DANIEL (William Kelly)

DANIEL- Capítulos 10 y 11














ÍNDICE | Prefacio | Introducción | Capítulo 1 | Capítulo 2 | Capítulo 3 | Capítulo 4 | Capítulo 5 | Capítulo 6 | Capítulo 7 | Capítulo 8 | Capítulo 9 | Capítulos 10 y 11 | Capítulo 12





Todas las citas bíblicas se encierran entre comillas dobles ("") y  han sido tomadas de la Versión Reina-Valera Revisada en 1960 (RVR60) excepto en los lugares en que, además de las comillas dobles (""), se indican otras versiones, tales como:

 

LBLA = La Biblia de las Américas, Copyright 1986, 1995, 1997 by The Lockman Foundation, Usada con permiso

NBLH = Nueva Biblia de los Hispanos, Copyright 2005 by The Lockman Foundation, Usada con permiso

NC = Biblia Nácar-Colunga

RVA = Versión Reina-Valera 1909 Actualizada en 1989 (Publicada por Editorial Mundo Hispano; conocida también como Santa Biblia "Vida Abundante")

VM = Versión Moderna, traducción de 1893 de H.B.Pratt, Revisión 1929 (Publicada por Ediciones Bíblicas - 1166 PERROY, Suiza)

LAS GRANDES PROFECÍAS DE DANIEL

Una serie de conferencias sobre

Las Profecías y Principios del Libro de Daniel

 

por William Kelly

 

 

Capítulos 10 y 11.

 

LA ÚLTIMA GRAN PROFECÍA DE DANIEL

 

El Gran Objeto de Dios al final

 

         Es evidente que los capítulos 10, 11, 12 constituyen un tema continuo, y nos muestran las circunstancias en las cuales Daniel recibió esta última y, en algunos aspectos, la más notable de todas sus profecías. Pues, en toda la extensión de la Escritura divina, no hay una declaración circunstancial y minuciosa semejante de hechos históricos, y eso, también, extendiéndose desde la monarquía Persa, bajo la cual Daniel vio la visión, hasta la época cuando todos los poderes de este mundo serán obligados a inclinarse al Nombre del Señor. No se trata de que la profecía discurra desde la época del Imperio Persa hasta el reinado de Cristo sin una sola interrupción: eso sería, verdaderamente, contrario a la correlación de todo el resto de la Palabra de Dios. Pero tenemos, antes que nada, una declaración concisa, y al mismo tiempo clara, de los hechos, hasta que llegamos a un personaje notable, quien fue tipo del gran y tristemente célebre líder de la oposición al pueblo de Dios al final del presente siglo (de la presente era). Habiéndonos llevado hasta esto, la profecía es discontinuada, y entonces cruza inmediatamente por sobre el intervalo, y nos presenta "el tiempo del fin" (Daniel 11:35 - VM); de modo que nosotros podamos entender cómo es que existe esa interrupción. Por ahora yo debo finalizar donde la interrupción entra. En una ocasión futura yo espero ocuparme, si el Señor lo desea, de la crisis antitípica al final, la cual comienza con Daniel 11:36. Nosotros hallaremos que ella no se limita a algún malvado en particular, sino que al final del capítulo tenemos los conflictos de los líderes de aquel día en la Tierra Santa y alrededor de ella. Y luego, Daniel 12 nos muestra los tratos de Dios con Su propio pueblo, hasta que ellos y el propio Daniel estén en su porción al final de los días: esto último - es decir, la bendición del pueblo de Dios, o al menos del remanente piadoso - siendo el gran objeto del final.

 

         "En el año tercero de Ciro rey de Persia, cierta cosa fué revelada a Daniel, a quien se le había dado el nombre de Beltsasar," etc. (Daniel 10:1 - VM). Nosotros encontramos que Daniel no había aprovechado el decreto de Ciro, que había sido promulgado dos años antes, que dejó a los israelitas en libertad de regresar a su propia tierra, conforme a la profecía. Daniel estaba aún en la escena de la cautividad de los Judíos. Pero, más que eso, el Espíritu de Dios atrae la atención al estado de alma del profeta. Él no estaba disfrutando en una tierra extraña, sino afligiéndose y ayunando; y esto, en circunstancias en que él tenía todo, efectivamente, a su mando. Se encontraba, como se dijo, absteniéndose de comer manjares delicados, "ni carne ni vino entraron en mi boca, ni me ungí con aceite, hasta que se cumplieron tres semanas." (Daniel 10:3 - RVA). Ahora bien, no cabe duda que no es sin un motivo el hecho de que el Espíritu de Dios nos ha mostrado a Daniel, no sólo antes que el decreto de Ciro fuese publicado, sino después, en semejante actitud delante del Señor. Todos podemos entender que cuando se acercó el momento para que el pequeño remanente abandonase Babilonia y regresara a la tierra de sus padres, él se hallara afligiendo su alma ante Dios, y examinando con cuidado el pecado que había ocasionado un castigo tan terrible de parte del Señor sobre el pueblo - aunque incluso en ese entonces él estaba haciendo exactamente lo contrario de lo que la carne habría procurado bajo estas circunstancias. Porque cuando alguna gran misericordia exterior es concedida, entonces es el tiempo cuando, naturalmente, el hombre tiende a dar, más bien, rienda suelta a su goce. En Daniel vemos lo opuesto a esto. Él toma el lugar de confesión; y de confesar los pecados, no meramente de Israel, sino los suyos. Todo estaba ante él. Nadie sino un hombre santo podía tener un sentido tan profundo de pecado. Pero la misma energía del Espíritu Santo que da una real autohumillación, lo capacita también a uno en amor para asumir la triste y abyecta condición del pueblo de Dios. Pensamientos como estos son los que parecen haber llenado el alma de Daniel cuando se enteró, por la profecía de Jeremías, que la liberación estaba verdaderamente cercana para Israel. No hubo ninguna especie de exultación sobre un enemigo caído - no hubo gritos de triunfo a causa de que el pueblo iba a salir libre; aunque el propio Ciro consideró un alto honor el hecho de que Dios había hecho de él el instrumento para ambas cosas. Bien podría un hombre de Dios reflexionar acerca de lo que el pecado había forjado, cuando el Señor ni siquiera podía hablar de Israel como Su pueblo, aunque en Daniel la fe sólo le condujo a abogar más en cuanto a que ellos lo eran.

         El decreto se había publicado aquí conforme a su expectativa. El conquistador Persa había abierto la puerta para que los prisioneros de la esperanza dejaran Babilonia, y aquellos que quisieron habían regresado a su tierra. Daniel no estuvo entre estos. En lugar de anticipar ahora nada más que visiones resplandecientes de gloria inmediata, él se halla aún, y se halla más que nunca, en una postura de humillación ante Dios. Cuando la razón de este período prolongado de ayuno sale a la luz, se nos permite entrar en la conexión del mundo que se ve con el mundo que no se ve. El velo no es levantado meramente en cuanto al futuro, pues toda la profecía hace esto, sino que la declaración de la visión que se nos da aquí revela, en una luz interesante, lo que está alrededor nuestro ahora, pero de forma no visible. A Daniel se le permitió oírlo, para que nosotros pudiésemos conocerlo, y pudiésemos tener también nosotros mismos conciencia de que, aparte de las cosas que se ven, hay cosas invisibles mucho más importantes para el pueblo de Dios de todo lo que el hombre considera.

 

Los Ángeles y los Acontecimientos Terrenales

 

         Si hay conflictos en la tierra, ellos emanan de conflictos más altos - son los ángeles que contienden con esos seres malvados, los instrumentos de Satanás, quien procura constantemente frustrar los consejos de Dios con respecto a la tierra. Esto sale notablemente aquí a la luz. Nosotros sabemos que los ángeles tienen que ver con los santos de Dios; pero podemos no haber discernido tan claramente que ellos tienen que ver también con los acontecimientos exteriores de este mundo. La luz de Dios resplandece aquí sobre el tema, para que seamos capaces de comprender que no hay ni siquiera un movimiento del mundo que no esté relacionado con los tratos providenciales de Dios. Y los ángeles son los instrumentos para la ejecución de Su voluntad; se dice expresamente que ellos hacen lo que a Él le place. Por otra parte, existen aquellos que se oponen constantemente a Dios: los ángeles malvados no escasean. Los que no son sensibles a esto ciertamente pierden algo, porque nos da un enfoque mucho más potente acerca de la necesidad de tener a Dios como nuestra fortaleza. Si se tratara de una simple cuestión entre hombre y hombre, podríamos entender que una persona, en la conciencia de su fortaleza o de su sabiduría, o de otros recursos, podría no temer a otra persona. Pero si es un hecho que nosotros tenemos que contender con poderes que son inmensamente superiores a nosotros en toda inteligencia y fortaleza exteriores (porque los ángeles son "poderosos en fortaleza" como se nos dice en el Salmo 103:20), resulta evidente que nosotros somos dirigidos, si hemos de ser conquistadores, a acudir al apoyo de Otro, quien es más poderoso que todo lo que pueda estar contra nosotros. La fe que cuenta así con Dios es una liberación de la ansiedad acerca de todo lo que está sucediendo en el mundo. Pues, aunque hay espíritus malignos, y los hombres son solamente como las piezas que son movidas por ellos en el juego de esta vida, con todo, de hecho, hay una mano, y una mente, supremas que maneja los movimientos detrás de la escena y son desconocidas para las personas que actúan.  Esto proporciona un carácter mucho más solemne a nuestros pensamientos acerca de todo lo que ocurre aquí abajo.

 

"Un Varón Vestido de Lino"

 

         Además de estos ángeles, otro aparece en la escena: "un varón vestido de lino, y ceñidos sus lomos de oro de Ufaz." (Daniel 10:5). Él, de quien tenemos una descripción tan magnífica en el versículo 6, y a quien sólo Daniel ve, no parece haber sido un mero ángel. Él puede haber sido visto en algunos rasgos de gloria angelical, pero yo entiendo que este es Uno que aparece a menudo tanto en el Nuevo como en el Antiguo Testamento - el propio Señor de gloria. Él aparece ahora como un hombre - como Uno que tenía la compasión más profunda para con Su siervo sobre la tierra. Todos los demás habían huido a ocultarse, mientras que Daniel permaneció: no obstante, no le quedaban fuerzas - su lozanía se le demudó en palidez de muerte (Daniel 10:8 - VM). Incluso un amado y fiel santo de Dios debía comprobar que toda su sabiduría pasada era inútil; porque él ya era un hombre de edad muy avanzada, y había sido singularmente fiel al Señor. En este preciso momento él era el único que se percataba mejor de la verdadera condición de Israel. Pues él vio bien que un largo tiempo debía transcurrir antes de que el Mesías hubiese de venir, y el ángel revelador había anunciado que el Mesías sería muerto y no tendría nada (Daniel 9:26 - LBLA). No es de extrañar, entonces, que él estuviera afligido. Los demás podrían llenarse de sus resplandecientes esperanzas, de que el Mesías aparecería pronto y los exaltaría como una nación en el mundo. Pero a Daniel se le encontró afligiéndose y ayunando; y ahora la visión pasa ante él, y esta bendita Persona se revela a él. Con todo, a pesar de todo el amor que reposó sobre él - a pesar de su conocimiento familiar de los modos de obrar de Dios, y del favor que se le había mostrado en visiones anteriores, Daniel es hecho completamente consciente de su debilidad absoluta. Todo su vigor se desmenuzó hasta convertirse en polvo ante el Señor de gloria. Y para nosotros, esto tiene una moraleja de no poca importancia. Independientemente de lo mucho que pueda ser el valor de lo que un santo ha aprendido, el pasado, por sí solo, no nos capacita para comprender la nueva lección de Dios. Dios mismo es necesario para esto - no meramente lo que nosotros ya hemos aprendido. Yo pienso que esta es una verdad trascendental, y muy práctica. Todos conocemos la tendencia que tienen los hombres prudentes a acumular una provisión para el tiempo venidero. Yo no niego el valor del conocimiento espiritual en sus variadas formas - ya sea ayudando a los demás, o formando en nosotros mismos una opinión correcta y santa de las circunstancias que están ocurriendo a nuestro alrededor. Pero donde el Señor saca a la luz algo que no se ha aprendido previamente, entonces Daniel, a pesar de todo lo que él había conocido antes, es absolutamente impotente. En esta última visión, él se prosterna completamente, y se da cuenta, más que nunca, de la insignificancia de todo lo que hay dentro de él. Él debe poner su confianza en Dios enteramente para tener poder para levantarse, y entrar en lo que Dios estaba a punto de darle a conocer. Lo mismo aparece en cuanto a Juan, quien se había recostado sobre el pecho del Señor (Juan 13:25 - RVA) mientras Él estuvo en la tierra, y quien fue, de entre todos los discípulos, el que más entró en Sus pensamientos. Con todo, vean cuando el Salvador estuvo delante de él en Su gloria y, ¿qué pasó aun con el apóstol Juan? El Señor puso su mano sobre él invitándole a no temer. Él tiene que darle ánimo mediante lo que Él mismo era - el que vive, el que había muerto pero que vivía nuevamente, y tenía las llaves de la muerte y el Hades (Apocalipsis 1: 9 - 20). Por tanto, él tenía que oír con la confianza más perfecta, por cuanto esto se trataba de lo que Cristo es. No había poder excepto el fracaso delante de él.

