Sinopsis de los Libros de la Biblia (John N. Darby)

MATEO 1 - 14

ÍNDICE SINOPSIS N.T.
INTRODUCCIÓN AL NUEVO TESTAMENTO
MATEO 1 - 14
MATEO 15 - 28
MARCOS
LUCAS 1 - 8
LUCAS 9 - 24
JUAN 1 - 12
JUAN 13 - 21
HECHOS
LAS EPÍSTOLAS: INTRODUCCIÓN
ROMANOS
1 CORINTIOS
2 CORINTIOS
GÁLATAS
EFESIOS
2 TESALONICENSES
TITO
APOCALIPSIS

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Todas las citas bíblicas se encierran entre comillas dobles ("") y estas han sido tomadas de la Versión Reina-Valera Revisada en 1960 (RVR60) excepto en los lugares en que, además de las comillas dobles (""), se indican otras versiones, tales como:

 

LBLA (La Biblia de las Américas, Copyright 1986, 1995, 1997 by The Lockman Foundation, Usada con permiso)

Nuevo Testamento Interlineal Griego-Español por Francisco Lacueva (Editorial Clie)

RVA (Versión Reina-Valera Revisión 1909)

RVR77 (Versión Reina-Valera Revisión 1977, Editorial Clie)

Versión Reina-Valera 1909 Actualizada (Publicada por Editorial Mundo Hispano).

Versión Moderna, traducción de 1893 de H.B.Pratt, Revisión 1929 (Publicada por Ediciones Bíblicas - 1166 PERROY, Suiza)

 

MATEO

 

El carácter y el ámbito distintivos del Evangelio de Mateo

 

Consideremos ahora el Evangelio según Mateo. Este Evangelio nos presenta a Cristo bajo el carácter de Hijo de David y de Abraham, es decir, en relación con las promesas hechas a Israel, pero le presenta además como Emanuel, Jehová el Salvador, porque tal era el Cristo. Es Él quien, si hubiese sido recibido, habría cumplido las promesas - y lo hará en un futuro - a favor de este amado pueblo. Este Evangelio es, de hecho, la historia de Su rechazo por el pueblo y, consecuentemente, la de la condenación del pueblo mismo, hasta donde alcanzaba su responsabilidad - puesto que los designios de Dios no pueden fallar - y la sustitución por aquello que Dios iba a introducir de acuerdo a Su propósito.

En proporción a cómo se desarrolla el carácter del Rey y del reino, y cómo suscita la atención de los guías del pueblo, ellos se le oponen, y se privan a ellos mismos, así como al pueblo que los sigue, de todas las bendiciones relacionadas con la presencia del Mesías. El Señor les declara las consecuencias de ello, y muestra a Sus discípulos la posición del reino que se establecerá en la tierra después de Su rechazo, y también las glorias que resultarían para Él y para Su pueblo junto a Él. Y en Su persona, y en lo que se refiere a Su obra, la fundación de la asamblea es también revelada - la iglesia como erigida por Él mismo. En una palabra, como resultado de Su rechazo por Israel, primero se revela el reino tal como existe ahora (cap. 13), luego la iglesia (cap. 16), y luego el reino en la gloria (cap. 17).

Finalmente, después de Su resurrección, una nueva comisión dirigida a todas las naciones es dada a los apóstoles enviados por Jesús resucitado [1].

 

[1] Esta comisión fue entregada a partir de la resurrección en Galilea; no desde el cielo o la gloria, esa fue [entregada a Pablo] cerca de Damasco.

 

 

Capítulo 1

 

La genealogía legal del Señor desde David y Abraham;

su objetivo

 

Siendo el objetivo del Espíritu de Dios, en este Evangelio, presentar a Jehová cumpliendo las promesas hechas a Israel, y las profecías que se refieren al Mesías (y nadie puede dejar de sentirse impactado por el número de referencias a su cumplimiento), Él comienza con la genealogía del Señor, empezando desde David y Abraham, los dos linajes de los que brotó la genealogía mesiánica, y a los cuales habían sido hechas las promesas. La genealogía se divide en tres períodos conforme a tres grandes divisiones de la historia del pueblo: desde Abraham al establecimiento de la realeza en la persona de David, desde el establecimiento de la realeza hasta la cautividad, y desde la cautividad hasta Jesús.

Podemos observar que el Espíritu Santo menciona, en esta genealogía, los graves pecados cometidos por las personas cuyos nombres se dan, magnificando la soberana gracia de Dios que pudo dar un Salvador en relación con pecados tales como los de Judá, con una pobre moabita introducida en Su pueblo, y con crímenes como los de David.

Es la genealogía legal la que se da aquí, es decir, la genealogía de José, de quien Cristo era el heredero legítimo según la ley Judía. El evangelista ha omitido tres reyes del linaje de Acab, para tener catorce generaciones en cada período. También se omite a Joacaz y a Joacim. No se afecta en absoluto el objetivo de la genealogía por esta circunstancia. El propósito era darla a conocer da tal forma que los Judíos la reconocieran, y todos los reyes eran bien conocidos por todos.

 

 

El nacimiento de Jesús: la importancia infinita y eterna

de sus hechos

 

Mateo relata brevemente los hechos concernientes al nacimiento de Jesús, hechos que son de infinita y eterna importancia no solo para los Judíos, para quienes eran de interés inmediato, sino también para nosotros, hechos en los cuales Dios se ha dignado unir Su propia gloria con nuestros intereses, con el hombre.

María se hallaba desposada con José. Su descendencia era, en consecuencia, la de José legalmente, en lo que se refiere a los títulos de herencia; pero el hijo que llevaba en su interior era de origen divino, concebido por el poder del Espíritu Santo. Él ángel de Jehová es enviado como instrumento de la providencia, para satisfacer la tierna conciencia y el corazón recto de José, comunicándole que lo que María había concebido era del Espíritu Santo.

Podemos señalar aquí que el ángel se dirige a José en esta ocasión como a "hijo de David." El Espíritu Santo dirige así nuestra atención a la relación de José (considerado padre de Jesús) con David, siendo María llamada su esposa. El ángel da, al mismo tiempo, el nombre de Jesús (es decir, Jehová el Salvador) al niño que había de nacer. Aplica este nombre a la liberación de Israel de la condición en la que el pecado les había sumido [2]. Todas estas circunstancias sucedieron para cumplir lo que Jehová había dicho por boca de Su profeta: "He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros."

 

[2] Está escrito: "porque él salvará a su pueblo", demostrando claramente el título de Jehová contenido en la palabra Jesús o Josué. Esto es porque Israel era el pueblo del Señor, es decir, de Jehová.

 

 

Los títulos del Señor delineando el perfil que Él solo

podía llenar

 

Aquí está, entonces, lo que el Espíritu de Dios nos presenta en estos pocos versículos: a Jesús, el Hijo de David, concebido por el poder del Espíritu Santo; Jehová, el Salvador, que libera a Israel de sus pecados; Dios con ellos, el que cumplió aquellas maravillosas profecías que, con más o menos claridad, dibujaban el perfil que solamente el Señor Jesús podía llenar.

José, hombre justo, sencillo de corazón y obediente, discierne sin dificultad la revelación del Señor y la obedece.

Estos títulos marcan el carácter de este evangelio, es decir, la manera en que Cristo es presentado en él. ¡Y cuán maravillosa es la revelación de Aquel por quien la palabra y las promesas de Jehová habían de cumplirse! ¡Qué fundamento de verdad para la comprensión de lo que esta gloriosa y misteriosa Persona era, de quien el Antiguo Testamento había dicho suficiente para despertar los deseos y confundir las mentes del pueblo al que Él fue dado!

Nacido de mujer, nacido bajo la ley, heredero de todos los títulos de David según la carne, también Hijo de Dios, Jehová el Salvador, Dios con Su pueblo, ¿quién podría comprender o sondear el misterio de Su naturaleza, en quien todas estas cosas se combinaban? Su vida, según veremos, expone la obediencia del hombre perfecto, las perfecciones y el poder de Dios.

 

 

Los títulos característicos asociados con la gloria de Cristo

en Israel

 

Los títulos que acabamos de nombrar, y que leemos en los versículos 20-23 de este primer capítulo, están relacionados con Su gloria en medio de Israel, es decir, el heredero de David, Jesús el Salvador de Su pueblo, y Emanuel. El hecho de haber nacido del Espíritu Santo, cumplió el Salmo 2:7 en cuanto a Él como hombre nacido en la tierra. El nombre de Jesús y Su concepción por el poder del Espíritu Santo, estaban, sin duda, más allá de esta relación, pero están ligados también de un modo especial con Su posición en Israel [3].

 

[3] La relación más amplia se da con más detalle en el Evangelio según Lucas, donde se traza su genealogía hasta Adán; pero aquí, el título de Hijo del Hombre es especialmente apropiado.

 

 

Capítulo 2

 

Reconocido formalmente por los Gentiles como Rey de los Judíos

 

Nacido así, caracterizado así por el ángel y cumpliendo las profecías que anunciaban la presencia de Emanuel, Él es formalmente reconocido como Rey de los Judíos por los Gentiles, que son conducidos por la voluntad de Dios actuando en los corazones de sus magos [4]. Es decir, que hallamos al Señor, a Emanuel, el Hijo de David, Jehová el Salvador, el Hijo de Dios, nacido Rey de los Judíos, reconocido por los principales de los Gentiles. Este es el testimonio de Dios en el evangelio de Mateo, y el carácter en que Jesús es ahí presentado. Después, en la presencia de Jesús así revelado, vemos a los líderes de los Judíos en relación con un rey extranjero, conociendo aunque fuese a modo de sistema, las revelaciones de Dios en Su palabra, pero totalmente indiferentes a Aquel que era su objeto; y a ese rey, enemigo acérrimo del Señor, del verdadero Rey y Mesías, procurando darle muerte.

 

[4] La estrella no guía a los magos desde su propio país hasta Judea. Le plació a Dios presentar este testimonio a Herodes y a los líderes del pueblo. Habiendo sido dirigidos por la palabra (el significado de la cual fue declarada por los propios sacerdotes principales y escribas, y según la cual Herodes les envió a Belén), ellos vuelven a ver la estrella que vieron en su propio país, la cual los conduce a la casa. Su visita también tuvo lugar un tiempo después del nacimiento de Jesús. No hay duda de que vieron la estrella por primera vez en el tiempo de Su nacimiento. Herodes hace sus cálculos según el momento de la aparición de la estrella, el cual conoció por medio de los magos. Los magos deben haber tardado un tiempo en llegar. El nacimiento de Jesús se relata en el capítulo 1. En el primer versículo de Mateo 2, debería leerse lo siguiente: "Mas habiendo nacido Jesús"; esto habla de un tiempo ya pasado. Yo comentaría también aquí, que las profecías del Antiguo Testamento se citan de tres maneras que no se deben confundir: "para que fuese cumplido" (Mateo 1: 22, 23 - Nuevo Testamento Interlineal Griego-Español por Francisco Lacueva, Editorial Clie), "para que así se cumpliese" (Mateo 2: 23 - Nuevo Testamento Interlineal Griego-Español por Francisco Lacueva, Editorial Clie); y, "entonces se cumplió" (Mateo 2:17 - RVR60). En el primer caso se refiere al objetivo de la profecía; Mateo 1: 22, 23 puede servir como un ejemplo. El segundo caso es una realización contenida en el alcance de la profecía, pero no el único y completo pensamiento del Espíritu Santo; Mateo 2:23 puede servir como ejemplo. En el tercero, es simplemente un hecho que corresponde con lo que se ha citado, que en su espíritu se aplica a ella, sin ser su propósito explícito. Un caso como este se encuentra en Mateo 2:17. No me consta que las dos primeras se distingan en nuestra traducción (inglesa). Confío en poder señalar concretamente la diferencia donde el significado lo requiera.

 

 

La providencia de Dios sobre el niño nacido a Israel

 

La providencia de Dios cuida del niño nacido a Israel, empleando medios que ponen plenamente en evidencia la responsabilidad de la nación, y que llevan a cabo, al mismo tiempo, todas las intenciones de Dios con respecto a este único remanente verdadero de Israel, esta única fuente verdadera de esperanza para el pueblo. Porque, fuera de Él, todo se vendría abajo y todo sufriría las consecuencias de estar en relación con el pueblo.

 

 

El Renuevo verdadero recomenzando la historia de Israel desde Egipto

 

Descendido a Egipto para evitar el cruel designio de Herodes de quitarle la vida, llega a ser el verdadero Renuevo; Él recomienza (es decir, moralmente), la historia de Israel en Su propia Persona, así como (en un sentido más amplio), la historia del hombre como el segundo Adán en relación con Dios; solo que para que esto suceda, Su muerte debe acontecer - por todos, sin duda, para bendición. Pero Él era Hijo de Dios y Mesías, por consecuencia, Hijo de David. Pero para tomar su propio lugar como Hijo del Hombre, Él debe morir (véase Juan 12). No es solamente la profecía de Oseas, "De Egipto llamé a mi Hijo", la cual se aplica así a este verdadero comienzo de Israel en gracia (como el amado de Dios) y según Sus consejos (habiendo el pueblo fracasado enteramente, de modo que sin esto, Dios debiera haberlos cortado). Hemos visto, en Isaías, a Israel el siervo dando lugar a Cristo el Siervo, quien reúne al remanente fiel (los hijos que Dios le ha dado mientras esconde su rostro de la casa de Jacob) que llega a ser el núcleo de la nueva nación de Israel según Dios. El capítulo 49 de ese profeta muestra la transición de Israel a Cristo de manera notable. Además, esta es la base de toda la  historia de Israel, contemplado como habiendo fracasado bajo la ley, y siendo restablecido en gracia. Cristo es moralmente el nuevo linaje del que ellos brotan (compárese Isaías 49:3,5). [5]

 

[5] En el versículo 5 [de Isaías 49], Cristo asume este título de Siervo. También encontramos a Cristo sustituyendo a Israel en Juan 15. Israel había sido la viña hecha venir de Egipto (Salmo 80:8). Cristo es la vid verdadera.

 

 

Hijo de Dios en Nazaret de Galilea entre los despreciados

del pueblo

 

Habiendo muerto Herodes, Dios lo da a conocer a José en un sueño, mandándole que regrese con el niño y su madre "a tierra de Israel". Debemos resaltar que la tierra es mencionada aquí por el nombre que recuerda los privilegios otorgados por Dios. No es a Judea ni a Galilea, es "a tierra de Israel." Pero, ¿puede el Hijo de David, al entrar en ella, aproximarse al trono de sus padres? No: debe tomar el lugar de un extranjero entre los despreciados de Su pueblo. Dirigido por Dios mediante un sueño, José Le lleva a Galilea, cuyos habitantes eran objeto de soberano desprecio por parte de los Judíos, al no estar en relación habitual con Jerusalén y Judea, la tierra de David, de los reyes reconocidos por Dios, y del templo, y donde incluso el dialecto de la lengua común a ambos delataba su separación práctica de aquella parte de la nación que, por el favor de Dios, había retornado a Judea desde Babilonia.

Incluso en Galilea, José se establece en un lugar del cual el nombre mismo era un oprobio para quien habitara allí, y una mancha sobre su reputación.

Tal fue la posición del Hijo de Dios cuando vino a este mundo, y tal la relación del Hijo de David con Su pueblo cuando, por gracia y según los consejos de Dios, estuvo entre ellos. Por una parte, Emanuel, Jehová su Salvador; por otra, el Hijo de David; pero, al tomar Su lugar entre Su pueblo, se asociaba con los más pobres y más despreciados del rebaño, Él se refugiaba en Galilea de la iniquidad de un falso rey, quien, mediante la ayuda de los Gentiles de la cuarta monarquía (Roma), reinaba sobre Judea, y con quien los sacerdotes y gobernantes del pueblo se hallaban relacionados; estos últimos, infieles a Dios e insatisfechos con los hombres, detestando orgullosamente un yugo que sus pecados habían traído sobre ellos, y que no se atrevían a sacudirse de encima, si bien no eran suficientemente sensibles a sus pecados como para someterse a él como al justo castigo de Dios. Así es como el Mesías nos es presentado por este evangelista, o más bien por el Espíritu Santo, en relación con Israel.

 

 

Capítulo 3

 

El ministerio triple de Juan el Bautista

 

Comenzamos ahora en este capítulo Su verdadera historia. Juan el Bautista viene para preparar el camino de Jehová delante de Él, según la profecía hecha a Isaías; anunciando que el reino de los cielos está cerca y llamando al pueblo a arrepentirse. El ministerio de Juan a Israel es caracterizado en este evangelio por medio de estas tres cosas. En primer lugar, Jehová el Señor mismo iba a venir. El Espíritu Santo omite las palabras "a nuestro Dios" (ver Isaías 40:3) al final del versículo 3, porque Jesús viene como hombre en humillación, aunque reconocido, al mismo tiempo, como Jehová, e Israel no podía ser reconocido así como teniendo título para decir "nuestro". En segundo lugar, el reino de los cielos [6]; estaba cerca esta nueva dispensación que sustituiría aquella que, propiamente hablando, pertenecía al Sinaí, donde el Señor había hablado en la tierra. En esta nueva dispensación 'los cielos deberían reinar'. Ellos deberían ser la fuente de, y caracterizar, la autoridad de Dios en Su Cristo. En tercer lugar, el pueblo, en lugar de ser bendecido en su actual condición, era llamado al arrepentimiento en vista del acercamiento de este reino. Juan, por lo tanto, toma su lugar en el desierto, apartándose de los Judíos, con los que no podía asociarse porque él vino en camino de justicia (Mateo 21:32). Su comida es la que encuentra en el desierto (incluso sus vestiduras proféticas son un testimonio de la posición que pasó a ocupar de parte de Dios), él mismo siendo lleno del Espíritu Santo.

 

[6] Esta expresión se halla solamente en Mateo, ocupada especialmente con relación a las dispensaciones, y con los tratos de Dios con los Judíos. "El reino de Dios" es el nombre genérico. "El reino de los cielos" es el reino de Dios, pero es el reino de Dios como tomando especialmente este carácter de gobierno celestial; más adelante encontraremos a este reino dividido en el reino de nuestro Padre y el reino del Hijo del Hombre.

 

De este modo fue él un profeta, pues vino de Dios, y así se presentaba a sí mismo cuando se dirigía al pueblo de Dios para que se arrepintieran, y anunciaba las bendiciones de Dios conforme a las promesas de Jehová el Dios de ellos; pero él era más que un profeta, pues declaraba como una cosa inmediata, la introducción de una dispensación nueva, largamente esperada, y el advenimiento del Señor en Persona. Al mismo tiempo, aunque vino a Israel, no reconoció al pueblo, porque iban a ser juzgados, la era de la trilladura de Jehová (Isaías 21:10 - Versión Moderna), debía ser purificada y los árboles que no llevaban fruto debían ser cortados. Sólo sería un remanente el que Jehová situaría en la nueva posición en el reino que él anunciaba, sin ser aún revelado el modo en que iba a ser establecido. Juan anunciaba el juicio del pueblo.

 

 

Dios el Señor en medio de Su pueblo Israel

 

¡Qué hecho de inconmensurable grandeza era la presencia del Señor Dios en medio de Su pueblo, en la Persona de Aquel que, aunque indudablemente iba a ser el cumplimiento de todas las promesas, era necesariamente el Juez de todo el mal que existía entre Su pueblo, aunque fuese rechazado!

Y mientras más nosotros demos a estos pasajes su verdadera aplicación, es decir, mientras más los apliquemos a Israel, tanto más aprenderemos su verdadera fuerza [7].

 

[7] Y debemos recordar que, además de las promesas especiales a Israel y de su llamamiento como pueblo terrenal de Dios, ese pueblo era contemplado tan solo en su responsabilidad para con Dios bajo el cultivo más pleno que Dios podía darles. Hasta el diluvio hubo un testimonio, pero ningunas relaciones dispensacionales o instituciones de Dios. Después del diluvio, en el mundo nuevo, hubo gobierno humano, el llamamiento y las promesas en Abraham, la ley, el Mesías, Dios venido en gracia, todo aquello que Dios podía hacer, y que en paciencia perfecta se hizo, pero en vano cuanto al bien en la carne. Y ahora Israel estaba siendo apartado en la carne, y su carne juzgada, la higuera maldita como árbol infructuoso, y el hombre de Dios, el segundo Adán, Aquel en quien la bendición era por medio de la redención, era introducido en el mundo. En los tres primeros evangelios, como hemos visto, tenemos a Cristo presentado al hombre para ser recibido; en Juan, el hombre e Israel son puestos aparte, y los caminos soberanos de Dios en gracia y resurrección son introducidos.

 

 

La necesidad eterna de arrepentimiento;

las consecuencias de rechazar el llamamiento de Dios a arrepentirse

 

Sin duda el arrepentimiento es una necesidad eterna para cada alma que viene a Dios. Pero ¡qué luz se arroja en esta verdad cuando interviene el Señor mismo, que llama a Su pueblo a este arrepentimiento y pone aparte - ante su rechazo - el sistema completo de sus relaciones con Él, y establece una nueva dispensación - un reino que sólo pertenece a aquellos que le escuchan - y causando, finalmente, que Su juicio prorrumpa sobre Su pueblo y sobre la ciudad que Él tanto había apreciado! "¡Oh si hubieras conocido, tú, siquiera en este tu día, las cosas que hacen a tu paz! ¡mas ahora están encubiertas de tus ojos!" (Lucas 19:42 - Versión Moderna).

 

 

Juicio inminente; un nuevo estado

distinguido por el bautismo

 

Esta verdad da lugar a la exhibición de otra más importante y elevada, anunciada aquí con relación a los derechos soberanos de Dios más que con sus consecuencias, pero que ya contenía en sí misma todas aquellas consecuencias. Gentes de todas partes, y como aprendemos en otra parte, los impíos y los despreciados, salieron para ser bautizados confesando sus pecados. Pero aquellos que, a sus propios ojos, ostentaban el lugar principal entre el pueblo, eran a los ojos del profeta, quien amaba al pueblo conforme a Dios, los objetos del juicio que él anunciaba. La ira era inminente. ¿Quién había advertido a estos hombres escarnecedores que huyeran de ella? Que se humillen como el resto, que tomen su verdadero lugar y que demuestren su cambio de corazón. El jactarse de los privilegios de su nación, o de sus padres, no les daba ninguna ventaja ante  Dios. Él exigía lo que Su naturaleza misma, lo que Su verdad misma, demandaban. Además, Él era soberano; Él era capaz de levantar hijos a Abraham aun de las piedras. Esto es lo que ha hecho Su gracia soberana, por medio de Cristo, en lo que respecta a los Gentiles. Se necesitaba una realidad. El hacha estaba puesta a la raíz de los árboles, y los que no daban buen fruto debían ser cortados. Este es el gran principio moral que el juicio iba a poner en vigor. El golpe no se había dado todavía, pero el hacha estaba ya a la raíz de los árboles. Juan había venido para llevar a los que recibieran su testimonio a una nueva posición, o, a lo menos, a un nuevo estado de cosas para el que estaban siendo preparados. Según se arrepintieran o no, él los distinguiría del resto mediante el bautismo. Pero Aquel que venía después de Juan, Aquel cuyo calzado Juan no era digno - limpiaría completamente Su era (Mateo 3:12 - Versión Moderna), separaría aquellos que eran verdadera y moralmente suyos, de entre Su pueblo Israel (esta era Su era), y ejecutaría el juicio sobre los demás. Por su parte, Juan abrió la puerta al arrepentimiento de antemano; después vendría el juicio.

