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Edificación Cristiana en Gracia y Verdad

TRES MUJERES (HAMILTON SMITH)

Todas las citas bíblicas se encierran entre comillas dobles ("") y  han sido tomadas de la Versión Reina-Valera Revisada en 1960 (RVR60) excepto en los lugares en que, además de las comillas dobles (""), se indican otras versiones, tales como:

VM = Versión Moderna, traducción de 1893 de H.B.Pratt, Revisión 1929 (Publicada por Ediciones Bíblicas - 1166 PERROY, Suiza)

RVR1865 = Versión Reina-Valera Revisión 1865 (Publicada por: Local Church Bible Publishers, P.O. Box 26024,  Lansing, MI 48909 USA)

RVR1909 = Versión Reina-Valera Revisión 1909 (con permiso de Trinitarian Bible Society, London, England)

RVR1977 = Versión Reina-Valera Revisión 1977 (Publicada por Editorial Clie)

RVA = Versión Reina-Valera 1909 Actualizada en 1989 (Publicada por Editorial Mundo Hispano)

RVR1995 = Versión Reina-Valera Revisión 1995 (Publicada por Sociedades Bíblicas Unidas)

NVI =Santa Biblia, Nueva Versión Internacional, Copyright 1999 por la Sociedad Bíblica Internacional

LBLA = La Biblia de las Américas, Copyright 1986, 1995, 1997 by The Lockman Foundation, Usada con permiso

NBLH = Nueva Biblia de los Hispanos, Copyright 2005 by The Lockman Foundation, Usada con permiso

BJ = Biblia de Jerusalén

N-C = Biblia Nacar-Colunga

NTHA = Nuevo Testamento Versión Hispano-Americana (Publicado por: Sociedad Bíblica Británica y Extranjera y por la Sociedad Bíblica Americana, 1ª. Edición 1916)

SPTE = Versión de la Septuaginta en Español

ATIHE = Antiguo Testamento Interlineal Hebreo-Español (Publicado por Editorial Clie)

NTIGE = Nuevo Testamento Interlineal Griego-Español, de Francisco Lacueva (Publicado por, Editorial Clie)

Tres Mujeres.

 

Rut 1.

 

Hamilton Smith

 

(De: Un bosquejo de Sanas Palabras, Vol. 3, también en la revista "Scripture Truth", Vol. 42, 1965-7, páginas 209-14.)

 

         Los acontecimientos registrados en el capítulo de apertura del Libro de Rut, aunque ocurren hace mucho tiempo atrás, y en circunstancias muy diferentes a las de hoy en día, son ricos en enseñanza, advertencia, y estímulo para creyentes de toda edad.

 

         Estos acontecimientos están relacionados con tres mujeres. Primero, en la historia de Noemí, nosotros vemos a un santo que se descarría, y el modo de obrar que Dios asume, en gracia, para llevar a cabo la restauración. En el caso de Orfa tenemos la solemne advertencia de una persona que hace una justa profesión de piedad, pero que al final se vuelve al mundo. Finalmente, en la historia de Rut somos animados por el ejemplo de una persona que, no sólo hace una profesión justa sino que, utilizando un lenguaje Cristiano, lleva todas las marcas que acompañan la salvación.

 

         Para entrar en el pleno significado de las historias de estas tres mujeres, es necesario recordar el carácter del día en que ellas vivieron. Desde el primer versículo del capítulo, nosotros aprendemos que esos acontecimientos ocurrieron "en los días que gobernaban los jueces." (v. 1). El carácter solemne de aquellos días es resumido en el versículo final del libro anterior.