         Daniel entra aquí, en su medida, en esto. La muerte de la carne debe ser hecha realidad siempre, antes de que la vida de Dios pueda ser disfrutada. Esto es importante, en forma práctica. En la gracia que trae salvación, no se trata de que la muerte debe ser aprendida primero y luego la vida. La vida en Cristo viene a mí en mi calidad de pecador, y esa vida expone la muerte en la que yo me encuentro. Si yo debo hacer realidad mi muerte para que esa vida venga a mí, ello sería, evidentemente, el hombre colocado en su verdadero lugar, como una preparación para su bendición de parte de Dios. Esto no es gracia. "Lo que era desde el principio, . . ., lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida." (1 Juan 1:1). Es decir, es la persona del propio Cristo que viene y trae la bendición. Después de eso, el alma aprende que "Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él." (1 Juan 1:5). Ella aprende que si nosotros decimos que tenemos luz, o comunión con Aquel quien es la luz, y, con todo, andamos en tinieblas, "mentimos, y no obramos según la verdad." (1 Juan 1:6 - VM). Todo el aprendizaje práctico de lo que Dios es, y lo que nosotros somos, sigue a continuación de la manifestación de la vida a nosotros en la persona de Cristo. Si ustedes hablan del orden en cuanto a un pecador, es la gracia soberana la que da vida en Otro; pero si ustedes hablan del orden del progreso en el creyente, ello no es así. El creyente, habiendo obtenido ya la vida, debe mortificar todo lo que le pertenece meramente en la naturaleza, para que la vida se manifieste y fortalezca. Esto tiene una importancia trascendental para el santo, así como lo otro lo tiene para el pecador. El hombre en su estado natural no cree que él está muerto, sino que trabaja para obtener vida. Él quiere vida; pero no tiene ninguna. Es solamente Otro quien la trae y se la da en perfecta gracia - viendo solamente mal en él, pero viniendo con nada más que el bien, y trayéndolo en amor. Este es Cristo. Pero en el caso del creyente, habiendo encontrado ya vida en Él, debe haber el juicio del mal, para que la vida nueva y divina se desarrolle y crezca. De modo que, mientras que para uno se trata de vida, exponiendo la muerte, y encontrándose con el hombre en la muerte y librándole de ella, para el otro es hacer morir en forma práctica todo lo que ya tiene existencia de forma natural en él. Todo esto debe tener la sentencia de muerte sobre ello, para que la vida no encuentre impedimentos para su crecimiento y manifestación.

 

Daniel - "Varón Muy Amado"

 

         Daniel estaba probando esto, como el medio práctico de entrar en las maravillas que el Espíritu de Dios estaba a punto de traer ante él, y ser hecho un testigo apropiado de ellas. De ahí que, independientemente del favor en que él estaba - y él era un "varón muy amado" (Daniel 10:11) - no obstante ello, su alma debe hacer realidad la muerte. "Cuando él me dijo estas palabras, me puse en pie temblando. Entonces me dijo: No temas, Daniel, porque desde el primer día en que te propusiste en tu corazón entender y humillarte delante de tu Dios, fueron oídas tus palabras, y a causa de tus palabras he venido." (Daniel 10: 11, 12 - LBLA). Y tenemos luego una indicación transmitida a él acerca de cómo se había producido tal demora. "Mas el príncipe del reino de Persia se me opuso durante veintiún días; pero he aquí Miguel, uno de los principales príncipes, vino para ayudarme, y quedé allí con los reyes de Persia." (Daniel 10:13). Aquí, yo entiendo, nosotros tenemos a otra persona hablando. No Aquel primero y glorioso que Daniel había visto, sino uno utilizado como siervo - un ángel, de hecho, que el Otro empleó. El último capítulo demostrará claramente que hubo más de una persona enviada: y, a partir del lenguaje del que habla, es claro que se trata de un subordinado. Daniel se siente alentado aprendiendo que sus palabras fueron oídas desde el primer día en que él había dispuesto su corazón a entender y a humillarse ante Dios. Él no recibió la respuesta el primer día, ni el segundo. La respuesta no llegó hasta que transcurrieron veintiún días, y, no obstante, fue enviada de parte de Dios el primer día mismo. Obviamente Él podía haberla dado inmediatamente. Pero, ¿entonces qué? Antes que nada, la lucha tremenda que se desencadena siempre entre los instrumentos de Dios y los emisarios de Satanás, no habría sido comprendida tan claramente. Además, por otra parte, la fe y la paciencia no habrían tenido su obra perfecta.

         No me olvido que el Espíritu Santo es enviado a morar en los corazones de los creyentes de una manera no conocida en ese entonces. Porque, aunque el Espíritu de Dios estuvo siempre obrando en los santos profetas y los santos hombres, con todo, la morada permanente del Espíritu Santo era lo que no fue, ni podía ser, hasta que Jesús fuera glorificado, y la gran obra de redención fuera llevada a cabo, en virtud de lo cual el Espíritu Santo fue enviado desde el cielo para hacer Su morada en los corazones de aquellos que creen, siendo el sello de la bendición que es de ellos en Cristo. Así que, aparte del providencial cuidado exterior de Dios, sacado a luz aquí de manera tan hermosa, nosotros tenemos aquella Persona Divina haciendo que nuestros cuerpos sean templo de Dios. Sin embargo, la lucha externa continúa.  La misma cosa, que impidió que Daniel tuviera la respuesta manifiesta a su oración, puede impedir que nosotros tengamos la respuesta de las circunstancias. Nosotros debemos contar inmediatamente con la respuesta de la fe; pero podríamos tener que esperar una respuesta manifiesta de las circunstancias que son gobernadas por Dios. Daniel tuvo que esperar, y se nos da la razón. Del versículo 13 aprendemos que aunque Dios había enviado la respuesta desde primer día, el príncipe del reino de Persia se opuso por veintiún días - exactamente el período de tiempo que Daniel fue mantenido en aflicción y ayuno ante Dios (Daniel 10:2). "Pero he aquí Miguel, uno de los principales príncipes, vino para ayudarme, y quedé allí con los reyes de Persia." (Daniel 10:13). Claramente es un ángel el que habla. Sería despectivo para con el Señor suponer que Él fue Aquel que necesitó ayuda de uno de Sus propios ángeles. Pero Miguel es mencionado aquí porque era bien conocido como el arcángel que tenía un cuidado especial como guardián de la nación de Israel. De modo que, independientemente de la mofa que pueda hacer la gente de la verdad de la interposición y calidad de guardianes de los ángeles, con todo, la Escritura es bastante clara acerca de ello. El Catolicismo, como sabemos, los ha convertido en objetos de adoración. Pero la verdad misma es de especial interés.

         La Palabra de Dios deja bastante claro que los ángeles son empleados por Dios en servicios particulares. Esto tampoco era meramente una verdad nueva. Encontramos que Judas menciona, como una circunstancia bien conocida, la contienda de Miguel el arcángel con el diablo disputando con él por  el cuerpo de Moisés (Judas 9). La misma verdad sale a la luz nuevamente en esto. Se trató del cuidado de Miguel sobre pueblo Judío. Él conocía la tendencia que ellos tenían hacia la idolatría, y el hecho de que ellos podrían hacer del hombre contra quien se habían rebelado estando él en vida, un ídolo después de su muerte. Y de esta manera, Miguel, como instrumento de bendición de parte de Dios para con Israel, contiende con Satanás, para que el cuerpo de Moisés no fuera encontrado; se dice que el Señor lo enterró (Deuteronomio 34; 5, 6), aunque el instrumento que el Señor empleó fue Miguel. Ahora bien, tenemos este interesante rayo de luz proyectado sobre circunstancias terrenales. Las potestades de este mundo pueden estar gobernando, pero los ángeles no han desistido de sus funciones. Están el diablo y sus ángeles, y Miguel y los santos ángeles con él, mencionados nuevamente en el último libro de la Biblia. El hecho de que Cristo haya venido y el hecho de que el Espíritu Santo haya sido dado no reemplazan esto. Por el contrario, sabemos que habrá un conflicto muy tremendo al final entre los santos ángeles y los ángeles malignos, cuando los cielos serán purificados para siempre de esas potestades malignas, que los han ensuciado por tan largo tiempo. Esto es muy interesante, en el sentido de que muestra la paciencia perfecta de Dios. Porque sabemos que con una palabra Él podría derribar al diablo y a todas sus huestes. Pero Él no lo hace. Él permite que Satanás se aventure aun en los cielos inferiores - no, más aún, Él permite incluso que estén en su posesión. Por eso es que él es llamado "príncipe de la potestad del aire" (Efesios 2:2), así como es llamado en otra parte "el príncipe" y "el dios de este siglo." (2 Corintios 4:4). Pero yo creo que es solamente allí que él es un príncipe. Nunca leemos de una cosa semejante a Satanás siendo un príncipe en el infierno. Es un sueño favorito de grandes poetas, y de pequeños también; pero nosotros nunca leemos acerca de ello en la Escritura. La Biblia nos muestra que su poder real está ahora o en los cielos o en la tierra, pero que cuando él sea quebrantado, tanto en su usurpación celestial primero, como en su potestad terrenal después, él es lanzado al infierno; y que, en lugar de ser un rey en el infierno, él será el objeto más miserable de la venganza de Dios. La cosa solemne es que él está reinando aquí ahora, y las personas no lo sienten. Su peor reino es el que él adquirió - no el que tenía antes. Aunque la muerte de Cristo es el terreno sobre el cual él perderá finalmente todo su poder, fue, no obstante, el medio mediante el cual él llegó a ser el gran poder usurpador, oponiéndose a Dios en todos Sus pensamientos acerca de este mundo. Pero hay un pensamiento que tiene importancia para nosotros. Si Dios permite una cosa semejante a esta - si Él permite la presencia de este maligno, el enemigo de Su Hijo en el mismo cielo - si, en lugar de que la crucifixión de Cristo conduzca a Dios a privar a Satanás de todo su poder, le encontramos, después de esto, exhibiendo SU mayor paciencia, ¡qué lección es todo esto para que nosotros no nos atribulemos acerca de las circunstancias! Ningún hombre ha pisado jamás estas regiones desconocidas; no ha habido nadie que nos hable acerca de ellas excepto la Palabra de Dios, que se descubre ante nosotros. Nosotros no conocemos todo, obviamente; pero conocemos lo suficiente para ver que existe este tremendo poder del mal opuesto a Dios, y que el poder de Dios es siempre infinitamente más poderoso que el poder del mal. El mal no es más que un accidente, que ha entrado en el mundo por medio de la rebelión de la criatura contra Dios. Por la palabra 'accidente' yo quiero dar a entender que fue solamente el hecho de que la criatura interrumpiera por un tiempo los propósitos de Dios; mientras que, verdaderamente, ello no hizo más que servir para sacarlos a la luz con un resplandor más brillante. El plan de Dios fue bendecir el cielo y la tierra, y esto se mantendrá. El mal será expulsado de la escena, y los malos hombres sufrirán las terribles consecuencias de haber rechazado al Único bueno y bendito al rechazar a Cristo, el Señor.

