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Edificación Cristiana en Gracia y Verdad

1 TESALONICENSES (W.Kelly)

Todas las citas bíblicas se encierran entre comillas dobles ("") y estas han sido tomadas de la Versión Reina-Valera Revisada en 1960 (RVR60) excepto en los lugares en que, además de las comillas dobles (""), se indican otras versiones, tales como:

Versión Moderna, traducción de 1893 de H.B.Pratt, Revisión 1929 (Publicada por Ediciones Bíblicas - 1166 PERROY, Suiza)
 
Versión Reina-Valera Revisión 1865 

Versión Reina-Valera 1909 Actualizada (RVA) (Publicada por Editorial Mundo Hispano).

LBLA (La Biblia de las Américas, Copyright 1986, 1995, 1997 by The Lockman Foundation, Usada con permiso)
 
Versión Reina-Valera Revisada en 1977 (RVR77), Editorial Clie
 
Biblia de Jerusalén (BJ)

1 Tesalonicenses.

 

Las Epístolas de Pablo a los Tesalonicenses

 

W. Kelly

 

            1 Tesalonicenses 1.

 

            La venida del Señor caracteriza ambas Epístolas, las cuales son la sede principal, por decirlo así, de esa gran verdad. De fecha temprana entre los escritos del apóstol, estas dos Epístolas indican simplicidad, frescura y vigor en los santos a quienes son dirigidas. Ellas responden afectuosamente, desbordantemente, a sus corazones, en tonos afines, pero de tal manera como para enseñarles el camino y para que profundicen. De ahí la manera informal de entretejer, no didácticamente sino de forma práctica, esa bendita esperanza con cada tópico, con cada deber, con todas las fuentes o motivos de gozo o dolor, para imbuir el hombre interior y las maneras exteriores de todos los santos día a día.

 

            Los de Tesalónica, como se puede leer en Hechos 17: 6, 7, habían tenido desde el principio fuertes impresiones del reino. Pero ellos necesitaban enseñanza sobre ese amplio y fructífero tema, el cual, al igual que toda otra verdad revelada, proporciona un amplio espacio no sólo para el error poco inteligente sino también para el error funesto. Con el tiempo ambos errores fueron forjados entre estos santos; y así como la primera epístola reemplazó aquello que brotó de la mera ignorancia, la última corrigió lo que era inequívocamente falso y dañino. En las dos epístolas la presencia o venida del Señor es cuidadosamente diferenciada del día del Señor, siendo expuestos claramente sus verdaderos caracteres y explicada la debida relación de lo uno con lo otro. La necesidad de esto es tan urgente ahora como lo era entonces; pues aunque el error era entonces tanto reciente como activo, se demuestra que está fundamentado en una cierta preparación del corazón para ello, en vista de que hasta el día de hoy existe la misma propensión a desviarse de manera similar, y la misma dificultad en apropiarse de la revelación de Dios. Los antiguos y modernos comentaristas son tardos para darse cuenta de los diferentes aspectos de la verdad tal como el Espíritu los ha dado, y aunque es solamente en nuestro día que la principal mala traducción (2 Tesalonicenses 2:2) ha sido corregida, por todos lados la verdad que debería haber sido aclarada por la corrección parece entenderse tan poco como siempre. El curso de las cosas en la Cristiandad, del mismo modo que en el mundo antiguo antes que asumiera esa nueva forma, indispone la mente de aquellos que están ligados con sus intereses para recibir lo que se enseña aquí. La venida del Señor como una esperanza viva y constante aparta el corazón de cada cosa como un objeto en la tierra: porque Él está viniendo, no sabemos cuán pronto, pero lo sabemos, para recibirnos a Él en lo alto. Como es el Celestial, así son también los que son celestiales (1 Corintios 15:48) y como éste es el carácter en que Cristo y el Cristiano están correlativamente, la esperanza corresponde exactamente. Es algo independiente de los acontecimientos terrenales y no se trata de una cuestión de tiempos u ocasiones. En un momento intencionalmente no revelado, para que los que son Suyos puedan siempre esperar verdadera e inteligentemente por Él, Él vendrá por ellos para que puedan estar con Él en la casa de Su Padre.

 

            El día del Señor, por otro lado, está conectado en sí mismo con asociaciones terrenales de una clase solemne, de las cuales la profecía en el Antiguo y el Nuevo Testamento hablan igualmente; y esto tiene también su lugar apropiado en estas epístolas. Está, en efecto, adaptado eminentemente, tal como es la intención, para tratar con la conciencia; pues ese día tratará con el orgullo del hombre y el poder del mundo, con la religión mundana y con la ausencia de ley en todas sus formas. Además, se trata de una prueba en un sentido para los afectos, para ver si es que realmente amamos Su manifestación, siendo Él quien quitará el mal y establecerá todo en orden conforme a Dios.

 

            Pero nos volvemos a las palabras del apóstol en su orden y en su detalle.

 

            "PABLO, y Silvano, y Timoteo, a la iglesia de los Tesalonicenses, que es en Dios el Padre, y en el Señor Jesu Cristo. Gracia a vosotros, y paz de Dios Padre nuestro, y del Señor Jesu Cristo." (versículo 1 - RVR1865).

 

            Tal es la dedicatoria, con sus marcadas y hermosamente apropiadas peculiaridades. Por un lado, está la marcada ausencia de una posición relativa o, de hecho, de cualquier posición oficial en el mensaje del apóstol o de la asociación de sus compañeros, quienes son presentados amablemente del mismo modo que él mismo, sin forma. Por otro lado, se dice aquí y en la apertura de la segunda epístola, que la asamblea Tesalonicense, está "en Dios el Padre y en el Señor Jesu Cristo", lo cual no se afirma de ninguna otra. ¿Qué puede armonizar tan bien con santos recién nacidos, recién liberados de muchos dioses y de muchos señores del paganismo, y traídos a la relación conciente de niños que conocen al Padre? Para nosotros, los Cristianos, "hay un solo Dios, el Padre, de quien proceden todas las cosas y nosotros somos para El; y un Señor, Jesucristo, por quien son todas las cosas y por medio del cual existimos nosotros." (1 Corintios 8:6 - LBLA). Pero, ¡qué expresión de ternura y de relación cercana hablar así de la asamblea de Tesalonicenses en Dios el Padre y en el Señor Jesucristo! ¡Cuán dulce para ellos que se les hable de esa forma como siendo incluso igualados en la comunión de tales amor y luz! Pero tal es el principio en la manifestación de los divinos modos de la gracia. Así incluso está escrito en los consoladores modos del profeta Judío, " Como pastor apacentará su rebaño, en su brazo recogerá los corderos, y en su seno los llevará; guiará con cuidado a las recién paridas." (Isaías 40:11 - LBLA). Aquellos que están más necesitados reciben especial cuidado y consolación.

 

            Para la joven asamblea caracterizada de esta forma era suficiente decir las breves pero significativas palabras, "Gracia a vosotros y paz." Para otros una forma más plena era conveniente, aquí no fue necesaria debido a lo que se dijo antes.

 

            "Siempre damos gracias a Dios por todos vosotros, haciendo mención de vosotros en nuestras oraciones; teniendo presente sin cesar delante de nuestro Dios y Padre vuestra obra de fe, vuestro trabajo de amor y la firmeza de vuestra esperanza en nuestro Señor Jesucristo; sabiendo, hermanos amados de Dios, su elección de vosotros, pues nuestro evangelio no vino a vosotros solamente en palabras, sino también en poder y en el Espíritu Santo y con plena convicción; como sabéis qué clase de personas demostramos ser entre vosotros por amor a vosotros.

Y vosotros vinisteis a ser imitadores de nosotros y del Señor, habiendo recibido la palabra, en medio de mucha tribulación, con el gozo del Espíritu Santo, de manera que llegasteis a ser un ejemplo para todos los creyentes en Macedonia y en Acaya.

Porque saliendo de vosotros, la palabra del Señor ha resonado, no sólo en  Macedonia y Acaya, sino que también por todas partes vuestra fe en Dios se ha divulgado, de modo que nosotros no tenemos necesidad de hablar nada.

