VIDA CRISTIANA (1961 a 1969)


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EL DOMINGO

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EL DOMINGO

 

 

Todas las citas bíblicas se encierran entre comillas dobles ("") y  han sido tomadas de la Versión Reina-Valera Revisada en 1960 (RVR60) excepto en los lugares en que, además de las comillas dobles (""), se indican otras versiones, tales como:

 

BTX = Biblia Textual, © 1999 por Sociedad Bíblica Iberoamericana, Inc.

RVR1865 = Versión Reina-Valera Revisión 1865 (Publicada por: Local Church Bible Publishers, P.O. Box 26024,  Lansing,

SPTE = Versión de la Septuaginta en Español (del Pbro. Guillermo Jünemann Beckchaefer)

TA = Biblia Torres Amat

 

 

El mundo cristianizado, en general, así como un gran nú­mero de verdaderos cristianos, consideran el domingo como si fuera el sábado (reposo). Se aplica al primer día de la se­mana los pasajes de la Escritura que se relacionan con el sép­timo, y partiendo de este punto de vista erróneo, se trabaja para introducir la santificación del día de reposo. Y si vemos que hay creyentes, que aún en domingo se ocupan del trabajo, como cualquier otro día de la semana, el escándalo que pro­vocan a los que los ven, está en relación con la idea que tienen del sábado y no con la del domingo.

 

Por otra parte, verdaderos cristianos también, esclarecidos por la Palabra, han reconocido que el domingo no es el sá­bado, que no es un día impuesto, v que el creyente no está bajo la ley. Pero pueden ser fácilmente conducidos – si no han examinado cuidadosamente la enseñanza de la Escritura en relación con este tema – a considerar el domingo como cualquier otro día de la semana, lo que viene a ser igualmen­te un grave error.

 

Si es, pues, importante para el creyente el comprender, se­gún la Palabra, que el domingo no es el sábado (judío), no está de más saber, partiendo de la misma autoridad, lo que el domingo es en sí mismo.

 

¿Qué es pues el domingo? Es el día del Señor, o mejor dicho, el día dominical (Apocalipsis 1:10 – BTX; SPTE; RVR1865; Apocalipsis 1:9 - TA). La expresión en el original difiere de la que es empleada para designar el día del Señor, es decir, el período de tiempo cuando Él ejercerá el juicio sobre el mundo (2ª. Pedro 3:10; 1ª. Tesalonicenses 5:2). Es interesante observar que la palabra castellana 'domingo' es una derivación de la expresión latina 'dominicus dies', que significa "día del Señor", asimismo en francés 'dimanche', por consiguiente, el mismo sentido; mien­tras que en otras lenguas, tales como el alemán y el inglés, el día primero de la semana es llamado 'día del sol' (Sonntag, Sunday).

 

¿Pero de dónde viene que este día sea "el día del Señor"? Es, porque en los designios de Dios, ha sido escogido para ser el día de la resurrección del Señor Jesús. Este grande hecho cumplido en ese día es lo que lo ha consagrado, como siendo especialmente su día.

 

Es bien notable, en efecto, que en ese año en que el Señor entregó Su vida, la fiesta de la Pascua, que, entre los judíos, no tenía lugar el mismo día de la semana todos los años, tocó esta vez la víspera del sábado. Los judíos, contra­riamente a lo que hubiesen deseado (Mateo 26: 3-5), se vieron obligados a conducir al Señor al suplicio, el mismo día de la fiesta de la Pascua, que fue un viernes. Y es así que Cristo, el Cordero de Dios, nuestra Pascua, fue sacrificada en ese día, dando con ello cumplimiento a la figura del Antiguo Testa­mento. Pero para los judíos este hecho suscitaba escrúpulos religiosos. Habían conducido a Jesús de casa de Caifás al pretorio ante el gobernador romano; mas no quisieron entrar por no contaminarse, a fin de poder comer la Pascua (Juan 18:28). Y la tarde del viernes (el sábado empezaba a las seis de la tarde), pidieron que se quebrasen las piernas a los crucificados a fin de que sus cuerpos no quedasen sobre las cruces el día del sábado, día que esta vez era de gran solemnidad, porque coincidía con la fiesta de la Pascua (Juan 19:31).