         Pero mientras la certeza de todo ha sido dada a conocer a la fe antes de la ejecución de los pensamientos de Dios, se nos abre el panorama del grave conflicto en tanto que es invisible. Esto pone la fe a prueba. Daniel tuvo que seguir esperando, afligiéndose, orando, desplegando todo ante Dios. Vemos en él la perseverancia de la fe - orando siempre. ¡Y de qué manera fue recompensada su fe! Porque cuando el ángel viene, él da a conocer esto por orden de Aquel glorioso que había aparecido primero a Daniel. Fue el príncipe de Persia quien se le había opuesto durante veintiún días; pero Miguel había acudido en su ayuda.

 

Tu Pueblo al Final de los Días

 

         Puedo observar, también, que tenemos una importante indicación, en el siguiente versículo, de los principales objetos a los cuales Dios tenía en consideración en esta profecía. Solamente las personas que han leído mucho conocen las torturas que el capítulo ha sufrido por parte de hombres que traen sus propios pensamientos para explicarlo mediante ellos. El papa, obviamente, ha sido introducido prominentemente en él. Y luego, el osado soldado de los primeros días de este siglo (siglo 19) fue encontrado también en él: yo aludo, por supuesto, a Napoleón.  En resumen, las personas han tratado de encontrar en Daniel 11 cualquier cosa de extraordinario interés que ha estado sucediendo en el mundo. Daniel 10:14 pone en fuga todos esos pensamientos. "He venido", dice el ángel, "para darte a conocer lo que sucederá a tu pueblo al final de los días, porque la visión es para días aún lejanos." (Daniel 10:14 - LBLA). Nada puede ser más evidente. Está puesto como una especie de frontispicio a la profecía para mostrar que el gran pensamiento de Dios para la tierra es el pueblo Judío, y el designio principal de esta profecía es lo que les debe acontecer al final de los días. Tenemos la progresión de la historia casi desde el día en que Daniel vivió, pero los últimos días son el tema de ella. La profecía en general puede permitirse dar un pequeño anticipo al alcance de la mano, pero nosotros jamás vemos el rumbo completo de ella, excepto en los últimos días; y entonces los pensamientos y planes de Dios tienen siempre, como su centro terrenal, a los Judíos y su Mesías. Yo no tengo intención de negar que la Iglesia es una cosa mucho más elevada que los Judíos, y que las relaciones de Cristo con la Iglesia son más cercanas y más profundas que Sus relaciones con los Judíos. Pero ustedes no pierden a Cristo y la Iglesia, debido a que creen en Su vínculo con Israel. ¡No! si ustedes no creen esto, entonces los confunden a ellos con sus propias relaciones con Cristo; y ambos se pierden, en lo que se refiere a la medida del determinado conocimiento y del pleno disfrute. Esto se produce por la falta de considerar la Escritura como un todo. Si Daniel 10 hubiera sido leído como una introducción a Daniel 11, no se habría cometido un error semejante. Pero algunos leen la Escritura de forma muy similar al modo en que otros la predican. Se toman unas pocas palabras, y se las convierte en el lema de un discurso, el cual, quizás, no tiene ninguna relación real con la finalidad de aquel pasaje - quizás con ningún otro pasaje de la Biblia. Los pensamientos pueden ser lo suficientemente verdaderos pero de forma abstracta, pero lo que nosotros queremos es una ayuda para entender la Palabra de Dios como un todo, así como los detalles. Si ustedes tuviesen que tomar una carta enviada por un amigo, y se fijaran meramente en una frase o en una parte de una frase, en medio de ella, y dislocada del resto, ¿cómo podrían entender dicha carta? Y, sin embargo, la Escritura tiene conexiones infinitamente más amplias que cualquier cosa que puede ser escrita de nuestra parte; y, por tanto, debería haber razones mucho más poderosas que las pequeñas efusiones de nuestra propia mente para tomar la Escritura en su relación. Esta es una gran llave para los errores que muchas personas estimadas hacen en la interpretación de la Escritura. Ellos pueden ser también hombres de fe; pero, con todo, es difícil elevarse por sobre las costumbres comunes. La profecía que tenemos ante nosotros demuestra la importancia del principio sobre el cual he estado insistiendo. Tomen los libros comunes escritos acerca de esta profecía - sin importar cuándo, dónde, o quien los escribió, y hallarán que el gran esfuerzo es hacer de sus propios días un punto central, etc. Aquí está la respuesta para todos. Ni Roma, ni el papado, ni Napoleón, son el objeto de la profecía, sino "lo que sucederá a tu pueblo [al pueblo de Daniel, los Judíos] al final de los días." (Daniel 10:14 - LBLA).

         A continuación encontramos a Daniel expresando, en humildad de mente, su incapacidad para recibir tales comunicaciones. En primer lugar, uno semejante a un hijo de hombre toca sus labios, y es instruido para que hable al Señor. Él confiesa su debilidad - que no le quedaba fuerza alguna. Pero "aquel que era semejante a un hombre me tocó otra vez, y me fortaleció. Y me dijo: —Hombre muy amado, no temas; la paz sea contigo. Esfuérzate y sé valiente." (Daniel 10: 18, 19 - RVA). Hasta que los hombres no son completamente establecidos en paz, hasta que sus corazones conocen la fuente verdadera de su fortaleza, ellos no son capaces de beneficiarse mediante la profecía. Hallamos aquí a Daniel de pie, su boca abierta, sus temores acallados, antes de que el Señor le pueda desplegar el futuro. Su corazón debe estar en perfecta paz en el poder del Señor, y en la presencia de su Dios. La ansiedad de espíritu, la falta de una paz estable, tiene que ver, más de lo que las personas piensan, con el poco progreso que ellos hacen en cuanto a entender muchas partes de la Palabra de Dios. No es suficiente que un hombre tenga vida y el Espíritu de Dios, sino que debe existir el quebrantamiento de la carne, y el sencillo y pacífico reposo en el Señor. Daniel tiene que pasar por esta escena, para adecuarse a lo que debe aprender; e igualmente nosotros, en nuestra medida. Debemos realizar esa misma paz y poder en el Señor. Si estoy aterrorizado por la venida del Señor, porque no estoy seguro de qué manera me presentaré ante Él, ¿cómo me puedo gozar honestamente de que esté tan cercana? Habrá un estorbo en mi espíritu para la clara comprensión de los pensamientos de Dios acerca de ese asunto. La razón de esta carencia de competencia no es la falta de aprendizaje, sino la falta de estar completamente establecidos en la gracia - el hecho de no conocer lo que nosotros somos en Cristo Jesús. Sin importar qué otras cosas pueda haber - nada reparará esta triste deficiencia. Yo hablo ahora acerca de Cristianos. En cuanto a meros eruditos que se interesan superficialmente por estas cosas, ello está tan completamente fuera de su esfera como lo está un caballo puesto a emitir un juicio acerca del mecanismo de un reloj. "El hombre natural no recibe las cosas del Espíritu de Dios; . . . ni las puede conocer, por cuanto se disciernen espiritualmente." (1 Corintios 2:14 - VM). Es sólo un escriba de este siglo entrometiéndose con lo que pertenece a otro mundo, del cual él no sabe nada.

         Tenemos una rápida visión global de lo que le iba a acontecer a Israel en los últimos días. Se trata del mismo que habla en Daniel 10. "Y yo, en el primer año de Darío de Media, me puse a su lado para apoyarle y fortalecerle. Ahora yo te declararé la verdad: He aquí que se levantarán tres reyes más en Persia." (Daniel 11:1 - RVA). Tenemos allí la sucesión de los monarcas Persas desde Ciro. La Escritura nos muestra quienes eran ellos, aunque sus nombres no se mencionan aquí. Remitiría a mis lectores a Esdras 4, donde se encontrarán mencionados estos tres reyes. En Esdras 4, la ocasión surgió de la tentativa de los enemigos de Israel por detener la edificación del templo; y estos "contrataron consejeros contra ellos para frustrar su propósito durante todo el tiempo de Ciro rey de Persia, y hasta el reinado de Darío rey de Persia." (Esdras 4:5 - RVA). Ahora bien, para entender ese capítulo de Esdras, ustedes tienen que tener en mente que desde el versículo 6 hasta el final del versículo 23 se trata de un paréntesis. El principio y el final del capítulo se refieren a acontecimientos durante el reinado de Darío. Pero el Espíritu de Dios retrocede para mostrar que estos adversarios habían estado obrando desde los días de Ciro hasta los días de Darío. Por consiguiente, en el paréntesis, es decir, desde el versículo 6 hasta el versículo 23 inclusive, ustedes tienen a los varios monarcas que habían existido entre Ciro y Darío, cuyas mentes los adversarios habían estado tratando de influir. "En el reinado de Asuero" (es decir, el sucesor de Ciro, llamado Cambises en la historia profana), "en el principio de su reinado, escribieron acusaciones contra los habitantes de Judá y de Jerusalén." (Esdras 4:6). Luego tenemos el siguiente rey. "En días de Artajerjes escribieron Bislam," etc. Esta es una persona diferente del Artajerjes mencionado en Nehemías, quien vivió en una época posterior, y es llamado Smerdis el mago, quien, mediante medios inicuos adquirió la corona por un tiempo, y prestó oídos a las acusaciones contra los Judíos. Este usurpador fue muerto mediante una conspiración encabezada por Dario, no Darío el Medo de Daniel, sino Darío el Persa de quien se habla en el Libro de Esdras. Darío Hystaspes fue su nombre histórico. Él sigue inmediatamente. Por eso tenemos estos tres reyes enumerados en Esdras 4, respondiendo exactamente a los tres en Daniel 11:2. Encontramos así una parte de la Escritura arrojando luz sobre otra, sin la necesidad de entrar en territorio de los hombres, en absoluto. "He aquí que se levantarán tres reyes más en Persia." (Daniel 11:1 - RVA). Estos vinieron después de Ciro, y en la Escritura fueron llamados, como hemos visto, Asuero, Artajerjes, y Darío; y en la historia profana los mismos fueron llamados Cambises, Smerdis el mago, y Darío Hystaspes. "Y el cuarto se hará de grandes riquezas más que todos ellos; y al hacerse fuerte con sus riquezas, levantará a todos contra el reino de Grecia." (Daniel 11:2). Es el célebre Jerjes quien levantó a todos contra el reino de Grecia. Esto confirma una idea desestimada en una ocasión anterior, de que la razón por la cual el macho cabrío acometió con semejante furia contra Persia fue en respuesta al asalto Persa sobre Grecia. Jerjes fue el hombre que llevó a cabo ese gran intento. Sus riquezas son proverbialmente reconocidas, y ningún acontecimiento hizo una impresión tan profunda en el mundo de entonces como esa expedición contra Grecia y sus consecuencias.

         En el versículo 3, Persia, el carnero de Daniel 8, es omitido, y encontramos el macho cabrío de aquel capítulo, o más bien su cuerno. "Se levantará un rey poderoso, el cual imperará con gran dominio, y hará conforme a su voluntad." (Daniel 11:3 - VM). Este es Alejandro Magno. "Mas después que se haya levantado, será quebrado su reino, y será repartido hacia los cuatro vientos del cielo." (Daniel 11:4 - VM). Eso fue verdad cuando Alejandro murió: el Imperio Griego fue fragmentado. "Pero no a su posteridad; ni conforme al dominio suyo que él ejerció; porque su reino será arrancado de raíz, y quedará para otros fuera de aquéllos." (Daniel 11:4 - VM). No habría una cabeza única deshaciéndose de la familia de Alejandro, y tomando posesión de todo. Su reino iba a ser dividido en varias partes, particularmente en cuatro partes; y de estas cuatro divisiones, dos adquieren una importancia inmensa. Pero, ¿cuál constituye aquí la importancia principal de ellas? Cuando Dios habla de cosas en la tierra, Él mide siempre a partir de Israel, porque Israel es su centro terrenal.

