EDIFICACIÓN ESPIRITUAL CRISTIANA EN GRACIA Y VERDAD

NUESTRA SENDA Y NUESTRAS ASOCIACIONES (F. W. Grant)

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Todas las citas bíblicas se encierran entre comillas dobles ("") y  han sido tomadas de la Versión Reina-Valera Revisada en 1960 (RVR60) excepto en los lugares en que, además de las comillas dobles (""), se indican otras versiones, tales como:

 

LBLA = La Biblia de las Américas, Copyright 1986, 1995, 1997 by The Lockman Foundation, Usada con permiso

VM = Versión Moderna, traducción de 1893 de H.B.Pratt, Revisión 1929 (Publicada por Ediciones Bíblicas - 1166 PERROY, Suiza)

Nuestra Senda y nuestras Asociaciones

 

F. W. Grant

 

 

"Empero en una casa grande, hay no solamente vasos de oro y de plata, sino también de madera y de barro: y algunos son para honra, y otros para deshonra.

Si pues se purificare alguno de éstos ["separándose de ellos" - como agregan las mejores versiones de la Biblia], será un vaso para honra, santificado, útil al dueño, y preparado para toda obra buena.

Mas huye de las pasiones juveniles, y sigue tras la justicia, la fe, el amor, la paz, con los que invocan al Señor con corazón puro."

 

2 Timoteo 2: 20-22 - VM

 

 

         Es muy sencillo y, sin embargo, es una cosa muy importante, darse cuenta de que la senda para cada uno de nosotros debe ser una senda individual. Muchos pueden, de hecho, estar en compañía con nosotros, pero para estar en lo correcto, debe ser la identidad de la senda lo que nos reúne, y de ninguna manera debe ser el deseo de compañerismo, salvo con Uno solo. Si los demás andan con El, entonces nosotros estaremos juntos; pero esto no es, y no debe ser jamás, lo que hace nuestra senda; esta debe estar ante Dios, y con Dios solo.

 

         Debería ser innecesario insistir sobre ello, pero la doctrina y la práctica, ¡desgraciadamente! pueden estar separadas en dos; y la conciencia puede estar en un nivel mucho más bajo que la teoría (pues entonces es realmente eso) de la cual nos hemos asido.

 

         Y habrá muchos puntos delicados para considerar, los cuales nada sino la cercanía verdadera a Dios nos permitirán tener establecidos; pues, ¿no somos nosotros miembros del cuerpo de Cristo juntos, y no meros individuos? Y, ¿no impone esto límites a la individualidad de la senda? Aquí debemos contestar, NO; de ninguna manera. Es solamente por la cuidadosa conservación de nuestra individualidad que el bienestar de la iglesia puede ser realizado y mantenido.

 

         Pero tanto nuestras disociaciones, como nuestras asociaciones, están prescritas para nosotros en el texto que encabeza este artículo; y eso, considerando plenamente el desorden que entró tan pronto y desfiguró, y nunca ha dejado de desfigurar, a la iglesia de Dios en la tierra, al mismo tiempo que ha hecho que la senda del santo verdadero sea sólo más manifiestamente individual, como esta Escritura lo indica. Pues si "en una casa grande" tal como la cristiandad ha llegado a ser ahora, "hay no solamente vasos de oro y de plata, sino también de madera y de barro: y algunos son para honra, y otros para deshonra", resulta de eso que solamente si "se purificare alguno de éstos, ["separándose de ellos" - como agregan las mejores versiones de la Biblia], será un vaso para honra, santificado, útil al dueño, y preparado para toda obra buena." De este modo, nuestras asociaciones, sobre las cuales el pensar livianamente es la moda del día, son puestas en la vanguardia aquí, como afectando nuestra propia condición y aptitud espirituales para ser utilizadas por Dios. Es posible que haya, y los hay, vasos para honra, que están mezclados con los vasos para deshonra, como sabemos, pero tú no puedes decir, según esta Escritura (y "la Escritura no puede ser quebrantada" Juan 10:35), que ellos están santificados, útiles al dueño, y preparados para toda obra buena, mientras están en semejante condición. Él puede, soberanamente por supuesto, utilizarlos como incluso Él puede utilizar un vaso para deshonra, si Él lo desea; pero eso es una cosa totalmente diferente.

