficientemente especificativo para prescindir del artículo
a menos que razones especiales lo requieran. Pero, como una regla general, los hechos no prueban la conclusión y las palabras
familiares en consideración caen bajo el principio común de que cuando ellas tienen el propósito de presentar un objeto ante
la mente, el artículo debe ser utilizado; mientras que se prescinde del mismo para simplemente caracterizar o afirmar. El
uso no es arbitrario ni descuidado, sino correcto en el Nuevo Testamento y en todos los escritos rigurosos. Algunas veces
el artículo podría o no podría ser insertado, y ambos casos son verdaderos; pero la fuerza nunca es precisamente la misma.]
[* (N. del T.: anarthrous = cuando ocurre una palabra sin artículo.
Utilizado especialmente en nombres Griegos)]
Se debe
entender que la palabra "salvación" es utilizada aquí en el sentido final o completo, cuando el cuerpo compartirá la aplicación
de ese poder misericordioso que ya ha tratado con el alma. El creyente ya tiene vida eterna y redención en el Hijo de Dios,
y recibe así el fin de su fe, la salvación del alma; el está, por tanto, esperando la salvación de su cuerpo (Filipenses 3:21)
en la venida de Cristo como Salvador, quien transformará nuestro cuerpo de humillación en conformidad al cuerpo de Su gloria,
según la operación de aquel poder que Él tiene para sujetar también a Sí mismo
todas las cosas. "Porque no nos ha destinado Dios para ira, sino para obtener salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo,
que murió por nosotros, para que ya sea que estemos despiertos o dormidos, vivamos juntamente con El." (versículos 9, 10 -
LBLA). Estas son palabras claras que remontan a Dios la gracia soberana que diferencia a los santos del mundo, desde el primero
al último, y hace de Cristo y Su muerte el momento crucial de toda bendición para los que acuden a Él, ya que Su ira permanece
sobre quienes no obedecen a Su Hijo. No obstante, así como los intérpretes de la ley son propensos a hallar en la ley más
dificultades y evasiones que cualquier otra clase de personas, así lo hacen los teólogos en la Palabra escrita, para deshonra
de Dios y para daño de todos los que confían en ellos. ¿Pudieron algunas mentes, salvo aquellas pervertidas por teólogos sistemáticos,
haber permitido un pensamiento tan bajo como el que sostiene que aquí se alude al despertar o dormir físico? Sin embargo,
el Dr. Whitby pensó así; e incluso Calvino* dice que no sería inapropiado que nosotros interpretásemos esto como significando
el dormir común y que es dudoso lo que se quiere dar a entender ahora por estar dormidos y estar despiertos (o, velando),
pues parecería como que él quiso decir vida y muerte, y este significado sería más completo. Ciertamente este piadoso y sabio
hombre da aquí un sonido incierto con la trompeta. Sería mejor no proferir ninguna opinión en absoluto que dejar al lector
bajo una confusión tal de pensamientos. Pero incluso esto no es la profundidad más baja, pues ¡no han faltado hombres que
desean que el apóstol enseñe que las palabras llevan la misma fuerza ética en el versículo 10 como en los versículos 6 y 7!
y la necesaria deducción de esto sería que, ya sea que estemos espiritualmente despiertos (velando) o perezosos, disfrutaremos
igualmente la porción de la bienaventuranza eterna juntos con Cristo. ¿Acaso no suena esto extraordinariamente como indiferencia
moral?
[* "Dubium tamen est quid nunc per somnium et vigilias intelligat: videri enim posset vitam et mortem designare, et
hic sensus esset plenior, quanquam de quotidiano somno non inepte etiam exponere liceat." Comm. in loco, Opera, vii. 418.).
