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Ministerio Idóneo
1 Pedro 2:2 - "desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para
salvación."
1 Corintios 3:2 - "Os di a beber leche, no alimento sólido, porque todavía no podíais recibirlo. En verdad,
ni aun ahora podéis." (LBLA)
Hebreos 5: 11-14 - "Acerca de esto tenemos mucho que decir, y difícil de explicar, por cuanto os habéis hecho tardos
para oír. Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles
son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento
sólido. Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; pero el alimento sólido
es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien
y del mal."
¿Cuál es el ministerio idóneo para los creyentes en general en la época presente?
Una Escritura citada a menudo en respuesta a esta pregunta es:
"desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis." (1 Pedro 2:2). Muchos
sostienen que esto significa que la "leche" es el alimento idóneo para el recién convertido. Sin decir nada del carácter de
la palabra utilizada (que, no obstante, es muy difícil de traducir), el punto en la Escritura es, sencillamente, que del mismo modo que
los niños recién nacidos desean leche, el creyente debería anhelar la Palabra
de Dios. Se trata, en primer lugar, de una cuestión de apetito; y en segundo lugar, nos dice que así como la leche es el alimento
adecuado para el niño recién nacido, así es la Palabra de
Dios para los santos. Esto es lo que el Espíritu de Dios enseña por medio de esta Escritura, y esto es más evidente si nosotros
añadimos las palabras, que ahora son generalmente aceptadas como una parte de la revelación (N. del T.: como se traduce en la mayoría de las versiones de la Biblia
en Castellano), - "para que por ella crezcáis para salvación." De esta manera, es alimentándonos de la Palabra de Dios que nosotros crecemos, y seguimos creciendo, para completa
salvación.
Si nos volvemos
ahora a otro pasaje hallaremos más luz sobre nuestro asunto. El apóstol Pablo, escribiendo a los Corintios, dice, "Os di a
beber leche, no alimento sólido, porque todavía no podíais recibirlo. En verdad, ni aun ahora podéis, porque todavía
sois carnales. Pues habiendo celos y contiendas entre vosotros, ¿no sois carnales y andáis como hombres?" (1 Corintios 2:
2, 3 - LBLA). Es claro, en este caso, que el apóstol alimentó a estos creyentes con "leche" debido a su mala condición; que
él deploraba la necesidad de hacerlo así; y que si ellos hubiesen respondido más plenamente a la gracia y al amor de Dios
en la redención, él los habría alimentado con "alimento sólido", y no con "leche." Asumir, por tanto, que los santos necesitan
"leche" es proceder sobre la suposición de que ellos están en un estado igual al de los Corintios; y hacer provisión para
ello es incluso fomentar la condición que todos deberían deplorar. Aprendemos, además, que el ministerio idóneo para una asamblea
puede ser enteramente inadecuado para otra; y bien se podría recalcar la pregunta sobre los corazones de los maestros en un
momento como el actual, acerca de si ha habido el suficiente ejercicio de discernimiento espiritual, en cuanto al estado de
las almas, que sirva como guía para el ministerio de ellos. Nada es más claro de que sería un absoluto error repartir la verdad
entregada a la asamblea en Éfeso a una asamblea como la de Corinto, o la verdad dada a una asamblea de carácter Corintio a
una asamblea como la de Éfeso.
Otra Escritura
puede ser citada para ayudarnos en nuestra investigación. Comenzando a hablar de Melquisedec, el apóstol hace un paréntesis
para añadir, "Respecto de quien tenemos mucho que decir, y difícil de expresarse; por cuanto habéis venido a ser tardos, para
oír. Porque debiendo de ser ya maestros de otros, a causa del tiempo que habéis creído, tenéis necesidad que
alguien os enseñe otra vez a vosotros cuáles sean los primeros rudimentos de los oráculos de Dios; y habéis venido a ser como
los que necesitan de leche, y no de alimento sólido. Pues cada uno que usa de leche, está sin buena experiencia de
la palabra de justicia; porque es un niño. Pero el alimento sólido es de los hombres hechos; es decir, de aquéllos
que por medio del uso, tienen sus sentidos ejercitados para discernir el bien y el mal. Por lo cual, dejando ya los principios
elementales de la doctrina de Cristo, pasemos adelante a la perfección de su enseñanza." (Hebreos 5: 11-14; Hebreos 6:1 - VM).
Hay aquí varios puntos que necesitan nuestra muy viva atención. El apóstol se lamenta sobre la inhabilidad de los santos
para recibir la verdad que él tenía que comunicar. Cuando por el tiempo que habían sido Cristianos ellos deberían haber sido
maestros, fue necesario retroceder a los rudimentos de la verdad; pues ellos habían llegado a ser tales como para tener necesidad
de leche - demostración de que ellos eran torpes en el uso de la Palabra,
y que su crecimiento se había atrofiado. Ellos aún eran niños, y de ahí la exhortación fervorosa con que el capítulo 6 comienza.
En una palabra, estos queridos santos no tenían la voluntad de ir adelante; y, ¿quién que tuviera la mente de Cristo podría
satisfacerse con una condición semejante? ¿Qué maestro podía aceptar calmadamente el estado de ellos, y seguir alimentándoles
con leche, como si nada más fuera necesario?