 

 

El bautismo doble atribuido a Jesús por Juan

 

El juicio no era la única obra que pertenecía a Jesús. No obstante, dos cosas son atribuidas a Él en el testimonio de Juan: Él bautiza con fuego - este es el juicio anunciado en el versículo 12, que consume todo lo que es malo. Pero Él bautiza también con el Espíritu Santo - ese Espíritu que, dado al hombre y actuando en él con divina energía, y vivificado, redimido, limpiado en la sangre de Cristo, lo saca fuera de la influencia de todo lo que obra en la carne y lo sitúa en relación y en comunión con todo lo que es revelado por Dios, con la gloria a la cual Él trae a Sus criaturas en la vida que Él comunica, destruyendo moralmente en nosotros el poder de todo lo que es contrario al goce de estos privilegios.

 

 

El único buen fruto reconocido por Juan

 

Observen aquí que el único buen fruto reconocido por Juan, como vía de escape, es la confesión sincera del pecado hecha por medio de la gracia. Sólo aquellos que la hacen escapan del hacha. No había realmente árboles buenos, salvo aquellos que confesaban ser malos.

Pero ¡qué solemne momento fue este para el pueblo amado de Dios! ¡Qué acontecimiento era la presencia de Jehová en medio de la nación con la que Él mantenía una relación!

 

 

El Mesías presentado como Jehová el Juez

 

Observen que Juan el Bautista no presenta aquí al Mesías como el Salvador venido en gracia, sino como la Cabeza del reino, como Jehová, quien ejecutaría juicio si el pueblo no se arrepintiera. Más adelante veremos la posición que Él tomó en gracia.

 

 

El bautismo de Jesús: la presentación que hace el Señor

de Sí mismo con Su pueblo en gracia

 

En el versículo 13, Jesús mismo, que hasta ahora ha sido presentado como el Mesías, e incluso como Jehová, viene a Juan para ser bautizado con el bautismo de arrepentimiento. Debemos recordar que venir a este bautismo era el único buen fruto que un Judío, en su condición de entonces, podía producir. El hecho mismo demostraba ser el fruto de una obra de Dios - de la obra eficaz del Espíritu Santo. El que se arrepiente confiesa que anteriormente ha caminado lejos de Dios; así que es un nuevo movimiento, el fruto de la palabra y de la obra de Dios en él, la señal de una vida nueva, de la vida del Espíritu en su alma. Por el hecho mismo de la misión de Juan, no existía otro fruto, ni ninguna otra prueba admisible de vida de Dios, en un Judío. No debemos inferir de ello que no hubiese nadie en quien el Espíritu no actuaba ya de forma vital; pero, en esta condición del pueblo, y según el  llamamiento de Dios por medio de Su siervo, el retorno del corazón a Dios era la prueba de esta vida. Estos eran el verdadero remanente del pueblo, aquellos que Dios reconocía como tales; y de esta forma ellos fueron  separados de la masa restante, quienes estaban madurando para el juicio. Estos eran los verdaderos santos - los excelentes de la tierra; aunque la humillación propia del arrepentimiento pudiera ser su único lugar verdadero. Era allí donde tenían que comenzar. Cuando Dios introduce misericordia y justicia, ellos se benefician de la primera con gratitud, confesando que es su único recurso, e inclinan su corazón delante de la última, como la justa consecuencia de la condición del pueblo de Dios, pero aplicándosela a ellos mismos.

Ahora Jesús se presenta a Sí mismo en medio de aquellos que hacen esto. No obstante ser el verdadero Señor Jehová, el Juez justo de Su pueblo, Aquel que debía limpiar Su era, Él, sin embargo, toma Su lugar entre el remanente fiel que se humilla ante este juicio. Él toma el lugar del más bajo de Su pueblo ante Dios; como en el Salmo 16, Él llama a Jehová  Su Señor, diciéndole: "Mi bondad no te aprovecha a ti." (Salmo 16:2 - Versión Moderna); y dice a los santos y a los excelentes de la tierra: "en quienes tengo toda mi complacencia." (Salmo 16:3 - Versión Moderna). Perfecto testimonio de gracia -  el Salvador identificándose, conforme a Su gracia, con el primer movimiento del Espíritu en los corazones de Su propio pueblo, humillándose no solamente al condescender Él en gracia hacia ellos, sino ocupando Su lugar, como uno de ellos, en la verdadera posición de ellos ante Dios; no meramente para consolar sus corazones mediante tal bondad, sino para mostrarse compasivo ante sus dolores y dificultades, con el fin de ser el modelo, la fuente, y la expresión perfecta de cada sentimiento adecuado a su posición.

 

 

La asociación del Señor con los pobres del rebaño

para conducirlos al disfrute de la bendición

 

Él no se podía asociar con el Israel impío e impenitente, pero con el primer efecto vivo de la Palabra y del Espíritu de Dios en los pobres del rebaño, Él podía y lo hizo en gracia. Él lo hace así ahora. Con el primer paso correcto, uno realmente de Dios, Cristo es hallado.

Pero había aún más. Él viene para traer a quienes Le recibían a una relación con Dios, según el favor que se hallaba en una perfección como la Suya, y en el amor que, al asumir la causa de Su pueblo, satisfacía el corazón del Señor, y, habiendo glorificado perfectamente a Dios en todo lo que Él es, hizo posible que Él mismo se satisficiera con la bondad. Sabemos, en efecto, que para hacer esto, el Salvador tuvo que poner Su vida, pues la condición del Judío, así como la de todo hombre, requería este sacrificio antes de que el uno o el otro pudieran tener relación alguna con el Dios de la verdad. Pero incluso para ello, el amor de Jesús no falló. No obstante, Él está aquí conduciéndolos al goce de la bendición expresada en Su Persona, que debía quedar firmemente fundamentada en este sacrificio -  bendición que ellos debían alcanzar por el camino del arrepentimiento, en el cual entraban mediante el bautismo de Juan; el cual Jesús recibió con ellos, para que pudiesen continuar juntos hacia la posesión de todas las cosas buenas que Dios había preparado para los que le amaban.

 

 

La oposición de Juan; el verdadero carácter de la acción del Señor

 

Sintiendo Juan la dignidad y la excelencia de la Persona de Aquel que vino a él, se opone a la intención del Señor. Mediante esto, el Espíritu Santo quiere exponer el verdadero carácter de la acción de Jesús. En cuanto a Él, fue la justicia lo que Le llevó allí, y no el pecado - justicia que Él cumplió en amor. Él, así como Juan el Bautista, cumplió lo que pertenecía al lugar que Dios le había asignado. Al mismo tiempo, con qué condescendencia Él se une con Juan: "conviene que cumplamos". Él es el Siervo humilde y obediente. Fue así como se comportó siempre en la tierra. Además, en cuanto a Su posición, la gracia llevó allí a Jesús, donde el pecado nos llevó a nosotros, los que entramos por la puerta que el Señor había abierto para Sus ovejas. Confesando el pecado tal como este es, acudiendo ante Dios (y moralmente, esto es lo opuesto al pecado) en la confesión, nos hallamos en compañía de Jesús [8]. En realidad, es el fruto de Su Espíritu en nosotros. Este fue el caso con los pobres pecadores que salieron a Juan. Así fue como Jesús tomó Su lugar en justicia y en obediencia entre los hombres, y más exactamente entre los Judíos arrepentidos. Es en esta posición de un Hombre - justo, obediente, y cumpliendo en la tierra, en humildad perfecta, la obra para la cual Él se había ofrecido en gracia, según el Salmo  40, entregándose al cumplimiento de toda la voluntad de Dios en completa renunciación - que Dios Su Padre le reconoció plenamente, y le selló, declarando en la tierra que Él es Su Hijo amado.

 

[8] Viene a ser lo mismo que la conciencia de nuestra insignificancia. Él se anonadó, y conscientes de nuestra insignificancia nos encontramos con Él, y somos llenados, al mismo tiempo, de Su plenitud. Incluso cuando caemos, no es sino hasta que somos llevados a conocernos como realmente somos, que encontramos a Jesús levantándonos de nuevo.

 

 

Los cielos se abrieron; el Hijo amado;

el descenso del Espíritu Santo

 

Ser bautizado es la prueba más notable del lugar que Él había tomado con Su pueblo - los cielos le fueron abiertos y Él ve al Espíritu Santo descendiendo como paloma, viniendo sobre él; y ¡he aquí! una voz del cielo diciendo:  "Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia."

Pero estas circunstancias exigen atención.

Los cielos nunca fueron abiertos a la tierra, ni al hombre en la tierra, antes de que el Hijo amado estuviera allí [9].  Indudablemente Dios, en Su paciencia y en forma de providencia, había bendecido a todas las criaturas; Él había bendecido también a Su propio pueblo, según las normas de Su gobierno en la tierra. Además de esto, estaban los escogidos, a quienes Él había guardado en fidelidad. Con todo, hasta ahora los cielos no se habían abierto. Un testimonio había sido enviado por Dios con relación a Su gobierno de la tierra; pero no había ningún objeto en la tierra sobre el cual el ojo de Dios pudiera reposar con complacencia, hasta que Jesús, sin pecado y obediente, Su Hijo amado, estuvo allí. Pero lo que es tan precioso para nosotros es que, tan pronto como Él, en gracia, toma públicamente Su lugar de humillación con Israel - es decir, con el remanente fiel, presentándose así Él mismo ante Dios, cumpliendo Su voluntad - los cielos se abren sobre un objeto digno de la atención de ellos.  Indudablemente Él fue siempre digno de su adoración, antes incluso de que el mundo fuese. Pero ahora, Él acaba de tomar este lugar en los tratos de Dios como un Hombre, y los cielos se abrieron a Jesús, el objeto del completo  afecto de Dios en la tierra. El Espíritu Santo desciende visiblemente sobre Él. Y Él, un hombre en la tierra, un hombre ocupando Su lugar con los mansos del pueblo que se arrepentían, es reconocido como el Hijo de Dios. Él no solamente es ungido por Dios, sino que, como hombre, es consciente del descenso del Espíritu Santo sobre Él - el sello del Padre puesto sobre Él. Evidentemente aquí no es Su naturaleza divina, en el carácter del Hijo eterno del Padre. Incluso el sello no estaría en conformidad con aquel carácter; y en cuanto a Su Persona, y a Su conocimiento de ello, se manifiesta a los doce años de edad en el evangelio de Lucas. Pero mientras Él es tal, Él es también un hombre, el Hijo de Dios en la tierra, y es sellado como un hombre. Como hombre, Él posee el conocimiento de la presencia inmediata del Espíritu Santo con Él. Esta presencia está en relación con el carácter de humildad, mansedumbre y obediencia, en los que el Señor apareció aquí abajo. Es "como paloma" que el Espíritu Santo desciende sobre Él; igual como fue en forma de lenguas de fuego, que Él descendió sobre las cabezas de los discípulos, para testimonio de ellos en poder en este mundo, según la gracia que se dirigía a todos y a cada uno en su propia lengua.

 

[9] Al principio de Ezequiel, se dice, en efecto, que los cielos se abrieron; pero esto fue solamente en visión, como lo explica el profeta mismo. En aquel caso, era la manifestación de Dios en juicio.

 

 

La gloria de la Persona del Señor guardada solícitamente

 

Jesús crea así, en Su propia posición como Hombre, el lugar en el cual Él nos introduce por medio de la redención (Juan 20:17). Pero la gloria de Su persona siempre es guardada solícitamente. No hay objeto presentado a Jesús, como a Saulo por ejemplo, y, en un caso aún más análogo, a Esteban, quien, siendo lleno del Espíritu, ve también los cielos abiertos, y pone los ojos en ellos, y ve a Jesús, al Hijo del Hombre, y es transformado a Su imagen. Jesús ha venido; Él es en Sí mismo el objeto sobre el cual se abren los cielos; Él no es objeto de transformación, como Esteban, o como nosotros en el Espíritu; los cielos miran abajo hacia Él, el objeto perfecto de deleite. Es Su relación con Su Padre, ya existente, la que es sellada [10]. Tampoco el Espíritu Santo crea Su carácter (excepto en cuanto a que, con respecto a Su naturaleza humana, Él fue concebido en el vientre de la virgen María por el poder del Espíritu Santo); Él se había relacionado con los pobres, en la perfección de ese carácter, antes de que Él fuera sellado, y entonces Él actúa según la energía y el poder de aquello que recibió sin medida en Su vida humana aquí abajo (comparar Hechos 10:38; Mateo 12:28; Juan 3:34).

 

[10] Esto es verdad también de nosotros, cuando por gracia estamos en esa relación.

 

 

Cuatro ocasiones memorables en las que los cielos se abren;

Cristo el objeto de cada una

 

En la Palabra encontramos cuatro ocasiones memorables en las que los cielos fueron abiertos. Cristo es el objeto de cada una de estas revelaciones; cada una tiene su carácter especial. Aquí el Espíritu Santo desciende sobre Él, y es reconocido como el Hijo de Dios (comparar Juan 1: 33, 34). Al final del mismo capítulo de Juan, Él mismo declara ser el Hijo del Hombre. Allí son los ángeles de Dios que ascienden y descienden sobre Él. Él es, como Hijo del Hombre, el objeto del ministerio de ellos [11]. Al final de Hechos 7 se abre una escena totalmente nueva. Los Judíos rechazan el último testimonio que Dios les envía. Esteban, por medio de quien este testimonio es rendido, es llenado con el Espíritu Santo y los cielos le son abiertos. El sistema terrenal fue definitivamente cerrado por el rechazo del testimonio del Espíritu Santo a la gloria del Cristo ascendido. Pero esto no es meramente un testimonio. El Cristiano (N. del T.: se refiere a Esteban) es llenado con el Espíritu, los cielos se abren a él, la gloria de Dios le es manifestada, y el Hijo del Hombre aparece ante él puesto en pié, a la diestra de Dios. (N. del T.: "Empero él, estando lleno del Espíritu Santo, miraba fijamente en el cielo, y vió la gloria de Dios, y a Jesús, puesto en pie, a la diestra de Dios.", Hechos 7:55 - Versión Moderna. Ver también: "La Biblia de las Américas" y "Nuevo Testamento Interlineal Griego-Español, Francisco Lacueva, Editorial Clie). Esto es algo diferente de los cielos abiertos sobre Jesús, el objeto del deleite de Dios en la tierra. Es el cielo abierto al Cristiano mismo, estando su objeto allí cuando es rechazado en la tierra. Él ve allí, por el Espíritu Santo, la gloria celestial de Dios, y a Jesús, el Hijo del Hombre, el objeto especial del testimonio que él rinde, en la gloria de Dios. Para nosotros, la diferencia es tan notable como interesante, y expone, de la manera más llamativa, la verdadera posición del Cristiano estando en la tierra, y el cambio que ha producido el rechazo de Jesús por parte de Su pueblo terrenal. Solamente la Iglesia, la unión de los creyentes en un cuerpo con el Señor en el cielo, no era aún revelada. Posteriormente (Apocalipsis 19) el cielo se abre, y el Señor mismo sale, el Rey de reyes y Señor de señores. Vemos así:

(1) A Jesús, el Hijo de Dios en la tierra, el objeto del deleite celestial, sellado con el Espíritu Santo;

(2) A Jesús, el Hijo del Hombre, el objeto del ministerio del cielo, siendo los ángeles sus siervos.

(3) A Jesús, en lo alto a la diestra de Dios, y el creyente, lleno del Espíritu, y sufriendo aquí a causa de Su nombre, contemplando la gloria en las alturas, y al Hijo del Hombre en la gloria.

(4) A Jesús, el Rey de reyes y Señor de señores, saliendo a juzgar y a hacer guerra contra los varones burladores que disputan Su autoridad y oprimen a la tierra.

 

[11] Es totalmente incorrecto hacer que Cristo sea la escalera. Él, como Jacob, es el objeto del servicio y ministerio de los ángeles.

 

 

El Hombre obediente en la tierra, el Hijo de Dios,

sellado con el Espíritu Santo

 

Volviendo sobre el tema: El Padre mismo reconoce a Jesús, el hombre obediente en la tierra, quien entra por la puerta como el verdadero Pastor, como Su Hijo amado en quien está todo Su deleite. Los cielos le son abiertos a Él; ve al Espíritu Santo descendiendo para sellarle, la fortaleza y el apoyo infalibles de la perfección de Su vida humana; y Él tiene el testimonio propio del Padre de la relación entre ellos. No se presenta ningún objeto en el cual Su fe debía apoyarse, ni a Él, ni a nosotros. Es su propia relación con el cielo y con Su Padre la que es sellada. Su alma goza de ello mediante el descenso del Espíritu Santo y la voz de Su Padre.

 

 

Los cielos abiertos para los creyentes por la redención

 

Pero este pasaje en Mateo requiere alguna atención adicional. El bendito Señor, o, mejor dicho, lo que ocurrió en cuanto a Él, da el lugar o el modelo en el cual Él sitúa a los creyentes, sean ellos Judíos o Gentiles: sólo que, desde luego, sólo somos llevados allí por la redención. "Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios" (Juan 20:17), es Su bendita palabra después de Su resurrección. Pero para nosotros el cielo está abierto; somos sellados con el Espíritu Santo; y el Padre nos reconoce como hijos. Sólo la divina dignidad de la Persona de Cristo es guardada siempre solícitamente aquí en humillación, así como en la transfiguración en gloria. Moisés y Elías están en la misma gloria, pero desaparecen cuando la prisa de Pedro, con permiso para ser expresada, los pondría al mismo nivel que Cristo. Cuanto más cerca estamos de una Persona divina, tanto más adoramos y reconocemos lo que Él es.

 

 

La Trinidad revelada plenamente por primera vez

 

Pero, se encuentra aquí otro hecho muy notable. Cuando Cristo toma Su lugar entre los hombres en humildad, la Trinidad es plenamente revelada por primera vez. Indudablemente el Hijo y el Espíritu son mencionados en el Antiguo Testamento. Pero allí, la unidad de la Deidad es el gran punto revelado. El Hijo es reconocido aquí como hombre, el Espíritu Santo desciende sobre Él, y el Padre le reconoce como Su Hijo. ¡Qué maravillosa relación con el hombre! ¡Qué lugar para que el hombre esté! A través de la relación de Cristo con Él, la Deidad es revelada en su propia plenitud. Al ser Él un hombre, esto hace tanto más patente su manifestación. Pero Él era realmente un hombre, pero el Hombre en quien los consejos de Dios acerca del hombre se iban a cumplir.

 

 

En conflicto con el enemigo

 

De ahí que, ya que Él realizó y exhibió el lugar en el cual el hombre es puesto con Dios en Su propia Persona, y en los consejos de gracia en cuanto a nosotros, a nuestra relación con Dios, así pues, ya que estamos en conflicto con el enemigo, Él entra en ese lado de nuestra posición también. Tenemos nuestra relación con Dios y nuestro Padre, y ahora tenemos que ver con Satanás también. Él vence por nosotros, y nos muestra cómo vencer. Observen también, que la relación con Dios es lo que primero queda plenamente establecido y expuesta, y entonces, como en ese lugar, comienza el conflicto con Satanás, y así es con nosotros. Pero la primera interrogante fue, ¿Se mantendría el segundo Adán donde el primer Adán había fracasado? sólo que, en el desierto de este mundo y el poder de Satanás - en lugar de las bendiciones de Dios - pues allí habíamos llegado.

 

 

La historia del pueblo concluida en juicio;

una cosa nueva anunciada - el reino de los cielos

 

Otro punto debe de ser comentado aquí, para presentar plenamente el lugar que el Señor toma. "La ley y los profetas eran hasta Juan." (Lucas 16:16) Luego es anunciado lo nuevo, el reino de los cielos. Pero el juicio finaliza con el pueblo de Dios. El hacha está puesta a la raíz de los árboles, el aventador está en la mano de Aquel que viene, el trigo es recogido en el granero de Dios, y la paja quemada. Es decir, existe un final de la historia del pueblo de Dios en el juicio. Entramos aquí en el terreno del estado de perdición, esperando el juicio; pero la historia del hombre, como responsable, quedaba cerrada. De ahí que se diga: "Pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado." (Hebreos 9:26). Esto le ha sucedido externamente y literalmente a Israel; pero es moralmente verdadero para nosotros: sólo nosotros somos recogidos para el cielo, como beneficio para el remanente de entonces, y estaremos en el cielo. Pero siendo Cristo rechazado, la historia de la responsabilidad ha terminado, y nosotros entramos en gracia como perdidos. Consecuente con el anuncio de ello como inminente, Cristo viene, e identificándose con el remanente que escapa sobre la base del arrepentimiento, crea este nuevo lugar para el hombre en la tierra: sólo que no podíamos estar en dicho lugar hasta que la redención no hubiese sido cumplida. Con todo, Él reveló el nombre del Padre a aquellos que Él le había dado fuera de este lugar.