 

La voluntad de Dios fue, pues, que Jesús resucitase el primer día de la se­mana, y no el segundo, ni cualquiera de los siguientes, y me­nos aún el séptimo. ¡Cuán solemne para los judíos que el Señor pasara el día de sábado en la tumba, siendo también el signo de la alianza de Jehová con el pueblo! (Éxodo 31: 13-17; Ezequiel 20:12, etc.).

 

Hallamos pues así, que el sábado es el cierre y el fin de un período. En cuanto a las fiestas judías, hallamos períodos de siete días, siete semanas, siete meses, siete años, siete semanas de años (Nota del Editor: El autor quiere decir que el sábado era el séptimo día; la fiesta de las primicias, la séptima semana después de la Pascua; la fiesta de los Tabernáculos, el séptimo mes; y con el séptimo año, un año de reposo; y el jubileo al final de siete veces siete años). En la mente de Dios, esto prefiguraba para Su pueblo el gran sábado milenario del porvenir, glorio­so broche de todas las sendas de Dios en relación con Israel, y precediendo el fin de la existencia de la actual tierra.

 

Si el sábado es el cierre de un período, el primer día de la semana necesariamente es el principio o la apertura de otro. Ahora bien, la resurrección del Señor Jesús, el primer día de la semana, ha sido la inauguración de la era eterna. La vida eterna, para nosotros, hijos de Dios, tiene su punto de partida en la resurrección del Señor Jesús. Para nosotros esto es la abolición de la muerte.

 

Es bien notable el hecho de hallar, en las fiestas judías, indicios de esta apertura del nuevo orden de cosas de que hablamos. La gavilla de las primicias de la siega, debía ser mecida de­lante de Jehová al día siguiente del sábado, es decir, el primer día de la semana (Levítico 23:11).

 

Siete semanas más tarde la ofrenda de los dos panes de dos décimas de flor de harina, se hacía al siguiente día del séptimo sábado; lo cual se trata aún del primer día de la semana. (Levítico 23: 15-21). A continuación la fiesta de los tabernáculos, que cerraba la serie de fiestas anuales, con una dura­ción de siete días, tenía un octavo día, que parecía anunciar la apertura de un período indefinido. Los términos en los cua­les queda instituido son notables: "el octavo día tendréis santa convocación, y ofreceréis ofrenda encendida a Jehová; es fiesta, ningún trabajo de siervos haréis." (Levítico 23:36); vemos también que en Juan 7:37, este día es llamado el "gran día de la fiesta." Todo esto nos dice y nos habla de la importancia que tiene a los ojos do Dios la resurrección del Señor Jesús, inaugurando un nuevo estado de cosas, y vemos también que el día escogido entre los siete de la semana, para ser el día de la resurrección, debía coincidir, en cuanto a su rango, con el grande y divino pensamiento del principio de una nueva era.

 

Siete días antes de la resurrección del Señor Jesús, el pri­mer día de la semana, no tenía otra cosa de particular sino que era el primero y eso en contraste con los otros seis y así había sido siempre desde la creación. Pero el día en que el Señor salió de la tumba, ha sido consagrado en su calidad del primero entre los siete, como siendo el primer Domingo, el día del Señor.

 

A partir de este día, cada uno de los primeros días de la semana, cincuenta y dos por año, tiene para el creyente este carácter de día consagrado por la resurrección del Señor, como siendo Su día.

 

Tenemos algunos testimonios de este hecho en los escritos del Nuevo Testamento. Fue la tarde del primer día de la se­mana, que el Señor resucitado apareció en medio de los dis­cípulos reunidos. Sancionaba por Su presencia lo que tenía en Su pensamiento tocante a la reunión de los suyos en ese día. Ocho días después, el Señor, se halla de nuevo entre sus discípulos. Había dejado pasar toda la semana sin ver a To­más, esperando que éste se hallara, el segundo domingo, con los discípulos reunidos (Juan 20: 19-29).

 

Este día es precisamente el que escogieron, con conoci­miento de causa, los discípulos que vivían en países gentiles, para reunirse con el fin expreso de partir el pan (Hechos 20:7). Solamente los cristianos se reunían en ese día. Los judíos se reunían en sus sinagogas el sábado y los paganos tenían sus fiestas respectivas en días convenidos. Pero el Domingo, día del Señor, solo concernía a los cristianos.