         Allí leemos que, "En aquellos días no había rey en Israel; cada cual hacía lo que era recto a sus propios ojos." (Jueces 21:25 - VM). Moisés, cuando instruyó al pueblo en cuanto a la conducta de ellos después que hubieran tomado posesión de la Tierra, dijo claramente, "No habéis de hacer según todo lo que nosotros hacemos aquí el día de hoy, cada cual todo lo que sea recto a sus propios ojos." (Deuteronomio 12:8 - VM). Trescientos años después de esta advertencia encontramos al pueblo en la Tierra, pero, según lo registrado en los capítulos finales de Jueces, en una baja condición moral caracterizada por corrupción y violencia flagrantes. Esta baja condición es rastreada hasta dos causas. En primer lugar, habían desechado la autoridad de Dios como Rey de ellos; en segundo lugar, como resultado de ello, cada uno estaba haciendo lo que era recto a sus propios ojos. Se caracterizaban así por desechar la autoridad Divina, por una parte, y por la afirmación de la independencia humana, por la otra.

         Es muy obvio que toda la miseria y confusión en el mundo actual emanan de las mismas causas. El desechar la autoridad Divina, y la afirmación de la voluntad propia, están obrando estragos en el mundo político, en el círculo social, y en la vida familiar. Gobernantes, amos, y padres, abandonan el temor de Dios; súbditos, siervos e hijos, actúan, cada vez más, en obstinada independencia.

         El mundo, sin embargo, no es nuestra preocupación directa. Lo que debería darnos el ejercicio más profundo es el hecho solemne de que los mismos principios que están llevando el mundo a la ruina, ya han provocado la ruina de la Iglesia en cuanto a responsabilidad. Además, para hablar de algo más cercano, cuán a menudo los mismos males han conducido a la dispersión y la división incluso entre aquellos que han procurado andar en separación de las corrupciones de la Cristiandad. Nosotros no hemos sido fieles a Cristo como Cabeza de Su cuerpo - hemos fallado, como cuerpo, en asirnos de la Cabeza - con el resultado de que hemos hecho lo que es recto a nuestros propios ojos.

         En el instante en que dejamos de asirnos de la Cabeza - de tomar toda nuestra necesaria provisión de gracia, sabiduría, y poder, de Cristo, la Cabeza ascendida del cuerpo, la Iglesia - se puede decir de nosotros que, en el lenguaje del tiempo de los Jueces, nosotros no tenemos Rey. El resultado inevitable sigue a continuación, y es que recurrimos a nuestros propios recursos y hacemos lo que juzgamos que es recto a nuestros propios ojos. Podemos ser muy sinceros, muy religiosos, y muy activos en buenas obras, pero, si estamos haciendo lo que juzgamos que es recto a nuestros propios ojos, nosotros estamos actuando en independencia de nuestra Cabeza Resucitada.

         El primer resultado de renunciar a la autoridad directa del Señor, y actuar en independencia, es causar una hambruna entre el pueblo de Dios. Así leemos que, "hubo hambre en la tierra." (Rut 1:1). La misma tierra que debería haber sido, según la promesa de Dios, una tierra de abundancia, donde fluyera leche y miel, se había convertido en una tierra de hambre. ¡Es lamentable! ¿no tenemos que admitir que nuevamente hay hambre entre el pueblo de Dios, y por la misma razón? Hemos fallado en darle a Cristo Su lugar como Cabeza de Su cuerpo - Aquel quien es la fuente de toda provisión espiritual, por medio de las cuales el cuerpo "recibe su crecimiento para ir edificándose en amor." (Efesios 4:16).

         Como siempre, un tiempo de hambruna es un tiempo de prueba. Nos cuesta poco identificarnos con el pueblo de Dios cuando exteriormente todo es próspero. Pero cuando surgen las dificultades y los conflictos tienen que ser enfrentados, cuando la debilidad se hace manifiesta, entonces la realidad de nuestra fe es puesta a prueba.

         Bajo la presión de la prueba algunos pueden hacerse a un costado de la senda de Dios, como en el caso de Noemí; la profesión vacía de los demás es expuesta, como en el caso de Orfa, mientras que con otros, la prueba misma se convierte en una ocasión para manifestar su dedicación al Señor, como se ilustra en forma tan bienaventurada en la historia de Rut.

 

         1.- NOEMÍ.