         De ahí que sean los poderes que se entrometen con Israel los que son importantes ante los ojos de Dios. Esta es la razón por la cual los otros reinos no son destacados; sólo los reinos del norte y del sur. ¿Y por qué son ellos tan descritos? Palestina es el lugar desde el cual Dios considera todo esto. El rey del norte significa que él está al norte de la tierra sobre la cual estaban Sus ojos: y el poder sureño significa que está al sur de esa misma tierra. Estos son los países llamados comúnmente Siria y Egipto. Los dos son  mencionados a través de todo el capítulo, desechando las demás divisiones del imperio de Alejandro. Sólo se consideran las que tienen que ver con Israel. Ahora bien, se nos dice que "se hará fuerte el rey del sur" - él es la persona bien conocida como uno de los Ptolomeos o Lágidos - "mas uno de sus príncipes" (es decir, uno de los generales de Alejandro); "será más fuerte que él, y se hará poderoso; su dominio será grande." (Daniel 11:5). Esta última es otra persona, el primer rey del norte, quien se levanta poderoso sobre Ptolomeo. En la historia profana él es llamado Seleuco. En la historia de los Macabeos se habla, a menudo, de los descendientes de ambos y de sus luchas. Se presentan tres relatos minuciosos de las transacciones predichas en este capítulo; y lo que Dios dice en pocas palabras acerca de los dos, es infinitamente más acertado que el elaborado detalle del hombre.

 

'Casamiento' de Siria y Egipto

 

         Pero, consideremos un poco algunos de estos acontecimientos. "Al cabo de unos años harán alianza [es decir, los reyes del norte y del sur], y la hija del rey del sur irá al rey del norte para realizar el convenio." (Daniel 11:6 - RVA). Una observación antes de continuar. Nosotros no tenemos a todo lo largo de este capítulo al mismo rey del norte, ni al mismo rey del sur, sino a muchos que se suceden unos a otros. El mismo título oficial se mantiene de principio a fin. Del mismo modo que las personas dicen en términos jurídicos, «El rey, o la reina, nunca muere.» Esa es exactamente la manera que hemos de considerarlo aquí. El versículo 6 es un ejemplo. "Al cabo de unos años harán alianza." No son los mismos reyes del norte y del sur de los que se había estado hablando en el versículo 5, sino sus descendientes. "Al cabo de unos años harán alianza, y la hija del rey del sur irá al rey del norte para realizar el convenio." (Daniel 11:6 - RVA). Ellos no sólo hicieron una alianza, sino que hubo un casamiento entre sus familias. El intento de lograr un entendimiento cordial entre Siria y Egipto mediante un casamiento sería un fracaso. Obviamente, esto fue verificado exactamente en la historia. Tal casamiento se llevó a cabo, y el rey del norte se deshizo aun de su anterior esposa para casarse con la hija del rey del sur. Pero ello sólo hizo que las cosas fueran mucho peor. Ellos habían confiado en poner fin a sus sangrientas guerras, pero ello sólo sentó las bases de un incomparablemente más profundo rencor entre ellos. Como se dice aquí, "tampoco prevalecerá él ni su descendencia. Pero en aquel tiempo ella será entregada, junto con los que la habían traído, y con su progenitor y sus partidarios. Entonces un renuevo de las raíces de ella se levantará en su lugar. Vendrá con un ejército y entrará en la fortaleza del rey del norte. El hará con ellos según su deseo y predominará." (Daniel 11: 6, 7 - RVA). No fue su descendiente, sino su hermano - del mismo tronco parental. Ella fue una rama, y él otra. El hermano de esta mujer llamada Berenice, hija del rey Egipcio, sube a vengar el asesinato de su hermana, y prevalece contra el rey del norte. Aquí tenemos confirmada la explicación acerca de cuál es el reino del sur. "Y también los dioses de ellos, con sus imágenes de fundición, y con sus alhajas preciosas de plata y de oro, los llevará en cautiverio a Egipto: y él durará más años que el rey del Norte. Así pues entrará en su dominio el rey del Sur, y volverá a su tierra." (Daniel 11: 8, 9 - VM). Vemos allí a Egipto triunfante por un tiempo; pero la marea iba a cambiar pronto. "Empero los hijos de aquél levantarán guerra, y juntarán una multitud de fuerzas grandes; y uno de ellos [el otro desapareció] vendrá a viva fuerza, e invadirá, y pasará adelante; luego tomará, y llevará la guerra hasta la fortaleza del otro. Con lo cual se enfurecerá el rey del Sur." (Daniel 11: 10, 11 - VM). Viene ahora otra guerra en una fecha posterior; y esta vez se trata del sur devolviendo el golpe del norte. "Se enfurecerá el rey del Sur, y saldrá, y peleará contra él, es decir, contra el rey del Norte; y pondrá en campaña una grande multitud de gente; y será entregada aquella multitud en su mano." (Daniel 10:11 - VM). El Espíritu de Dios se refiere allí a varios hechos notables. Los dos actores principales son el rey de Siria y el de Egipto. La tierra de Israel, que se extendía entre ellos, era una especie de piedra pesada para estos reyes que hicieron de ella su campo de batalla, que siempre quedó en poder del conquistador. Si el rey del norte vencía, Palestina caía bajo Siria; y del mismo modo sucedía si al rey de Egipto le tocaba la mejor parte. Pero Dios nunca dejó reposar a los que tomaron Su tierra. Podían celebrar casamientos entre ellos y convenir alianzas; pero ello sólo demostraba ser el preludio de rompimientos más graves - hermanos, hijos, nietos, etc., continuando con las riñas de sus parientes. "La Escritura no puede ser quebrantada." (Juan 10:35). Todo estaba establecido claramente de antemano.

         "Cuando se haya llevado la multitud, su corazón se enaltecerá y hará caer a muchos millares, pero no prevalecerá." (Daniel 11:12 - RVA). Luego encontramos que el rey del norte vuelve "a poner en campaña una multitud mayor que la primera, y al cabo de algunos años vendrá apresuradamente con gran ejército y con muchas riquezas. En aquellos tiempos se levantarán muchos contra el rey del sur; y hombres turbulentos de tu pueblo se levantarán para cumplir la visión." (Daniel 11: 13, 14). Permitan que les llame a poner atención a estas palabras. Ellas zanjan inmediatamente la pregunta que se podría formular en cuanto a ¿cómo sabe usted que la expresión 'el pueblo de Daniel' no significa 'el pueblo de Dios' en un sentido espiritual? La respuesta se da aquí - "hombres turbulentos de tu pueblo." Esto desecha inmediatamente el alegato a favor de un sentido espiritual. Difícilmente podríamos hablar de "hombres turbulentos" (lit., saqueadores) en ese caso. Esto confirma lo que no debería haber necesitado más evidencia - que el pueblo de Daniel significa el pueblo Judío, y nada más. Encontramos aquí que algunos de los Judíos forman una relación con uno de estos monarcas contendientes del norte. Estos son llamados aquí "hombres turbulentos de tu pueblo" (lit., saqueadores), y se ponen de parte de Antíoco el rey del norte, contra Ptolomeo Filopater, o más bien contra su hijo; pero todo quedó en nada. El rey Sirio podría confiar que trayendo este nuevo elemento, obteniendo el consentimiento de los Judíos, quizás Dios estaría con él. Pero no. Ellos eran los hombres turbulentos del pueblo (saqueadores) - infieles a Dios, y que no se mantenían en separación de los Gentiles. Ellos, asimismo, piensan establecer la visión, "pero ellos caerán." (Daniel 11:14).

         "Vendrá, pues, el rey del norte, levantará terraplenes y tomará la ciudad fortificada. Las fuerzas del sur no resistirán; ni siquiera sus tropas escogidas podrán resistir. El que vaya contra él hará según su voluntad [es decir, el rey del norte]; no habrá quien resista ante él. Estará en la tierra gloriosa, la cual será consumida bajo su poder." (Daniel 11: 15, 16 - RVA). Otra cosa notable que vemos aquí es que el Espíritu de Dios mantiene firme la importancia de aquella pequeña franja de tierra - el territorio de Palestina. Fue la dádiva de Dios a Su pueblo. Independientemente de su deplorable condición, aún es la tierra gloriosa. Dios no se arrepiente de Sus propósitos: Él "escogerá otra vez a Israel; y los hará descansar en su misma tierra." (Isaías 14:1 - VM). Y si cuando se trata de los propósitos terrenales de Dios Él los mantiene firme, a pesar de todo obstáculo, ¿que no hará Él por Su pueblo celestial? ¿Quién puede dudar de que Él los llevará a la gloria celestial con Cristo?

         "Afirmará luego su rostro para venir con el poder de todo su reino; y hará con aquél convenios, y le dará una hija de mujeres para destruirle; pero no permanecerá, ni tendrá éxito." (Daniel 11:17). Este es otro intento de casamiento; sólo que es al contrario. No es ahora la hija del rey del sur la que viene al rey del norte, sino que el rey del norte da a su hija Cleopatra (N. del T.: conocida en la Historia como Cleopatra I) al rey del sur, confiando que ella mantendrá la influencia Siria en la corte de Egipto. Eso es lo que significa aquí la expresión "para destruirle", porque ello era claramente contrario a la esencia misma del vínculo matrimonial (N. del T.: Cleopatra I tenía 10 años cuando contrajo matrimonio con el rey de Egipto): se trató de un intento de utilizarla para servir a los propósitos políticos de su padre, el rey del norte. "Pero [ella] no permanecerá, ni tendrá éxito." La razón de estado - los secretos más recónditos de sus corazones, salen a la luz aquí igualmente.

         Hay otra desgracia, que no sólo es conocida por Dios, sino que es dada a conocer a Sus siervos. "Entonces volverá su rostro hacia las costas marítimas, y se apoderará de muchas de ellas; pero un caudillo pondrá término a la afrenta que le ha hecho; y aun hará volver su afrenta sobre él mismo." (Daniel 11:18 - VM). Es decir, Antíoco se entromete con Grecia, y se apodera de muchas de las islas; pero este otro caudillo, por su cuenta, emprende la lucha contra el rey del norte. Tenemos aquí la entrada a escena de un nuevo poder - se trata de la primera alusión a los Romanos. La expresión "un caudillo pondrá término a la afrenta" da a entender que un cónsul Romano vendrá contra el rey del norte. Él no permitirá que Grecia sea tocada. El que interfirió fue uno de la familia romana de los Escipiones. "Luego volverá su rostro a las fortalezas de su tierra; mas tropezará y caerá, y no será hallado." (Daniel 11:19). Él es obligado a regresar a Siria, pero tropezará y caerá.