 

         ¿Quién puede decir, entonces, que la propia condición de un hombre puede ser piadosa, mientras está en asociación con la impiedad alrededor, a la vista de todos? La segunda Epístola de Juan no es más clara de lo que la segunda Epístola a Timoteo es aquí. Ambas epístolas dicen que somos responsables por, y partícipes de, los pecados ajenos (1 Timoteo 5:22), de los pecados de aquellos con quienes nosotros nos asociamos a sabiendas. No puede haber concordia entre Cristo y Belial — esto se dará por hecho.  Entonces, no puede haber tolerancia para los adherentes desganados que de hecho los unirían. El quincuagésimo vínculo con el mal es tan verdadero como el primero; y para mantener nuestro vínculo de comunión con Cristo, nosotros debemos rechazar el quincuagésimo así como nosotros rechazaríamos el primero. La disociación es la primera cosa que se nos manda aquí, que podamos ser libres para andar en esa senda individual con Dios a la cual el Apóstol está exhortando aquí.

 

         Ahora bien, por otro lado, en cuanto a la asociación leemos, "sigue tras la justicia, la fe, el amor, la paz, con los que invocan al Señor con corazón puro." ¿Cómo hemos de encontrar a éstos? ¿Cómo hemos de probar el corazón? Por sus caminos, desde luego. Y yo encuentro que mis compañeros andan como yo en la senda de justicia, y fe, y amor, y paz, a la cual yo soy llamado. Supongan que yo quisiera encontrar a personas que están yendo en un cierto tren a la siguiente ciudad, ¿qué cosa más simple hay que el hecho de que yo mismo me suba al tren? Estando en el camino, nosotros encontramos a las personas que están en el camino, y este es la única manera práctica. La individualidad de mi senda es preservada de manera bien definida, y esa senda es la que gobierna mis asociaciones, y no son mis asociaciones las que gobiernan la senda.

 

         Ahora, ¿qué es lo que debo seguir, si yo no puedo seguir a personas? Debo seguir "tras la justicia, la fe, el amor, la paz, con los que invocan al Señor con corazón puro." Yo puedo reconocer a líderes, y reconocerlos correctamente si, y solamente si, ellos me pueden demostrar que la senda en la que ellos guían tiene estas marcas. Pero se me deben mostrar las marcas o debo rechazar la senda, sin importar otros elogios. Tampoco servirá tomar consejo con humildad, y caminar guiado por el juicio de los demás, cuando Dios nos manda que escuchemos Su Palabra.

 

         Ahora bien, en cuanto a las marcas: la primera es "justicia." Aquí, como lo que está en consideración es nuestra propia senda, nosotros no podemos dejar de ser rigurosamente demasiado exactos. Nosotros estamos bajo la gracia, bendito sea Dios, ello es para nuestra relación con Él, y para ser testigos de esa gracia a los demás, pero dondequiera que nuestra propia senda está en consideración, no es un asunto de gracia en absoluto; el primer y perentorio requerimiento que debemos hacernos nosotros mismos es, ¿es justo? Esto será lo más alejado posible de conducir a la dureza en cuanto a los demás; pues aún de este lado de la justicia nosotros los debemos tomar en cuenta. La exigencia no es esto, sino su opuesto. Por otro lado, ningún amor verdadero a los demás me dirigirá jamás a poner mi pie allá donde yo no puedo estar seguro que es terreno de Dios, ni conforme a Él. "En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios, y guardamos sus mandamientos." (1 Juan 5:2). Ni siquiera debería haber dudas en cuanto a si estamos guardando Sus mandamientos; dudar y hacer es tratar, por lo menos, livianamente la desobediencia; y si nosotros hemos de tropezar así, aún en la senda correcta, no deberíamos estar correctamente en ella.

