Sinopsis de los Libros de la Biblia (John N. Darby)

COLOSENSES (Introducción y Capítulo 1)

ÍNDICE SINOPSIS N.T.
INTRODUCCIÓN AL NUEVO TESTAMENTO
MATEO 1 - 14
MATEO 15 - 28
MARCOS
LUCAS 1 - 8
LUCAS 9 - 24
JUAN 1 - 12
JUAN 13 - 21
HECHOS
LAS EPÍSTOLAS: INTRODUCCIÓN
ROMANOS
1 CORINTIOS
2 CORINTIOS
GÁLATAS
EFESIOS
FILIPENSES
COLOSENSES
2 TESALONICENSES
TITO
APOCALIPSIS

MOBI (en breve)

EPUB (en breve)

en breve

SINOPSIS

de los Libros

de la Biblia

 

COLOSENSES

 

 

Todas las citas bíblicas se encierran entre comillas dobles ("") y han sido tomadas de la Versión Reina-Valera Revisada en 1960 (RVR60) excepto en los lugares en que, además de las comillas dobles (""), se indican otras versiones, tales como:

 

BJ =Biblia de Jerusalén

JND = Una traducción literal del Antiguo Testamento (1890) y del Nuevo Testamento (1884) por John Nelson Darby (1800-82), traducido del Inglés al Español por: B.R.C.O.

LBLA = La Biblia de las Américas, Copyright 1986, 1995, 1997 by The Lockman Foundation, Usada con permiso.

RVR1977 = Versión Reina-Valera Revisión 1977 (Publicada por Editorial Clie).

VM = Versión Moderna, traducción de 1893 de H. B. Pratt, Revisión 1929 (Publicada por Ediciones Bíblicas - 1166 PERROY, Suiza).

 

 

INTRODUCCIÓN

 

El alcance de la epístola comparado y contrastado con el de la

epístola a los Efesios; el estado de los Cristianos Efesios y Colosenses

 

La epístola a los Colosenses considera al Cristiano como resucitado con Cristo, pero no, como en la epístola a los Efesios, como estando sentado en los lugares celestiales en Cristo (Efesios 2:6 – VM). Una esperanza está guardada para él en el cielo; él ha de fijar sus afectos en las cosas de arriba, no en las cosas de la tierra. Él ha muerto con Cristo y ha resucitado con Él, pero no está sentado aún en los lugares celestiales en Él. En ello tenemos una prueba de aquello que otras epístolas demuestran, a saber, la bienaventurada manera en que nuestro Dios en Su gracia convierte todo para el bien de los que Le aman.

 

En la epístola a los Efesios el Espíritu Santo había desarrollado los consejos de Dios con respecto a la iglesia — sus privilegios. A los Cristianos de Éfeso no se les podía reprochar nada {*}: por consiguiente, el Espíritu Santo pudo usar la ocasión proporcionada por ese fiel rebaño para desplegar todos los privilegios que Dios había ordenado para la iglesia en general, en virtud de su unión con Jesucristo como su Cabeza, así como los privilegios individuales de los hijos de Dios.

 

{*} ¡Cuán doloroso es ver esta iglesia tomada después como un ejemplo de la dejación del primer amor! Pero todo se dirige al final (Apocalipsis 2: 1-7)

 

Con los Colosenses no fue así. En alguna medida, ellos se habían desviado de esta porción bienaventurada, y habían perdido el sentido de la unión de ellos con la Cabeza del cuerpo; a lo menos, si ello no era así realmente, ellos estaban siendo asaltados por el peligro, y susceptibles a la influencia de aquellos que procuraban alejarlos de dicho sentido, y someterlos a la influencia de la filosofía y del Judaísmo, de modo que el propio apóstol tuvo que ocuparse del peligro, y no meramente de los privilegios de ellos. Esta unión con nuestra cabeza (¡Gracias a Dios!) no puede perderse; pero como una verdad en la iglesia, o del hecho de que los individuos a realicen, sí puede perderse. Esto lo sabemos demasiado bien en la iglesia del día en que vivimos. Esto, sin embargo, brinda la ocasión al Espíritu de Dios para desarrollar todas las riquezas y toda la perfección que se encuentran en la Cabeza y en Su obra, para que los miembros del cuerpo se recuperen de su debilidad espiritual, o para mantenerlos en un pleno disfrute práctico de su unión con Cristo, y en el poder de la posición adquirida por ellos mediante esa unión. Para nosotros esta es una enseñanza permanente con respecto a las riquezas que existen en la Cabeza.

 

Si la epístola a los Efesios delinea los privilegios del cuerpo, la de los Colosenses revela la plenitud que está en la Cabeza, y nuestra plenitud en Él. Por tanto, en la de los Efesios la iglesia es la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo (Efesios 1; 22, 23); en la de los Colosenses, toda la plenitud de la Deidad reside corporalmente en El (Colosenses 2:9 – LBLA), y nosotros estamos completos (o, hemos alcanzado la plenitud) en Él. Sin embargo, hay otra diferencia que es importante destacar. En la epístola a los Colosenses no encontramos — excepto en la expresión "amor en el Espíritu" (Colosenses 1:8) — mención alguna del Espíritu Santo. Él es presentado plenamente en Efesios. Pero por otra parte, nosotros tenemos a Cristo como nuestra vida desarrollado más plenamente, de igual importancia en su lugar. En Efesios nosotros tenemos más ampliamente el contraste del paganismo con el privilegio y el estado cristianos. La formación del alma en semejanza viviente a Cristo es ampliamente desarrollada en Colosenses. Se trata más, en las bien conocidas expresiones, de Cristo en nosotros que nosotros en Cristo, aunque estas dos cosas no pueden ser separadas. Una importante diferencia adicional es que en Efesios la unidad de Judíos y Gentiles en un solo cuerpo ocupa un amplio lugar. En Colosenses los Gentiles están sólo en perspectiva, aunque en conexión con la doctrina del cuerpo. Estando estas diferencias bien señaladas, nosotros podemos decir que las dos epístolas tienen un gran parecido en su carácter general.

 

CAPÍTULO 1

 

Las grandes semejanzas generales en las dos epístolas

 

Ellas comienzan casi de la misma manera {*}. Ambas son escritas desde Roma, mientras el apóstol era un prisionero en esa ciudad, y enviadas por medio del mismo mensajero y en la misma ocasión, así como probablemente también la dirigida a Filemón: el motivo para creer esto son los nombres y las salutaciones.

 

{*} El nombre de Timoteo no se encuentra en el escrito a los santos en Éfeso.