 

 

Capítulo 4

 

Llevado por el Espíritu para ser tentado por el diablo

 

Habiendo tomado así en gracia Su posición como hombre en la tierra, Él comienza en este capítulo Su carrera terrenal, siendo llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. El hombre justo y santo, el Hijo de Dios, gozando de los privilegios apropiados para Uno como Él, debe experimentar la prueba de aquellas maquinaciones por las cuales el primer Adán cayó. Es Su condición espiritual la que es probada. No se trata ahora de un hombre inocente en el goce de todas las bendiciones naturales de Dios y que es puesto a prueba en medio de esas bendiciones que deberían haberle hecho recordar a Dios. Cristo, cerca de Dios como Su amado Hijo, pero en medio de la prueba, poseyendo el conocimiento del bien y del mal, y, en cuanto a las circunstancias externas, habiendo descendido en medio del estado caído del hombre, Su fidelidad a esta posición deberá ser plenamente probada con respecto a Su perfecta obediencia. Para mantener esta posición, Él no debe aceptar ninguna otra voluntad que no sea la de Su Padre, y cumplirla o soportarla, cualesquiera sean las consecuencias para Él. Deberá cumplirla en medio de todas las dificultades, de las privaciones, del aislamiento, del desierto, donde se halla el poder de Satanás, que podría tentarle a seguir un camino más fácil que aquel que sería solamente para la gloria de Su Padre. Debe renunciar a todos los derechos que pertenecían a Su propia Persona, excepto que Él los reciba de Dios y sometiéndose a Él con una confianza perfecta.

El enemigo hizo todo lo posible para inducirle a hacer uso de Sus privilegios, "Si eres Hijo de Dios", para Su propio alivio, aparte del mandato de Dios, y para evitar los sufrimientos que podían acompañar la realización de Su voluntad. Pero esto era para llevarle a hacer Su propia voluntad, no la voluntad de Dios.

 

 

Con el enemigo en el desierto

 

Jesús, disfrutando en Su propia Persona y en Su propia relación con Dios el pleno favor de Dios como Hijo de Dios, la luz de Su rostro, va al desierto por cuarenta días para entrar en conflicto con el enemigo. Él no se apartó del hombre, de toda relación con el hombre y las cosas del hombre (como Moisés y Elías) para poder estar con Dios. Estando ya plenamente con Dios, Él es separado de los hombres por el poder del Espíritu Santo, para estar a solas en Su conflicto con el enemigo. En el caso de Moisés, fue sacar al hombre de su condición natural para estar con Dios. En el caso de Jesús, esto es así para estar con el enemigo: estar con Dios era Su posición natural.

 

 

Obediencia simple y absoluta, viviendo por las palabras de Dios

 

El enemigo Le tienta, en primer lugar, proponiéndole satisfacer Su necesidad corporal, y, en lugar de esperar en Dios, usar según Su propia voluntad y en Su propio nombre, el poder que Le había sido conferido. Pero si Israel había sido alimentado en el desierto con el maná de Dios, el Hijo de Dios, no obstante Su gran poder, actuaría conforme a aquello que Israel debió haber aprendido a través de aquel medio, a saber, que "No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios." El Hombre, el Judío obediente, el Hijo de Dios, esperaba en esta palabra, y no haría nada sin ella. Él no vino para hacer Su voluntad, sino la voluntad de Aquel que le envió. Este es el principio que caracteriza al Espíritu de Cristo en los Salmos. Ninguna liberación es aceptada si no es con la intervención de Dios a su propio buen tiempo. Esto es perfecta paciencia, a fin de ser perfecto y completo en toda la voluntad de Dios. No podía haber codicia de pecado en Cristo; pero estar hambriento no era pecado, sino una necesidad humana, y ¿qué hay de malo en comer cuando se está hambriento? No era la voluntad de Dios que se hiciese, y esa voluntad era por medio de la palabra que Él había venido a hacer. La sugerencia de Satanás fue: "Si Hijo eres de Dios, manda..." (Mateo 4:3 - Versión Moderna); pero Él había tomado el lugar de un siervo, y este lugar no era un lugar de mando; él procuró hacerle salir del lugar de servicio y obediencia perfectos, fuera del lugar de un siervo.

 

 

La Palabra escrita y el carácter de la obediencia de Cristo

 

Y observen aquí el lugar que tiene la Palabra escrita, y el carácter de la obediencia de Cristo. Este carácter no es simplemente que la voluntad de Dios es una regla; es el único motivo para actuar. Con frecuencia tenemos una voluntad detenida por la Palabra. No así Cristo. La voluntad de Su Padre era Su motivo; Él no actuó meramente según ella, sino porque ella era, la voluntad de Dios. Nos deleitamos ver a un niño que correría a hacer aquello que le agrada, detenerse y hacer alegremente la voluntad de sus padres cuando es llamado a hacerla. Pero Cristo nunca obedeció de esta manera, nunca buscó Su propia voluntad, sino que fue detenido por la de Su Padre. Y nosotros somos santificados por la obediencia a Cristo. Noten, más específicamente, que la Palabra escrita es aquello por medio de lo cual Él vive y por medio de lo cual Él vence. Todos dependían aquí de la victoria de Cristo, así como todos lo hicieron de la caída de Adán. Pero para Cristo, un texto, usado correctamente desde luego, es suficiente. No busca otro: eso es obediencia. Esto le basta a Satanás; él no tiene respuesta. Sus asechanzas son así derrotadas.

El primer principio de la conquista es la simple y absoluta obediencia, viviendo de las palabras que salen de la boca de Dios. Lo que sigue es perfecta confianza en el camino de obediencia.

 

 

Confianza perfecta en el camino de obediencia

 

En segundo lugar, entonces, el enemigo lo pone en un pináculo del templo, para inducirle a aplicarse a Sí mismo  las promesas hechas al Mesías, sin permanecer en los caminos de Dios. Indudablemente el hombre fiel puede contar con la ayuda de Dios mientras anda en Sus caminos. El enemigo haría que el Hijo del Hombre tentara a Dios (en lugar de confiar en Él mientras anda en Sus caminos) para ver si se podía confiar en Él. Esto habría sido una falta de confianza en Dios, no obediencia; u orgullo, presumiendo en sus privilegios en lugar de contar con Dios en obediencia [12]. Tomando Su lugar con Israel en la condición en que se hallaban cuando carecían de rey en la tierra, y, citando las instrucciones dadas a ellos en ese libro para guiarlos en el piadoso camino que allí se enseñaba, Él usa para Su guía esa parte de la Palabra que contiene el requerimiento divino sobre este asunto: "No tentarás al Señor tu Dios"; un pasaje citado a menudo como si prohibiera el exceso de confianza en Dios; mientras que significa no desconfiar, y probar si Él es fiel. Ellos tentaron a Dios, diciendo, ¿está realmente Dios entre nosotros? Y esto es lo que Satanás hubiera querido que hiciera el Señor.

 

[12] Necesitamos confianza para tener el coraje para obedecer; pero la verdadera confianza se halla en el camino de la obediencia. Satanás podía usar la palabra con astucia, pero no podía desviar a Cristo el Señor de ella. Él la usa aún como la adecuada arma divina, y Satanás aún no tiene respuesta. Haber prohibido la obediencia hubiera hecho que Satanás se mostrara. En cuanto al lugar en que el Señor se hallaba dispensacionalmente, podemos señalar que el Señor siempre cita de Deuteronomio.

 

 

La herencia terrenal ofrecida al Hijo del Hombre por Satanás

en abierta hostilidad hacia Dios

 

En tercer lugar, el enemigo, fracasando en engañar ese corazón obediente, incluso escondiéndose en el uso de la Palabra de Dios, se muestra en su verdadero carácter, tentando al Señor a evitar los sufrimientos que le aguardaban, mostrándole la herencia del Hijo del Hombre en la tierra, aquello que iba a ser Suyo cuando lo hubiera alcanzado a través de todos aquellos caminos, laboriosos pero necesarios para la gloria del Padre, que el Padre había trazado para Él. Todo iba a ser ahora Suyo, si reconocía a Satanás adorándole como el dios de este siglo. Esto es, de hecho, lo que los reyes de la tierra habían hecho por solamente una parte de estas cosas; ¡cuán a menudo han sido hechas por causa de triviales vanidades! pero Él iba a tener la totalidad. Pero si Jesús iba a heredar la gloria terrenal (así como toda otra gloria), el objeto de Su corazón era Dios mismo, Su Padre, para glorificarle. Cualquiera que fuese el valor de la dádiva, Su corazón la apreciaba como la dádiva  proveniente del Dador. Además, Él estaba en la posición de hombre probado y de un fiel israelita; y cualquiera que fuese la prueba de la paciencia a la cual el pecado del pueblo le había llevado, prueba tan grande como nunca había habido, Él no serviría a nadie más que a Su Dios exclusivamente.

 

 

La actitud del creyente hacia Satanás

 

Pero si el diablo lleva la tentación y el pecado a sus extremos, y demuestra ser el adversario (Satanás), el creyente tiene el derecho de echarle fuera. Si viene como tentador, el creyente debería responderle mediante la fidelidad de la Palabra, la cual es la guía perfecta del hombre, conforme a la voluntad de Dios. No necesita entenderlo todo. La palabra es la palabra de Aquel que entiende todo, y siguiendo eso, caminamos según una sabiduría que conoce todo, y en un camino formado por esa sabiduría, y que, por consiguiente, implica una confianza absoluta en Dios. Las primeras dos tentaciones eran las asechanzas del enemigo; la tercera, abierta hostilidad hacia Dios. Si él viene como el adversario declarado de Dios, el creyente tiene el derecho de negarse a tener nada que ver con él: "Resistid al diablo, y huirá de vosotros." (Santiago 4:7). Él sabe que ha encontrado a Cristo, no la carne. ¡Que los creyentes puedan resistir si Satanás los tienta por medio del mundo, recordando que es de esta forma como Satanás domina al hombre caído!

 

 

La salvaguarda del creyente

 

La salvaguarda del creyente, moralmente (esto es, en cuanto al estado de su corazón), es un ojo sencillo. Si yo busco solamente la gloria de Dios, aquello que no presenta otro motivo que mi propio engrandecimiento, o mi propia satisfacción, ya sea en el cuerpo o en la mente, no tendrá ningún dominio sobre mí; y se manifestará a la luz de la Palabra, que guía al ojo sencillo, como contrario a la mente de Dios. Esta no es la soberbia que rechaza la tentación por el motivo de ser bueno; es la obediencia, que da humildemente a Dios Su lugar, y, por consiguiente, también a Su Palabra. "Por la palabra de tus labios Yo me he guardado de las sendas de los violentos." (Salmo 17:4), de aquel que hacía su propia voluntad y la consideraba su guía. Si el corazón busca a Dios exclusivamente, la trampa más sutil queda al descubierto, porque el enemigo nunca nos tienta a buscar a Dios exclusivamente. Pero esto supone un corazón puro, y que no haya intereses propios. Esto fue exhibido en Jesús.

Nuestra salvaguarda contra la tentación es la Palabra, usada por el discernimiento de un corazón perfectamente puro, que vive en la presencia de Dios, y descubre los pensamientos de Dios en Su Palabra [13], y, por consiguiente, que conoce su aplicación a las circunstancias presentadas. Es la Palabra la que nos guarda el alma de las asechanzas del enemigo.

Por consiguiente, observen también que es en este espíritu de sencilla y humilde obediencia donde radica el poder; pues donde este existe, Satanás no puede hacer nada. Dios está allí, y, conforme a ello, el enemigo es conquistado.

 

[13] No debe haber ningún otro motivo para la acción que la voluntad de Dios, la cual, para el hombre, siempre se halla en la Palabra; porque, en ese caso, cuando Satanás nos tienta a actuar, como siempre lo hace, por algún otro motivo, se ve que este motivo está en oposición a la Palabra que está en el corazón, y al motivo que gobierna el corazón, y, por lo tanto, es juzgado como estando en oposición a él. Está escrito: "En mi corazón he guardado tus dichos, Para no pecar contra ti." (Salmo 119:11). Esta es la razón por la cual a menudo es siempre importante, cuando dudamos, que nos preguntemos por qué motivo somos influenciados.

 

 

Las tres tentaciones y los tres caracteres del Señor

 

Me parece que estas tres tentaciones son dirigidas al Señor en los tres caracteres de Hombre, de Mesías, y de Hijo del Hombre.

Él no tenía deseos pecaminosos como el hombre caído, pero estaba hambriento. El tentador le persuadiría a satisfacer esta necesidad sin Dios.

Las promesas en los Salmos le pertenecían a Él como siendo hechas al Mesías.

Y todos los reinos del mundo eran Suyos como el Hijo del Hombre.

Él siempre respondía como un fiel israelita, personalmente responsable ante Dios, haciendo uso del libro de Deuteronomio, que trata sobre este asunto (a saber, la obediencia de Israel, en relación con la posesión de la tierra, y los privilegios que pertenecían al pueblo en relación con esta obediencia; y esto, aparte de la organización que los constituía un cuerpo colectivo ante Dios) [14].

Satanás le deja, y los ángeles vienen para ejercer su ministerio para con el Mesías, el Hijo del Hombre victorioso a través de la obediencia. Sobre lo que Satanás le habría hecho hacer para probar a Dios, Él pasó por ello plenamente. Los ángeles son espíritus ministradores para nosotros también.

 

[14] Un examen cuidadoso del Pentateuco mostrará que, aunque se especifican necesarios hechos históricos, con todo, los contenidos de Éxodo, Levítico y Números son esencialmente típicos. El tabernáculo fue construido conforme al modelo mostrado en el monte, el modelo de las cosas celestiales; y no solamente las ordenanzas ceremoniales, sino los hechos históricos, como el apóstol expone con claridad, les acontecieron a ellos como ejemplos, y están escritos para amonestarnos a nosotros. Deuteronomio da instrucciones para su conducta en la tierra; pero los tres libros mencionados, incluso donde hay hechos históricos, son típicos en su objetivo. No sé si se ofreció un sacrificio después de que estos fueran instituidos, a menos que quizá se ofrecieran los que eran oficiales (ver Hechos 7:42).

 

 

Satanás enfrentado y atado para el hombre

 

Pero cuán profundamente interesante es ver al bendito Salvador, al Hijo de Dios descendido desde el cielo, y tomar - el Verbo hecho carne - Su lugar en la tierra entre los pobres piadosos, y, habiendo tomado ese lugar, reconocido por el Padre como Su Hijo, habiéndose abierto los cielos abiertos y abiertos a Él como Hombre, y el Espíritu Santo descendiendo y viniendo sobre Él como hombre aunque sin medida, y formando así el modelo de nuestro lugar, aunque aún no estábamos en este lugar; y la Trinidad entera, como he dicho, es primero plenamente revelada cuando Él es asociado así con el hombre; y entonces, siendo nosotros esclavos de Satanás, verle yendo, en este carácter y relación, a encontrarse con Satanás por nosotros, atar al hombre fuerte, y dar también al hombre, a través de Él, este lugar: sólo que, para nosotros, era necesaria la redención para traernos donde Él está.

 

 

El ministerio del Señor fuera de Jerusalén, cumpliendo la profecía

 

Siendo Juan arrojado en prisión, el Señor se dirige a Galilea. Este movimiento, el cual determinó la escena de Su ministerio fuera de Jerusalén y Judea, tenía gran importancia con respecto a los Judíos. El pueblo (hasta este momento centrado en Jerusalén, envanecido en la posesión de las promesas, de los sacrificios, y del templo, y en ser la tribu real), perdió la presencia del Mesías, el Hijo de David. Él fue, para la manifestación de Su persona, para el testimonio de la intervención de Dios en Israel, a los pobres y despreciados del rebaño; porque el  remanente y los pobres del rebaño se hallan ya, en Mateo 3 y Mateo 4, distinguidos claramente de los principales del pueblo. De esta manera, Él se convirtió en el verdadero linaje, en vez de ser un renuevo de lo que había sido plantado en otra parte; aunque este efecto no fue totalmente manifestado aún. El momento corresponde a Juan 4.

Podemos comentar aquí que, en el Evangelio de Juan, los Judíos son siempre distinguidos de la multitud, llamada 'el pueblo' en los Evangelios. El lenguaje, o más bien la pronunciación, era totalmente diferente. Ellos no hablaban Caldeo en Galilea.

Al mismo tiempo, esta manifestación del Hijo de David en Galilea fue el cumplimiento de una profecía en Isaías. La fuerza de aquella profecía es esta: aunque el cautiverio Romano era mucho más terrible que la invasión de los Asirios, cuando estos subieron contra Israel, no obstante, había esta circunstancia que lo alteraba todo, a saber, la presencia del Mesías, la Luz verdadera, en la tierra.

 

 

La historia del Señor pasada por alto aquí hasta la muerte

de Juan el Bautista

 

Observamos que el Espíritu de Dios omite aquí toda la historia de Jesús hasta el comienzo de Su ministerio después de la muerte de Juan el Bautista. Le da a Jesús Su posición apropiada en medio de Israel - Emanuel, el Hijo de Dios, el Amado de Dios, reconocido como Su Hijo, el Fiel en Israel, aunque expuesto a todas las tentaciones de Satanás; y luego, inmediatamente después, Su posición profética anunciada por medio de Isaías y el reino proclamado como cercano [15].

Luego, entonces, Él reúne a Su alrededor a aquellos que definitivamente iban a seguirle en Su ministerio y en Sus tentaciones; y, a Su llamado, iban a vincular su porción y su herencia con la Suya, abandonando todo lo demás.

El hombre fuerte estaba atado, a fin de que Jesús pudiera despojar sus bienes, y proclamar el reino con pruebas de ese poder que era capaz de establecerlo.

 

[15] Y nosotros podemos comentar aquí, que Él abandona a los Judíos y Jerusalén, como ya se ha comentado, y Su lugar natural, por decirlo así, que le dio a Él Su nombre, Nazaret, y toma Su lugar profético. El  encarcelamiento de Juan era significativo de Su propio rechazo. Juan fue Su precursor en ello, así como en su misión, del Señor. Ver Mateo 17:12. El testimonio de Jesús es el mismo que el de Juan el Bautista.

 

 

La proclamación del reino en poder;

su carácter, su naturaleza y sus súbditos

 

Dos cosas son, entonces, presentadas en la narrativa del Evangelio. Primero, el poder que acompaña la proclamación del reino. En dos o tres versículos [16], sin otro detalle, el hecho es anunciado. Se asiste a la  proclamación del reino con actos de poder que atraen la atención de todo el país, a todo lo largo del antiguo  territorio de Israel. Jesús aparece ante ellos investido de este poder. Segundo, en los capítulos 5 al 7, el carácter del reino es anunciado en el sermón del Monte, así como el de las personas que deberían tener parte en él (siendo revelado, además, el nombre del Padre). Es decir, el Señor había anunciado el reino venidero, y con el poder presente de la bondad, habiendo vencido al adversario; y luego muestra cuales eran los verdaderos caracteres según los cuales este reino sería establecido, y quiénes podría entrar, y de qué manera. En este sermón no se habla de la redención, sino del carácter y la naturaleza del reino, y de quiénes podían entrar. Esto muestra claramente la posición moral que este sermón sostiene en la enseñanza del Señor.

 

[16] Es notable el hecho de que se haga un recuento de todo el ministerio del Señor en el versículo 23. Todas las subsiguientes afirmaciones son hechos, que tienen una importancia moral especial, los cuales muestran lo que  estaba pasando entre el pueblo, en gracia, tendiente a Su rechazo, y no propiamente una historia consecutiva. Esto sella el carácter de Mateo muy claramente.

 

 

La posición del Señor en Israel; los principios de Su reino

 

Es evidente que, en toda esta parte del Evangelio, el objetivo de la enseñanza Espíritu es la posición del Señor, y no los detalles de Su vida. Los detalles vienen después, a fin de exhibir plenamente lo que Él era en medio de Israel, Sus relaciones con ese pueblo, y Su camino en el poder del Espíritu que condujo a la ruptura entre el Hijo de David y el pueblo que debió haberle recibido. Estando la atención de todo el país puesta en Su hechos poderosos, el Señor establece ante Sus discípulos -pero a oídos del pueblo- los principios de Su reino.

 

 

Capítulos 5-7

 

Las divisiones y los contenidos del Sermón del Monte

 

Este discurso puede dividirse en las siguientes partes: [17]

-El carácter y la porción de aquellos que debían estar en el reino (versículos 1-12).

- La posición de ellos en el mundo (versículos 13-16).

- La conexión entre los principios del reino y la ley (versículos 17-48). [18]

- El espíritu en el cual los discípulos deberían hacer buenas obras (Mateo 6:1-18).

- La separación del espíritu del mundo y de sus preocupaciones (versículos 19-34).

- El espíritu de sus relaciones con los demás (Mateo 7:1-6).

- La confianza en Dios, la cual debía caracterizarlos (versículos 7-12).

- La energía que debía caracterizarlos, a fin de que pudieran entrar en el reino; no obstante, no meramente entrar, ya que muchos intentarían hacerlo, sino conforme a aquellos principios que lo hacían difícil para el hombre, según Dios - la puerta estrecha; y después, el medio por el cual discernirían a aquellos que procurarían engañarlos, así como la vigilancia necesaria para no ser engañados (versículos 13-23).

- Obediencia real y práctica a Sus dichos, la verdadera sabiduría de aquellos que oyen Sus palabras (versículos 24-29).

 

[17] En el texto he dado una división que puede ser de ayuda para una aplicación práctica del sermón del Monte. Con respecto a los temas contenidos en él, aunque la diferencia no es muy grande, quizás sería mejor dividirlo de la siguiente manera:

- Mateo 5:1-16: contiene el cuadro completo del carácter y posición del remanente que recibió Sus instrucciones - su posición, como debe ser, conforme a la mente de Dios. El cuadro es completo en sí mismo.

- Los versículos 17-48 establecen la autoridad de la ley, la cual debería haber regulado la conducta de los fieles hasta la introducción del reino; la ley que ellos deberían haber cumplido, así como las palabras de los profetas, para que ellos (el remanente) debiesen ser puesto en este nuevo terreno; y el desprecio de la cual excluiría a quienquiera que fuera culpable de ello; porque Cristo está hablando, no como en el reino, sino como anunciando que este se acercaba. Pero, mientras establece de este modo la autoridad de la ley, Él se ocupa de los dos grandes elementos del mal, tratados sólo en actos externos en la ley, la violencia y la corrupción, y juzga el mal en el corazón (22, 28), y que a toda costa hay que deshacerse de ello y de toda ocasión de ello, mostrando así lo que debía ser la conducta de Sus discípulos, y su estado de alma - aquello que debía caracterizarlos como tales. Entonces, el Señor se ocupa de ciertas cosas que Dios había soportado en Israel, y preceptuadas conforme a lo que ellos podían soportar. Así, el divorcio era traído a la luz de un verdadero juicio moral - siendo el casamiento la base divina de toda relación humana - y el jurar u ofrecer votos, la acción de la voluntad del hombre con relación a Dios; luego, la paciencia del mal, y la plenitud de la gracia, Su propio carácter bendito, y conllevando el título moral de lo que era Su lugar vivo - hijos de su Padre que estaba en los cielos. En vez de debilitar aquello que Dios demandaba bajo la ley, Él no solamente iba a observarlo hasta su consumación, sino que Sus discípulos debían ser perfectos así como su Padre que está en los cielos era perfecto. Esto añade la revelación del Padre, al caminar moral y al estado que convenía al carácter de hijos tal como fue revelado en Cristo.

