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LOS TÍTULOS DEL SEÑOR EN LOS EVANGELIOS (W. J. Lowe)

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LOS TÍTULOS DEL SEÑOR EN LOS EVANGELIOS

 

 

Todas las citas bíblicas se encierran entre comillas dobles ("") y  han sido tomadas de la Versión Reina-Valera Revisada en 1960 (RVR60) excepto en los lugares en que, además de las comillas dobles (""), se indican otras versiones, tales como:

 

VM = Versión Moderna, traducción de 1893 de H. B. Pratt, Revisión 1929 (Publicada por Ediciones Bíblicas - 1166 PERROY, Suiza)

 

 

En el presente artículo nos proponemos dar algunas indicaciones sobre el carácter del Evangelio de Mateo, comparado con los otros tres, considerando el uso de los cuatro títulos del Señor Jesús: Hijo de Abraham, Hijo de David, Hijo del Hombre e Hijo de Dios.

El nombre de "Hijo de Abraham" no está aplicado a Jesús más que por Mateo solo; los de "Hijo de David" e "Hijo del Hombre" se hallan más a menudo en Mateo que en los demás evangelios; en fin, si se exceptúa el Evangelio de Juan que presenta la 'Palabra (que es Dios) hecha carne', es en Mateo donde Jesús es llamado con más frecuencia "Hijo de Dios". En resumen, pues, los cuatro nombres de Jesús, que se hallan en relación con Su "Reino", se encuentran en Mateo más frecuen­temente que en otra parte.

La repetición más frecuente de estos nombres en Mateo, al comparársele con los otros evangelios, no es la única cosa que hace sobresalir su objetivo particular. Aunque el fondo distintivo de un evangelio se halla sobre todo marcado por los pasajes que no tienen paralelo en los otros, también veremos que el modo como son empleados estos vocablos (algunas veces incluso en pasajes paralelos), difieren según el carácter de los evangelios.

Observando los lugares donde se encuentran los nombres de Abraham, de David, etc., no haremos más que indicar, sin detenernos en ello, los pasajes paralelos que no presentan diferencia pronunciada.

 

1. El título: "Hijo de Abraham", aplicado al Señor­ Jesucristo, no se encuentra más que en Mateo 1:1. La genealo­gía de Jesús, en Mateo, está trazada desde Abraham, tronco de elección y depositario de las promesas de bendición para la tierra, mientras que Lucas la hace remontar por Abraham, Noé y Adán, hasta Dios.

Vemos, de este modo, que en el Evangelio de Lucas, la relación con Abraham está considerada como el derecho moral que los fieles podían hacer valer para tener parte en las bendiciones, las cuales aguardaban de parte de Dios.

Es en este sentido que María y Zacarías, en sus cánticos de alabanza, introducen el nombre de su "padre" Abraham, la primera recordando las promesas de Dios; el segundo, Su juramento. Y es en este sentido, también, que el Señor mismo da razón por dos veces de Sus actos de bondad soberana y de condescendencia, diciendo que los objetos de Su gracia eran 'hijos de Abraham' (Lucas 13:16; 19:9), y que, en la parábola del hombre rico, Él presenta a Lázaro en el seno de Abraham como estando en el goce de las bendiciones prometidas. No existe dificultad para comprender que Lucas considera la descendencia de Abraham como un privilegio individual, refiriéndose a la aplicación de las promesas a aquellos de los hijos de Israel que recibían a Jesús; el gran golpe de vista de las dispensaciones de Dios no se halla de ningún modo en él.

En Marcos, el nombre de Abraham no se encuentra más que una sola vez en la cita que el Señor hace de Éxodo 3:6 (Marcos 12:26), y que igualmente se halla en Mateo 22:32, y Lucas 20:37.

La advertencia de Juan Bautista a las gentes que iban a su bautismo se encuentra en el Evangelio de Mateo lo mismo que en el de Lucas. Esta era una enérgica llamada a la con­ciencia de los que decían que se arrepentían (Mateo 3:9; Lucas 3:8). El Señor Jesús dio una respuesta parecida a los Judíos que apelaban a Su descendencia de Abraham, en el único pasaje del Evangelio de Juan en donde se encuentra el nombre de este patriarca (Juan 8: 33-58).