         "Y sucederá en su lugar uno que hará pasar un exactor de tributos por la tierra más hermosa del reino." (Daniel 11:20 - VM). Los Romanos que derrotaron al padre, obligaron al hijo a recolectar el pesado impuesto anual. Eso fue todo lo que el pobre hombre hizo durante su vida. "Y sucederá en su lugar uno que hará pasar un exactor de tributos . . .; pero al cabo de pocos días será él destruido; mas no en ira, ni en guerra." (Daniel 11:20 - VM). Él fue asesinado por uno de sus hijos. "Y le sucederá en su lugar un hombre despreciable, al cual no darán la honra del reino; pero vendrá sin aviso y tomará el reino con halagos. Las fuerzas enemigas serán barridas delante de él como con inundación de aguas; serán del todo destruidos, junto con el príncipe del pacto. Y después del pacto con él, engañará y subirá, y saldrá vencedor con poca gente." (Daniel 11: 21 - 23). Este es el hombre que tipifica al último rey del norte. Llamado en la historia profana Antíoco Epífanes, él fue moralmente abominable, pero muy tristemente célebre por su interferencia con los Judíos; primero con engaño y corrupción, y después mediante la violencia. Este es el hombre sobre el cual el Espíritu de Dios se detiene más, porque es quien más se entromete con Israel, la tierra gloriosa, y el santuario. Él fue quien puso en vigor la idolatría en el templo mismo, levantando una imagen para ser adorada aun en el Lugar Santísimo. Por eso es que adquiere importancia. Aparte de esto, él fue un hombre poco conocido, excepto por su atrevida impiedad. Nada puede ser más sencillo. Su historia consiste en intrigas, primero contra el rey del sur, y luego contra los Judíos; y de varias expediciones, en algunas de las cuales tuvo éxito al principio pero después fue completamente derrotado. "Y habiendo tranquilidad, entrará en las partes más fértiles de la provincia y hará lo que no hicieron sus padres, ni los padres de sus padres: . . . Despertará sus fuerzas y su corazón contra el rey del sur, con un gran ejército. El rey del sur se alistará para la guerra con un ejército grande y muy fuerte; pero no prevalecerá." (Daniel 11: 24, 25 - RVA). Estos reyes se encuentran y hacen planes el uno contra el otro, pero todo es en vano. "El corazón de estos dos reyes estará dispuesto para hacer el mal, y en la misma mesa hablarán mentira. Pero no servirá de nada, porque el final del tiempo señalado aún no habrá llegado. El volverá a su tierra con gran riqueza, y su corazón estará contra el pacto santo. Hará su voluntad y se volverá a su tierra. Al tiempo señalado volverá al sur, pero esta vez no le sucederá como en la primera." (Daniel 11: 27, 28, 29 - RVA). Tenemos más detalles a continuación.

 

Los Infatigables Romanos Nuevamente

 

         "Porque vendrán contra él naves de Quitim." (Daniel 11:30). Allí están estos infatigables Romanos que vuelven a entrar. Ellos habían lidiado con su padre cuando él había atacado a Grecia; y ahora que el hijo tenía su mano sobre la garganta de su presa, vino el Cónsul romano (Cayo Popilio Laenas), e inmediatamente le prohibió hacer cualquier cosa adicional. Él, incluso, formó un círculo en la arena a su alrededor, como bien se sabe, cuando el artero rey quiso ganar tiempo para evadirse con la excusa de consultar con sus consejeros los pasos a seguir. El Romano le pidió la respuesta antes de que él diera un paso fuera del círculo, y fue obligado a darla. Esto fue un golpe mortal a toda su política. Él volvió a casa como un hombre miserable y derrotado, con un corazón disgustado y enfurecido, aunque revistiéndose de una apariencia humilde ante los Romanos. ¿Qué le impediría descargar la ira de su corazón sobre los Judíos? Tal como se dice aquí, "Volverá y se enfurecerá contra el pacto santo y hará su voluntad. Volverá, pues, y se las entenderá con los que han abandonado el pacto santo." (Daniel 11:30 - RVA). No obstante lo pobre que eran los Judíos, ellos eran testigos para Dios sobre la tierra; y Antíoco se apresura a derramar su furia sobre todo lo que diera testimonio de Dios entre ellos. Esta fue su ruina, y trajo la venganza de Dios sobre él. "Volverá, pues, y se las entenderá con los que han abandonado el pacto santo", es decir, con los apóstatas de los Judíos. "Y de su parte se levantarán tropas, profanarán el santuario-fortaleza, abolirán el sacrificio perpetuo y establecerán la abominación de la desolación." (Daniel 11:31 - LBLA). Él pondrá fin al servicio Judío, y levantará un ídolo. Es un error suponer que esto se refiere a los postreros días. Se trata solamente de un tipo de lo que acontecerá entonces. La última parte del capítulo, y el próximo capítulo, se refieren al postrer día en el pleno sentido de la palabra. Pero aquí está el paso de transición de lo que es pasado al futuro.

         Descendemos en el orden histórico normal hasta Antíoco Epífanes, y nos encontramos entonces con una gran interrupción. La Escritura misma lo da a entender. Pero Antíoco hizo en una pequeña escala lo que el gran rey norteño del postrer día hará en una escala mucho mayor. Se dice (en el versículo 35). . . . "hasta el tiempo del fin; porque aún está por venir el tiempo señalado." (Daniel 11:35 - LBLA). Dios se detiene allí. Él dice, por decirlo así, «Yo he llegado al hombre que les muestra en tipo lo que les ha de suceder en los postreros días»; y Él insiste así enfáticamente sobre este rey, exponiéndoles la extrema impiedad de su corazón y su conducta. Entonces el Espíritu interrumpe el curso de la historia, y se sumerge inmediatamente en la última escena. Esto, sin embargo, debe ser dejado para otra ocasión. Lo que hemos visto es que, independientemente de lo que es el esquema general de los acontecimientos en otro lugar, Dios puede ser, y algunas veces lo es, singularmente minucioso en los detalles de una profecía, y en ninguna otra parte lo es tanto como en este mismo capítulo. ¿Y cuál es la principal objeción esgrimida por los incrédulos contra ella? Que esta profecía debe haber sido escrita ¡después que los acontecimientos habían tenido lugar! Lo que es seguro es que desde esos tiempos no hay ningún historiador que nos dé un relato tan admirable como el que tenemos en estos pocos versículos. Si yo quiero conocer la historia de estas dos monarquías contendientes, Siria y Egipto, yo debo mirar aquí. ¡Cuán completamente debemos nosotros confiar en la Palabra de Dios acerca de todo! Puede ser una excepción a Su regla general el hecho de que Él insista en los reyes del norte y del sur, pero Él hace esto a veces. Si hay alguna cosa que Él colma de cuidados, esa gran cosa son las almas de Su pueblo. ¡Que nuestros corazones puedan responder al interés que Él tiene por nosotros!

 

La Abominación Desoladora, o, La Abominación que Causa Desolación

 

         Desde el versículo 21 nosotros hemos tenido el relato del rey del norte, conocido en la historia profana como Antíoco Epífanes. El Espíritu de Dios ha entrado más plenamente en detalle al hablar de su historia, porque su conducta, especialmente al final, entrometiéndose con los Judíos, y su ciudad, y su santuario, proporcionaba la ocasión para un tipo del último rey, a quien se encontrará siguiendo en la estela de sus predecesores, exceptuando el hecho de que su culpabilidad será incomparablemente más grave ante los ojos de Dios - será tan flagrante, efectivamente, que Su juicio ya no puede tardar más. Esto explica una circunstancia que a menudo ha dejado perplejos a los estudiosos de la profecía de Daniel. Nosotros leemos acerca de "la abominación desoladora" (Daniel 11:31) en el relato predictivo de Antíoco; y se ha supuesto comúnmente que nuestro Señor se refiere a esta en Mateo 24:15. Los que buscaban el cumplimiento futuro de esta abominación han procurado reconciliarlo con los hechos mediante la suposición de que el Espíritu de Dios debe haberse desviado al futuro personaje que Antíoco representaba. Pero a mi juicio, no hay ninguna necesidad de nada tan antinatural. Antíoco Epífanes fue solamente un tipo, y el versículo 31 no va más allá de su historia, excepto como una prefiguración.

         En otras palabras, hasta el final del versículo 31 todo es estrictamente histórico - típico, obviamente, del futuro, pero nada más. Y, por lo tanto, la respuesta a la dificultad que algunos encuentran cuando nuestro Señor cita Daniel 11:31, como ellos suponen, es realmente tan clara como es posible. Él no cita este versículo. El pasaje al que Él se refiere está en Daniel 12. En Daniel 12.11 ustedes encontrarán una expresión similar a esta. "Y desde el tiempo que sea quitado el continuo sacrificio hasta la abominación desoladora, habrá mil doscientos noventa días." (Daniel 12:11). Tenemos allí una fecha definida que relaciona este último establecimiento de la abominación desoladora con la liberación que nuestro Señor predice en Mateo 24; pues la prueba más abrasadora de Jacob es la que precede por poco a su liberación.

         Ahora bien, hay más razones, y no sólo una, para creer que este pasaje en Daniel 12 es el que el Señor cita. Algunas de ellas dependen de consideraciones más adecuadas para el estudio que para el ministerio público. Pero la suma de todo el asunto es que las expresiones que el Espíritu Santo emplea, en Daniel 11:31 y en Daniel 12:11, son diferentes. En Daniel 11:31 significa la abominación de aquel que desuela, o la abominación del desolador. Mientras que en Daniel 12:11, el significado verdadero es el que es presentado en las palabras de nuestro Señor - no es la abominación de aquel que desuela, sino la "abominación desoladora", lo cual es, yo supongo, lo que se da a entender en la versión Inglesa mediante las palabras "que causa desolación." Así que las dos frases son distintas. Aunque hay un parecido entre ellas, hay también una diferencia; y esa diferencia es suficiente para demostrar que nuestro Señor no habló de la abominación puesta por Antíoco, sino de la mencionada en Daniel 12. Por consiguiente, no hay, de hecho, ninguna dificultad que deba ser removida, porque la desolación mencionada en Daniel 11 es pasada, y la desolación de Daniel 12, a la cual el Señor dirige la atención, es futura.

         A partir de otras consideraciones se hará patente que esto es así. De esta manera, en los versículos que siguen, tenemos un estado de cosas distinto del que habrá en la futura tribulación de Israel. "Con lisonjas hará pecar a los que violan el pacto, pero el pueblo que conoce a su Dios se esforzará y actuará." (Daniel 11:32 - RVA). Ahora bien, nosotros encontramos en el libro del Apocalipsis, y en otras partes de la Escritura que hablan acerca del futuro de Israel, que difícilmente se podría decir que el remanente piadoso actúa. Ellos sufrirán; pero yo no creo que hechos poderosos caractericen de esta manera a los bienaventurados que van a pasar a través de la terrible crisis del futuro. En los días de Antíoco, no se trató tanto de sufrir, sino de 'esforzarse' y 'actuar' - exactamente lo que fue verdad de los Macabeos y otros, quienes, indudablemente, en lugar de haber sido una compañía de mártires fueron más bien un conjunto de hombres que despertaron el espíritu de Israel, y resistieron el cruel y profano azote de aquel día. Nuevamente, nosotros leemos, "Y los entendidos entre el pueblo instruirán a muchos; sin embargo, durante muchos días caerán a espada y a fuego, en cautiverio y despojo." (Daniel 11:33 - LBLA). Observen que hay un largo período de angustia y tribulación, que sigue a continuación del arranque de coraje y valor contra el desolador, y a esto todavía se le da continuidad en los versículos siguientes. "Cuando caigan, recibirán poca ayuda, y muchos se unirán a ellos hipócritamente. También algunos de los entendidos caerán, a fin de ser refinados, purificados y emblanquecidos hasta el tiempo del fin; porque aún está por venir el tiempo señalado." (Daniel 11: 34, 35 - LBLA). Entonces, vemos claramente que estas pruebas son antes del tiempo del fin. El Espíritu de Dios se está refiriendo aquí a lo que ya ha acontecido. Por consiguiente, tenemos un cuadro del terrible desastre que continúa, como se dice, "hasta el tiempo del fin."

         Entonces, yo deduzco de todo esto que el Espíritu de Dios pone de relieve la desolación que le aconteció en ese entonces al pueblo de Israel, y la contaminación del santuario bajo Antíoco o sus generales. Esto sacó vívidamente a la luz las circunstancias de los postreros días; pero, junto con ellos, algunas otras circunstancias fueron añadidas, las cuales no debían esperarse en aquellos días. En otras palabras, llegamos a lo que se puede denominar al largo y triste espacio en blanco que separa la historia pasada de Israel y las luchas en su tierra contra vecinos agresores, de la gran crisis de los postreros días. Aquí es donde la verdadera interrupción ocurre. Ciertos desastres iban a continuar "hasta el tiempo del fin; porque aún está por venir el tiempo señalado." (Daniel 11:35 - LBLA). No hay ningún otro lugar en el capítulo donde la interrupción de la historia se ajuste tan bien como después del versículo 35.