- Mateo 6: tenemos los motivos, el objetivo que debían gobernar el corazón al hacer buenas obras, al vivir una vida religiosa. El ojo de ellos debía estar puesto en su Padre. Esto es individual.

- Mateo 7: este capítulo se ocupa esencialmente de la relación que sería conveniente entre Su propio pueblo y los demás - a no juzgar a sus hermanos y a precaverse de los profanos. Él, entonces, los exhorta a la confianza en pedir a su Padre por sus necesidades, y les instruye a actuar hacia los demás con la misma gracia que les gustaría se les mostrase a ellos. Esto está fundado sobre el conocimiento de la bondad del Padre. Finalmente, los exhorta a la energía que les iba permitir entrar por la puerta estrecha, y escoger el camino de Dios, costase lo que costase (pues muchos gustarían de entrar en el reino, pero no por esa puerta); y Él les advierte contra aquellos que intentarían engañarlos pretendiendo tener la Palabra de Dios. No es solamente de nuestros  corazones que tenemos que temer, y del mal positivo, cuando siguiéramos al Señor, sino también de las maquinaciones del enemigo y de sus agentes. Pero sus frutos los traicionarán.

 

[18] Sin embargo, es importante comentar que no hay una espiritualización general de la ley, como a menudo se declara. Los dos grandes principios de inmoralidad entre los hombres son considerados (violencia y corrupción), a los cuales son añadidos votos voluntarios. En Estos se contrastan las exigencias de la ley y lo que Cristo demandaba.

 

 

La revelación del nombre del Padre

 

Hay otro principio que caracteriza a este discurso, y es la presentación del nombre del Padre. Jesús pone a Sus discípulos en relación con Su Padre, como Padre de ellos. Les revela el nombre del Padre, para que ellos puedan estar en relación con Él, y para que puedan actuar en conformidad a lo que Él es.

 

 

El rechazo del Rey; la posición y la conducta consiguientes

de Sus seguidores

 

Este discurso da los principios del reino, pero supone el rechazo del Rey, y la posición en la cual esto llevaría a aquellos que eran Suyos; quienes, por consiguiente, deben buscar una recompensa celestial. Tenían que ser un olor divino donde Dios era conocido y actuaba, e iban a ser un espectáculo al mundo. Además, Este era el objetivo de Dios. Su confesión tenía que ser tan abierta como para que el mundo atribuyera las obras de ellos al Padre. Por una parte, ellos tenían que actuar según un juicio del mal que alcanzara al corazón y a los motivos, pero también, por otra parte, debían actuar conforme al carácter del Padre en gracia - para ser aprobados por el Padre que ve en lo secreto, donde el ojo del hombre no podía penetrar. Tenían que poseer plena confianza en Él para todas sus necesidades. Su voluntad era la norma según la cual había entrada en el reino.

 

 

El discurso pronunciado en Israel

antes de que el reino sea establecido

 

Podríamos observar que este discurso está relacionado con la proclamación del reino como estando cercano, y que todos estos principios de conducta son dados como características del reino, y como condiciones para la entrada en él. De ello se deduce, sin duda, que estos principios son apropiados para aquellos que han entrado. Pero el discurso es pronunciado en medio de Israel [19], antes que el reino sea establecido, y como estado previo para entrar en él, y para presentar los principios fundamentales del reino en relación con ese pueblo, y en contraste moral con las ideas que ellos se habían formado respecto a él.

 

[19] Debemos recordar siempre que, mientras que Israel tiene, dispensacionalmente, gran importancia como centro del gobierno de Dios en este mundo, moralmente Israel no era nada más que la muestra de lo que era el hombre, allí donde todos los caminos y tratos de Dios habían sido llevados a cabo como para traer a la luz lo que él era. El Gentil era el hombre abandonado a sí mismo en lo que se refiere a los caminos especiales de Dios, y por ello no revelados. Cristo era una luz (gr.: eis apokalypsen ethnon) a ser revelada a los Gentiles, Lucas 2:32.

 

 

Las bienaventuranzas: el carácter y la porción de aquellos

en el reino

 

Al examinar las bienaventuranzas, hallaremos que esta porción entrega, en general, el carácter de Cristo mismo. Estas bienaventuranzas dan por sentadas dos cosas: la posesión futura de la tierra de Israel por los mansos, y la persecución del remanente fiel, verdaderamente justo en sus caminos, y quienes afirmaban los títulos del verdadero Rey (estando el cielo puesto ante ellos como su esperanza para sostener sus corazones) [20].

 

[20] Los benditos caracteres pronunciados pueden ser observados brevemente. Dan por sentado que el mal está en el mundo, y entre el pueblo de Dios. El primer carácter es no buscar grandes cosas para uno mismo, sino aceptar un lugar despreciado en una escena contraria a Dios. De ahí que la lamentación sea lo que los caracteriza aquí, y la mansedumbre, una voluntad que no se eleva en contra de Dios, ni para mantener su posición o derechos. Luego está el bien positivo en el deseo, pues todavía no ha sido hallado; por consiguiente, teniendo hambre y sed por ello, tal es el estado interior y la actividad de la mente. Después, la gracia hacia los demás. Luego, la pureza de corazón, la ausencia de lo que excluye a Dios; y, lo que está siempre relacionado con ello, la paz y la pacificación. Pienso que hay un progreso moral en estos versículos, un versículo conduciendo al siguiente como efecto de ello. Los dos últimos son las consecuencias de mantener una buena conciencia y una buena relación con Cristo en un mundo de maldad. Hay dos grandes principios de sufrimiento, como en la Primera Epístola de Pedro, por causa de la justicia y del nombre de Cristo.

 

 

La posición de los discípulos en el mundo

 

Esta será la posición del remanente en los últimos días antes de la introducción del reino, siendo este último algo excepcional. Así era, moralmente, en los días de los discípulos del Señor, en referencia a Israel, cuando la parte terrenal era demorada. En referencia al cielo, los discípulos son contemplados como testigos en Israel; pero - mientras que ellos eran lo único que preservaba la tierra - eran un testimonio al mundo. Así que los discípulos son vistos en relación con Israel, pero, al mismo tiempo, como testigos de parte de Dios al mundo (teniendo el reino en vista, pero aún no establecido). La relación con los últimos días es evidente; sin embargo su testimonio tenía entonces, moralmente, este carácter. Solamente el establecimiento del reino terrenal había sido demorado, y la iglesia, la cual es celestial, es introducida. Mateo 5:25 alude evidentemente a la posición de Israel en los tiempos de Cristo. Y, de hecho, ellos permanecen cautivos, en prisión, hasta que hayan recibido su pleno castigo,  y entonces saldrán nuevamente.

 

 

El Hombre obediente, el Señor del cielo

 

El Señor habla y actúa siempre como el Hombre obediente, movido y guiado por el Espíritu Santo; pero vemos de la manera más extraordinaria, en este Evangelio, quién es el que actúa así. Y es esto lo que confiere su verdadero carácter moral al reino de los cielos. Juan el Bautista podía anunciarlo como un cambio de dispensación, pero su ministerio era terrenal. Cristo podía igualmente anunciar este mismo cambio (y el cambio era de suma  importancia); pero en Él había más que esto. Él era del cielo, el Señor que vino del cielo. Al hablar del reino de los cielos, Él hablaba desde la profunda y divina abundancia de Su corazón. Ningún hombre había estado en el cielo, excepto Él, que había descendido de allí, el Hijo del Hombre que estaba en el cielo. Por lo tanto, cuando hablaba del cielo, Él hablaba de lo que conocía, y testificaba de lo que había visto. Esto era así de dos maneras, como se expone en el Evangelio de Mateo. Ya no era un gobierno terrenal según la ley; Jehová, el Salvador, Emanuel, estaba presente. ¿Podía ser Él de otro modo que no fuera celestial en Su carácter, en el tono, en los sentidos, de Su vida entera?

 

 

El carácter de Cristo identificado con el cielo

 

Además, cuando Él empezó Su ministerio público y fue sellado por el Espíritu Santo, los cielos Le fueron abiertos. Fue identificado con el cielo como un hombre sellado con el Espíritu Santo en la tierra. Él fue así, la expresión permanente del espíritu, de la realidad, del cielo. Todavía no existía el ejercicio del poder judicial, el cual sostendría este carácter ante todo lo que se le opusiera. Fue su manifestación en paciencia, no obstante la oposición de todos los que le rodeaban y de la incapacidad de Sus discípulos para comprenderle. Así, en el sermón del Monte hallamos la descripción de aquello que era apropiado para el reino de los cielos, e incluso el aseguramiento del galardón en los cielos para aquellos que deberían sufrir en la tierra por causa de Su nombre. Esta descripción, como hemos visto, es esencialmente el carácter de Cristo mismo. Es de esta forma que un espíritu celestial se expresa en la tierra. Si el Señor enseñó estas cosas, es porque Él los amaba, porque Él era de ellos y se deleitaba en ellos. Siendo el Dios del cielo, siendo lleno, como hombre, del Espíritu sin medida, Su corazón estaba perfectamente en armonía con un cielo que Él conocía perfectamente. En consecuencia, de ahí que Él determine el carácter que Sus discípulos tenían que asumir con estas palabras: "Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto." Toda su conducta debía ser en referencia al Padre de ellos en los cielos. Cuanto más comprendemos la gloria divina de Jesús, más comprendemos la manera en que Él era hombre relacionado con el cielo, mejor aprenderemos lo que el reino de los cielos era para Él, en cuanto a lo que era apropiado a él. Cuando sea establecido con poder en un futuro, el mundo será gobernado conforme a aquellos principios, aunque no sean estos, propiamente hablando, suyos propios.

El remanente en los últimos días, no lo dudo, encontrando que todo alrededor es contrario a la fidelidad, y viendo fracasar toda la esperanza Judía ante sus ojos, estarán obligados a levantar el rostro en alto, y adquirirán más y más este carácter, el cual, si no celestial, es al menos muy conformado a Cristo. [21]

 

[21] A los que se les dé muerte irán al cielo, como Mateo 5:12 lo testifica, y el Apocalipsis también. Los otros, que son así conformados a Cristo, como un Judío sufriente, estarán con Él sobre el monte Sión; aprenderán el cántico que se canta en el cielo, y seguirán al Cordero dondequiera que Él fuere (en la tierra). Podríamos comentar también aquí, que en las bienaventuranzas está la promesa de la tierra para los mansos, la cual será cumplida literalmente en los últimos días. En el versículo 12, se promete un galardón en el cielo a aquellos que sufrirán por Cristo, verdadero para nosotros ahora, y de algún modo para aquellos que serán muertos por causa de Su nombre en los últimos tiempos, los cuales tendrán su lugar en el cielo, aunque sean estos una parte del remanente Judío, y no la asamblea. Los mismos son encontrados en Daniel 7: solamente, observen, son los tiempos y las leyes los que serán entregados en manos de la bestia, no los santos.

 

 

La multitud, y el poder, y el carácter del Señor

 

Hay dos cosas relacionadas con la presencia de la multitud en el versículo 1. En primer lugar, el tiempo necesario para que el Señor les diese una idea verdadera del carácter de Su reino, puesto que Él ya había atraído a la multitud tras de Él. Al hacerse sentir Su poder, era importante que Su carácter fuese dado a conocer. Por otro lado, esta multitud que estaba siguiendo a Jesús era un lazo para Sus discípulos; y Él les hace entender qué completo contraste había entre el efecto que la multitud podía tener sobre ellos, y el espíritu correcto que debía  gobernarlos. Así, lleno Él mismo de lo verdaderamente bueno, presenta inmediatamente lo que llenaba Su propio corazón. Este era el verdadero carácter del remanente que, en lo principal, se asemejaba a Cristo en esto. A menudo es así en los Salmos.

 

 

La sal de la tierra y la luz del mundo

 

La sal de la tierra es una cosa diferente de la luz del mundo. La tierra, según me parece, expresa aquello que ya profesaba haber recibido luz de Dios - aquello que estaba en relación con Él en virtud de la luz - habiendo asumido una forma determinada ante Él. Los discípulos de Cristo eran el principio conservante en la tierra. Ellos eran la luz del mundo, que no poseía esa luz. Esta era su posición, reflejaran esa luz o no. Era el propósito de Dios que ellos fueran la luz del mundo. Una luz no se enciende para ser escondida.

 

 

La oposición de los hombres al establecimiento del reino

 

Todo esto da por sentado el caso de la posibilidad del establecimiento del reino, pero también da por sentada la oposición de la mayoría de los hombres a su establecimiento. No se trata de la redención del pecador, sino de la comprensión del carácter apropiado a un lugar en el reino de Dios; aquel que el pecador debería buscar en tanto está en el camino con su adversario, a fin de no ser entregado al juez -  lo cual, de hecho, ha sucedido a los Judíos.

 

 

Relación con el Padre; oración en dependencia

 

Al mismo tiempo, los discípulos son traídos individualmente a la relación con el Padre - el segundo gran principio del discurso, la consecuencia de que el Hijo está allí - y una cosa aún más excelente que su posición de testimonio para el reino, es puesta ante ellos. Ellos tenían que actuar en gracia, así como su Padre actuaba, y su oración debía ser para un orden de cosas en las que todo correspondiera moralmente al carácter y a la voluntad de su Padre. "Santificado sea tu nombre, venga tu reino" [22] significa que todo debiera responder al carácter del Padre, que todo debiera ser el efecto de Su poder; "Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra", es obediencia perfecta. La sujeción universal a Dios en el cielo y en la tierra será, hasta cierto punto, cumplida por la intervención de Cristo en el milenio, y de manera absoluta cuando Dios será todo en todos. Mientras tanto, la oración expresa dependencia diaria, la necesidad de perdón, la necesidad de ser guardados del poder del enemigo, el deseo de no ser zarandeados por él, como una administración de Dios, igual que lo fueron Job o Pedro, y de ser preservados del mal.

 

[22] Es decir, el del Padre. Comparar con Mateo 13:43.

 

 

La aplicación especial de "la Oración del Señor"

 

Esta oración también se adapta a la posición del remanente; pasa por alto la dispensación del Espíritu, e incluso aquello que es apropiado al milenio como un reino terrenal, para expresar los deseos correctos, y hablar de la condición y de los peligros del remanente hasta que el reino del Padre haya de venir. Muchos de estos principios son siempre verdaderos, ya que nosotros estamos en el reino, y deberíamos manifestar en el espíritu sus características; pero la aplicación especial y literal es aquella que he dado. Ellos son traídos a la relación con el Padre, en la comprensión de Su carácter, el cual tenía que ser exhibido en ellos en virtud de esta relación, haciendo que desearan el establecimiento de Su reino, para vencer las dificultades de un mundo opuesto, guardarse a sí mismos de los lazos del enemigo y hacer la voluntad del Padre. Era Jesús quien podía impartirles esto. Él pasa de esta forma de la ley [23], reconocida como proveniente de Dios, a su cumplimiento, cuando será como absorbida en la voluntad de Aquel que la dio, o cumplida en sus propósitos por Aquel solo que podía hacerlo así en cualquier sentido.

 

[23] La ley es la norma perfecta para un hijo de Adán, la norma o medida de lo que él debería ser, pero no de la manifestación de Dios en gracia como Cristo lo era, en lo cual Él es nuestro modelo - un llamamiento justo a amar a Dios y a andar en el cumplimiento del deber en la relación, pero no a una imitación de Dios, sino andando en amor, como Cristo nos amó y se entregó a Sí mismo por nosotros.

 

 

Capítulo 8

 

El comienzo del testimonio del Señor en medio de Israel

 

Luego, en el capítulo 8, el Señor comienza Su paciente vida de testimonio en medio de Israel, la cual concluyó con Su rechazo por el pueblo al que Dios había guardado tanto tiempo para Él, y para su propia bendición.

Él había proclamado el reino, exhibió Su poder por toda la tierra, y manifestó Su carácter, así como el espíritu de aquellos que iban a entrar al reino.

 

 

El carácter de los milagros del Señor

 

Pero Sus milagros [24], así como todo el Evangelio, están siempre caracterizados por Su posición entre los Judíos y los tratos de Dios con ellos, hasta que Él fue rechazado. Jehová, y sin embargo el Hombre obediente a la ley, anunciando por anticipado la entrada de los Gentiles en el reino (su establecimiento en misterio en el mundo), y prediciendo la edificación de la Iglesia o asamblea sobre el reconocimiento de que Él es el Hijo del Dios viviente, y el reino en gloria. Y, mientras detectaba, como efecto de Su presencia, la perversidad del pueblo, con todo, llevaba en Su corazón, con perfecta paciencia, la carga de Israel [25]. Es Jehová presente en bondad, exteriormente como uno de ellos: ¡maravillosa verdad!

 

[24] Los milagros de Cristo tenían un carácter peculiar. No eran meramente actos de poder, sino que eran, todos ellos, poder de Dios visitando este mundo en bondad. El poder de Dios había sido mostrado frecuentemente de modo especial, desde Moisés, pero a menudo en juicio. Pero todos los milagros de Cristo eran la liberación de los hombres de las nefastas consecuencias que el pecado había introducido. Hubo una excepción, la maldición de la higuera, pero esta era una sentencia judicial sobre Israel, es decir, el hombre bajo el antiguo pacto, donde había gran apariencia, pero ningún fruto.

 

[25] Añado aquí algunas notas, preparadas desde que esto fue escrito, arrojando luz, yo pienso, sobre la estructura de este Evangelio. Mateo 5 al 7, presentan el carácter requerido para la entrada en el reino, el carácter que debía señalar al remanente aceptado, Jehová, estando ahora en el camino con la nación hacia el juicio. Los capítulos 8 al 9 presentan el otro aspecto - la gracia y la bondad entran, Dios es manifestado, Su carácter y hechos, esa cosa nueva que no podía ser puesta en los odres viejos - aun así, bondad en poder, pero rechazada, en el Hijo del Hombre (no el Mesías), quien no tenía dónde recostar Su cabeza. Mateo 8 ofrece la intervención presente con poder bajo una bondad temporal. De ahí que, como bondad, esta va más allá de Israel, puesto que trata en gracia con lo que fue excluido del campamento de Dios en Israel. Esto incluye poder sobre todo el poder satánico, sobre la enfermedad y sobre los elementos, y ello, tomando la carga sobre Sí mismo, pero bajo un rechazo consciente. Mateo 8: 17-20, nos conduce a Isaías 53: 3, 4, y al estado de cosas que llaman a seguirle completamente a Él, dejando todo. Esto conduce al triste testimonio de que, si el poder divino echa fuera al de Satanás, la presencia divina manifestada en ello es insoportable para el mundo. Los cerdos representan, por consiguiente, a Israel. Mateo 9 provee el lado religioso de Su presencia en gracia, el perdón, y el testimonio de que Jehová estaba allí conforme al Salmo 103, pero estaba allí para llamar a pecadores, no a justos; y esto era especialmente lo que no se adaptaba a los odres viejos. Finalmente, este capítulo, prácticamente, salvo la paciencia de la bondad, cierra la historia. Él vino a salvar la vida de Israel. Israel estaba realmente muerto cuando Él vino: sólo que, dondequiera que hubiera fe en medio de la muchedumbre circundante, allí había curación. Los Fariseos muestran la blasfemia de los líderes: solamente la paciencia de la gracia subsiste aún, llevada a cabo hacia Israel en Mateo 10, pero en Mateo 11 se encuentra que todo es sin provecho. El Hijo revelaba al Padre, y esto es lo que permanece y da descanso. Mateo 12 desarrolla plenamente el juicio y el rechazo de Israel. Mateo  13 presenta a Cristo como un sembrador, no buscando fruto en Su viña, y la forma real del reino de los cielos.

 

 

La curación del leproso: Dios manifestado en gracia

y bondad

 

Antes de todo, hallamos la curación de un leproso. Jehová solo, en Su soberana bondad, podía curar al leproso; aquí Jesús lo hace. "Si quieres", dice el leproso, "puedes". "Quiero", contesta el Señor. Pero al mismo tiempo, mientras expone en Su propia Persona aquello que repele toda posibilidad de contaminación - aquello que está por encima del pecado - Él muestra la más perfecta condescendencia hacia el contaminado. Él toca al leproso, diciendo, "Quiero; sé limpio." Vemos la gracia, el poder, la santidad de Jehová que no se puede contaminar, descendiendo en la Persona de Jesús hasta la proximidad más cercana al pecador, tocándole, por así decirlo. Fue, de hecho, "Jehová, tu sanador." (Éxodo 15:26) [26]. Al mismo tiempo, Él se oculta, y ordena al hombre que había sido sanado, que fuese al sacerdote según las ordenanzas de la ley para presentar la ofrenda. Él no sale del lugar del Judío en sujeción a la ley; pero Jehová estaba allí en bondad.

 

[26] Aquel que tocaba a un leproso se volvía impuro; pero el Bendito se acercó así tanto al hombre, pero quitó la contaminación sin contraerla. El leproso conocía Su poder, pero no estaba seguro de Su bondad. La palabra "Quiero" la manifestó, pero con un título que sólo Dios tiene para hacerlo.

 

 

Gracia soberana a un Gentil

 

Pero en el siguiente caso, vemos a un Gentil, que por la fe goza del efecto pleno de ese poder que su fe asignaba a Jesús, dándole al Señor la ocasión para exponer la solemne verdad de que muchos de esos pobres Gentiles vendrían y se sentarían en el reino de los cielos con los padres que eran honrados por la nación Judía como los primeros padres de los herederos de la promesa, mientras que los hijos del reino estarían en las tinieblas de afuera. De hecho, la fe de este centurión reconoció un poder divino en Jesús, el cual, por la gloria de Aquel que lo poseía, abriría la puerta a los Gentiles (no olvidaría a Israel, sino que), injertaría en el olivo de la promesa las ramas del olivo silvestre, en el lugar de aquellas que debían ser cortadas. La manera en la cual esto debería ocurrir en la asamblea, no era el tema ahora.

 

 

La suegra de Pedro sanada: intervención presente

en bondad y poder temporales

 

No obstante, Él no abandona aún a Israel. Entra en la casa de Pedro, y sana a la madre de su esposa. Hace lo mismo con todos los enfermos que se apiñan en torno a la casa, al atardecer, cuando el día de reposo había terminado. Todos son sanados, los demonios son echados fuera, de modo que la profecía de Isaías se estaba cumpliendo: "El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias." (Mateo 8:17). Jesús puso Su corazón bajo el peso de todas las dolencias que oprimían a Israel, a fin de aliviarlos y curarlos. Aún es Emanuel, quien está consciente de su miseria y se aflige por todas sus aflicciones, pero quien ha venido con el poder que demuestra que Él es capaz de liberarlos.