Pues ellos mismos cuentan acerca de nosotros, de la acogida que tuvimos por parte de vosotros, y de cómo os convertisteis de los ídolos a Dios para servir al Dios vivo y verdadero, y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de entre los muertos, es decir, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera." (versículos 2-10 - LBLA).

 

            El gozo del corazón del obrero se derrama en constante acción de gracias a Dios por todos ellos, y esto no es hecho vagamente sino con especial mención en la ocasión de orar. Respondía al gozo de ellos quienes habían sido así sacados últimamente de las tinieblas a la maravillosa luz de Dios; pero tenía el carácter profundo de elevarse a Aquel que bendice desde la bendición, ya que la bendición misma tenía el sabor de la comunión con esa fuente de bendición. Así había obrado Pablo con Dios en Tesalónica, no meramente con algunos de los Judíos quienes fueron persuadidos y se juntaron con él y Silas (o Silvano), sino que especialmente con un  gran número de Griegos piadosos: una obra poderosa y permanente en un tiempo bastante breve. ¿Conocemos nosotros tal acción de gracias a Dios? ¿Hacemos una mención personal similar en una ocasión similar? ¿Recordamos nosotros incesantemente el fruto de la bendición del Espíritu en los santos? Sabemos lo que es orar por los santos en el dolor, vergüenza, peligro, necesidad: ¿nos derramamos en gozo delante de Dios ante la obra de Su gracia en aquellos que Él ha salvado y congregado al nombre de Jesús? ¿No han sido nuestros corazones angustiados por las circunstancias bajas y quebrantadas y aisladas de los santos que una vez estuvieron unidos? Nosotros somos rápidos para excluir, para quitar de en medio, para retirarnos, para evitar, y para toda forma de mostrar repulsión; pero somos lentos e impotentes en la gracia que ve y disfruta la gracia en los demás, que gana, ayuda, da la bienvenida, y restaura. No era de este modo con el apóstol y sus compañeros. Indudablemente se necesita gran gracia para apreciar la gracia pequeña. Es como Cristo es.

 

            "Teniendo presente sin cesar delante de nuestro Dios y Padre vuestra obra de fe, vuestro trabajo de amor y la firmeza de vuestra esperanza en nuestro Señor Jesucristo." (versículo 3 - LBLA). Es un hecho que aquí entre los Tesalonicenses, especialmente cuando la primera epístola fue escrita, había tanto poder de vida como había simplicidad con falta de conocimiento. Los tres grandes elementos espirituales, de los que oímos a menudo en el Nuevo Testamento y notablemente en los escritos del apóstol, eran manifestados y en el vigor ferviente del Espíritu Santo: no sólo fe, sino "la obra de  fe", no sólo amor sino el "trabajo de amor", y esperanza de nuestro Señor Jesucristo en su paciencia o paciente constancia. Y así como Cristo es el objeto de fe el cual ejercita el corazón y lo fija sobre cosas invisibles, del mismo modo Su gracia produce amor, y la esperanza alegra a lo largo del camino, y cuánto más cuando todo está en la luz de Dios, "delante del Dios y Padre nuestro." (RVR1865) ("Sin cesar acordándonos de vuestra obra de fé, y trabajo de amor, y paciencia de esperanza en el Señor nuestro Jesu Cristo, delante del Dios y Padre nuestro." versículo 3 - RVR1865). Él es Nuestro Padre, y si nosotros somos "hijitos", le conocemos como tal (1 Juan 2:13); pero Él es Dios, y en nuestra vida, en nuestros caminos, estamos delante de Él, y le serviríamos aceptablemente con reverencia y piadoso temor. Él, delante de quien la nueva vida en Cristo es ejercitada así mediante motivos que tienen su manantial y poder en Cristo, es el Dios que eligió a los Tesalonicenses en Su gracia para que fuesen Sus hijos amados por Él, como se ha dado testimonio así a las conciencias y afectos de los que Le sirven, "sabiendo, hermanos amados de Dios, su elección de vosotros." (versículo 4 - LBLA). ¿Qué prueba práctica de nuestra elección puede haber para los demás si no es en el poder manifiesto de la vida que tenemos en Cristo, mantenido de la única forma que puede ser mantenido, a saber: procurando tener en todo una conciencia sin ofensa delante de Dios y delante de los hombres? Que nosotros reunamos evidencia de ello es mera justicia propia, así como la incredulidad que desprecia el testimonio de Dios a Cristo y a Su obra, la teología estéril de la Cristiandad apresurándose al juicio divino.

 

            Pero Dios ha obrado siempre la bendición mediante la revelación de Sí mismo. "Por eso es por fe, para que esté de acuerdo con la gracia" (Romanos 4:16 - LBLA), "porque la ley produce ira" (Romanos 4:15a - LBLA); "porque donde no hay ley, allí tampoco hay transgresión."(Romanos 4:15b - RVR1865). Pero las buenas nuevas predicadas por Pablo y aquellos que estaban con él, "nuestro evangelio" (versículo 5), es el testimonio pleno de lo que hay en Cristo para los perdidos. Esto se les había hecho ver claramente a los Tesalonicenses en la energía del Espíritu Santo. "Pues nuestro evangelio no vino a vosotros solamente en palabras, sino también en poder y en el Espíritu Santo y con plena convicción; como sabéis qué clase de personas demostramos ser entre vosotros por amor a vosotros." (versículo 5 - LBLA). Esta asamblea joven pero consagrada, perseguida y no obstante feliz, era el testimonio viviente a Dios y a Su Cristo. El evangelio había llegado, no en palabras solamente sino en poder, y como fue en el Espíritu Santo y no en una exhibición carnal, del mismo modo fue "con plena convicción" (LBLA), o "plena certidumbre (RVR60). La Palabra fue hablada con todo denuedo y ciertamente por hombres cuyos caminos eran su resplandeciente y genuino reflejo en amor. Esto produjo los resultados correspondientes en aquellos que la recibieron. Porque Pablo y sus compañeros no eran como los que parecen incapaces de apreciar la gloria de Cristo en el evangelio así como en la iglesia; que nunca se cansan de exaltar una parte de la verdad para descrédito de otra, como si todo no se centrase en nuestro Señor: almas de vista muy corta y malévolas, que pasan por alto los elementos más sencillos de la verdad en su vanidad, y que presionan sobre otros, de manera similar a un ropavejero, acerca del valor de sus propias mercancías. Si todos fueran maestros, ¿dónde estarían los evangelistas? Si no hubiese nadie que despertase las almas, dónde estarían las ovejas a ser alimentadas y apacentadas.

 

            Los Tesalonicenses llevaron la huella del poder que obró en sus corazones y conciencias. "Y vosotros vinisteis a ser imitadores de nosotros y del Señor, habiendo recibido la palabra, en medio de mucha tribulación, con el gozo del Espíritu Santo, de manera que llegasteis a ser un ejemplo para todos los creyentes en Macedonia y en Acaya." (versículos 6, 7 - LBLA). Ellos sufrían amargamente por la verdad que llenaba sus corazones de gozo; igual que Pablo muriendo diariamente mientras vivía; igual que el Señor que murió como ningún otro, y sin embargo vivió el ejemplo perfecto y la plenitud de gozo en Dios Su Padre con el rechazo absoluto aquí abajo.

 

            Cuán diferente eran los de Tesalónica de sus hermanos en Corinto quienes les siguieron en breve tiempo, quienes menospreciaban los asuntos más importantes de la gracia práctica mientras se gloriaban en sus exhibiciones más vistosas de los dones de señales y del poder exterior. ¡Y qué diferencia en el testimonio moral! Nunca oímos de los Corintios como un modelo a seguir para alguno en Macedonia o en Acaya. Con todo, el corazón del apóstol se conmovía en amor sobre sus últimos hijos en la fe, testarudos y rebeldes como ellos eran, para que el don inefable de la gracia de Dios produjese el fruto apropiado, aunque tardío, en ellos también.