 

El Anticristo y el 'Falso Cristo'

 

         Pero ahora, en el versículo 36, tenemos a otra persona abruptamente introducida en la escena. No se nos dice quién era, o de dónde vino; pero el carácter que se da de él, la escena que ocupa, la historia en que el Espíritu de Dios entra en relación con él - todo esto declara, demasiado claramente, que se trata del terrible rey que se levantará en la tierra de Israel en antagonismo personal al Mesías de Israel, el Señor Jesús. Se trataba de él cuando el Señor decía que si ellos le rechazaban a Él, quien había venido en el nombre de Su Padre, ellos recibirían a otro que viniese en su propio nombre. (Juan 5:43). Tampoco es este el único pasaje de la Escritura donde este mismo falso Cristo, o más bien Anticristo (pues hay una diferencia entre los términos), es descrito como "el rey." No solamente hay varias referencias a él bajo otros calificativos, sino que Isaías, en la mayor y más exhaustiva profecía de la Escritura, introduce "el rey" al igual que Daniel, como si él tuviera que ser conocido inmediatamente. En Isaías 30 tenemos a un enemigo de Israel, llamado "el Asirio." (Isaías 30:31 - VM). Indudablemente, considerando la historia pasada, Senaquerib fue su gran jefe en aquel día. Pero él sólo proporcionó la oportunidad para que el Espíritu de Dios sacara a la luz al adversario futuro y final de Israel. Su caída se nos presenta aquí. "Porque con la voz de Jehová será hecho pedazos el Asirio; con la vara le herirá; y cada pase de la vara justiciera que asiente Jehová sobre él, será con panderos y con arpas; y en batalla tumultuosa peleará él con ellos." (Isaías 30: 31, 32 - VM). Después del final de aquella victoria habrá gran alegría para Israel; en lugar de la serie de penalidades que la mayoría de las victorias traen, sigue allí a continuación alegría no fingida delante del Señor. "Será con panderos y con arpas." (Isaías 30:32 - VM). Al enemigo se le proporcionará miseria. Algo aún más atroz e interminable que la destrucción temporal cae sobre el enemigo soberbio. "Porque Tofet está preparado desde hace tiempo, ciertamente, ha sido dispuesto para el rey. Él lo ha hecho profundo y ancho, una pira de fuego con abundante leña; el soplo del SEÑOR, como torrente de azufre, lo enciende." (Isaías 30:33 - LBLA). En nuestra versión hay una singular obscuridad en este versículo y ha sido hecha notar por otro.  A primera vista, parecería que el Asirio y "el rey" fuesen la misma persona. Pero le traducción verdadera es "también ha sido dispuesto para el rey" - es decir, Tofet está preparado para el Asirio, pero además, para EL REY también. Tal como en nuestro pasaje en Daniel nosotros tenemos al Asirio o rey del norte por una parte, y al "rey" por la otra. A los dos les espera el mismo fin espantoso. Pero yo sólo me refiero a esto ahora con el propósito de demostrar que la expresión "el rey" no carece de precedente en la Escritura, y que ella se aplica a un personaje muy conocido que la profecía enseñó a los Judíos a esperar. Dios, en retribución judicial por su rechazo del Cristo verdadero, hará que ellos reciban al Anticristo. Este es "el rey." Él mismo se arrogaría los derechos reales del Rey verdadero, el Ungido de Dios. Tofet fue preparado para el rey del norte y para "el rey" también.

         Pero esto no es todo. En Isaías 57 le tenemos a él introducido de un modo bastante inesperado. En Isaías 55 se muestran las cualidades morales que Dios producirá en Su pueblo. En Isaías 57, Él nos muestra el estado terriblemente inicuo en el cual se encontraba igualmente Israel en ese entonces. Y en aquel día Dios ya no soportará nada más que la realidad. Las formas de piedad, el cubrir la inmundicia y la impiedad, habrán pasado. "El rey" se nos presenta allí repentinamente. "También fuiste al rey con ungüentos, y aumentaste tus perfumes; y enviaste tus mensajeros muy lejos, y te has degradado hasta el infierno." (Isaías 57:9 - VM). El hecho de tener que ver con él era degradarse hasta el infierno. No es de extrañar que Tofet esté preparado también para el rey. Esto demuestra que, desde el principio, ante la mente de Israel hubo uno que Espíritu de Dios les llevó a esperar que reinase sobre la tierra en el postrer día, el cual es llamado "el rey."

 

Fin de la Larga Noche de Israel

 

         Se proporciona así inmediatamente, un indicio muy importante para la comprensión de Daniel 11. Hemos llegado al tiempo del fin. El espacio en blanco se ha cerrado - la oscura larga noche de la dispersión de Israel está más bien cercana. Los Judíos están la tierra. ¿En qué condición? ¿Están ellos bajo Cristo? ¡Es lamentable! porque hay otra escena y una de carácter terrible que debe ser representada primero allí. "El rey" del que hemos leído está allí, y el curso que él persigue es exactamente lo que podríamos esperar a partir de los puntos de referencia que nos proporciona el Espíritu Santo. "Y el rey hará su voluntad." (Daniel 11:36). ¡Ah! ¿estamos algunos de nosotros suficientemente al tanto de cuán terrible cosa es ser hacedores de nuestra propia voluntad? Aquí está el fin de ello. Fue la primera gran característica del pecado desde el principio. Es lo que Adán hizo, y el resultado inmediato fue la caída del mundo. Aquí hay uno que parece ser, en aquel día, el más elevado y el más influyente de los hijos de Adán, Pero él hace "su voluntad." Y nada peor. ¿Hemos de leer nosotros una historia como esta sin sacar un provecho moral para nuestras almas? ¿Hemos de olvidar qué cosa más mala es ser siempre hacedores de nuestra voluntad? Que ninguno suponga que porque puedan estar en una posición de gobierno, por consiguiente, ellos se encuentran lejos del peligro. ¡Lamentablemente! no es así: ninguna cosa inhabilita tanto a una persona para ejercer un gobierno justo como la incapacidad para obedecer. Es bueno saber primero qué significa estar sometido. ¡Oh! que pueda golpear hondo en todos nuestros corazones, que "el rey", el Anticristo, es señalado como un haciendo primeramente su voluntad. ¡Que ello nos pueda probar para saber en qué medida nosotros estamos procurando la nuestra! - en qué medida, bajo cualquier circunstancia, nosotros estamos haciendo, o permitiendo algo, que no desearíamos que toda alma en este mundo viese - quizás aun aquellos que están más cerca de nosotros. ¡Es lamentable! uno conoce, a partir de la experiencia y la observación, la dificultad y el peligro en estas cosas desde su propio corazón.  No obstante, no hay ninguna cosa más contraria a aquel Cristo que hemos conocido. Nosotros somos santificados "para la obediencia y la aspersión de la sangre de Jesucristo." (1 Pedro 1:2 - NC). No es solamente para la bendición al ser rociados con la sangre, sino para la obediencia de Jesucristo - el mismo espíritu y principio de obediencia; pues ese es el significado de la expresión. Nosotros no somos como los Judíos, quienes fueron colocados bajo la ley, y cuya obediencia tuvo el carácter de obligación de hacer tales y cuales cosas bajo pena de muerte. Nosotros ya estamos vivos para Dios, conscientes de la bienaventuranza en que nos encontramos, y despiertos para ver la belleza de la voluntad de Dios; pues Su voluntad es la que nos ha salvado y santificado. Este es nuestro llamamiento, y nuestra obra práctica aquí abajo. Los Cristianos no tienen nada más que hacer, hablando propiamente, sino sólo la voluntad de Otro. Nosotros tenemos que hacer la voluntad de Dios conforme al carácter de la obediencia de Cristo - como hijos que se deleitan en la voluntad del Padre. No importa lo que podamos tener que hacer. Puede ser la ocupación natural diaria de uno. Pero no se conviertan ustedes en dos individuos - con un principio en su negocio o familia, y otro para la Iglesia y la adoración a Dios. Nunca permitan semejante pensamiento. Nosotros tenemos a Cristo para todas las cosas y todos los días. Cristo no es una bendición para nosotros meramente cuando nos reunimos o cuando somos llamados a morir; pero si tenemos a Cristo, le tenemos para siempre, y desde el primer momento nosotros nos emancipamos de hacer nuestra propia voluntad. Aprendemos que hacer esto es muerte; pero ella se ha ido ahora en la muerte de Cristo. Somos librados porque estamos vivos en Él y en Él resucitado. Pero, ¿para qué somos librados? Para hacer la voluntad de Dios. Somos santificados para la obediencia de Jesucristo.

         En cuanto al "rey", ustedes tienen en él el principio atroz de pecado que ha estado obrando siempre, pero que excede aquí todo límite. Ha llegado el momento cuando Dios quitará el control providencial que, hasta aquel momento, Él habrá puesto sobre los hombres, cuando a Satanás se le permitirá que lleve a cabo sus planes; y eso, también, en la misma tierra sobre la que los ojos de Dios reposan continuamente.

         "El rey hará lo que le plazca, se enaltecerá y se engrandecerá" - no sólo sobre todo hombre, sino "sobre todo dios." (Daniel 11:36 - LBLA). Y no sólo toma su lugar sobre todos estos así llamados dioses, sino que "contra el Dios de los dioses dirá cosas horrendas." (Daniel 11:36 - LBLA). Y resulta extraño decir (si uno no conociera la perfecta sabiduría de Dios, y no esperase que Sus consejos maduren), que a pesar de sus temeraria profanidad, "él prosperará hasta que se haya acabado la indignación, porque lo que está decretado se cumplirá." (Daniel 11:36 - LBLA). Esta cláusula contiene una palabra que nos da la llave a este pasaje. Pues algunos han encontrado dificultades inmensas en esta porción de la Palabra de Dios. Muchos han transportado a este versículo al Papa de Roma, otros a Mahoma, o a Bonaparte. Pero encontramos aquí que "el rey" va a prosperar hasta que haya acabado la indignación. ¿Cuál indignación, o sobre quién? ¿Tiene Dios ahora indignación contra Su Iglesia? Jamás. Este es, asimismo, el tiempo de la paciencia de Dios para con el hombre - y no de Su indignación. ¿Con quién, entonces, se relaciona? La Palabra de Dios es perfectamente clara. Dios habla de indignación cuando Él trata con Israel: ya he demostrado esto plenamente a partir de Isaías 5, 10, 14, y otros pasajes, tal como está completamente confirmado aquí por toda la naturaleza de la revelación. Pues leemos acerca de uno que sería el rey de Israel - no en Constantinopla o Roma, sino en Palestina. Y el tiempo referido en un futuro estallido de indignación contra Israel en la tierra prometida. Él (el rey falso) prosperará hasta que acabe la indignación. "Del Dios de sus padres no hará caso" (Daniel 11:37), ni del "favorito de las mujeres." (Daniel 11:37 - LBLA). La expresión "el favorito de las mujeres", por lo que entiendo, se refiere claramente a Cristo - Aquel a quien los Judíos estaban esperando, y cuyo nacimiento debe haber estado por sobre todas las cosas deseadas por las mujeres Judías. Es evidente, a partir de la relación, que ese es el verdadero significado. Pues está situada entre "el Dios de sus padres" (Jehová) y "ni respetará a dios alguno." (Daniel 11:37). Nada es menos probable que esta expresión hubiese sido colocada de esta forma si ella se hubiese referido meramente a las relaciones naturales. Fue, probablemente, por el deseo de aplicar esto al papa que una interpretación semejante encontró aceptación. Pero entendamos únicamente que la profecía concierne a Israel y a su tierra, y todo es claro. "Del Dios de sus padres [él] no hará caso" (Daniel 11:37), ni del "favorito de las mujeres." (Daniel 11:37 - LBLA). Cristo es distinguido del "Dios de sus padres", quizás debido a que el Hijo se iba a encarnar. Pero Cristo no es considerado en un grado mayor que el Dios de sus padres - una expresión que implica que él mismo (el "rey") es un Judío. Se trata del "Dios de sus padres." "Porque él se ensalzará sobre todos ellos. En su lugar honrará al dios de las fortalezas." (Daniel 11: 37, 38 - LBLA). No es que él continúa como Antíoco lo hizo, tratando de imponer al dios pagano Júpiter Olimpos a los Judíos; sino que él adopta una nueva superstición. Esto también refuta la referencia al rey Sirio, quien fue un Gentil. Tenemos aquí a un Judío que tomará el lugar de Cristo, y que, obviamente, no hace caso al Cristo verdadero ni a Jehová. Se trata de la auto-exaltación de un personaje que se opone al Dios verdadero, es decir, que desecha igualmente las supersticiones de los hombres y la fe del pueblo de Dios. El rasgo prominente es la auto-exaltación.