 

El escrito a los Efesios los sitúa quizás más inmediatamente en relación con Dios mismo, en lugar de presentarlos como estando en comunión fraternal en la tierra. Ellos no son llamados hermanos en Efesios 1:1, solamente santos y fieles en Cristo Jesús. Ellos son vistos en Colosenses como andando en la tierra, aunque resucitados. Por eso hay una larga oración por su andar, si bien en un terreno elevado y santo como libertados. En Efesios se comienza con el propósito y fruto plenos de los consejos de Dios. En esa epístola el corazón del apóstol se expande de inmediato en la conciencia de las bendiciones disfrutadas por los Efesios. Ellos fueron bendecidos con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo (Efesios 1:3 – LBLA). Para los Colosenses había una esperanza guardada (o, reservada) en el cielo. Y hay un prefacio de muchos versículos refiriéndose al evangelio que ellos habían oído, e introduciendo sus oraciones para el andar y el estado de ellos aquí abajo. Esto nos lleva adonde nos lleva Efesios 1:7, pero con un desarrollo mucho más ampliado de la gloria personal de Cristo, y de un modo más histórico de las verdaderas sendas de Dios. Se trata también de un escrito eclesiástico más personal que Efesios.

 

Características especiales de lo que se dice a los Colosenses

 

Pero consideremos atentamente lo que se dice a los Colosenses. El bienaventurado llamamiento del cual habla el apóstol (Efesios 1: 3-10), y los privilegios de la herencia (Efesios 1: 11-14), no están en Colosenses; resucitados pero en la tierra, ellos no están sentados en los lugares celestiales, siendo todas las cosas, por tanto, herencia de ellos. No se trata de ellos en Cristo allí, sino de Cristo en ellos, la esperanza de la gloria, y la oración mencionada arriba impregna el capítulo hasta que llegamos al terreno común de la gloria de Cristo en Colosenses 1:15; e incluso aquí, la gloria divina de Cristo es sacada a relucir en Colosenses, el sencillo hecho del propósito de Dios en cuanto a Cristo es sacado a relucir en Efesios. Y no solamente no tenemos la herencia de Dios siendo nuestra; sino que en Colosenses no se habla del Espíritu como siendo las arras. Nosotros hemos visto, de hecho, que esto es característico de Colosenses. No se habla del Espíritu, sino de la vida. En Colosenses se nos insiste más en la Persona y la gloria divina de Cristo, y el hecho de que estamos completos en Él; pero no en el lugar de los santos con Dios de la misma manera. Además, como el santo es considerado como estando en la tierra, no en Cristo en lo alto, su responsabilidad es introducida (Colosenses 1:23). Colosenses 1:3 responde a Efesios 1:16: sólo que uno siente que hay más plenitud en el gozo de Efesios 1:16. La fe en Cristo y el amor a todos los santos se encuentran en cada exordio, como la ocasión del gozo del escritor.

 

La oración del apóstol en vista de la necesidad de los Colosenses

 

El tema de su oración es muy diferente. En los Efesios, donde él expone con orden y amplitud los consejos de Dios con respecto a la iglesia, él pide en oración que los santos puedan entenderlos, así como el poder mediante el cual ellos participaban en estos consejos. Aquí en Colosenses, su oración es para que el andar de los santos pueda ser guiado por la inteligencia divina. Pero esto pertenece a otra causa, al punto de vista desde el cual, en su discurso, él considera a los santos. Nosotros hemos visto que en la epístola a los Efesios él los ve como sentados en los lugares celestiales. Por consiguiente, la herencia de ellos es la de todas las cosas que han de ser reunidas bajo Cristo como Cabeza. Él ora aquí en Colosenses por ellos en vista de una esperanza reservada para ellos en el cielo; su oración se refiere, por lo tanto, al andar de ellos, que dicho andar pueda ser en armonía con el objeto que ellos han puesto delante de ellos. Como estando en la tierra y en peligro de no adherirse a la Cabeza, los creyentes en Colosas estaban en peligro de desviarse de aquel objetivo. Él oraba, por tanto, en vista de esa esperanza celestial. Ellos habían oído acerca de esta esperanza perfecta y gloriosa. El evangelio lo había proclamado por todas partes.

 

El peligro de los Colosenses y su remedio

 

Era el evangelio predicado en vista de una esperanza reservada en el cielo lo que había producido fruto entre los hombres, fruto que estaba caracterizado por su fuente celestial. La religión de ellos, aquello que gobernaba el corazón de ellos en estas relaciones con Dios, era celestial. Los Colosenses estaban en peligro de recaer en la corriente de las ordenanzas, y de las costumbres religiosas del hombre que vive en este mundo, cuya religión estaba en conexión con el mundo en el cual él vivía, y no iluminada, no plena de luz celestial. No hay nada más que una unión consciente con Cristo la cual puede mantenernos de manera segura allí. Ordenanzas para alcanzarle a Él no pueden tener lugar alguno allí donde nosotros estamos unidos a Él; ninguna filosofía de pensamientos humanos, donde nosotros poseemos vivaces pensamientos divinos en Cristo.

 

Sin embargo, ¡cuán precioso es — incluso si nosotros no estamos a la plena altura de nuestro llamamiento — tener un objeto puesto delante de nuestros corazones que nos liberta de este mundo, y de las influencias que ocultan a Dios de nosotros! Tal es el objetivo del apóstol en esta Escritura. Él dirige los ojos de los Colosenses al cielo, para que puedan ver a Cristo allí, y recuperar el sentido de su unión con la Cabeza que ellos en cierta medida habían perdido, o estaban en peligro de perder. No obstante, el fundamento estaba allí — fe en Cristo y amor a todos los santos. Ellos necesitaban solamente hacer realidad su unión con la Cabeza; lo cual, además, era lo único que podía mantenerlos en el elemento celestial por encima de las ordenanzas, por encima de la religión humana y terrenal.

 

El punto de partida del apóstol

 

El apóstol, para elevarlos, comienza como de costumbre desde el punto donde él encontró el bien en los santos a los cuales él escribía. Esta esperanza celestial había llegado hasta ellos y había producido fruto. Esto es lo que diferencia el Cristianismo de todas las otras religiones, y en particular del sistema Judío, el cual — aunque individuos que estaban en él por gracia anhelaban el cielo — ocultaba a Dios detrás del velo, y envolvía la conciencia en una serie de ordenanzas a distancia de Él.