 

            Tampoco esto era todo: el mundo estaba lleno de noticias extrañas y esto más allá de toda Grecia, donde los creyentes fueron impresionados con el celo y el poder moral de la asamblea Tesalonicense. "Porque partiendo de vosotros ha sido divulgada la palabra del Señor, no sólo en Macedonia y Acaya,  sino que también en todo lugar vuestra fe en Dios se ha extendido, de modo que nosotros no tenemos necesidad de hablar nada." (versículo 8). Los hombres estaban hablando del cambio y hecho singulares en ese importante centro comercial que estaba ubicado en la línea directa entre el Oeste (Occidente) y el Este (Oriente). Que un cuerpo de personas hubieran abandonado sus dioses falsos, y fueran llenas del conocimiento del único Dios verdadero en un gozo que ningún sufrimiento podía enfriar (tan distinto de los Judíos como de los paganos, y aún más diferenciado en una vida totalmente absorbida por la fe, el amor, la esperanza, nunca vista así antes allí), no podía más que sorprender a mentes tan agudas, especulativas, y comunicativas como las de los Griegos. El sonido de ello sonaba como una trompeta tocando en todas direcciones, no sobre milagros o lenguas, sino sobre la fe de ellos hacia Dios: ciertamente un testimonio bello, admirable, un testimonio de gracia había salido a la luz en medio de idólatras. Pues ello estaba completamente en contraste con el legalismo duro y soberbio de los Judíos, tan decididamente como con las locuras oscuras e indecentes del mundo Gentil. De hecho, el efecto fue tal que el apóstol declara "no tenemos necesidad de hablar nada." ¿Porqué predicar lo que el mundo mismo, en cierta manera, predicaba? Predicar tiene como objetivo dar a conocer el Dios desconocido y Su Hijo, para despertar a los durmientes, para ganar el oído de los indiferentes para las buenas nuevas de Dios. Aquí los labios de los hombres estaban llenos de esta cosa verdaderamente nueva en Tesalónica; y desde su activo centro de comercio el informe salió por todas partes acerca de una asamblea Macedonia que había renunciado a los dioses Griegos, Zeus (Júpiter, nombre romano), Hera (Juno, nombre romano), Artemisa (Diana, nombre romano), Apolo (Febo, nombre romano), y a todo el resto, sin adoptar la circuncisión o las instituciones de Moisés.

 

            Tampoco había allí algo vago o pretencioso, sino la sobriedad de la gracia y la verdad. "Pues ellos mismos cuentan acerca de nosotros, de la acogida que tuvimos por parte de vosotros, y de cómo os convertisteis de los ídolos a Dios para servir al Dios vivo y verdadero, y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de entre los muertos, es decir, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera." (versículos 9, 10 - LBLA). Es un gran objetivo de Satanás combinar el mundo con Dios, permitir la carne mientras se imita al Espíritu, y caer así realmente bajo sus propios engaños mientras se profesa a Cristo. El reverso de toda esta confusión Babilónica es visto en la clase de acogida que el apóstol tuvo entre los Tesalonicenses, y la ruptura completa hecha para sus almas, de todo lo que es opuesto a Dios conocido en luz y amor. Ellos se volvieron a Dios de sus ídolos en lugar de cristianizarlos y burlarse de Él; ellos no sirvieron a formas o a doctrinas o a instituciones, sino a un Dios vivo y verdadero; y ellos esperaban de los cielos a Su Hijo, no como un Juez terrible y temido, sino como su Libertador de la ira venidera, a quien Él resucitó de entre los muertos, la garantía de la justificación de ellos y el modelo de la nueva vida por la cual ellos vivían para Dios en la fe de Él.

 

            1 Tesalonicenses 2.

 

            Tal fue el efecto vívido y poderoso de la visita del Apóstol a Tesalónica. Hubo una impresión inconfundible y profunda producida por la conversión y el andar de los santos allí sobre los de afuera, alrededor y por todas partes. La fe de ellos salió como una proclamación viviente de la verdad, "de modo que nosotros no tenemos necesidad de hablar nada." ¡Qué felicidad, cuando la obra es en un poder y una frescura tales como para dejar al obrero libre para otros campos que ya están blancos para la siega! ¡Qué gloria para el Señor, cuando los mismos paganos despertados y asombrados por el resultado en poder ante ellos no pueden hacer otra cosa que hablar del Dios verdadero y de Su Hijo!

 

            Ahora, el apóstol entrega un buen boceto de su "visita", en cuanto a su carácter y significado sobre los santos, un retrato interno, así como antes se nos habló de su efecto externo.

 

            "Porque vosotros mismos sabéis, hermanos, que nuestra visita a vosotros no resultó vana; pues habiendo antes padecido y sido ultrajados en Filipos, como sabéis, tuvimos denuedo en nuestro Dios para anunciaros el evangelio de Dios en medio de gran oposición. Porque nuestra exhortación no procedió de error ni de impureza, ni fue por engaño, sino que según fuimos aprobados por Dios para que se nos confiase el evangelio, así hablamos; no como para agradar a los hombres, sino a Dios, que prueba nuestros corazones. Porque nunca usamos de palabras lisonjeras, como sabéis, ni encubrimos avaricia; Dios es testigo; ni buscamos gloria de los hombres; ni de vosotros, ni de otros, aunque podíamos seros carga como apóstoles de Cristo. Antes fuimos tiernos entre vosotros, como la nodriza que cuida con ternura a sus propios hijos. Tan grande es nuestro afecto por vosotros, que hubiéramos querido entregaros no sólo el evangelio de Dios, sino también nuestras propias vidas; porque habéis llegado a sernos muy queridos. Porque os acordáis, hermanos, de nuestro trabajo y fatiga; cómo trabajando de noche y de día, para no ser gravosos a ninguno de vosotros, os predicamos el evangelio de Dios. Vosotros sois testigos, y Dios también, de cuán santa, justa e irreprensiblemente nos comportamos con vosotros los creyentes; así como también sabéis de qué modo, como el padre a sus hijos, exhortábamos y consolábamos a cada uno de vosotros, y os encargábamos que anduvieseis como es digno de Dios, que os llamó a su reino y gloria." (versículos 1-12).

 

            El apóstol podía apelar confiadamente al estado conciente interno de los hermanos. La visita que Pablo y Silas (Silvano) habían hecho a los santos Tesalonicenses no había sido en vano. Un propósito divino de gracia, la realidad al instar con vehemencia la verdad sobre las conciencias, y la energía del Espíritu Santo, habían caracterizado su servicio y habían producido los resultados correspondientes. Y no es de extrañar, pues era el amor de Cristo constriñendo al  amor por las almas que perecen, que no conocían a Dios ni el poder de Su resurrección que incluso había probado la muerte por ellos. Ciertamente también, no fue una exhibición ostentosa ni una visita vacacional, sino un mandato tan serio a los ojos de sus visitantes, que ningún objeto en el camino o en el sitio detuvo; "sino que, habiendo padecido antes, y habiendo sido ultrajados, como sabéis, en Filipos, cobramos confianza en nuestro Dios, para hablaros el evangelio de Dios en medio de mucho conflicto." (versículo 2 - Versión Moderna).

 

            El trato injurioso recibido de manos de los Gentiles en Filipos no amilanó más su fe y amor invencibles que la persecución subsiguiente provocada por el rencor y el celo Judíos en Tesalónica. Ninguna experiencia de sufrimiento puede desviar a aquellos cuyo pensamiento es soportar todas las cosas tanto por causa de Cristo como por causa de los escogidos, para que ellos también obtengan la salvación que es en Cristo Jesús. (2 Timoteo 2:10). De ahí la confianza de ellos: "cobramos confianza en nuestro Dios, para hablaros el evangelio de Dios en medio de mucho conflicto." (versículo 2 - Versión Moderna). Si existía la certeza de que las buenas nuevas eran las buenas nuevas de Dios, ellos cobraban confianza (tuvieron denuedo - RVR60) en Dios para hablar, cualesquiera que fuesen la oposición o la violencia que les cercara. Así que, si el apóstol tenía ahora que exhortar a los santos en Tesalónica para que ninguno se inquietase por las tribulaciones de ellos (Cáp. 3:3), no era como un teólogo aficionado, poniendo sobre los hombros de los demás una carga que él no movería ni con su propio dedo. Desde el comienzo él fue llamado a sufrir por el nombre de Cristo, tan claramente como a llevar ese nombre delante de Gentiles y reyes e hijos de Israel, para abrir sus ojos de modo que se convirtieran de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios, para que pudiesen recibir, por la fe que es en Cristo, perdón de pecados y herencia entre los que son santificados. Y en esto él obró con ardiente seriedad, a lo cual se refiere la expresión "mucho conflicto" (versículo 2 - Versión Moderna), más que a un mero problema externo por una parte, o esa lucha por lo santos contra las asechanzas del diablo, de la que oímos en Colosenses 2:1, por otro lado. Él andaba y servía en la verdad que enseñaba.