 

 

Rechazo consciente

 

Estos tres casos muestran este carácter de Su ministerio de manera clara y extraordinaria. Él se oculta; pues, hasta el momento en que Él mostraría juicio a los Gentiles, Él no alza Su voz en las calles. Es la paloma, la cual reposa sobre Él. Estas manifestaciones de poder atraen a los hombres hacia Él; pero esto no le engaña: Él nunca se aparta en espíritu del lugar que ha tomado. Él es despreciado y rechazado por los hombres; no tiene dónde recostar Su cabeza. La tierra tenía más lugar para las zorras y las aves que para Él, a quien hemos visto aparecer momentos antes como el Señor, reconocido al menos por causa de las necesidades que Él nunca rehusó aliviar. Por lo tanto, si algún hombre quería seguirlo, debía abandonar todo para ser el compañero del Señor, que no hubiera descendido a la tierra si no hubiese estado todo en entredicho; ni lo habría hecho sin un derecho absoluto, aunque fue, al mismo tiempo, con un amor que solamente podía estar ocupado por su misión, y por la necesidad que trajo al Señor allí.

 

 

La tempestad permitida para la prueba de la fe

y para manifestar la dignidad de Cristo

 

El Señor en la tierra, o lo era todo o no era nada. Esto, es verdad, tenía que sentirse moralmente en sus resultados, en la gracia que, actuando por fe, unía al creyente a Él con un vínculo inefable. Sin esto, el corazón no habría sido sometido a prueba moralmente. Pero esto no lo hacía menos verdadero. Por consiguiente, las pruebas de esto estaban presentes: los vientos y las olas, ante los cuales para el ojo humano Él parecía estar expuesto, obedecieron Su voz de inmediato - una asombrosa reprobación a la incredulidad que le despertó de Su sueño, la cual había creído posible que las olas le iban a tragar, y con Él los consejos y el poder de Aquel que había creado los vientos y las olas. Es evidente que esta tempestad fue permitida para probar la fe de ellos y para manifestar la dignidad de Su Persona. Si el enemigo fue el instrumento que la produjo, él sólo tuvo éxito en hacer que el Señor exhibiese Su gloria. Tal es, en efecto, siempre el caso respecto a Cristo, y para nosotros, donde la fe está.

Ahora bien, la realidad de este poder, y la manera de su operación, son demostrados forzosamente por lo que sigue.

 

 

El poder divino echa fuera el poder de Satanás;

la presencia divina insoportable para el mundo

 

El Señor desembarca en la tierra de los gadarenos. Allí el poder del enemigo se manifiesta en todos sus horrores. Si el hombre, a quien el Señor había venido en gracia, no Le conocía, los demonios conocían a su Juez en la Persona del Hijo de Dios. El hombre estaba poseído por ellos. El temor que tenían al tormento en el juicio del último día, es aplicado en la mente del hombre ante la presencia inmediata del Señor: "¿Has venido acá para atormentarnos antes de tiempo?" Los espíritus malignos actúan en los hombres mediante el temor a su poder; ellos no tienen poder a menos que se les tema. Pero sólo la fe puede sacar este temor del hombre. No me refiero a las pasiones con que estos actúan, ni a las asechanzas del enemigo; yo hablo del poder del enemigo. "Resistid al diablo, y huirá de vosotros." (Santiago 4:7). Aquí los demonios deseaban manifestar la realidad de su poder. El Señor lo permite, para dejar claro que en este mundo no es simplemente cuestión de si el hombre es bueno o malo, sino,  también, de aquello que es más fuerte que el hombre. Los demonios entran en los cerdos, que perecen en las aguas. Lamentable realidad que demuestra claramente que no era un asunto de una mera enfermedad o de pasiones pecaminosas, ¡sino de malos espíritus! Sin embargo, gracias sean dadas a Dios, era también un asunto de Uno que, aunque Hombre en la tierra, era más poderoso que ellos. Los demonios son obligados a reconocer este poder, y apelan a él. No existe el mínimo gesto de resistencia. En la tentación en el desierto, Satanás había sido vencido. Jesús libera completamente al hombre que había sido oprimido con su poder maligno. El poder de los demonios no era nada ante Él. Podía haber liberado al mundo de todo el poder del enemigo, si eso hubiera estado solamente en cuestión, y de todos los males de la humanidad. El hombre fuerte fue atado, y el Señor saqueó sus bienes. Pero la presencia de Dios, de Jehová, turba al mundo incluso más que de lo que el poder del enemigo degrada y domina la mente y el cuerpo. El control del enemigo sobre el corazón - demasiado pacífico, y, ¡lamentablemente! muy poco percibido - es más poderoso que la fuerza del corazón. Esto sucumbe ante la palabra de Jesús; pero la voluntad del hombre acepta el mundo como es, gobernado por la influencia de Satanás. Toda la ciudad, que había sido testigo de la liberación del poseído y del poder de Jesús presente entre ellos, le ruegan que se vaya. ¡La triste historia del mundo! El Señor descendió con poder para liberar al mundo - al hombre - de todo el poder del enemigo; pero ellos no se dejarían liberar. Su distancia de Dios era moral, y no simplemente una servidumbre al poder del enemigo. Ellos se sometieron a su yugo, se habían acostumbrado a él, y no iban a aceptar la presencia de Dios.

Yo no dudo que lo que sucedió a los cerdos es una figura de lo que sucedió a los Judíos impíos y profanos, los cuales rechazaron al Señor Jesús. Nada puede ser más asombroso que la manera en que una Persona divina, Emanuel, si bien un hombre en gracia, es manifestada en este capítulo.

 

 

Capítulo 9

 

Jehová presente en Israel con prueba de Su derecho

a perdonar pecadores en gracia

 

En el capítulo 9, mientras que actúa en el carácter y según el poder de Jehová (como leemos en el Salmo 103), "Él es quien perdona todas tus iniquidades, El que sana todas tus dolencias"; lo que se presenta es la gracia real en sí misma hacia y para ellos, en la cual Él vino. Presenta el carácter de Su ministerio, así como el capítulo previo presenta la dignidad de Su Persona y el significado de lo que Él era. Se presenta a Sí mismo a Israel como su verdadero Redentor y Libertador; y, para demostrar que Su título (al cual ya se oponía la incredulidad) era esta bendición para Israel y para perdonar todas sus iniquidades que levantaron una barrera entre ellos y su Dios, Él cumple la segunda parte del versículo y sana la dolencia. ¡Hermoso y precioso testimonio de bondad hacia Israel, y al mismo tiempo, la demostración de Su gloria que estuvo en medio de Su pueblo! En el mismo espíritu, así como Él había perdonado y sanado, llama al publicano y entra en su casa, pues Él no había venido a llamar a justos, sino a pecadores.

 

 

El progreso de la oposición;

el rechazo de la obra y de la Persona del Señor

 

Pero entramos ahora en otra porción de la enseñanza de este Evangelio: la del progreso de la oposición de los no creyentes, de los sabios y, en particular, de los religiosos; y la del rechazo de la obra y la Persona del Señor.

La idea, el retrato de lo que sucedió, nos ha sido presentada ya en el caso del endemoniado gadareno - el poder de Dios presente para la completa liberación de Su pueblo, del mundo, si Le recibían - poder que los demonios confesaron ser aquel que en un futuro los juzgaría y los echaría fuera, el cual se mostraba en bendición para toda la gente del lugar, pero que fue rechazado porque no deseaban que tal poder habitara entre ellos. No aceptarían la presencia de Dios.

 

 

El rechazo de la intervención de Dios en la tierra

 

La narración de los detalles y el carácter de este rechazo comienza ahora. Observen que Mateo 8:1-27 presenta la manifestación del poder del Señor - siendo este poder verdaderamente el de Jehová en la tierra. A partir del versículo 28 son presentadas, la recepción que este poder tuvo en el mundo, y la influencia que gobernaba al mundo, ya sea como poder, o moralmente en los corazones de los hombres.

Llegamos aquí al progreso histórico del rechazo de esta intervención de Dios en la tierra.

La multitud glorifica a Dios, que había dado tal potestad a un hombre. Jesús acepta este lugar. Él era hombre: la multitud vio que Él era un hombre, y reconoció el poder de Dios, pero no supo cómo combinar las dos ideas en Su Persona.

 

 

Dios manifestado en gracia a pecadores

 

La gracia que desprecia las pretensiones de justicia del hombre, es ahora presentada.

Mateo, el publicano, es llamado; pues Dios mira el corazón, y la gracia llama a los vasos escogidos.

El Señor manifiesta los pensamientos de Dios sobre este asunto, y Su propia misión. Él vino a llamar a pecadores; Él iba a tener misericordia. Era Dios en gracia, y no el hombre con su supuesta justicia basada en sus méritos.

 

 

Nuevos principios y nuevo poder

 

Él indica dos motivos que hacen imposible reconciliar Su curso con las demandas de los Fariseos. ¿Cómo podían ayunar los discípulos cuando el Esposo estaba allí? Cuando el Mesías se hubiese marchado, ellos bien podrían hacerlo así. Además, es imposible introducir los nuevos principios y el nuevo poder de Su misión en las viejas formas Farisaicas.

 

 

Vida dada a los muertos, prueba de que Jehová está allí en gracia

 

De esta forma tenemos la gracia a los pecadores, pero (siendo gracia rechazada) ahora viene,  inmediatamente, una prueba mayor de que el Mesías-Jehová estaba allí, desde el lecho de muerte de ella, Él obedece la llamada. Mientras Él va, una pobre mujer, la cual había empleado sin éxito todos los medios de curación, es sanada al instante tocando con fe el borde de Sus vestiduras.

 

 

Cristo el poder para el Israel muerto y para la fe individual;

la maldad de los Fariseos

 

Esta historia nos proporciona las dos grandes divisiones de la gracia que fue manifestada en Jesús. Cristo vino para despertar al Israel muerto; Él hará lo mismo en el futuro en el sentido pleno de la palabra. Mientras tanto, cualquiera que se asía de Él con fe, en medio de la multitud que le acompañaba, era sanado, por muy desesperado que fuera el caso. Esto, que sucedió en Israel cuando Jesús estaba allí, es cierto, en principio, acerca de nosotros también. La gracia en Jesús es un poder que levanta de los muertos, y que sana. Así Él abrió los ojos de aquellos en Israel que le reconocieron como Hijo de David, y que creyeron que Su poder podía suplir sus necesidades. Él echó fuera demonios también, y devolvió el habla al mudo. Pero habiendo realizado estos hechos de poder en Israel, de modo que el pueblo, en cuanto al hecho, los reconociera con admiración, los Fariseos, la parte más religiosa de la nación, atribuyen este poder al príncipe de los demonios. Tal es el efecto de la presencia del Señor en los líderes del pueblo, celosos de Su gloria manifestada así entre ellos, sobre quienes ellos ejercían su influencia. Pero esto, en modo alguno interrumpe a Jesús en Su carrera de beneficencia. Él todavía  puede dar testimonio entre el pueblo. A pesar de los Fariseos, Su paciente bondad todavía encuentra lugar. Él continúa predicando y sanando. Tiene compasión del pueblo, quienes eran como ovejas que no tienen pastor, abandonados, moralmente, a su propia guía. Él ve que la mies es mucha, mas los obreros pocos. Es decir, Él ve todavía cada puerta abierta para dirigirse al pueblo y pasa por alto la maldad de los Fariseos.

 

 

La paciencia y la bondad de la gracia

 

Resumamos lo que encontramos en el capítulo, la gracia desarrollada en Israel. En primer lugar, la gracia sanando y perdonando, como en el Salmo 103. Luego, la gracia que viene a llamar a los pecadores, no a los justos; el esposo estaba allí, y no podía la gracia en poder ser puesta en vasos Judíos ni Farisaicos; era nueva incluso en cuanto a Juan el Bautista. Realmente Él viene a dar vida a los muertos, no a sanar, sino que quienquiera que entonces Le tocara con fe - porque existían los tales - eran sanados en el camino. Él abre los ojos para que vean, como Hijo de David, y abre la boca muda de aquel a quien el demonio poseía. Todo es rechazado con blasfemia por los Fariseos y su justicia propia. Pero la gracia ve la multitud aún como careciendo de pastor; y mientras el portero mantiene la puerta abierta, Él no cesa de buscar y ministrar a las ovejas.

 

 

Capítulo 10

 

Los doce discípulos enviados a las ovejas perdidas de Israel; el mensaje y la autoridad de ellos

 

Mientras Dios le da acceso al pueblo, Él continúa su labor de amor. Sin embargo, Él estaba consciente de la iniquidad que gobernaba al pueblo, aunque no busca Su propia gloria. Habiendo exhortado a Sus discípulos a orar para que los obreros pudiesen ser enviados a la mies, Él comienza (Mateo 10) a actuar en conformidad a ese deseo. Llama a Sus doce discípulos, les da poder para echar fuera demonios y sanar a los enfermos, y los envía a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Vemos, en esta misión, hasta qué punto los modos de Dios para con Israel forman el tema de este evangelio. Tenían que anunciar a ese pueblo, y a ellos exclusivamente, la cercanía del reino, ejerciendo, al mismo tiempo, el poder que habían recibido: un sorprendente testimonio a Aquel que había venido, y que no sólo podía obrar milagros Él mismo, sino que confería el poder a otros para que obrasen del mismo modo. Les dio autoridad sobre los malos espíritus para este propósito. Es esto lo que caracteriza al reino - el hombre sanado de todas las enfermedades, y el demonio echado fuera. Conforme a esto, en Hebreos 6, los milagros son llamados "los poderes del siglo venidero". [27]

 

[27] Puesto que entonces Satanás será atado y el hombre liberado por el poder de Cristo. Y había liberaciones parciales de esta clase.

 

 

Dependencia para la necesidad de ellos;

aceptación y rechazo como los mensajeros del Rey

 

Con respecto a su necesidad, ellos tenían también que depender enteramente de Aquel que los enviaba. Emanuel estaba allí. Si los milagros eran una prueba al mundo del poder de su Maestro, el hecho de que ellos no carecían de nada debería ser lo mismo para sus corazones. La ordenanza fue revocada durante ese período de su ministerio que seguiría a la partida de Jesús de este mundo (Lucas 22: 35-37). Aquello que Él aquí ordena a Sus discípulos pertenece a Su presencia como Mesías, como Jehová mismo, en la tierra. Por lo tanto, la recepción de Sus mensajeros, o su rechazo, decidía el destino de aquellos a quienes eran enviados. Al  rechazarlos, rechazaban al Señor Emanuel, Dios con Su  pueblo [28]. Pero, de hecho, Él los envió como ovejas en medio de lobos. Ellos necesitarían la prudencia de serpientes, y tenían que exhibir la sencillez de las palomas (rara unión de virtudes, hallada solamente en aquellos que, por el Espíritu del Señor, son "sabios para el bien, e ingenuos para el mal." -  Romanos 16:19).

 

[28] Hay una división del discurso del Señor en el versículo 15. Hasta ahí, es la misión actual en aquel entonces. A partir del versículo 16, tenemos reflexiones más generales sobre la misión de ellos, vista como un todo en medio de Israel hasta el final. Evidentemente que esta va más allá de su misión en aquel entonces, y supone la venida del Espíritu Santo. La misión por la cual la Iglesia es llamada como tal, es una cosa diferente. El que a ellos se les prohibiese ir a los Gentiles, se aplica solamente a Israel. Esto concluyó necesariamente con la destrucción de Jerusalén y la dispersión de la nación Judía, pero va a ser renovada al final, hasta que el Hijo del Hombre haya venido. Había solamente un testimonio a los Gentiles, presentado ante ellos como jueces, como lo era Pablo, y esa parte de su historia, incluso hasta que llegó a Roma, en los Hechos, ocurrió entre los Judíos. La última parte, a partir del versículo 16, tiene menos que ver con el evangelio del reino.

 

Si ellos no se guardaban de los hombres (triste testimonio en cuanto a estos), no harían otra cosa que sufrir; pero cuando fuesen azotados y llevados ante los concilios y gobernantes y reyes, todo esto llegaría a ser un testimonio en ellos - un medio divino de presentar el evangelio del reino a reyes y príncipes, sin alterar su carácter o acomodándolo al mundo, o mezclando al pueblo del Señor con sus costumbres y falsa grandeza. Además, circunstancias como estas hacían su testimonio mucho más destacado que la asociación con los grandes de la tierra hubiera podido hacer.

 

 

Ayuda y estímulo

 

Y, para llevar a cabo esto, debían recibir tal poder y dirección del Espíritu de su Padre, como para hacer que las palabras que ellos hablaban no fueran las suyas, sino las de Aquel que los inspiraba. Nuevamente aquí, la relación de ellos con su Padre, la cual caracteriza tan claramente al sermón del Monte, se constituye en la base de su capacidad para el servicio que tenían que realizar. Debemos recordar que este testimonio iba dirigido solamente a Israel, sólo que, estando Israel bajo el yugo de los Gentiles desde el tiempo de Nabucodonosor, el testimonio alcanzaría a  sus gobernantes.

 

 

El rechazo del mensaje previsto;

la reanudación del testimonio  en Israel

 

Pero este testimonio excitaría una oposición que rompería todos los lazos familiares, y despertaría un odio que no perdonaría la vida de aquellos que hubieran sido los más amados. Aquel que, a pesar de todo, resistiese hasta el final, sería salvo. No obstante, el caso era apremiante. Ellos no debían resistirse, pero si la oposición tomaba la forma de persecución, tenían que huir y predicar el evangelio en otro lugar, pues el Hijo del Hombre habría de venir antes de que ellos hubieran acabado de recorrer todas las ciudades de Israel [29]. Ellos tenían que anunciar el reino. Jehová, Emanuel estaba allí, en medio de Su pueblo, y los principales del pueblo habían llamado al padre de familia Beelzebú. Esto no había detenido Su testimonio, sino que caracterizó fuertemente las circunstancias en que este testimonio tenía que ser dado. Él los envió, previniéndoles sobre este estado de cosas, para que mantuvieran este testimonio final entre Su pueblo amado tanto como fuera posible. Esto ocurrió en ese momento, y es posible, si las circunstancias lo permiten, continuarlo hasta que el Hijo del Hombre venga a ejecutar juicio. Cuando esto ocurra, el padre de familia se habrá levantado para cerrar la puerta. (Lucas 13:25). El "hoy" del Salmo 95 habrá terminado. Siendo el objeto de este testimonio Israel en posesión de sus ciudades, es forzosamente interrumpido cuando ya no se encuentran en su tierra. El testimonio del futuro reino, dado en Israel por los apóstoles después de la muerte del Señor, es un cumplimiento de esta misión, en cuanto a que este testimonio era rendido en la tierra de Israel; ya que el reino podía ser anunciado para ser establecido mientras Emanuel estaba en la tierra; o este podría ser anunciado por el regreso de Cristo desde el cielo como lo anuncia Pedro en Hechos 3. Y esto podría ocurrir si Israel estuviera en la tierra, incluso hasta el regreso de Cristo. Así, el testimonio puede reanudarse en Israel, siempre que ellos estén otra vez en su tierra, y el poder espiritual indispensable sea enviado por Dios.

 

[29] Observen aquí la expresión "Hijo del Hombre". Este es el carácter en el cual (según Daniel 7) el Señor vendrá, en un poder y gloria mucho más grandes que aquellos de Su manifestación como Mesías, el Hijo de David, y que serán exhibidos dentro de una esfera mucho más amplia. Como el Hijo del Hombre, Él es el heredero de todo lo que Dios destina para el hombre (ver Hebreos 2: 6-8 y 1 Corintios 15:27). Por consiguiente, viendo cual es la condición del hombre, Él debe sufrir para poseer esta herencia. Él estaba allí como el Mesías, pero debe ser recibido en Su verdadero carácter, Emanuel; y los Judíos deben ser sometidos moralmente a prueba. Él no aceptará el reino sobre principios carnales. Rechazado como Mesías, como Emanuel, Él posterga el período de aquellos acontecimientos, que concluirán el ministerio de Sus discípulos con respecto a Israel, hasta Su venida como el Hijo del Hombre. Entretanto, Dios ha sacado a la luz otras cosas que habían estado ocultas desde la fundación del mundo, la verdadera gloria de Jesús el Hijo de Dios, Su gloria celestial como hombre y la Iglesia unida a Él en el cielo. El juicio de Jerusalén, y la dispersión de la nación, han suspendido el ministerio que había comenzado en el momento del cual el evangelista habla aquí. Aquí no es el tema del discurso del Señor aquello que ha ocupado el intervalo desde entonces, el cual se refiere solamente al ministerio que tenía a los Judíos como su objetivo. Encontraremos que en otra parte se habla de los consejos de Dios con respecto a la Iglesia, en relación con la gloria de Jesús a la diestra de Dios. Lucas nos dará en más detalle, lo concerniente al Hijo del Hombre. En Mateo, el Espíritu Santo nos ocupa con el rechazo de Emanuel.

 

 

La posición de los testigos de Dios en la tierra;

Cristo, la piedra de toque

 

Mientras tanto, los discípulos tenían que compartir la propia posición de Cristo. "Si al padre de familia llamaron Beelzebú, ¿cuánto más a los de su casa?" Pero no debían temer. Era la porción necesaria de aquellos que estaban del lado de Dios en medio del pueblo. Pero no había nada oculto que no hubiera de ser revelado. Ellos mismos no tenían que restringirse en nada, sino que tenían que anunciar desde las azoteas, todo lo que se les había enseñado; pues todo había de ser traído a la luz: su fidelidad a Dios en este sentido, así como otras cosas. Esto, mientras enfrentaban las conspiraciones secretas de sus enemigos, tenía que caracterizar por sí solo las formas de actuar de los discípulos. Dios, el cual es luz, y ve en la oscuridad igual que en la claridad, iba a sacar todo a la luz, pero ellos debían hacer esto  moralmente ahora. Así que, no debían temer nada mientras realizaran esta obra, a menos que fuera a Dios mismo, el juez justo en el día postrero. Además, los cabellos de su cabeza estaban contados. Ellos eran preciosos para su Padre, quien observaba con especial atención incluso la muerte de un pajarillo. Esto no podía suceder sin Aquel que era el Padre de ellos.