(N. del T: copiado textual en Latín del original Inglés
de W. Kelly)]
El Deán
Alford, para tomar un caso reciente, parece estar en una situación apurada no pequeña en cuanto a todo esto en sus observaciones
sobre el pasaje (III. 278, 279, ed. IV), pues escribe: '¿En qué sentido? seguramente no en un sentido ético, como arriba: pues los que duermen serán sorprendidos por Él como
un ladrón, y Su día será para ellos tinieblas, no luz. Si no es en un sentido ético, debe ser en aquel de vivir o morir, y el sentido como Romanos 14:8. [Pues no podemos adoptar
el sentido frívolo dado por Whitby, ya mencionado, - 'ya sea que Él venga en la noche, y así nos encuentre tomando nuestro
descanso natural, o en el día cuando estamos despertándonos'] Entendido de esta forma, sin embargo, sería a expensas de la
perspicacia, viendo que γρηγορεῖν
y καθεύδειν han sido utilizados éticamente a través de
todo este pasaje. Si nosotros deseamos preservar la uniformidad de la metáfora, podemos [aunque yo no estoy satisfecho con
esto] interpretar en este sentido: que nuestro Señor murió por nosotros, que ya sea que estemos despiertos (velemos) [son
los que forman parte de los que velan o están despiertos, es decir, los ya Cristianos], o que durmamos [son los que forman
parte de los que duermen, es decir, inconversos] nosotros viviremos, etc. Así sería igual a 'quien murió para que todos los
hombres puedan salvarse': quien vino, no sólo para llamar a los justos, sino a los pecadores a la vida. Existe para esta interpretación
la gran objeción de que confunde con el λοιποί,
el ἡμᾶς, de los que se habla
claramente como establecidos por Dios no para ira sino para περιποίησιν σωτηρίας.
Así, yo creo, que el sentido vivimos o morimos
debe ser aceptado, y la falta de claridad con él.'
Claro que Alford tiene
razón al aceptar el sentido de vivir o morir, pero se equivoca y es irreverente al imputar falta de claridad a la Escritura.
El vio a Pablo solamente y no al Espíritu Santo guiándole y guardándole perfectamente, en lo que está escrito. Apliquen el
razonamiento del Deán a un modo parecido de discurso en Mateo 8: 21, 22. ("Otro de sus discípulos le dijo: Señor, permíteme
que vaya primero y entierre a mi padre. Jesús le dijo: Sígueme; deja que los muertos entierren a sus muertos."). ¿Hubo falta
de claridad en las palabras del Señor Jesús? o, en 1 Corintios 8, el giro inesperado pero llamativo dado a la palabra "edificada"*
(RVR1865, Septuaginta) = "estimulada" (RVR60, RVA, LBLA) = "fortalecida" (VM) en el versículo 10, ¿destruye la claridad? Realmente
da la fuerza en cada ejemplo: es solamente la percepción de los hombres lo que falla, con el defecto aún peor de falta de
fe en la Palabra de Dios. Si ellos sintieran su propia deficiencia pero reconocieran la perfección de la Escritura, esta sería
la actitud correcta, y ellos aprenderían, en lugar de consentir una asunción que cubre la ignorancia en ellos mismos, daña
a los demás, y es una gran irreverencia para con Dios.
[* N. del T.: G3618 οἰκοδομέω oikodoméo; de lo mismo que G3619; ser constructor de la
casa, i.e. construir o (fig.) confirmar:-reedificar, edificación,
edificador, edificar, estimular, fortalecer. (Concordancia Exhaustiva de la Biblia, J. Strong, Editorial Clie).]