 

La vida celestial práctica en la tierra de los resucitados

con Cristo

 

Ahora bien, basado en esta esperanza que colocaba la vida interior de los Cristianos en relación con el cielo, el apóstol ora para que los Colosenses puedan ser llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría y comprensión espiritual. Ello es el fruto, en la tierra, de la relación con Dios de un hombre resucitado. Esto es muy diferente de mandamientos y ordenanzas. Se trata del fruto de la comunión íntima con Dios, o del conocimiento de Su carácter y de Su naturaleza en virtud de esa comunión; y, si bien ello se refiere a la vida práctica, como perteneciendo a la vida interior, deja las ordenanzas completamente a un lado. El apóstol tuvo que comenzar en este fin práctico, por la vida cristiana. Quizás los Colosenses no comprendieron la relevancia de estas enseñanzas, pero ellas contenían un principio que, inculcado ya en el corazón de ellos, y susceptible de ser reavivado, los conducía al punto que el apóstol tenía como objetivo, y que era, simultáneamente, un privilegio muy precioso, cuyo valor ellos estaban en posición de comprender. Eso es amor. El apóstol desarrolla los privilegios de ellos al respecto con fuerza y claridad, como uno para el cual un andar semejante era bien conocido, y además con el poder del Espíritu de Dios. Ellos no estaban en el cielo sino en la tierra, y esta es la senda que convenía a aquellos resucitados con Cristo y que miran el cielo desde la tierra. Se trata de la vida divina en la tierra, no del Espíritu Santo poniendo el alma del creyente en el centro de los consejos divinos, como en Efesios 3 a través de Cristo morando en el corazón por medio de la fe.

 

El conocimiento de la voluntad de Dios basado en el estado

espiritual del alma por medio de Su palabra; en un andar digno

y un crecimiento fructífero como resultado, y un conocimiento

de Dios cada vez mayor

 

El primer principio de esta vida celestial práctica era el conocimiento de la voluntad de Dios — ser lleno de ella, no correr tras ella como una cosa que está fuera de nosotros, ni en indecisión, en incertidumbre en cuanto a lo que ella era, sino ser llenos de ella por medio de un principio de comprensión (inteligencia) que viene de Él, y que forma el entendimiento y la sabiduría del propio Cristiano. El carácter de Dios se traducía de manera viviente en la apreciación de todo lo que el Cristiano hacía. Y observe aquí que el conocimiento de la voluntad de Dios está basado en el estado espiritual del alma — sabiduría y entendimiento espiritual. Y esto es de suma importancia práctica. Ninguna enseñanza dada por el hombre en cuanto a conducta cumple con esto, en absoluto — más bien evita la necesidad de entendimiento espiritual. No hay duda alguna que una mente más espiritual puede ayudarme en el discernimiento de la voluntad de Dios; {*} pero Dios ha relacionado el descubrimiento de la senda de Su voluntad, Su senda, con el estado interior del alma, y hace que pasemos a través de circunstancias — la vida humana aquí abajo — para ponernos a prueba y para que descubramos cuál es ese estado, y para ejercitarnos en ello.

 

{*} Uno de los engaños del corazón es que, cuando conocemos realmente la voluntad de Dios bastante bien, nosotros vamos a pedirle consejo a uno no más espiritual que nosotros mismos.

 

El Cristiano tiene que conocer, mediante su estado espiritual, las sendas de Dios. La Palabra es el medio (compárese con Juan 17: 17, 19). Dios tiene una senda Suya propia que el ojo del halcón no ha visto (Job 28:7 – VM), conocida solamente por el hombre espiritual, relacionada con el conocimiento de Dios, y emanando de dicho conocimiento (Compárese con Éxodo 33:13). De este modo, el Cristiano anda como es digno del Señor; él conoce lo que es digno de Él {*}. Y anda en conformidad con ello, para que él pueda agradarle a Él en todas las cosas, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo por medio del conocimiento de Dios.

 

{*} Hay tres medidas presentadas del andar Cristiano en esta forma: un andar digno de Dios que nos ha llamado a Su reino y a Su gloria (1ª. Tesalonicenses 2:12); un andar digno del Señor, aquí (Colosenses 1:10); un andar digno de la vocación con que fuimos llamados, es decir, el Espíritu Santo morando en la iglesia, Efesios 2; desarrollado como está en el final del capítulo 3 de Efesios.                                    

 

 

La medida de la fortaleza del Cristiano; una vida en armonía

con Dios; su carácter, su manifestación en la tierra y su forma

 

No se trataba, entonces, solamente del carácter de la vida: la vida era productiva; llevaba fruto, y, a medida que la vida crecía, aumentaba el conocimiento de Dios. Pero esta relación con Dios introduce otra consideración preciosa. Además del carácter y de la energía vital que están en relación con este conocimiento, la fortaleza del Señor {*} es desarrollada también en ella. Ellos hallan fortaleza en Él. Él la da para que ellos puedan andar así.

 

{*} Yo pienso que lo que antecede es aquí el Señor; pero el Señor y Dios se fusionaron grandemente en un pensamiento.        

 

 

"Fortalecidos", él dice, "con todo poder (o, fortaleza), conforme a la potencia de su gloria." (Colosenses 1:11). Tal es la medida de la fortaleza del Cristiano para una vida en armonía con el carácter de Dios. El carácter de esta vida es revelado así en la gloria celestial en lo alto — Jesucristo. Su manifestación en la tierra — tal como lo había sido en Jesucristo — es hecha realidad en toda paciencia y longanimidad con gozo, en medio del dolor y las aflicciones de la vida de Dios en este mundo. Esta forma de la vida es también sorprendente: toda la fortaleza divina (o, poder divino) conforme a Su gloria es dada para ser paciente, para soportar. ¡Qué carácter ello da a la vida Cristiana en este mundo!  Ello nos permite mantener una actitud generosa con los demás. Ni tampoco hay algún fruto más evidente del poder que esto. La voluntad está sometida también aquí. Por consiguiente, a pesar de todo lo que tenemos que soportar, con Dios tenemos un gozo constante. Es una ilustración bienaventurada de la forma en que la vida divina se manifiesta a sí misma.

 

La vida de paciencia: su fuente, su propósito

y su posesión actual

 

Y el apóstol conecta aquí esta vida de paciencia con aquello que es su fuente, su propósito, y su posesión actual por medio de la fe. Andando así nosotros estamos llenos de gozo, y damos gracias al Padre el cual nos ha hecho {*} aptos para compartir la porción de los santos en luz. Los santos están aquí establecidos en su relación adecuada con Dios (el Padre de ellos); en el cielo — en la luz, aquello que Dios es, y en lo cual Él mora.