Pero, por lo que concierne al nombre de Abraham, no se ve en parte alguna más claramente la diferencia admirable del carácter de los evangelios que en la comparación de los pasajes paralelos, Mateo 8:11, y Lucas 13:28. Comparémoslos:

 

Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe. Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos; mas los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.

(Mateo 8: 10-12)

Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros estéis excluidos. Porque vendrán del oriente y del occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. Y he aquí, hay postreros que serán primeros, y primeros que serán postreros.

(Lucas 13: 28-30)

        

Lucas presenta siempre el lado individual y moral - lo que hace llamamiento al corazón y a la conciencia de los que escuchan el evangelio. El pasaje citado forma parte de la res­puesta de Jesús a la pregunta de los discípulos: "Señor, ¿son pocos los que se salvan?" (Lucas 13:23). Jesús declara que habrá algunos ve­nidos de todos los términos de la tierra, que no teniendo ningún derecho a la bendición, serán, por pura gracia, introducidos en el puesto aún más excelente. 'Los postreros serán los primeros.' Pero los que tienen parte en la bendición son 'aque­llos que se arrepienten' (Lucas 13: 3, 5). Los "obradores de iniquidad" serán echados fuera (Lucas 13: 27, 28 - VM).

En Mateo, se halla otra cosa distinta. En este evangelio, la ocasión de las palabras de Jesús es la curación del siervo del centurión romano. Los Judíos y los Gentiles se hallan pues­tos en contraste; y Jesús habla de los consejos de Dios, el cual quería hacer entrar Gentiles de Oriente y de Occidente en el reino de los cielos, con exclusión aún de muchos de aquellos que, según la carne, podían engalanarse con el título de hijos de Abraham, y, por consiguiente, del de "hijos del reino". El punto de vista es enteramente dispensacional.

El carácter distintivo del Evangelio de Mateo se pone aún más en evidencia, considerando los otros tres nombres de Jesús.

 

2. La expresión: "Hijo de David" o igualmente otras equivalentes - "su padre David" (Lucas 1: 32), o el "linaje de David" (Juan 7:42) -, es usada con referencia a nuestro Señor Jesucristo, así: en Mateo: 9 veces; en Marcos, 3 veces; en Lucas, 4 veces, y una vez en Juan.

De estos nueve pasajes de Mateo, tres tienen sus paralelos en Marcos y Lucas, a saber: el clamor de los ciegos en el cami­no de Jericó (Mateo 20: 30, 31), y la pregunta que hace Jesús a los fariseos, citándoles el Salmo 110; solamente que, según la ma­nera característica de la cual se sirve Mateo para relatar el incidente, se ve en su evangelio solo que el Señor obliga a los mismos fariseos a confesar que el Cristo es "hijo de David" (Mateo 22:43).

El cuarto pasaje de Lucas es el que hemos citado más arri­ba: el ángel Gabriel es quien, anunciando a la Virgen el naci­miento de Jesús, añade: "Y el Señor Dios le dará el trono de David su padre." (Lucas 1:32).

En la parte del Evangelio de Mateo que corresponde a esto, es José el que es llamado "hijo de David" (Mateo 1:20); es él, no María, quien está en escena, y las comunicaciones divinas allí son hechas a él solo, según la regla habitual de las Escrituras y de la ley mosaica, de hacer seguir las genealogías por los descendientes varones. Mateo sigue el orden Judío; Lucas trata de los hechos morales.

Para el asunto que nos ocupa, es de máxima impor­tancia notar que se hallan todavía seis pasajes en Mateo donde Jesús es llamado "hijo de David" mientras que en los pasajes correspondientes en los otros evangelios, cuando existen, esta expresión falta totalmente. Estos seis pasajes son:

Mateo 1:1    -  El título de Señor Jesús en relación con Su genealogía.

Mateo 9:27  -  El clamor de los dos ciegos; este incidente no está referido en los otros evangelios.

Mateo 12:23 - La confesión de todas las gentes luego de haber curado un ciego mudo.

Mateo 15:22 - La petición de la mujer cananea.

