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Comunión
con Dios: ¿Qué es?
"Porque así ha dicho Jehová el Señor a la casa de Israel: ¡Buscadme a mí, y viviréis! mas no busquéis a Bet-el, y no
acudáis a Gilgal, ni paséis a Beer-seba: porque Gilgal indudablemente irá en cautiverio, y Bet-el vendrá a ser nada."
Amos 5: 4, 5 - Versión Moderna
Nosotros siempre estamos en peligro de ser engañados
al utilizar un estilo de fraseología que trasciende nuestra verdadera experiencia. Cada denominación religiosa tiene una cantidad
de expresiones peculiares a sí misma, y uno está expuesto a adoptar tales expresiones, sin ser capaz, en la práctica, de entrar
en su significado. De ahí la importancia de tener en mente que el Cristianismo no es una mera colección de expresiones, sino
una realidad divina - una influencia viva, que actúa, que es poderosa, siendo ella misma como una infusión que llena todos
los sentimientos y afectos del alma, y exhibiéndose ella misma en la vida.
Ahora bien, una de esas formas de expresión,
utilizada muy frecuentemente, y poco comprendida, es "comunión." Comunión con Dios es el gran secreto de la fortaleza del
creyente, y es, por consiguiente, de la mayor importancia que él comprenda clara e inconfundiblemente lo que ella significa,
y en qué consiste; y, además, que él se guarde cuidadosamente contra toda cosa que parezca una falsificación de ella. Si se
le pidiese a uno que diese una definición de comunión, él podría responder, «Es simplemente
entrar en los pensamientos de Dios; y como los pensamientos de Dios encuentran su gran centro en Jesús, el hecho de ser capaz
de entrar en Sus pensamientos sobre Jesús constituye el orden más elevado de comunión para el alma. Dios ha enaltecido grandemente
al bendito Jesús; y cuando nosotros somos capaces, por medio del Espíritu, de hacer lo mismo, nuestros pensamientos están
en feliz comunión con los de Dios; y esto es lo que debemos buscar. » Pero nosotros debemos recordar que la comunión con
Dios es una cosa muy diferente de la comunión con una iglesia Cristiana, por muy sana que sea en doctrina, o pura en la práctica.
Sin embargo, el punto que deseo poner de manifiesto
en este artículo, es la importancia de una comunión real, personal con Dios, aparte de la ayuda recibida incluso de instituciones
divinas. Nosotros debemos considerar la comunión como una cosa pura, abstracta, independiente, santa, que está por sobre,
y que está mucho más allá de toda cosa terrenal. "La hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre."
(Juan 4:21 - LBLA). De nuevo, "Dios es espíritu; y es necesario que los que le adoran, le adoren en espíritu y en verdad."
(Juan 4:24 - RVR1909 Actualizada). Bajo la ley había cuatro cosas esencialmente necesarias antes de que la adoración pudiese
ser ofrecida.
1ª. Un sacerdote de la simiente pura de Aarón
- pura en raza, y pura en su persona. Un hombre podía ser de la simiente de Aarón, pero con todo, si él tenía una sola imperfección
corporal, un solo defecto personal, él no osaba acercarse a ofrecer el pan de su Dios, o a estar ante al altar de su Dios.
(Ver Levítico capítulos 21; 22).
2ª. El sacerdote tenía que sostener en su mano
un incensario puro - un incensario
de oro (Hebreos 9:4).
3ª. Él tenía que poner en ese incensario, incienso
puro.
4ª. Él tenía que quemar este incienso con fuego
puro, sacado del altar.
Es escasamente necesario recordar al lector Cristiano
que estas cosas eran simbólicas (o, tipos, figuras). Nosotros debemos ser lavados de nuestros pecados en la sangre del Cordero,
y ser hechos así sacerdotes para Dios, antes que podamos acercarnos al altar. Sin el conocimiento de estas cosas, no puede
haber adoración alguna. Religiosidad puede haber en abundancia, pero ninguna adoración. El objetivo mismo de la mera religiosidad
a menudo puede ser, colocar al alma en la posición de un adorador, y cuando este es el caso, la religiosidad es colocada en
el sitio de la preciosa sangre de Cristo. De nuevo, así como era necesario que el incensario del sacerdote fuese puro, sobre
el cual el incienso era consumido, así el corazón del Cristiano deber estar debidamente ordenado, antes que sea posible que
el olor grato de la alabanza agradecida pueda ascender a Dios. Además, así como el sacerdote necesitaba incienso puro, del
mismo modo ahora, Cristo debe ser el 'ingrediente' puro y sencillo de la adoración de nuestras almas. Y, por último, así como
el incienso necesitaba ser consumido por fuego puro, del mismo modo ahora, el Espíritu Santo debe encender en nuestras almas
la llama de la adoración pura y espiritual. Así, mientras nos alimentamos de Cristo con corazones sinceros y mentes enseñadas
por el Espíritu, nosotros presentamos a Dios la fragancia de la adoración aceptable.
