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¿Cuál es la Norma
de Vida de un Cristiano, Cristo o la Ley?
T. B. Baines.
Publicado en Inglés en la revista "Christian Friend", vol.
7, pág. 94
Normalmente se enseña entre los Cristianos que la norma para el andar del creyente es la ley moral, o los Diez
Mandamientos. Todos admiten, por supuesto, que el creyente no es justificado por las obras de la ley, y que si la ley se usa
de esta manera, solamente aumentará la condenación del hombre. Su justificación debe ser, claramente, por gracia, y sobre
el principio de la fe; pero una vez justificado, ¿cuál es la norma que debe gobernar su vida? Generalmente se sostiene
que es la ley moral, que fue, indudablemente, la norma dada a Israel, y para su propio propósito es, por lo tanto, tan
perfecta como todas las otras obras de la mano de Dios. Es cierto que se dice que los creyentes están bajo la gracia, y no
bajo la ley, pero se afirma que esto se aplica a la justificación, no al andar. Se les insta, asimismo, a no volver a la ley,
pero se explica que esto se refiere a la ley ceremonial, no a la ley moral. Estas distinciones son comprensibles, pero ¿corresponden
a la Escritura? ¿En qué lugar habla la Escritura de un creyente como estando bajo la ley para un propósito, y no estando
bajo la misma ley para otro? ¿Dónde declara que en tanto la ley ceremonial está abrogada, la ley moral aún está en vigencia
como la norma para al andar Cristiano? Indudablemente que hay una diferencia entre la ley moral y la ceremonial, y también
entre la ley como terreno de justificación, y la ley como una norma de vida; pero cuando esta diferencia es utilizada
para hacer armonizar la Escritura con la teología, nos
corresponde averiguar si la Escritura es interpretada
así claramente.
Se dice, "que la ley tiene dominio sobre el hombre sólo durante su vida" (Romanos 7:1 - VM); pero se añade que el creyente
no vive, pues a ellos se les dice que "vosotros, hermanos míos, habéis muerto
a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto
para Dios." (Romanos 7:4). Luego continua - "Pero ahora hemos quedado libres de la ley, habiendo muerto a lo que nos ataba,
de modo que sirvamos en la novedad del Espíritu y no en el arcaísmo de la letra." (Romanos 7:6 - LBLA). Aquí, como de costumbre
en esta epístola, el hombre es contemplado, primeramente, como vivo en la carne. Tal es su situación delante de Dios, y en
esta situación la ley "tiene dominio sobre" él (Romanos 7:1 - VM). Pero los creyentes "hemos muerto con Cristo" (Romanos 6:8
- LBLA), y, por consiguiente, hemos "muerto a la ley" (Romanos 7:4) - "libres de la ley, habiendo muerto a lo que nos ataba."
(Romanos 7:6 - LBLA). Ningún lenguaje puede ser más claro. El creyente, como muerto con Cristo, está libre de la ley.
¿Es ésta la ley ceremonial? Evidentemente
no; pues el pasaje continua - "yo no hubiera sabido lo que es la codicia, si la ley no hubiera dicho: NO CODICIARAS." (Romanos
7:7 - LBLA); de modo que es del decálogo mismo que el Espíritu Santo está hablando aquí, y del mismo decálogo para el cual
se dice que el creyente está muerto. Entonces, ¿está él muerto para este decálogo solamente en lo que concierne a la justificación,
y aún está vivo para estos diez mandamientos como una norma de conducta? En el pasaje citado arriba el asunto de la justificación
ni siquiera se menciona; y la razón por la que se nos dice que "hemos muerto a la ley" es, para que nosotros seamos "de otro,
del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos
fruto para Dios." "Cuando estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas, excitadas por la ley, obraban en nuestros miembros, a fin de que produjéramos
frutos de muerte." (Romanos 7:5 - BJ). Entonces, el contraste no es entre justificación y condenación, sino entre los frutos
producidos bajo la ley, y aquellos producidos por ser nosotros "de otro." Nosotros no podemos ser "de otro" hasta que estamos
muertos para la ley. Si estamos vivos para la ley, nosotros no estamos muertos con Cristo, y el resultado es "frutos para
muerte" (Romanos 7:5). Si somos de Cristo, nosotros estamos muertos a la ley, y el resultado es "fruto para Dios." El creyente
está, por consiguiente, muerto a la ley, no sólo como un terreno de justificación, sino como una norma de andar. La ley
no es más capaz de producir fruto para Dios después de su conversión, que de salvarle de sus pecados antes de su conversión.