Mateo 21: 9, 15 - La exclamación de gozo de las gentes en el camino, y de los niños en el templo luego que Jesús entra en Jerusalén como rey de Sión, montado sobre un pollino (Zacarías 9:9). Este último pasaje es tanto más notable cuanto, en Mateo solo, las alabanzas son atribuidas, y esto por dos veces, al Hijo de David. En Marcos 11:10, se dice: "¡Bendito sea el reino que viene, el reino de nuestro padre David!" (Marcos 11:10 - VM), pero en Mateo, es el Hijo de David quien está puesto en evidencia. Bue­no será observar, además, que Mateo y Juan citan la profecía de Zacarías, que recuerda el Salmo 2, donde los dos títulos de "hijo" y de "rey" están unidos de una manera tan notable: "Pero yo he puesto mi rey sobre Sion, mi santo monte. Yo publicaré el decreto; Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú; Yo te engendré hoy." (Salmo 2: 6, 7).

 

3. Jesús se llama a si mismo "Hijo del Hombre", en Mateo 31 veces; en Marcos 14 veces; en Lucas 25 veces, y en Juan 12 veces.

Todos los pasajes de Marcos y casi todos los de Lucas tienen sus paralelos en Mateo. Los que solamente se hallan en Lucas (capítulos 6:22; 12:8; 17:22; 18:8; 21:36; 22:48) tienen todos un alcance moral; mientras que los que son únicos en Mateo tienen todos una significación dispensacional, es de­cir que se refieren al cumplimiento de las profecías o al desen­volvimiento de los consejos de Dios. Estos son ocho en número, a saber: Mateo 10:23; 13: 37, 41; 16: 13, 28; 19:28; 24:30; 25:31. (La mención de la expresión "Hijo del Hombre" en Mateo 25:13 en algunas versiones de la Biblia es espuria, falsa. No aparece en los mejores manuscritos).

 

Mateo 10:23: El Señor dice que los discípulos, predican­do el evangelio del Reino, no habrán acabado de recorrer las ciudades de Israel antes que el Hijo del Hombre venga.

Mateo 13: 37, 41: El Hijo del Hombre es el que siembra "la buena semilla", y quien envía más tarde sus ángeles para recoger de Su Reino a todos los que sirven de tropiezo.

Mateo 16: 13, 28: El Señor se da el nombre de Hijo del Hombre en el momento que quiere ejercitar los corazones de Sus discípulos tocante a la gloria de Su persona como "Hijo del Dios viviente", y respecto a la parte que quería darles con El en la gloria de Su reino.

Mateo 24:30: Anuncia el Señor que inmediatamente después de la gran tribulación, "aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo."

Los otros dos pasajes son Mateo 19:28, y 25:31. Aquí y en el capítulo 16:28, hallamos dos expresiones que no se encuen­tran en ninguna otra parte más que en Mateo: el "Hijo del Hombre viniendo en su reino" (Mateo 16:28); y 'el Hijo del Hombre sentado sobre el trono de su gloria' (Mateo 19:28, y 25:31). En Lucas, esta gloria es remitida por el Señor a los que Él une a Sí mismo en gracia: "Yo, pues, os asigno un reino, como mi Padre me lo asignó a mí, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis en tronos juzgando a las doce tribus de Israel." (Lucas 22: 29, 30; compárese también con Lucas 22: 32, 37, y por fin la respuesta del Señor al pobre moribundo en Lucas 23: 42, 43).

Hemos observado ya algo parecido al tratar del uso del nombre de Abraham en los evangelios.

 

4. "Hijo de Dios". Lo que el Espíritu Santo tenía en vista en el Evangelio de Juan, se halla explicado en el capí­tulo 20:31, donde dice: "Pero éstas (señales) se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre." Así, no es sorpren­dente que, en este evangelio, Jesús constantemente sea llama­do "Hijo de Dios". De los otros tres evangelios, siempre es el de Mateo en el que abunda más esta expresión. En Mateo se encuentra 9 veces; en Marcos, 5 veces (comprendiendo en estas Marcos 14:61), y en Lucas, 4 veces.