 

         Entonces, en los días de Noemí tan baja era la condición del pueblo de Dios, que hubo una hambruna en la Tierra de Dios. Elimelec, su marido, carente de la fe que acude a Dios en la prueba, se aparta de la Tierra de Jehová para buscar alivio en la tierra de Moab, llevando con él a su esposa y a sus dos hijos.

         En la Escritura los diferentes países que rodean la Tierra de Jehová son utilizados como tipos del mundo en diferentes aspectos. Egipto habla del mundo grosero en que el hombre busca satisfacer sus pasiones, Babilonia habla del mundo en que el hombre busca exaltarse mediante una religión corrupta. El profeta Jeremías nos dice que "Quieto estuvo Moab desde su mocedad, y él ha estado reposado sobre sus heces, ni fué trasegado de vaso en vaso." (Jeremías 48:11 - RVR1865). De esta manera, Moab representa al mundo en su comodidad, donde uno puede escapar del conflicto ocasionado al pelear la buena batalla de la fe.

         Hoy en día, cuando aquellos que han escapado del grosero mundo de Egipto, y del mundo religioso corrupto de Babilonia, se enfrentan con hambruna y conflicto entre el pueblo de Dios, el mundo en la forma tipificada por Moab se convierte en una lastimosa tentación. Muchos santos, desde los días de Elimelec, atormentados y cansados de la contienda y del conflicto, han abandonado el terreno de Dios para Su pueblo, para buscar una vida de comodidad en algún tranquilo círculo que no prueba la conciencia de nadie y permite la voluntad de todos.

         De esta manera, leemos acerca de Elimelec, su esposa Noemí, y sus dos hijos, que "Llegaron pues al país de Moab" (v. 2 - VM), y, lo que es aún más solemne, leemos que "se quedaron allí." Sin embargo, a pesar de su promesa de comodidad y tranquilidad y reposo, Moab demostró no ser más que un lugar de penas y pérdida para los hijos de Dios. Moab, con sus verdes colinas y cañadas, parecía muy atractivo, pero Elimelec tiene que aprender que, "Hay camino que parece derecho al hombre, Pero su fin es camino de muerte." (Proverbios 16:25). De este modo llegó a suceder que Elimelec, quien buscó escapar de la muerte por  hambruna en la Tierra de Jehová, camina a los brazos de la muerte en la tierra de Moab. Dar un paso en falso para evitar un problema, conducirá, a menudo, a entrar en el problema mismo que buscamos evitar.

         A continuación de la muerte de Elimelec, los dos hijos se casan con esposas extranjeras de la tierra de Moab. Pasan diez años, y entonces la muerte deja caer su mano sobre los dos hijos. Noemí, privada de su esposo e hijos, queda como una mujer solitaria en una tierra extranjera. Al dejar la Tierra de Dios para escapar de las pruebas de una hambruna, ella ha hallado en la tierra de Moab solamente amargura y dolor.

 

         En este punto en la historia de Noemí, nosotros pasamos de las advertencias solemnes en cuanto al fracaso de un santo, a la rica enseñanza de la gracia restauradora del Señor. Noemí se había alejado de la Tierra de Jehová, y había llegado a estar bajo el castigo del Señor. No obstante, si el Señor castiga, es para nuestra bendición, para traernos de regreso a Él, y al círculo de Su propio pueblo, en Su propia tierra. Llega así un momento en la historia de Noemí cuando leemos que "ella se levantó, con sus nueras, para volverse del país de Moab." (v. 6 - VM). ¿Pero qué la indujo a volver? No fueron las penas de la tierra de Moab, sino las buenas noticias que ella escuchó referentes a la Tierra de Jehová. No fueron la escasez y la miseria de la provincia apartada lo que hizo salir al hijo pródigo de esa tierra de pecado, fue la comprensión de la abundancia en la casa del Padre que lo atrajo al hogar, pues él dijo, "...en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre." (Lucas 15: 17, 18). Así que, en la historia de Noemí, cuando ella oyó "que Jehová había visitado a su pueblo para darles pan. Salió, pues, del lugar donde había estado...para volverse a la tierra de Judá." (vv. 6, 7). Nuestro pecado puede endurecer nuestros corazones y llevarnos aún más lejos del Señor, pero el pensar en Su gracia quebranta nuestros corazones y nos lleva de regreso a Él. Es que

«el pensar en Jesús y Su amor

eleva nuestros pobres corazones

por sobre este mundo agotador.»