 

{*} Presten especial atención aquí al hecho de que no se dice 'nos hará aptos', como una cosa aún por hacer, y en la cual nosotros progresamos.

 

Tenemos así el estado del alma, el carácter del andar, y la fuerza en la cual lo realizamos. En cuanto a la aptitud para Dios en luz, nosotros la poseemos. Además, somos trasladados al reino de Su amado Hijo.

 

En la luz; el medio empleado y el carácter práctico

de la obra que nos coloca allí

 

El medio empleado, y el carácter práctico de la obra que nos instala en la luz, son presentados después, introduciéndonos (en la medida que Colosense lo hace) en los consejos de Dios, pero de un modo práctico — en sus resultados futuros o presentes, no en consejo ni en cuanto al misterio de Su voluntad.

 

El Padre nos ha librado de la potestad (o, del dominio) de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino del Hijo de Su amor. No se trata de una norma Judía para el hombre; es una operación del poder de Dios, el cual nos trata como siendo del todo por naturaleza los esclavos de Satanás y de las tinieblas; y nos coloca, mediante un acto de ese poder, en una posición y en una relación con Dios mismo enteramente nuevas. Nosotros vemos aquí realmente, si examinamos los principios en su origen, la misma cosa que vemos en Efesios 1: 4, 5; Efesios 2: 1-6, en cuanto a nuestra posición antes. Pero es evidente que faltan la plenitud y el carácter definitivo de una nueva creación {*}. "La herencia de los santos en luz", el " reino del Hijo de su amor (Colosenses 1:13 – VM), nos recuerdan Efesios 1: 4, 5; pero no se trata de la cosa misma, tal como está en la mente de Dios, sino que se trata de que nosotros hemos sido hecho aptos para ello estando aquí; ni es, consecuentemente, el desarrollo de una posición con la cual uno está familiarizado como estando en ella.

 

{*} Nosotros veremos también, más adelante, que el punto de partida es un tanto diferente, y, aunque se hace alusión al terreno Efesio parcialmente, introduce al hombre tal como se lo encuentra viviendo en pecado, y absolutamente menos para Dios, el cual lo encuentra ya muerto en pecados y lo crea conforme a Sus propios consejos. Pero de esto hablaremos después. Además, en Efesios 1:6 nuestro lugar está lleno de gracia en Cristo; en Colosenses 1 está la liberación actual de la potestad de las tinieblas y el traslado al reino del Hijo de Su amor — no la gracia o el favor en el Amado (como en Efesios).    

 

El poder y el amor del Padre nos han hecho aptos para ello, y aunque el carácter de Dios está necesariamente allí como luz y amor, según Su relación con Su Hijo, no obstante, lo que nosotros tenemos aquí no es nuestra relación propia con Dios mismo, fuera de la cuestión acerca de dónde Él nos sacó, sino que tenemos la obra en general que nos coloca allí en contraste con nuestra posición anterior. Él nos ha librado del dominio de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino de Su amado Hijo; nosotros tenemos parte en la herencia de los santos en luz: pero, ¿dónde está el santo "sin mancha delante de él en amor" (Efesios 1:4 – RVR1977)? ¿Dónde está nuestra relación con Él, conforme a los consejos de Aquel que vio solamente el bien que Él se propuso en Su propio corazón (Efesios 1:9)? ¿Dónde están los hijos para Sí mismo por medio de Jesucristo (Efesios 1:5 – VM), mediante Su predestinación antes que el mundo existiese (Efesios 1:4)?

 

Liberación mediante el poder y la gracia de Dios;

el medio empleado por el Espíritu

 

En Efesios la liberación es traída como una consecuencia de la porción en la cual los herederos, los objetos de los consejos eternos de Dios son vistos. {*} Aquí, la liberación es el asunto principal. ¡Cuán desastroso es apartarse de la Cabeza y perder la plena conciencia, en la luz, de nuestra unión con Él! ¡Cuán perfecta y preciosa es esa gracia que se percata de nuestra condición, y nos saca de ella y nos lleva a Dios, para hacernos disfrutar — conforme al poder y a la gracia de Dios — la inestimable posición que Él nos ha dado en Cristo!

 

 

 

{*} Esto pertenece al principio mencionado arriba. En Efesios, todo es visto desde el punto de vista de los consejos eternos de Dios antes que el mal existiese, el bien que Él se propuso en Sí mismo, aunque la redención fue necesaria cuando el mal hubo entrado, y la gloria de Dios mismo y la base de nuestra gloria en el cumplimiento de ellos, se hizo realidad en ello. En Colosenses el hombre en el mal es el objeto de la gracia.

 

 

El medio que el Espíritu emplea aquí para llevar a cabo esta obra de gracia es el desarrollo de la gloria del Señor, del Hijo de Su amor.

 

El reino del Hijo de Su amor

 

"…el cual nos ha libertado de la potestad de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino del Hijo de su amor" (Colosenses 1:13 – BJ, VM, JND).

 

Yo creo que solamente aquí el reino es llamado el reino del Hijo; y yo pienso que es solamente como introduciendo Su Persona como el centro de todo, y como presentándonos la medida de la grandeza de la bendición. Es en el reino de Uno que tiene este lugar, el Hijo de Su amor, en el que nosotros somos introducidos. Es realmente Su reino; y para que nosotros podamos comprender el carácter de este reino tal como es ahora para nosotros, y nuestra cercanía a Dios como teniendo parte en él, este es llamado el reino del Hijo de Su amor. Esto es lo que es el fundamento actual y la característica actual de la relación con Dios de aquellos que están verdaderamente en ella y son de ella. Como el reino del Hijo del Hombre, es Su manifestación, en lo sucesivo, en gloria y en gobierno. Ello está caracterizado aquí por la relación del propio Hijo con el Padre, en Su Persona, con el agregado de lo que nos da un derecho pleno para compartirla — redención por medio de Su sangre, el perdón de pecados.

 

La gloria de Jesús puesta en vigoroso relieve

 

El apóstol, habiendo introducido así al Hijo en Su relación con el Padre, como el objeto central y poderoso que había de atraer el corazón de los Colosenses y liberarlos del yugo de ordenanzas, bosqueja ahora las diferentes partes de la gloria de esa Persona. Por lo tanto, si la asamblea está carente de gloria propia, la de Jesús es tanto más puesta en el más vigoroso relieve delante de nosotros. Dios saca así bien del mal, y alimenta a Su pueblo en todos los sentidos.