El versículo 10 es realmente
la conclusión de la respuesta a la dificultad de los Tesalonicenses en cuanto a los muertos, y el Espíritu Santo parece haber
utilizado con denuedo las palabras griegas γρ. y κ. éticamente en los versículos 6 y 7, y metafóricamente aquí, debido a que Él dio por hecho que la mente de Cristo estaba
en los santos, la cual no podía entender mal Sus diferentes propósitos en los dos casos. Cristo murió por nosotros, para que,
sea que estemos vivos o muertos, nosotros vivamos juntamente con Él. Es vivir junto con Él donde Él está y como Él está, glorificado
en las alturas. Y así como el apóstol llamó a los santos en 1 Tesalonicenses 4:18 a alentarse o animarse unos a otros con
estas palabras, él lo repite aquí en el versículo 11, con el llamamiento añadido a edificarse unos a otros; porque conocer
el juicio solemne que está por caer sobre el mundo en el día del Señor debería edificar más a los creyentes consolados y regocijándose
en su esperanza apropiada en Su venida.
A continuación el apóstol
se vuelve a una necesidad raramente, si es que alguna vez, sentida entre los fieles, incluso donde la corriente de la fe y
el amor es aún fresca y fuerte, el debido reconocimiento de aquellos que trabajan y toman la conducción de parte de sus hermanos.
"Y os rogamos, hermanos,
que conozcáis* a los que trabajan en medio de vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan; y que los estiméis altamente
en amor, a causa de su obra. Tened paz entre vosotros mismos." (versículos 12, 13 - VM).
[* N. del T.: = tengáis reconocimiento, o respeto.]
Se asume comúnmente que
las personas indicadas por estas expresiones de trabajo espiritual, admonición, o presidencia, eran obispos o ancianos. Pero
esto es arruinar la enseñanza y el valor especiales de lo que se insta aquí; así como es una equivocación acerca de la orden
apostólica tal como es presentada en la Escritura dar por sentado que alguno fuese designado en la asamblea Tesalonicense
para el cargo de sobreveedor (obispo) durante la estancia tan breve como fue la primera visita, entre los convertidos, todo
ellos necesariamente neófitos aún en las cosas de Dios, por muy brillantes, y fervientes, y prometedores que fuesen. Para
el lector meticuloso de Hechos 13, 14, no se necesita ningún argumento para demostrar que era en la segunda visita, a menos
que la primera fuera de larga duración, que el apóstol designaba o escogía para los discípulos, ancianos en cada asamblea.
La sabiduría de esto, si no la necesidad para ello, será evidente para cualquier mente sobria que reflexiona, incluso si no
hemos tenido la prohibición positiva a Timoteo de cualesquiera de tales personas de una función tal (1 Timoteo 3:6). Pues
ciertamente, independientemente de lo que hagan los Papas, sería severo en extremo suponer que el apóstol en su propia elección
de sobreveedores (obispos) descuidase el principio que él tan seriamente manda sobre su verdadero hijo en la fe.
Indudablemente los ancianos,
u obispos, debían ser honrados, especialmente aquellos que trabajaban en la palabra y en la enseñanza (1 Timoteo 5:17). Pero
la lección de peso inculcada en las otras Escrituras que estamos considerando es que, antes de que hubiera una relación oficial
semejante, los que trabajaban entre los santos, tomaban la conducción de ellos en el Señor, y amonestaban a los santos, son
considerados por el apóstol como teniendo derecho no sólo al reconocimiento en su trabajo, sino a ser tenidos en mucha estima
y amor por causa de su obra. Muy probablemente ellos eran simplemente las personas adecuadas para que un apóstol, o para que
un delegado apostólico como Tito, las designara como ancianos. Pero en el entretanto, e independientemente, esto estableció
un principio muy importante, y bastante saludable para los mismos santos así como para los que no tenían aún ningún título
exterior: nada más que un don espiritual ejercido en fe y amor, con el deseo sincero por la gloria del Señor en la condición
saludable, feliz y santa de sus hermanos.
Este estado de cosas entre
los Tesalonicenses tampoco es un caso excepcional en absoluto; en otros lugares podemos ver lo que es análogo. Así, entre
los santos en Roma, donde (por lo que la Escritura enseña) ningún apóstol había estado aún, nosotros encontramos dones que
son estimulados en la Epístola a ser ejercitados, enseñando, exhortando, presidiendo o dirigiendo, etc. (Romanos 12: 6-8).