Así que en el capítulo previo se dice, "ni presentéis los miembros de vuestro cuerpo al pecado como instrumentos de
iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como
instrumentos de justicia. Porque el pecado no tendrá dominio sobre vosotros, pues no estáis bajo la ley sino bajo la gracia." (Romanos 6: 13, 14 - LBLA). Aquí,
nuevamente, el tema no es la justificación, sino el andar. Nuestra justificación se da por sentada, y el asunto es si siendo
justificados, serviremos al pecado o a Dios. ¿Qué es lo que nos libera del poder del pecado? "Cuando estábamos en la carne,
las pasiones pecaminosas, excitadas por la ley, obraban en nuestros miembros, a fin de que produjéramos frutos de muerte."
(Romanos 7:5 - BJ). Ahora bien, no obstante, no estando "en la carne", sino muertos "con Cristo", ¿somos nosotros puestos
bajo la ley para ser guardados del pecado, para llevar fruto para Dios? Exactamente al contrario. "El pecado no tendrá dominio
sobre vosotros, pues no estáis bajo la ley
sino bajo la gracia." (Romanos 6:14 - LBLA). En una palabra, el poder para andar no está en que estemos bajo la ley, sino
que depende de que estemos muertos para la ley.
El apóstol pregunta entonces, "¿Pecaremos,
porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia? En ninguna manera." (Romanos 6:15). pero, ¿cuál es el terreno para esta
decidida negativa? ¿Dice él, «Ustedes no deben pecar porque, aunque no están bajo la ley para justificación, están bajo ella
para andar?» Ciertamente si esto hubiera sido verdad, esta habría sido la respuesta obvia, y el hecho de que el apóstol no
responda de esta manera demuestra que la doctrina no es verdadera. En lugar de extraer esta distinción teológica, él muestra
que la nueva base de la moralidad Cristiana no es la ley revivida parcialmente como una norma de conducta, sino la nueva
posición a la que el creyente es traído como estando muerto y resucitado con Cristo. La ley, lejos de ser la norma de
vida para el creyente, obra nada más que miseria cuando el creyente la utiliza de este modo; pues incluso de un alma vivificada
se dice que, "el pecado, aprovechándose del mandamiento, produjo en mí toda clase de codicia." (Romanos 7:8 - LBLA), en tanto
que en otra parte está escrito que, "el poder del pecado es la ley." (1 Corintios 15:56 - LBLA). De igual manera el apóstol
reprocha a los Gálatas el haber introducido la ley después que la gracia fue conocida. "¿Recibisteis el Espíritu por las obras
de la ley, ó por el oir de la fe? ¿Tan necios sois? ¿habiendo comenzado por el Espíritu, ahora os perfeccionáis por la carne?2
(Gálatas 3: 2, 3 - RVR1909). Eso es muy asombroso, pues el Espíritu Santo habla aquí de la introducción de la ley, después
que ellos habían creído, como de un volver a la carne. Él muestra, entonces, que la ley, como quiera que se introduzca, es
fatal: "Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas
en el libro de la ley, para hacerlas. (Gálatas 3:10). Se podría decir que esto se refiere a la justificación, no a la conducta.