Finalmente, debían estar plenamente persuadidos por la convicción de que el Señor no había venido para traer paz a la tierra; no, habría división, incluso en el seno de las familias. Pero Cristo tenía que ser más precioso que el padre o la madre, e incluso más precioso que la propia vida de un hombre. Aquel que quería salvar su vida a expensas de su testimonio de Cristo, la perdería; y aquel que quería perder su vida por causa de Cristo, la ganaría. Aquel que recibiera este testimonio, en la persona de los discípulos, recibía a Cristo, y, en Cristo, a Aquel que le envió. Dios, por lo tanto, siendo  reconocido así en las personas de Sus testigos en la tierra, otorgaría a cualquiera que recibiera a estos últimos, una recompensa según el testimonio rendido. Reconociendo así el testimonio del Señor rechazado, aunque fuese por un vaso de agua fría, aquel que lo daba no perdería su recompensa. En un mundo contrario, aquel que cree el testimonio de Dios, y recibe (a pesar del mundo) al hombre que da este testimonio, confiesa realmente a Dios, así como a Su siervo. Esto es todo lo que podemos hacer. El rechazo de Cristo hizo de Él una prueba, una piedra de toque.

 

 

El juicio de la nación decidido

 

Desde esa hora encontramos el juicio definitivo de la nación, en realidad, no aún como abiertamente declarado (esto está en el capítulo 12), ni por el cese del ministerio de Cristo, lo cual resultó, no obstante la oposición de la nación, en la reunión del remanente, y en el aún más importante efecto de la manifestación de Emanuel; sino que esto se da a conocer en el carácter de Sus discursos, en las declaraciones positivas que describen la condición del pueblo, y en la conducta del Señor en medio de las circunstancias que dieron lugar a la expresión de las relaciones en las cuales Él estuvo para con ellos.

 

 

Capítulo 11

 

La pregunta de Juan el Bautista;

el verdadero testimonio del Señor en cuanto a Él mismo

 

En el capítulo 11, habiendo enviado a Sus discípulos a predicar, Él continúa el ejercicio de Su propio ministerio. Las noticias de las obras de Cristo llegan a Juan en la prisión. Él, en cuyo corazón, no obstante su don profético, quedaban todavía pensamientos y esperanzas Judías, envía a sus discípulos a preguntar a Jesús si Él es Aquel que había de venir, o si ellos aún deberían esperar a otro [30]. Dios permitió que se hiciera esta pregunta para poner todas las cosas en su lugar. Cristo, siendo el Verbo de Dios, debería ser Su propio testigo. Debería dar testimonio de Sí mismo así como de Juan, y no recibir testimonio de este último; y esto es lo que Él hizo en presencia de los discípulos de Juan. Él sanaba todas las enfermedades de los hombres, y predicaba el evangelio a los pobres, y los mensajeros de Juan tenían que presentar ante él, el verdadero testimonio de lo que Jesús era. Juan tenía que recibirlo. Era por medio de estas cosas que los hombres eran probados. Bendito era aquel que no se ofendía por la humilde apariencia exterior del Rey de Israel. Dios manifestado en carne no vino a buscar la pompa de la realeza, aunque Él se la merecía, sino la liberación de hombres sufrientes. Su obra revelaba un carácter mucho más profundamente divino, que tenía un manantial de acción mucho más glorioso que aquel que dependía de la posesión del trono de David - más que una liberación que hubiera puesto a Juan en libertad, y hubiese acabado  con la tiranía que le había encarcelado.

 

[30] Al enviar a sus discípulos a Jesús, él muestra plena confianza en Su palabra como profeta, pero ignorancia en cuanto a Su Persona; y esto es lo que se presenta aquí en toda su luz.

 

Emprender este ministerio, descender a la escena de este ejercicio para llevar los dolores y las cargas de Su pueblo, podría ser una ocasión de tropiezo para un corazón carnal que estuviese buscando la apariencia de un reino glorioso que satisfaría el orgullo de Israel. Pero ¿no era esto más verdaderamente divino, más necesario para la condición del pueblo, según Dios la veía? Por consiguiente, el corazón de cada uno sería probado así, para mostrar si el tal pertenecía a aquel remanente arrepentido, el cual discernía los caminos de Dios, o bien a la multitud orgullosa, la cual procuraba solamente su propia gloria, que no poseía ni una conciencia ejercitada ante Dios, ni un sentido de su necesidad y miseria.

 

 

El testimonio del Señor acerca de Juan y Su testimonio

acerca del reino venidero

 

Habiendo puesto a Juan bajo la responsabilidad de recibir este testimonio, el cual sometía a todo Israel a prueba, y habiendo diferenciado al remanente de la nación en general, el Señor da, entonces, testimonio de Juan,  dirigiéndose a la multitud y recordándoles cómo habían seguido las predicaciones de Juan. Él les muestra el punto exacto al cual había llegado Israel en los caminos de Dios. La introducción, en testimonio, del reino, marcaba la diferencia entre aquello que lo precedía y lo que le seguía. Entre todos los nacidos de mujer, no ha habido nadie mayor que Juan, nadie que hubiera estado más cerca de Jehová, enviado ante Su faz, nadie que le hubiera rendido un testimonio más exacto y completo a Él, que hubiese estado tan separado de todo mal por el poder del Espíritu de Dios - una separación apropiada para el cumplimiento de tal misión entre el pueblo de Dios. Con todo, él no había estado en el reino: este aún no se había establecido; y estar en la presencia de Cristo en Su reino, gozando del resultado del establecimiento de Su gloria [31], era algo más grande que todo el testimonio de la venida del reino.

 

[31] Esto no es la asamblea de Dios; sino el establecimiento de los derechos del Rey como manifestado en gloria, el fundamento siendo puesto, los Cristianos están en el reino, y la paciencia de Jesucristo, quien está glorificado pero escondido en Dios. Ellos comparten el destino del Rey, y compartirán Su gloria cuando Él reine.

 

 

El reino anunciado y predicado

pero no establecido aún

 

No obstante, a partir de la época de Juan el Bautista hubo un gran cambio. A partir de ese momento, el reino fue anunciado. No estaba establecido, pero fue predicado. Esto era algo muy distinto a las profecías que hablaban del reino en un período aún distante, mientras recordaban al pueblo la ley como fue dada por Moisés. El Bautista fue delante del Rey, anunciando la cercanía del reino, y ordenando a los Judíos que se arrepintieran, para que pudieran entrar en él. Así, la ley y los profetas hablaron de parte de Dios hasta Juan. La ley era la norma; los profetas, manteniendo la norma, fortalecían las esperanzas y la fe del remanente. Ahora, la energía del Espíritu obligaba a los hombres a forzar su camino a través de cada dificultad y de toda la oposición de los líderes de la nación y de un pueblo ciego, para que ellos pudieran, a toda costa, lograr un reino de un Rey rechazado por la ciega incredulidad de aquellos que deberían haberle recibido. Se necesitaba - viendo que el Rey había venido en humillación, y que había sido rechazado - se necesitaba esta violencia para entrar en el reino. La puerta estrecha era la única entrada.

 

 

Juan como el Elías que había de venir

 

Si la fe pudiera penetrar realmente en la mente de Dios acerca de esto, Juan era el Elías que había de venir. El que tenía oídos para oír, que oyera. Era, de hecho, sólo para estos.

Si el reino hubiese aparecido en la gloria y en el poder de su Cabeza, la violencia no hubiera sido necesaria; esto habría sido reconocido como el efecto cierto de aquel poder; pero era la voluntad de Dios que ellos fueran probados moralmente. Era así también como ellos deberían haber recibido a Elías en espíritu.

 

 

El carácter de "esta generación"

manifestado por su rechazo de Jesús

 

El resultado es dado en las palabras del Señor que están a continuación, es decir, el verdadero carácter de esta generación, y los caminos de Dios en relación con la Persona de Jesús, manifestados por Su mismo rechazo. Como generación, las amenazas de justicia y los atractivos de la gracia estaban igualmente perdidas sobre ellos. Los hijos de la sabiduría, aquellos cuyas conciencias eran enseñadas por Dios, reconocían la verdad del testimonio de Juan, como que era contra ellos, y la gracia, tan necesaria para los culpables, de los modos de Jesús.

 

 

La justa reconvención del Señor a la insensatez de ellos

dada en advertencia

 

Juan, separado de la iniquidad de la nación, poseía, a ojos de ellos, un demonio. Ellos acusaron a Jesús, bondadoso hasta con los más desventurados, de complacerse con los malos caminos. Sin embargo, la evidencia era suficientemente poderosa como para haber sometido el corazón de una ciudad como Tiro o como Sodoma; y la justa reconvención del Señor advierte a la nación perversa e incrédula, de un juicio más terrible que aquel que aguardaba al orgullo de Tiro o a la corrupción de Sodoma.

Pero esto era una prueba para los más favorecidos de la humanidad. Se podría haber dicho: ¿por qué no se enviaba este mensaje a Tiro, donde estaban prontos para oír? ¿Por qué no a Sodoma, para que la ciudad pudiese haber escapado del fuego que la consumió? Ello es debido a que el hombre debe ser probado de todas las maneras; para que los perfectos consejos de Dios puedan desarrollarse. Si Tiro o Sodoma habían abusado de las ventajas que un Dios creador y providente había acumulado sobre ellos, los Judíos tenían que manifestar lo que había en el corazón del hombre, cuando poseían todas las promesas y eran los depositarios de todos los oráculos de Dios.

Ellos se jactaron del don, y se alejaron del Dador. Su cegado corazón no reconocía a su Dios, e incluso le rechazaba.

 

 

El desprecio del pueblo sentido por el Señor

pero aceptado como la voluntad de Su Padre

 

El Señor sintió el menosprecio de Su pueblo, al cual amaba; pero, como el hombre obediente en la tierra, Él se sometió a la voluntad de Su Padre, quien, actuando con soberanía, el Señor del cielo y la tierra, manifestó, en el ejercicio de esta soberanía, sabiduría divina, y la perfección de Su carácter. Jesús acepta la voluntad de Su Padre en sus consecuencias, y, así sujeto, ve su perfección.

 

 

La revelación de Dios al humilde; la gloria de los consejos de Dios

 

Era conveniente que Dios revelara a los humildes todos los dones de Su gracia en Jesús, este Emanuel en la tierra; y que Él los protegería del orgullo que procuraba escudriñarlos y juzgarlos. Pero esto abre la puerta a la gloria de los consejos de Dios en ello.

La verdad era, que Su Persona era demasiado gloriosa para ser sondeada o comprendida por el hombre, aunque Sus palabras y Sus obras dejaban a la nación sin excusa, por su negativa a venir a Él para que pudiesen conocer al Padre.

Jesús, sujeto a la voluntad de Su Padre, aunque completamente sensible a todo lo que ocasionaba dolor a Su corazón en sus resultados, ve toda la extensión de la gloria que seguiría a Su rechazo.

 

 

La revelación del Hijo a la fe

y la revelación del Padre por el Hijo

 

Todas las cosas Le fueron entregadas por Su padre. Es el Hijo quien es revelado a nuestra fe, siendo quitado el velo que cubría Su gloria, ahora que es rechazado como Mesías. Nadie Le conoce sino el Padre. ¿Quién de entre los orgullosos podía sondear lo que Él era? Aquel que desde toda eternidad era uno con el Padre, se hizo hombre, sobrepasó, en el profundo misterio de Su ser, todo conocimiento excepto el del Padre mismo. La imposibilidad de conocer a Aquel que se había despojado a Sí mismo para hacerse Hombre mantenía la certeza, la realidad, de Su divinidad, la cual esta renunciación propia podría haber ocultado de los ojos de la incredulidad. La incomprensibilidad de un ser en una forma finita revelaba el infinito que se hallaba dentro. Su divinidad estaba garantizada a la fe, contra el efecto de Su humanidad sobre la mente del hombre. Pero si nadie conocía al Hijo, excepto el Padre solo, el Hijo, quien es verdaderamente Dios, era capaz de revelar al Padre. A Dios nadie jamás le ha visto. El Hijo unigénito, que está en el seno del Padre, le ha dado a conocer. Nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar. ¡Miserable ignorancia que en su orgullo rechaza al Hijo! Fue así, conforme al beneplácito del Hijo, que esta revelación fue hecha. ¡Notable atributo de la perfección divina! Él vino para este propósito; Él lo hizo conforme a Su propia sabiduría. Tal era la verdad de las relaciones del hombre con Él, aunque Él se sometió a la humillación dolorosa de ser rechazado por Su propio pueblo, como la prueba final de su estado, del estado del hombre.

 

 

La puerta abierta a los Gentiles

 

Observen también aquí, que este principio, esta verdad, con respecto a Cristo, abre la puerta a los Gentiles, a todos los que iban a ser llamados. Él revela al Padre a los que Él quiere. Él siempre busca la gloria del Padre. Él solo puede revelarle - Aquel a quien el Padre, el Señor del cielo y la tierra, ha entregado todas las cosas. Los Gentiles están incluidos en los derechos conferidos por este título, incluso cada familia en el cielo y en la tierra. Cristo ejerce estos derechos en gracia, llamando a los que Él quiere al conocimiento del Padre.

 

 

Aquellos que rechazaron al Revelador dejados

en ignorancia total

 

Así encontramos aquí a la generación incrédula y perversa; un remanente de la nación que justificaba la sabiduría de Dios como la manifestaron Juan y Jesús en juicio y en gracia; la sentencia del juicio sobre los incrédulos; el rechazo de Jesús en el carácter bajo el cual Él se había presentado a la nación; y Su sumisión perfecta, como hombre, a la voluntad de Su Padre en este rechazo, dando ocasión para la manifestación a Su alma de la gloria apropiada a Él como Hijo de Dios - una gloria que ningún hombre podía conocer, de la misma forma que Él solo podía revelar la de Su Padre. Así que el mundo que le rechazó estaba en total ignorancia, excepto por el puro afecto de Aquel que se deleita en revelar al Padre.

 

 

La misión de los discípulos dirigida a Israel continúa

hasta la venida del Señor en juicio

 

Deberíamos destacar también aquí, que la misión de los discípulos al Israel que rechazó a Cristo continúa (siempre que Israel se halle en la tierra) hasta que Él venga como Hijo del Hombre, que es Su título judicial y de gloria como Heredero de todas las cosas (o sea, hasta el juicio por el cual Él toma posesión de la tierra de Canaán, en un poder que no deja sitio a Sus enemigos). Este, Su título de juicio y gloria como Heredero de todas las cosas, es mencionado en Juan 5, Daniel 7, y en los Salmos 8 y 80.

 

 

Gracia soberana; el lugar de descanso perfecto

para el corazón

 

Observen también que, en Mateo 11, la perversidad de la nación que había rechazado el testimonio de Juan y el del Hijo del Hombre venido en gracia y asociándose así Él mismo en gracia con los Judíos, abre la puerta al testimonio de la gloria del Hijo de Dios, y a la revelación del Padre por Él en gracia soberana - una gracia que podía hacerle conocido tan eficazmente a un pobre Gentil como a un Judío. Ya no era más un asunto de responsabilidad al recibir, sino de gracia soberana impartida sobre quien quería. Jesús conocía al hombre, al mundo, a la generación que había gozado de las mayores ventajas de todas las que estaban en el mundo. No había lugar para que el pie reposase en el lodo cenagoso de aquello que se había alejado de Dios. En medio de un mundo de maldad, Jesús permaneció como el solo revelador del Padre, la fuente de todo bien. ¿A quiénes llama Él? ¿Qué otorga Él a los que vienen? Como única fuente de bendición y revelación del Padre, Él llama a todos aquellos que están cansados y cargados. Quizás no conocían la fuente de toda la miseria, a saber, la separación de Dios: el pecado. Él sabía, y sólo Él podía sanarlos. Si era el sentido de pecado lo que pesaba sobre ellos, tanto mejor. En todos los sentidos, el mundo no podía ya satisfacer sus corazones; eran desdichados, y por tanto,   objetos del corazón de Jesús. Además, Él los haría descansar; Él no explica aquí por qué medios lo haría; Él simplemente anuncia el hecho. El amor del Padre, el cual en gracia, en la Persona del Hijo, vino a buscar a los desventurados, otorgaría el descanso (no simplemente alivio o comprensión, sino descanso), a todo el que viniera a Jesús. Era la perfecta revelación del nombre del Padre al corazón de aquellos que lo necesitaban; y esto por medio del Hijo; paz, paz con Dios. Sólo tenían que acudir a Cristo, pues Él lo llevaba todo y proporcionaba descanso. Pero existe un segundo elemento en la palabra descanso. Hay más que paz mediante el conocimiento del Padre en Jesús. Y más de lo que es necesario, pues incluso cuando el alma está perfectamente en paz con Dios, este mundo presenta muchas causas de turbación al corazón. En estos casos, bien se trata de ser sumiso o de mostrar el yo. Cristo, en la conciencia de Su rechazo, en el profundo dolor producido por la incredulidad de las ciudades en que había realizado tantos milagros, acababa de manifestar la sumisión más completa a Su Padre, y había hallado en ello perfecto descanso para Su alma. A ello invita a todos los que le escuchaban, a todos los que sentían la necesidad de descanso para sus propias almas. "Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí", es decir, el yugo de la completa sumisión a la voluntad de Su Padre, aprendiendo de Él cómo enfrentar los problemas de la vida; pues Él era "manso y humilde de corazón", satisfecho con estar en el lugar más bajo por voluntad de Su Dios. De hecho, nada puede derribar a ninguno que se halle allí. Es el lugar de perfecto descanso para el corazón.

 

 

Capítulo 12

 

El rechazo de la nación mostrado claramente;

una nueva posición en gracia soberana

 

Finalmente, el rechazo de la nación, como consecuencia de su desprecio por el Señor, es claramente manifestado, así como el cese de todas Sus relaciones con ellos como nación, a fin de presentar de parte de Dios un sistema totalmente diferente, es decir, el reino de una forma particular. De esta manera, este último capítulo es el momento crucial de toda la historia. Cristo es un testigo divino de Sí mismo, y Juan el Bautista tiene que recibirle así, al igual que otros lo harían. Él ya no estaba en la condición de Mesías, de la que testificaba, sino como Hijo de Dios, pero da Su pleno testimonio de Juan. Pero la nación había rechazado a Dios, quien se manifestó lo mismo en gracia que en amonestaciones: sólo quedaba un remanente. La sabiduría era justificada por sus hijos. Luego viene Su sumisión a Su rechazo, cruel como era, según la voluntad del Padre; pero ello le conduce a penetrar en la conciencia de Su gloria personal, el verdadero terreno de ese rechazo. Todas las cosas fueron entregadas a Él por Su Padre. Nadie podía conocerle a Él, ni tampoco al Padre, a menos que Él le revelase. El mundo entero, probado por medio de Su perfección, fue hallado sumido en la impiedad (aunque con un remanente preservado), pero el hombre estaba universalmente alejado de Dios. Él miró desde los cielos, como leemos, pero todos se habían apartado del camino, y no había nadie justo, no, ni siquiera uno. Así Jesús, cuando caminaba sobre el mar, permanecía solo en un mundo juzgado, juzgado por rechazarle a Él, pero ahora en la gracia soberana  del Padre, permanecía como el Hijo que lo revelaba a Él, e invita a conocer la revelación de esta gracia en Sí mismo. Esta es precisamente ahora la nueva posición. Él había probado al hombre. Todo aquello que Él era, impedía que el pueblo Le recibiese como tal. Ahora, el que estuviera cansado, debe venir a Él, quien permanecía allí solo, y Él le daría descanso. Ellos deben aprender de Él, quien se había sometido plenamente, y tendrían descanso frente al mundo y frente a todo lo demás. Lo mismo sucede con nosotros: allí donde nos sometemos totalmente, entramos a la posesión consciente de nuestros privilegios como siendo inmerecidos, sobre un terreno celestial y más elevado.

 

 

El Hijo del Hombre como Señor del día de reposo

 

La primera circunstancia que hizo que se cuestionara Su Persona, y Su derecho a cerrar la dispensación, fue la recolección de espigas por parte de los discípulos y el hecho de que las restregaran con las manos (Lucas 6:1) para satisfacer su hambre. Por este motivo los Fariseos los reprendieron, pues lo hicieron en día de reposo. Jesús expone ante ellos que el rey, rechazado por la malicia de Saúl, había participado de aquello que era dado solamente a los sacerdotes. El Hijo de David, en un caso similar, bien podía gozar de un privilegio similar. Además, Dios estaba actuando en gracia. El sacerdote también profanaba el día de reposo en el servicio del templo; y Uno mayor que el templo estaba allí. Por otra parte, si ellos hubieran conocido realmente los pensamientos de Dios, y hubiesen estado imbuidos del Espíritu que Su Palabra manifestaba que era aceptable para Él, - "misericordia quiero, y no sacrificios" -, no habrían condenado a los inocentes. Además de esto, el Hijo del Hombre era Señor incluso del día de reposo. Aquí Él ya no utiliza más el título de Mesías, sino el de Hijo del Hombre - un nombre que testificaba de un orden nuevo de cosas, y de un poder más amplio. Ahora bien, lo que Él dijo tenía gran significado; pues el día de reposo era la señal del pacto entre Jehová y la nación (Ezequiel 20: 12-20); y el Hijo del Hombre estaba manifestando Su poder sobre esta señal. Si eso era tocado, todo había terminado en cuanto al pacto.

 

 

El odio persistente de los Fariseos;

la posición del Señor

 

La misma pregunta se suscita en la sinagoga; y el Señor persiste en actuar en gracia y hacer el bien,  mostrándoles que ellos harían lo mismo por una de sus ovejas. Esto no hace más que excitar su odio, tanto más cuanto mayor era la prueba de Su poder benefactor. Eran hijos del homicida. Jesús se aparta de ellos y grandes multitudes le siguen. Los sana, y les encarga rigurosamente que no le descubran. En todo esto, sin embargo, Sus acciones no eran sino el cumplimiento de una profecía que indicaba claramente la posición del Señor en este momento. Llegaría la hora cuando Él haría triunfar la justicia. Entretanto, Él conservaba la posición de completa humildad, en la cual la gracia y la verdad podían recomendarse solas a los que las apreciaban y necesitaban.  Pero en el ejercicio de esta gracia, y en Su testimonio de la verdad, Él no haría nada para distorsionar este carácter, o para atraer de tal manera la atención de los hombres, que esto impidiese Su verdadera obra, o que incluso pudiese levantar la sospecha de que Él buscase Su propio honor. No obstante, el Espíritu de Jehová estaba sobre Él como Su Amado, en quien se deleitaba Su alma; y Él proclamará justicia a los Gentiles, y ellos pondrán su confianza en Su nombre. La aplicación de esta profecía a Jesús en aquel momento es muy evidente. Vemos cuán cauteloso estaba Él con los Judíos, privándolos de la satisfacción de sus actitudes carnales con respecto a Él, y satisfecho de quedarse en segundo plano, si Dios el Padre era glorificado; y glorificándole Él mismo en la tierra haciendo el bien. Pronto Él iba a manifestarse a los Gentiles; ya fuera por la ejecución del juicio de Dios, o presentándose a Sí mismo a ellos como Aquel en quien debían confiar.