Ellos no tenían aún designación Apostólica; y conforme a ello, nosotros no oímos de cargos tales como obispos o diáconos.
Pero es una equivocación sacar por conclusión de esto que había o que no podía haber ninguno que tomase la conducción; pues
Romanos 12 exhorta explícitamente a tales personas a ejercitar su don, incluso si no tenían ninguna designación externa.
De forma similar, en las
Epístolas a la iglesia en Corinto, nosotros no hallamos ningún vestigio de ancianos - hallamos más bien la prueba de que ellos
no existían aún allí. Pues si hubiesen existido, ¿no sería extraño ignorarles en ausencia de una disciplina piadosa tal como
vemos en 1 Corintios 5, 6, y en presencia de un desorden tal que deshonraba allí la Cena del Señor (1 Corintios 11), por no
mencionar la confusión en la asamblea (1 Corintios 14), y la heterodoxia que estaba germinando en medio de ellos (1 Corintios
15)? Si no había ancianos allí, uno podía entender que estos males yacieran directamente a la puerta de la asamblea sin referencia
a algunos individuos designados para dirigir. La ausencia de ellos es prontamente explicada: la asamblea Corintia era aún
joven, no obstante lo vigorosa. Era habitual designar en una visita posterior a aquellos de entre los hermanos en quienes
el Señor dio a los apóstoles el descubrir por medio de una observación cuidadosa, calificaciones dignas para el cargo de sobreveedor
(obispo). Con todo, ellos no carecían entretanto de los que se dedicaban, como la familia de Estéfanas, al servicio de los
santos (1 Corintios 16: 15, 16); y el apóstol encarga someterse (sujetarse) a cada uno y a todos los que ayudan y trabajan.
En Éfeso había, como aprendemos
de la lectura de Hechos 20, ancianos o supervisores (obispos); pero esto no obstaculizaba la libre acción de aquellos que
eran dones del Señor, fueran pastores u otros (Efesios 4), quienes podían no tener el cargo local de ancianos. La misma observación
se aplica a Filipos, donde se menciona expresamente a obispos (supervisores) y diáconos, pero como allí podía haber, y sin
duda lo hubo, el ejercicio de dones en la enseñanza y presidiendo antes que tales supervisores aparecieran, de modo que no
había nada en su presencia que obstaculizara la libertad del Espíritu en la asamblea. Comparen también Colosenses 2:19 con
Colosenses 4:17, Hebreos 13: 7, 17, 24. El pasaje en 1 Pedro 4:11 ilustra y confirma el mismo principio: un pasaje precioso
para nosotros ahora, cuando no podemos tener visitas apostólicas, o la designación llevada a cabo entonces ordenadamente de
un cargo local como ellos fueron autorizados a hacerlo. Pero nosotros podemos y debemos reconocer mucho más diligentemente
a todos los que el Señor da para el orden y la edificación de la asamblea, así como oímos a los apóstoles exhortar a los santos
en muchos lugares que lo hagan, donde no había ancianos, e incluso donde y cuando los había.