 

El Señor Jesús, la imagen del Dios invisible,

visto por ángeles y por hombres

 

El Señor Jesús es la imagen del Dios invisible. Es en el Hijo de Su amor que vemos lo que Dios es (compárese con Juan 1:18; y también con 1ª. Juan 1:2). Este es el primer carácter de Su gloria personal, el centro esencial de todo lo demás. Ahora bien, como consecuencia de este apropiado carácter de Su Persona, Él toma por derecho la posición de representar a Dios en la creación. Adán fue creado a la imagen de Dios, y colocado como centro en una creación que estaba sujeta a él. Pero, después de todo, él era solamente una figura del Cristo, de Aquel que había de venir. El Hijo, en Su Persona misma, en Su naturaleza (y para nosotros como estando en el seno del Padre – Juan 1:18), es Aquel que da a conocer a Dios, porque Él presenta a Dios en Su propia Persona y en una revelación plena de Su ser y de Su carácter delante de los hombres y en todo el universo; Porque toda la plenitud de la Deidad reside corporalmente en Él (Colosenses 2:9 – LBLA). Sin embargo, Él es un hombre. Él es visto así por los ángeles. Nosotros Le hemos visto con nuestros ojos por medio de la fe. Por lo tanto, Él es la imagen del Dios invisible. El carácter perfecto y la representación viviente del Dios invisible han sido vistos en Él. ¡Maravillosa verdad con respecto a la Persona de nuestro Salvador!

 

El primogénito de toda la creación: su creador y cabeza

 

 

Pero entonces, ¿qué lugar puede Él tener en la creación cuando Él ha entrado en ella conforme a los consejos eternos de Dios? Él podía tener solamente uno, a saber, el lugar de supremacía sin impugnación y sin controversia. Él es el primogénito de toda la creación; este es un nombre relativo, no uno de fecha con respecto al tiempo. De Salomón se dice, "Yo también lo haré mi primogénito, el más excelso de los reyes de la tierra." (Salmo 89:27 – LBLA). Por lo tanto el Creador, cuando Él toma un lugar en la creación, es necesariamente su Cabeza. Él no ha hecho efectivos aún Sus derechos, porque en gracia Él consumaría la redención. Nosotros estamos hablando de Sus derechos — derechos que la fe reconoce.

 

Él es, entonces, la imagen del Dios invisible, y, cuando Él toma Su lugar en ella, el Primogénito de toda la creación. La razón de esto es digna de nuestra atención — sencilla, sin embargo maravillosa: Él la creó. Fue en la Persona del Hijo que Dios actuó, cuando mediante Su poder Él creó todas las cosas, ya sea en el cielo o en la tierra, visibles e invisibles. Todo lo que es grande y exaltado no es sino la obra de Sus manos: todo ha sido creado por Él (el Hijo) y para Él. De este modo, cuando Él toma posesión de ella, Él la toma como Su herencia por derecho. Verdad maravillosa es que Aquel que nos ha redimido, Aquel que se hizo hombre, que se hizo uno de nosotros en cuanto a naturaleza a fin de hacerlo, es el Creador. Pero tal es la verdad.

 

Cristo como hombre teniendo derecho a todas las cosas;

creadas por Él y para Él

 

En relación con esta verdad admirable, fue una parte de los consejos de Dios que el hombre debía tener dominio sobre todas las obras de sus manos. De este modo Cristo, como hombre, lo tiene por derecho y tomará posesión de él efectivamente. Esta parte de la verdad de la cual estamos hablando es tratada en Hebreos 2; nosotros la consideraremos cuando corresponda hacerlo. Yo lo introduzco aquí meramente para que podamos entender las circunstancias bajo las cuales el Hijo toma posesión. El Espíritu habla de Uno que es hombre, pero de Uno que es a la vez Creador de todas las cosas, el Hijo de Dios. Ellas fueron creadas por Él, entonces ellas fueron necesariamente creadas también para Él.

 

Tenemos así hasta aquí la gloria de la Persona de Cristo y Su gloria en la creación relacionada con Su Persona. En Él es vista la imagen del Dios invisible. Él ha creado todas las cosas: todo es para Él; y Él es el Primogénito de todo lo creado.

 

Cristo, la cabeza del cuerpo, el primogénito de entre

los muertos; Su lugar especial en relación con la iglesia

en poder de resurrección; Su preminencia en todo

 

Otra categoría de gloria, otra supremacía, es presentada ahora. Él toma un lugar especial en relación con la asamblea en el poder de resurrección. Se trata de la introducción del poder divino, no en la creación sino en el imperio de la muerte; para que otros puedan participar en Su gloria mediante la redención, y por el poder de vida en Él. La primera gloria era, por así decirlo, natural — la segunda es especial y adquirida (aunque en virtud de la gloria de Su Persona) al padecer la muerte, y todo el poder del enemigo en ella (Hebreos 2:14). Por consiguiente, ello está relacionado, como hemos dicho recién, con la redención, y con la introducción de otros en la participación de los mismos privilegios. Él es la cabeza del cuerpo que es la asamblea, el Principio, el Primogénito de entre los muertos, para que en todas las cosas Él tenga la preeminencia. Él es el Primogénito de la creación, Él es el Primogénito {*} según el poder de resurrección, en este orden nuevo de cosas en el cual el hombre está predestinado a una posición enteramente nueva, obtenida por medio de la redención, y en la cual él participa en la gloria de Dios (en la medida que lo que es creado puede hacerlo), y eso, participando en la vida divina en Jesucristo, el Hijo de Dios y la vida eterna; y, con respecto a la asamblea, como miembros de Su cuerpo.

 

{*} Una de estas preminencias depende de Sus derechos divinos como Creador, la otra depende de Su obra y del poder exhibido en Su humanidad en el hecho de la resurrección. Él sostiene todo como hombre y todo por el poder divino; pero de algún modo se puede decir que una parte de Su gloria depende de Su divinidad, la otra de Su victoria como hombre.

 

Él es el Primogénito de la creación, el Primogénito de entre los muertos; el Creador y conquistador de la muerte y del poder del enemigo. Estas son las dos esferas de la exhibición de la gloria de Dios. La posición especial de la asamblea, el cuerpo de Cristo, forma una parte de la segunda. Él debe tener Su gloria de resurrección, esta preminencia y superioridad universal, como siendo hombre, porque toda la plenitud (a saber, de la Deidad, véase Colosenses 2:9) se complació en habitar en Él. ¡Qué lugar podía Él tener excepto el de ser primero en todas las cosas! Pero, antes de hablar de lo que sigue a continuación, algunas importantes observaciones han de ser hechas aún acerca de eso que hemos estado considerando.