         Pero esto no es todo, El Anticristo será infiel, pero no meramente infiel. Él hará rechazar al Dios de Israel, y al Mesías. Tampoco honrará a ninguno de los dioses de los Gentiles. Pero incluso este hombre, aunque se levanta él mismo como el Dios verdadero en la tierra, tendrá, por todo aquello, alguien ante quien él se incline y hace que los demás se inclinen junto con él. El corazón humano, aun en el Anticristo, no puede prescindir de un objeto de idolatría. Así, en el versículo 38, hallamos esta aparente inconsistencia que sale a la luz en el Anticristo. "En su lugar honrará al dios de las fortalezas." (Daniel 11:38 - LBLA). Él hace un dios, del mismo modo que él mismo se establece como Dios. "Un dios a quien sus padres no conocieron; lo honrará con oro y plata, piedras preciosas y cosas de gran valor. " (Daniel 11:38 - LBLA). Es enteramente su propia invención. Más que eso. Él dividirá la tierra entre sus adherentes. "A los que le reconozcan colmará de honores, los hará gobernar sobre muchos y repartirá la tierra por un precio." (Daniel 11:38 - LBLA). Entonces, tal es el informe de Dios acerca del rey que se hallará en Palestina en los postreros días. Y es evidente que este último versículo es una prueba muy concluyente de que él está reinando en Palestina. Es en "la tierra." El Espíritu de Dios jamás habla así de cualquier otro país. Era aquella tierra que estaba más cercana a Dios - una especie de centro para todas las demás.

         Tenemos, entonces, un cambio en la historia. "Mas al tiempo del fin, arremeterá contra él el rey del Sur." (Daniel 11:40 - VM). Esto confirma lo que se dijo antes - que "el rey" es hallado "al tiempo del fin." En ese entonces "arremeterá contra él el rey del Sur; pero el rey del Norte le arrebatará como una tempestad, con carros de guerra y gente de a caballo y muchas galeras." (Daniel 11:40 - VM). El Espíritu de Dios había hablado mucho antes sobre los reyes del norte y del sur. Era importante mostrar que al tiempo del fin estos poderes tendrán sucesores, quienes arremeterán contra "el rey" en la Tierra Santa. "El rey del sur" - es decir, Egipto - y "el rey del norte" - es decir, el titular de las actuales posesiones Sirias del Sultan* - estas dos personas harán un movimiento contra "el rey." No es que ellos tienen una política común: por el contrario, ellos parecen enemigos encarnizados el uno del otro. Pero "el rey" se exalta tanto a sí mismo, arrogándose tales pretensiones en la Tierra Santa, que Dios permite que llegue la catástrofe final.   

 

{* N. del T.: Siria formó parte del Imperio Otomano, o Imperio Turco, desde el siglo 16 hasta finalizada la Primera Guerra Mundial a comienzos del siglo 20.}

 

El rey del sur llega en primer lugar, y luego el rey del norte, que parece que será el gran líder militar y naval del oriente en aquellos días. "El rey del norte se levantará contra él como una tempestad, con carros y gente de a caballo, y muchas naves; y entrará por las tierras, e inundará, y pasará. Entrará a la tierra gloriosa." (Daniel 11: 40, 41). Esta no puede ser otra tierra que la de Israel. El rey está allí. El rey norteño es una persona totalmente diferente, un antagonista del "rey", al igual que el rey del sur. El Espíritu de Dios, habiendo introducido al "rey" sin decirnos desde dónde provenía, descarta ahora aquel personaje sin decirnos qué sucedió con él. Se nos muestra su espantoso destino en otras Escrituras. Pero era importante presentarlo como un episodio en Daniel 11 con el propósito de mostrar el último gran conflicto entre los reyes del norte y del sur. Por consiguiente, Él descarta al "rey" y el resto del capítulo se ocupa del rey del norte. Él no sólo entra en la tierra gloriosa, sino que continua con conquistas en otras partes. "Muchas provincias caerán; mas éstas escaparán de su mano: Edom y Moab, y la mayoría de los hijos de Amón." (Daniel 11:41). En Isaías 11 encontramos que este es un hecho notable. Estos habitantes fronterizos vivían en las afueras de la Tierra Santa. Así que Dios ordena que si escapan del rey del norte, ellos han de ser arrasados por los triunfantes israelitas. Dios no permitirá que los primeros y encarnizados enemigos de Israel encuentren su justa retribución por la mano de nadie más que la del pueblo a quien ellos habían procurado oponerse e injuriar. Por consiguiente, al leer Isaías parecería que, muy poco después, los Israelitas ejecutan el juicio de Dios sobre ellos.

         "Extenderá su mano también contra otras tierras; y la tierra de Egipto no escapará; sino que él se apoderará de los tesoros de oro y de plata, y de todas las demás cosas apetecibles de Egipto: y los Libios y los Etíopes seguirán sus pasos." (Daniel 11: 42, 43 - VM). Aprendemos de esto que el rey del norte no está actuando como compañero con el rey del sur. Él avanza al sur, donde parecería (versículo 43) que habrá un gran desarrollo de prosperidad material, fruto de los recursos de la misma tierra, o, más probablemente, de haberse convertido en el gran emporio del comercio occidental y oriental en esa parte del mundo. "Empero noticias desde el oriente y el norte le turbarán." (Daniel 11:44 - VM). Él oye estos rumores de confusión en el norte y en el oriente cuando está abajo en el sur, más allá de Palestina. Él mismo había venido desde el norte, y era también el conquistador del oriente; y ahora, él recibe, desde aquellas partes, noticias que le agitan. Él regresa a toda prisa desde la tierra de Egipto y llega a Palestina. "Instalará sus tiendas reales entre los mares [es decir, entre el mar Mediterráneo y el Mar Muerto], y en el glorioso monte santo. Entonces llegará a su fin y no tendrá quien le ayude." (Daniel 11:45 - RVA). Este es el destino funesto del una vez victorioso rey del norte - no del "rey" que fue introducido para mostrarnos, dicho sea de paso, la ocasión de la lucha final entre el norte y el sur.

 

         Desearía preguntar ahora si acaso no hay otras Escrituras de interés para relacionarlas con lo que acabamos de estar considerando. Al final de Zacarías, encontraremos información de gran interés. Primeramente, sólo una o dos palabras acerca del final de Zacarías. "¡Ay del pastor inútil que abandona el rebaño!" (Zacarías 11:17 - LBLA). Yo entiendo claramente que este es el Anticristo - "el rey." Porque, al considerar el versículo 16 de Zacarías 11, aprendemos que este pastor inútil está en la tierra. "Pues he aquí que voy a levantar en la tierra un tal pastor: no se cuidará de las ovejas que están perdidas, ni buscará a las que andan dispersas, ni sanará a las perniquebradas, ni apacentará a las que están sanas; sino que comerá la carne de las gordas, y les machacará hasta las pesuñas." (Zacarías 11:16 - VM). Este egoísmo total, y esta auto-exaltación, y el hecho de estropear el rebaño, en lugar de alimentarlo y de llevar los corderos en su pecho, están en horrible contraste con Cristo, el Buen Pastor. De este modo, el falso pastor, el Anticristo, va a surgir en la tierra de Israel, y él no perdonará allí al rebaño de Dios.

 

Cristo sobre el Monte de los Olivos

 

         Pero en Zacarías 12 tenemos otro poder. Se dice, en el versículo 2, "He aquí, yo haré de Jerusalén una copa de vértigo para todos los pueblos de alrededor, y cuando haya asedio contra Jerusalén, también lo habrá contra Judá." (Zacarías 12:2 - LBLA). Hay naciones reuniéndose contra Jerusalén: tal como en Daniel 11, el rey del norte desciende, y el rey del sur. Las naciones se reúnen contra Jerusalén mientras este pastor inútil está allí. Jerusalén y los Judíos son los objetos del ataque. "Y sucederá que en aquel día haré que sea Jerusalem una piedra pesada a todos los pueblos: todos los que cargaren con ella serán malamente lastimados; aunque se juntaren contra ella todas las naciones de la tierra." (Zacarías 12:3 - VM). La victoria parece inclinarse del lado de los agresores de Israel. Pero ninguno puede endurecerse en ese entonces contra ellos y prosperar, porque el Señor mismo se habrá identificado con ellos en aquel día. "En aquel día golpearé con pánico todo caballo, y con locura al que cabalga en él, dice Jehovah. Tendré mis ojos abiertos sobre la casa de Judá" (Zacarías 12:4 - RVA); y luego tenemos la manera en que el Señor defenderá a Su pueblo en aquel día. Pero lo que puede hacerlo aún más claro es lo que leemos en Zacarías 14:2, "Porque yo reuniré a todas las naciones en batalla contra Jerusalén. La ciudad será tomada, las casas saqueadas y las mujeres violadas. La mitad de la ciudad irá en cautividad, pero el resto del pueblo no será eliminado de la ciudad." (Zacarías 14:2 - RVA). Tenemos aquí revelaciones adicionales que ustedes no habrían reunido al leer Zacarías 12. Aprendemos así que "la ciudad será tomada .... La mitad de la ciudad irá en cautividad"; distinguiendo, en forma evidente, este asedio futuro del pasado. Cuando los Caldeos tomaron la ciudad, ellos se llevaron cautivos a todos. Cuando los Romanos la tomaron, a todos los que perdonaron los hicieron prisioneros. Tenemos aquí otro asedio, en el cual la mitad será tomada y la otra mitad no. Y si algo puede destacar más claramente el futuro del pasado, es el hecho de que las naciones, habiendo tomado la mitad de la ciudad, no irán más adelante con su victoria. ¿Por qué? "Entonces saldrá Jehovah y combatirá contra aquellos pueblos, como combatió en el día de la batalla. En aquel día sus pies se asentarán sobre el monte de los Olivos, que está frente a Jerusalén, al lado oriental." (Zacarías 14: 3, 4 - RVA). ¿Quién puede pretender que esto se haya cumplido alguna vez? ¿Quién puede decir que el Señor ha venido y ha puesto Sus pies sobre el Monte de los Olivos de esta manera? ¿Cómo pueden ustedes reconciliar el pasado con semejante declaración como ésta? El Señor nunca ha estado sobre el suelo de Jerusalén como un conquistador desde aquel día. Entonces, ¿fue así cuando Tito la sitió? ¿Tratan ustedes de explicarlo como una liberación meramente providencial? Pero, yo pregunto, ¿Fueron ellos liberados en ese entonces? No. Ellos fueron tomados cautivos. Jerusalén, hasta el día de hoy, permanece hollada por los Gentiles, y debe seguir así hasta que el tiempo de los Gentiles se cumpla. Pero el pasaje es indicio de que el tiempo de los Gentiles está finalizando, el fin de la opresión Gentil. Cuando este día se verifique, y el Señor salga a pelear contra esas naciones, Sus pies se posarán sobre el Monte de los Olivos. Y, como una señal de que esto no debe ser alegorizado, hallamos que el Espíritu añade que el Monte de los Olivos se va a partir en dos  - una prueba física exterior de que el Señor ha posado Sus pies allí. "El monte de los Olivos se partirá por la mitad, de este a oeste, formando un valle muy grande, pues la mitad del monte se apartará hacia el norte y la otra mitad hacia el sur." (Zacarías 14:4 - RVA). "Y huiréis al valle de los montes" (Zacarías 14:5) - es decir, formará un valle entre los dos - " porque el valle de los montes llegará hasta Azal; . . . y vendrá Jehová mi Dios, y con él todos los santos." (Zacarías 14:5). Encontramos allí, nuevamente, una prueba muy clara de que hay un futuro asedio de Jerusalén, y que este asedio se caracterizará por dos ataques. El primer ataque será exitoso contra Israel: la mitad de la ciudad será tomada, y todas las miserias de un asedio terrible lo seguirán, por lo que respecta a la mitad de la ciudad; pero la otra mitad es reservada para el Señor, quien traerá la tercera parte por medio del fuego. Él mismo se pondrá a la cabeza de ellos, y aplastará todas las naciones de la tierra que vienen juntas contra Jerusalén. Así, el segundo ataque será para ruina de aquellos que lo llevan a cabo. Si nosotros conectamos esto con Daniel, ¡cuán clara es la luz adicional que obtenemos! El rey del norte desciende primeramente cuando el rey del sur está enfrentando al "rey" en la Tierra Santa. Un asalto simultáneo se lleva a cabo sobre Israel, para destruir al pueblo en la tierra, pueblo que ¡lamentablemente! lo merece. Pero en medio del mal habrá una simiente piadosa. Dios empleará a estos agresores para hacer la obra del verdugo. El impío será llevado; y, cuando Dios haya limpiado a los que han quedado, vendrá otra escena. El rey del norte, habiendo tenido éxito en su primer ataque, prosigue su camino hacia Egipto, contra el rey del sur. Él llega allí, pero noticias del norte y del oriente lo turban, y él regresa a su propia destrucción.