Si aún no había ninguna
nominación oficial de los ancianos en Tesalónica se podría preguntar, ¿como iban a conocer los santos las personas correctas
que debían reconocer, honrar, y amar como tales? La respuesta es, que el Espíritu Santo se los daría a conocer, si no con
la información y ciertamente no con la autoridad, de un apóstol, pero lo bastante suficiente para guiar a los santos para
todos los propósitos prácticos. Por consiguiente, el apóstol dice aquí, "os rogamos, hermanos, que conozcáis* a los que trabajan
en medio de vosotros," etc. (versículo 12 - VM). Aquí estaba la autoridad de la Palabra; el Espíritu Santo haría el resto,
a menos que el orgullo del yo y la soberbia o la envidia lo impidieran. Incluso tanto servicio de trabajo dedicado y de conducción
tomada en humildad y admonición fiel se daría conocer en la conciencia, del modo que lo haría aún más prontamente al corazón
si los santos caminaban con Dios. Con todo, esto era tan nuevo entre los Cristianos, que incluso dedicados estudiosos hallan
gran dificultad en descubrir el significado de la palabra Griega εἰδέυαι (eidénai = conozcáis),
mientras que su fuerza aquí es su constante utilización. Si los santos pueden conocer un hermano para amarle, del mismo modo
pueden conocer a aquellos que Dios usa para bendición y conducción de ellos, y, si ellos están correctos delante de Él, los
respetarán aún más para no encubrir lo que está mal, aunque sea doloroso por un momento. "Si, pues, tu ojo fuere sencillo,
todo tu cuerpo estará lleno de luz." (Mateo 6:22 - VM). Tu no puedes amar del modo que se exhorta aquí a menos que los conozcas,
así como es imposible dar amor fraternal si no podemos decir quienes son nuestros hermanos.
[* N. del T.: conozcáis
= tengáis reconocimiento, o respeto.]
Tener paz entre nosotros
es de gran importancia para tal reconocimiento ya que el reconocimiento conduce a ello. Así se da a entender aquí.
Pero no hay ninguna aprobación
para el pensamiento poco afectuoso, descuidado, de que los que trabajan han de tomar a su cargo la carga completa de los santos,
especialmente la que precisa de coraje moral y paciencia. Esto se manda, no (como Crisóstomo dice con respecto a este pasaje)
a los que dirigen, sino también a los hermanos en general. "Y os exhortamos, hermanos, a que amonestéis a los indisciplinados,
animéis a los desalentados, sostengáis a los débiles y seáis pacientes con todos." (versículo 14 - LBLA). El amor solo
puede obrar así, contemplar a los santos tal como ellos son a los ojos de Dios, y afligirse por el asolamiento que Satanás
haría en ese jardín santo del Señor, por cuya voluntad y gloria el amor es celoso. Tal debe ser nuestra forma de obrar con
nuestros hermanos.
A continuación sigue un
racimo de cortas exhortaciones concisas casi hasta el final, que tratan primeramente con nuestro espíritu o estado personalmente;
después con nuestro andar más público.
"Mirád que ninguno dé a
otro mal por mal; ántes seguíd siempre lo bueno los unos para con los otros, y para con todos.
Estád
siempre gozosos.
Orád sin
cesar.
En todo
dad gracias; porque esta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús acerca de vosotros.
No apaguéis
el Espíritu.
No menospreciéis
las profecías. Examinádlo todo: retenéd lo que fuere bueno.
Apartáos
de toda apariencia de mal." (versículos 15-22; RVR1865).
La gracia es la característica del evangelio; y así como la fuente está en Dios mismo como es mostrado
en Cristo, así lo querría Él en Sus hijos, no justicia humana, para el justo contra el inicuo, sino amor desprendido haciendo
bien al malo y sufriendo el mal de parte de ellos. Así Él querría que no fuéramos vencidos por el mal sino vencer el mal con
el bien (Romanos 12:21). Tal es el Cristianismo en la práctica por sobre el paganismo y el Judaísmo igualmente. Así es uno
con el otro, y para con todos, y así Pedro no menos que Pablo: " Pero si cuando hacéis lo bueno
sufrís por ello y lo soportáis con paciencia, esto halla gracia con Dios." (1 Pedro 2:20 - LBLA).
Tampoco el Cristiano debería
una mala impresión de su Dios y Padre o de la porción que incluso ahora él posee en Su gracia, no más que de sus perspectivas.
Con qué gozo los discípulos regresaron ¡incluso cuando su Maestro partió al cielo! Y el Espíritu Santo vino a su debido tiempo
a hacer el gozo inagotable. (Juan 4:14). ¿Qué ha habido allí desde entonces para secar la fuente? "Estad siempre gozosos."
