VIDA CRISTIANA (1953 a 1960)


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SOLDADOS DE JESUCRISTO

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Todas las citas bíblicas se encierran entre comillas dobles ("") y  han sido tomadas de la Versión Reina-Valera Revisada en 1960 (RVR60) excepto en los lugares en que, además de las comillas dobles (""), se indican otras versiones, tales como:

 

VM = Versión Moderna, traducción de 1893 de H.B.Pratt, Revisión 1929 (Publicada por Ediciones Bíblicas - 1166 PERROY, Suiza)

SOLDADOS DE JESUCRISTO

  

 

         Con la ayuda del Señor, procuremos exponer en breve una idea de lo que es un soldado en las lides espirituales.

 

         «Soldado» es uno que, en la milicia, no discute, sino obedece. Para el cometido que se le asigna (sea para el ataque o la defensa) está dota­do de las armas idóneas en cada caso. Esta es la milicia de este siglo, la idea que tenemos de ella, y de las armas de los soldados de este siglo (Siglo 20). Aun recordamos cómo los hombres fueron lanzados unos contra otros a des­truirse. Vivimos en una época de amargas experiencias bélicas. El hombre intenta imponerse, pero siempre es a costa de su prójimo. Lucha, violen­cia, odio, muerte, es el resultado y la secuela de esta clase y estado de cosas. Se habla de paz y se amasa la guerra. Todos se arman - para des­trucción, pero... "las armas de nuestra milicia no son carnales" (2 Corintios 10:4), y nues­tra filiación no corresponde tampoco a la milicia de este siglo; pues "Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado." (2 Timoteo 2:4). Nuestras ordenanzas tampoco son las que dictan "el presente siglo malo" (Gálatas 1:4), sino "toda palabra que sale de la boca de Dios." (Mateo 4:4), y si somos, amados hermanos, exhortados de esta manera: "tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes." (Efesios 6:13), Efesios capítulo 6 nos en­seña cual es esta armadura. Es la apropiada para pelear "la buena batalla" (2 Timoteo 4:7). No seamos engañados y llevados a usar otras armas, pues "el que lucha como atleta, no es coronado si no lucha legítimamente." (2 Timoteo 2:5).

 

         En 2 Timoteo capítulo 4 leemos acerca de un soldado de Jesucristo (¡y, qué soldado!) mostrando el gozo de una lucha finalizada y la victoria conseguida: "he acabado la carrera, he guardado la fe", y el galardón de esta victo­ria, "Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día." Mas no es el único atributo o pri­vilegio personal del amado Apóstol: "y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida." (2 Timoteo 4: 7, 8).

         Lleno de días ("Pablo, ya anciano" Filemón 1:9), en prisión, con la perspectiva de su próximo martirio: "Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano." (2 Timoteo 4:6). ¡He aquí como habla y siente este valiente y fiel soldado de Jesucristo! "Y aunque sea derramado en libación sobre el sacrificio y servicio de vuestra fe, me gozo y regocijo con todos vosotros." (Filipenses 2:17). Magnífico modelo que el Espíritu Santo nos muestra: "Un hombre en Cristo" (2 Corintios 12:2) que jamás se enredó "en los negocios de la vida." (2 Timoteo 2:4). Se en­tregó al Señor y con la visión de aquella gloria que de Él vio, se exten­día "a lo que está delante." (Filipenses 3:13). ¡Maravillosa expresión!

 

         David nos ofrece otro singular modelo como soldado. Hombre joven, de insignificante apariencia para esta clase de lides, el enemigo "le tuvo en poco; porque era muchacho, y rubio, y de hermoso parecer." (1 Samuel 17:42). Son con instrumentos como estos que Dios muestra su poder. Creyentes vacíos de sí mis­mos ("seré despreciable a mis propios ojos" (2 Samuel 6:22 - VM), he aquí sus palabras), llenos del Espíritu Santo (como Esteban), desechando la confianza en sus pro­pios recursos y echando a un lado la tentadora armadura del esfuerzo y la mente humana. Testificando: "nunca lo practiqué" y entregando todo su ser, abandonándose a su Dios en segura confianza. "Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado. . ." (1 Samuel 17: 39, 45 y 36). ¡Qué son los gigantes delante de la fe! En cambio, nosotros salimos huyendo mu­chas veces ante pigmeos. La confianza en sí mismo, ¡cuán amargos fra­casos cosecha!... Aprendamos, meditemos, leamos las enseñanzas que las Escrituras nos dan, referente a los "valientes" de David (2 Samuel 23:8; 1 Crónicas 11:10), y a los setenta que "rodean la litera de Salomón." (Cantares 3:7).

 

         Toda nuestra confianza pongámosla en Dios, sin reserva alguna. Todo triunfo o victoria para la gloria de Dios. Nuestro lema es: luchar y vencer todo para la gloria de Dios; no olvidando nunca que "no tenemos lucha contra sangre y carne" (Efesios 6:12); así, de esas "cinco piedras lisas del arroyo" (1 Samuel 17:40), una sola basta para decidir la lucha contra Goliat (el enemigo operando dentro del país). Una piedra lisa del arroyo es una cosa que ha sido sometida a una fuerza de pulimento; el agua es el agente que con su conti­nuo obrar sobre la piedra, va limando sus aristas, eliminando sus aspere­zas (figura de la voluntad y carácter del viejo hombre), transformándo­la de su estado primitivo y dejándola en condiciones de utilidad para ser lanzada eficazmente por la "honda." Una piedra irregular en su forma no sirve para lograr un tiro tan certero como el de David. (Pensaba que siendo el agua figura de la Palabra, la piedra lisa fuese un creyente trabajado por aquella y usado por el verdadero David para un trance difícil como aquel por el cual pasaba en ese entonces Israel: lucha contra el poder del enemigo entablando la batalla dentro del país.)

 

         Así nos anime el Señor, y que nosotros nos esforcemos y escuchemos su voz. Así también, él que escribe—joven en años y en el Señor— invita en humildad a los amados hermanos, y en especial a los jóvenes, a que juntos "andemos por esta misma regla." (Filipenses 3:16 - VM), considerando la riqueza instructiva que encierran epístolas cómo las dirigidas a Timoteo (que lo son para nosotros también) para que sepamos como debemos portarnos "en la casa de Dios (la cual es la iglesia del Dios vivo) columna y apoyo de la verdad." (1 Timoteo 3:15 - VM), y para que sepamos "que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos" (2 Timoteo 3:1), de los cuales es necesario guardarse persistiendo en lo que hemos apren­dido, persuadidos, sabiendo de quien hemos aprendido (2 Timoteo 3:14), realizando así el ser unos fieles soldados de Jesucristo.

 

         Que el Señor nos conceda en su gracia el que retengamos lo que tenemos para que nadie tome nuestra corona (Apocalipsis 3:11). "Al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y potencia, ahora y por todos los siglos. Amén." (Judas 25).

 

G. B. C.

 

Revista "VIDA CRISTIANA", Año 1953, No.3.-

 

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