Sin embargo, esta Escritura está dirigida a personas ya justificadas. Además, el principio es un principio general, que se
aplica a cualquier uso de la ley sin importar cual sea, y que muestra que no hay tal cosa como estar muerto a medias para
la ley, y vivo a medias para ella; sino que si estamos del todo bajo la ley, nosotros estamos bajo maldición. De igual manera
se enseña en otra parte. "Y otra vez testifico a todo hombre que se circuncida, que está obligado a guardar toda la ley."
(Gálatas 5:3). ¿Como podrían contradecirse más rotundamente la Escritura
y la teología? La teología dice que nosotros estamos bajo la ley en una manera, y libre de ella en otra. La Escritura dice que debemos estar absolutamente bajo la ley o absolutamente libre
de ella.
Dejando que la teología zozobre, entonces,
y siguiendo la Escritura, encontramos que el creyente
está muerto para la ley, no solamente para justificación, sino como una norma de vida, y que su introducción en cualquier
forma es un alejamiento del principio de la gracia. Pero, ¿da esto rienda suelta al vivir sin ley? El apóstol trata con esta
misma pregunta en la epístola a los Romanos. Si la ley hubiera sido conservada como una norma de vida, el vivir sin ley
nunca podría haber surgido, y el hecho de que surgió demuestra que la ley no fue conservada de este modo. Pero si no se conserva,
¿qué barrera hay contra el vivir sin ley? Hay una doble barrera; primero, que estando muertos al pecado nosotros ya no podemos
vivir aún en él. (Romanos 6:2); y luego, que al ser nosotros de otro, podemos llevar fruto para Dios. (Romanos 7:4). Estando
muertos con Cristo, nosotros estamos muertos al pecado, y la enseñanza práctica fundada en esto es, "No reine, pues, el pecado
en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias." (Romanos 6:12). Teniendo vida en Cristo, nosotros
estamos "vivos para Dios" (Romanos 6:11), y el resultado práctico debiera ser, "que como Cristo resucitó de entre los muertos
por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida. (Romanos 6:4 - LBLA).
La ley era, por supuesto, perfecta para su
propio propósito; pero, obrando por medio de la carne, no sólo no podía dar poder contra la codicia, sino que, positivamente,
creaba codicia. Siendo "débil por causa
de la carne", no podía condenar "al pecado en la carne." (Romanos 8:3 - LBLA). Pero nosotros ahora, siendo "de otro, del que
resucitó de los muertos" (Romanos 7:4), podemos no andar "conforme a la carne, sino conforme al Espíritu." (Romanos 8:4).
En tanto estamos bajo la ley, nosotros somos, por causa de la carne, incapaces de cumplir sus justos requerimientos. Liberados
de la ley, andando como quienes han muerto y resucitado con Cristo, sus justos requerimientos se cumplen en nosotros. Así,
el esfuerzo de poner al creyente bajo la ley como una norma de vida derrota su propio propósito. Es sólo cuando estamos
completamente emancipados de ella, que sus justas demandas salen a relucir en nuestras vidas. Pues la ley, en tanto da instrucciones,
no da poder. El poder viene de la vida nueva en la que somos resucitados junto con Cristo. Teniendo la vida del Cristo resucitado,
podemos manifestar esa vida en nuestro andar y en nuestra conducta.
Pero se podría preguntar, ¿No cumplió Cristo
la ley? ¿no nació Él "bajo la ley"? (Gálatas 4:4) Y si hemos de manifestar Su vida en la nuestra, ¿no tenemos que estar también
nosotros bajo la ley? Indudablemente Cristo, como un hombre nacido en este mundo, nació "bajo la ley." Pero nosotros no somos
de Cristo como un hombre nacido en este mundo, sino como el hombre "que resucitó de los muertos." (Romanos 7:4). Es como estando
unidos con Cristo resucitado que nosotros
tenemos que andar "en novedad de vida" y que podemos hacerlo. (Romanos 6:4 - LBLA). Cristo, como hombre, satisfizo todo requerimiento
justo de la ley, incluso hasta la muerte, la cual Él sufrió a nuestro favor. ¿Está Cristo resucitado y glorificado bajo la
ley? Si Él no lo está, nosotros tampoco; pues nosotros estamos muertos con Él, y librados así de todo lo que Él ha pasado,
mientras nuestra vida, como estando vivificada con Él, es la misma que la Suya.