Los puntos anteriores pueden ser ampliados; pero
se ha dicho lo suficiente para demostrar qué cosa puramente espiritual es la comunión, y también, cuán necesario es que nosotros
velemos contra toda cosa similar a un "fuego extraño", el cual es simplemente la introducción de elementos extraños, es decir,
elementos carnales o terrenales, en nuestra adoración. Tampoco es meramente una cosa abiertamente impía la que puede ser utilizada
como un obstáculo, sino cosas correctas, sí, incluso instituciones divinas; de hecho, mientras más una institución pueda probar
que es de Dios, más necesidad hay de vigilancia, para que ella no usurpe el lugar de Dios en nuestros corazones. La conciencia
de un creyente detectará y rehuirá fácilmente aquello que es manifiestamente opuesto a Dios y a Su verdad, pero puede ser
que él no vea tan prontamente el peligro conectado con lo que ha sido establecido por Dios, y honrado por generaciones de
fieles en tiempos antiguos. De ahí la fuerza y conveniencia del llamamiento, "Así ha dicho Jehová el Señor, . . . ¡Buscadme
a mí, y viviréis! mas no busquéis a Bet-el, y no acudáis a Gilgal, ni paséis a Beer-seba: porque Gilgal indudablemente irá
en cautiverio, y Bet-el vendrá a ser nada." (Amós 5: 4, 5 - Versión Moderna). Bet-el, Gilgal, y Beerseba, fueron todos lugares
muy sagrados a los ojos de un Israelita fiel. Bet-el fue el sitio donde el espíritu de Jacob sintió por primera vez la dulzura
y solemnidad de la presencia divina - fue "casa de Dios" - un sitio que poseía mucho atractivo para el corazón, y conectado
con muchos recuerdos benditos. Tal fue el carácter de Bet-el en sus días tempranos; pero, ¡cuán lamentable! aquellos días
habían pasado, y Bet-el había perdido su gloria primera. Jeroboam había colocado un becerro de oro allí, haciendo así de ella
la casa de un becerro, en lugar de la casa de Dios (1 Reyes 12: 25-33). ¿Qué valor tenía, entonces, la casa de Dios, si Dios
había abandonado la casa? ¿Quién pensaría en atribuirle importancia al simple nombre de Bet-el, cuando el Dios de Bet-el ya
no iba a ser hallado allí? Nadie. Nadie cuyo corazón valorase a Dios, podía satisfacerse con ir a la casa de Dios, y hallar
allí solamente un becerro - una burla - una vanidad. Con todo, este fue el pecado
mismo de Israel, ellos permitieron que Bet-el se interpusiera entre ellos y el Dios de Bet-el. De ahí la importancia de la Palabra,
"¡Buscadme A MI!"
Por otra parte, Gilgal fue, como sabemos, el
lugar en que Israel había gustado por primera vez los productos de la tierra de Canaán (Josué 5:11), y donde Dios les había
sido quitado de encima el oprobio (o, la afrenta) de Egipto ("Y dijo Yahveh a Josué: «Hoy os he quitado de encima el oprobio
de Egipto.» Por eso se llamó aquel lugar Guilgal, hasta el día de hoy." Josué 5:9 - BJ). Desde Gilgal, asimismo, Josué y su
banda de conquistadores acostumbraban a hacer sus salidas a nuevos triunfos sobre los incircuncisos, y hacia allí regresaban
a disfrutar los despojos. De este modo era un lugar pleno de santo interés; y, mientras fuera contemplado en conexión con
las escenas que se habían desarrollado allí, podría haber despertado muchas emociones piadosas en el corazón de un adorador
fiel. Pero, ¿qué cosas podían hacer de Gilgal un sitio valioso, salvo el espíritu y los principios que le pertenecieron? Y
si estos dejaron de ser conocidos en verdadero poder, Gilgal sólo podía demostrar ser un nombre vacío, calculado para alejar
el corazón de la comunión viva con Dios mismo, y más aún por cuanto había sido un lugar de una verdadera experiencia divina
para el pueblo del Señor.