 

         Hemos de juzgar nuestros propios caminos. Si en esto el juicio de los demás llega a ser necesario, la necesidad es su suficiente justificación. "¿No juzgáis vosotros a los que están dentro de la iglesia? Pero Dios juzga a los que están fuera. EXPULSAD DE ENTRE VOSOTROS AL MALVADO." (1 Corintios 5: 12, 13 - LBLA).

 

         Él estaba entre ellos, y estando entre ellos la asociación de ellos con él sancionó su maldad. La tolerancia en ellos fue así injusticia en ellos, e incluso comer una comida común con un tal fue injusticia.

 

         Justicia es, entonces, el primer requisito aquí, y la severidad que tenemos que ejercitar es sobre nosotros mismos antes que sobre los demás. Si es realmente sobre los demás que nosotros nos sentamos en el juicio, no somos realmente justos según el estándar del reino de los cielos. "Toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti?" (Mateo 18: 32, 33).

 

         Estando asegurada la justicia, hay aún otra cuestión. No todo camino justo es un camino de "fe." Aquí entonces el sendero llega a ser aún más estrecho. La "fe" supone tener que ver con Dios como un Dios vivo; con Cristo el Pastor de las ovejas como un Guía vivo. Supone, no un 'camino de rey', tal como el que Israel quizás habría tenido pasando por la tierra de Edom (Números 20), sino esa senda en el desierto sin huellas que fue más bien la elección de Dios para ellos; allí donde la columna guió, fuego de noche y nube de día, para que ellos pudieran avanzar, independientes de la naturaleza, de día o de noche.

 

         Una senda justa puede ser solamente, a fin de cuentas, de la naturaleza del 'rebaño', un rodeo entre ciertos límites, fuera de los cuales yo no puedo estar, pero dentro de los cuales yo puedo hacer mi propia voluntad. Una senda de fe es una senda que reconozco como la senda de Dios para mí, ya no es más mi voluntad, excepto seguir la Suya. Esto, mirando desde un punto de vista, la hace tan estrecha como puede ser. Pues, como no puede haber más que un paso a la vez, que Él tiene realmente que tomar por mí — uno y ningún otro — no hay permiso para actuar por uno mismo ni en solo momento. Para el legalista esto sería una legalidad intolerable. Sólo la gracia puede hacer este camino tan ancho como seguro; pues es siempre lo suficientemente ancho para que otros anden con nosotros, cuya presencia es en todo para fortaleza, para consuelo, para satisfacción; y nuestra voluntad propia significa dolor, corrupción, y el abismo. ¡Piensa en una manera en que la Sabiduría eterna ha tomado consejo de Amor eterno para delimitarnos! ¡Piensa en el ojo de amor que nunca retira su tierno interés en la senda que tomamos! ¿La desearíamos nosotros? ¿Somos nosotros más sabios, mejores, o más cuidadosos para con nosotros mismos, que Aquel que cuenta cada cabello de nuestras cabezas?

 

         Con todo, una senda de fe es sólo una senda para mucho ejercicio y mucho escudriñamiento del corazón. Es una en cuanto a la cual, más raramente de lo que pensamos, podemos declararla a otro, y cuando la necesidad por espiritualidad es absoluta y necesaria. "el hombre espiritual lo discierne todo." (1 Corintios 2:15 - VM). Él "discierne." No es un sentimiento interno ni un ciego impulso que controla, sino el conocimiento de una persona cuyos pensamientos y maneras de pensar son formados por la Palabra, y que está en la presencia de Dios, de tal modo de ser guiado por Su ojo. Esta guía infiere cercanía y conocimiento presentes de El Mismo — la enseñanza de la Palabra; pero donde el alma espera en Dios, y se ocupa de Él, de modo que puede ver e interpretar cada mirada Suya.