         En el entretanto, podemos preguntar, ¿qué ha sucedido con "el rey? ¿Ha sido destruido en la colisión entre los reyes del norte y del sur, que ha tenido lugar en la tierra? ¡No! Entonces, ¿qué ha sido de él? ¿Cómo se produce su caída? "Con el resplandor (la manifestación) de Su venida" desde el cielo. (2 Tesalonicenses 2:8 - NBLH). Él está reservado para la mano del propio Dios. Él será echado en el lago de fuego y azufre. "Para el rey también está preparado [Tofet]" (Isaías 30:33 - VM). Tenemos así al Antiguo Testamento y al Nuevo dándonos un testimonio en común. Él no perecerá mediante ningún funesto final de índole común de un hombre arruinado. Es Dios apartándose de todas Sus comunes maneras de obrar al tratar con el impío. Hombres han sido tomados, de tiempo en tiempo, en la gracia de Dios sin pasar por la muerte; y hay otros para quienes está destinado por Dios que sean enviados vivos al infierno - el contraste terrible de aquellos que están vivos cuando Cristo venga, esperando ser tomados al cielo. Así será con aquel inicuo, el pastor inútil - "el rey" - y no solamente con él. El rey del norte es aún un enemigo atrevido. "El rey" se ha establecido en la tierra, corrompiendo y haciendo apostatar al pueblo de Israel. Él se ha encontrado con su destino funesto. Si solamente la menor palabra del juicio que había sido ejecutado en la tierra hubiera alcanzado al rey del norte, nosotros podemos entender de qué manera el estaría turbado. Yo no pretendo decir que esa es la causa de su apresurado regreso a Palestina, o si es porque las diez tribus estaban en movimiento. No se nos dice. Pero él llega nuevamente a la Tierra Santa; y, esta vez, es para caer bajo la inmediata mano de Dios - no con la espada de un hombre poderoso, ni con la espada de un hombre malvado. No el hombre, sino Dios, ejecutará la venganza sobre él. Encontramos aquí la razón por la cual hubo dos ataques. Después de su primer asalto sobre Jerusalén, él había descendido al sur, y había hecho allí ciertas conquistas. Excitado por las noticias a las que hicimos referencia, él regresa a toda prisa, esperando ahora que todo le salga según sus planes. "Entonces saldrá Jehová, y peleará contra aquellas naciones, como cuando peleó en el día de la batalla." (Zacarías 14:3 - VM).

         Pero yo debo pedirles que consideren también, antes de finalizar, algunos otros pasajes. Tomen Isaías 28 y 29, donde encontrarán abundante confirmación de todo lo que yo he mencionado brevemente en esta escena final. En Isaías 28 ustedes observarán que hay dos grandes poderes de maldad relacionados con la tierra de aquel día - uno es "el rey", quien está en relación con el pueblo, y en la tierra; el otro es el rey del norte, quien desciende como un poder antagónico.* Encontraremos a ambos en este capítulo. En primer lugar, Efraín es mencionado, y el Señor pronuncia ayes sobre "los ebrios de Efraín, y de la flor marchita de su gloriosa hermosura, . . . He aquí que uno, fuerte y poderoso, de parte del Señor, como tormenta de granizo, tempestad destructora, como tormenta de violentas aguas desbordadas, los ha lanzado a tierra con su mano." (Isaías 28: 1, 2 - LBLA). Tienen ustedes allí, como yo lo entiendo, la invasión de los Asirios como la espantosa tempestad desde el norte, que se desencadenaría sobre Efraín, cuyos habitantes vivían en las afueras del país. Pero, ¿cuál fue el destino de Jerusalén, la capital? "Por cuanto habéis dicho: Hemos hecho pacto con la muerte, y con el infierno tenemos hecho convenio." (Isaías 28:15 - VM). Tenemos allí, evidentemente, lo que está relacionado con "el rey" que estará en Jerusalén, y que formará pacto con "la bestia", el gran poder imperial de aquel día, a quien Satanás le habrá dado su trono. Hay una armonía plena entre lo que tenemos en Isaías y Apocalipsis y Daniel. "Hemos hecho pacto con la muerte, y con el infierno tenemos hecho convenio; cuando pasare el azote, cual torrente, no nos alcanzará." (Isaías 28:15 - VM). Pongan atención a eso. "El azote, cual torrente" (o, torrente arrollador), es el rey del norte, el poder exterior que está descendiendo sobre ellos. Ellos, los de Jerusalén, han hecho un pacto con la muerte y con el infierno (es decir, con instrumentos de Satanás) en aquel día: y ellos tienen la esperanza de escapar del rey del norte mediante esto. Ya he demostrado que "la bestia", el gran poder del occidente, estará en relación con "el rey" en Jerusalén - que las partes occidentales será la gran sede de la bestia - que él mandará en toda la Europa que perteneció, verdaderamente, al Imperio Romano. Cuando aquel imperio se reorganice, él será el instrumento principal que utilizará su poder. "El rey" habrá hecho un pacto con él; o, como se dice en Daniel 9, él, es decir el príncipe Romano, hará un pacto con la mayoría de los Judíos. Al final, ambos se hallan en Jerusalén, peleando contra el Señor y Sus santos viniendo desde el cielo. Ellos encontrarán su supuesta fortaleza en este pacto, pero no se mantendrá. "El azote, cual torrente" (los Asirios) arrasa, y la mitad de la ciudad de Jerusalén es tomada. ¡Cuán maravillosamente la Escritura se corresponde! Luego, en Isaías 28:16, entra la referencia al Señor colocando una piedra angular en Sión, la cual es, evidentemente, una palabra para el remanente fiel de aquel día, no obstante lo verdadero que es para nosotros que creemos ahora.

 

            {* El Sr. Elliot (en la obra Horae Apoc., 5ª. Edición, vo. 4, pg. 735, nota 4) hace que esto sea una ¡parte esencial! de la teoría futurista que enseña que el Anticristo, durante parte de los últimos tres años y medio, estará ocupado asediando Jerusalén desde afuera. Es suficientemente claro que algunos escritores, antiguos y modernos, han caído en este tremendo error; pero la afirmación del Sr. Elliot es totalmente infundada. La verdad es (y el Sr. Elliot debería saberlo muy bien) que muchísimos autores, tanto históricos como futuristas, han sido culpables de confundir "el rey" con "el rey del norte", al final de Daniel 11 y en otro lugar, pero es falso que el error sea más esencial para el futurismo que para la escuela Protestante. Ahora bien, unos pocos, aparte de mí mismo, han visto y han evitado esta confusión antes de que el libro del Sr. Elliot fuera escrito.}

 

Desolación Final de la Ciudad

 

         Isaías 29 es la última porción a la que deseo referirme. Tenemos allí la desolación final de la ciudad. "!Ay de Ariel, de Ariel, ciudad donde habitó David! . . . Mas yo pondré a Ariel en apretura, y será desconsolada y triste; y será a mí como Ariel. Porque acamparé contra ti alrededor, y te sitiaré con campamentos, y levantaré contra ti baluartes." (Isaías 29: 1-3). Este es el asedio del cual se habla en Zacarías. "Entonces serás humillada, hablarás desde la tierra", etc. (Isaías 29:4). Esa es la condición de ellos cuando sean desolados. Pero pongan atención, en el versículo 5: "La muchedumbre de tus enemigos será como polvo menudo,.... De parte de Jehovah de los Ejércitos serás castigada con truenos, con terremotos,.... la multitud de todas las naciones que combaten contra Ariel.... y los que la acosan serán como un sueño y una visión nocturna." (Isaías 29: 5-7, RVA). El Señor ha salido y ha luchado contra aquellas naciones como cuando Él luchó en el día de la batalla. Así se nos trae suficiente evidencia de varias partes de la Palabra de Dios, que están de acuerdo con la muy interesante porción de Daniel que está ahora ante nosotros, y que arrojan luz sobre ella. Todas coinciden en demostrar muy claramente que hay un futuro terrible para los Judíos apóstatas y sus asociados occidentales; y uno no menos terrible para sus adversarios orientales confederados. El convenio con el infierno no se mantendrá. Cuando los grandes poderes del mundo habrán arrasado, aparentemente, con todo delante de ellos, y se hayan reunido para la última gran batalla ante Jerusalén, Dios tomará esa oportunidad para tratar con ellos después de Su largo período de paciencia. Será la escena final. Ellos pensarán que la monarquía universal (o, gobierno universal) va a estar en sus manos; pero será el día cuando Dios los llamará a juicio. Yo hablo aquí de un juicio de naciones y de reyes - no de los muertos ante el gran trono blanco. (Apocalipsis 20: 11-15).

 

La Regeneración del mundo

 

         Dios está a punto de tratar con la tierra - con los hombres en medio de todos sus planes. La regeneración del mundo será el gran día cuando el Señor, habiendo extirpado de Israel a los transgresores, y utilizado al propio "rey", y los juicios que cayeron sobre él, para separar los verdaderos de Judá de los inicuos, hará que se toque la hora para el ajuste de cuentas con las naciones. Me parece que esta es la declaración sencilla, directa, de la verdad de Dios que tenemos aquí. No debemos suponer que se trata meramente de un asunto de un único gran poder. Habrá diferentes principios obrando. Y es algo atroz pensar que estas tierras donde vivimos actualmente, donde nosotros disfrutamos semejantes privilegios, van a ser cubiertas con la oscuridad más profunda. El pacto con la muerte y el infierno existirá debido a una alianza hecha con el altamente civilizado mundo occidental. ¡Qué cosa humillante para la soberbia del hombre! La civilización, en días pasados, no guardó a las mentes más poderosas de la degradante idolatría e inmundicia. ¡Cuán lamentable! nosotros tendremos una escena aún peor al final. La Cristiandad terminará en una idolatría restaurada, en nuevos falsos dioses, en el propio hombre adorado como Dios. Tal, yo creo, es el futuro predicho de este siglo (o, edad). Pero el amor puede guardar el corazón del peligro de enredarse igualmente con todo lo que conduce a dicho futuro - Cristo mismo. Que nosotros podamos ocuparnos de Él, sin edificar sobre fundamentos de hombres, no teniendo la esperanza de ellos, sin confiar en el progreso, ¡o incluso en la así llamada religión! Si Cristo es mi objeto en todo, la seguridad se encuentra allí, y en ninguna otra parte.

 

William Kelly

 

Traducido del Inglés por: B.R.C.O. - Octubre 2008.-

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Título original en Inglés:
THE GREAT PROPHECIES OF DANIEL, A Series of Lectures on The Prophecies and Principles of the Book of Daniel, by William Kelly
Publicado en Inglés por:
Pickering & Inglis, London, England