Por último, Beerseba fue 'el pozo del juramento'
("Y lo llamó Seba (Juramento). Por eso el nombre de la ciudad es Beerseba (Pozo del Juramento) hasta hoy." Génesis 26:33 -
NBLH), un lugar que se hizo preciado, por muchas razones, para la posteridad de Isaac, sin embargo sólo valioso en proporción
a que se tuvieran en mente las circunstancias que le habían dado su nombre.
Así vemos cómo la sagrada antigüedad de los lugares
arriba citados actuaría como un lazo para el corazón de un Israelita, y tendería a alejarle de Dios. Efectivamente, fue el
hecho de estar ellos asociados con tantos recuerdos benditos, con tanto que fue realmente de Dios, el que constituiría un
lazo tan peligroso para ellos. El diablo no presenta al Cristiano cosas flagrantemente malas y falsas; el sabe que tales cosas
serían rechazadas de inmediato; pero él trabaja por conducto de cosas que tienen apariencia de verdad y piedad alrededor de
ellas; sí, y también cosas que, puede ser, una vez tuvieron la aprobación divina, pero que, después de todo, no soportarán
la luz escudriñadora de la Palabra. No sería suficiente
que un Israelita reposara satisfecho con las antiguas instituciones de Bet-el, Gilgal y Beerseba; él podría ser muy diligente
al buscarlas, y sin embargo podría estar muy necesitado de la exhortación, "¡Buscadme A
MI!"
¿Cuál es, entonces, la enseñanza que se nos invita
a sacar del hilo de pensamiento arriba expuesto? Simplemente este: la Comunión
con Dios, y la Comunión con instituciones divinas, son
cosas muy distintas; nosotros podemos perder, a menudo, la primera, en nuestro celo por la última. Cuán a menudo hemos exhibido
mucho celo al contender por alguna institución Cristiana, mientras, quizás, nuestras almas estaban estériles y carentes de
comunión personal con Cristo mismo. Cuán a menudo, asimismo, como los discípulos que iban a Emaús, nosotros hemos hablado
mucho acerca de cosas relacionadas con Cristo,
cuando, si Él mismo se hubiese acercado,
nosotros no Le habríamos conocido. En momentos semejantes, habría sido muy razonable que se nos hubiera dicho, «No busquéis instituciones - no busquéis ordenanzas - no busquéis meramente las cosas que están relacionadas con Cristo,
sino buscadlo a Él - Su Persona bendita - la realidad divina de la comunión personal
con el resucitado Hijo de Dios, pues sin Él, las instituciones más hermosas son impotentes - y las ordenanzas más solemnes,
son frías e inanimadas.» Tampoco son solamente las ordenanzas meramente humanas a las que todo esto es pertinente, sino
incluso a aquella de es de autoridad divina; por ejemplo, la Cena
del Señor - el ministerio de la Palabra - la comunión Cristiana,
etc., todas las cuales son, por decirlo así, pliegues del cortinaje que pueden esconder a Cristo de un alma que realmente
Le busca en ello, pero que sólo puede tender a ocultarle de la vista de los que son cautivados y atraídos por la forma externa
más que por la verdad, y el espíritu, y la vida.
Procuremos, entonces, percibir como una realidad,
comprender la verdadera naturaleza, de la persona de Cristo. Procuremos con diligencia hallarle a Él, en el partimiento del
pan - en el ministerio de la Palabra - en la comunión de
los Cristianos - en el servicio de oración y alabanza - en una palabra, en todas las cosas en las cuales Él nos ha dicho que
Él será hallado; pero no confundamos la alegría en estas cosas con la alegría en Dios, para no ser hallados, en nuestra esfera,
y conforme a nuestra medida, promoviendo, en el mal peculiar de los postreros días, UNA
APARIENCIA DE PIEDAD SIN LA EFICACIA DE ELLA.
C. H. Mackintosh.
Traducido por: B.R.C.O. - Noviembre 2006.-
Título original en inglés: COMMUNION WITH
GOD: WHAT IS IT?, by Charles Henry Mackintosh
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