Es evidente que este pasaje es colocado aquí por el Espíritu Santo, a fin de dar la representación exacta de Su posición, antes de exponer las nuevas escenas que Su rechazo prepara para nosotros.

 

 

La ceguera de los religiosos; el poder de Beelzebú;

sellando la condición de ellos

 

Él, entonces, echa fuera un demonio de un hombre que era ciego y mudo - una condición triste, que describe con acierto la condición del pueblo con respecto a Dios. La multitud, llena de admiración, exclama: "¿Será este aquel Hijo de David?" Pero los religiosos, oyéndolo, celosos del Señor, y hostiles al testimonio de Dios, declaran que Jesús había realizado este milagro por el poder de Beelzebú, determinando así su propia condición y colocándose bajo el definitivo juicio de Dios. Jesús demuestra lo absurdo de lo que habían dicho. Satanás no destruiría su propio reino. Los propios hijos de los religiosos, que pretendían hacer lo mismo, juzgarían su iniquidad. Pero si no fue el poder de Satanás (y los Fariseos admitieron que los demonios fueron echados fuera), fue el dedo de Dios, y el reino de Dios estaba entre ellos.

Aquel que había entrado en la casa del hombre fuerte para saquear sus bienes, tenía que atarlo primero.

 

 

El pecado imperdonable; decidiendo su propia suerte

 

La verdad es que la presencia de Jesús sometía todo a prueba; del lado de Dios, todo estaba centrado en Él. Es el propio Emanuel quien se hallaba allí. El que no estaba con Él, estaba contra Él. Quien no recogía con Él, desparramaba. Todo dependía ahora de Él solo. Soportaría toda la incredulidad acerca de Su Persona. La gracia no podía remover eso. Él podía perdonar todo pecado, pero hablar en contra y blasfemar al Espíritu Santo (es decir, reconocer el ejercicio de un poder, el cual es de Dios, y atribuirlo a Satanás) no podía ser perdonado; porque los Fariseos admitieron que el demonio fue echado fuera, y fue sólo con malicia, y con asombrado odio deliberado hacia Dios, que ellos lo atribuyeron a Satanás. ¿Qué perdón podía hallarse para esto? No había ninguno, ni en la época de la ley [32], ni en la del Mesías. El destino de aquellos que actuaban de ese modo estaba decidido. Esto es lo que el Señor les haría entender. El fruto demostraba la naturaleza del árbol. Este era esencialmente malo. Ellos eran una generación de víboras. Juan les había dicho lo mismo. Sus palabras los condenaban. Los escribas y Fariseos pedían una señal acerca de ello. Esto no era más que maldad. Ellos ya habían tenido suficientes señales. Se trataba sólo de excitar la incredulidad del resto.

 

[32] Presten atención a esta expresión. Vemos la manera como el Espíritu Santo pasa desde el tiempo que entonces era presente para los Judíos, que pronto finalizaría, hasta el tiempo cuando el Mesías establecería Su reino, el "siglo venidero" de ellos. Nosotros tenemos una posición fuera de todo esto, durante la suspensión del establecimiento público del reino. Incluso los apóstoles no hicieron nada más que predicar acerca de él y anunciarlo, pero no lo establecieron. Sus milagros eran "los poderes del siglo venidero" (comparar con 1 Pedro 1: 11-13). Como veremos más adelante, esto es de gran importancia. Así también en cuanto al nuevo pacto del cual Pablo era ministro; y, sin embargo, él no lo estableció con Judá ni con Israel.

 

 

La petición de los Fariseos es concedida; la señal del juicio

es dada; la condenación de ellos por los Gentiles

 

Esta petición proporciona la ocasión al Señor para pronunciar el juicio de esta generación.

Esta generación mala solamente tendría la señal de Jonás. Así como Jonás estuvo tres días y tres noches en el vientre del pez, así el Hijo del Hombre estaría tres días y tres noches en el corazón de la tierra. Pero entonces, ¡he aquí! Cristo ya era rechazado.

Los hombres de Nínive, por su conducta, condenarían a esta generación en el día del juicio, porque ellos se arrepintieron a la predicación de Jonás. Y uno mayor que Jonás se hallaba allí. La reina del sur asimismo testificaba en contra de la maldad de esta perversa generación. Su corazón, atraído por el informe de la sabiduría de Salomón, la había conducido a él desde los fines de la tierra, y uno mayor que Salomón se hallaba allí. Los pobres Gentiles ignorantes comprendieron la sabiduría de Dios en Su Palabra, ya fuera mediante el profeta o el rey, mejor que Su amado pueblo, aun cuando el Gran Rey y Profeta estaba entre ellos.

 

 

El juicio de Israel pronunciado

 

Este fue entonces Su juicio: el espíritu inmundo (de idolatría) que había salido del pueblo, no hallando descanso lejos de Israel (¡lamentablemente! su verdadera casa, mientras que ellos deberían haber sido la casa de Dios), retornaría con siete espíritus peores que el primero. Hallaría la casa desocupada, barrida y adornada, y el posterior estado de esta sería peor que el primero. ¡Qué juicio tan solemne del pueblo fue este - que aquellos entre quienes había caminado Jehová se convirtieran en la habitación de un espíritu inmundo, de una sobreabundancia de espíritus inmundos; no meramente de siete, el número completo, sino que junto con estos (que incitaría a todos ellos a la locura contra Dios y contra aquellos que le honraban, conduciéndoles a su propia destrucción), ese otro espíritu inmundo también, que los haría retroceder a la idolatría de la que habían salido! El juicio de Israel fue pronunciado.

 

 

Vínculos naturales rotos públicamente;

nuevos vínculos son reconocidos

 

En conclusión, Jesús rompe públicamente los vínculos naturales que existían entre Él y el pueblo según la carne, reconociendo solamente a aquellos que estaban formados por la Palabra de Dios y se manifestaban haciendo la voluntad de Su Padre que está en los cielos. Él reconocería como Sus parientes solamente a esas personas, formadas según el modelo del sermón del Monte.

 

 

Capítulo 13

 

Una nueva posición, una nueva obra como el Sembrador para producir fruto

 

Sus acciones y Sus palabras, después de esto, testifican de la nueva obra que Él estaba haciendo realmente en la tierra. Él sale (capítulo 13) de la casa, se sienta junto al lago. Toma una nueva posición externa para anunciar a la multitud aquello que era Su verdadera obra. Un sembrador salió a sembrar.

El Señor ya no buscaba fruto en Su viña. Había sido indispensable, conforme a las relaciones de Dios con Israel, que Él buscara este fruto; pero Su verdadero servicio, como Él bien sabía, era traer aquello que podía producir fruto, y no buscar fruto alguno en los hombres.

Es importante comentar aquí, que el Señor habla del efecto visible y exterior de Su obra como Sembrador. La única ocasión en que expresa aquí Su juicio acerca de la causa interior, es cuando dice: "No tenía raíz"; e incluso aquí es preciso. Aquí no se habla de las doctrinas respecto a la operación divina necesaria para la producción de fruto. Es el Sembrador quien es exhibido, y el resultado de Su siembra, no aquello que hace que la semilla germine en la tierra. En cada caso, excepto el primero, se produce un determinado efecto.

El Señor, entonces, es presentado aquí comenzando una obra, la cual es independiente de toda relación anterior entre Dios y los hombres, llevando con Él la semilla de la Palabra, que Él siembra en el corazón mediante Su ministerio. Donde esta permanece, donde es comprendida, donde no es ahogada ni secada, produce fruto para Su gloria y para la felicidad y provecho del hombre que la tiene.

 

 

La distinción hecha entre el remanente y la nación;

la razón por la cual el Señor usa parábolas

 

En el versículo 11, el Señor muestra la razón por la cual Él habla enigmáticamente a la multitud. Una  distinción entre el remanente y la nación es hecha definitivamente ahora: esta última estaba bajo el juicio de ceguera anunciado por el profeta Isaías. Bienaventurados eran los ojos de los discípulos que veían al Emanuel, al Mesías, el objeto de las esperanzas y de los deseos de tantos profetas y hombres justos. Todo ello indica el juicio, y un remanente llamado y preservado. [33]

 

[33] Comparar con Marcos 4: 33, 34. Todo se adaptaba a ellos, si tenían oídos para oír, pero todo era oscuridad para los obstinados.

 

 

El carácter de las clases de personas a quienes

la Palabra llega

 

Yo haría ahora unos pocos comentarios sobre el carácter de las personas de las que el Señor habla en las parábolas.

Cuando la Palabra es sembrada en el corazón que no la comprende, cuando no produce ninguna relación de inteligencia, de sentimiento, o de conciencia, entre el corazón y Dios, el enemigo se la lleva: no permanece en el corazón. Aquel que la escuchó, no es menos culpable: lo que fue sembrado en su corazón se adaptaba a cada necesidad, a la naturaleza y a la condición del hombre.

El recibimiento inmediato de la Palabra con gozo, en el siguiente caso, tiende más bien a probar que el corazón no la retendrá; porque es apenas probable, en tal caso, que la conciencia sea alcanzada. Una conciencia tocada por la Palabra hace que un hombre sea serio; se ve en la presencia de Dios, lo cual es siempre algo serio, por mucho que atraigan Su gracia y la esperanza inspirada por Su bondad. Si la conciencia no ha sido alcanzada, no hay raíz. La Palabra fue recibida por el gozo que impartía: cuando trae tribulación, es abandonada. Cuando la conciencia ha sido ejercitada, el evangelio trae alegría de inmediato; pero cuando no, despierta la conciencia donde de veras se está produciendo una obra. En el primer caso es la respuesta a las necesidades que ya estaban allí, y las satisface. En el segundo, ella crea estas necesidades.

La historia de cada día es, ¡lamentablemente!, la triste y mejor explicación de la tercera clase de personas. No existe siquiera mala voluntad, sino esterilidad.

 

 

La Palabra comprendida;

el verdadero conocimiento de Dios es vida eterna

 

Que la Palabra fuera comprendida, se afirma solamente de aquellos que dan fruto. La comprensión verdadera de la Palabra trae a un alma a relacionarse con Dios, porque la Palabra revela a Dios -  expresa lo que Él es. Si yo la comprendo, yo Le conozco; y el conocimiento verdadero de Dios (es decir, del Padre y de Su Hijo Jesucristo) es la vida eterna. Ahora bien, cualquiera que sea el grado de luz, es siempre Dios así revelado el que es dado a conocer por la Palabra que Jesús siembra. Así, siendo engendrados por Dios, produciremos, en diversas medidas, los frutos de la vida de Dios en este mundo. Porque el tema aquí es el efecto, en este mundo, de la recepción de la verdad traída por Jesús (no es el cielo, ni aquello que Dios hace en el corazón para hacer que la semilla de fruto.)

 

 

La parábola del Sembrador como el gran principio

del servicio de Cristo

 

Esta parábola no habla, a modo de analogía, del reino, aunque la Palabra sembrada fuese la Palabra del reino, sino del gran principio elemental del servicio de Cristo en la universalidad de su aplicación, y de la forma que fue llevado a cabo en Su propia Persona y servicio mientras estaba en la tierra, y después de Su partida, aunque pudieran presentarse entonces aspectos más plenos de la gracia.

 

 

Similitudes del reino caracterizado por

la ausencia del Rey; sus dos divisiones

 

En las seis parábolas siguientes, hallamos similitudes del reino. Debemos recordar que se trata del reino establecido durante el rechazo del Rey [34], y que, por consiguiente, tiene un carácter peculiar. O sea, se caracteriza por la ausencia del Rey, añadiéndole a esto, en la explicación de la primera parábola, el efecto de Su retorno.

Las primeras tres de estas seis parábolas, presentan el reino en su forma exterior en el mundo. Son dirigidas a la multitud. Las últimas tres presentan el reino según la estimación del Espíritu Santo, según la realidad de su carácter visto por Dios - la mente y los consejos de Dios en ello. Estas últimas son dirigidas, por consiguiente, sólo a los discípulos. El establecimiento público del reino en la justicia y el poder de Dios, es anunciado también a estos últimos, en la explicación de la parábola de la cizaña.

 

[34] Observen aquí que, habiendo presentado Mateo 12 ante nosotros el juicio del pueblo Judío, tenemos ahora, en Mateo 13, el reino tal como es en ausencia del Rey; la asamblea edificada por Cristo, en Mateo 16; y el reino en gloria, en Mateo 17.

 

 

La forma exterior del reino

 

Consideremos primero el exterior del reino anunciado públicamente a la multitud - la forma externa que el reino asumiría.

Debemos recordar que el Rey, es decir, el Señor Jesús, fue rechazado en la tierra; que los Judíos, al rechazarlo, se condenaron ellos mismos; que, siendo la Palabra de Dios utilizada para cumplir la obra de Aquel a quien el Padre había enviado, el Señor dio a conocer así que Él estableció el reino, no por Su poder ejercido en justicia y en juicio, sino testificando a los corazones de los hombres; y que el reino  asumía ahora un carácter relacionado con la responsabilidad del hombre y con el resultado de la Palabra de luz siendo sembrada en la tierra, dirigida a los corazones de los hombres, y dejada como un sistema de verdad, a la fidelidad y al cuidado de los hombres (Dios, sin embargo, manteniendo Su derecho soberano para la preservación de Sus hijos y manteniendo  la verdad misma). Esta última parte no es el tema de estas parábolas. La he introducido aquí porque de otro modo se habría supuesto que todo dependía absolutamente del hombre. Si así hubiera sido, ¡lamentablemente! todo se habría perdido.

 

 

La parábola de la cizaña: el reino aquí en le tierra

en manos de los hombres

 

La parábola de la cizaña es la primera. Nos proporciona una idea general del efecto de esas siembras en cuanto al reino, o más bien, el resultado de haber encomendado el reino, por el momento, a manos de los hombres.

El resultado fue que el reino aquí abajo ya no presentaba el aspecto de la propia obra del Señor como un todo. Él no siembra cizaña. Aunque por el descuido y la debilidad de los hombres, el enemigo encontró el medio de sembrar esta cizaña. Obsérvese que esto no se aplica a los paganos ni a los Judíos, sino al mal hecho por Satanás entre los Cristianos a través de malas doctrinas, malos maestros y sus seguidores. El Señor Jesús sembró. Mientras dormían los hombres, Satanás también sembró. Había judaizantes, filósofos, herejes que estaban de acuerdo tanto con lo antiguo por una parte, y por otra, se oponían a la verdad del Antiguo Testamento.

No obstante, Cristo sólo había sembrado buena semilla. Entonces, ¿debe la cizaña ser arrancada? Está claro que la condición del reino durante la ausencia de Cristo depende de la respuesta a esta pregunta; y también arroja luz sobre esa condición. Pero había aún menos poder para introducir un remedio, que el que hubiese debido prevenir el mal. Todo debería permanecer sin remedio hasta la intervención del Rey en el tiempo de la siega. El reino de los cielos en la tierra, tal como es en manos de los hombres, debe quedar como un sistema mezclado. Herejes y falsos hermanos, estarán allí, así como el fruto de la Palabra de Dios, testificando, en este último trato de Dios con él, de la incapacidad del hombre para mantener en su estado original, aquello que es bueno y puro. Así ha sido siempre. [35]

 

[35] Es un pensamiento solemne que la primera acción del hombre ha sido arruinar lo que Dios ha establecido bueno. Así con Adán, asimismo con Noé, con la ley, con el sacerdocio de Aarón, con el hijo de David, así incluso con Nabucodonosor, asimismo con la Iglesia. En los tiempos de Pablo todos procuraban lo suyo, no las cosas que son de Jesucristo. Todo prospera, es mejor, y estable en el Mesías.

 

 

Ejecución de juicio sobre lo que no es de Dios

 

"Al tiempo de la siega" (una frase que designa un determinado espacio de tiempo durante el cual sucederán los eventos relacionados con la cosecha) el Señor tratará primero, en Su providencia, con la cizaña. Digo 'en Su providencia', porque Él utiliza a los ángeles. La cizaña será atada en manojos para ser quemada.

Debemos observar que el tema aquí son las cosas exteriores en el mundo - acciones que arrancan de raíz la corrupción - corrupción que ha crecido en medio del Cristianismo.

Los siervos no son capaces de hacer esto. El entremezclarse (provocado por su debilidad y descuido) es tal, que al recoger la cizaña también arrancarían el trigo. No solamente el discernimiento, sino el poder práctico de separación, estaría faltando aquí para que ellos pudieran cumplir su propósito. Una vez que la cizaña está allí, los siervos no deben hacer nada con ella en cuanto a su presencia en este mundo, en la Cristiandad. Su servicio es para con lo bueno. La obra de purificar la cristiandad de la cizaña no era de su incumbencia. Es una obra de juicio sobre aquello que no es de Dios, perteneciéndole a Aquel que puede ejecutarla según la perfección de un conocimiento que todo lo abarca, y de un poder del cual nada escapa; el cual, si dos hombres están en una cama, sabe cómo tomar al uno y dejar al otro. La ejecución del juicio en este mundo sobre los impíos, no pertenece a los siervos de Cristo [36]. Él lo llevará a cabo por medio de los ángeles de Su poder, a quienes Él confía la ejecución de esta tarea.

 

[36] Hablo aquí de aquellos que habrán sido Sus siervos en la tierra durante Su ausencia. Pues los ángeles son también Sus siervos, así como lo son los santos del siglo venidero.

 

 

Recogiendo el trigo

 

Tras atar toda la cizaña, Él recoge el trigo en Su granero. No se habla de atar el trigo en manojos; Él lo toma todo para Sí. Tal es el fin de aquello concerniente al aspecto externo del reino aquí abajo. Esto no es todo lo que la parábola nos puede enseñar, pero concluye el tema del que habla esta parte del capítulo. Durante la ausencia de Jesús, el resultado de Su siembra será estropeado, como un todo aquí abajo, por la obra del enemigo. Al final, Él atará toda la obra del enemigo en manojos; es decir, los preparará en este mundo para el juicio. Entonces Él se llevará a la Iglesia. Es evidente que esto termina la escena bajo la cual continúa durante Su ausencia. El juicio no se ejecuta aún. Antes de hablar de ello, el Señor entrega otros ejemplos de las formas que el reino asumirá durante Su ausencia.

 

 

El grano de mostaza: la forma de un gran poder

 

Aquello que había sido sembrado como un grano de mostaza, llega a ser un árbol grande; un símbolo que representa un gran poder en la tierra. Los asirios, Faraón, Nabucodonosor, son presentados ante nosotros en la Palabra como árboles grandes. Tal sería la forma del reino, la cual empezó siendo pequeña por la Palabra que sembró el Señor, y más tarde Sus discípulos. Aquello que esta semilla produjo, asumiría gradualmente la forma de un gran poder que se haría prominente en la tierra, de tal forma que otros se cobijaran bajo él como aves debajo de las ramas de un árbol. Este ha sido, en efecto, el caso.

 

 

La levadura: corrupción en la doctrina

 

A continuación, encontramos que esto no sería solamente un gran árbol en la tierra, sino que el reino se caracterizaría como un sistema de doctrina, que se divulgaría por sí solo - una profesión, que incluiría todo lo que alcanzara, dentro de su esfera de influencia. La totalidad de las tres medidas sería leudado. No es necesario que me detenga aquí en el hecho de que la palabra "levadura" es empleada siempre en su sentido negativo por los escritores sagrados. Pero el Espíritu Santo hace que comprendamos que no se trata del poder regenerativo de la palabra en el corazón de un individuo, trayéndola de vuelta a Dios; tampoco es simplemente un poder que actúa por la fuerza externa, tal como Faraón, Nabucodonosor y los otros grandes árboles de la Escritura. Pero es un sistema de doctrina que debería caracterizar a la masa, penetrándola por todas partes. No es la fe propiamente dicha, ni es la vida. Es una religión, es la Cristiandad. Una profesión de doctrina, en corazones que no llevarán ni a Dios, ni la verdad, se relaciona siempre con la propia corrupción de la doctrina misma.

Esta parábola de la levadura concluye Sus enseñanzas a la multitud. Todo era dirigido ahora a ellos en parábolas, porque no Le recibieron a Él, Rey de ellos, y Él habló de cosas que daban por sentado Su rechazo, y de un aspecto del reino desconocido para las revelaciones del Antiguo Testamento, las cuales tienen a la vista ya sea el reino en poder, o a un pequeño remanente recibiendo, en medio de sufrimientos, la palabra del Profeta-Rey que había sido rechazado.

 

 

Con Sus discípulos, en la casa, en apartada intimidad

 

Después de esta parábola, Jesús ya no permanece más junto al mar con la multitud - un lugar adecuado a la posición en la cual Él estuvo entre el pueblo después del testimonio dado al final del capítulo 12, y donde Él había acudido al dejar el hogar. Él vuelve a entrar ahora en la casa con Sus discípulos; y allí, en apartada intimidad con ellos, les revela el verdadero carácter - el objetivo - del reino de los cielos, el resultado de lo que se hizo en él, y los medios que deberían emplearse para purificar todo en la tierra cuando la historia exterior del reino durante Su ausencia hubiera terminado. Es decir, hallamos aquí lo que caracteriza al reino para el hombre espiritual, lo que este comprende como los pensamientos reales de Dios con respecto al reino, y el juicio que eliminaría de él todo lo que fuese contrario a Dios - el ejercicio del poder que debería hacerlo lucir exteriormente en conformidad con el corazón de Dios.

