VIDA CRISTIANA (1953 a 1960)


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Fe y circunstancias

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Todas las citas bíblicas se encierran entre comillas dobles ("") y  han sido tomadas de la Versión Reina-Valera Revisada en 1960 (RVR60) excepto en los lugares en que, además de las comillas dobles (""), se indican otras versiones, tales como:

 

RVA = Versión Reina-Valera 1909 Actualizada en 1989 (Publicada por Editorial Mundo Hispano; conocida también como Santa Biblia "Vida Abundante")

RVR1909 = Versión Reina-Valera Revisión 1909 (con permiso de Trinitarian Bible Society, London, England)

Fe y circunstancias

 

            Las líneas que siguen tienen por objeto contestar la pregunta siguiente, hecha por un creyente:

 

         "La Palabra nos exhorta a andar por la fe. Deseo seguir tal o cual ca­mino, persuadido de que el Señor me llama en él, y me dará fuerzas para ir adelante. Pero se me dice: Espere usted que las circunstancias estén dirigidas de tal manera que quede bien establecido que es verdaderamente el camino que usted debe seguir. Entonces, ya no comprendo. ¿Han de conducirme las circunstancias o la vida de la fe? Desearía aclaraciones".

 

         Un creyente que vive junto al Señor, caminando en su temor, gozando de su comunión de un modo usual, tendrá el discernimiento de Su voluntad: "¿Qué hombre es el que teme a Jehovah? El le enseñará el camino que ha de escoger.  . . El secreto de Jehovah es para los que le temen" (Salmo 25: 12-14, RVA; véase Prov. 28:5). Vivirá de fe, teniendo a Cristo como único objeto. Irá adelante sin temor, siéndole claro el camino y no necesitando circunstancias para dirigirle.

 

         ¿Caminamos nosotros siempre de ese modo? ¡Ay de nosotros! Tenemos que humillarnos de nuestra poca inteligencia espiritual, de nuestra falta de dis­cernimiento. El Señor nos dice como se lo había dicho a David: "Te haré en­tender, y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos..." (Salmo 32:8). Pero, ¿no es nuestro oído muy poco dado a oír la instrucción, la enseñanza y el consejo? Nuestras circunstancias son entonces uno de los medios que Dios emplea para dirigirnos. Sigamos leyendo el Salmo: "No seáis como el caballo, o como el mulo, sin entendimiento: con cabestro y con freno su boca ha de ser reprimida" (Salmo 32:9 - RVR1909). Las circunstancias son, algunas veces, para nosotros, como la rienda y el freno le son para el caballo y el mulo: pueden servir para dirigirnos cuando no tenemos la inteligencia nece­saria para "ver" el camino.

 

         Tomemos el ejemplo de un servidor de Dios obligado a ir, en el mismo instante, a dos localidades diferentes. Si vive cerca del Señor, ve su camino claro delante de sí; si no, no sabrá qué hacer y esperará que el Señor disponga las circunstancias para conducirle ahí donde desea que vaya. ¡Qué cuidado hay que tener, entonces, de no "forzar" las circunstancias! Nos llevaría a ha­cer nuestra propia voluntad, pensando cumplir la de Dios.

 

         Hay entonces que esperar, muy a menudo, a que Dios nos dé una direc­ción muy clara —por medio de las circunstancias o por cualquier otro medio que El encuentre apropiado— porque no vivimos bastante en la comunión del Señor. No deberíamos tener necesidad de las circunstancias para dirigirnos. Pero, ¿quién puede decir que no nos sean necesarias, en muchos casos, para ver el camino?

 

         Puede parecemos, algunas veces, que tomamos un camino que sea según Dios y en él que Le podamos servir. Hay dificultades, pero nos parecen permi­tidas para ejercitar nuestra fe; ¿no nos equivocamos algunas veces? Dios puede entonces actuar, por medio de las circunstancias para pararnos y para conducirnos en el camino que El eligió.

 

         El ejemplo del apóstol Pablo, en el capítulo 16 del Libro de los Hechos ilustra este pensamiento:

 

1.-   La puerta de Asia le está cerrada:

 

         "Les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la Palabra en Asia" (versículo 6).

 

         El fin que perseguía Pablo era, según Dios: anunciar la Palabra. Pero, no era en Asia que Dios quería emplearle en ese momento.

 

2.-   La puerta de Bithynia le estaba igualmente cerrada:

 

         "Intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu no se lo permitió.". (Versículo 7.)

 

         Pablo hubiese podido decir: Me siento llamado a ir a Bi­thynia. Y sin duda alguna, ése fue su pensamiento. Pero Dios le detiene.

 

3.-   Fue entonces cuando oyó la voz de Dios: "Pasa a Macedonia" (Véase Hechos 16: 9-12).

 

         Puede ser también que sea Satanás que obre por medio de las circunstan­cias. Así lo hizo en la vida del apóstol, para impedirle que vaya allá donde la obra de Dios le llamaba:

 

         "Por lo cual quisimos ir a vosotros, yo Pablo ciertamente una y otra vez; pero Satanás nos estorbó."  (1 Tes. 2:18).

 

         Pero, en el fondo, era Dios que dirigía las circunstancias. E1 enemigo hizo también ahí "una falsa" (Prov. 11:18). Dios lo había permitido — pues Satanás obra con un creyente solamente por voluntad de Dios — que Pablo fuese imposibilitado para ir a Tesalónica, de modo que escribió a esta asamblea una carta inspirada que nos fue conservada, y que sirvió para la instrucción y edificación de generaciones de creyentes.

 

Paul Fuzier

 

Revista "VIDA CRISTIANA", Año 1953. No.1.-

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