 

Declarado Hijo de Dios con poder por la resurrección

 

El Hijo nos es presentado aquí como Creador, no para excluir el poder del Padre, ni la operación del Espíritu. Ellos son uno, pero es el Hijo quien es colocado aquí ante nosotros. En Juan 1 la Palabra (el Verbo) es quien crea todas las cosas. Aquí, y en Hebreos 1, es bajo el nombre del Hijo que Él, el cual es también la Palabra, nos es revelado. Él es la Palabra de Dios, la expresión de Su pensamiento y de Su poder. Es por medio de Él que Dios obra y se revela a Sí mismo. Él es también el Hijo de Dios; y, en particular, el Hijo del Padre. Él revela a Dios, y el que le ha visto a Él ha visto al Padre. En cuanto nacido en este mundo por la operación de Dios por medio del Espíritu Santo, Él es el Hijo de Dios (Salmo 2:7; Lucas 1:35). Pero esto es en el tiempo, cuando la creación es ya la escena de la manifestación de los modos de obrar y de los consejos de Dios. Pero el Hijo es también el nombre de la apropiada relación de Su Persona gloriosa con el Padre antes que el mundo existiese. Es en este carácter que Él creó todas las cosas. El Hijo ha de ser glorificado así como lo es el Padre. Si Él se humilla a Sí mismo, como lo hizo por nosotros, todas las cosas son puestas en Sus manos, para que Su gloria pueda ser manifestada en la misma naturaleza en la aceptación de lo cual Él se humilló a Sí mismo. Y el poder de vida y de Dios ya está manifestado por la resurrección, de modo que Él es declarado Hijo de Dios con poder por la resurrección (Romanos 1:4). Esto es la prueba de ello.

 

"Toda la plenitud de la Deidad"; la Persona única de Cristo

 

En la epístola a los Colosenses lo que es puesto ante nosotros es la gloria apropiada de Su Persona como el Hijo antes que el mundo existiese. Él es el Creador como Hijo. Es importante observar esto. Pero las Personas no están separadas en la manifestación de ellas. Si el Hijo obraba milagros en la tierra, echaba fuera demonios por el Espíritu; y el Padre que mora en Él (Cristo) hacía las obras (Juan 14:10). Se debe recordar también que aquello que se dice se dice cuando Él fue manifestado en la carne, acerca de Su Persona completa, hombre en la tierra. No es que nosotros no separamos en nuestra mente entre la divinidad y la humanidad; pero aun separándolas nosotros pensamos en la única Persona con respecto a la cual lo hacemos. Nosotros decimos, «Cristo es Dios; Cristo es hombre», pero es Cristo quien es los dos. Yo no digo esto de manera teológica, sino para atraer la atención del lector a la notable expresión, "En Él toda la plenitud de la Deidad tuvo complacencia en habitar." (Colosenses 1:19 – JND). Toda la plenitud de la Deidad se encontraba en Cristo.

 

Los errores de los Gnósticos

 

Los Gnósticos, los cuales en los últimos años hostigaron tanto a la asamblea, usaban la palabra "plenitud" en un sentido místico y peculiar para la suma y la fuente (y sin embargo, después de todo, en el sentido de una localidad; porque ella tenía límites que lo separaba de todo lo demás) de la divinidad que se desarrollaba a sí misma en cuatro pares de seres — una conjunción, una alineación — siendo Cristo uno de un par solamente. {*} No es necesario ir más lejos en sus ensueños, excepto para observar que, con diferentes sombras de pensamiento, ellos atribuyen la creación a un dios inferior o a un dios malo, el cual era también el autor del Antiguo Testamento. Ellos decían, «La materia no procedió del Dios supremo.» Ellos no comían carne; no se casaban; ellos se entregaban al mismo tiempo a toda clase de horrores y disoluciones; y, extraño es decirlo, se asociaban con el Judaísmo, adoraban ángeles, etc.

 

{*} De hecho, añadido a los cuatro como suplementario.

 

Toda la plenitud habitando en Cristo

 

El apóstol estuvo a menudo en conflicto con estos instrumentos de Satanás. Pedro también los menciona. Pablo expone aquí mediante la palabra de Dios, toda la plenitud de la divinidad de Cristo. Lejos de ser algo inferior, una emanación, o por más que tenga un lugar exaltado en esas genealogías interminables, toda la plenitud misma habitaba en Él. ¡Gloriosa verdad con respecto a la Persona del Señor nuestro Salvador! Nosotros podemos dejar todas las insensatas imaginaciones del hombre en la sombra, para disfrutar la perfecta luz de esta plenitud gloriosa de Dios en nuestra Cabeza y Señor. Toda la plenitud estaba en Él. Nosotros conocemos realmente al Padre, pero revelado en Él. Nosotros poseemos realmente el Espíritu, pero la plenitud del Espíritu estaba en Él. Y porque, habiendo consumado nuestra redención y nuestra purificación, Él recibió entonces ese Espíritu para nosotros (Hechos 2: 32, 33). Y Dios mismo en toda Su plenitud fue revelado, sin reserva alguna, en la Persona de Cristo; y este Cristo es nuestro, nuestro Salvador, nuestro Señor. Él ha sido manifestado a nosotros y para nosotros. ¡Qué gloriosa verdad para nosotros!

 

Es para Su propia gloria, sin duda, que Él sea conocido tal como Él es, como amor; pero no es menos cierto que esta revelación fue con relación a nosotros. No es solamente el Hijo revelando al Padre, dulce y precioso como es este hecho; es la plenitud de la Deidad como tal lo que es revelado y presentado en Cristo. Fue la complacencia de la plenitud habitar allí.

 

Reconciliados con Dios por Cristo; paz hecha mediante

la sangre de Su cruz

 

Pero Cristo no era solamente la Cabeza de la creación en virtud de la gloria divina de Su Persona, y la Cabeza de la asamblea como resucitado de entre los muertos y victorioso sobre el poder del enemigo; la creación y todos los que habían de formar la asamblea, estaban igualmente alejados de Dios, y los últimos estaban así incluso en la voluntad de ellos; para estar en relación con Dios ellos debían ser reconciliados con Él. Esta es la segunda parte de la gloria de Cristo. No sólo fue la complacencia de la plenitud de la Deidad habitar en Él, sino que por Él reconciliar todas las cosas consigo, habiendo hecho la paz mediante la sangre de Su cruz. Esta reconciliación de cosas en el cielo así como en la tierra no se ha cumplido aún. La paz es hecha realmente mediante la sangre, pero el poder no ha entrado aún para traer de regreso el todo a una real relación con Dios conforme al valor de esa sangre.