 

            "Porque nuestra exhortación no es motivada por error, ni por inmundicia, ni es con dolo; sino que, según hemos sido aprobados de Dios, para que se nos confiara el evangelio, así hablamos, no como los que agradan a los hombres, sino a Dios, que prueba nuestros corazones." (versículos 3, 4 - Versión Moderna). Había una conciencia tan buena así como confianza (denuedo) y paciencia. Había integridad de corazón, todo lo contrario de actuar engañosamente, en lugar de convertirse en víctima del engaño y engañar de este modo a los demás. El error estaba tan lejos de la exhortación como lo estaba la inmundicia, ni había allí el menor intento de engañar, lo cual la palabra "dolo" expresa; sino que la verdad fue instada con vehemencia, santa y sinceramente; y de este modo hablaron estos benditos obreros, como convenía a aquellos que sabían que habían sido aprobados de Dios, para que se les confiara el evangelio. La gracia forma la responsabilidad, así como la gracia disfrutada en el alma mantiene su fuerza en estado de vida. Tenían a Dios ante ellos, Dios que prueba los corazones, no a hombres a quienes complacer "cuyo soplo de vida está en su nariz; pues, ¿en qué ha de ser él estimado?" (Isaías 2:22 - LBLA).

 

            Este es un principio serio y permanente, tan verdadero e importante ahora como cuando Pablo habló así de sí mismo y de sus compañeros en el servicio de Cristo. Uno no puede servir a dos señores. Los patrocinadores y las congregaciones no son los únicos lazos. El deseo de influencia, el temor a la desaprobación, el partidismo, lo eclesiástico, pueden interferir la obediencia al Señor, y la justicia, en ese caso, ciertamente sufrirá, quizás la verdad misma. De este modo trabaja Satanás en la Cristiandad para deshonra de Cristo. El intento de servir a más de un señor es fatal; pues un hombre "o aborrecerá a uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. (Mateo 6:24). Si un obrero en la fe se considera aprobado de Dios para que se le confíe el evangelio, él solamente pondrá más atención en sí mismo para que el ministerio no sea vituperado, pero recomendándose en todo como ministro de Dios. (2 Corintios 6: 3, 4). Sólo que él procurará retener la libertad tanto como la responsabilidad en el Espíritu, con la Palabra escrita como su sola regla. Un apóstol tenía la misma responsabilidad directa para con el Señor como el obrero más pequeño en el evangelio, y, como vemos aquí, lo reconocía para sí mismo así como lo insistía a los demás. No es una cuestión de derecho pues esa es la parte de Cristo; de nuestra parte se trata únicamente de responsabilidad. Esto mantiene Su gloria y nuestra obediencia. Para nosotros hay, y sólo hay un Señor, Jesucristo, mediante el cual existen todas las cosas, y también nosotros vivimos por medio de él; así como hay un solo Dios, el Padre, de quien proceden todas las cosas y nosotros somos para El. Que podamos nosotros ser imitadores del apóstol, así como él lo fue de Cristo.

 

            Pero existe el lazo de las riquezas (Mammón) así como el de un señor rival de Cristo; y no podemos servir a Dios y a las riquezas (Mammón). Aquí, también, el apóstol pudo apelar a la experiencia de los santos Tesalonicenses, "Porque nunca usamos de palabras lisonjeras, como sabéis, ni encubrimos avaricia; Dios es testigo; ni buscamos gloria de los hombres; ni de vosotros, ni de otros, aunque podíamos seros carga como apóstoles de Cristo." (versículos 5, 6). Aquellos con quienes Pablo y los otros estaban familiarizados podían dar testimonio acerca de si su discurso fue de lisonjas o de palabras de verdad y sobriedad. Dios era su testigo en caso que la avaricia se encubriese bajo cualquier pretexto. Pero existen otras formas en las cuales la corrupción de nuestra naturaleza es propensa a complacerse y a traicionarse a así misma. De ahí que muchos hombres que no se inclinarían a la lisonja y pueden no ser avaros, son vanos o ambiciosos. En estos aspectos, ¿cómo se condujeron Pablo y sus compañeros? Leamos esto: "ni buscamos gloria de los hombres; ni de vosotros, ni de otros, aunque podíamos seros carga como apóstoles de Cristo." (versículo 6). El procuró la bendición de ellos en el testimonio de Cristo, no la suya sino la de ellos para la gloria de Dios; y en lugar de exigir una justa consideración en las cosas carnales como enviado del Señor en un servicio espiritual, hubo un renunciamiento completo en consagración a Cristo.

 

            Él ahora se vuelve al lado positivo del andar y de la obra de ellos. "Antes fuimos tiernos entre vosotros, como la nodriza que cuida con ternura a sus propios hijos." (versículo 7). La figura de un padre, incluso de una madre, no logra transmitir el tierno cuidado de un amor que tiene su manantial en Dios mismo. Los niños necesitan una nodriza, lo cual no todas las madres son; pero una nodriza que cuida con ternura a sus propios hijos es la justa figura aquí empleada, no una asalariada para la descendencia de otro. "Asimismo nosotros, teniéndoos un tierno afecto, tuvimos buena voluntad para comunicaros no solamente el evangelio de Dios, sino también nuestras mismas almas, por cuanto habías llegado a sernos muy caros." (versículo 8 - Versión Moderna). ¿En qué otra parte hay algo para comparar con esto en amor desinteresado a menos que sea en la perseverante fidelidad de la gracia, la cual vela sobre los mismos objetos en sus dificultades y peligros que tienen por objetivo su crecimiento después? "Porque recordáis, hermanos, nuestros trabajos y fatigas, cómo, trabajando de día y de noche para no ser carga a ninguno de vosotros, os proclamamos el evangelio de Dios." (versículo 9 - LBLA).

 

            Pablo trabajó con sus propias manos en Tesalónica al igual que en Corinto, de donde les escribió, para no ser carga para ninguno. Con todo, si alguien tenía el derecho de decir, como Nehemías, "Yo estoy haciendo una gran obra y no puedo descender." (Nehemías 6:3 - LBLA), era el apóstol, quien verdaderamente descendió en otro sentido, e hizo su gran trabajo tanto mejor, aunque nunca hubo una mente mayor que la de él quien trabajó así manualmente día y noche durante su breve estancia entre los Tesalonicenses. "Vosotros sois testigos, y Dios también, de cuan santa y justa e irreprensiblemente nos portamos para con vosotros que creéis." (versículo 10). Él resume su apelación a los creyentes y a Dios mismo, del modo que solamente uno podía hacerlo, quien se ejercitaba para "tener siempre una conciencia sin ofensa ante Dios y ante los hombres." (Hechos 24:16). "Así como sabéis de qué manera tratamos a cada uno de vosotros, al modo que un padre a sus propios hijos, exhortándoos, y alentándoos, y testificándoos, a fin de que anduvieseis como es digno de Dios, que os ha llamado a su reino y gloria." (versículos 11, 12).

 

            El amor se adapta a las necesidades de aquellos a quienes se ama. Así lo hizo el apóstol cuando los santos necesitaron más que la comida de niños. ¿Y qué padre terrenal cumplió con sus relaciones para con sus hijos como Pablo para con sus amados Tesalonicenses? Cada uno y todos eran objeto de vigilancia incesante y considerada. La exhortación, el consuelo, el testimonio, nunca dejaron de estimular, alegrar y dirigir en los caminos que convinieran al Dios que llama a Su propio reino y gloria. Allí Él tendrá a los Suyos con Cristo pronto y para siempre; en esa esperanza, y de manera digna de ella, Él los haría andar ahora. Tal es el objetivo de un verdadero colaborador de Cristo; y en ninguna parte se puede encontrar un retrato más amoroso del que aparece en el simple boceto dibujado aquí por el Apóstol.