         Además, vemos que se presenta en forma muy bienaventurada en la historia de Noemí que la restauración hacia el Señor el seguida debidamente por la recepción entre el pueblo del Señor. Leemos así que, "y aconteció que habiendo entrado en Belén, toda la ciudad se conmovió por causa de ellas." (v. 19). ¿Cómo es que hay tan poca restauración en el día de hoy? ¿No podría ser que demasiado a menudo el pueblo de Dios se conmueve muy poco con respecto a los que andan errantes? Que el Señor pueda hacernos probar un poco más de la compasión de Su corazón que le condujo a ir tras una oveja errante hasta que Él la encontró.

 

         Entonces, al oír las palabras de Noemí, veremos cada señal de un alma restaurada, y aprenderemos algunas verdades eficaces en cuanto a la angustia de descarriarse. Primero, Noemí dice, "en grande amargura me ha puesto el Todopoderoso." (v. 20). Parecería que por largos diez años ella había dejado de tener algún trato con el Señor, pero el Señor no había dejado de tratar con ella. "Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos." (Hebreos 12: 6, 7).

         En segundo lugar, ella no sólo dice que el Señor había tratado con ella, sino que Él había tratado con ella y la había puesto "en grande amargura." Si el Señor trata con nosotros en nuestras rebeliones, hallaremos que, "ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados." (Hebreos 12:11).

         En tercer lugar, Noemí dice, "me fui" (v. 21). Ella exhibe la señal verdadera de un alma restaurada al asumir toda la culpa por haberse apartado de la Tierra de Jehová. De hecho, la historia nos dice que fue Elimelec quien salió. Él tomó la iniciativa; pero Noemí no intenta resguardarse culpando a su esposo. Ella no dice, «las circunstancias eran tan angustiosas, y la presión era tan grande que yo no pude evitar apartarme.» ¡Oh, no! ella reconoce, así como todos nosotros tenemos que reconocer, que la causa secreta de todos nuestros extravíos no está en el fracaso de los demás, o en la presión de las circunstancias, sino en nosotros mismos.

         En cuarto lugar, ella reconoce que el Señor la había traído de regreso.  Reconoce que salió pero que fue el Señor quien la hizo volver. Abandonados a nosotros mismos, como descarriados, ninguno de nosotros volvería alguna vez si el Señor no nos trajera  de regreso. De este modo, David puede decir, "El restaura mi alma." (Salmo 23:3 - LBLA).

         En quinto lugar, ella no dice simplemente "me ha hecho volver Jehová" (v. 21 - VM), sino que "el SEÑOR me ha traído a casa nuevamente." (N. del T.: traducción de Inglés al Español del versículo 21 tal como aparece en la versión Inglesa de la Biblia "King James Version, a saber: "the LORD hath brought me home again."). Cuando Él trae de vuelta no es para dejarnos en algún lugar a mitad del camino sino para llevarnos directamente de vuelta a la calidez y al amor del círculo hogareño. Cuando el Pastor recogió Su oveja errante, Él la puso sobre Sus hombros y leemos, "al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido." (Lucas 15: 6). Bendito sea Su Nombre, nada inferior a Su casa será suficiente para Su oveja.

         En sexto lugar hay, sin embargo, una confesión solemne que Noemí tiene que hacer. Si el Señor la trajo a casa, ella tiene que reconocer que "vacía me ha hecho volver el SEÑOR." (v. 21 - LBLA). "Yo me fui llena", dice ella, «y el Señor me ha hecho volver, pero Él me hizo volver vacía.» Todos los días de nuestros extravíos son días en los cuales nosotros no crecemos espiritualmente, aunque puedan ser, de hecho, días cuando somos desnudados de todas las cosas que impiden nuestro progreso espiritual.