 

Así, en Israel, la sangre era puesta sobre el propiciatorio, y la expiación — la paz, era hecha; pero además de esto todo era rociado, y los pecados del pueblo eran confesados. Esto, con respecto a Israel y a la creación, no ha sido hecho aún. En cuanto a lo que es exterior, ello permanece aún a una distancia de Dios, aunque la paz está hecha. Nosotros sabemos que es la complacencia de Dios reconciliar todas las cosas en el cielo, y en la tierra, por la virtud de esta sangre. Todas las cosas serán restauradas al orden bajo el nuevo gobierno. Los culpables, permaneciendo en sus pecados, estarán fuera de esta escena de bendición; pero el cielo y la tierra serán libertados completamente del poder del mal (e incluso de su presencia durante el milenio, con respecto a manifestación — y aún más tarde, absolutamente de su presencia misma), conforme a la virtud de esa sangre que ha separado entre el bien y el mal, según el carácter del propio Dios, y ha glorificado tanto a Dios que la paz está hecha. Dios puede actuar libremente para bendición; pero la obra es aquí doble, tal como la gloria de la Persona de Cristo, y se refiere a los mismos objetos como Su gloria. Está el los consejos de Dios reconciliar consigo todas las cosas en el cielo y en la tierra por medio de Cristo. Pero Él ya ha reconciliado a los Cristianos. No solamente corrompidos, al igual que la creación, sino enemigos en sus mentes, Él ya los ha reconciliado en el cuerpo de Su carne por medio de la muerte. La obra perfecta que Cristo consumó en Su cuerpo, borrando nuestros pecados y glorificando perfectamente a Dios Su Padre, nos ha traído a una relación con Dios en Su santidad conforme a la eficacia de esa obra; es decir, ella es eficaz para presentarnos, perfectamente reconciliados, santos, sin mancha e irreprensibles delante de Su faz; y con la conciencia de ello, y del amor que lo ha obrado, y el favor al cual somos traídos, de modo que en el sentido de esto el corazón es traído de regreso a Dios: estamos reconciliados con Dios. Esto supone que continuamos firmes en la fe hasta el fin.

 

La ocasión de la advertencia;

el testimonio mundial del amor de Dios

 

La posición de los Colosenses otorgó espacio para esta advertencia, siendo vistos como andando en la tierra {*} Nosotros hemos visto que ellos se habían desviado un poco, o estaban en peligro de desviarse, de la realización de su unión con Cristo.

 

{*} Cuando el Cristiano es visto como estando en Cristo, no hay "si" alguno: si nosotros estamos en Él (Colosenses 1:23). Cuando él es visto como siendo un peregrino aquí, nosotros estamos de camino a la gloria verdadera, y tenemos que alcanzar la meta, y aquí entra el "si", y el peligro, y la necesidad de ser guardados. Pero tenemos después la plena certidumbre de que seremos guardados y nunca pereceremos, seremos confirmados hasta el fin, y la buena obra será completada. El hecho de depender de Dios es mantenido así en los salvados, y la confianza en Su fidelidad.

 

Se observará también que el apóstol habla de su evangelio como difundido en todo el mundo. La gracia había sobrepasado los estrechos límites del Judaísmo y la expectativa del Mesías, para dar a conocer el testimonio del perfecto amor de Dios a toda criatura (o, creación) debajo del cielo (Colosenses 1:23 – VM), del cual Pablo era el instrumento como el apóstol de los Gentiles. {*}

 

{* Observen aquí cuán clara y plena es la declaración: versículo 14, redención y perdón; versículo 21, reconciliación con Dios; versículo 13, liberación e introducción en el reino; versículo 12, nosotros somos hechos aptos para participar de la herencia de los santos en luz. Nosotros tenemos todo esto, y por eso somos llamados a andar como es digno del Señor.

 

Las dos preeminencias de Cristo, las dos reconciliaciones

y el carácter doble del ministerio de Pablo; la Palabra de Dios

completada en cuanto a sus asuntos

 

Hasta ahora, entonces, el Espíritu de Dios ha puesto delante de nosotros las dos preminencias de Cristo, la que tiene sobre la creación y la que tiene sobre la asamblea, y las dos reconciliaciones que responden a ellas; a saber, en primer  lugar, la de las cosas sobre las que Cristo a sido establecido como Cabeza, es decir, de todas las cosas en el cielo y en la tierra; y, en segundo lugar, la de los propios Cristianos: esto último ya consumado, lo anterior aún por venir. El ministerio del apóstol tenía ahora el mismo carácter doble. Él no tiene que predicar en el cielo, indudablemente; pero su ministerio es ejercido en todo lugar bajo el cielo donde hay un alma que escucha. Él es un ministro de ese evangelio; y entonces él es un ministro de la asamblea, un servicio distintivo o ministerio, dando a conocer la verdadera posición y los verdaderos privilegios de ella, relacionado ciertamente con el otro, en que el evangelio fue pregonado también a los Gentiles para hacerlos entrar (versículos 23, 25). Mediante esta última enseñanza él completó la palabra de Dios: un importante principio con respecto a la autoridad exclusiva de la palabra escrita, que muestra que su totalidad ya existe, demostrada por los asuntos que ella incluye; asuntos que están enteramente completados, quedando excluidos los demás asuntos que las personas pueden procurar introducir. El círculo de verdades que Dios tuvo que tratar, para revelarnos la gloria de Cristo y darnos una enseñanza completa según Su sabiduría, está entera, cuando la doctrina de la asamblea es revelada. No había otra a ser añadida. {*}

 

{*} No es aquí una cuestión acerca de las fechas de los libros, sino del círculo de asuntos. La ley, el reino, la Persona de Cristo, la redención y los modos de obrar de Dios, ya habían sido sacados a la luz; la doctrina de la asamblea iba a ser entonces revelada para hacer las comunicaciones de Dios completas en cuanto a los asuntos de ellas.