 

            Hasta aquí con respecto al ministerio de Pablo y sus compañeros. Ahora él se vuelve a los medios que Dios ha usado para la bendición de los santos mediante ese ministerio.

 

            "Y* por esto también damos gracias sin cesar a Dios, de que cuando recibisteis de nosotros la palabra del mensaje de Dios, la aceptasteis, no como palabras de hombres, sino según lo es verdaderamente, la palabra de Dios, que obra también en vosotros que creéis, Porque vosotros, hermanos, habéis venido a ser imitadores de las iglesias de Dios, que hay por Judea en Cristo Jesús; porque vosotros también habéis padecido las mismas cosas de vuestros propios paisanos, que ellos de los judíos; los cuales no sólo dieron muerte al Señor Jesús y a los profetas, sino que a nosotros nos han expulsado, y no agradan a Dios, y están en contra de todos los hombres; vedándonos hablar a los gentiles, para que se salven; para ir siempre llenando la medida de sus pecados: la ira empero les ha sobrevenido para acabar con ellos." (versículos 13 - 16 - Versión Moderna).

 

[* La "Y", omitida en el "Textus Receptus", tiene la más alta pero no amplia autoridad.]

 

            El hombre tal como es por naturaleza vive sin Dios, guiado por las cosas que ve alrededor de él, es una presa de los deseos de la carne y de la mente. Para tener un vínculo espiritual con Dios él necesita una revelación de parte de Él; y Dios está enviando ahora esto en las buenas nuevas concernientes a Su Hijo, para que los hombres puedan creer y se salven. Así el alma conoce a Dios, y a Jesucristo a quien Él envió, y esto es la vida eterna. (Juan 17:3). Por fe, él comienza a sentir y a pensar conforme a Dios; y la fe es la recepción de un testimonio divino. Por este  acto, él atestigua que Dios es verdadero. (Juan 3:33). La Palabra de Dios mezclada con la fe coloca en asociación inmediata con Dios.

 

            El los días apostólicos. Pablo, como aquí, fue un instrumento para comunicar la Palabra de Dios en su predicación; y esto, por el poder divino, sin mixtura de error. Del mismo modo es en las Escrituras, las cuales siendo inspiradas por Dios excluyen el error. Por eso, mientras ellas son del más rico valor como medio de comunicar la verdad, ellas tienen su función especial y verdaderamente única como siendo el modelo divinamente dado para probar cada palabra y cada obra.

 

            No solamente, entonces, el Apóstol había trabajado en el poder del Espíritu Santo y de una manera apropiada al comienzo y crecimiento de aquellos que fueron el objeto de su ministerio, sino que ello no fue en vano. Hubo dulces y manifiestos frutos en la gracia de Dios. "Por esta razón, nosotros también damos gracias a Dios sin cesar; porque cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de parte nuestra, la aceptasteis, no como palabra de hombres, sino como lo que es de veras, la palabra de Dios quien obra en vosotros los que creéis." (versículo 13 - RVR1909 Actualizada 1989). Es siempre un resultado verdadero del poder de la gracia de Dios cuando las almas en un mundo hostil reciben Su testimonio, no obstante cuán perfectamente Su Palabra satisfaga los anhelos del corazón y presente la sangre de Cristo para purificar la conciencia de obras muertas para servir al Dios vivo. Hay una red constante para que los hombres sean retenidos en manos de Satanás; y la verdad, al ser la Palabra de Dios, juzga los pensamientos y las intenciones del corazón. Fue aún más angustioso cuando la verdad era tan nueva y, como nunca,  opuesta a la voluntad y razonamiento humanos. Cuando muchos la profesan, el vituperio en gran parte desaparece, aunque Dios no deja de contrarrestar las asechanzas de Satanás, quien destruiría así el poder haciendo que la forma sea fácil y común. A los Tesalonicenses, así como de hecho a todo Gentil de entonces, la Palabra anunciada era una cosa nueva. Pero era "de Dios", y así ellos lo demostraron. "La aceptasteis, no como palabras de hombres, sino según lo es verdaderamente, la palabra de Dios." (versículo 13 - Versión Moderna). El corazón se inclinó ante Dios, y la Palabra obró también por el Espíritu de Dios sus propios efectos divinos en aquellos sometidos a ella por fe.

 

            La mujer Judía fue fiel a los instintos de humanidad y a las tradiciones de su raza, cuando ella vio al Mesías echar fuera demonios y le oyó advirtiendo de un poder peor del enemigo a los que aún buscaban una señal del cielo; de entre la multitud levantó la voz y le dijo: "Bienaventurado el vientre que te trajo, y los senos que mamaste." (Lucas 11). El evangelio da por claro y cierto que no se trata de una cuestión de una relación según la carne, sino de la autoridad y la bendición de la Palabra divina, y abierta así al Gentil como al Judío. Creerlo es la obediencia de la fe. Es estar en asociación viva con Dios, lo que no puede ser de otra manera.

 

            La Palabra esgrimida por el Espíritu y recibida como procedente de Dios separa así para Él, y se trata exactamente de lo que se denomina "santificación del Espíritu" en 1 Pedro 1:2; no en el sentido práctico (lo cual sigue en 1 Pedro 1: 15, 16, así como en otra parte), sino, en principio y absolutamente, esa separación para Dios desde el principio que constituye a un santo (ver 1 Corintios 6:11 - "Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios."). De ahí que ello anteceda al conocimiento del perdón o a la posesión de la paz con Dios; como Pedro dice, "en (o, por) la santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo." (1 Pedro 1:2). Aquí nada más que el prejuicio habría impedido a los creyentes ver que la obediencia no es meramente la obediencia a la fe, sino la obediencia práctica. Ahora bien, no se puede decir, en el sentido usual, que la santificación sea por motivo de, o "para obedecer", viendo que ella consiste muy ampliamente de obediencia, y no puede existir sin ella; sino que la santificación del Espíritu de la que se habla aquí es a o adentro (G1519 ες)* de la obediencia, y tal como Cristo está en contraste con un mero Israelita. Es también para "ser rociados con la sangre de Jesucristo", pues la vida nueva o la naturaleza divina en el santo desea obedecer a Dios incluso antes que conozca la eficacia de Su sangre en una conciencia limpia; y de ahí el orden perfecto de las palabras en la frase.

 

[* N. del T.: Strong,: G1519  ες eis; prep. prim.; a o adentro (indicando el punto alcanzado o al que se ha entrado), de lugar, tiempo, o (fig.) propósito (resultado, etc.); también en frases adv.:-perecer, siempre, entrar, alcanzar. A menudo usado en composición con el mismo sentido general, pero solo con verbos (etc.) que expresan movimiento (lit. o fig.).]

 

            La falta de ver esto ha confundido grandemente a los comentaristas, e incluso ha conducido, a una falsificación positiva, como en la Versión Latina de Beza (Beza's Latin Version) y la Versión Inglesa de Ginebra (Geneva English Version), las cuales traducen la cláusula, ¡hacia (ν) la santificación del Espíritu mediante ς) la obediencia y el rociamiento de la sangre de Jesucristo! Esto es sacrificar, no meramente la gramática, sino la Palabra de Dios a un sistema defectuoso de teología, que solamente reconoce la santificación que es consiguiente a la justificación, y que ignora la separación primaria de la persona para Dios por el Espíritu, lo cual es verdad de cada santo desde su conversión, cuando él no puede reposar aún por la fe en la sangre de Cristo. Erasmo, aunque indeciso, está más cerca de la verdad que la Vulgata, seguido por la Rhemish*, traducción que no entrega ningún sentido en absoluto. El Arzobispo Leighton es uno de los pocos que dice que la santificación aquí no significa santidad inherente, gradual o práctica, sino esa obra del Espíritu que desde el principio hasta el final separa de la naturaleza y del mundo para Dios (comparar con 2 Tesalonicenses 2:13 - "Pero estamos en la obligación de dar gracias a Dios, respecto de vosotros, hermanos, amados del Señor, por haberos escogido Dios, desde el principio, para salvación, en santificación del Espíritu y en creencia de la verdad." - Versión Moderna).