         En séptimo lugar, hay una verdad adicional sumamente consoladora, para toda alma restaurada, que resplandece en la historia de Noemí. Nosotros leemos que el tiempo de su regreso fue "al comienzo de la siega de la cebada." (v. 22). Si el Señor nos hace volver vacíos, Él tiene el cuidado de hacernos volver a la abundancia.

 

         De esta manera, en la historia de Noemí, pasan allí ante nosotros: las angustias de un santo que se descarría; los tratos del Señor en gracia en la restauración, y la recepción del santo restaurado entre el pueblo del Señor.

 

         2.- ORFA

 

         En la breve alusión a Orfa vemos el caso lamentable de una persona que hace una profesión justa y, no obstante, carece de todo vínculo vital con Dios y Su pueblo. Es solemne ver cuán lejos puede ir la naturaleza al hacer una profesión justa, incluso como el Apóstol Pablo nos advirtió que en los días postreros habrá muchos que "tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella" (2 Timoteo 3:5).

         En Orfa vemos la apariencia de piedad presentada de modo impresionante. En primer lugar, ella se identifica con Noemí, una creyente verdadera. Leemos que tanto Rut como Orfa, fueron "con ella", y nuevamente, que "comenzaron a caminar." (v. 7). Pareció como si Orfa hubiera dado un corte radical con su antigua vida, y hubiera partido hacia la Tierra de Emanuel.

         Entonces vino la prueba: Orfa tuvo la oportunidad de regresar por donde había venido. Noemí dice, "Andad, volveos cada una a la casa de su madre." (v. 8). Esto expone el hecho de que Orfa se caracterizaba por una gran cantidad de buen sentimiento natural, pues leemos, "ellas alzaron otra vez su voz y lloraron." (v. 14). De hecho, parecía que Orfa iba a pasar la prueba, pues parece que ella toma una decisión muy clara de tener su parte con Noemí y el pueblo de Dios, pues se une a Rut diciendo, "Ciertamente nosotras iremos contigo a tu pueblo." Además, a ella no le falta  afecto natural, pues leemos, "Orfa besó a su suegra." (vv. 9, 10, 14).

         No obstante, a pesar de su identificación con Noemí, a pesar de sus lágrimas, sus justas palabras, y sus besos, ella regresa a su pueblo, sus dioses, y su tierra, y no oímos nada más de Orfa. Su profesión fue clara; ella tenía la apariencia de piedad, pero carecía del poder de la piedad - la fe sencilla en Dios.

 

         3.- RUT

 

         En notable contraste con Orfa nosotros tenemos la conmovedora historia de Rut. Al igual que Orfa, ella deja la tierra de Moab; se identifica con Noemí. Ella, también, se conmueve hasta las lágrimas, y toma una clara decisión. Pero, a diferencia de Orfa, ella exhibe todas las marcas que acompañan la salvación. Nosotros recordamos que en un pasaje solemne en la Epístola a los Hebreos, el Apóstol nos advierte en cuanto a que podemos ser "iluminados" y podemos gustar la bienaventuranza de las cosas celestiales, e incluso participar de los privilegios exteriores del círculo Cristiano en el cual mora el Espíritu Santo, y con todo, podemos apostatar, y demostrar así que nosotros no tenemos ningún vínculo vital con Cristo. Pero, hablando de aquellos a quienes estaba escribiendo, él dice, "Empero, amados míos, esperamos con confianza mejores cosas de vuestra parte, y que acompañan a la salvación." Entonces, él presenta tres de estas cosas, "Amor", "Esperanza", y "Fe" (Hebreos 6: 9-12 VM). De manera muy dichosa vemos que Rut se caracteriza por estas tres cosas.