 

 

La explicación de la parábola de la cizaña

a Sus discípulos

 

Hemos visto la historia exterior del reino terminando con esto, el trigo escondido en el granero, y la cizaña apartada en manojos en la tierra, lista para ser quemada. La explicación de esta parábola reanuda la historia del reino en ese período; sólo que hace que comprendamos y distingamos las diferentes partes de la mezcla, asignando a cada parte el nombre de su verdadero autor. El campo es el mundo [37]; allí la Palabra fue sembrada para el establecimiento, de esta forma, del reino. La buena semilla eran los hijos del reino; ellos realmente pertenecían a este según Dios; son sus herederos. Los Judíos ya no lo eran, ya no era más el privilegio del nacimiento natural. Los hijos del reino eran  engendrados por la Palabra. Pero entre estos, a fin de estropear la obra del Señor, el enemigo introdujo a toda clase de personas, el fruto de las doctrinas que había sembrado entre aquellos que habían sido engendrados por la verdad. Esta es la obra de Satanás en el lugar donde la doctrina de Cristo ha sido plantada. La siega es el fin del siglo [38]. Los segadores son los ángeles. Se comentará aquí que el Señor no explica históricamente aquello que ocurrió, sino los términos usados para introducir la cuestión cuando llegue la siega. El cumplimiento de aquello que es histórico en la parábola se da por supuesto; y Él continúa para ofrecer el gran resultado fuera de aquello que era el reino durante Su ausencia en los cielos. El trigo (esto es, la iglesia) está en el granero, y la cizaña sobre el suelo en manojos. Pero Él toma todo aquello que está incluido en estos manojos, todo lo que en su forma de mal ofende a Dios en el reino, y lo lanza al horno de fuego, donde es el "lloro y el crujir de dientes." Tras este juicio, los justos resplandecerán como Él mismo, el verdadero Sol de aquel día de gloria - del siglo venidero, en el reino del Padre de ellos. Cristo habrá recibido el reino de manos del Padre, cuyos hijos eran; y ellos resplandecerán en este reino con Él conforme a este carácter.

 

[37] Evidentemente, no fue en la Iglesia que el Señor comenzó a sembrar; pues no ella existía entonces. Pero Él diferencia aquí a Israel del mundo, y habla del último. Él buscaba fruto en Israel; Él siembra en el mundo porque Israel, pese a todo Su cultivo, no produjo fruto.

 

[38] No meramente el instante que lo concluye, sino los hechos que consuman el propósito de Dios al concluirlo (gr.: synteleia).

 

Así, hallamos para la multitud, los resultados de la siega divina en la tierra, y las maquinaciones del enemigo - el reino presentado bajo esta forma; después, las alianzas de los impíos que tienen lugar entre ellos aparte de su orden natural, creciendo en el campo; y el arrebatamiento de la Iglesia. Para Sus propios discípulos, el Señor explica todo lo que era necesario para hacerles comprender el lenguaje de la parábola. Encontramos, entonces, el juicio ejecutado por el Hijo del Hombre sobre los impíos, los cuales son lanzados al fuego; y la manifestación de los justos en gloria (estos últimos acontecimientos ocurren después de que el Señor ha resucitado y puesto fin a la forma exterior del reino de los cielos en la tierra, siendo los impíos recogidos en grupos y los santos tomados al cielo). [39]

 

[39] Observen también aquí que el reino está dividido en dos parcelas: el reino del Hijo del Hombre, y el reino de nuestro Padre: los objetos de juicio en lo que está sometido a Cristo, y un lugar como el Suyo ante el Padre para los hijos.

 

 

El tesoro escondido en el campo

 

Y ahora, habiendo explicado la historia pública y sus resultados en juicio y en gloria para la plena enseñanza de Sus discípulos, el Señor les comunica los pensamientos de Dios con respecto a lo que transcurría en la tierra, mientras que los eventos exteriores y terrenales del reino iban desarrollándose - aquello que el hombre espiritual debería discernir en ellos. Para este, para uno que comprendía el propósito de Dios, el reino de los cielos era semejante a un tesoro escondido en un campo. Un hombre encuentra el tesoro, y compra el campo para poder poseerlo. El campo no era su objeto, sino el tesoro que había en él, Su pueblo. Así Cristo ha comprado el mundo. Lo posee de justicia. Su objeto es el tesoro escondido en él, Su propio pueblo, toda la gloria de la redención relacionada con él; en una palabra, la Iglesia contemplada, - no en su belleza moral y, en cierto sentido, belleza divina, sino como el objeto especial de los deseos y del sacrificio del Señor - aquello que Su corazón había hallado en este mundo conforme a los consejos y el pensamiento de Dios.

En esta parábola, es la poderosa atracción de esta 'cosa nueva' la que induce a aquel que la ha encontrado a comprar todo el lugar, para poder obtener la posesión de ella.

Los Judíos no eran nada nuevo; el mundo no tenía atractivo; pero este nuevo tesoro indujo a Aquel que lo había descubierto a vender todo lo que tenía para ganarlo. De hecho, Cristo abandonó todo. No sólo se despojó a Sí mismo para redimirnos, sino que renunció a todo lo que le pertenecía a Él como hombre, como el Mesías en la tierra, a las promesas, a Sus derechos reales, a Su vida, para tomar posesión del mundo que contenía en él este tesoro, el pueblo al cual Él amaba.

 

 

La perla de gran precio

 

En la parábola de la perla de gran precio, tenemos de nuevo la misma idea, pero es modificada por otras. Un hombre estaba buscando buenas perlas. Él sabía lo que hacía. Tenía gusto, discernimiento, conocimiento de aquello que buscaba. Fue la conocida belleza del objeto lo que le indujo a esta búsqueda. Sabe que cuando ha encontrado uno correspondiente a sus ideas, merece la pena venderlo todo para poder adquirirlo. Es valioso a los ojos de uno que puede estimar su valor. Así Cristo ha hallado en la Iglesia, por sí misma, una belleza, y (a causa de esta belleza) un valor que le indujo a despojarse de todo con tal de obtenerla. Es igual de cierto con respecto al reino. Considerando el estado del hombre, incluso el de los Judíos, la gloria de Dios demandaba que se renunciase a todo a fin de tener esta cosa nueva; pues en el hombre no había nada que Él pudiera tomar para Sí mismo. No sólo se conformó Él con renunciar a todo para poseer esta cosa nueva, sino que aquello que Su corazón buscaba, lo que no podía hallar en otro lugar, lo halla en aquello que Dios le ha dado en el reino. Él no compró otras perlas. Hasta que hallase esa perla, Él no tenía ningún incentivo para vender todo lo que tenía. Tan pronto como la ve, Él se decide: renuncia a todo por ella. Su valor es lo que le decide, pues Él sabe cómo juzgar y Él busca con discernimiento.

No digo que los hijos del reino no son impulsados por el mismo principio. Cuando hemos aprendido lo que es ser un hijo del reino, renunciamos a todo lo disfrutamos, para poder ser parte de la perla de gran precio. Pero no compramos aquello que no es el tesoro a fin de obtenerla; y estamos muy lejos de buscar buenas perlas antes de haber hallado la de gran precio. En toda su extensión, estas parábolas se aplican solamente a Cristo. La intención en ellas es presentar aquello que estaba entonces haciendo - en contraste con todo lo que había acontecido antes - con las relaciones de Dios con los Judíos.

 

 

La red echada en el mar; el pez bueno

 

Queda todavía una de las siete parábolas - la de la red echada en el mar. En esta parábola no hay ningún cambio en las personas empleadas en la tarea, es decir, en la parábola misma. Las mismas personas que lanzan la red son las que la sacan a la orilla, y hacen la separación recogiendo el pez bueno en cestas, sin reparar en el malo. Asegurar el pez bueno es la obra de aquellos que sacan la red a la orilla. Esto sólo es efectuado después de desembarcar. La clasificación es su trabajo, no hay duda; pero sólo se ocupan del pez bueno. Ellos lo conocen. Esta es su tarea, el objetivo de su pesca. Otros, en efecto, vienen y son encontrados en la red junto con los buenos; pero estos no son buenos. No se necesita otro juicio. Los pescadores conocen los buenos; pero estos no son buenos. Ellos los dejan. Esto forma una parte de la historia del reino de los cielos. El juicio de los impíos no se encuentra aquí. Los malos son dejados en la orilla cuando los pescadores recogen los buenos en cestas. El destino final tanto del bueno como del malo no es presentado aquí. Esto no ocurre en la orilla con respecto a los buenos; ni en cuanto a los malos por el solo hecho de ser dejados allí. Es subsiguiente a la acción de la parábola; y, con respecto al malo, no ocurre simplemente por su separación del bueno con el que había estado mezclado, sino por su destrucción. Ni en esta parábola, ni en la del trigo y la cizaña, la ejecución del juicio forma parte de la parábola misma. Allí, la cizaña es atada y dejada en el campo; aquí, el pez malo es echado fuera de la red llena.

La red del evangelio ha sido echada así en el mar de las naciones, y ha incluido en ella a toda clase. Después de esta recolección general, que ha llenado la red, los agentes del Señor, teniendo que ver con los buenos, los recogen juntos separándolos de los malos. Observen aquí que esta es una analogía del reino. Es el carácter que asume el reino cuando el evangelio ha reunido una masa que incluye los buenos y los malos. Al final, cuando la red ha sido sacada de tal forma que todas las clases quedan encerradas en ella, los buenos son puestos aparte porque son preciosos, y los otros son dejados. Los buenos son recogidos en diversas cestas. Los santos son recogidos, no por los ángeles, sino por aquellos que han laborado en el nombre del Señor. Esta distinción no es hecha por medio del juicio, sino por medio de los siervos, que se ocupan de los buenos.

 

 

La ejecución pública del juicio

 

La ejecución del juicio es otro asunto. Los obreros no tienen nada que ver con ello. Al final del siglo, los ángeles saldrán y apartarán a los malos de entre los justos, no a los justos de entre el resto como hicieron los pescadores, y los echarán en el horno de fuego donde será el lloro y el crujir de dientes. Nada se dice aquí de que se ocupen de los justos. Recogerlos en cestas no era la tarea de los ángeles, sino la de los pescadores. En ambas parábolas los ángeles se ocupan de los impíos. El resultado público ha sido dado, ya sea durante el período del reino de los cielos, o más tarde, en la parábola de la cizaña. Aquí no se repite. La tarea a ser realizada con respecto a los justos cuando la red está llena, es añadida aquí. El destino de los malos es reiterado para diferenciar la tarea hecha con respecto a ellos, de la llevada a cabo por medio los pescadores, quienes recogen los buenos en diversas cestas. Con todo, esto es presentado bajo otro aspecto; y los justos son dejados donde estaban. En la parábola de la cizaña, el juicio de los impíos es declarado al igual que en esta. Son echados al lloro y al crujir de dientes, pero allí es revelado el estado general del reino, y tenemos a los justos resplandeciendo como el sol - la parte más alta del reino. Aquí está solamente lo que el inteligente comprende, lo que la mente espiritual ve. Los justos son colocados en cestas. Hay una separación que hace el poder espiritual, antes del juicio, la cual no existía en el estado público del reino, sino sólo lo que la providencia hizo públicamente en el campo, y la buena semilla es recibida arriba. Aquí, la separación se hace tratando con los buenos. Este era el punto principal para la inteligencia espiritual. La manifestación pública no es el punto; de hecho, solamente juicio será ejecutado sobre los impíos; entonces los justos serán dejados allí. [40]

 

[40] En todas las profecías simbólicas y en las parábolas, la explicación va más allá de la parábola, y añade hechos, porque la ejecución pública del juicio testifica de aquello que en tiempos de la parábola solamente podía discernirse espiritualmente. Esta última puede ser comprendida espiritualmente. El resultado es que el juicio lo declarará públicamente, así que nosotros, en la explicación, debemos ir siempre más allá de la parábola. El juicio explica públicamente lo que es comprendido antes solamente de manera espiritual, e introduce un nuevo orden  de cosas (comparar con Daniel 7).

 

 

La explicación de la parábola de los peces

 

En la explicación de la segunda parábola, se trata del juicio absoluto en el caso de la cizaña, que destruye y consume lo que queda en el campo, ya recogida y separada providencialmente del trigo. Los ángeles son enviados al final, no para separar la cizaña del trigo (lo cual ya fue hecho) sino para echar la cizaña en el fuego, limpiando así el reino. En la explicación de la parábola de los peces  (versículo 49), tiene lugar la clasificación misma. Habrá justos en la tierra, y los malos serán separados de entre ellos. La enseñanza práctica de esta parábola es la separación de los buenos de los malos, y la recolección en grupos numerosos de los primeros; esto es hecho más de una vez, siendo también recogidos en un conjunto muchos otros de los mismos en otro lugar. Los siervos del Señor son los instrumentos empleados en lo que acontece en la parábola misma.

 

 

Cosas nuevas y cosas viejas

 

Estas parábolas contienen cosas nuevas y viejas. La doctrina del reino, por ejemplo, era una doctrina bien conocida. Que el reino tomara las formas descritas por el Señor, y que abarcara a todo el mundo sin excepción, debiendo el pueblo de Dios su existencia no a Abraham sino a la Palabra, todo esto era completamente nuevo. Todo era de Dios. El escriba tenía conocimiento del reino, pero era completamente ignorante del carácter que este asumiría, como reino de los cielos plantado en este mundo por medio de la palabra, de la cual todo depende aquí.

 

 

La obra reanudada entre los Judíos;

Cristo rechazado como Profeta así como Rey

 

El Señor reanuda Su obra entre los Judíos [41]. Para ellos, Él era solamente "el hijo del carpintero." Ellos conocían a Su familia según la carne. El reino de los cielos no tenía valor a sus ojos. La revelación de este reino fue efectuada en otro lugar, y el conocimiento de las cosas divinas fue comunicado allí. Los Judíos no vieron nada detrás de aquellas cosas que el corazón natural podía percibir. La bendición del Señor fue detenida por su incredulidad. Él fue rechazado por Israel como profeta y como Rey.

 

[41] Los capítulos que siguen son asombrosos en su carácter. La Persona de Cristo, como el Jehová del Salmo 132, es presentada, pero Israel es despedido, los discípulos dejados solos, mientras Él ora en lo alto. Él regresa, se une a los discípulos, y el mundo de los gadarenos le reconoce. Luego tenemos en el capítulo 15 la plena descripción moral del terreno en que Israel permanecía en realidad, y debía permanecer, pero llevado mucho más lejos a lo que el corazón del hombre es; y después, aquello que Dios es, revelado en gracia a la fe, incluso si era a un Gentil. Históricamente, Él reconoce todavía a Israel, pero en perfección divina, y ahora en poder humano administrativo; después (cap. 16) la Iglesia es introducida proféticamente; y en el capítulo 17 el reino de gloria en visión. En el capítulo 16, los discípulos son impedidos de decir que Él es el Cristo. Esto ha terminado.

 

 

Capítulo 14

 

La muerte de Juan el Bautista

 

Nuestro evangelio reanuda el curso histórico de estas revelaciones, pero de manera tal que exhibe el espíritu por medio del cual el pueblo era animado. Herodes (amando su poder terrenal y su propia gloria más que la sumisión al testimonio de Dios, y atado más por una falsa idea humana que por su conciencia, aunque en muchas cosas parecía que había reconocido el poder de la verdad) había decapitado al precursor del Mesías, Juan el Bautista; a quien ya había encarcelado para quitar de delante de su esposa al fiel reprobador del pecado en el cual ella vivía.

 

 

Jesús como Jehová, el Proveedor para todas

las necesidades de Su pueblo

 

Jesús es sensible a la importancia de esto que se le informa. Cumpliendo en servicio humilde (no obstante, personalmente exaltado por sobre él), juntamente con Juan, el testimonio de Dios en la congregación, se sintió unido de corazón y en Su obra a él; ya que la fidelidad en medio de todo el mal une los corazones muy estrechamente, y Jesús había condescendido para tomar un lugar en el cual la fidelidad estaba involucrada (véase el Salmo 40: 9-10). Por lo tanto, al oír de la muerte de Juan, Él se retira a un lugar desierto. Pero al tiempo que se apartaba de la multitud que así comenzó a actuar abiertamente en el rechazo del testimonio de Dios, Él no cesa de ser el proveedor de todas sus necesidades y de testificar de este modo que Aquel que podía suministrar divinamente para todas sus necesidades se hallaba entre ellos. Porque la multitud, que sintió estas necesidades y que, pese a no tener fe, admiraba el poder de Jesús, le siguió al lugar desierto; y Jesús, movido a compasión, sana a todos sus enfermos. Al anochecer, Sus discípulos le rogaron que despidiera a la multitud para que ellos se procurasen comida. Él rehúsa y rinde un notable testimonio a la presencia, en Su propia Persona, de Aquel que tenía que saciar de pan a los pobres de Su pueblo (Salmo 132). Jehová, el Señor, quien estableció el trono de David, estaba allí en la Persona de Aquel que debería heredar ese trono. No dudo que las doce cestas de los pedazos de pan se refieren al número que, en la Escritura, designa siempre la perfección del poder administrativo en el hombre.

 

 

Los discípulos como ministros de la bendición y el poder

del reino

 

Obsérvese también aquí que el Señor espera hallar a Sus doce discípulos capaces de ser los instrumentos de Sus actos de bendición y poder, administrando según Su propio poder las bendiciones del reino. "Dadles vosotros de comer", les dijo. Esto se aplica a la bendición del reino del Señor, y a los discípulos de Jesús, los doce, al ser sus ministros; pero es igualmente un principio de suma importancia con respecto al efecto de la fe en cada intervención de Dios en gracia. La fe debería ser capaz de usar el poder que actúa en dicha intervención, para producir obras que son apropiadas a ese poder, conforme al orden de la dispensación y a la inteligencia que este tiene respecto a la fe. Hallaremos este principio otra vez, en otra parte, más plenamente desarrollado.

Los discípulos deseaban despedir a la multitud sin saber cómo utilizar el poder de Cristo. Deberían haber sido capaces de obtener provecho de dicho poder en nombre de Israel, conforme a la gloria de Aquel que estaba entre ellos.

 

 

Los discípulos en medio del mar;

Jesús en la tempestad y en la calma

 

Si el Señor demostraba ahora con perfecta paciencia, mediante Sus acciones, que Aquel que podía bendecir así a Israel se hallaba en medio de Su pueblo, Él no deja de dar testimonio de Su separación de ese pueblo a consecuencia de su incredulidad. Él hace que Sus discípulos entren en una barca para cruzar solos el mar; y despidiendo a la multitud Él mismo, sube a un monte a orar aparte, mientras la barca que llevaba a los discípulos era azotada por las olas del mar con un viento contrario: una viva imagen de aquello que ha sucedido. Dios ha enviado verdaderamente a Su pueblo a cruzar solos el tormentoso mar del mundo, encontrándose con una oposición contra la cual es difícil contender. Entretanto, Jesús ora solo en lo alto. Él ha despedido al pueblo Judío, quienes le habían rodeado durante el período de Su presencia aquí abajo. La partida de los discípulos, aparte de su carácter general, presenta peculiarmente ante nosotros al remanente Judío. Pedro individualmente, al salir de la barca, va, figuradamente, más allá de la posición de este remanente. Él representa esa fe que, renunciando a la comodidad terrenal de la barca, sale a encontrar a Jesús, el cual se había revelado a ella, y camina sobre el mar - una audaz decisión, pero basada en la palabra de Jesús: "Ven." Con todo, observen aquí que este andar no tiene otro fundamento que, "Señor, si eres tú...", es decir, Jesús mismo. No hay ningún apoyo, ninguna posibilidad de andar, si se pierde a Cristo de vista. Todo depende de Él. Hay un medio conocido en la barca; no hay nada sino fe, la cual mira a Jesús para andar sobre el agua. El hombre, como simple hombre, se hunde por el hecho mismo de encontrarse allí. Nada puede sostenerse por sí mismo salvo esa fe que obtiene de Jesús la fortaleza que hay en Él, y que, por consiguiente, le imita a Él. Pero es dulce imitarle a Él; y entonces uno está más cerca de Él, más semejante a Él. Esta es la verdadera posición de la Iglesia en contraste con el remanente en su carácter corriente. Jesús camina sobre el agua igual que sobre terreno sólido. Aquel que creó los elementos tal como son, podía disponer de sus cualidades a Su gusto. Él permite que se levanten las tempestades para probar nuestra fe. Él anda sobre la ola tempestuosa igual que sobre la calmada. Además, la tempestad no hace ninguna diferencia. Aquel que se hunde en las aguas lo hace tanto en las aguas calmas como en las tempestuosas, y el que puede andar sobre ellas, lo hará en la tempestad así como en la calma - es decir, a menos que se miren las circunstancias, falle la fe y el Señor sea olvidado. Ya que a menudo las circunstancias nos hacen olvidarle a Él, donde la fe debería capacitarnos para vencer las circunstancias por medio de nuestro andar por medio de la fe en Él, quien está por sobre todas ellas. Sin embargo, ¡bendito sea Dios! Aquel que camina con Su propio poder sobre el agua está allí para sostener la fe y los vacilantes pasos del pobre discípulo; y, en todo caso, esa fe había traído a Pedro tan cerca de Jesús que Su mano extendida podía sostenerle. La falta de Pedro fue que miró las olas, a la tempestad (la cual, después de todo, no tuvo nada que ver en ello) en vez de mirar a Jesús, quien permanecía inmutable y andaba sobre aquellas mismas olas. Con todo, el clamor de su angustia puso en acción el poder de Jesús, como su fe debería haberlo hecho; sólo que ahora era para vergüenza suya, en vez de ser en el goce de la comunión y andando como el Señor.

 

 

En la barca y con el remanente,

en Genesaret y, en el futuro, en el mundo

 

Habiendo entrado Jesús en la barca, el viento cesó. Incluso será así cuando Jesús vuelva al remanente de Su pueblo en este mundo. También entonces será Él adorado como el Hijo de Dios por todos los que estén en la barca, con el remanente de Israel. En Genesaret, Jesús ejerce de nuevo el poder que en el futuro expulsará de la tierra todo el mal que Satanás ha introducido. Porque cuando Él vuelva, el mundo le reconocerá. Es un fino retrato del resultado del rechazo de Cristo sucediendo en medio de la nación Judía, y que este evangelio nos ha dado ya a conocer.

 

Traducido del Inglés por: B.R.C.O. - 2006

por encargo de y  Publicado con permiso de:

 

BibleTruthPublishers

59 Industrial Road, Addison, IL 60101, U.S.A.

 

B&P Bibles & Publications

5706 Monkland, Montréal, Québec, H4A 1E6, Canada

  

Impreso en  U.S.A

2006

 

 

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Versión Inglesa
Versión Inglesa

Título original en inglés:
MATTHEW, by J.N.Darby 
Synopsis of the Books of the Bible, Volume 3, Matthew - John 
Publicado en Inglés por: Bible Truth Publishers, 59 Industrial Road, Addison, IL 60101, U.S.A.
Traducido con permiso
Publicado en Español por: Bible Truth Publishers

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