 

[* N. del T. : "RHEMISH TESTAMENT" = La versión Inglesa del Nuevo Testamento utilizado por los Católicos Romanos. Traducción al Inglés de la Vulgata Latina, publicada en la ciudad francesa de Rheims en 1582. Traducción llevada a cabo por el "English College" de esa ciudad. La versión total de esta Biblia también es conocida como Versión Rheims y Douay.]

 

            La misma causa espiritual produjo efectos afines. No todos son Israelitas, ni tampoco son Cretenses, y la carne en todos, si no es juzgada, representa una ocasión preparada para el enemigo quien presenta asechanzas apropiadas para engañar a cada uno. Pero el Espíritu Santo forma por la imagen de Cristo, presentado en la Palabra de Dios, que no sólo es eficaz para engendrar almas para Dios, sino para aclarar, corregir, instruir, reprender, y de todos modos para disciplinar, así como para alegrar, al creyente. De esto el Apóstol recuerda a los Tesalonicenses, "Porque vosotros, hermanos, vinisteis a ser imitadores de las iglesias de Dios en Cristo Jesús que están en Judea." La diferencia de raza, el contraste en cuanto a hábitos previos de religión, no pueden impedir el poder de la gracia y la verdad. Los Tesalonicenses siguieron en la misma senda de sufrimiento y paciencia que las asambleas Judías en Cristo Jesús. Allí la llama de la persecución ardió fieramente contra las compañías de creyentes que llevaban el nombre de Aquel a quien ellos habían crucificado. No fue de otra manera para los santos Tesalonicenses de parte de sus propios compatriotas.

 

            No existe odio semejante a aquel exacerbado por diferencia en la religión, y especialmente donde la pretensión es exclusiva y divina. El evangelio brindó la ocasión para esto en su forma más concentrada; pues primera tenía que abrirse camino donde Dios había dado realmente privilegios peculiares, los cuales era bastante correcto mantener en todo su valor mientras Él reconoció al pueblo a quienes Él había los había dado. Pero el pueblo Judío los había despreciado y abandonado, matando a los profetas que enfatizaban la infidelidad y apostasía de ellos sobre sus conciencias, mientras ellos coronaban su culpabilidad cuando formas exteriores parecían ordenadas, pero la incredulidad y enemistad reales hacia Dios fueron mostradas abiertamente, por el rechazo y la muerte ignominiosos de su propio Mesías. Pero el mal es insaciable, e incluso la cruz sólo estimuló el rencor de ellos contra los testigos de la gracia divina. Ellos "nos expulsaron."

 

            Pues los poseedores de la ley se irritan hasta la locura por la predicación de la gracia, la cual hace que cualquiera de los privilegios terrenales sea poco, e insiste acerca de la ruina de los Judíos tanto como la de los Gentiles. De ahí el perpetuo odio que sienten los Judíos hacia el evangelio. Era suficientemente malo oír un testimonio muy por encima y más profundo que la ley, pues Cristo es mayor que Moisés; y la diferencia es realmente inmensurable. Pero proclamar sus bendiciones incomparables en Cristo de manera de borrar toda distinción, y traer al creyente, Judío o Gentil por igual, a un nuevo lugar de relación celestial y de favor eterno, es intolerable. Esto, entonces, fue necesariamente el trato final de Dios en lo que respecta a la responsabilidad de Israel. Toda esperanza para la nación en la tierra fue enterrada en la tumba de Cristo. Ellos tuvieron una última exhortación del Espíritu Santo en el evangelio al testificar de Cristo exaltado al cielo; pero ellos rechazaron el mensaje tanto o mucho más que la Persona, sobre todo cuando vieron a otros, sí, a los Gentiles, entrando en el bien que ellos mismos habían rechazado con desdén.

 

            Así ellos "no agradan a Dios sino que son contrarios a todos los hombres, impidiéndonos hablar a los gentiles para que se salven, con el resultado de que siempre llenan la medida de sus pecados. Pero la ira ha venido sobre ellos hasta el extremo." (versículos 15, 16 - LBLA). Puede ser que esto aún no haya sido ejecutado, pero es inminente, y una parte no pequeña llegó a ser la porción de ellos después que el apóstol durmió en el Señor. Con todo, esto permanece sobre el Judío, pero aún no se agota; y si el Judío volviese a su tierra*, a reconstruir la ciudad y el santuario, y a tomar posesión lo más posible de su antigua herencia, no sería más que un engaño mortal y una trampa satánica, trayendo sobre ellos primeramente el Anticristo, luego el problema de parte de los Asirios, y finalmente el mismo Señor en venganza sin tregua, por mucho que la misericordia pueda a la larga regocijarse contra el juicio. No obstante, como el apóstol no levanta el velo del futuro, (como en Romanos 11) desde las perspectivas de ellos, sino que regresa a las nuevas relaciones de gracia, que es su gozo común y el de los santos Tesalonicenses, nosotros seguimos también aquí la línea del Espíritu Santo.

 

[* N. del T.: El lector debe recordar que este sermón fue expuesto en el siglo 19, mucho antes de la creación del Estado de Israel a fines de los años 1940.]

 

            "Mas nosotros, hermanos, separados de vosotros por breve tiempo (lit., por una hora) - físicamente, mas no con el corazón - ansiábamos con ardiente deseo ver vuestro rostro. Por eso* quisimos ir a vosotros - yo mismo, Pablo, lo intenté una y otra vez - pero Satanás nos lo impidió. Pues ¿cuál es nuestra esperanza, nuestro gozo, la corona de la que nos sentiremos orgullosos, ante nuestro Señor Jesús** en su Venida, sino vosotros? Sí, vosotros sois nuestra gloria y nuestro gozo." (versículos 17-20 - Biblia de Jerusalén).

 

[* La lectura correcta es διτι, no δι del Textus Receptus, aunque el sentido difiere poco.]

 

[** "Cristo" está añadido en el Textus Receptus pero no aparece en los mejores Manuscritos y Versiones.]

 

            Indudablemente, si el Cristianismo da la más profunda importancia al individuo con Dios, la asamblea concede el más grande alcance a los afectos de los miembros de Cristo como Su "un cuerpo". Y Satanás estorba de todas las formas posibles el feliz intercambio de lo que es tan dulce y santo, la mente y el amor del cielo disfrutado entre los santos en la tierra. La presencia de cada uno de nosotros, sobre todo de uno como Pablo, ¡qué diferencia hace! No obstante, el apóstol había estado presentando aquello que tenía que corregir cualquiera importancia indebida dada a la presencia corporal. ¿No había estado él mostrando la suma importancia de la Palabra de Dios, y cuán efectiva ella es en manos de la gracia? La ausencia, por consiguiente, no es fatal de ninguna manera para el gozo y la bendición de los santos. La espera no hace más que ejercitar la fe, y debería aumentar el deseo ansioso, el cual, después de todo, era más fuerte en Pablo que en sus hijos Tesalonicenses; y ¡cuánto más en Él cuya paciente espera es tan perfecta como Su amor por nosotros! De este modo él une los corazones de ellos con el suyo (¡y que esto pueda ser verdad de nosotros también!) en el gozo de la presencia de Cristo en Su venida. Entonces será el verdadero reposo del trabajo, entonces el disfrute de los frutos sin impureza o peligro. ¡Que podamos hallarnos nosotros habitualmente mirando así hacia adelante desde los obstáculos presentes a esa bendita y eterna escena!

 

            1 Tesalonicenses 3.

 

            La gracia obra por las coyunturas y ligamentos en el cuerpo, el cual está constituido por nuestro Señor Jesús para este fin. Si Pablo no pudo visitar a los Tesalonicenses, el envió a Timoteo. El amor no busca lo suyo propio, y puede hallar recursos conforme a Cristo, cualesquiera que sean los obstáculos que Satanás pone en el camino.