Ciertamente nosotros hacemos bien en poner atención a estas palabras solemnes de advertencia; pues, ¿no podrían estar
dirigidas con igual razón a muchos creyentes en este día? ¿Acaso no hay cientos - no, miles - que nunca se preocupan por nada
más allá del evangelio? Sería triste verdaderamente si algún santo de Dios dejara de tener comunión con las buenas nuevas
de la gracia de Dios. Aquello que ocupa el corazón de Dios bien puede ocupar el corazón de Su pueblo. Pero esto no implica
que nos alimentemos nada más que del evangelio o de los sencillos rudimentos de la verdad. De ninguna manera; pues nosotros
necesitamos a Cristo en todo carácter, aspecto, y cargo en que Él es presentado; y si fallamos en reconocer esto, nos atrofiaremos
tan rápidamente como esos creyentes Hebreos.
Con seguridad se responderá, «Pero recuerden cuántos nuevos convertidos hay. Estos son verdaderamente niños, y ¿no
los alimentarían ustedes con "leche"?» La Palabra de Dios
es nuestra única guía, y tenemos, a lo menos, dos ejemplos, del modo en que el Espíritu de Dios ministra a los tales. Las
epístolas a los Tesalonicenses fueron escritas poco después de que la Iglesia
se había formado allí - ambas epístolas probablemente dentro del transcurso de un año después de que los santos se habían
vuelto a Dios de los ídolos para servir al Dios vivo y verdadero, y esperar de los cielos a Su hijo (1 Tesalonicenses 1: 9,
10). ¿Y qué encontramos? En la primera epístola tenemos el regreso de nuestro bendito Señor presentado en cada variedad de
aspecto, y esto diferenciado también de Su venida al mundo, además de una gran cantidad de enseñanza práctica para la edificación
de estos santos en su santísima fe. En la segunda epístola el apóstol va aún más allá, y enseña el carácter pleno de la aparición
de Cristo, la verdad del hombre de pecado, el hecho bendito de que la Iglesia
debe ser sacada de esta escena antes que este hijo de perdición sea revelado, etc. Ahora bien, estos asuntos escasamente pueden
ser tildados de asuntos rudimentarios: pero fueron pensados para la enseñanza y consuelo de estas "niños", y realmente les
eran necesarios para el entendimiento del Cristianismo.
Tenemos otro ejemplo en la primera epístola de Juan. Al dividir toda la familia de Dios en padres, jóvenes, e hijitos
(niños) (1 Juan 2:13), ¿de qué manera se dirige él a esta última clase, los más jóvenes de los hijos de Dios? "Hijitos", él
comienza, "ya es el último tiempo; y según vosotros oísteis que el anticristo viene, etc." ( 1 Juan 2:18). Él prosigue entonces
a señalar el peligro que surge del hecho de que muchos anticristos ya habían aparecido. Él los pone en guardia dándoles las
marcas del anticristo, y los conduce a la fuente de su seguridad al tener ellos la unción del Santo y la Palabra de Dios. Es, de hecho, una notable correspondencia con la enseñanza de
Pablo en 2 Tesalonicenses.
Aquí tenemos, entonces, sabiduría divina para guiarnos en enseñar a "niños" en la fe. Ellos deben ser nutridos con
la Palabra de Dios; deben ser fortalecidos contra el peligro
por las revelaciones y advertencias que ella proporciona; y deben tener un Cristo completo - Cristo revelado en todo lo que
Él es en Sí mismo, en todo lo que Él es para Dios, y en todo lo que Él es para ellos - para que ellos puedan crecer, por medio
de eso, para salvación. Esto es una cosa muy diferente de ocuparlos con preguntas y controversias en lugar de Cristo; y, se
puede añadir, que el mantenimiento de la sencillez en la forma de enseñanza es enteramente consistente con la conducción de
almas al conocimiento de su porción en Cristo, así como de los peligros de su senda. No dudamos en decir que la deserción
de muchos recién convertidos, y la rendición de muchos más a las influencias del mundo, pueden ser rastreadas hacia atrás,
en muchos casos, hasta nuestro fracaso en proporcionarles el alimento idóneo. Conociendo apenas algo más allá del perdón de
pecados, ellos tienen poco interés en las Escrituras, y así son descuidados los medios de su crecimiento y seguridad.
El orden doctrinal de las epístolas refuerza la misma lección. Romanos indudablemente debería ser llamada la epístola
elemental, pero ¿cuántos se detienen en Romanos 5:1? Y, ¿cuántos aprenden la lección de Romanos 6? O, si la aprenden doctrinalmente,
¿acaso no hay muchos que nunca pasan experimentalmente a través de Romanos 7, de modo de entrar en el disfrute de la riqueza
de bendición contenida en Romanos 8? Pero Colosenses es una etapa más allá de Romanos, y Efesios está, nuevamente, más allá
de Colosenses; y es cierto que un Cristiano Filipense no puede ser contemplado en este mundo sin haber aprendido la verdad
de la primera epístola mencionada. ¿Han de ser retenidos para siempre de los santos estos tesoros divinos? ¿Hemos de renunciar,
incluso para los niños, a la verdad de la muerte y resurrección con Cristo? De ser así, los fundamentos del Cristianismo se
han perdido, y nosotros retrocederíamos fácilmente - y rápidamente - al terreno Judío y a una experiencia Judía.
!Que el Señor haga que todos nosotros seamos, cualquiera sea nuestra fase de crecimiento, cada vez más deseosos de
seguir adelante, a fin de que podamos alcanzar aquello para lo cual también fuimos alcanzados por Cristo Jesús! (Filipenses
3:12 - LBLA)
E. Dennett.
Christian Friend, vol. 11, 1884, p. 38.
Traducido por: B.R.C.O. - Mayo 2007.-
Título original en inglés: SUITED MINISTRY, by Edward
Dennett
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