VIDA CRISTIANA (1953 a 1960)


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ACERCA DEL ARREBATAMIENTO DE LOS SANTOS (Henri Rossier)

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Todas las citas bíblicas se encierran entre comillas dobles ("") y  han sido tomadas de la Versión Reina-Valera Revisada en 1960 (RVR60) excepto en los lugares en que, además de las comillas dobles (""), se indican otras versiones, tales como:

 

VM = Versión Moderna, traducción de 1893 de H.B.Pratt, Revisión 1929 (Publicada por Ediciones Bíblicas - 1166 PERROY, Suiza)

 

ACERCA DEL ARREBATAMIENTO DE LOS SANTOS

 

 

         Amado hermano:

 

         Deseo contestar en la presente carta la pregunta que usted me ha hecho acerca de las tres expresiones que hallamos en 1 Tesalonicenses 4:16: "porque el Señor mismo descenderá del cielo con mandato soberano, con la voz del arcángel y con trompeta de Dios, y los muertos en Cristo se levantarán primero" (1 Tesalonicenses 4:16 - VM), siendo estas tres expresiones las siguientes: el "mandato soberano" (o "voz de mando"), la "voz del ar­cángel" y la "trompeta de Dios". Para comprender su verdadero al­cance, hace falta compararlos con la expresión "a la final (o última) trompeta" conforme leemos en 1 Corintios 15:52.

 

         Aunque dichos pasajes no tienen un sentido completamente idén­tico, no obstante, concuerdan en cuanto a su forma, pues ambos aluden a usos militares.

 

         1 Corintios 15:52, se refiere a la organización vigente en los campamentos romanos. Cuando se tenía que levantar el campo, las trompetas sonaban tres veces: al oír la primera señal, plegaban las tiendas de campaña; a la segunda, los soldados se equipaban para marchar; a la tercera, o sea la "final (o última) trompeta", salían del campo iniciando la marcha. Es sólo a esta última señal que alude este ver­sículo, pues insiste en el hecho de que el arrebatamiento de los santos resucitados, o transformados, se hará "en un abrir y cerrar de ojos."

 

         1 Tesalonicenses 4:16, presenta el mismo acontecimiento también bajo un símil militar, pero con un carácter más elevado, más completo, y mucho menos repentino: el Señor mismo desciende del cielo para arrebatar a los suyos en las nubes, a su encuentro. La partida de los santos no nos es presentada como efectuándose en un momento, en un abrir y cerrar de ojos; la escena podemos considerarla - por decirlo así - en tres tiempos o etapas:

1.- El mandato soberano (o voz de mando) es dado por el mismo Jefe supremo. Él sólo (Jesucristo) tiene autoridad para hacerlo, indicando el preciso momento de la reunión, o toque de asamblea.

2.- Luego, el arcángel (cuya posición en la jerarquía militar es su­bordinada, pero inmediata a la del Jefe supremo) levanta la voz para transmitir esta orden o mandamiento. Al oír esas dos llamadas, los soldados esparcidos se reúnen.

3.- Finalmente, resuena la trompeta y, a su sonido, tiene lugar la marcha definitiva.

 

         Esta escena de 1 Tesalonicenses 4, tiene preferentemente un aspecto ju­daico, pero ante todo, es de carácter completamente celestial. La voz de mando del Señor viene de arriba, y - por decirlo así - desciende del cielo con Él. La voz del arcángel es la del jefe de las huestes an­gélicas en el cielo. El arcángel ocupa un lugar de destacada impor­tancia en la historia del pueblo de Dios (véase Daniel 10: 13, 21; Daniel 12:1; Judas, 9; Apocalipsis 12:7), y su presencia y actividad en esta escena no debe sorprendernos, pues sus huestes angelicales obran para transportar a los santos.

 

         En efecto, el medio de transporte lo constituyen las nubes, cuya palabra significa - o es sinónima -, a menudo, de «ejército de los ángeles» (véase por ejemplo: Mateo 16:27; Mateo 24: 30, 31; Mateo 25:31; Mar­cos 8:38; Marcos 13: 26-27; Lucas, 9: 26; Apocalipsis 1:7). Destaquemos, finalmente, que la trompeta es la trompeta de Dios. Esto nos recuerda, en cierto modo, las trompetas de plata que servían para reunir la congregación de Israel, para hacer levantar el campamento, y tam­bién para que el pueblo viniera en memoria delante de Jehová su Dios (Números 10: 1-10). Pero recuerda más bien el "sonido de bocina" que llamó al pueblo, para "recibir a Dios", al monte Sinaí (Éxodo 19: 16-19), como igualmente llama a los santos, que van a "recibir al Señor" en el aire.

 

         No obstante, son escenas muy distintas una de otra. En la prime­ra (Éxodo 19), todo el pueblo temblaba en gran manera, pues iba a encontrar a Dios como Juez. La segunda es una escena de intensa alegría: habiendo sido reconciliados con Dios por Su gracia, los redimidos, vamos al encuentro del Señor que obró nuestra redención y nos acercó a Sí mismo.

 

         En el preciso momento en que resuena la trompeta de Dios, los santos resucitados y los santos transformados, somos arrebatados en las nubes (1), al encuentro del Señor, en el aire, para estar siem­pre con Él.

 

(1) La nube tiene otro sentido también: es el lugar en el cual mora la gloría, donde ella se oculta, y desde donde puede manifestarse. La expresión "en las nubes" parece indicar que tan gloriosa escena no tendrá testigos sobre la tie­rra (véase también Hechos 1:9). Mientras que cuando el Señor venga con las nubes, todo ojo le verá (Apocalipsis 1:7).

 

         Vemos, pues, que la escena de 1 Tesalonicenses 4, tiene un origen y un carácter divinos. Es en su posición de Hijo de Dios que el Señor obra la primera resurrección.

 

Henri Rossier

 

Revista "VIDA CRISTIANA", Año 1955, No. 17.-

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