VIDA CRISTIANA (1953 a 1960)


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NUEVO NACIMIENTO, REGENERACIÓN, RECONCILIACIÓN, SUSTITUCIÓN

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Todas las citas bíblicas se encierran entre comillas dobles ("") y  han sido tomadas de la Versión Reina-Valera Revisada en 1960 (RVR60) excepto en los lugares en que, además de las comillas dobles (""), se indican otras versiones, tales como:

 

VM = Versión Moderna, traducción de 1893 de H. B. Pratt, Revisión 1929 (Publicada por Ediciones Bíblicas - 1166 PERROY, Suiza)

 

NUEVO NACIMIENTO, REGENERACIÓN,

RECONCILIACIÓN, SUSTITUCIÓN

 

 

NUEVO NACIMIENTO

 

El nuevo nacimiento no es el mejoramiento del hombre, o la san­tificación de su vieja naturaleza, sino que es hacer caso omiso de la antigua vida con todos sus movimientos, sus obras, sus tendencias, y la comunicación de una vida o naturaleza totalmente nueva. Esta vida nueva, divinamente comunicada, es tan real y verdadera en el alma del creyente como lo es ahora en Cristo: "cosa (la vida eterna) que es verdadera en El y en vosotros" (1 Juan 2:8 - VM). Somos nacidos de nuevo, nacidos de agua y del Espíritu; es decir, de la Palabra de Dios y del Espíritu de Dios.

 

El agua mencionada en Juan 3:5 no debe confundirse, con el bautismo - importante en su lugar - pero que no se menciona una sola vez en relación con la recepción de la vida eterna. Los siguien­tes pasajes de la Escritura bastan para demostrar que el agua sim­boliza la Palabra de Dios en su poder para engendrar la vida, para purificar y para santificar: 1 Pedro 1:23; Efesios 5: 25-27; Juan 15:3.

 

Por la recepción, en la fe, de la Palabra de Dios, en el poder del Espíritu, se comunica una vida actual, real y eterna. La medida y el carácter de esta vida es Cristo: Cristo, nuestra vida. Es la condición subjetiva, mientras que la regeneración - con la cual se confunde a menudo y sin razón - es una condición objetiva. El nuevo naci­miento es tan distinto y positivo como la vida recibida de Adán. Nosotros, los creyentes, tenemos ambos, más nuestro privilegio y nuestra responsabilidad es de negar la vida del primer hombre y an­dar en el poder del segundo, que es nuestra vida en cuanto a su fuente, su medida, su carácter, su bendición, y que también nos ha vivificado, siendo el agente el Espíritu Santo que plantó la semilla incorruptible de la Palabra en nuestras almas.

 

 

REGENERACIÓN

 

         Este vocablo tan sólo aparece dos veces en el Nuevo Testamento. En Mateo 19:28 se aplica al nuevo estado de cosas comúnmente llamado el Milenio. En Tito 3:5 se una para el nuevo lugar del creyente sobre la tierra, cuya expresión tenemos en el bautismo. Casi universalmente se considera la regeneración como el equivalente del nuevo nacimiento, mas no es así en la Escritura. La regeneración es un estado o una condición objetiva, mientras que el nuevo nacimiento es la expresión de un estado interior y subjetivo. El "lavamiento de la regeneración" (Tito 3:5) puede ser visto por el ojo del hombre, por cuanto es un cambio exterior; la renovación del Espíritu Santo no puede ser vista más que por Dios, por cuanto es una condición interior.

 

 

RECONCILIACIÓN

 

Es el resultado de la obra de la cruz aplicado a las personas y a las cosas, llevándolas nuevamente a Dios. Los creyentes son ya reconciliados (2 Corintios 5:18), y todas las cosas que están en los cielos y sobre la tierra serán reconciliadas. Esta reconciliación de personas y de cosas es presentada como siendo el fruto de la expiación en Levítico 16. De ningún modo justifica la Escritura el pensamiento de muchos según el cual Dios debe ser o está reconciliado. Dios no se alejó del hombre y, por consiguiente, no precisa ser reconciliado. Decir que la muerte de Jesús ha inclinado el corazón de Dios hacía el hombre, es negar la verdad de esta magnífica declaración de Juan 3:16: "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna." Amó, por lo cual Él dio; no dio para amar. La re­conciliación del hombre con Dios es el precioso carácter del minis­terio actual de Dios hacia el mundo (2 Corintios 5: 18-20).

 

Conviene distinguir entre la reconciliación de las personas y la de las cosas; la primera es una bendición presente, la segunda es la bendición milenial. "Todas las cosas" serán reconciliadas con Dios, pero no todas las 'personas'. (Colosenses 1: 20-21). La sujeción universal a Cristo de los seres celestiales, terrenales e infernales (Filipenses 2:10) es ciertamente más amplia en su contenido y en su alcance que la reconciliación de todas las cosas en el cielo y sobre la tierra. El pasaje de Colosenses enseña la reconciliación futura de las cosas que hay en el cielo y sobre la tierra; mientras que el de Filipenses muestra la sujeción futura de seres celestiales, terrenales e infernales a Cristo.

 

 

SUSTITUCIÓN

 

En ningún sitio dice la Escritura que Cristo ha llevado los peca­dos del mundo. Que Él haya muerto por nuestros pecados, y que El haya llevado nuestros pecados, son verdades que pertenecen a los creyentes (1 Corintios 15:3; 1 Pedro 2:24). Pero decir que Cristo ha llevado los pecados del mundo entero implica necesariamente el monstruoso pensamiento de una salvación universal por Cristo. La sustitución es el acto de llevar actualmente los pecados de todos los que creen; esto es enseñado en Isaías 53:6; 1 Pedro 2:24, etc. Los pecados, iniquidades y transgresiones del pueblo (Israel), confesados sobre la cabeza del macho cabrío Azazel, y este animal así cargado y despedido para que no vuelva nunca más, ilustran de modo muy hermoso la verdad de la sustitución (Levítico 16: 21-22); esta obra de la sustitución será aplicada a Israel cuando regrese Cristo del lugar san­tísimo donde se encuentra ahora por nosotros. Entonces Israel volverá a emplear el lenguaje de su profeta favorito - Isaías - y dirá: "Jehová cargó sobre él la iniquidad de todos nosotros" (Isaías 53:6 - VM). Nosotros, creyentes en el Señor Jesucristo, podemos decir ahora que nuestros pecados han sido llevados por Él sobre el madero, y que ya no se hará mención de ellos, y esto bajo el seguro testimonio del Espíritu Santo (Hebreos 10:17).

 

Traducido de "Le Messager Evangélique".

 

Revista "VIDA CRISTIANA", Año 1959, No. 40.-

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