VIDA CRISTIANA (1953 a 1960)


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LA RECTITUD (M. K.)

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Todas las citas bíblicas se encierran entre comillas dobles ("") y  han sido tomadas de la Versión Reina-Valera Revisada en 1960 (RVR60) excepto en los lugares en que, además de las comillas dobles (""), se indican otras versiones, tales como:

 

BTX = Biblia Textual, © 1999 por Sociedad Bíblica Iberoamericana, Inc.

LBLA = La Biblia de las Américas, Copyright 1986, 1995, 1997 by The Lockman Foundation, Usada con permiso

VM = Versión Moderna, traducción de 1893 de H.B.Pratt, Revisión 1929 (Publicada por Ediciones Bíblicas - 1166 PERROY, Suiza)

LA RECTITUD

 

 

         A David le llamó Dios: "un hombre conforme a su corazón" (1 Samuel 13:14; Hechos 13:22). ¿Cómo ha de ser el hombre para que Dios pueda decir de él que es según Su corazón? "Él te ha dicho, oh hombre, lo que es bueno; ¿y qué es lo que Jehová pide de ti, sino hacer justicia, y amar la misericordia, y andar humildemente con tu Dios?" (Miqueas 6:8 - VM). La rectitud, la bondad y la humil­dad siempre han de caracterizar al hombre según el corazón de Dios.

 

         La Palabra de Dios hace especial énfasis sobre la rectitud de David. Es recordada repetidas veces en la historia de los reyes de Israel y de Judá, bien sea diciendo - en el caso de Abiam - que anduvo en todos los pecados de su padre y su corazón no fue per­fecto para con Jehová su Dios, como el de David, su padre (1 Reyes 15:3), bien sea para testificar de Amasías: "Y él hizo lo recto ante los ojos de Jehová, aunque no como David su padre" (2 Reyes 14:3), bien sea, por fin, para distinguir a todos cuantos le imitaron: Asa (1 Reyes 15:11), Ezequías (2 Reyes 18:3); Josías (2 Reyes 22:2).

 

         Dios le toma como dechado para Salomón: "si andas delante de mí como anduvo tu padre David, en integridad de corazón y en rectitud" (1 Reyes 9:4 - LBLA). David, compenetrado de la bondad de Dios, la proclama, la exalta, la celebra en los Salmos, por doquier; la ama y se aplica a ejercerla él mismo hacia personas tan indig­nas como Mefi-boset. "¿No ha quedado nadie de la casa de Saúl, a quien haga yo misericordia de Dios?" (2 Samuel 9:3). A la rectitud y a la bondad unía la humildad; se pone delante del Eterno y exclama: "¿Quién soy yo, oh Señor, Jehová, y cuál es mi casa, para que me hayas elevado hasta tal punto?" (2 Samuel 7:18 - VM). "Pues ¿quién soy yo, y quién mi pueblo, para que seamos capaces de ofrecerte espontáneamente nuestras dádivas de esta manera?" (1 Crónicas 29:14 - VM). Y añade: "Yo sé, Dios mío, que tú escudriñas los corazones, y que la rectitud te agrada" (1 Crónicas 29:17). "¡He aquí, tú quieres la verdad en lo íntimo…!" (Salmo 51:6 - VM). "La senda del justo es recta; Tú, ¡oh Recto! allanas la senda del justo." (Isaías 26:7 - BTX).

 

         La rectitud. Es la verdad en nuestros hechos, en nuestras pa­labras, en nuestros pensamientos, en nuestras relaciones con Dios y con los hombres: excluye la hipocresía, la mentira, el engaño, la astucia y la lisonja.

 

         Hipócrita. Es un corazón que no se juzga a sí mismo, que se considera mejor de lo que es, que esconde sus malos pensamientos, atribuyéndose virtudes que no tiene, que limpia, como dice el mis­mo Señor, lo exterior del vaso y del plato mientras permanece man­chado el interior.

 

         La mentira. "Los labios mentirosos son abominación a Jehová." (Proverbios 12:22). "Aparta de mí el camino de la mentira." (Salmo 119:29). "Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo." (Efesios 4:25). "Estas son las cosas que habéis de hacer: Hablad verdad cada cual con su prójimo; juzgad según la verdad." (Zacarías 8:16). "No mintáis los unos a los otros, ya que os habéis desvestido del viejo hombre con sus prácticas." (Colosenses 3:9 - BTX).

 

         No olvidemos que el Diablo es "padre de mentiras"; él es men­tiroso (Juan 8:44). Es por la astucia y por medio de la mentira como pudo arrastrar al hombre al pecado. "Engañoso es el corazón más que todas las cosas y es desesperadamente malo." (Jeremías 17:9 - VM). Si, por una parte, Dios nos revela en Su palabra lo que es el corazón del hombre y, por otra, cuánto Él aprecia la rectitud, y cuánto asimismo abomina la hipocresía y la mentira, es para que estemos ejercitados en todo, incluso en las menores cosas, para po­der vigilar sobre la pureza de nuestra marcha y de nuestras intenciones, porque Dios escudriña nuestro corazón y Su palabra discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.

 

         ¡Cuán pronto estamos inclinados, tratándose de nuestros propio intereses o de una pequeña ventaja que podamos sacar de ella, a no decir toda la verdad o a modificarla o hasta disimularla!

 

         En lo que se refiere a las relaciones de familia, es de suma importancia que no usen los padres de disimulo entre sí y jamás engañen a los niños, sea usando de amenazas que no se piensan llevar a cabo, sea para evitarse molestias o bien para vivir más cómoda­mente. En el mundo de los negocios la falta de rectitud ¿acaso no es moneda corriente? ¿Y puede estar a gusto nuestra conciencia cuan­do imitamos al mundo? Por el contrario, cuán tranquila está al realizarse todo en plena luz.

 

         Es en el mismo capítulo 26 de Isaías donde hallamos reunidas estas tres verdades: "Guardarás en perfecta paz al alma que se apoya en ti, por lo mismo que en ti confía." (Isaías 26:3 - VM) y "el camino del justo es rectitud" (Isaías 26:7). En las relaciones con nuestros hermanos en la fe, la rectitud ¿no ha de llevarnos a abrir­les nuestro corazón, de manera que podamos tener con ellos una plena libertad y una comunión completa en amor, sin que perma­nezca algo que pudiera dividirnos, o que pudiera pesar sobre nuestros co­razones?

 

         Y delante de Dios que nos escudriña, que nos conoce y que nos ama, un corazón recto querrá siempre averiguar Su pensamiento en todas las cosas, en obediencia, juzgándose así con una concien­cia delicada y confesándole todas nuestras faltas.

 

         Israel engañaba al Eterno ofreciéndole en sacrificio reses y ga­nado cojo. "Maldito el que engaña, el que teniendo machos en su rebaño, promete, y sacrifica a Jehová lo dañado." (Malaquías 1:14).

 

         Ananías y Safira, mintiendo a los apóstoles, no sólo mintieron a los hombres, sino a Dios.

"Todo camino del hombre es recto en su propia opinión; pero Jehová pesa los corazones. Hacer justicia y juicio es a Jehová más agradable que sacrificio." (Proverbios 21: 2, 3).

 

         No mintamos ni a los hombres ni a Dios, sigamos el camino del Justo que es: la rectitud en el amor y en la humildad, el ca­mino de Cristo que es la verdad.

 

         "Con toda diligencia guarda tu corazón, porque de él brotan los manantiales de la vida." (Proverbios 4:23 - LBLA).

 

M. K.

 

Revista "VIDA CRISTIANA", Año 1956, No. 22.-

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