         En primer lugar, en sencilla y hermosa "fe" ella vuelve sus espaldas a su tierra natal para viajar a la Tierra de Jehová. Ella acepta la senda de peregrinación, pues dice, "a dondequiera que tú fueres, iré yo," (v. 16). Toma el lugar de una extranjera sin ningún hogar fijo, pues dice, "donde te albergares, me albergaré." (v. 16 - SPTE). Se identifica con el pueblo de Dios al decir, "Tu pueblo será mi pueblo", y expresa su confianza en Dios, al añadir, "tu Dios" será "mi Dios." Además ella se caracteriza por un amor dedicado. Orfa podía besar a Noemí, efectivamente, pero leemos que "Rut se aferró a ella." (v. 14 - NVI). Además, ella dice, "Donde tú murieres, moriré yo, y allí seré sepultada." (v. 17). Finalmente, ella se caracterizaba por la "esperanza", pues leemos que "Rut estaba decidida a ir con ella." (v. 18 - LBLA). Por decirlo así, a la luz de otro mundo, ella renunció al mundo presente.

         Para la naturaleza, parecería que Rut estaba actuando con la más absoluta insensatez. Ella abandona su hogar, sus parientes, y su país, y se identifica con una anciana quebrantada, para ir a una Tierra que nunca ha visto y a un pueblo del cual ella no tiene ningún conocimiento personal. Para la razón y para la vista esto parece una locura, incluso como hoy en día podría parecer una gran insensatez que uno se identificara con lo pobre, lo necio, y lo débil de este mundo, y dejara el gran mundo religioso, para participar en el vituperio de Cristo fuera del campamento. Pero, "aún no se ha manifestado lo que hemos de ser." (1 Juan 3:2). Solamente la fe que contempla el glorioso final puede tomar una senda tal. La salida que Rut hizo en compañía de una mujer cargada de años, solitaria, y desolada, fue solamente el principio de la historia: al final ella aparecerá como la Esposa del poderoso Booz: y, aún más maravilloso, su nombre será conservado para siempre en la genealogía de nuestro Señor. A la luz de su historia posterior, ¿quién dirá que ella cometió un error cuando decidió tener su parte con la ya anciana Noemí? Orfa, que escogió el mundo y su comodidad, pasa al olvido; Rut, que volvió sus espaldas al mundo pasa a la honra y a la gloria.

 

         Recordemos que en nuestro día, la senda de sufrimiento, vituperio y vergüenza que, en distintas medidas, será la porción de aquellos que siguen a un Cristo rechazado, puede parecer muy insensata ante los ojos del mundo; pero la fe sabe que ella terminará en el gran día de las bodas del Cordero. De modo que podemos decir utilizando las palabras del virtuoso Rutheford, «Existe una larga cadena compuesta por los caminos, consejos, decretos, acciones, sucesos, juicios, y misericordias de Dios; y existe lo blanco y lo negro, el bien y el mal, lo torcido y lo recto, todos ellos entretejidos en esta red; y los eslabones de la cadena, en parte de oro, en parte de bronce, hierro, y barro, y los hilos de esta dispensación, continúan desde los días de los patriarcas . . . a través de las generaciones de los profetas . . .los apóstoles, los emperadores perseguidores, y el martirio de los testigos de Jesús, asesinados por la mujer ebria de la sangre de los santos, hasta que el final del hilo y el último eslabón de la cadena sean atados al día mismo de LAS BODAS DEL CORDERO.»

 

         ¡Oh día de maravillosa promesa!

 

         El Esposo y la esposa

 

         Son contemplados siempre en gloria:

 

         Y el amor se goza.

 

 

Hamilton Smith

 

Traducido por: B.R.C.O. - Mayo 2007.-

Título original en inglés:
"THREE WOMEN", by Hamilton Smith

(De: Un bosquejo de Sanas Palabras, Vol. 3, también en la revista "Scripture Truth", Vol. 42, 1965-7, páginas 209-14.)