(versículo 16).
Pero nosotros aún estamos
en el cuerpo y en el mundo, así como ellos estaban. Por tanto la Palabra es "Orad sin cesar"; así como vemos a aquellos que
volvieron con gran gozo desde el monte que se llama del Olivar, perseverando unánimes resueltamente en oración con María la madre de Jesús, no todavía la abominación de orar a ella o a Sus hermanos. Con todo, esta debida
expresión de dependencia creciente en Dios nunca debería ser sin acción de gracias, pero así como nosotros en todo, lo cual
de otra manera nos haría estar ansiosos, mediante la oración y la súplica debemos dar a conocer nuestras peticiones a Dios
(Filipenses 4:6), del mismo modo somos exhortados aquí: "Dad gracias en todo." (versículo 18). Y como un espíritu constante
de acción de gracias es exactamente o contrario de lo quejumbroso de la naturaleza, debido a múltiple sufrimiento y disgusto
y desengaño, el apóstol refuerza este llamamiento con una razón añadida, "porque esta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús
acerca de vosotros." (versículo 18 - LBLA). De otra manera pronto en la decadencia de la Cristiandad se habría contado con
ligereza y presunción. Cuán verdaderamente el apóstol dice en su segunda Epístola, "porque no todos tienen la fe." (2 Tesalonicenses
3:2 - VM).
A continuación tenemos
una breve pero plena exhortación en cuanto a nuestra forma de obrar en público. No se trata aquí del llamamiento personal
de Efesios 4, "no contristéis", sino, "No apaguéis el Espíritu" (versículo 19 - LBLA), seguido de "no menospreciéis las profecías"
(versículo 20 - LBLA), lo cual sirve para fijar su verdadero significado. Ambas exhortaciones dan por sentada y por existente la libre acción del Espíritu Santo en la asamblea, donde Él no debe ser obstaculizado
en Su movimiento general incluso por medio del más pequeño de los miembros de Cristo, no más que menospreciado en la forma
más alta de tratar con las almas, o "las profecías." Por otra parte, a los santos no se les debe imponer demandas altas o
exclusivas que nunca son necesitadas por, y que serían repulsivas para, el verdaderamente espiritual. Ellos tenían que examinar
todo, retener lo bueno, abstenerse de toda forma de mal. Mediante la palabra Griega έἶδος*
traducida "especie" en la RVR60, "apariencia" en la RVR1865 y RVR1909 Actualizada, "género" en la BJ, lo que realmente se
quiere significar es clase o forma.
[* N. del. T.: G1491 εἶδος eídos; de G1492;
vista, i.e. forma (lit. o fig.):-especie, aspecto, vista. (Concordancia Exhaustiva de la Biblia, J. Strong, Editorial
Clie).]
Esta
breve pero plena exhortación es seguida por una hermosa oración apropiada. "Y que el mismo Dios de paz os santifique por completo;
y que todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea preservado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.
Fiel es el que os llama, el cual también lo hará." (versículos 23, 24 - LBLA). El apóstol encomienda así a sus amados
hijos en la fe al mismo Dios de paz, después de haber insistido en la responsabilidad de ellos tan comprensivamente; y esto,
tanto generalmente como en detalle. Esta es la razón de la distinción del espíritu, el alma, y el cuerpo, el hombre completo
interior y exterior, e incluso el interior dividido en espíritu y alma, para que ellos puedan procurar que Dios les coloque
aparte completamente, y que cada átomo adentro así como afuera, sea preservado entero irreprensible para la venida de Cristo.
Sería
bueno agregar que "el alma" es el asiento de la personalidad, "el espíritu" es más bien la expresión de la capacidad. De ahí
que el alma, con sus afectos, es el "YO" responsable; así como el espíritu es esa facultad más elevada capaz de conocer a
Dios, pero también es capaz de indecible infortunio al rechazarle a Él. El mismo Dios de paz nos reclama y nos santifica completamente.