 

         La fe requiere, entonces, la Palabra de Dios para justificarla, en una senda donde la voluntad propia es excluida absolutamente. Así se evita que  "el amor", del cual el apóstol habla a continuación, sea tomado por 'amplitud de mente', llamado equivocadamente así en todas partes. El amor verdadero se encuentra dentro del ámbito que la Palabra le designa así para él, su campo suficientemente amplio de ejercicio. 'No procurar su propio beneficio'  enseña que ningún alma debe hacer su propia voluntad, o mostrar su amplitud de mente apartando, incluso por un momento, el constante derecho de su Maestro. Supone que no hay ningún logro posible del bien a los demás desviándose uno mismo del bien y del camino correcto; y esto ya sea en una línea de cosas o en otra; una vez que la "fe" ha enseñado esto, no hay, y no puede haber, ningún asunto de 'política eclesiástica', si tú lo permites, ni nada que afecte a Su pueblo en ninguna manera en la que El, quien pensó en la cubierta de la cabeza de la mujer, no haya pensado o haya provisto. Desviarse de Su pensamiento acomodándose a los demás, o para cualquier propósito, no sería sino la indecorosa 'amplitud de mente' de un siervo, en las cosas que pertenecen a su amo — no sólo amplitud de mente, sino descuido o algo peor.

 

         Dondequiera la justicia y la fe son mantenidas personalmente en cuanto a nuestro curso, el "amor" sigue seguramente a continuación — con toda seguridad bajo estas condiciones. Nuestros corazones han de abrazar no sólo a los hermanos, y aún menos abrazar solamente a aquellos que se encuentran andando en la senda con nosotros mismos, sino, como estando en "la comunión en el evangelio" (Filipenses 1:5), a todos los hombres. No hay nada, sin embargo, en que seamos tan propensos a equivocarnos como lo estamos con respecto al "amor": hay tantas y tan sutiles imitaciones. Nos agradan las personas que nos complacen — que ministran a nuestra gratificación egoísta, y nosotros llamamos a eso "amor". Y si éstos son el pueblo de Dios, esto puede ayudar todavía más a engañarnos eficazmente. ¡Con qué frecuencia esta clase de sentimiento traiciona fermentando, en una ocasión dada, hasta convertirse en la animosidad más completa! El verdadero amor, no procurando lo suyo propio, se adhiere bien a sus objetos con una pertinacia de alcance que nunca decae: "como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin." (Juan 13:1). Podemos ser forzados a separarnos, forzados a andar solos, forzados a juzgar y condenar los caminos de aquellos con quienes, no obstante, nosotros estamos adheridos delante de Dios con el deseo que no admitirá abandonarlos aún por un momento. Así, si el juicio es expresado, será expresado como el Apóstol, "llorando" (Filipenses 3:18), un juicio más verdadero y muy solemne, donde no es el juicio de un enemigo sino de un amigo; y benditos aquellos, que en el espíritu de acompañantes dolientes se encuentra ellos mismos así en compañía con el "Varón de dolores."

 

         Debemos contestarnos aquí con indicar el orden, y el significado del orden, en el cual el "amor" ocurre en conexión con nuestra senda. Este amor no forma esta senda (el amor divino la ha formado para nosotros, no nuestro propio amor): es más bien el espíritu que nos ha de animar en la senda — no las barreras, sino la fuerza motriz — y aquí, por supuesto, primero el amor a Dios, como aquello de lo cual brota todo lo demás.

 

         La "paz" cierra el catálogo. Es el asunto necesario hacia el cual tiende todo esto. "El fruto de la justicia es sembrado en paz." (Santiago 3:18 - VM). Mientras el amor procura la paz de sus objetos, y se satisface con lo que encuentra en la bendición para ellos. De cualquier forma que se alcance la paz; y sólo aquí como el fin de lo demás — guardada y definida por lo que la precede — puede ser verdadera o segura como un objeto a ser buscado. Aquí entran el orden decoroso y el lugar debido. Pueda Dios concedernos lograr más de ello, tal como aquí es presentado.

 

F. W. Grant

 

Traducido del Inglés por: B.R.C.O. - Octubre 2007.-

Título original en inglés:
OUR PATH AND OUR ASSOCIATIONS, by F. W. Grant
Traducido con permiso
Publicado por:
www.STEMPublishing.com
Les@STEMPublishing.com

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