 

Persecución y padecimientos; la fuente de la enemistad

del Judaísmo

 

Pero esta doctrina en particular expuso al apóstol a persecuciones y padecimientos, que los Judíos especialmente, y el enemigo procuraron por todos los medios infligirle. Pero él se regocijaba en esto como siendo un privilegio, porque Cristo había padecido a causa de Su amor por la asamblea — por los Suyos. El apóstol no habla aquí de la eficacia de Su muerte, sino del amor que Le llevó a padecer. Considerado en este punto de vista, el apóstol podía participar en sus padecimientos, y nosotros también en pequeña medida; pero el apóstol en una manera peculiar, como el testigo portador de esta verdad. Si Cristo se hubiese contentado en aceptar la posición de Mesías según el hombre, Él habría sido bien recibido. Si Pablo hubiese predicado la circuncisión, el tropiezo (escándalo) de la cruz habría cesado: el hombre podía haber tomado parte en la religión de Dios, si Su religión hubiese reconocido al hombre en la carne. Pero si Dios es revelado, si Su gracia se extiende a los Gentiles, si mediante esta gracia, y sin tener más deferencia hacia los Judíos que hacia los Gentiles, Él forma una asamblea, la cual es el cuerpo de Cristo, compartiendo la gloria celestial de Su Hijo — esto es lo que la carne no puede soportar. El hecho de ser excluidos como siendo nada digno delante de Dios, incluso en la religión de ellos, se esforzaran como pudiesen hacerlo — esto es intolerable. Esta es la fuente de la enemistad del espíritu Judaizante, el cual está fundamentado en la carne, en el hombre, y que está reapareciendo de manera constante en la historia del apóstol, ya sea como excitando el odio de los paganos, o como corrompiendo la doctrina de Cristo y la sencillez del evangelio. La religión en la carne se jacta de sus propios privilegios peculiares (véase Filipenses 3).

 

El doble ministerio de Pablo: el misterio dado a conocer

 

Tenemos así un doble ministerio, así como una doble preminencia de Cristo, y una doble reconciliación; y cada una de estas cosas teniendo una relación similar la una con la otra: Cristo, la Cabeza de todas las cosas en el cielo y en la tierra, la Cabeza de la asamblea; todas las cosas en el cielo y en la tierra han de ser reconciliadas, los Cristianos hemos sido reconciliados; Pablo ejerce su ministerio en toda la creación (o, criatura) que está debajo del cielo, él es el ministro de la asamblea. Naturalmente su ministerio estaba limitado a la tierra. En todo aspecto, el alcance y el significado y la relevancia de la gloria de Cristo, y del ministerio, trascendía los límites del Judaísmo, y estaban en contraste con el sistema Judío completo.

 

El apóstol insiste después en la segunda parte de su ministerio, de la cual él había estado hablando recién; insistiendo de manera particular, no obstante, en aquello que satisfacía la necesidad de los Colosenses, y desarrollándolo, para asegurarlos en el disfrute del círculo completo de estas verdades preciosas. Él completaba la Palabra de Dios anunciando este misterio, que había estado oculto a los siglos y a las generaciones, pero que ahora ha sido manifestado a los santos. Ninguna exhibición de los modos de obrar de Dios desde la creación había (en las verdades en las cuales este misterio se fundamentaba, en la revelación de Dios — de Su poder, de Sus pensamientos, que formaban la base y le daban su carácter) contenido el misterio contenido en la doctrina de la asamblea. No había sido comunicado a ninguno de aquellos que formaron parte del sistema que la precedió, o que fueron el medio de luz para los demás, como instrumentos para la revelación de la luz de Dios. Ángeles, Israel, los profetas — todos por igual lo ignoraban. La asamblea (este cuerpo unido al Hijo de Dios hecho hombre y glorificado) y el llamamiento de los Gentiles a entrar en esa unidad estuvieron oculto de todos ellos.

 

Cristo en nosotros aquí abajo: la esperanza de gloria;

La bendición y el poder para todo hombre

 

Ahora que Cristo la Cabeza de la asamblea, la Cabeza del cuerpo, estaba glorificado, el misterio de este cuerpo era dado a conocer. El apóstol insiste aquí acerca de un aspecto particular de este asunto, el cual, después de la Persona de Cristo, forma el centro de todos los modos de obrar de Dios. Este aspecto es Cristo en nosotros, especialmente como Gentiles, la esperanza de gloria. Y nosotros vemos nuevamente en esto de qué manera los santos son vistos como estando en la tierra, aunque en el poder de la resurrección. El aspecto presentado aquí del misterio es Cristo en nosotros aquí abajo, no realmente la unión con Él en la gloria, aunque es inseparable de eso. De hecho, el misterio era en todos los sentidos un pensamiento nuevo, una verdad nueva. Lo que se conocía era un Mesías que debía ser manifestado entre los Judíos, el cumplimiento de la gloria en medio de ellos; los Gentiles teniendo, a lo sumo, parte en ella, como subordinados al pueblo de Dios. Pero según la doctrina de la asamblea, Cristo moraba de manera invisible en medio de los Gentiles {*}, e incluso en ellos; y en cuanto a la gloria, Él era solamente la esperanza de ella.

 

{*} Yo he comentado ya que los Gentiles están especialmente en perspectiva en Colosenses, no la unión de Judíos y Gentiles en uno.

 

Un Cristo morando en los corazones de los hombres, y de hombres anteriormente rechazados y fuera de las promesas, y llenando sus corazones con gozo y gloria en la conciencia de la unión con Él — esto era el maravilloso misterio preparado por Dios para la bendición de los Gentiles. Era este Cristo, un Cristo como este, el que Pablo predicaba, advirtiendo a todo hombre, y enseñando a todo hombre según la exposición con orden y amplitud de la sabiduría de Dios, la cual obraba poderosamente en el apóstol por medio del Espíritu, para que él pudiese presentar a todo hombre en un estado espiritual que respondiese a esta revelación de Cristo, como siendo también fruto de ella. No es que todo hombre la recibiría; pero ya no había más límite alguno. Toda distinción entre ellos había sido borrada, por el pecado y por la gracia por igual, y sólo había que hacer una cosa; es decir, procurar que todo hombre, por el poder de la Palabra y del Espíritu, refleje a Cristo y crezca a la estatura de Su plenitud, como está revelado en la doctrina encomendada al apóstol. Él trabajaba para esto según la operación de Cristo en él; porque Cristo no era solamente el objetivo, sino el poder que obraba para formar almas a Su propia imagen.

 

J. N. Darby

 

Capítulo 2: en proceso de traducción

 

Traducido del Inglés por: B.R.C.O. – Abril/Mayo 2018

Título original en inglés:
COLOSSIANS, by J.N.Darby 
Synopsis of the Books of the Bible
Traducido con permiso
Publicado por:
www.STEMPublishing.com
Les@STEMPublishing.com

Versión Inglesa
Versión Inglesa

VOLVER A SITIO PRINCIPAL DE "EDIFICACIÓN CRISTIANA EN GRACIA Y VERDAD"