Para esto nosotros deberíamos orar, como el apóstol por los santos en Tesalónica, para que pudiesen ser preservados completamente
irreprensibles, y en todo aspecto, en la venida de nuestro Señor. Y para nuestro consuelo él añade que, así como Aquel que
nos llama es fiel, del mismo modo Él cumplirá Su propósito. Paz con Dios, la paz de Dios, el Dios de paz; tal es el orden
de la entrada del alma a, y la experimentación del alma de, la bendición por medio de nuestro Señor Jesús, así como el Espíritu
Santo es la persona que efectúa este maravilloso propósito de nuestro Padre ya sea ahora en medida, o absoluta y perfectamente
en la venida de Cristo, una esperanza que nunca está separada en la Escritura de ninguna parte de la vida Cristiana.
Pero
hay otra cualidad característica de esa vida al cual el apóstol invita a los santos. "Hermanos, orad por nosotros." (versículo
25). ¡Qué gracia! Nosotros podemos entender fácilmente a un Abraham orando por un Abimelec, y quizás también a un Abraham
más culpable intercediendo por un príncipe culpable del mundo que había hecho un mal que no conocía plenamente. Pero cuán
bendito que es el privilegio de los santos de orar por el más honrado de los siervos de Dios, ¡y que él busca y valora sus
oraciones! Luego sigue una cálida expresión de salutación amorosa a los hermanos, a todos los hermanos.
Pero
hay otra palabra de marcada importancia presentada con peculiar solemnidad. "Os conjuro por el Señor que esta carta se lea
a todos los [santos]* hermanos." (versículo 27 - BJ). Nosotros podemos concebir cuan apropiado y necesario fue esto cuando
el apóstol envió su primera Epístola. Era una comunicación en la forma de una carta, tan característica del Cristianismo en
su intimidad afectuosa así como en su simplicidad. Profundidades de gracia y verdad tiene en su naturaleza, cualquiera sea
la forma la que pueda ser presentada oralmente o escrita. Pero siendo una carta, y la primera de las que envió el apóstol,
el hará que las cosas que él escribe sean reconocidas como mandamientos del Señor, y leídas a todos como involucrándolos a
todos en el Señor. Porque aunque él no presenta su título de apóstol, cuando él se pudo regocijar solamente que esta aserción
era innecesaria, él escribe en la más plena conciencia de ello (1 Tesalonicenses 2:6), e implica aquí su autoridad más plena,
pero sin embargo, estaría en contacto con el miembro más pequeño del cuerpo de Cristo, ya que él desea finalmente que la gracia
de nuestro Señor Jesucristo sea con ellos (versículo 28). No se trataba de que él sospechase de la integridad de los que estaban
sobre ellos en el Señor, sino que quería dejar impresa sobre todos los santos la solemnidad de una comunicación inspirada
nueva. Y verdaderamente, mientras más reflexionemos sobre el interés de Dios en Su gracia para hacer que el corazón del apóstol
se descubra de esta forma, conducido y llenado con la adecuada verdad para Sus hijos, más se elevará el valor que nosotros
le otorguemos a tales infalibles palabras de amor divino.
[* Algunos han juzgado que la palabra "santos" es una acotación. Por mi parte, me aventuro a pensar que ella
es tan apropiada aquí como en Hebreos 3:1, y puedo prontamente entender que su ausencia al lado de la palabra "hermanos" generalmente
podría inducir a los copistas de incluso esos tempranos años así como más tarde, a omitir el término. Esta fue la primera
carta dirigida a los santos Gentiles, así como la Epístola a los Hebreos hace especial énfasis sobre aquellos de esa nación
que confesaban a Cristo siendo ahora "hermanos santos", no sólo a quienes eran de la simiente de Abraham según la carne.]
W.
Kelly (1820 - 1906)
Traducido por: B.R.C.O. - Noviembre 2006.-
Título original en inglés:
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