 

Pablo y sus compañeros aprovecharon el sábado para anunciar a Cristo en las sinagogas de los judíos. Aprovecha­ban las ocasiones de predicar a los paganos en las plazas pú­blicas y por doquier, fuese el día que fuese. Pero el domingo, el apóstol, no hubiera ido a evangelizar ni a judíos ni a gen­tiles en la hora en que los cristianos estaban reunidos para partir el pan. Su lugar estaba entre ellos y por lo tanto estaba allí. El objeto de la reunión de Hechos 20:7 no consistía en aprovechar la presencia del apóstol en ese día. Había pasado siete días en Troas; uno de estos días era el Domingo y es él quien en ese día se reúne con ellos.

 

Su presencia entre ellos alteró más bien, según parece, el curso ordinario de la reunión, y retardó el momento del par­timiento del pan, porque había muchas cosas por decir a los hermanos, debiendo partir al día siguiente, muy de mañana y pensando no volverlos a ver más (Hechos 20:25).

 

El mismo apóstol, escribiendo a los Corintios, referente a una colecta general en favor de los santos, les prescribe, como ya había hecho también en las asambleas de Galacia, de poner aparte, los domingos, cada uno en su casa, lo que por la bon­dad de Dios pudiere (1ª. Corintios 16:2). Esto prueba que este día, estando reconocido como el día del Señor, se tenía el tiem­po necesario para considerar cómo las cosas habían ido duran­te la semana terminada, y en lugar de continuar ese día con­sagrándose a los asuntos temporales, se ocupaban apacible­mente de los del Señor, porque era Su día.

 

En fin, tampoco es sin importancia el considerar que el Señor ha escogido un domingo para dar a Juan el Apocalip­sis, la revelación de Jesucristo. Es posible que el apóstol ama­do, exiliado y aislado en Patmos, estuviera en este día, en comunión de espíritu con los santos que él sabía se reunían para partir el pan donde quiera el Evangelio había sido anunciado y creído. Pero esto fue la ocasión para darnos el nombre escritural de este primer día de la semana, a saber: el día del Señor, o día de domingo (Apocalipsis 1:10 – BTX; SPTE; RVR1865; Apocalipsis 1:9 - TA).

 

Observemos aún, que el apóstol Pablo, escribiendo a los Corintios en relación con la Cena, la nombra Cena dominical (versiones Darby y francesa), lo cual distingue la Cena del Señor de toda otra comida. Asimismo, el nombre 'Domingo', distingue el primer día de los otros seis.

 

Todas estas consideraciones Escriturales muestran suficientemente que el día Domingo se impone al corazón y a la conciencia del cristiano, de una manera mucho más pre­ciosa y más poderosa que si fuera un día cuya observancia fuese impuesta obligatoriamente por una ley. Un día puesto aparte como privilegio es más precioso que un sábado impues­to. El corazón adherido al Señor está gozoso de reconocerle Su día. Es Su día y no el nuestro. Por lo tanto, no podemos disponer de él a nuestro gusto: debe ser según el deseo del Señor. Deberíamos estar contentos y reconocidos de emplearlo en Su servicio.

 

Es por lo que, para el corazón que ha comprendido la vo­luntad de Dios en relación con este día, abstenerse de traba­jar, de vender y de comprar, de viajar por placer, etc.; como el hecho de ausentarse de las reuniones – a no ser que sea por causa de fuerza mayor –, todo esto viene a ser una obli­gación más positiva que si hubiesen cien textos formales para establecerla. Es un principio malo, cuando un cristiano dice: Mostradme un pasaje de la Escritura que prohíba al creyente trabajar en domingo, vender o comprar, viajar por placer, etc.". Se le podría responder: Amado hermano, su corazón no está adherido al Señor e ignora el alcance de la resurrección del Señor Jesús, así como la importancia que Dios ha dado al hecho de que ésta resurrección ha tenido lugar el primer día de la semana y no otro, y que por lo tanto, éste día, ha sido consagrado como siendo el día del Señor.

 

 

Revista "VIDA CRISTIANA", Año 1963, No. 62.-

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