¿Pero Pablo no apela también a la ley? ¿No
dice él que "toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo."? (Gálatas 5:14). ¿No cita él
el quinto mandamiento cuando habla a los hijos, "Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa;
para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra."? (Efesios 6: 2, 3). ¿Y estos pasajes y otros similares, acaso
no muestran que el creyente está aún bajo la ley? Tales pasajes muestran indudablemente que "la ley a la verdad es santa,
y el mandamiento santo, justo y bueno." (Romanos 7:12). A los Gálatas, su referencia a la ley fue más apropiada, pues ellos
mismos deseaban colocarse bajo la ley, ¿y qué más contundente que mostrarles que la ley misma los condenaba? Pero ciertamente
nosotros podemos citar la ley como una forma de indicar el pensamiento de Dios sin ponernos bajo ella. Algunos de nuestros
jueces han citado la ley Romana, debido a su reconocida excelencia, al entregar sus sentencias; pero, ¿a quién se lo puede
ocurrir que estos jueces sostuvieron que la ley Romana tenía que ser obligatoria en nuestro país? Si Dios establece principios
en la ley, ellos deben ser perfectos, y Pablo los cita como tales. Pero esto no demuestra que estamos bajo la ley de los Diez
Mandamientos, así como la referencia de un juez a la ley Romana tampoco demuestra que la ley Romana es la ley de este reino.*
Por otra parte, si los creyentes están bajo la ley como norma de vida, ¿por qué esta norma se nombra tan raramente?
¿Porqué el apóstol está insistiendo constantemente sobre otros motivos, y casi nunca alude a ese código que, conforme a la
teología, es la verdadera guía del Cristiano? Sólo esto basta para mostrar cuán ampliamente el dogma teológico de que los
creyentes aún están bajo la ley como su norma para andar se aleja de la verdadera enseñanza de la Palabra de Dios.
[N. del T.: El
lector debe recordar que este documento fue escrito en Inglaterra.]
Entonces, la norma para el andar del
creyente es Cristo, y no la ley. Puede que él siga siempre la ley tan diligentemente, pero el resultado será que "el mismo
mandamiento que era para vida", le resultará "para muerte." (Romanos 7:10). Precisamente mientras su vida responda a la verdad
de que él es "de otro, del que resucitó de los muertos", él llevará "fruto para Dios." (Romanos 7:4). En todos los casos nuestra norma
de vida depende de la posición que ocupamos. Un hijo y un siervo deben ambos obediencia a la cabeza de la casa, pero la obediencia
de un hijo debería fluir de su posición como hijo, la del siervo de su posición como siervo. La relación de un Israelita con
Jehová estaba determinada por el pacto hecho en Sinaí, y su norma de vida era, por lo tanto, la ley. Nuestra relación
con Dios está determinada por haber recibido nosotros el Espíritu de adopción, y nuestra norma de vida es, por lo tanto,
Cristo, "el primogénito entre muchos hermanos" a quien pertenecemos (Romanos 8:29), el Hijo, cuyo Espíritu "Dios ha enviado...a
nuestros corazones, clamando: ¡Abba! ¡Padre!" (Gálatas 4:6 - LBLA). Por haber muerto con Cristo, nosotros estamos muertos
para la ley, por habernos dado Dios vida juntamente con Cristo (Efesios 2: 4,5), podemos andar en novedad de vida (Romanos
6:4 - LBLA); por mirar la gloria de Cristo, nosotros "somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por
el Espíritu del Señor." (2 Corintios 3:18).
T. B. Baines
Traducido
por: B.R.C.O. - Mayo 2007
Título original en inglés: WHAT IS A CHRISTIAN'S
RULE OF LIFE, by T. B. Baines
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