A excepción del título general del Evangelio de Marcos (Marcos 1:1), y de la anunciación del ángel Gabriel a María (Lucas 1:35), todos estos pasajes de Marcos y Lucas tienen sus paralelos en Mateo. No obstante, es preciso notar que la con­fesión que hacen los demonios de la divinidad de Jesús no se halla más que una vez en Mateo (Mateo 8:29), mientras que está repetida en Marcos y en Lucas (Marcos 3:11; 5:7; Lu­cas 4:41; 8:28). En recompensa, la confesión de los que estaban en la nave cuando Jesús apacigua el viento y las ondas: "Verdaderamente eres Hijo de Dios", se halla única­mente en Mateo (cap. 14:33).

Cuando Jesús comparece en juicio delante del Sanedrín; cuando está sobre la cruz, y cuando entrega Su espíritu, es Mateo quien apoya particularmente el hecho de que Él era Hijo de Dios. Este evangelista nos hace ver por cuatro veces este testimonio rendido al Señor, de buena o de mala gana. Marcos no lo menciona más que dos veces en su narración de estas solemnes escenas; Lucas y Juan una sola vez. Es esto un hecho muy importante en cuanto a lo que distingue especialmente el Evangelio de Mateo.

Queda todavía un pasaje, el más importante de todos, para el asunto que nos ocupa - aquel en que Jesús habla por pri­mera vez del misterio de la Iglesia (Mateo 16: 13 al 18). El pa­saje tiene bien su paralelo en los evangelios de Marcos y Lucas, pero todo lo que se refiere a la Iglesia y al Reino es omitido en estos. Lo que es del más alto interés, es que el Es­píritu Santo ha reunido en este solo y mismo pasaje de Mateo, los dos nombres de Jesús: "Hijo del Hombre" e "Hijo de Dios" (Mateo 16: 13 y 16).

 

Hemos advertido ya la manera en que Lucas hace ver que la dicha y la gloria de la posición exaltada del Salvador resu­citado son extendidas sobre los que creen en Él. ¡Gracia inefa­ble! La relación de "hijo de Dios" no se diferencia. En Lucas 20:36, esta expresión es aplicada por Jesús mismo a los cre­yentes: "Son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrec­ción."* ¿No se descubre en esto las 'palabras de gracia' que saliendo de la boca del Señor, llenaron de asombro Sus oyentes en la sinagoga de Nazaret? ¿No se ve en eso al mismo Salva­dor que derrama Su corazón lleno de amor llamando a Zaqueo y a la pobre enferma, hijo e hija de Abraham? ¡Cuán ilimitada es la gracia de Dios; Jesús vino como el Hijo de Dios, no para bendecir solamente los hijos de Abraham, y, por medio de éstos, toda la tierra, sino también para dar a conocer su relación con el Padre, de tal suerte que "a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios" (Juan 1:12)! Después, por Su muerte, Él junta (congrega) en uno los hijos de Dios que estaban dispersos (Juan 11:52), y Dios envía al corazón de Sus hijos, el Espíritu de su Hijo clamando: "¡Abba, Padre!" (Gálatas 4:6).

 

[*] Es digno de notar que, en los evangelios, las palabras "unigénito" y "único" (siendo la misma palabra en Griego, monogenes) no se encuentran más que en Lucas y en Juan. En Juan, es siempre aplicada al Señor mismo (Juan 1: 14, 18; Juan  3: 16, 18). En Lucas es aplicada a los objetos de Su gracia, haciendo ver la tierna intimidad de la relación que la muerte rompía y que Satanás ultrajaba por su potencia de maldad. La expresión se halla en Lucas tres veces: en primer lugar se trata de un hijo (Lucas 7:12), y de una hija (Lucas 8:42), arrebatados a sus padres por la muerte, luego de un hijo po­seído de un espíritu inmundo (Lucas 9: 38).

 

Esperamos que este rápido vistazo a los evan­gelios, habrá puesto de manifiesto el singular carácter que tiene entre estos el Evangelio de Mateo, y el por qué no se halla más que allí lo que se refiere a las dispensaciones de Dios, y, por consiguiente, al "Reino de los cielos", palabra que usa solamente Mateo.

 

William Joseph Lowe

 

Revista "VIDA CRISTIANA", Año 1962, No. 56.-

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