 

            "Por lo cual, como no pudimos soportarlo más, nos pareció bien quedarnos solos en Atenas, y enviamos a Timoteo, nuestro hermano y colaborador* de Dios en el evangelio de Cristo, para afirmaros y animaros en vuestra fe; para que nadie sea turbado en medio de estas tribulaciones; porque vosotros mismos sabéis que hemos sido puestos para esto. Porque cuando aún estábamos con vosotros, os predecíamos que habríamos de sufrir tribulaciones. Y así ha acontecido, como bien lo sabéis. Por esta razón, como yo tampoco pude soportarlo más, le envié para informarme de vuestra fe, no sea que os haya tentado el tentador y que nuestro gran esfuerzo haya sido en vano. Pero ahora Timoteo ha vuelto de vosotros a nosotros y nos ha dado buenas noticias de vuestra fe y de vuestro amor, y de que siempre tenéis buenos recuerdos de nosotros, deseando vernos, tal como nosotros también a vosotros. Por eso hemos sido animados por vosotros, hermanos, por medio de vuestra fe, en toda nuestra necesidad y aflicción. Porque ahora vivimos, si efectivamente estáis firmes en el Señor. Por lo cual, ¿qué acción de gracias podremos dar a Dios con respecto a vosotros en recompensa por todo el gozo con que nos regocijamos por causa vuestra delante de nuestro Dios? De día y de noche imploramos con mucha instancia, a fin de veros personalmente y completar lo que falta de vuestra fe. ¡Que el mismo Dios y Padre nuestro, con nuestro Señor Jesús, nos abra camino hacia vosotros! El Señor os multiplique y os haga abundar en amor unos para con otros y para con todos, tal como nosotros para con vosotros; a fin de confirmar vuestros corazones irreprensibles en santidad delante de Dios nuestro Padre, en la venida de nuestro Señor Jesús con todos sus santos. (versículos 1-13; RVR1909 Actualizada).

 

[* Probablemente las varias formas de los Manuscritos aquí se deben a correctores que deseando suavizar lo que a ellos no les gustó o no entendieron, omiten τν συνεργν μν, B omite το Θεο. La copia Clermont parece haber preservado al texto verdadero tal como está dado arriba, aunque algunos erróneamente aquí como en otras partes, lo traducen "compañero de trabajo con Dios." Comparen con 1 Corintios 3:9; 2 Corintios 6:1. "Bajo Dios" (Versión Inglesa de J. N. Darby) puede ser una paráfrasis, pero parece en nuestro idioma necesario para guardar de un error contra el cual el conocimiento verdadero de Dios y de Su Palabra deberían haber preservado las almas. El genitivo Griego admite relaciones mucho más amplias que el Inglés. Se trata de una cuestión de requisito contextual.]

 

            Para el apóstol que estaba de visita en Atenas no fue una prueba pequeña privarse de la compañía de su verdadero y amado hijo en la fe. Pero su afectuosa preocupación por los Tesalonicenses no podía ser satisfecha de otro modo. El sabía que ellos no eran más que niños espirituales, y que estaban expuestos a enemigos, Judíos y Gentiles, tan sutiles como determinados e inescrupulosos. Él mismo estaba a punto de encarar a Satanás en una plaza fuerte de su influencia religiosa y especulación filosófica, donde el nombre de Jesús nunca había sido proclamado aún, aún menos tenía él la comunión de hermanos en Cristo con quienes orar y consultar. Una tormenta de furia popular, soliviantada por instigación Judía entre la tuba Gentil, prorrumpió contra Jasón (el anfitrión de Pablo) y otros hermanos en Tesalónica, lo que condujo al abandono apresurado de Pablo y Silas esa noche después de una estancia de sólo pocas semanas. La misma influencia Judía había soliviantado las multitudes en Berea, adonde ellos se habían repuesto del viaje, y donde encontraron una recepción aún más dispuesta de la Palabra, y con notable cuidado de traer lo que era predicado a la prueba de las Escrituras. Silas y Timoteo se quedaron allí, mientras Pablo una vez más se marchó de prisa a Atenas. Pero el corazón del apóstol no pudo reposar en cuanto a los Tesalonicenses, recién convertidos como ellos eran, y expuestos al peligro, al sufrimiento, y a los lazos. "Y enviamos a Timoteo, nuestro hermano y colaborador de Dios en el evangelio de Cristo, para afirmaros y animaros en vuestra fe; para que nadie sea turbado en medio de estas tribulaciones; porque vosotros mismos sabéis que hemos sido puestos para esto. Porque cuando aún estábamos con vosotros, os predecíamos que habríamos de sufrir tribulaciones. Y así ha acontecido, como bien lo sabéis." (versículos 2-4; LBLA). El Espíritu Santo por medio del apóstol, como el Señor Jesús previamente, había dado una advertencia plena de los problemas especiales y constantes que esperan al santo atravesando el mundo - paz más allá del pensamiento del hombre, paz en Cristo, pero tribulación en el mundo. La fe sola puede gozar lo uno y soportar lo otro. Tal es la experiencia que se da a entender, ninguna otra la expectativa, de los Cristianos mientras esperan a Cristo. Incluso los más recién convertidos deben aprender así, porque la verdadera enemistad del mundo y de su príncipe no perdona a ninguno, y por ello el apóstol preparó a los conversos en Tesalónica para que esperasen angustia. Tampoco era que esto iba a ser demasiado pronto en absoluto. Ellos ya tenían la razón más seria para conocer la verdad y la sabiduría de sus advertencias, pero tuvieron el testimonio de amor en la visita de Timoteo para su establecimiento y consuelo referente a su fe. Sólo la gracia podía llamar a una senda tal; sólo la gracia puede sostener en esa senda, pero la gracia no falla. No obstante, el Señor obra por medios, como por el envío de Pablo, por la ida y consuelo de los santos de Timoteo, y por el gozo de ellos en la consolación, cualquiera que pudiera ser la presión de la aflicción. La carne se cansaría, murmuraría, dudaría, y volvería la espalda a la verdad que trajo consigo tanto dolor. La fe ve a Cristo, da gracias a Dios, persevera a toda costa, y crece mediante el ejercicio, mientras los vínculos de amor se fortalecen en todos lados.

 

            "Por lo cual también yo, no pudiendo soportar más, envié para informarme de vuestra fe, no sea que os hubiese tentado el tentador, y que nuestro trabajo resultase en vano. Pero cuando Timoteo volvió de vosotros a nosotros, y nos dio buenas noticias de vuestra fe y amor, y que siempre nos recordáis con cariño, deseando vernos, como también nosotros a vosotros, por ello, hermanos, en medio de toda nuestra necesidad y aflicción fuimos consolados de vosotros por medio de vuestra fe; porque ahora vivimos, si vosotros estáis firmes en el Señor." (versículos 5-8). La Segunda Epístola proporcionará amplia evidencia de que el apóstol podría haber hecho bien en temer que el tentador se hubiese aprovechado de las circunstancias para deshonrar al Señor en aquellos que llevaban Su nombre en Tesalónica. Por ahora, sin embargo, la obra se mantenía en el vigor y la frescura en que comenzó, y Timoteo tuvo tan buenas noticias para traer de regreso como para alegrar el corazón ferviente y afectuoso de aquel que le había enviado, y cambió su ansiedad por acción de gracias que se elevó por sobre su propia necesidad y aflicción. La fe de ellos resplandecía, el amor de ellos ardía, ellos siempre tenían buenos recuerdos del extranjero con quien estaban en deuda al haber escuchado del Dios vivo y verdadero, y de Su Hijo el Libertador resucitado de entre los muertos quien está viniendo de los cielos. Ellos anhelaban ver nuevamente al mensajero a quien ellos reconocían como trayéndoles inequívocamente la Palabra de Dios, sin importar las variadas tormentas de prueba que había traído sobre ellos de parte del hombre, las pruebas mismas que prueban la sinceridad y verdad de ellos, pues ¿no se les había dicho antes que así iba a ser? Se trató de fortaleza así como de gozo para el obrero, como él expresa enérgicamente, "porque ahora vivimos, si vosotros estáis firmes en el Señor."

 

            El gozo del apóstol, así como fue de amor divino, del mismo modo fue santo: ningún vano celo proselitista, sino deleite en la presencia de Dios acerca de lo que era el fruto de Su gracia para gloria de Jesús; deleite acerca de la fe y amor guardados resplandecientes y firmes, en noveles confesantes de Cristo dejados solos, a pesar de la hostilidad de Judíos y Griegos. "Por lo cual, ¿qué acción de gracias podremos dar a Dios por vosotros, por todo el gozo con que nos gozamos a causa de vosotros delante de nuestro Dios, orando de noche y de día con gran insistencia, para que veamos vuestro rostro, y completemos lo que falte a vuestra fe?" (versículos 9, 10). Si el amor de ellos era el de Jonatán, el de él era ciertamente más que el amor de David. Es el amor de la naturaleza divina en el poder de ese Espíritu, que encuentra su gozo siempre creciente en la bendición de los demás, y especialmente de aquellos que ya han sido bendecidos, para que lo que falte pueda ser perfeccionado en ministerio personal.

 

" Ahora, pues, que el mismo Dios y Padre nuestro, y Jesús nuestro Señor, dirijan nuestro camino a vosotros; y que el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros, y para con todos, como también nosotros lo hacemos para con vosotros; a fin de que El afirme vuestros corazones irreprensibles en santidad delante de nuestro Dios y Padre, en la venida de nuestro Señor Jesús con todos sus santos." (versículos 11-13; LBLA).

 

            Tal fue la oración dictada por el afecto del apóstol cuando el Espíritu Santo trajo la necesidad de ellos ante él en la presencia de Dios. Y el camino del apóstol fue dirigido a los Tesalonicenses, pero no antes de que otra epístola dirigida a ellos siguiera a la presente, y de que intervinieran años de trabajo en otra parte. Lo que él busca entretanto para ellos no es menos importante para nosotros y para todos los santos - el crecimiento y abundancia de amor en nosotros, unos para con otros, y para con todos, para que nuestros corazones sean afirmados irreprensibles en santidad. Este es el camino de Dios tan ciertamente como no es el del hombre; pues él insiste en la santidad para poder amar, mientras que, verdaderamente, el amor debe obrar para santidad. Es un principio verdadero a través de todo el evangelio; porque fue el amor de Dios que nos encontró y nos bendijo en gracia soberana cuando nosotros éramos enemigos, impotentes e impíos, en la muerte de Cristo por nosotros, y este fue el motivo más poderoso que obró en nosotros para santidad. Así es aquí entre los santos, quienes son exhortados a amarse mutuamente, así como a amar a todos, para que sus corazones puedan ser afirmados irreprensibles en santidad; así como Cristo, en amor por la iglesia, primeramente se entregó a Sí mismo, y luego la lava con la Palabra, a fin de presentársela a Sí mismo, una iglesia gloriosa, sin mancha ni arruga ni cosa semejante.

 

            Pero hay otra consideración de gran peso e interés en esta breve oración. No sólo él une en una unidad sorprendente a nuestro Dios y Padre con nuestro Señor Jesús en su ferviente oración por la bendición de los santos por medio de una renovada visita, sino que él desea que el Señor pueda afirmar sus corazones irreprensibles en santidad "delante de nuestro Dios y Padre, en la venida de nuestro Señor Jesús con todos sus santos." (versículo 13 - LBLA) - no meramente ahora delante de Dios, para que esto sea real, sino en la venida del Señor con todos los que son Suyos, sin una pausa en el pensamiento hasta ese día cuando el fracaso o la infidelidad de cada uno aparecerá más allá de toda controversia. Pues como es una cuestión de responsabilidad, aquí no se habla simplemente de Su venida, sino de Su venida con todos Sus santos, es decir, Su día cuando ellos aparecerán con Él en gloria, y Él vendrá para ser glorificado en Sus santos y para ser admirado en todos los que creyeron. ¡De qué manera esto trae la luz de ese día a la hora presente! Incluso si uno no anda ahora, por causa del Señor, con todos los santos, no es que el corazón esté alejado, sino que ello anticipa esa escena gloriosa en la que ellos vendrán con Él, los objetos de nuestro amor debido a que todos ellos son Suyos.

 

            1 Tesalonicenses 4.

 

            El conocimiento de Cristo es inseparable de la fe; sin embargo es, preeminentemente, una vida de santidad y amor, y no un mero credo, así como la mente humana tiende a hacerlo. Hemos visto de qué manera ello obró en los modos prácticos de los que predicaron el evangelio por primera vez a los Tesalonicenses, en bondad desinteresada y exponiéndose al sufrimiento (1 Tesalonicenses caps. 1, 2), así como en un profundo sentimiento después por los recién convertidos, llamados tan pronto a soportar lo arduo de la aflicción. El apóstol oró para que abundase en ellos el amor para santidad (1 Tesalonicenses cáp. 3). Él procede ahora a apelar a ellos mismos: -

 

            " Por lo demás, hermanos, os rogamos y exhortamos en el Señor Jesús que conforme aprendisteis de nosotros acerca de cómo os conviene andar y agradar a Dios, tal como estáis andando*, así sigáis progresando cada vez más. Ya sabéis cuáles son las instrucciones que os dimos de parte del Señor Jesús. Porque ésta es la voluntad de Dios**, vuestra santificación: que os apartéis de inmoralidad sexual (otra trad.: fornicación); que cada uno de vosotros sepa controlar su propio cuerpo en santificación y honor, no con bajas pasiones, como los gentiles que no conocen a Dios; y que en este asunto nadie atropelle ni engañe a su hermano; porque el Señor es el que toma venganza en todas estas cosas, como ya os hemos dicho y advertido. Porque Dios no nos ha llamado a la impureza, sino a la santificación.

Por lo tanto, el que rechaza esto no rechaza a hombre, sino a Dios quien os da*** su Espíritu Santo." (versículos 1-8; RVR1909 Actualizada).

 

[* El Textus Receptus omite esta importante cláusula, tan alentadora para aquellos a quienes se habla. La autoridad para incluir esta cláusula es abrumadora.]

 

[** Algunas copias insertan τ, otras omiten το, contrariando a los mejores textos.]

 

[*** También traducido "que también nos dio su Espíritu Santo." Incluso el Deán Alford piensa que δντα fue cambiado a διδντα, o una temprana ignorancia puede haberlo hecho sin intención.]

 

            Es una cosa inmensa para aquellos que una vez fueron meros hombres en la tierra, apartados de Dios y en espíritu el uno del otro por el pecado, unidos sólo cuando estamos unidos para objetivos de voluntad o gloria humana, ahora como Sus hijos con un propósito de corazón, andar de manera de agradar a Dios. No obstante, esto es el Cristianismo visto en forma práctica; y no tiene valor si no es práctico. Es verdad que hay en la luz y la verdad que Cristo ha revelado por el Espíritu Santo, el más rico material y el más pleno campo de acción para la mente y el corazón renovados. Pero en 'el misterio' no hay ninguna anchura ni longitud, ninguna profundidad ni altura, que no influya en el estado de los afectos o del carácter del andar y del obrar; y ningún error deshonra más a Dios o daña más al hombre que la teoría divorciada de la práctica. La Escritura las ata juntas indisolublemente, advirtiéndonos solemnemente contra aquellos que las separarían, como hombres malos, los enemigos seguros de Dios y del hombre. ¡No! la verdad no es simplemente para informar sino para santificar, y lo que hemos recibido de aquellos a quienes se les dio divinamente que comunicasen es "cómo os conviene andar y agradar a Dios." (versículo 1 - RVR1909 Actualizada). En esa senda el creyente más novel anda desde el comienzo, esclavo o libre, Griego o Escita, sabio o no sabio; de esa senda nadie puede deslizarse salvo en el pecado y la vergüenza. No es, no obstante, una mera instrucción definida, como en una ley o en una ordenanza. Como se trata de una vida, la vida de Cristo, hay ejercicio y crecimiento mediante el conocimiento de Dios. Del estado del alma depende el discernimiento de la voluntad de Dios en Su Palabra, la cual es pasada por alto donde la ligereza caracteriza la condición interna, o la voluntad está activa y sin juzgar. "Si, pues, tu ojo fuere sencillo, todo tu cuerpo estará lleno de luz." (Mateo 6:22 - Versión Moderna). Solamente entonces hay certeza, espiritualmente hablando; y un sentido más profundo de la Palabra en la inteligencia surte como efecto una obediencia más plena. Uno conoce mejor la mente de Dios, y el corazón se cuida de agradarle a Él. Nosotros abundamos más y más.

 

            Esta no era ninguna solicitud nueva del apóstol. Ellos sabían qué instrucciones él les había impuesto de parte del Señor Jesús (versículo 2). ¿Acaso no